“Lo que crees y lo que es”

“Lo que crees y lo que es”

Mateo: 5, 17-19

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley. Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos”.

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Parece un juego tanto de palabras como de pensamientos la interpretación que damos a un mismo concepto, ya que dentro de nuestro libre pensamiento solemos divagar a nuestra muy particular manera de percibir el mundo.

Sin embargo hay filósofos que dentro de su sistema de pensamiento como Platón, quien dice que la realidad viene a ser como las sombras proyectadas en una caverna, que san sólo vemos la silueta de la realidad, y de ahí nuestro pensamiento crea una realidad ideal, pero no vemos la realidad en sí misma que es la que proyecta esas sombras.

Otros como Aristóteles afirma la realidad de las cosas en sí mismas, y a cada una la llama por su nombre sin confundirla con otra, es decir ya no son las sombras lo que vemos, sino su ser en una realidad directa, afirmando un realismo.

Ya sea una u otra manera de ver la realidad existe un principio que unifica todo y esa es la verdad, cada cosa por existir en sí misma es verdadera, su afirmación no depende de la percepción del otro, sino que se afirma en sí misma sin depender de la manera de pensar de los demás.

Jesús no se complica la existencia, y lo pone en claro al respecto de la misma ley, ya que no viene a darle una definición distinta, sino que simplemente desea retomar el valor auténtico y original de la misma, es decir, viene a darle plenitud tal cual fue concebida, para no cambiar su valía.

Y es que olvidamos que la verdad es lo más sano, lo más certero, y cuando la vida se ve tal cual es, es más fácil de llevar, a diferencia de los que desean que sea de otra manera ideal y sufren porque no concuerda con la realidad. Lo más sano es unificar lo que crees con lo que se es, así dejamos de mal interpretar nuestros propios conceptos y vivimos más en paz, con Dios y con nosotros mismos.

“La novedad de la gracia”

“La novedad de la gracia”

Marcos: 2,1-12

Cuando Jesús volvió a Cafarnaúm, corrió la voz de que estaba en casa, y muy pronto se aglomeró tanta gente, que ya no había sitio frente a la puerta. Mientras él enseñaba su doctrina, le quisieron presentar a un paralítico, que iban cargando entre cuatro. Pero como no podían acercarse a Jesús por la cantidad de gente, quitaron parte del techo, encima de donde estaba Jesús, y por el agujero bajaron al enfermo en una camilla.
Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, le dijo al paralítico: “Hijo, tus pecados te quedan perdonados”. Algunos escribas que estaban allí sentados comenzaron a pensar: “¿Por qué habla éste así? Eso es una blasfemia. ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?”
Conociendo Jesús lo que estaban pensando, les dijo: “¿Por qué piensan así? ¿Qué es más fácil, decirle al paralítico: Tus pecados te son perdonados’ o decirle: `Levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa’? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados —le dijo al paralítico—: Yo te lo mando: levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa”.
El hombre se levantó inmediatamente, recogió su camilla y salió de allí a la vista de todos, que se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: “¡Nunca habíamos visto cosa igual!”.

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Desde el principio de los tiempos la gracia de Dios ha permanecido intacta como tal, además de que desde la eternidad jamás ha dejado de ser un atributo de Dios, en realidad no es nada nuevo, porque desde el momento de la creación fuimos partícipes  de los mismos dones otorgados a su imagen de parte de Dios.

No obstante, dicha gracia la perdimos por permitirle al maligno mantenerse cerca, interfiriendo en todo lo que hacemos y sobre todo el haber dejado al pecado entrar en nuestras vidas y hacerlo ordinario, es entonces cuando a la gracia no le damos importancia, desterrándola de nuestro diario obrar.

Ante esta situación, donde el pecado domina los corazones creados por Dios, le es imposible naturalmente vislumbrar la gracia, y aunque siempre esté presente, porque sin ella el propio universo entraría en estado de caos; aunque ya es ventaja que cuando menos el caos se de en nuestras decisiones libres y voluntarias, cuando se ha elegido no optar por el bien y el mundo siga manifestando la grandeza y la belleza de Dios en toda su creación.

Impuestos a no ver los dones de Dios, sino maliciosamente vislumbrar todo el obrar de los demás con una mente cansada, nos es imposible ver la gracia presente. Es por ello que la gracia parece una novedad, no por nueva, sino porque apenas iniciamos a observar que ahí está presente. 

Es justo redescubrirla, sobre todo en esos ambientes donde impera el mal, y al igual que en antiguo, como el mismo evangelio lo expresa, exlcamarán: “¡Nunca habíamos visto cosa igual!”. Entonces verán la gracia como nueva, pero para ellos, porque será el inicio de una vida a la que se le devuelve la gracia, pero como novedad por haberla perdido.

“¿Quién dijo que era fácil?”

“¿Quién dijo que era fácil?”

Mateo 11, 11-15

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: “Yo les aseguro que no ha surgido entre los hijos
de una mujer ninguno más grande que Juan el Bautista. Sin embargo, el más pequeño en el Reino de los cielos, es todavía más grande que él. 

Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los cielos exige esfuerzo, y los esforzados lo conquistarán. Porque todos los profetas y la ley profetizaron, hasta Juan; y si quieren creerlo, él es Elías, el que habría de venir. El que tenga oídos que oiga”.

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Comúnmente solemos pensar, que en la vida hay que ser mujeres y hombres de bien, para ello debemos de portarnos bien, ser buenos amigos, buenos vecinos, saber dar las gracias, no tirar la basura en la calle, ser amables y en lugares públicos ceder el lugar a las damas o la gente mayor, entre otras más normas de urbanidad que hablan de una buena educación.

Todo esto nos hace creer, que por realizarlo ya estamos cumpliendo nuestros deberes, sin embargo creo confundimos deberes ordinarios y naturales a cualquier persona, que con o sin religión lo debería de hacer tan sólo por deber cívico y moral ordinaria.

Pero a su vez, olvidamos que somos algo más, tenemos además un espíritu que en su medida va siendo llenado de dones y gracias necesarias en el camino de la vida, otorgadas por Dios en el momento que se necesitan. De tal manera que, Dios nos pide a su vez responder en esa área, ya que si se nos ha dado algo más que lo trivial, entonces hay que corresponder recíprocamente como tales.

Nadie dijo que eso era fácil, porque solemos cubrir tan sólo la cuota básica, pero esa no suple ni llena la espiritual, dar un poco más en el ámbito de lo espiritual exige esfuerzo ante un mundo que adolece de ello, y aquí es donde se torna difícil, pero recuerda que no se te pide dar nada que Dios no te haya dado antes, no es fácil, pero vale la pena, anímate porque la ganancia de igual manera la verás reflejada en esos frutos que se dan a los esforzados, aquellos que sobresalen entre el común de los mortales y esa persona puede y creo que debes ser tú. Inicia con el amor y la caridad, el resto se va dando solo.

“Necesidad o hábito”

“Necesidad o hábito”

Lucas: 18, 1-8

En aquel tiempo, para enseñar a sus discípulos la necesidad de orar siempre y sin desfallecer, Jesús les propuso esta parábola:
“En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Vivía en aquella misma ciudad una viuda que acudía a él con frecuencia para decirle: `Hazme justicia contra mi adversario’.
Por mucho tiempo, el juez no le hizo caso, pero después se dijo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, sin embargo, por la insistencia de esta viuda, voy a hacerle justicia para que no me siga molestando’ “.
Dicho esto, Jesús comentó: “Si así pensaba el juez injusto, ¿creen acaso que Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a Él día y noche, y que los hará esperar? Yo les digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿creen que encontrará fe sobre la tierra?”.

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A veces tenemos en la conciencia una alarma que se activa curiosamente tan sólo en situaciones que nos estremecen, haciendo que abandonemos temporalmente nuestro mundo de las ideas, por las que navegamos el noventa y nueve por ciento del tiempo, y asentándonos en el evento real, que veces es de dolor, a veces de alegría.

Ese tomar conciencia en medio del dolor o la alegría, estimula en nuestro sentido religioso para dirigirnos a Dios, ya sea para pedir ante alguna necesidad o para dar gracias. Sin embargo, no es una constante sino una ocasión, la cual parece normal en nuestras vidas, porque le damos importancia tan sólo a la mente unida al sentimiento; por ende resulta que a Dios lo tomamos en cuenta cuando nos nace.

Cuando Jesús habla de su obra, no es para idealizarla o mantenerla como una muy buena intención, sino que nos trasmite hechos factibles en el aquí y el ahora, para aplicarlo a situaciones reales y no tan sólo a las ideas desconectadas con la vida, así llamadas espirituales, que navegan en el mundo de lo etéreo de lo abstracto, nada concreto y real aunque te digas que tienes mucha fe.

Sin embargo la oración es un medio espectacular que interconecta ambos mundos, tanto el ideal como el real, haciéndolo más eficaz y convergente con nuestras ideas, ya que aplicamos la verdad a lo que le corresponde, sin la necesidad de sufrir por solicitar cosas y situaciones que no son viables y mucho menos reales.

Es por ello muy conveniente tener el hábito de la oración, así como tenemos el hábito del aseo diario, porque conocemos su conveniencia y sus beneficios, orar cuando nos nace, no crea historial para la vida eterna, sin embargo, la oración diaria es una herramienta que  dice mucho de ti ante Dios y ante la humanidad. Se te invita a que la oración no sea una necesidad, sino un hábito. Inténtalo y verás la diferencia del hacerla al no hacerla.

“Quitar del camino a…”

“Quitar del camino a…”

Marcos 8, 27-35

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino, preguntó a sus discípulos: —¿Quién dice la gente que soy yo?

Ellos le contestaron: —Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas.

Él les preguntó: —Y vosotros, ¿quién decís que soy?

Pedro le contestó: —Tú eres el Mesías.

Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie.

Y empezó a instruirlos: —El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días.

Se lo explicaba con toda claridad. Entonces, Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro: —¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!

Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: —El que quiera unirse a mi, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará.

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Muy bueno es el que tengamos un propósito en la vida, que aunque en su momento no lo hayamos muy bien definido, cuando menos ya tengamos una idea del rumbo por donde te quieres dirigir. Aunque la tendencia hoy es a vivir el día a día com lo máximo sin pensar en el ayer ni en el mañana, aunque al final quedando vacío, en cierta manera es bueno,  pero orientado a un fin que no tan sólo quede en lo vivido, sino que la experiencia del día te ponga el peldaño al siguiente día. 

A veces esto resulta en un impedimento para llevar a cabo un fin concreto, ya que cada quince días te cambian el rumbo con nuevos planes, nuevas tendencias, nuevas tecnologías que no ayudan para nada en la asimilación de vida, ni en la estabilidad física y emocional. Todavía no terminas proyecto cuando lo caducan, planteando supuestamente uno nuevo que al final sigue siendo lo mismo pero pintado de otro color, y eso no se diga con la tecnología.

Al final terminamos dependientes de lo que venga porque no has definido qué quieres de tu vida en la vida. No hay una plataforma personal de arranque porque todas las que proponen son inestables, eso afecta toda tu vida y las relaciones personales, ya que de igual manera en su momento se buscan satisfactores y obsesiones, que cuando son saciadas, caducan y las personas que las proporcionaron, llámese amigo, pariente, servicio o pareja a la que tanto se le dice amar, la desechamos. 

Hay que hacer notar que todo eso tiene un plan, y no es precisamente tu felicidad aunque así te lo pinten, la mentira es muy buen negocio. Por ello hay que saber quitar del camino todo aquello que al final queda en nada, aquello que impide tu felicidad, que frustra tus verdaderos planes, que te hace poner los pies en las nubes y no en la tierra. Que te hace claudicar cuando realmente buscas el bien y ser mejor, que bloquea aquella misión la que el Padre te ha encomendado en esta vida. 

Jesús sabe lo que quiere, de donde viene y a donde va, por eso aunque los más cercanos y amados con el pretexto de la amistad cercana y en confianza, pretenden hacerlo seguir el buen plan personal y preocupado de Pedro, de tener a Jesús cerca, muy válido, pero que olvida el mayor y principal plan de Jesús que es la redención. Por eso lo rechaza en esa actitud, y sabe quien puso esa idea en el corazón de su amigo.

Así que no te la pienses en quitar del camino a quien sea, y a quien sea me refiero inclusive los que amas si te van a impedir vivir en felicidad plena y santidad, Con mayor razón a los que te causan directamente un mal intencionado y al demonio mismo junto con sus marionetas que andan entre nosotros. Tan sólo no pierdas el rumbo, sigue de la mano de Jesús y el resto se da de manera muy clara en el camino. 

“La cerrazón”

“La cerrazón”

Mateo 13, 10-17

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los discípulos y le preguntaron: —¿Por qué les hablas en parábolas?

El les contestó: —A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del Reino de los Cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: «Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure». Dichosos vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.

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La cultura como en todos los tiempos, llega a un cúlmen para luego venir a decadencia, dicha cultura va unida junto al tipo de educación que se brinda en su momento, porque aún así varía de región en región y no se diga de país en país, más con eso de la globalización, la educación se centra no tanto en las tradiciones y las culturas, sino en lo económico laboral.

De tal manera que cuando cierran una puerta, lo hacen para abrir otra canalizada a sus propios criterios como lo es lo económico. Lo malo es que dejan de lado esos principios fundamentales y valores que complementan a la persona, y aunque se dicen muy desarrollados en la tecnología y evolución de sus ciudades, la realidad apunta a un vacío y una infelicidad de las personas que las habitan, es ahí dónde menor sentido se tiene del valor de la vida y donde se dan más los suicidios.

Y es que el problema radica en esa voluntaria cerrazón de mentes y corazones resaltando tan sólo un positivismo práctico, que literalmente deshumaniza, deja vacíos junto con un desarraigo que va desde la propia identidad, la familia, así como la cultura en general.

Es por ello que en ese esquema no pueden ver los dones de Dios, tan sólo sus mentes están programadas para ver lo material y encausadas a los netos intereses monetarios. Es necesaria una educación que abarque todos los valores de las artes en humanidades, tan desvaloradas hoy en día, para devolver un sentido de la vida y a su vez dar pie a reconocer lo trascendental, que es donde Dios se manifiesta.

“Con derecho, pero sin derecho”

“Con derecho, pero sin derecho”

Mateo 12, 38-42

En aquel tiempo, un grupo de letrados y fariseos dijeron a Jesús: —Maestro, queremos ver un milagro tuyo.

El les contestó: —Esta generación perversa y adúltera exige una señal; pues no se le dará más signo que el del profeta Jonás.

Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre del cetáceo: pues tres días y tres noches estará el Hijo del Hombre en el seno de la tierra. Cuando juzguen a esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que la condenen, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás. Cuando juzguen a esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que la condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra, para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.

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No es raro tomarnos las totales atribuciones de jueces de todo y de todos, sobre todo en un mundo donde los medios no hacen otra cosa que inclinar balanzas a ideologías tendenciosas y desviadas, replicando el mismo esquema, lo peor del caso, sin criterio alguno definido, sino el vaivén del viento.

¿Quien no quisiera presenciar un milagro del Señor Jesús?, yo creo que todos, y no necesariamente por fe, sino por la morbosidad que se espera del espectáculo, al qué posteriormente negaríamos y denigraríamos según las tendencias de la moda.

Claro que tenemos el derecho a verlo y hasta lo exigimos, pero los deberes que le preceden, así como los que le proceden, no aparecen por doquier, son nulos, y por ende ceden los derechos que pretendes tener sin haberlos merecido.

No basta con exigir, sin tu colaboración efectiva las derechos quedan en muy buenas intenciones decadentes, nunca realizables y sin unos, no se dan los otros. Por lo que aunque pelees a capa y espada tus derechos, sin el complemento de los deberes, automáticamente son nulos.

Ni los pidas, mucho menos los exijas, porque lo primero que saldrá a flote será tu vacíes, o tu abundancia de obras realizadas, tu te arriesgas a quedarte sin ellos o a afianzarlos aún más. Tu sabes si tienes o no el derecho para pedir tus derechos, si lo tienes adelante, pero si no, no te expongas a evidenciar como aquellos su boca floja y su cabecita hueca.  Animo.

“El testimonio”

“El testimonio”

Mateo 10, 7-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus Apóstoles: «Id y proclamad que el Reino de los Cielos está cerca: Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis. No llevéis en la faja oro, plata ni calderilla; ni tampoco alforja para el camino, ni otra túnica, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento. Cuando entréis en un pueblo o aldea, averiguad quién hay allí de confianza y quedaos en su casa hasta que os vayáis. Al entrar en una casa saludad; si la casa se lo merece, la paz que le deseáis vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a vosotros. Si alguno no os recibe o no os escucha, al salir de su casa o del pueblo, sacudid el polvo de los pies. Os aseguro que el día del juicio les será más llevadero a Sodoma y Gomorra; que a aquel pueblo».

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Cuando Jesús nos comparte el don de la fe y nos invita a profundizar en los designios salvíficos, no trata tan sólo de enseñarnos una nueva ideología de memoria para replicarla, con conceptos bellos e inalcanzables. Se trata de una forma de vida que va sembrada desde la Palabra que va transformando a la persona día a día, porque viene de Dios y, porque es viva y eficaz.

Precisamente esa Palabra, una vez recibida y asimilada no puede ser contenida, su naturaleza es compartirla, pero desde una experiencia de vida gozosa que invita a no desaprovecharla como una novedad, que se pretende regalar y hacer suya a los demás. Es algo que cuando se vive, deseamos que todos la tengan por el tesoro que contiene y la felicidad que brinda.

Así es como manda a sus Discípulos, proclamad el Reino, pero desde el gozo interior, por ello no importa lo que lleven, cuando logre transmitirse íntegramente a los demás, ellos mismos en el mismo gozo harán que no les falte nada en lo material, eso es el testimonio que arrasa más que la sola palabra seca.

Cuando no se recibe el testimonio y la alegría del comunicador, entonces la persona receptora denota un marcado bloqueo en su vida que no permite recibir ni pizca de amor cuando se lo brindan, eso es una pena y es un problema, porque han decidido que reine la infelicidad en su vida, ahí hay que sacudir el polvo que se nos pegue, no como rechazo sarcástico, sino como terapia de no dejarnos contaminar por esa amargura que no es de Dios, hay que cuidar la estabilidad emocional y no permitir envenenarla por aquellos que viven y sólo transpiran veneno. Si más no se puede, no hay que dejar de encomendarlos a Dios para que salgan de su situación y puedan recibir un testimonio sano y restaurador.

“Las perlas no son para los cerdos”

“Las perlas no son para los cerdos”

Mateo 7, 6.12-14

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; las pisotearán y luego se volverán para destrozaros. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la ley y los profetas. Entrad por la puerta estrecha. Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos».

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Hay que tener en cuenta que el proceso de madurez en la vida de cada persona varía exponencialmente, aunque tengan los mismos estudios y la misma edad, ya que eso no es garantía, es muy distinto el desarrollo emocional, el desarrollo intelectual, el desarrollo físico, el desarrollo espiritual y por ende la madurez como cúspide del proceso.

De igual manera los intereses en cada quien distan en la misma proporción y quizá un poco mas ya que aquí entran los gustos y las tendencias. Más si hemos iniciado un proceso Kerigmático de evangelización que inicia con el bautismo, se afianza en la confirmación y se complementa con las catequesis que van desde la infancia hasta la edad adulta, porque de igual manera se cultiva la fe, entonces depende en el peldaño que vayas será lo mayormente comprensible la fe.

Con esto no quiero decir que se es o se consideran más importantes, al contrario, vamos en el mismo riel y siempre será Dios novedad mientras deseemos estar más cerca de Él no importa la preparación, por lo que hay que saber participar de la misma fe en el nivel que se encuentre la otra persona, ya que no le podemos exigir a un pagano que no conoce a Dios que se porte como a quien no se le dificulta ya la oración y comunión profunda, ni sin miedos a realizar la caridad.

Si exigimos algo que no conocen de raíz, corremos el riesgo de que no lo valoren o se sientan atacados, reaccionando defensivamente con ofensas que podrían rallar en la blasfemia, más aun nosotros seríamos los imprudentes que expondríamos la fe al insulto.

Si sabes que te van a atacar, no seas tú quien les provoque, porque las perlas no se le dan a lo cerdos, las pisotearán en su propio cieno, esos animalitos ni las conocen ni las aprovechan, analógicamente a quienes no valoran la fe hay que darles algo más ligero y digerible, para que al final se den cuenta del tipo de perla que están recibiendo.

“Esas esclavitudes”

“Esas esclavitudes”

Juan: 8, 31-42

En aquel tiempo, Jesús dijo a los que habían creído en él: “Si se mantienen fieles a mi palabra, serán verdaderamente discípulos míos, conocerán la verdad y la verdad los hará libres”. Ellos replicaron: “Somos hijos de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: ‘Serán libres’?”

Jesús les contestó: “Yo les aseguro que todo el que peca es un esclavo del pecado y el esclavo no se queda en la casa para siempre; el hijo sí se queda para siempre. Si el Hijo les da la libertad, serán realmente libres. Ya sé que son hijos de Abraham; sin embargo, tratan de matarme, porque no aceptan mis palabras. Yo hablo de lo que he visto en casa de mi Padre: ustedes hacen lo que han oído en casa de su padre”.

Ellos le respondieron: “Nuestro padre es Abraham”. Jesús les dijo: “Si fueran hijos de Abraham, harían las obras de Abraham. Pero tratan de matarme a mí, porque les he dicho la verdad que oí de Dios. Eso no lo hizo Abraham. Ustedes hacen las obras de su padre”. Le respondieron: “Nosotros no somos hijos de prostitución. No tenemos más padre que a Dios”.

Jesús les dijo entonces: “Si Dios fuera su Padre me amarían a mí, porque yo salí de Dios y vengo de Dios; no he venido por mi cuenta, sino enviado por él”.

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Todo el mundo se declara libre y soberano, afirma que nadie le manda ni es esclavo de nada, pero curiosamente cuando escuchamos esas afirmaciones, resulta que la propia esclavitud es la que habla por la persona defendiéndose para permanecer.

A lo mejor no estamos atados a grilletes y cadenas de una manera física, ni estamos en la mazmorra aislados de todo mundo, pero que tal esas esclavitudes mentales y conductuales que por un lado hemos aprendido y por otro adquirido tanto del ambiente, la cultura y las así llamadas amistades.

La negación de las esclavitudes es totalmente ideológica, pero si nos vamos a la realidad podemos enumerar algunas como lo es el celular, el internet, las redes sociales, la pornografía, algunos alimentos, las bebidas azucaradas, los licores por decir algunas, sin olvidar que a su vez tenemos apegos a personas y a fantasías.

Esclavos de todo eso y las que cada quien sabe que tiene, más sin embargo la liberación puede ser real si usamos esas situaciones y cosas de manera responsable y en medida, ya que no forman parte de nuestra propia vida, sino que las hemos adoptado libre y voluntariamente.

Es cuestión de identificar esas esclavitudes e irlas manejando para que nuestra felicidad no dependa de ello, sino que le demos su lugar a quien se lo merece, a ese Dios que tanto nos ama que nos invita a vivir en libertad, y que esa libertad sea la referencia en tu vida.