“Nunca solos”

“Nunca solos”

Juan: 14, 15-21

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos; yo le rogaré al Padre y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; ustedes, en cambio, sí lo conocen, porque habita entre ustedes y estará en ustedes.

No los dejaré desamparados, sino que volveré a ustedes. Dentro de poco, el mundo no me verá más, pero ustedes sí me verán, porque yo permanezco vivo y ustedes también vivirán. En aquel día entenderán que yo estoy en mi Padre, ustedes en mí y yo en ustedes. El que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama. Al que me ama a mí, lo amará mi Padre, yo también lo amaré y me manifestaré a él”.

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Son muchas las ocasiones en que se nos remarca que nadie debe de quedarse solo, sobre todo aquellas personas que suelen tener codependencias no pueden vivir sin tener a alguien a su lado, sobre todo para que supla las seguridades y atenciones que demandamos.

Además hay personas que en realidad la compañía no es una necesidad, saben moverse solas en todos los aspectos de su vida y no necesariamente es una situación indeseable, como muchos lo ven en medio de sus miedos.

De hecho hay personas que aunque tengan cientos o una persona a su lado, se sienten solos. La sociedad está precisamente estructurara para que en sana convivencia aportemos con nuestro trabajo, capacidades y dones lo que necesitan, para hacer más fácil la vida, cada quien poniendo de su parte incluso con lo que sustentan y se sustentan a sí mismos dentro de una gama de servicios establecidos.

Es un hecho, que además Jesús nos revele que precisamente Él vino para quedarse, y ahora resucitado lo puede hacer de una manera eficaz, así como sacramental. Con una presencia humana y física puede atender tan sólo en una locación específica, mientras que a través de su Santo Espíritu, dentro de su ser omnipresente y omnipotente está más cerca que nunca.

Es por ello que nos hace de su conocimiento que debemos de esperar y aceptar el Espíritu Santo, ya que ahora dispuesta y restaurada nuestra alma, puede habitar en toda su plenitud incluso en nosotros mismos, y sobre todo en aquellos que le den cabida, le amen y permitan hacer su obra a través de nuestro ser como una gracia concedida que nos bendice y plenifica en común colaboración.

Nunca estamos solos, y quien así lo sienta, es porque no se ha permitido cohabitar en Cristo que está a su lado, pero requiere tu aceptación y permiso para estar contigo.

“La maternidad en el plan de Dios”

“La maternidad en el plan de Dios”

Juan: 12, 44-50

En aquel tiempo, exclamó Jesús con fuerte voz: “El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, para que todo el que crea en mí no siga en tinieblas.

Si alguno oye mis palabras y no las pone en práctica, yo no lo voy a condenar; porque no he venido al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo.

El que me rechaza y no acepta mis palabras, tiene ya quien lo condene: las palabras que yo he hablado lo condenarán en el último día. Porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que mi Padre, que me envió, me ha mandado lo que tengo que decir y hablar. Y yo sé que su mandamiento es vida eterna. Así, pues, lo que hablo, lo digo como el Padre me lo ha dicho”.

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Hoy celebramos en nuestro país el día de las madres, fiesta que remarcamos con suma importancia por honrar en especial a aquellas mujeres que decidieron colaborar en el plan de Dios, participando de la creación en corresponsabilidad con el Creador.

Dios respeta el mismo don que ha regalado tanto de la paternidad como de la maternidad, ya que a su Unico Hijo, no lo envío en medio de un terremoto surgiendo de las entrañas de la tierra, ni fue lanzado en medio de un rayo, tampoco cayó del cielo, ni fue traído por una corte celestial de ángeles y depositado en tres nosotros. Nació de Mujer.

Es por ello que hoy, en este día especial, remarco ese magnífico don y pido siga bendiciendo a todas aquellas bellas mujeres que le han dicho sí al Señor como María, aquellas que han dicho sí al don de la vida, aquellas que se han donado generosamente al dar de sí tanto su ser, como su tiempo y amor por aquellos que les han sido encomendados en filiación.

Mil Gracias por ser madres. Elevo al creador una oración por todas ustedes solicitando las gracias necesarias para la etapa de vida que estén llevando con sus hijos. Felicidades y bendiciones.

"Explicó los pasajes"

Explicó los pasajes”

Lucas: 24,13-35

El mismo día de la resurrección, iban dos de los discípulos hacia un pueblo llamado Emaús, situado a unos once kilómetros de Jerusalén, y comentaban todo lo que había sucedido.

Mientras conversaban y discutían, Jesús se les acercó y comenzó a caminar con ellos; pero los ojos de los dos discípulos estaban velados y no lo reconocieron. Él les preguntó: “¿De qué cosas vienen hablando, tan llenos de tristeza?” Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: “¿Eres tú el único forastero que no sabe lo que ha sucedido estos días en Jerusalén?” Él les preguntó: “¿Qué cosa?”. Ellos le respondieron: “Lo de Jesús el nazareno, que era un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo. Cómo los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron.

Nosotros esperábamos que él sería el libertador de Israel, y sin embargo, han pasado ya tres días desde que estas cosas sucedieron. Es cierto que algunas mujeres de nuestro grupo nos han desconcertado, pues fueron de madrugada al sepulcro, no encontraron el cuerpo y llegaron contando que se les habían aparecido unos ángeles, que les dijeron que estaba vivo. Algunos de nuestros compañeros fueron al sepulcro y hallaron todo como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron”.

Entonces Jesús les dijo: “¡Qué insensatos son ustedes y qué duros de corazón para creer todo lo anunciado por los profetas! ¿Acaso no era necesario que el Mesías padeciera todo esto y así entrara en su gloria?” Y comenzando por Moisés y siguiendo con todos los profetas, les explicó todos los pasajes de la Escritura que se referían a él.

Ya cerca del pueblo a donde se dirigían, él hizo como que iba más lejos; pero ellos le insistieron, diciendo: “Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer”. Y entró para quedarse con ellos. Cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él se les desapareció. Y ellos se decían el uno al otro: “¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!”.

Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, los cuales les dijeron: “De veras ha resucitado el Señor y se le ha aparecido a Simón”. Entonces ellos contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

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Cuánta necesidad tenemos de obtener conocimientos, de tener la oportunidad de adquirirlos y por otro lado de poder asimilarlos, ya que no cualquier persona tiene acceso a ellos de manera oficial, y aunque hoy en día se dice que la educación es gratuita, la calidad y manipulación de la misma no da para mucho.

Se ha creado una conciencia de que es mejor por la situación que cada persona vive, quedarse navegando en en el analfabetismo, cuando en realidad si la persona lo desea puede salir de dicha situación. 

De hecho existen por doquier lugares de profundización del conocimiento en todos los aspectos y materias de manera gratuita, pero aun así no los aprovechamos. Y claro que eso redunda en nuestra vida.

Esa necesidad de conocer, es la que nos hace equivocarnos y sufrir, porque ya no tenemos esa ciencia infusa que se nos había participado desde los orígenes de la creación adjunta a la santidad y gracia divina, pero junto con el pecado se han perdido.

Ahora hay que aprender, y quien tiene el conocimiento lo usa para manipular y limitarlo a los demás, para nada se asemeja eso al plan De Dios.

Sin embargo Jesús, restaurando la gracia, a su vez da a conocer y a explicar ese conocimiento a veces perdido, olvidado o no bien entendido sobre el plan de Dios expuesto desde antiguo en las Sagradas Escrituras.

Su plan es dar a conocer la verdad y restaurarla desde la gracia. Por ello dejemos que la verdad sea la que se nos descubra y la hagamos nuestra, ya que complementa aquello que habíamos pedido, y que en realidad necesitamos para cambiar y caminar en nuestra vida por el verdadero plan y, no por el que nos presentan para beneficio de otros. Es por ello que Jesús también nos explicó esos pasajes, para darnos a conocer lo que de suyo desconocíamos. 

“Complementos”

“Complementos”

Juan 3, 7-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: –«Te lo aseguro, tenéis que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu.

Nicodemo le preguntó: –¿Cómo puede suceder eso?

Le contestó Jesús: –«Y tú, el maestro de Israel, ¿no lo entiendes? Te lo aseguro, de lo que sabemos hablamos; de lo que hemos visto damos testimonio, y no aceptáis nuestro testimonio. Si no creéis cuando os hablo de la tierra, ¿cómo creeréis cuando os hable del cielo? Porque nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.

Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna».

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A primera instancia, creemos que el centro del universo lo somos nosotros, es decir, crees que lo eres tú, porque desde el momento en que nacemos, no hacemos otra cosa sino pedir atención y ser saciados en todos los aspectos de la vida. Necesidades que son conatos a nuestro ser, pero que en su momento pareciese que quedan permanentemente en nuestra vida, demandando constantemente todo a todos.

Aquí es donde Jesús resucitado nos brinda la oportunidad muy certera de crecer y no depender tan sólo de lo que humanamente se nos ha regalado, es por ello necesario nacer de nuevo, optar por una vida no tan sólo centrada en mí mismo, sino que hay que salir de nuestro ego y elevar la mirada para ver claramente de dónde venimos y a dónde vamos, así como los que están a nuestro alrededor.

Ya que centrados en nuestro ego, es imposible detectar de dónde viene el viento y a dónde va, porque no es relevante ni importante para mi, hay que nacer a esa vida más plena dónde la riqueza de los dones y capacidades de los demás nos complementan exitosamente; dónde descubrimos que existe algo más que yo y aún así más importante, sin degradar nuestra propia apreciación y autoestima.

Son esos complementos que además de los evidentemente reconocidos en esta tierra, nos ayudan y esclarecen los que vienen del cielo, y aquí es donde el complemento se plenifica, ya que no tan sólo dependemos del aquí y el ahora, sino que nuestra vida y espíritu se abre a donde pertenece, a lo eterno.

Cristo es el mejor y mayor complemento, ya que sin Él, tan sólo eres tú y tu efímera fama de quince minutos.

“Librarnos de la incredulidad”

“Librarnos de la incredulidad”

Marcos: 16, 9-15

Habiendo resucitado al amanecer del primer día de la semana, Jesús se apareció primero a María Magdalena, de la que había arrojado siete demonios. Ella fue a llevar la noticia a los discípulos, los cuales estaban llorando, agobiados por la tristeza; pero cuando la oyeron decir que estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron.

Después de esto, se apareció en otra forma a dos discípulos, que iban de camino hacia una aldea. También ellos fueron a anunciarlo a los demás; pero tampoco a ellos les creyeron.

Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no les habían creído a los que lo habían visto resucitado. Jesús les dijo entonces: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura”.

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No es nada raro encontrar que los discípulos de Jesús así como los doce, van por un camino de crecimiento, donde desprendernos de lo material es muy difícil, ya que los dones espirituales nos son participados por pura generosidad de Dios, pero tenemos que descubrirlos, ubicarlos y hacerlos crecer, cosa que aún falta en muchos de ellos.

Sin embargo de palabra y de testimonio, bastó toda la formación que el Señor Jesús les brindó, mientras estaban acompañándolo a tiempo completo pero que aún falta asimilar, ya que la reacción de Jesús ante todos ellos después de su resurrección es de admiración por tanta incredulidad.

A eso debemos añadir el miedo que les tenía preso por la muerte de Jesús en la que se estancaron, situación dura porque implicaba sus propias vidas, y tres días no bastaban para reaccionar ante tal impacto.

Pero el tiempo apremia, por eso Jesús no deja que otras circunstancias les enfríe su fe, su caridad y su amor, les reclama su incredulidad y los invita a que sean testigos de su resurrección para que vayan a emprender la misión para la que fueron llamados, de llevar el Evangelio a toda creatura.

Es por ello digno de tomar en consideración el librarnos de la incredulidad, que entorpece procesos y evita que siga creciendo la misma fe, hasta afianzarse fuertemente para dar testimonio con las propias obras y el compromiso personal.

“El Reino que no vemos”

“El Reino que no vemos”

Marcos: 8, 34-9,1

En aquel tiempo, Jesús llamó a la multitud y a sus discípulos, y les dijo: “El que quiera venir conmigo, que renuncie así mismo, que cargue con su cruz y que me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará.

¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla? Si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras ante esta gente, idólatra y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él, cuando venga con la gloria de su Padre, entre los santos ángeles”.

Y añadió: “Yo les aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin haber visto primero que el Reino de Dios ha llegado ya con todo su poder”.

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Es muy común vivir hoy en día estresados y cansados, con una visión ciertamente no tan optimista del mundo, sobre todo porque la tónica suele marcarla nuestra actitud disminuida y con perfil bajo, por la saturación de lo que el mundo nos presenta y que no podemos ser. 

Es entonces cuando se nos invita a alzar la mirada a lo alto, hacia Dios que nos ha regalado una vida llena de dones y gracias, aquellas que sabiéndolas conjugar con los valores que el Señor Jesús nos ha otorgado al hacer presente el Reino de los Cielos entre nosotros, podemos potenciar y vivir con todas las herramientas y dones espirituales para vivir en felicidad sin depender de lo que el mundo maneja aún viviendo en el mundo.

Pero precisamente hay toda una campaña para hacernos notar tan sólo lo malo del mundo y lo bueno pero comprado; que no alcanzamos a ver el Reino, y es que la promesa está hecha y cumplida, verlo, pero no desde fuera sino desde nuestro ser hacia afuera.

No es un reino fantasma ni fantasioso, ni está en la otra vida tan sólo, se nos participa desde la eternidad para hacer nuestra vida ya desde este mundo feliz y en camino de constante perfección. 

Ya depende de nosotros si lo deseamos tomar y hacerlo nuestro o verlo presente en esta vida, porque ya ha llegado con todo su poder, e inicia conociendo y amando al autor, a Dios y a su Hijo Jesucristo, y el resto se nos dará por añadidura sin exagerar ni fanatizarnos, sino en la vida real, en el aquí y el ahora. Ama y lo empezarás a ver con un corazón bien intencionado.

“…No está bien tomar el pan de los hijos…”

“…No está bien tomar el pan de los hijos…”

Marcos 7, 24-30

En aquel tiempo, Jesús partiendo de allí, se fue a la región de Tiro, y entrando en una casa quería que nadie lo supiese, pero no logró pasar inadvertido, sino que, en seguida, habiendo oído hablar de Él una mujer, cuya hija estaba poseída de un espíritu inmundo, vino y se postró a sus pies

 Esta mujer era pagana, sirofenicia de nacimiento, y le rogaba que expulsara de su hija al demonio. Él le decía: «Espera que primero se sacien los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». Pero ella le respondió: «Sí, Señor; que también los perritos comen bajo la mesa migajas de los niños»

 Él, entonces, le dijo: «Por lo que has dicho, vete; el demonio ha salido de tu hija». Volvió a su casa y encontró que la niña estaba echada en la cama y que el demonio se había ido.

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Una de las cosas que Jesús tiene presente y muy clara en su vida es su misión, es realista pues sabe de donde viene y sabe a donde va, es decir ha construido un plan de vida con metas específicas y claras hasta llegar al cúlmen de su obra, con su entrega generosa en su muerte y resurrección.

Uno de sus objetivos específicos es llevar primeramente a los suyos la Palabra y el Reino de Dios, para que posteriormente ellos lo hagan llegar al resto de la humanidad. Pedagógicamente predica y hace sus obras al pueblo judío por la sencilla razón que se supone están inmersos en el contexto de la historia de la salvación reconociendo las profecías hechas desde antiguo e identificando al Mesías en Él mismo.

Cosa que muchos lo hicieron, pero que otros tantos no, aún conociendo el plan divino. Por ello ante una mujer sirofenicia, pagana, es decir, no tiene conocimiento de Dios ni vida religiosa practicante, a lo mejor inicialmente lo busca como inclusive muchos judíos, como el curandero.

La respuesta de Jesús hacia ella fue con toda amabilidad y respeto: «Espera que primero se sacien los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». Es decir, atiende a los encomendados en su misión sin faltarle el respeto a ella en su expresividad.

Cual es la sorpresa de Jesús que se lleva al identificar en ella una expresión llena de fe y esperanza, no encontrada en los suyos: «Sí, Señor; que también los perritos comen bajo la mesa migajas de los niños». Eso le valió para que la gracia de Dios obrara y, ella creciera aún más en su fe inicial en Dios. Cuantas veces nosotros cuando pedimos, exigimos como hijos, pero como hijos demandantes, con el sentimiento de merecimiento y la exigencia de la obligatoriedad en recibir.

En el pedir esta el dar, si pedimos con fe, que se manifieste esa fe, si pedimos con generosidad, que la nuestra sea la primera dispuesta, que ante cualquier cosa que le solicitemos nuestra mente, alma y corazón estén puestos en Dios y no tan sólo en el beneficio a recibir.

“Sin perder el objetivo…”

“Sin perder el objetivo…”

Marcos: 4, 35-41

Un día, al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: “Vamos a la otra orilla del lago”. Entonces los discípulos despidieron a la gente y condujeron a Jesús en la misma barca en que estaba. Iban, además, otras barcas.

De pronto se desató un fuerte viento y las olas se estrellaban contra la barca y la iban llenando de agua. Jesús dormía en la popa, reclinado sobre un cojín. Lo despertaron y le dijeron:

“Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?” Él se despertó, reprendió al viento y dijo al mar: “¡Cállate, enmudece!” Entonces el viento cesó y sobrevino una gran calma. Jesús les dijo:

“¿Por qué tenían tanto miedo? ¿Aún no tienen fe?” Todos se quedaron espantados y se decían unos a otros: “¿Quién es éste, a quien hasta el viento y el mar obedecen?”

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Cuando implementamos metas largas a obtener en nuestra vida, e incluso cortas en el caminar del día a día, es muy importante no perder de vista todos esos pequeños detalles a realizar como tareas o pendientes durante el día, ya sea pasar a recoger la ropa a la lavandería, comprar el pan para los alimentos, o hasta salir a pasear al perro.

Son actividades que aunque pareciesen insignificantes, suman un total que al final del día hablan de nuestra dedicación, interés y crecimiento.

A lo mejor vamos a encontrarnos con circunstancias no ordinarias que en su momento hay que atender, porque son necesarias, aunque rompan el esquema de tu día, pero eso no significa que vas a dejar al olvido tus propias tareas.

El caso concreto lo tenemos en el evangelio, donde Jesús y sus discípulos se suben a la barca para ir a predicar a otro lugar. Les impacta un viento que parece cambiar planes; se asustan y pretender cambiar la jugada porque les dominan los miedos; sin embargo Jesús no pierde el rumbo, lo despiertan, maneja la situación y sigue adelante, dejando a los demás que lo vayan asimilando a su ritmo sin violentarles.

Es por ello que al igual que el Señor Jesús, no nos permitamos perder el curso, atendamos lo que se nos cruce en el camino y sigamos adelante, no perdamos nuestros objetivos.

“El que tenga oídos para oír, que oiga”.

“El que tenga oídos para oír, que oiga”.

Marcos: 4, 1-20

En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al lago, y se reunió una muchedumbre tan grande, que Jesús tuvo que subir en una barca; ahí se sentó, mientras la gente estaba en tierra, junto a la orilla.

Les estuvo enseñando muchas cosas con parábolas y les decía: “Escuchen. Salió el sembrador a sembrar. Cuando iba sembrando, unos granos cayeron en la vereda; vinieron los pájaros y se los comieron. 

Otros cayeron en terreno pedregoso, donde apenas había tierra; como la tierra no era profunda, las plantas brotaron enseguida; pero cuando salió el sol, se quemaron, y por falta de raíz, se secaron.

Otros granos cayeron entre espinas; las espinas crecieron, ahogaron las plantas y no las dejaron madurar. Finalmente, los otros granos cayeron en tierra buena; las plantas fueron brotando y creciendo y produjeron el treinta, el sesenta o el ciento por uno”. Y añadió Jesús: “El que tenga oídos para oír, que oiga”.

Cuando se quedaron solos, sus acompañantes y los Doce le preguntaron qué quería decir la parábola. Entonces Jesús les dijo: “A ustedes se les ha confiado el secreto del Reino de Dios; en cambio, a los que están fuera, todo les queda oscuro; así, por más que miren, no verán; por más que oigan, no entenderán; a menos que se conviertan y sean perdonados”. 

Y les dijo a continuación: “Si no entienden esta parábola, ¿cómo van a comprender todas las demás? ‘El sembrador’ siembra la palabra. `Los granos de la vereda’ son aquellos en quienes se siembra la palabra, pero cuando la acaban de escuchar, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos.

`Los que reciben la semilla en terreno pedregoso’, son los que, al escuchar la palabra, de momento la reciben con alegría; pero no tienen raíces, son inconstantes, y en cuanto surge un problema o una contrariedad por causa de la palabra, se dan por vencidos.

‘Los que reciben la semilla entre espinas’ son los que escuchan la palabra; pero por las preocupaciones de esta vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás, que los invade, ahogan la palabra y la hacen estéril.

Por fin, los que reciben la semilla en tierra buena’ son aquellos que escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha: unos, de treinta; otros, de sesenta; y otros, de ciento por uno”.

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En esta ocasión no quiero deteriorar la grandeza y profundidad de la Palabra de Dios. Se explica por sí sola. De ti depende que tipo de campo quieres ser para la semilla entregada. Por ello: “El que tenga oídos para oír, que oiga”

“Limitar opciones”

“Limitar opciones”

Marcos: 3, 1-6

En aquel tiempo, Jesús entró en la sinagoga, donde había un hombre que tenía tullida una mano. Los fariseos estaban espiando a Jesús para ver si curaba en sábado y poderlo acusar. Jesús le dijo al tullido: “Levántate y ponte allí en medio”. Después les preguntó: “¿Qué es lo que está permitido hacer en sábado, el bien o el mal? ¿Se le puede salvar la vida a un hombre en sábado o hay que dejarlo morir?” Ellos se quedaron callados.

Entonces, mirándolos con ira y con tristeza, porque no querían entender, le dijo al hombre: “Extiende tu mano”. La extendió, y su mano quedó sana. Entonces se fueron los fariseos y comenzaron a hacer planes con los del partido de Herodes, para matar a Jesús.

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Que pequeño se nos hace el mundo cuando se nos adoctrina que las posibilidades de tu vida son muy pocas, sobre todo porque con quienes convives así lo ven y así te lo transmiten, resulta en desesperación al ver que tienes una vida por delante, sin saber lo que nos queda aún, pero que mientras se tenga las posibilidades son infinitas, limitándote a lo que los demás te digan.

Es por ello que Jesús, que desde la eternidad ha estado con el Padre, aquel que nos ha creado y nos conoce a la perfección, se lamente el que no deseemos crecer, progresar, avanzar y todo lo que implique un desarrollo en todas su dimensiones, porque sabe lo que nos ha dado y desearía verlo en su máxima potencialidad.

Hoy en día es una pena ver cuantas personas limitan su vida a lo que los astros les dictan según sus interpretes, como si fuera la verdad suprema a través de los horóscopos, que no es otra cosa que confiar en otro ante nuestros miedos, para en su momento poder culpar a quien decide por mi.

No es justo limitar todas las opciones que tienes en la vida presente y en la futura, mucho menos que otro te lo imponga, Dios te ha creado formidablemente para que te desarrolles sin límites, por ello, tu decides hasta donde quieres llegar, y con la gracia de Dios aún más.