“La verdad en un mundo de Hipocresía”

“La verdad en un mundo de Hipocresía”

Lucas 13, 10-17

Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga. Había una mujer que desde hacía dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y andaba encorvada, sin poderse enderezar. Al verla, Jesús la llamó y le dijo: —Mujer, quedas libre de tu enfermedad.

Le impuso las manos, y enseguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios. Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, dijo a la gente: —Seis días tenéis para trabajar: venid esos días a que os curen, y no los sábados.

Pero el Señor, dirigiéndose a él, dijo: —Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata del pesebre al buey o al burro, y lo lleva a abrevar, aunque sea sábado? Y a ésta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no había que soltarla en sábado?

A estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, y toda la gente se alegraba de los milagros que hacía.

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Lamentablemente vivimos en un mundo que ha caído en la paranoia de las dependencias y las adicciones en todos los ámbitos de la vida, no me refiero tan sólo a los casos clínicos en crisis manifiesta, sino también a aquellos que han sido inducidos como un plan de control en cada uno de nosotros, los cuales se han oficializado como socialmente aceptables aunque cuando se remarcan son causa de escándalo sobre todo cuando se habla con la verdad..

Tenemos el caso de la manifiesta tendencia al abuso de la sexualidad, por todos los medios se presenta un erotismo explícito que incita a un libertinaje sexual, claro, la sexualidad puesta en el plano de la morbosidad vende con ganancias multimillonarias, nos hacen dependientes de ella, para luego ante una falta en ese ámbito, escandalizarnos, poniendo el énfasis en la persona acusada para que o miren hacia nosotros que estamos igual o peor. Eso es Hipocresía. Les espanta, pero les encanta.

Ante tanta dependencia ya oficializada y comercializada, todo mundo busca cubrir su cuota buscando aquello que lo satisface como una droga sin ser estupefacientes, ya sea el sexo, el romanticismo, las relaciones personales, no podemos vivir sin ellas de manera normal, sino utilizando inclusive a las personas, aquellas que no nos importan sino tan solo para que nos den lo que necesitamos obsesivamente: atención, romances narcisistas y sexo.

Eso hace que perdamos el piso, ya no vivamos en la realidad y entremos en el mundo de la fantasía, rechacemos la verdad, los valores morales, perdamos la espiritualidad por obtener las dosis de las que dependemos, incluso lo que erróneamente llaman amor. Ante ésta realidad, viviendo de manera hipócrita la verdad duele, y es evitada hasta violentamente.

Para muestras fíjate en los medios de comunicación, todo el tiempo están dando las dosis de lo que dependemos, Amores imposibles, Sexo, relaciones cósmicas con las princesas y príncipes azules, todo inalcanzable e insaciable, pero anclados a ellas. Hasta en el face si se publica algo que alimente las dependencias y todo mundo le pone likes, pero publica la verdad de una situación o de cómo superar las dependencias y todo mundo la rechaza porque le tiene miedo.

Es my difícil presentar la verdad en un mundo enfermo y lleno de hipocresía, porque ahora resulta que los sanos son los locos.

“Marionetas del maligno”

Lucas 11, 15-26

En aquel tiempo, habiendo echado Jesús un demonio, algunos de entre la multitud dijeron: —Si echa los demonios, es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios.

Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo. Él, leyendo sus pensamientos, les dijo: —Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino? Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el Reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo, está contra mí; el que no recoge conmigo, desparrama. Cuando un espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por el desierto, buscando un sitio para descansar; pero como no lo encuentra, dice: “Volveré a la casa de donde salí”. Al volver se la encuentra barrida y arreglada. Entonces va a coger otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio.

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Cuando escuchamos acerca del tema sobre la acción y presencia del maligno entre nosotros, como que nos hacemos la idea de que a nosotros no va a pasarnos nada, que son falsas creencias o en su defecto situaciones para fanáticos, así negando su influencia, y a veces parece que no pasa nada, pero ese sentir se da cuando vivimos adormecidos en situaciones permanentes de pecado que nos son ordinarias como el mismo pan de cada día. 

Le facilitamos el trabajo al demonio, porque no necesita trabajar para inducirnos al mal cuando ya vivimos en él, por lo que no tiene necesidad de estrujarnos para renegar de Dios, si con la propia forma de vivir ya lo estamos haciendo.

Para ser un poco más claro, estamos inmersos en sus fauces cuando nos la pasamos odiando a la vida y a toda persona que se nos cruce en el camino, criticando, juzgando, hablando de manera ofensiva, diciendo puras maldiciones cada tres palabras en el léxico ordinario, viviendo un libertinaje sexual sin responsabilidad, al cabo hay preservativos y abortivos; ofendiendo y levantando falsos de los demás por hobbies, atacando a todo lo que huela a Dios y a religión. Podría enumerar más, pero éstos son los más comunes.

Un modelo claro lo tenemos en las famosas redes sociales, ya que cuando una persona publica una ofensa, burla y ataque contra otros, se hace viral, mientras cuando se promueve un excelente mensaje de crecimiento y espiritualidad no es tomado en cuenta y hasta rechazado con vituperaciones. 

Es una medida de cuántas personas débiles y vulnerables espiritualmente son víctimas siendo utilizadas por el maligno para manifestar su odio a todo lo que sea bueno en el mundo. Nos hemos convertido en marionetas del demonio ya que expandimos su odio y el mal como lo más ordinario del mundo.

Aquí es donde Jesús necesita sacar esos demonios que nos manipulan, fortaleza adquirida por la reconciliación, oración y vida sacramental es lo que necesitamos, de tal manera que no te permitas ser una marioneta del chamuco.

“Creemos que hacemos el bien…”

“Creemos que hacemos el bien…”

Lucas 10, 13-16


En aquel tiempo, Jesús dijo: “¡Ay de ti, ciudad de Corozaín! ¡Ay de ti, ciudad de Betsaida! Porque si en las ciudades de Tiro y de Sidón se hubieran realizado los prodigios que se han hecho en ustedes, hace mucho tiempo que hubieran hecho penitencia, cubiertas de sayal y de ceniza. Por eso el día del juicio será menos severo para Tiro y Sidón que para ustedes. Y tú, Cafarnaúm, ¿crees que serás encumbrada hasta el Cielo? No. Serás precipitada en el abismo”. 

Luego, Jesús dijo a sus discípulos: “El que los escucha a ustedes, a mí me escucha; el que los rechaza a ustedes, a mí me rechaza y el que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado”. 

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El entorno en el que hemos crecido se nos hace de los más natural y ordinario, las personas, los lugares, los hábitos, la situación económico social, así como el trato humano creemos que es lo trivial, y lo es, solamente que dejamos de lado aquellas situaciones que no conocemos, distintas a nuestra propia forma de vida y que según nuestros criterios suenan raras porque así no vivimos ni aprendimos.

No dudo que el mal enraizado en esas ciudades como Corozaín y Betsaida, a veces inculcado de generaciones atrás, se vea como lo normal, con todo y sus consecuencias nefastas sin tener idea de como vivir de una manera mejor y distinta.

Es aquí cuando creemos que hacemos el bien repitiendo los errores de los demás, porque así lo hacen todos, donde el cambio lo lleva Jesús pero no quieren escuchar, ni cambiar, y la realidad es miedo a lo nuevo y a dejar las mañas aseguradas porque no se tiene más.

Es por eso importante escuchar y conocer nuevas opiniones, que aunque nos incomoden, nos hacen en realidad crecer y más aún cuando se trata de cambiar nuestro interior y santificarnos, pensamos que estamos bien, cuando podemos estar mejor y tener además la paz y la gracia que conlleva a una seguridad en la vida al lado de Dios.

“Información falsa”

Información falsa”

Lucas: 9, 7-9

En aquel tiempo, el rey Herodes se enteró de todos los prodigios que Jesús hacía y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado; otros, que había regresado Elías, y otros, que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas. Pero Herodes decía: “A Juan yo lo mandé decapitar. ¿Quién será, pues, éste del que oigo semejantes cosas?” Y tenía curiosidad de ver a Jesús.

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Dentro de un mundo que se dedica a compartir información desde todos los tiempos, donde la situación se agudiza al tener los medios de difusión inmediata, nos encontramos con el problema de la veracidad. Estamos sobre saturados de información, por lo que resulta un tanto difícil autentificar tanto la fuente como el transmisor. 

Problema nada nuevo, porque en el mismo evangelio nos encontramos que al mismo rey le llegaba la información parcial, algo le comunicaban, pero si el medio era ineficaz y no confiable, donde impregna los datos con su propia opinión, el resultante obtenido es una mentira o un verdad incompleta.

Lo mismo nos puede acontecer, puesto que nuestro deber es, antes de emitir cualquier juicio es documentarnos, para así identificar si lo que conocemos acerca de una persona o situación es lo correcto, o si de por medio hay alguna mala interpretación.

Por ello la curiosidad no está de más, ya que incita a la búsqueda y profundización de una verdad. Hay que tener cuidado con nuestros informantes, saber si son confiables o si son simples repetidores de palabras indiscriminadas, además de conocer los hechos y las personas involucradas para completar el poder dar fe a la información recibida.

En medio de tanta manipulación y manejo de información deteriorada y falsa, debemos cuidar la verdad que al final es la que nos hace crecer y conocer la realidad tal cual es para no inventar, ni divulgar información falsa.

“…Por fuera parecen justos…”

“…Por fuera parecen justos…”

Mateo 23, 27-32

En aquel tiempo, Jesús dijo a los escribas y fariseos: “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque son semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre! Así también ustedes: por fuera parecen justos, pero por dentro están llenos de hipocresía y de maldad.

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque les construyen sepulcros a los profetas y adornan las tumbas de los justos, y dicen: ‘Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, nosotros no habríamos sido cómplices de ellos en el asesinato de los profetas’! Con esto ustedes están reconociendo que son hijos de los asesinos de los profetas. ¡Terminen, pues, de hacer lo que sus padres comenzaron!”.

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Es una pena que la verdad, tan preciada que es en sí misma, en común asociación con la realidad, muchas veces sea rechazada y suplantada por una falsa apariencia, sobre todo hoy, en estos tiempos que la imagen se manipula y se distorsiona tanto para bien, como para mal, es una realidad que en el mundo de quienes no tienen principios, ni moral, ni autenticidad, se la viven vendiendo imágenes falsas; a eso se dedican las agencias de publicidad y mercadotecnia, porque lo que es verdad y bueno en sí mismo se le reconoce y se vende por sí solo, pero si necesita anunciarse es porque, por sí mismo no vale su propio ser como verdadero y bueno.

Acerca de las noticias que se nos ofrecen hoy en día, habría que tener una seria discapacidad para no ver la realidad y creer la sarta de mentiras que manipulan y maquillan, siempre moviendo voluntades débiles y haciéndolas suyas; un ejemplo de manipulación es el siguiente: se desploma un avión, si dicen que estaba lleno de convictos asesinos, decimos, que bueno, se lo merecían; pero si dicen que había ochenta niños y que las perdidas ascienden a billones de dólares, entonces si nos mueven. Así es como te presentan la información, sembrando la reacción deseada en ti.

Más sin embargo, para qué nos vamos lejos, lo mismo acontece en nuestra propia vida y familia, una es la pantalla que presentamos y otra es la realidad que vivimos, pretendemos vivir en los más lujosos residenciales o bien posicionados, publicar eventos sociales personales en los periódicos, decir que conocemos a la crema y nata de la sociedad por nombres y apellidos, cuando en realidad no tienen ni en qué caerse muertos y hasta andan pidiendo por doquier para la mensualidad de la niña o para la gasolina, pero antes muertos que sencillos.

No hay que ir tan lejos y juzgar a los fariseos cuando nosotros estamos peor. Cuidado con la hipocresía, suele salir cara, sus consecuencias son irreversibles y las pérdidas no son en dólares, pero si en personas que valen la pena y en la confianza hacia ti, fatal.

Ya se acabaron los tiempos de las apariencias, ya no haces tonta a la gente, hoy ó vives tu verdad y en la verdad o, tu mentira será autoexpuesta no por los demás, sino por ti mismo, no te extrañe luego y se diga públicamente: ‘por fuera parecen justos’.

“Altares al EGO”

“Altares al EGO”

Mateo: 23, 13-22

En aquel tiempo, Jesús dijo a los escribas y fariseos: “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque les cierran a los hombres el Reino de los cielos! Ni entran ustedes ni dejan pasar a los que quieren entrar.

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que recorren mar y tierra para ganar un adepto y, cuando lo consiguen, lo hacen todavía más digno de condenación que ustedes mismos!

¡Ay de ustedes, guías ciegos, que enseñan que jurar por el templo no obliga, pero que jurar por el oro del templo, sí obliga! ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante, el oro o el templo, que santifica al oro? También enseñan ustedes que jurar por el altar no obliga, pero que jurar por la ofrenda que está sobre él, sí obliga.

¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda o el altar, que santifica a la ofrenda? Quien jura, pues, por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él. Quien jura por el templo, jura por él y por aquel que lo habita. Y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por aquel que está sentado en él”.

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Existe una no tan sana, sino enfermiza competencia en la que sobre todo y todos deseamos aparecer como el centro del universo, eliminando y descartando a quien pueda darte la contra y opacarte, no sólo en lo personal sino incluso en lo laboral y en todo lo que se refiera a ti hasta la última molécula tuya.

No dejamos de revelar una tremenda inseguridad, por lo que tenemos que elevar nuestra imagen a una categoría que brillemos momentáneamente aunque sea con inserciones pagadas. Lo hacemos con nuestra propia imagen, así como con nuestra dominante e impositiva manera de ser y de pensar, y no se diga cuando se buscan adeptos que te sigan y no piensen mejor que tú.

Ciertamente suenan a actitudes adolescentes, pero parece que cada ves más se estancan en esa etapa de la vida o surgen regresiones, sobre todo para llenar huecos por lo general de falta de afecto básico familiar.

Nos encontramos que solemos construir nuestros propios altares, pero al ego, incluso en nuestra propia casa la imagen principal y más grande, con el marco más costoso suele ser entre muchas tu foto de mejor perfil, tu mejor logro, tu mejor medalla, tú con el trofeo, o acompañado de tu pareja como trofeo adquirido y bien ganado, puede ser también la foto de la ordenación sacerdotal, o de la consagración religiosa, la de la presidencia en algún negocio, en fin, utilizamos esos altares para autorendirnos culto y exponerlo a los demás. 

Jesús es claro cuando nos dice que no hay que aparentar ser más de lo que se es, quien presume de saber, o quien presume de tener. En realidad lo que manifiestan es su pobreza y que cada vez pierden más. Un verdadero valor brilla solo, no se opaca solo, pero no permitas que pierda su valor al denigrarlo con la presunción. 

Destruye los falsos altares al ego y brilla por tu bondad natural.

“Usurpadores”

“Usurpadores”

Mateo 23, 1-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a las multitudes y a sus discípulos: “En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra. Hacen fardos muy pesados y difíciles de llevar y los echan sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con el dedo los quieren mover. Todo lo hacen

para que los vea la gente.

Ensanchan las filacterias y las franjas del manto; les agrada ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; les gusta que los saluden en las plazas y que la gente los llame ‘maestros’.

Ustedes, en cambio, no dejen que los llamen ‘maestros’, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A ningún hombre sobre la tierra lo llamen ‘padre’, porque el Padre de ustedes es sólo el Padre celestial. No se dejen llamar ‘guías’, porque el guía de ustedes es solamente Cristo. Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”.

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Los títulos son muy honorables, hacen resaltar a la propia persona, se le otorga un rango de autenticidad, hasta el trato personal cambia tornándose en especial. No creo que Jesús este en conflicto con las autoridades y sus rangos, tampoco con sus títulos, con lo que en realidad no está de acuerdo, es con la actitud de aquellos, que se promueven con esos títulos, aquellos que no se los han ganado con su propio esfuerzo ni entrega generosa sin dar el mínimo testimonio al respecto, robando la autoridad y menguándola en aquellos que su vida de entrega habla aún mas que dicho título, los que su vida, no alcanza a manifestar todo el bien que se ha hecho a los demás.

No reclama como único y exclusivo de Dios los atributos de padre, guía o maestro, ya que así lo suelen interpretar los fundamentalistas, sino todo lo contrario, Dios no deja de compartir sus propios dones y, qué mejor que alguien entre nosotros manifieste el cierto grado esas bondades de Dios que hablan de su misma autoridad compartida, de su mismo ser.

Lo malo es cuando se apoderan de los títulos sin ser merecedores de ellos, abusando con la autoridad que conllevan, ahí es donde se desdicen de presentar a Dios en esas circunstancias, donde no se manifiesta correctamente su gracia ni sus obras, pudiendo dar margen al error entre los sencillos y alejarlos del original servicio que Dios da con esos títulos bien ganados en las personas correctas.

Esos son los usurpadores que roban el título y no dan testimonio de ello. Pero no  vayamos más lejos, tan sólo juzgando a los que representan una autoridad, sino también nosotros podemos ser usurpadores del buen nombre de Hijos de Dios, de Bautizados, de Cristianos; cuando no vivimos conforme a lo que hemos sido llamados, cuando no va nuestra vida en el camino del perfeccionamiento en la santidad, cuando nuestras obras hablan de a quién aman no es precisamente a Dios.

Hay que tener un cuidado auténtico de nosotros no ser los usurpadores, más que echarlo en cara a los demás.

“Una vida de a mentiras”

“Una vida de a mentiras”

Mateo: 10, 24-33

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “El discípulo no es más que el maestro, ni el criado más que su señor. Le basta al discípulo ser como su maestro y al criado ser como su señor. Si al señor de la casa lo han llamado Satanás, ¡qué no dirán de sus servidores! 

No teman a los hombres. No hay nada oculto que no llegue a descubrirse; no hay nada secreto que no llegue a saberse. Lo que les digo de noche, repítanlo en pleno día y lo que les digo al oído, pregónenlo desde las azoteas.

No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman, más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo.

¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una moneda? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre. En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto, no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo.

A quien me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre, que está en los cielos; pero al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre, que está en los cielos”.

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Dentro de una cultura en la que predomina el qué dirán, donde se cuida la imagen a todo lo que da, el mundo de las mentiras se convierte en la actitud a vivir cada día, llegando a tal grado que cuando se dice la verdad duele. 

Sin embargo la mentira dura mientras la verdad sale, pro el contrario la verdad siempre permanece. Lo malo que la mentira genera cada vez mayor mentira para sostenerse hasta llegar a la ofensa y la calumnia. 

Hay que tener una prudencia certera que nos ayude a mejor vivir, para que en todo lo que hagamos y digamos, sea tan noble y sencillo en la verdad, que sin mayor preocupación se pueda tanto guardar en secreto como proclamarlo desde las azoteas sin afectar a nada ni a nadie.

Cuando lo que se predica o se vive está en el ámbito de la mentira, por lo general se permanece en la inestabilidad que surge del miedo a ser descubiertos. No hay como la paz y tranquilidad que otorga la verdad.

Cuando nuestra verdad se define para vivir la vida sin Dios, entonces excluimos ser reconocidos ante Él como tal, no por reciprocidad, sino por lógica. No quieres ser amado, no se te ama y se te respeta tu decisión.

“La traición viene desde dentro”

La traición viene desde dentro”

Mateo: 26, 14-25

En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: ¿Cuánto me dan si les entrego a Jesús?” Ellos quedaron en darle treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregárselos. 

El primer día de la fiesta de los panes Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?” El respondió: “Vayan a la ciudad, a casa de fulano y díganle: `El Maestro dice: Mi hora está ya cerca. Voy a celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa’. Ellos hicieron lo que Jesús les había ordenado y prepararon la cena de Pascua. 

Al atardecer, se sentó a la mesa con los Doce y mientras cenaban, les dijo: “Yo les aseguro que uno de ustedes va a entregarme”. Ellos se pusieron muy tristes y comenzaron a preguntarle uno por uno: “¿Acaso soy yo, Señor?” Él respondió: “El que moja su pan en el mismo plato que yo, ése va a entregarme. Porque el Hijo del hombre va a morir, como está escrito de Él; pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre va a ser entregado! Más le valiera a ese hombre no haber nacido”. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: “¿Acaso soy yo Maestro?” Jesús le respondió: “Tú lo has dicho”. 

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Todo tipo de traiciones duelen bastante no por el hecho de que no ataquen, sino que llegan de quienes menos lo esperamos, de aquellos en los que por lo general hemos depositado nuestra confianza ya sea parcial o total, los que usan nuestra propia información para debilitar la confianza de los demás y usarla en pro de un beneficio propio o por simple envidia y ánimos de dañar.

Situación que al mismo Jesús le aconteció, lo pudo evitar, sí, pero permite que la persona que le quiere dañar decida por sí sola su manera de actuar y sea responsable de las consecuencias que le llevarán a tomar una nueva decisión para resarcirla o para evadirla.

A veces la confianza con aquellos que nos daña, llega a tal grado que se les hace fácil tomar esa errónea decisión, porque a lo mejor piensan que no pasará a mayores, se adormece su perspectiva y creen que será solamente un mal rato.

Pero no saben a ciencia cierta hasta donde puede llegar la persona dañada, porque ya implica no tan sólo su decisión, sino las decisiones del afectado y la de los nuevos implicados.

Lealtad es lo que se necesita hoy más que nunca en nuestros días, pero si podemos evitar esas personas tóxicas, les ayudamos a no hacer tanto mal al no seguir sus malas propuestas, y al no permitirles dañarnos, si es que percibimos el caso.

“Lo horrible de las apariencias”

“Lo horrible de las apariencias”

Mateo: 23, 23-26

En aquel tiempo, Jesús dijo a los escribas y fariseos: “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque pagan el diezmo de la menta, del anís y del comino, pero descuidan lo más importante de la ley, que son la justicia, la misericordia y la fidelidad! Esto es lo que tenían que practicar, sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que cuelan el mosquito, pero se tragan el camello!

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera los vasos y los platos, mientras que por dentro siguen sucios con su rapacidad y codicia! ¡Fariseo ciego!, limpia primero por dentro el vaso y así quedará también limpio por fuera”.

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Aunque hoy en el mundo se viva a cada segundo la importancia primordial de cuidar la imagen, la apariencias, el manejo inadecuado y tendencioso de la información, de tal manera que la finalidad de impactar se cumple en toda su expresión, a final de cuentas, detrás de la misma tenemos que lidiar con la inevitable realidad.

Lo ideal y fantasioso en todo momento resulta una ilusión bella en la que en algún momento de nuestro crecimiento la gran mayoría hemos caído y, que de algún modo deseamos que se haga realidad, nos hace perder el piso y olvidar que la realidad aún es más bella pero no se quiere afrontar.

El  mundo pretende mantenernos inmersos en esas utopías, que no existen, pero que a un precio módico las hacen presentes, ahora llamándoles parques temáticos, lugares de esparcimiento, y si no están accesibles a nuestro alcance, la pantalla grande de la cinematografía se encarga de transportarnos por un breve espacio de tiempo.

Lo horrible de las apariencias es que desatendemos la realidad en que vivimos, descuidándola y por ende al verla en mal aspecto rechazarla, o depreciarnos por no poder ser y estar como el ideológico mundo de la “perfecta” vida lo propone.

La realidad es más bella aún, sobre todo atendiéndola y cuidando todo cuanto nos rodea, ya que la magia que debe tener tú se la imprimes, además de la que de suyo ya posee, porque se ama lo que se tiene y no lo que nunca se poseerá. 

No permitas engañar a tu inteligencia, la belleza está en la honestidad de tu ser, el de los demás y el de las cosas, ya que lo horrible de las apariencias en cualquier momento o descuido saldrá. No existe nada mas bello que la verdad, no le temas, ya que conociéndola, es tan esplendorosa que lo fantasioso resulta absurdo ante ella.