“¿No entienden esta parábola?”

“¿No entienden esta parábola?”

Marcos 4, 1-20

En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al lago. Acudió un gentío tan enorme, que tuvo que subirse a una barca; se sentó y el gentío se quedó en la orilla. Les enseñó mucho rato con parábolas, como él solía enseñar: —Escuchad: Salió el sembrador a sembrar; al sembrar, algo cayó al borde del camino, vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y, por falta de raíz, se secó. Otro poco cayó entre zarzas; las zarzas crecieron, lo ahogaron y no dio grano. El resto cayó en tierra buena; nació, creció y dio grano; y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno.

Y añadió: —El que tenga oídos para oir que oiga.

Cuando se quedó solo, los que estaban alrededor y los Doce le preguntaban el sentido de las parábolas. El les dijo: —A vosotros se os han comunicado los secretos del reino de Dios; en cambio a los de fuera todo se les presenta en parábolas, para que «por más que miren, no vean, por más que oigan, no entiendan, no sea que se conviertan y los perdone».

Y añadió: —¿No entendéis esta parábola? ¿Pues cómo vais a entender las demás? El sembrador siembra la palabra. Hay unos que están al borde del camino donde se siembra la palabra; pero en cuanto la escuchan, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos. Hay otros que reciben la simiente como terreno pedregoso, al escucharla la acogen con alegría, pero no tienen raíces, son inconstantes, y cuando viene una dificultad o persecución por la Palabra, enseguida sucumben. Hay otros que reciben la simiente entre zarzas, éstos son los que escuchan la Palabra, pero los afanes de la vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los invaden, ahogan la Palabra, y se queda estéril. Los otros son los que reciben la simiente en tierra buena escuchan la Palabra, la aceptan y dan una cosecha del treinta o del sesenta o del ciento por uno.

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Dentro de la pedagogía divina, ante su inmensurable sabiduría, Dios es tan simple y sencillo, que ante nuestras propias complicaciones y logísticas mentales, se afianza en darse a conocer, así como sus planes sobre nosotros, de la mejor manera posible y asimilable, es por ello que en vez de dar clases de Teología profunda, lo hace con las sencillas parábolas.

Sin embargo, acontece que en ocasiones ni eso se entiende, pero no por la pedagogía divina, sino por la misma distracción humana que proviene de nuestros cansancios así como nuestras voluntades deseando un especifico resultado.

Cuando es por cansancio, es comprensible que la asimilación se de lenta aunque los conceptos sean claros, y en su momento la solución tan sólo requiere la atención.

Pero cuando el entendimiento requiere de la voluntad, entonces se torna selectivo, y por ende inmaduro, ya que se decide entender lo que conviene y lo que no compromete, aquí en este caso no se le llama distracción, sino necedad, al no aceptar la realidad tal cual, si no es acorde a mi deseo final. El caso es que se sufre menos si se acepta la realidad.

“Cuando arrestaron a Juan…”

“Cuando arrestaron a Juan…”

Marcos 1, 14-20

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el“Evangelio». Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.

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Una de las cualidades en las que Dios se manifiesta, es a través de los hechos y acontecimientos que van coordinadamente en sucesión dentro del plan divino, porque nada pasa por coincidencia, todo tiene un por qué y un para qué.

El Caso lo tenemos muy claro, cuando en ésta lectura inicia remarcando “Cuando arrestaron a Juan”, fue el signo evidente para Jesús de que la obra precursora de Juan en cuanto prepararle el camino, había concluido, su obra ya estaba hecha, ahora es el turno de Jesús, donde entonces se marcha a Galilea para realizar certeramente su misión anunciando que es tiempo, que debemos tomar una actitud de preparación e iniciando a elegir a sus discípulos y apóstoles que continuaran su obra.

Dios va disponiendo a las personas y situaciones de una manera sublime y a veces imperceptible, sobre todo para los distraídos de las cosas de Dios e inmersos obsesivamente en las cosas del mundo, sin un equilibrio que conjugue ambas realidades. 

Podríamos pensar que las cosas no salieron bien, porque arrestaron a Juan Bautista, lo asesinarán posteriormente, a Jesús lo rechazan incluso los suyos, el panorama no pinta bien para nosotros, pero lo que no vemos es que la obra se está afianzando lenta pero de manera segura.

Y es que Dios no obra conforme a nuestros ideales y perfectos planes, sino que se vale de todo, hasta de las propias obra negativas, para incluso con ellas glorificar a Dios. Eso no cualquiera lo entiende, pretende que Dios obre tan sólo en lo bueno y perfecto, pero inclusive dentro el máximo dolor que se presenta, Dios está al pendiente para que el resto salga bien, no importa el medio ni las circunstancias, pero hay que saber verlo, porque el dolor humano, los odios adquiridos y los sembrados velan totalmente la mente y la paz del alma.

Sin embargo tanto Juan como Jesús completaron su obra, los aspectos negativos no son divinos, surgen de la capacidad humana de denigrar la propia dignidad demostrando que tan bajo puede caer y lo ha hecho. Por ello, Dios está en todo y nada queda sin su mirada ni sale de su plan, aunque malamente nosotros lo cambiemos, Dios cambia el suyo para obtener lo mejor de ello.

“De confianzas hablamos”

Lucas 9, 1-6

En aquel tiempo, Jesús reunió a los Doce y les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades. Luego los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles: —No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco llevéis túnica de repuesto. Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si alguien no os recibe, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.

Ellos se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes.

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Hoy en nuestros días, además de literalmente ser un robo legal las mentadas aseguradoras, quieren manipularnos entre sus juegos mentales para darnos la ilusión de protección, cuando en realidad a veces nunca utilizaremos esos servicios, pero sí les pagamos porque si no nos va peor, digo hablando de finanzas. Eso nos hace olvidar ya sea consciente o inconscientemente la Providencia Divina, porque cuando Dios pide es porque ya dio previamente y utiliza la circunstancia para el crecimiento personal. Confianza que ahora depositamos en alguien pagado y con sus múltiples restricciones para no hacerlo.

Todas estas fantasías de seguridad están enfocadas a un sector muy concreto y limitado de nuestra vida, como lo es el auto, la casa, y la atención médica en caso de necesidad. Pero eso no lo es todo en la vida, no aseguran tu paz, ni tu felicidad, ni tu tranquilidad, tampoco las relaciones familiares y de amistades, mucho menos el dolor ante una dificultad, y por supuesto no te garantizan la vida por más que pagues.

Sin embargo la confianza a la que nos invita Jesús, es una plataforma de base sobre la que se sostiene totalmente nuestra vida y obrar, sin ésta confianza así como seguridad, andaremos buscando suplentes que la brinden. 

Es aquella confianza que nos hace salir sin ningún preparativo para el camino, a sabiendas de que somos enviados en Nombre de…, Aquel quien provee en la travesía lo necesario porque sabe a dónde vamos; llama a la travesía estudio, trabajo, familia, hijos, hermanos, padres, y todo lo que se te ha dado en el camino.

Aquí es necesaria de tu parte esa confianza (claro que a Dios) que no se paga, y que es más efectiva que cualquier otra ya que “de confianzas hablamos” y no de negocios que caducan al mes o, al año según la pagues.

“…El se vio obligado a subir a una barca…”

“…El se vio obligado a subir a una barca…”

Mateo (13, 1-9)

Un día salió Jesús de la casa donde se hospedaba y se sentó a la orilla del mar. Se reunió en torno suyo tanta gente, que él se vio obligado a subir a una barca, donde se sentó, mientras la gente permanecía en la orilla. 

Entonces Jesús les habló de muchas cosas en parábolas y les dijo: “Una vez salió un  sembrador a sembrar, y al ir arrojando la semilla, unos granos cayeron a lo largo del camino; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros granos cayeron en terreno pedregoso, que tenía poca tierra; ahí germinaron pronto, porque la tierra no era gruesa; pero cuando subió el sol, los brotes se marchitaron, y como no tenían raíces, se secaron. Otros cayeron entre espinos, y cuando los espinos crecieron, sofocaron las plantitas. Otros granos cayeron en tierra buena y  dieron fruto: unos, ciento por uno; otros, sesenta; y otros, treinta. El que tenga oídos, que oiga”.

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Ordinariamente solemos pasar la vida ecuánimemente en estabilidad, pero en ocasiones esa misma estabilidad llega a cansar a tal grado de vivir inmersos en nuestras propias ansiedades como lo más ordinario del mundo.

Así cansados, en los momentos más críticos, solemos buscar a Jesús solicitando de Él una respuesta que nos de su paz y la solución inmediata a nuestros problemas. Eso lo vemos reflejado claramente en esta fracción del Evangelio, donde enfatiza que cuando la multitud se le abalanzó “él se vio obligado a subir a una barca”.

No significa que se aleje de los suyos que lo buscan, ni que sean rechazados, o que sea tan quisquilloso que no desee que la gente se le acerque y lo toque, para nada, es simplemente una táctica para poder obrar.

Podríamos pensar, pero ¿por qué se puso a predicarles en vez de sanarlos?, bueno, porque la salud inicia por la paz que brinda la propia palabra de Dios y regenera eficazmente abriendo la mente a la sabiduría divina que es fruto de la escucha y asimilación. 

Esa prédica necesaria debe de suscitar la fe, como base de la obra de Dios y entonces sí eficientemente poder realizar el milagro. A veces eso esperamos, solo el milagro, solo la sanación, solo la paz, sólo la solución, pero el proceso implica ambas partes: La Palabra y entonces la obra.

Sólo así podremos permitir obrar a Jesús, no atiborrándolo de nuestras necesidades a tal grado de retirarse para obrar, sino que la distancia prudente remarca la cercanía temprana que se da naturalmente como fruto de tu cultivada amistad con el Señor.

“Enviados con una finalidad”

“Enviados con una finalidad”

Lucas: 10, 1-12. 17-20

En aquel tiempo, Jesús designó a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir, y les dijo: “La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en camino; yo los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el camino.
Cuando entren en una casa digan: ‘Que la paz reine en esta casa’. Y si allí hay gente amante de la paz, el deseo de paz de ustedes se cumplirá; si no, no se cumplirá. Quédense en esa casa. Coman y beban de lo que tengan, porque el trabajador tiene derecho a su salario. No anden de casa en casa. En cualquier ciudad donde entren y los reciban, coman lo que les den. Curen a los enfermos que haya y díganles: ‘Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios’.
Pero si entran en una ciudad y no los reciben, salgan por las calles y digan: ‘Hasta el polvo de esta ciudad que se nos ha pegado a los pies nos lo sacudimos, en señal de protesta contra ustedes. De todos modos, sepan que el Reino de Dios está cerca’. Yo les digo que en el día del juicio, Sodoma será tratada con menos rigor que esa ciudad”. Los setenta y dos discípulos regresaron llenos de alegría y le dijeron a Jesús: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre”. Él les contestó: “Vi a Satanás caer del cielo como el rayo. A ustedes les he dado poder para aplastar serpientes y escorpiones y para vencer toda la fuerza del enemigo, y nada les podrá hacer daño. Pero no se alegren de que los demonios se les someten. Alégrense más bien de que sus nombres están escritos en el cielo”.

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El llamado, preparación, testimonio y seguimiento de Jesús, no son para ver si algo tomamos como una opción, porque no lo es. A todos aquellos que invitó a estar cerca de Él, precisamente los prepara para hacer extensiva su misión de preparar a toda la humanidad para implementar el Reino de Dios sobre nuestras vidas, no importa la circunstancia que vivamos.

No los envía para ver que hacen, que encuentran, que pueden aprender, o a que decidan por su propia voluntad para dar solución a problemas de los que pudiesen enterarse de ellos, porque de otra manera empaparán la solución con sus propias limitaciones, sino que van con la finalidad de llevar el anuncio de la Buena Nueva y a Jesús mismo.

Situación que hasta el momento no ha cambiado, por lo que a su vez nos invita a no perder el rumbo, porque el mensaje es claro: la gracia está por ser restaurada y la muerte pierde fuerza, el mal está condenado y el Espíritu Santo nos llenará de sus dones a quienes deseen recibirlo. 

Es por ello que cuando en el camino nos encontramos con ambientes que nos distraen o invitan incluso a claudicar, por muy agradable que sea lo que nos ofrecen, el mismo Jesús nos invita a rechazarlo, no a las personas, sí al mal y al pecado, de tal manera que ni el polvo se nos pegue a los pies, para no llevarnos fragmentos que remarquen estar sucios y nos quiten la paz.

El resultado es tal que hasta se alegran de que los mismos demonios se les sometan en el nombre de Jesús, pero si somos nosotros los que nos predicamos, entonces el mismo demonio utilizará tu debilidad y carencias para que el mal siga y no sea extirpado. La finalidad es clara, y cuando ésta no se cumple, el envío fracasa y Jesús, su salvación y gracia no llega a los demás.

“Llevar el anuncio”

“Llevar el anuncio”


Marcos: 16, 9-15

Habiendo resucitado al amanecer del primer día de la semana, Jesús se apareció primero a María Magdalena, de la que había arrojado siete demonios. Ella fue a llevar la noticia a los discípulos, los cuales estaban llorando, agobiados por la tristeza; pero cuando la oyeron decir que estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron.
Después de esto, se apareció en otra forma a dos discípulos, que iban de camino hacia una aldea. También ellos fueron a anunciarlo a los demás; pero tampoco a ellos les creyeron.
Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no les habían creído a los que lo habían visto resucitado. Jesús les dijo entonces: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura”.

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Una vez que la obra de la restauración de todo el género humano ha sido realizada por medio de la pasión muerte y resurrección de Jesús, el siguiente paso resulta más eficaz ya que la plataforma de la gracia ha sido implementada, por lo que ahora será más fácil transmitir la verdad que viene de Dios y que desea implantarse de raíz en cada ser humano para liberarse de las ataduras de la mentira así como la falta de conocimiento para vivir una vida más plena, completa y feliz.

Sin embargo, aunque la naturaleza humana ya haya sido restaurada, viene otra tarea que en su acción resulta un tanto difícil, porque la gran mayoría de las personas no está enterada de la resurrección y de todas las gracias que nos faltan, pero que ahora nos son devueltas, y para ella es necesario de manera urgente darlo a conocer.

Por ello la importancia de llevar el anuncio, que no quede en saco roto la obra de la redención – liberación, ahora sí, que todo mundo se entere, pero ese anuncio no basta con gritarlo a los cuatro vientos, ni de publicarlo en los medios que tenemos para comunicarnos. Es necesario darlo de una manera testimonial, es decir, con todo tu ser, de manera presencial, de modo que respalde con tu testimonio el mensaje de la buena nuevas, de esa noticia que vale la pena escuchar y retransmitir.

Por ello, lo duro está resuelto, el resto lo podemos hacer por dondequiera que pasemos por la vida y en cualquier momento, porque el testimonio habla mil veces mas que las palabras, y el esfuerzo es hacerlo, porque sabemos y porque podemos. Sobre todo no para quedar bien con nadie, sino contigo mismo y por ende, con Dios.

“San Junípero Serra”

“San Junípero Serra”

Mateo: 23, 1-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a las multitudes y a sus discípulos: “En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra. Hacen fardos muy pesados y difíciles de llevar y los echan sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con el dedo los quieren mover. Todo lo hacen para que los vea la gente. Ensanchan las filacterias y las franjas del manto; les agrada ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; les gusta que los saluden en las plazas y que la gente los llame “maestros”.

Ustedes, en cambio, no dejen que los llamen “maestros”, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A ningún hombre sobre la tierra lo llamen “padre”, porque el Padre de ustedes es sólo el Padre celestial. No se dejen llamar “guías”, porque el guía de ustedes es solamente Cristo. Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”.
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Junípero Serra Ferrer nació el 24 de noviembre de 1713 en Petra, Mallorca (España). A los 16 años se convirtió en fraile y cambió su nombre por el de Junípero. En 1749 y motivado por su celo evangelizador partió, junto con veinte misioneros franciscanos, hacia el Virreinato de la Nueva España, nombre colonial de México.

Allí impulsó su labor misionera en el Colegio de Misioneros de San Fernando. Luego de seis meses recibió la aprobación del Virrey para iniciar su misión en Sierra Gorda, un territorio montañoso donde ya habían fracasado algunos franciscanos. En este lugar permaneció 9 años.

En 1767, Carlos III decretó la expulsión de todos los miembros jesuitas de los dominios de la corona, lo que incluía al Virreinato de Nueva España. Los jesuitas, que atendían la población indígena y europea de las Californias, fueron sustituidos por 16 misioneros de la orden de los franciscanos encabezados por fray Junípero.

La comitiva salió de la ciudad de México el 14 de julio de 1767 y embarcó por el puerto de San Blas rumbo a la península de Baja California. Tras una corta travesía arribaron a Loreto, sede de la Misión de Nuestra Señora de Loreto, que es considerada la madre de las misiones de la Alta y Baja California.

Una vez que llegó la comitiva a la península, determinaron seguir explorando la Alta California para llevar la luz del Evangelio a la población indígena.

El 3 de julio se erigió la Misión de San Carlos de Borromeo. En julio de 1771 se estableció la Misión de San Antonio de Padua y en agosto la de San Gabriel, que se encuentra en la actual área metropolitana de Los Ángeles. El 1 de septiembre de 1772 fundó la misión de San Luis Obispo de Tolosa.

Los misioneros catequizaban a los indígenas, les enseñaban nociones de agricultura, ganadería y albañilería, les proporcionaban semillas y animales y les asesoraban en el trabajo de la tierra.

Junípero Serra falleció en la Misión de San Carlos Borromeo (Monterrey, California), el 28 de agosto de 1784. Sus restos se encuentran en la Basílica de esta misma misión. San Juan Pablo II lo beatificó en 1988 y fue proclamado Santo el 23 de septiembre del 2015 por el Papa Francisco en Estados Unidos. Los franciscanos lo celebran el 28 de agosto.

Fuente: Aciprensa.com

“Llevar el anuncio”

“Llevar el anuncio”
Marcos: 16, 9-15

Habiendo resucitado al amanecer del primer día de la semana, Jesús se apareció primero a María Magdalena, de la que había arrojado siete demonios. Ella fue a llevar la noticia a los discípulos, los cuales estaban llorando, agobiados por la tristeza; pero cuando la oyeron decir que estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron.
Después de esto, se apareció en otra forma a dos discípulos, que iban de camino hacia una aldea. También ellos fueron a anunciarlo a los demás; pero tampoco a ellos les creyeron.
Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no les habían creído a los que lo habían visto resucitado. Jesús les dijo entonces: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura”.

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Una vez que la obra de la restauración de todo el género humano ha sido realizada por medio de la pasión muerte y resurrección de Jesús, el siguiente paso resulta más eficaz ya que la plataforma de la gracia ha sido implementada, por lo que ahora será más fácil transmitir la verdad que viene de Dios y que desea implantarse de raíz en cada ser humano para liberarse de las ataduras de la mentira así como la falta de conocimiento para vivir una vida más plena, completa y feliz.

Sin embargo, aunque la naturaleza humana ya haya sido restaurada, viene otra tarea que en su acción resulta un tanto difícil, porque la gran mayoría de las personas no está enterada de la resurrección y de todas las gracias que nos faltan, pero que ahora nos son devueltas, y para ella es necesario de manera urgente darlo a conocer.

Por ello la importancia de llevar el anuncio, que no quede en saco roto la obra de la redención – liberación, ahora sí, que todo mundo se entere, pero ese anuncio no basta con gritarlo a los cuatro vientos, ni de publicarlo en los medios que tenemos para comunicarnos. Es necesario darlo de una manera testimonial, es decir, con todo tu ser, de manera presencial, de modo que respalde con tu testimonio el mensaje de la buena nuevas, de esa noticia que vale la pena escuchar y retransmitir.

Por ello, lo duro está resuelto, el resto lo podemos hacer por dondequiera que pasemos por la vida y en cualquier momento, porque el testimonio habla mil veces mas que las palabras, y el esfuerzo es hacerlo, porque sabemos y porque podemos. Sobre todo no para quedar bien con nadie, sino contigo mismo y por ende, con Dios.

Enseñando

“Instruyendo”

“Instruyendo”

Marcos 9, 30-37

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: —El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará.

Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle.

Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó: —¿De qué discutíais por el camino?

Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: —Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.

Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: —El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.

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Es un hecho que nadie nace con un conocimiento inducido, es decir, sabiéndolo todo, sino que en el transcurso de una vida, vamos incrementando nuestro conocimiento día a día, y digo una vida, porque no es exclusivo de tan sólo una etapa de la vida como lo puede ser desde la infancia con preescolar, primaria, secundaria, bachillerato, universidad, postgrados u doctorados, ya sea según el interés de cada quien y, se desee más o se quede uno estancado en alguna de las anteriores etapas.

Lo anterior tan sólo lo es en relación al conocimiento científico que nos prepara para ejercer una carrera u oficio. Sin embargo, en el plano del conocimiento de la fe, acontece exactamente lo mismo, ya que la fe no se limita al puro sentimiento divergente en cada uno de nosotros, no implica la importante voluntad únicamente, sino que además se concretiza y acrecienta con el estudio de lo sagrado.

El inicio de éste caminar espiritual se da con el Kerygma, es decir el primer anuncio que implica el aceptar el amor a Dios y la evangelización, pero que continúa con la catequesis, y no me refiero a tan sólo la que prepara para la primera comunión o la confirmación, que es donde la mayoría nos atoramos, teniendo por ende un conocimiento de Dios a veces a nivel infantil o en su defecto puberto.

Imagínense si San Pablo o San Pedro se hubieran quedado en esa fe infantil, sin una profundización teológica de los misterios de Dios, ya me imagino cómo hubieran sido escritas sus cartas, que ciertamente a Palabra de Dios no hubieran llegado. Pero si han sido un modelo a tal grado de considerarlas de inspiración Divina y Sagradas, ciertamente lo son por el grado de conocimiento de Dios, su amor y espiritualidad a la que llegaron, con una dedicación y entrega incondicional a la causa de la redención del género humano, es decir, haciéndose uno con Cristo.

Ciertamente nosotros no somos ellos, pero ese conocimiento que manifiestan de Dios, no lo es tan sólo porque les nace del corazón, sino que como el mismo Evangelio lo explica, Jesús les dedicaba su tiempo para Instruirlos, es decir, profundizar en el conocimiento de Dios de manera teológica y espiritual, así como en la fortaleza humana psicológica para saber entender la situación humana y su comportamiento, no para juzgarla, sino para manejarla con compasión.

Ese conocimiento de Dios es al que nos invita Jesús a estar en constante crecimiento, pero si nos damos por bien pagados con lo recibido en el kindergarten, creo que ya es ventaja el sabernos persignar. No hay mayor excusa que nuestro propio interés, por lo que la invitación a conocerle siempre cada vez más, está al alcance de la mano, y aunque el pleno y grandioso misterio de Dios sea inalcanzable, lo poco y mucho a su vez que aquí se nos revela, es suficiente para llegar a comprenderlo en su momento al estar en su presencia en la vida eterna. Pero mientras a darle al estudio con la catequesis de adultos,  ya que no basta con decirle Señor, Señor, !ahh¡ y que no falte la caridad de por medio.