“El Nacimiento de San Juan Bautista”

“El Nacimiento de San Juan Bautista”

Lucas 1, 57-66.80

A Isabel se le cumplió el tiempo y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban.

A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre.

La madre intervino diciendo: –¡No! Se va a llamar Juan.

Le replicaron: –Ninguno de tus parientes se llama así.

Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: Juan es su nombre. Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua y empezó a hablar bendiciendo a Dios.

Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: «¿qué va a ser este niño?» Porque la mano de Dios estaba con él.

El niño iba creciendo y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.

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Dentro de los planes de Dios, encontramos su intervención de manera muy humana con situaciones concretas y personas con nombres y apellidos. Es el caso de Juan, que parecería un preferentismo selectivo, pero no lo es, sin embargo Dios dispone las cosas de tal manera que cuando la persona responde y hace suyo ese mismo plan, entonces se complementa e integra ese proyecto a la perfección porque hay una propuesta y una respuesta concreta.

El texto bíblico utiliza un recurso literario para remarcar la importancia de su persona desde su nacimiento llamado Midrash, el cual se encarga de remarcar con una situación un tanto milagrosa su nacimiento, de ese modo se enfatiza su misión.

Pero en realidad eso no es lo importante, lo verdaderamente importante es su obra concreta y la realización de la misión que le fue encomendada. El resto es sólo literatura, pero su acción fue tan eficaz que hasta el día de hoy y el resto de la eternidad aprovecharemos los frutos de su obra. Ser el precursor de Jesús y prepararle el camino.

Hoy seguimos reconociendo la importancia de su nacimiento, no por lo que podría hacer, sino por lo que hizo de su vida a tal grado de llegar a una total donación que concluirá en medio de la más alta corrupción.

Gocémonos con este nacimiento, que al igual la alegría de un nuevo ser nos inunda con nuestros amigos y familiares cercanos, de igual manera lo hagamos con Juan Bautista que tuvo la misma oportunidad que nosotros, pero con la diferencia que respondió totalmente a lo encomendado.

“Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote”

“Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote”

Lucas 22, 14-20

Llegada la hora, se sentó Jesús con sus discípulos, y les dijo: –He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros antes de padecer, porque os digo que ya no la volveré a comer hasta que se cumpla en el Reino de Dios. Y tomando una copa, dio gracias y dijo: –Tomad esto, repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios.

Y tomando pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo: –Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía.

Después de cenar, hizo lo mismo con la copa diciendo: –Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros.

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Definición de la palabra “sacerdote”: un mediador autorizado para ofrecer sacrificios a Dios en reconocimiento de Su dominio supremo y en expiación por los pecados.

Muchas religiones paganas tienen sacerdotes que ofrecen sacrificios según sus conceptos de la divinidad. Pero Dios se reveló a Israel como el Unico Dios verdadero y prohibió la idolatría en el Primer Mandamiento. Los sacerdotes de Israel debían ofrecer sacrificio sólo a Dios.

A diferencia del profeta que comunica el mensaje de Dios a los hombres, el sacerdote es mediador de los hombres ante Dios.

“Porque todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y está puesto en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios para ofrecer dones y sacrificios por los pecados” -Hebreos 5,1

Sacerdocio común de los fieles y sacerdocio ministerial

El sacerdocio ministerial se diferencia esencialmente, y no sólo de grado, del sacerdocio común de los fieles: “El sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial o jerárquico se ordena el uno para el otro, aunque cada cual participa de forma peculiar del sacerdocio de Cristo. Su diferencia es esencial no solo gradual. Porque el sacerdocio ministerial, en virtud de la sagrada potestad que posee, modela y dirige al pueblo sacerdotal, efectúa el sacrificio eucarístico ofreciéndolo a Dios en nombre de todo el pueblo: los fieles, en cambio, en virtud del sacerdocio real, participan en la oblación de la eucaristía, en la oración y acción de gracias, con el testimonio de una vida santa, con la abnegación y caridad operante” (LG 10).

Nuevo Testamento

Cristo es Dios y hombre. Como tal es el definitivo Profeta y Sacerdote de la Nueva Alianza. 

Dios lo ha dicho y hecho todo en su Hijo quien, como Hombre, Eterno y Sumo Sacerdote, se ofreció a si mismo una vez y por todas en la Cruz. El es al mismo tiempo sacerdote y víctima de valor infinito y por lo tanto su sacrificio acaba con la necesidad de los antiguos sacrificios que debían repetirse constantemente. Al no necesitarse los antiguos sacrificios, tampoco se necesita el antiguo sacerdocio. Hay un sólo sacerdocio porque hay un sólo sacrificio.

Teniendo, pues, tal Sumo Sacerdote que penetró los cielos – Jesús, el Hijo de Dios – mantengamos firmes la fe que profesamos. Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado. -Hebreos 4,14-15

Sacerdocio de los fieles bautizados 

Los cristianos de otras iglesias, por lo general, reconocen como nosotros que en el N.T. hay un solo sacerdocio, el de Jesucristo, el Sumo Sacerdote. También por lo general reconocen la doctrina del sacerdocio de todos los fieles, como dice la Escritura:

Pero vosotros sois “linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido,” para anunciar las alabanzas de Aquel que os ha llamado de las tinieblas a su admirable luz  -I Pedro 2,9

Este pasaje de San Pedro muestra que los miembros de la Iglesia del N.T. tienen un sacerdocio común como lo tenía Israel en el A.T.:

“seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa.” Estas son las palabras que has de decir a los hijos de Israel. Exodo 19, 6

Pero, ¿cómo podemos ser todos sacerdotes si Jesús es el único sacerdote?

Todos los bautizados están unidos a Cristo y participan incluso de su sacerdocio. La mayoría de los protestantes creen, como los católicos, en el sacerdocio universal de los fieles en cuanto a que todos los creyentes ofrecen a Dios oraciones y alabanzas unidos a Cristo.

Sin embargo la fe católica enseña una realidad mas completa sobre el sacerdocio de los fieles: Todos los bautizados somos sacerdotes porque, por la gracia, formamos parte del Cuerpo Místico de Cristo (edificio espiritual).

Acercándoos a él, piedra viva, desechada por los hombres, pero elegida, preciosa ante Dios, también vosotros, cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo.
– I Pedro 2,4-5

El bautismo fue el comienzo pero la unión con Cristo debe alimentarse y crecer. Esto significa que todo cristiano debe continuamente ofrecer su vida al Padre en Cristo, morir al hombre viejo y vivir una vida nueva. Es una relación íntima y constante. Ningún cristiano es sacerdote por si mismo pero, en Cristo, todo Cristiano debe ser sacerdote, haciendo de su vida una continua ofrenda.

San Pablo le enseña esto a los que ya eran bautizados:

Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, que ofrezcáis vuestros cuerpos como una víctima viva, santa, agradable a Dios: tal será vuestro culto espiritual. Y no os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto. -Romanos 12,1-2

Por eso los bautizados tenemos el derecho y deber de ofrecer nuestras vidas y recibir la gracia. Jesús nos ha proveído para ello principalmente por medio de los sacramentos, la participación en la liturgia de la Iglesia y del sacrificio de la Santa Misa. 

El sacrificio de la Santa Misa

Cristo se ofreció al Padre en la Cruz. Este sacrificio se hace presente en la Misa para que nosotros podamos ofrecer nuestras vidas y unirnos a El. Esto es posible porque el sacerdocio del N.T. es muy superior al del A.T. La ofrenda de animales no logra la unión con Dios. Pero ahora es Cristo, Dios y hombre, quien se ofrece, como vimos arriba, para expiar por nuestros pecados y romper las barreras que nos separaban de Dios.

Sacerdocio Ministerial en el A.T.

En el mismo Exodo 19 donde se nos narra sobre el sacerdocio de todos los fieles (según vimos arriba, Cf. Ex 19,6), encontramos la existencia de un sacerdocio ministerial en el A.T.:

Dijo Yahveh a Moisés: «Baja y conjura al pueblo que no traspase las lindes para ver a Yahveh, porque morirían muchos de ellos; aun los sacerdotes que se acercan a Yahveh deben santificarse para que Yahveh no irrumpa contra ellos.» Ex. 19,21-22

Este pasaje, como también la existencia de sacerdotes como Melquisedec, contemporáneo de Abrahán y Jetró, el suegro de Moisés, demuestran que habían sacerdotes aun antes de la Ley de Moisés y el sacerdocio levítico.

Dios transfirió el sacerdocio exclusivamente a la tribu de Leví que se había mantenido fiel a Dios. El libro del Levítico contiene las reglas detalladas para el sacerdocio. Se trata de un sacerdocio organizado con clérigos menores, los levitas y a su cabeza el sumo sacerdote. Los sacerdotes se elegían entre los descendientes de la tribu de Leví y en especial de la familia de Aarón.

Sacerdocio Ministerial en el N.T.
Cristo quiso comunicarnos su vida, no sólo en el bautismo sino también en la Santa Misa y los otros sacramentos. Para recibirlos necesitamos que haya un sacerdocio ministerial que imparta estos sacramentos. Hay un paralelo entre el A.T. y el N.T. Hemos visto que en ambos hay un Sumo Sacerdote, un sacerdocio ministerial y un sacerdocio de los fieles.

El sacerdocio ministerial es esencialmente diferente al sacerdocio común de los fieles.
Los sacerdotes, actuando en la persona de Cristo, ofrecen el sacrificio de la Misa y perdonan los pecados. Cuando el sacerdote ofrece la Misa, es Cristo quien se ofrece; Cuando el sacerdote confiesa es Cristo quien perdona los pecados (Cf. Jn 20,22-23). Es Cristo quien actúa por medio de los sacerdotes para comunicar Su propia vida.

Los protestantes llaman a sus pastores “ministros” porque no han recibido el sacramento del orden. No participan del sacerdocio ministerial de Cristo y por eso no tienen el poder de ofrecer el sacrificio de la Santa Misa (en su lugar, dirigen un “servicio”). No pueden tampoco perdonar pecados en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Comparativa del sacerdocio:

Católicos

Sumo Sacerdote (Cristo)

Unico sacerdocio del N.T.
Sacerdocio ministerial
(Participan del sacerdocio de Cristo como todos los fieles y además reciben el sacramento del orden para servir a los fieles como pastores e impartirles los sacramentos.)
Sacerdocio de los fieles
(Participan de Cristo por el bautismo, crecen en esa unión por medio de la Eucaristía y otros sacramentos que reciben por medio del sacerdote ministerial)

Protestantes

Sumo Sacerdote (Cristo)

Unico sacerdocio del N.T.

No tienen sacerdocio ministerial

(Tienen pastores que pueden bautizar pero no ofrecer el sacrificio de la Santa Misa o impartir los otros sacramentos)

Sacerdocio de los fieles
(Participan de Cristo por el bautismo pero no lo reciben en la Eucaristía ni otros sacramentos)

El sacerdocio del N.T. no es el antiguo sacerdocio levítico

Pues bien, si la perfección estuviera en poder del sacerdocio levítico – pues sobre él descansa la Ley dada al pueblo -, ¿qué necesidad había ya de que surgiera otro sacerdote a “semejanza de Melquisedec,” y no «a semejanza de Aarón»? -Hebreos 7,11, Cf. 7,14

El sacerdote en la Santa Misa NO ofrece nuevos sacrificios. 

Cristo posee un “sacerdocio perpetuo”, por lo tanto su sacrificio es perpetuo. Ese sacrificio que ofreció en el Calvario hace 2000 años se hace presente en la Santa Misa, no es un nuevo sacrificio ni una repetición, sino el mismo y único sacrificio por el cual nos unimos a Cristo para salvarnos del pecado y entrar en la vida nueva:

Pero éste posee un sacerdocio perpetuo porque permanece “para siempre.” De ahí que pueda también salvar perfectamente a los que por él se llegan a Dios, ya que está siempre vivo para interceder en su favor.  Así es el Sumo Sacerdote que nos convenía: santo, inocente, incontaminado, apartado de los pecadores, encumbrado por encima de los cielos, que no tiene necesidad de ofrecer sacrificios cada día, primero por sus pecados propios como aquellos Sumos Sacerdotes, luego por los del pueblo: y esto lo realizó de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.  -Hebreos 7,24-27

Pues no penetró Cristo en un santuario hecho por mano de hombre, en una reproducción del verdadero, sino en el mismo cielo, para presentarse ahora ante el acatamiento de Dios en favor nuestro,”y no para ofrecerse a sí mismo repetidas veces al modo como el Sumo Sacerdote entra cada año en el santuario con sangre ajena. Para ello habría tenido que sufrir muchas veces desde la creación del mundo. Sino que se ha manifestado ahora una sola vez, en la plenitud de los tiempos, para la destrucción del pecado mediante su sacrificio. -Hebreos 9,24-26

El sacerdote es sacerdote EN CRISTO y no por cuenta propia. Es Cristo, actuando en el sacerdote, quien consagra y ofrece Su Cuerpo y Sangre en la Santa Misa. San Pablo lo explica:

Porque todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y está puesto en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios para ofrecer dones y sacrificios por los pecados;  y puede sentir compasión hacia los ignorantes y extraviados, por estar también él envuelto en flaqueza. Y a causa de esa misma flaqueza debe ofrecer por los pecados propios igual que por los del pueblo. Y nadie se arroga tal dignidad, sino el llamado por Dios, lo mismo que Aarón. De igual modo, tampoco Cristo se apropió la gloria del Sumo Sacerdocio, sino que la tuvo de quien le dijo: “Hijo mío eres tú; yo te he engendrado hoy.” -Hebreos 5,1-5

Los Apóstoles fueron los primeros sacerdotes y fueron ordenados por Jesús el Jueves Santo, cuando les dijo: “Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío.”
-Lucas 22,19. 

Hasta el fin de los tiempos

Cristo vino no sólo para una generación sino para estar con nosotros hasta el fin del mundo. Su sacrificio del Calvario ha de ser renovado perpetuamente para que todos puedan participar en El. Para ello se vale de los sacerdotes quienes actúan en su nombre y con su poder. Es por eso que San Pablo dice a Tito:

“El motivo de haberte dejado en Creta fue para que acabaras de organizar lo que faltaba y establecieras presbíteros en cada ciudad, como yo te ordené” -Tt 1, 5. 

Los obispos y sacerdotes reciben el sacramento del orden que viene de los apóstoles, como Tito lo recibió de Pablo, por medio de la ordenación. Esta línea que da ordenaciones que viene del mismo Cristo por medio de los Apóstoles se llama “sucesión apostólica”. 

También vosotros, cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo. -I Pedro 2,5

“San José obrero”

“San José obrero”

Mateo 13, 54-58

En aquel tiempo, Jesús llegó a su tierra y se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal forma, que todos estaban asombrados y se preguntaban: —«¿De dónde ha sacado éste esa sabiduría y esos poderes milagrosos? ¿Acaso no es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama María su madre y no son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿Qué no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde, pues, ha sacado todas estas cosas?»

Y se negaban a creer en él. Entonces, Jesús les dijo: –«Un profeta no es despreciado más que en su patria y en su casa».

Y no hizo muchos milagros allí por la incredulidad de ellos.

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Fiesta instituida por Pío XII el 1 de mayo de 1955, para que -como dijo el mismo Pío XII a los obreros reunidos aquel día en la Plaza de San Pedro – “el humilde obrero de Nazaret, además de encarnar delante de Dios y de la Iglesia la dignidad del obrero manual, sea también el próvido guardián de vosotros y de vuestras familias”.

San José, descendiente de reyes, entre los que se cuenta David, el más famoso y popular de los héroes de Israel, pertenece también a otra dinastía, que permaneciendo a través de los siglos, se extiende por todo el mundo. Es la de aquellos hombres que con su trabajo manual van haciendo realidad lo que antes era sólo pura idea, y de los que el cuerpo social no puede prescindir en absoluto. Pues si bien es cierto que a la sociedad le son necesarios los intelectuales para idear, no lo es menos que, para realizar, le son del todo imprescindibles los obreros. De lo contrario, ¿cómo podría disfrutar la colectividad del bienestar, si le faltasen manos para ejecutar lo que la cabeza ha pensado? Y los obreros son estas manos que, aun a través de servicios humildes, influyen grandemente en el desarrollo de la vida social. Indudablemente que José también dejaría sentir, en la vida de su pequeña ciudad, la benéfica influencia social de su trabajo.

Sólo Nazaret -la ciudad humilde y desacreditada, hasta el punto que la gente se preguntaba: “¿De Nazaret puede salir alguna cosa buena?”- es la que podría explicarnos toda la trascendencia de la labor desarrollada por José en su pequeño taller de carpintero, mientras Jesús, a su lado, “crecía en sabiduría, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres”.

En efecto, allí, en aquel pequeño poblado situado en las últimas estribaciones de los montes de Galilea, residió aquella familia excelsa, cuando pasado ya el peligro había podido volver de su destierro en Egipto. Y allí es donde José, viviendo en parte en un taller de carpintero y en parte en una casita semiexcavada en la ladera del monte, desarrolla su función de cabeza de familia. Como todo obrero, debe mantener a los suyos con el trabajo de sus manos: toda su fortuna está radicada en su brazo, y la reputación de que goza está integrada por su probidad ejemplar y por el prestigio alcanzado en el ejercicio de su oficio.

Es este oficio el que le hace ocupar un lugar imprescindible en el pueblo, y a través del mismo influye en la vida de aquella pequeña comunidad. Todos le conocen y a él deben acudir cuando necesitan que la madera sea transformada en objetos útiles para sus necesidades. Seguramente que su vida no sería fácil; las herramientas, con toda su tosquedad primitiva, exigirían de José una destreza capaz de superar todas las deficiencias de medios técnicos; sus manos encallecidas estarían acostumbradas al trabajo rudo y a los golpes, imposibles de evitar a veces. Habiendo de alternar constantemente con la gente por quien trabajaba, tendría un trato sencillo, asequible para todos. Su taller se nos antoja que debía de ser un punto de reunión para los hombres -al menos algunos- de Nazaret, que al terminar la jornada se encontrarían allí para charlar de sus cosas.

José, el varón justo, está totalmente compenetrado con sus conciudadanos. Éstos aprecian, en su justo valor, a aquel carpintero sencillo y eficiente. Aun después de muerto, cuando Jesús ya se ha lanzado a predicar la Buena Nueva, le recordarán con afecto: “¿Acaso no es éste el hijo de José, el carpintero?”, se preguntaban los que habían oído a Jesús, maravillados de su sabiduría. Y, efectivamente, era el mismo Jesús; pero José ya no estaba allí. Él ya había cumplido su misión, dando al mundo su testimonio de buen obrero. Por eso la Iglesia ha querido ofrecer a todos los obreros este espectáculo de santidad, proclamándole solemnemente Patrón de los mismos, para que en adelante el casto esposo de María, el trabajador humilde, silencioso y justo de Nazaret, sea para todos los obreros del mundo, especial protector ante Dios, y escudo para tutela y defensa en las penalidades y en los riesgos del trabajo.

Tomada de Multimedios.org

La Anunciación del Señor

La Anunciación del Señor

Lucas 1, 26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.

El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú eres entre las mujeres».

Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.

El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».

Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso pues no conozco a varón?»

El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible».

María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

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Podríamos tocar aquí el tema de las alegrías, pero como una alegría va relacionada y muy unida a un evento, si éste no se conoce, la alegría sería nula. Por lo que la primera instancia será dar el anuncio, hacerlo oficial y darlo a conocer de manera participativa, con lo que entonces sí, la alegría sería plena al respecto.

En éste día, celebramos la fiesta de la Anunciación del Señor, aquél momento dentro de la historia humana en que Dios interviene directamente para realizar en pleno aquellas promesas hechas desde todo el Antiguo Testamento, que su vez es un parteaguas dando lugar a una nueva era dentro de la gracia de Dios.

Este proceso de devolución de la gracia perdida por el pecado, no se da por mandato ni  por orden divina, se da en un ámbito de generosa invitación y participación de aquellos que ama y desea recuperar, y por lo que conocemos, la persona concreta con la que inicia este proceso es María Santísima, Aquella que ciertamente Dios la preparó para ello, más nunca la obligó a tomar dicha responsabilidad.

Ella, al principio un tanto desconcertada, pregunta cómo será el proceso, a lo cual Gabriel de la noticia de los detalles, ella además descubre los dones con los que Dios la ha favorecido, a lo que ella consciente del proyecto de Dios y de que nunca la abandonará ni la dejará lejos de su bendita mano, aunado a sus virtudes, en dicho conjunto de apoyo divino y voluntad humana, no duda en responder un “Sí” porque sabe en quien confía y sabe lo que puede dar sin miedo ni flojera, arriesgándolo todo. 

Así es como deberíamos adentrarnos en el misterio de Dios, para alegrarnos de conocer sus designios, pero a su vez con un corazón dispuesto y conociendo los dones otorgados a tu persona, los pongas al servicio de la misión encomendada a ti en este inconmensurable plan de Dios del que te ha hecho partícipe, sólo falta tu sí. 

“Santa María de Guadalupe”

“Conformados por María de Guadalupe”


Lucas 1, 39-48


María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó:

«¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor.»

María dijo entonces: «Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz».

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Este 12 de diciembre los mexicanos celebramos una de las fiestas más importantes, Santa María de Guadalupe, Nuestra Señora, fiesta que remarca la alegría e identidad de un pueblo y una cultura, celebramos el hecho Mariano, en que se manifiesta claramente la identidad de Dios y su participación de esos dones pertenecientes y provenientes de Él.

Concretamente remarcamos con gozo a través de Santa María de Guadalupe, ese aspecto divino que brota de la paternidad de Dios pero manifestado tierna, dulce y amablemente en la maternidad de María, ella muestra el aspecto femenino de los dones de Dios en toda su expresividad, marcando así una espiritualidad que llamamos Mariana.

Es espiritualidad es la que ha moldeado con toda la delicadeza maternal y sensible nuestra fe, complementándose con el aspecto firme y todopoderoso de Dios Padre, dones que en su conjunto proveen en cada fiel, la firmeza y a la vez la ternura maternal que nos completan en un ser íntegro. Suave mezcla prudente y oportuna.

Santa María de Guadalupe ha forjado a toda una nación dándole un toque único porque nos sabemos plenamente amados por una madre cercana que ha querido permanecer con nosotros, mayor gracia no podríamos pedir, y eso nos ha dado esa identidad cordial, amable, hospitalaria, siempre disponible de quién se sabe tiene una madre de esa calidad. Es un regalo que podría ser mayor si además de aceptarla, nos unimos a ella a través de la oración, a través del amor a su hijo.

No creo que Santa María de Guadalupe nos pida algo extra para dar, porque en su imagen Guadalupana es muy claro su mensaje, no ha querido que cambiemos, ni nos ha exigido algo que no podamos dar, ella misma se ha identificado con este pueblo, tomando sus rasgos y características, facilitando el acceso a lo sagrado desde una realidad concreta y cercana, eso es lo que manifiesta en esa imagen, creo que eso sería en contraparte lo que nos pediría, que nos encarnemos en Dios, que lo hagamos nuestro, que seamos uno en Él, porque ella viene a entregarnos a su hijo y quiere que lo hagas tuyo.

A quien la falte el amor a María, a quien no acepte su maternal intercesión, a quién no lo mueva al servicio, a quién no la reconozca como tal, creo que ese no es mexicano. Será un extranjero en su propio país. Porque la forja, incluye a María.

Santa María de Guadalupe, ruega por nosotros.

“San Andrés, Apóstol”

Mateo: 4, 18-22

Una vez que Jesús caminaba por la ribera del mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado después Pedro, y Andrés, los cuales estaban echando las redes al mar, porque eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y los haré pescadores de hombres”. Ellos inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.


Pasando más adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en la barca, remendando las redes, y los llamó también. Ellos, dejando enseguida la barca y a su padre, lo siguieron.

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SAN ANDRES nació en Betsaida, población de Galilea situada a orillas del lago de Genezaret. Era hijo del pescador Jonás y hermano (le Sinmón Pedro. La Sagrada Escritura no especifica si era mayor o menor que éste. La familia tenía una casa en Cafarnaún y en ella se alojaba Jesús cuando predicaba en esa ciudad.

Discípulo de Juan Bautista
Cuando San Juan Bautista empezó a predicar la penitencia, Andrés se hizo discípulo suyo. Precisamente estaba con su maestro, cuando Juan Bautista, después de haber bautizado a Jesús, le vio pasar y exclamó: “¡He ahí al cordero de Dios!” Andrés recibió luz del cielo para comprender esas palabras misteriosas. Inmediatamente, él y otro discípulo del Bautista siguieron a Jesús, el cual los percibió con los ojos del Espíritu antes de verlos con los del cuerpo. Volviéndose, pues, hacia ellos, les dijo: “¿Qué buscáis?” Ellos respondieron que querían saber dónde vivía y Jesús les pidió que le acompañasen a su morada.

Apóstol de Jesús
Andrés y sus compañeros pasaron con Jesús las dos horas que quedaban del día. Andrés comprendió claramente que Jesús era el Mesías y, desde aquel instante, resolvió seguirle. Así pues, fue el primer discípulo de Jesús. Por ello los griegos le llaman “Proclete” (el primer llamado). Andrés llevó más tarde a su hermano a conocer a Jesús, quien le tomó al punto por discípulo, le dio el nombre de Pedro. Desde entonces, Andrés y Pedro fueron discípulos de Jesús.

Al principio no le seguían constantemente, como habían de hacerlo más tarde, pero iban a escucharle siempre que podían y luego regresaban al lado de su familia a ocuparse de sus negocios. Cuando el Salvador volvió a Galilea, encontró a Pedro y Andrés pescando en el lago y los llamó definitivamente al ministerio apostólico, anunciándoles que haría de ellos pescadores de hombres. Abandonaron inmediatamente sus redes para seguirle y ya no volvieron a separarse de EI.

AI año siguiente, nuestro Señor eligió a los doce Apóstoles; el nombre de Andrés figura entre los cuatro primeros en las listas del Evangelio.

También se le menciona a propósito de la multiplicación de los panes (Juan, 6, 8-9) y de los gentiles que querían ver a Jesús (Juan, 12, 20-22)

Después de Pentecostés
Aparte de unas cuantas palabras de Eusebio, quien dice que San Andrés predicó en Scitia, y de que ciertas “actas” apócrifas que llevan el nombre del apóstol fueron empleadas por los herejes, todo lo que sabemos sobre el santo procede de escritos apócrifos. Sin embargo, hay una curiosa mención de San Andrés en el documento conocido con el nombre de “Fragmento de Muratori”, que data de principios del siglo III: “El cuarto Evangelio (fue escrito) por Juan, uno de los discípulos. Cuando los otros discípulos y obispos le urgieron (a que escribiese), les dijo: “Ayunad conmigo a partir de hoy durante tres días, y después hablaremos unos con otros sobre la revelación que hayamos tenido, ya sea en pro o en contra. Esa misma noche, fue revelado a Andrés, uno de los Apóstoles, que Juan debía escribir y que todos debían revisar lo que escribiese”.

Teodoreto cuenta que Andrés estuvo en Grecia; San Gregorio Nazianceno especifica que estuvo en Epiro, y San Jerónimo añade que estuvo también en Acaya. San Filastrio dice que del Ponto pasó a Grecia, y que en su época (siglo IV) los habitantes de Sínope afirmaban que poseían un retrato auténtico del santo y que conservaban el ambón desde el cual había predicado en dicha ciudad. Aunque todos estos autores concuerdan en la afirmación de que San Andrés predicó en Grecia, la cosa no es absolutamente cierta.

En la Edad Media era creencia general que San Andrés había estado en Bizancio, donde dejó como obispo a su discípulo Staquis (Rom. 14,9). El origen de esa tradición es un documento falso, en una época en que convenía a Constantinopla atribuirse un origen apostólico para no ser menos que Roma, Alejandría y Antioquía. (El primer obispo de Bizancio del que consta por la historia, fue San Metrófanes, en el siglo IV).

Martirio
El género de muerte de San Andrés y el sitio en que murió son también inciertos. La “pasión” apócrifa dice que fue crucificado en Patras de Acaya. Como no fue clavado a la cruz, sino simplemente atado, pudo predicar al pueblo durante dos días antes de morir. Según parece, la tradición de que murió en una cruz en forma de “X” no circuló antes del siglo IV.

En tiempos del emperador Constancio II (+361), las presuntas reliquias de San Andrés fueron trasladadas de Patras a la iglesia de los Apóstoles, en Constantinopla. Los cruzados tomaron Constantinopla en 1204, y, poco después las reliquias fueron robadas y trasladadas a la catedral de Amalfi, en Italia.

San Andrés es el patrono de Rusia y de Escocia.
Según una tradición que carece de valor, el santo fue a misionar basta Kiev. Nadie afirma que haya ido también a Escocia, y la leyenda que se conserva en el Breviario de Aberdeen y en los escritos de Juan de Fordun, no merece crédito alguno. Según dicha leyenda, un tal San Régulo, que era originario de Patras y se encargó de trasladar las reliquias del apóstol en el siglo IV, recibió en sueños aviso de un ángel de que debía trasportar una parte de las mismas al sitio que se le indicaría más tarde. De acuerdo con las instrucciones, Régulo se dirigió hacia el noroeste, “hacia el extremo de la tierra””. El ángel le mandó detenerse donde se encuentra actualmente Saint Andrews, Régulo construyó ahí una Iglesia para las reliquias, fue elegido primer obispo del lugar y evangelizó al pueblo durante treinta años. Probablemente esta leyenda data del siglo VIII. El 9 de mayo se celebra en la diócesis de Saint Andrews la fiesta de la traslación de las reliquias.

El nombre de San Andrés figura en el canon de la misa, junto con los de otros Apóstoles. También figura, con los nombres de la Virgen Santísima y de San Pedro y San Pablo, en la intercalación que sigue al Padrenuestro. Esta mención suele atribuirse a la devoción que el Papa San Gregorio Magno profesaba al santo, aunque tal vez data de fecha anterior.

Tomado de: Vidas de los Santos de Butler, Vol. IV.  

“La Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán”


Juan: 2, 13-22


Cuando se acercaba la Pascua de los judíos, Jesús llegó a Jerusalén y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas con sus mesas. Entonces hizo un látigo de cordeles y los echó del templo, con todo y sus ovejas y bueyes; a los cambistas les volcó las mesas y les tiró al suelo las monedas; y a los que vendían palomas les dijo: “Quiten todo de aquí y no conviertan en un mercado la casa de mi Padre”.


En ese momento, sus discípulos se acordaron de lo que estaba escrito: El celo de tu casa me devora.

Después intervinieron los judíos para preguntarle: “¿Qué señal nos das de que tienes autoridad para actuar así?” Jesús les respondió: “Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré”. Replicaron los judíos: “Cuarenta y seis años se ha llevado la construcción del templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?”

Pero Él hablaba del templo de su cuerpo. Por eso, cuando resucitó Jesús de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho aquello y creyeron en la Escritura y en las palabras que Jesús había dicho.

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Según una tradición que arranca del siglo XII, se celebra el día de hoy el aniversario de la dedicación de la basílica construida por el emperador Constantino en el Laterano. La Basílica de Letrán es la iglesia-madre de Roma, dedicada primero al Salvador y después también a San Juan Bautista.


Esta celebración fue primero una fiesta de la ciudad de Roma; más tarde se extendió a toda la Iglesia de rito romano, con el fin de honrar aquella basílica, que es llamada «madre y cabeza de todas las iglesias de la Urbe y del Orbe», en señal de amor y de unidad para con la cátedra de Pedro que, como escribió san Ignacio de Antioquía, «preside a todos los congregados en la caridad».


Dios está en todas partes y no solo en el templos que los hombres edifican. Sin embargo, ya desde el A.T. Dios enseña a su pueblo la importancia de los lugares santos consagrados a El.


Jesús enseña con su ejemplo la importancia del Templo. Cuando estaba en Jerusalén solía ir al Templo a enseñar. El mismo había sido allí presentado a Su Padre. El Evangelio de hoy nos enseña que el celo por la casa de Dios, Su Padre, le consume.  


El Templo es, en primer lugar, el corazón del hombre que ha acogido Su Palabra. 


“vendremos a él, y haremos morada en él” (Juan 14, 23) 

Pablo escribe: “¿No sabéis que sois santuario de Dios?” (1 Corintios 3, 16). 


Esta verdad no contradice la importancia de honrar el templo hecho de piedra.

Aunque rezar en casa debe ser una práctica diaria, no es suficiente.  Jesus quiso salvarnos del pecado, no por separado, sino unidos como un pueblo.  Por eso instituyó la Iglesia. Esta se congrega en el templo. 


El Templo es el lugar consagrado a Dios donde los fieles se reúne para darle culto.  En cada iglesia católica Jesús esta presente en el tabernáculo.


 El Padre Cantalamessa escribe:


Cristo fundó una ekklesia, es decir, una asamblea de llamados, que instituyó los sacramentos, como signos y transmisores de su presencia y de su salvación. Ignorar todo esto para crear la propia imagen 

de Dios expone al subjetivismo más radical. Uno deja de confrontarse con los demás, sólo lo hace consigo mismo. En este caso, se verifica lo que decía el filósofo Feuerbach: Dios queda reducido a la proyección de las propias necesidades y deseos. Ya no es Dios quien crea al hombre a su imagen, sino 

que el hombre crea un dios a su imagen. ¡Pero es un Dios que no salva!


Ciertamente una religiosidad conformada sólo por prácticas exteriores no sirve de nada; Jesús se opone a ella en todo el Evangelio. Pero no hay oposición entre la religión de los signos y de los sacramentos y la íntima, personas; entre el rito y el espíritu. Los grandes genios religiosos (pensemos en Agustín, Pascal, Kierkegaard, Manzoni) eran hombres de una interioridad profunda y sumamente personal y, al mismo tiempo, estaban integrados en una comunidad, iban a su iglesia, eran “practicantes”.


En las Confesiones (VIII,2), san Agustín narra cómo tiene lugar al conversión al paganismo del gran orador y filósofo romano Victorino. Al convencerse de la verdad del cristianismo, decía al sacerdote Simpliciano: “Ahora soy cristiano”. Simpliciano le respondía: “No te creo hasta que te vea en la iglesia de Cristo”. El otro le preguntó: “Entonces, ¿son las paredes las que nos hacen cristianos?”. Y el tema quedó en el aire. Pero un día Victorino leyó en el Evangelio la palabra de Cristo: “quien se avergüence de mí y de mis palabras, de ése se avergonzará el Hijo del hombre”. Comprendió que el respeto humano, el miedo de lo que pudieran decir sus colegas, le impedía ir a la iglesia. Fue a ver a Simpliciano y le dijo: 

“Vamos a la iglesia, quiero hacerme cristiano”. Creo que esta historia tiene algo que decir hoy a más de una persona de cultura.


Tomado de corazones.org

“Solemnidad de Todos los Santos”

Mateo 5, 1-12

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar enseñándolos: Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la Tierra.

Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.

Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.

Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan, y os calumnien de cualquier modo por mi causa.

Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

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EXPERIENCIA DE LOS SANTOS

Los católicos estamos de fiesta porque el 1º. de Noviembre se celebra a todos los santos. Esa es la verdadera fiesta de estos días, celebrar a los monstruos y a las brujas no es de cristianos. Celebrar el día de muertos es una tradición de nuestra patria, y es bueno que como cristianos hagamos oración por nuestros difuntos. Pero ¿por qué celebrar la fiesta de todos los santos? ¿quiénes son los santos?

Los santos no son personas diferentes de nosotros, en todos los tiempos ha habido santos, de diferente edad, unos niños, otros jóvenes, adultos, viejitos, hay santos y hay santas, unos flaquitos, otros gorditos, unos muy inteligentes otros muy sencillos, algunos han nacido muy ricos otros fueron muy pobres, unos son blancos otros negros, unos han sido santos desde pequeños, otros llevaron una vida en la que no conocían a Dios, y se portaron muy mal, pero cuando se encontraron con Jesús, cambiaron, y decidieron ser felices siguiéndolo.

Todos, pero todos, estamos llamados a ser santos, Dios nos quiere santos, y para eso nos dio el Don de la Fe, fue su regalo cuando nos bautizaron, y todos los que estamos bautizados tenemos que ser santos, pero también tenemos que querer serlo. El Don de la Fe es más grande que todos los superpoderes de tus héroes favoritos y además es de verdad. Pero la fe no es para tener unos músculos muy fuertes, o para poder volar, o ver a través de las paredes, ni para golpear a nadie.

Ser santos es querer seguir a Jesús, actuar como él, hacer el bien como él, amar como él. SER SANTO ES SER AMIGO DE JESÚS.

¿A qué Santo o santa conoces?, ¿por qué es santo? Hacer una pequeña lista como la de los superhéroes  pero de los santos que los niños vayan nombrando. ¿en tu casa hay imágenes de algún santo o santa? ¿sabes cómo vivió, qué hizo para ser santo? ¿En la tele has visto que pongan a los santos?.

Vamos ahora a conocer algunos de ellos.

Hace un tiempo hubo un niño llamado Domingo Savio, que desde muy chiquito entendió que ser amigo de Jesús era lo más importante en la vida. El día que hizo su primera comunión, escribió en un papelito: “Mis amigos serán Jesús y María, me confesaré y comulgaré los domingos y días de fiesta, prefiero morir antes que pecar”. Quería hacer la voluntad de Dios en todo. Un día un maestro preguntó en el recreo a todos los niños: “Si supieran que hoy iban a morir ¿qué harían?, uno contestó “correría con mi mamá”, otro dijo: “yo iría a la Iglesia a rezar y a confesarme”, y Domingo dijo: “seguiría jugando porque en este momento esa es la voluntad de Dios”. Era un niño alegre, feliz, porque amaba a Jesús.

Santa Teresita, también amaba mucho a Jesús y a María Santísima, tenía muchas hermanas y todas ellas quisieron consagrarse al Señor. Ella siempre supo que todas las cosas pequeñas, oraciones, trabajos, servicios hechos con amor eran lo que agradaba a Dios, un día le dijo a Jesús que ella quería ser su “pelotita” para que el niño Jesús jugara con ella. Cuando recibía la Sagrada Comunión era la más feliz del mundo. Era buena con todos y buscaba hacer favores a las personas que no sabían dar las gracias y eso le costaba trabajo pero se lo ofrecía a nuestro Señor. Rezaba como quien platica con el mejor de los amigos porque conocía muy bien quien era Jesús.

San Agustín fue un gran santo, pero él no siempre se portó bien, hacía sufrir a su mamá con su mal comportamiento, pero su mamá que era muy santa, se llamaba Mónica, rezaba mucho para que su hijo conociera a Jesús, y el día que Agustín encontró a Jesús en su vida se llenó de tanta alegría que ya no quiso nunca más pecar, fue con su mamá y juntos rezaron y dieron gracias a Dios. San Agustín llegó a ser Obispo y tenía tanta confianza en el amor de Dios que le decía: “Señor, nos creaste para Ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti”. Pensaba y meditaba en las cosas de Dios, escribió muchos libros que ahora en la Iglesia sirven de guía para todos los cristianos. Decía también:  “Ama y haz lo que quieras”, porque sabía muy bien, que cuando se ama a Dios sólo harás lo que le agrada.

La Madre Teresa de Calcuta, quiso agradar a Jesús sirviendo a los más pobres, a los que nada tenían, a los que no podían pagar con nada, cuidaba con mucho amor a los enfermos porque decía que en los enfermos más pobres encontraba a Jesucristo. Todas las mañanas asistía a Misa, y comulgaba, para que todo lo que hiciera en el día fuera obra de Jesús. Cuando ya estaba muy viejita, seguía trabajando, hablaba a mucha gente, a los presidentes de los países, a los sacerdotes a personas de todo el mundo y los invitaba a que cuidaran la vida de todas la personas, sobre todo la de los niños. Ella rezaba siempre el Santo Rosario porque así siempre tenía la ayuda de la Virgen María.

Otros santos, han ido a lugares muy lejanos donde no se conoce a Jesús y les enseñan a amar a nuestro Señor, a ellos se les llaman Misioneros, algunos han muerto dando su vida por la fe, estos son los Mártires. Otros se han dedicado a cuidar a los enfermos, a los pobres, algunos fundaron colegios para que los niños se educaran y conocieran a Jesús.  Otros se han quedado en su ciudad y en su casa pero han hecho la voluntad de Dios y se han mantenido en su amistad. Algunos santos son muy conocidos por todos, pero hay otros que nadie conoce, más que Dios. Otros que han estado enfermos le entregan a Jesús todos sus sufrimientos, y así, nos encontramos que aunque los santos no salen mucho en la televisión ni los periódicos nos platican de ellos, están haciendo que en el mundo brille la gloria de Dios.

Los nombres que tenemos muchas veces son los nombres de algún santo o santa, son nuestros patronos, por ejemplo San Carlos, Santa Teresa, Santa Cecilia, San Pedro, San Juan, San Alberto etc.

Los santos, o sea los que ya están en el cielo porque vivieron su bautismo, a ellos se les venera porque son:

Modelo: Porque viendo lo que ellos hicieron para ser amigos de Dios nosotros los podemos imitar.

Estímulo: Porque ellos, lucharon como ahora nosotros y ya gozan de la herencia a la que también nosotros estamos llamados.

Intercesores: Son amigos y hermanos nuestros y grandes bienhechores a quienes podemos recurrir suplicándoles que hagan valer su influencia ante Dios en ayuda de nuestras necesidades.

EXPERIENCIA CRISTIANA

Ya nos dimos cuenta que los superhéroes son algunos personajes de la televisión, que nos divertimos y jugamos a que somos ellos, pero que en realidad no podemos tener superpoderes porque ellos sólo existen en las caricaturas y las películas, en cambio los santos son aquellos que han sido fieles a su bautismo, que el don de la fe que recibieron lo usaron muy bien.  El Papa Juan Pablo II nos ha invitado a vivir la santidad muchas veces, él ha llevado una vida de santidad y ha llevado al altar a muchos santos, y nos  dice que para ser santos  hay que:

Orar: Hacer  oración, no sólo rezar oraciones de memoria sino poner en ellas el corazón, orar es platicar con Dios.

Ir a Misa y comulgar. La Misa (La Eucaristía), es el lugar más hermoso del mundo, es como estar en el cielo porque ahí está presente Jesús que se nos da  en la comunión.

La Confesión. Acercaros seguido al perdón que Dios siempre nos da cuando  hemos pecado. Así recuperamos  su amistad y volvemos a ser felices.

La Gracia. Confiar en Dios,  saber que sólo porque Jesús nos acompaña siempre, podemos ser buenos.

Escuchar la Palabra de Dios. Conocer lo que Dios nos dice en la Biblia, aprender el catecismo, para hacer lo que le agrada a Dios.

Anunciar la Palabra de Dios. Ser misioneros, llevar a otros la alegría de encontrarse  con Jesús, lo podemos hacer con palabras, con nuestro comportamiento, con nuestra compañía, ayudando a los demás con amor.

La Santísima Virgen, san José, los apóstoles, mártires y santos todos esperan nuestro triunfo, están atentos a nuestra lucha, no nos olvidan.

¿Qué crees que puedes hacer tú para ser santo?

De los santos que platicamos hoy ¿a quien te gustaría parecerte?

Tomado de Aciprensa.com

“Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael”

Juan 1, 47-51

En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: Ahí tienes a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.

Natanael le contesta: ¿De qué me conoces?

Jesús le responde: Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.

Natanael respondió: Rabí, tú eres Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.

Jesús le contestó: ¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores. Y le añadió: Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre.

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La Creación implica tanto la material como la espiritual, de tal manera que las Sagradas escrituras nos hacen conciencia de esos seres maravillosos y espirituales que a la par existen y de igual manera tienen una misión. entre ellos encontramos a los Santos Arcángeles, son siete, pero en esta fecha encabezan la lista Miguel, Gabriel y Rafael, que  lideran un aspecto del plan de Dios sobre la creación material. 

Expongo una pequeña información al respecto:

Hoy celebramos la fiesta de los tres Arcángeles que nombra la Sagrada Escritura

La palabra Arcángel proviene de dos palabras. Arc = el principal. Y ángel. O sea “principal entre los ángeles. Arcángel es como un jefe de los ángeles.

San Miguel.

Este nombre significa: “¿Quién como Dios? O: “Nadie es como Dios”.

A San Miguel lo nombre tres veces la S. Biblia. Primero en el capítulo 12 del libro de Daniel a donde se dice: “Al final de los tiempos aparecerá Miguel, al gran Príncipe que defiende a los hijos del pueblo de Dios. Y entonces los muertos resucitarán. Los que hicieron el bien, para la Vida Eterna, y los que hicieron el mal, para el horror eterno”.

En el capítulo 12 del Libro del Apocalipsis se cuenta lo siguiente: “Hubo una gran batalla en el cielo. Miguel y sus ángeles combatieron contra Satanás y los suyos, que fueron derrotados, y no hubo lugar para ellos en el cielo, y fue arrojada la Serpiente antigua, el diablo, el seductor del mundo. Ay de la tierra y del mar, porque el diablo ha bajado a vosotros con gran furor, sabiendo que le queda poco tiempo”.

En la Carta de San Judas Tadeo se dice: “El Arcángel San Miguel cuando se le enfrentó al diablo le dijo: ‘Que te castigue el Señor’”.

Por eso a San Miguel lo pintan atacando a la serpiente infernal.

La Iglesia Católica ha tenido siempre una gran devoción al Arcángel San Miguel, especialmente para pedirle que nos libre de los ataques del demonio y de los espíritus infernales. Y él cuando lo invocamos llega a defendernos, con el gran poder que Dios le ha concedido. Muchos creen que él sea el jefe de los ejércitos celestiales.

San Gabriel. 

Su nombre significa: “Dios es mi protector”.

San Gabriel arcángelA este Arcángel se le nombra varias veces en la S. Biblia. Él fue el que le anunció al profeta Daniel el tiempo en el que iba a llegar el Redentor. Dice así el profeta: “Se me apareció Gabriel de parte de Dios y me dijo: dentro de setenta semanas de años (o sea 490 años) aparecerá el Santo de los Santos” (Dan. 9).

Al Arcángel San Gabriel se le confió la misión más alta que jamás se le haya confiado a criatura alguna: anunciar la encarnación del Hijo de Dios. Por eso se le venera mucho desde la antigüedad.

Su carta de presentación cuando se le apareció a Zacarías para anunciarle que iba a tener por hijo a Juan Bautista fue esta: “Yo soy Gabriel, el que está en la presencia de Dios” (Luc. 1, 19).

San Lucas dice: “Fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, a una virgen llamada María, y llegando junto a ella, le dijo: ‘Salve María, llena de gracia, el Señor está contigo’. Ella se turbó al oír aquel saludo, pero el ángel le dijo: ‘No temas María, porque has hallado gracia delante de Dios. Vas a concebir un hijo a quien pondrás por nombre Jesús. Él será Hijo del Altísimo y su Reino no tendrá fin’”.

San Gabriel es el patrono de las comunicaciones y de los comunicadores, porque trajo al mundo la más bella noticia: que el Hijo de Dios se hacía hombre.

San Rafael.

Su nombre significa: “Medicina de Dios”.

Fue el arcángel enviado por Dios para quitarle la ceguera a Tobías y acompañar al hijo de éste en un larguísimo y peligroso viaje y conseguirle una santa esposa.

Su interesante historia está narrada en el día 7 de febrero. San Rafael es muy invocado para alejar enfermedades y lograr terminar felizmente los viajes.

Tomado de EWTN.com

“San Mateo Apóstol”

“San Mateo Apóstol”

Mateo 9, 9-13

En aquel tiempo, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: –«Sígueme».

Él se levantó y lo siguió.

Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos.

Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: –«¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?»

Jesús lo oyó y dijo: –«No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa “misericordia quiero y no sacrificios”: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores».

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Mateo significa: “regalo de Dios”.

Se llamaba también Leví, y era hijo de Alfeo.

Su oficio era el de recaudador de impuestos, un cargo muy odiado por los judíos, porque esos impuestos se recolectaban para una nación extranjera. Los publicanos o recaudadores de impuestos se enriquecían fácilmente. Y quizás a Mateo le atraía la idea de hacerse rico prontamente, pero una vez que se encontró con Jesucristo ya dejó para siempre su ambición de dinero y se dedicó por completo a buscar la salvación de las almas y el Reino de Dios.

Como ejercía su oficio en Cafarnaum, y en esa ciudad pasaba Jesús muchos días y obraba milagros maravillosos, ya seguramente Mateo lo había escuchado varias veces y le había impresionado el modo de ser y de hablar de este Maestro formidable. Y un día, estando él en su oficina de cobranzas, quizás pensando acerca de lo que debería hacer en el futuro, vio aparecer frente a él nada menos que al Divino Maestro el cual le hizo una propuesta totalmente inesperada: “Ven y sígueme”.

Mateo aceptó sin más la invitación de Jesús y renunciando a su empleo tan productivo, se fue con El, no ya a ganar dinero, sino almas. No ya a conseguir altos empleos en la tierra, sino un puesto de primera clase en el cielo. San Jerónimo dice que la llamada de Jesús a Mateo es una lección para que todos los pecadores del mundo sepan que, sea cual fuere la vida que han llevado hasta el momento, en cualquier día y en cualquier hora pueden dedicarse a servir a Cristo, y El los acepta con gusto.

Mateo dispuso despedirse de su vida de empleado público dando un gran almuerzo a todos sus amigos, y el invitado de honor era nada menos que Jesús. Y con Él, sus apóstoles. Y como allí se reunió la flor y nata de los pecadores y publicanos, los fariseos se escandalizaron horriblemente y llamaron a varios de los apóstoles para protestarles por semejante actuación de su jefe. “¿Cómo es que su maestro se atreve a comer con publicanos y pecadores?”

Jesús respondió a estas protestas de los fariseos con una noticia que a todos nos debe llenar de alegría: “No necesitan médico los que están sanos, sino los que están enfermos. Yo no he venido a buscar santos sino pecadores. Y a salvar lo que estaba perdido”. Probablemente mientras decía estas bellas palabras estaba pensando en varios de nosotros.

Desde entonces Mateo va siempre al lado de Jesús. Presencia sus milagros, oye sus sabios sermones y le colabora predicando y catequizando por los pueblos y organizando las multitudes cuando siguen ansiosas de oír al gran profeta de Nazaret. Jesús lo nombra como uno de sus 12 preferidos, a los cuales llamó apóstoles (o enviados, o embajadores) y en Pentecostés recibe el Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego. Los judíos le dieron 39 azotes por predicar que Jesús sí había resucitado (y lo mismo hicieron con los otros apóstoles) y cuando estalló la terrible persecución contra los cristianos en Jerusalén, Mateo se fue al extranjero a evangelizar, y dicen que predicó en Etiopía y que allá murió martirizado.

En todo el mundo es conocido este santo, y lo será por siempre, a causa del maravilloso librito que él escribió: “El evangelio según San Mateo”. Este corto escrito de sólo 28 capítulos y 50 páginas, ha sido la delicia de predicadores y catequistas durante 20 siglos en todos los continentes. San Mateo en su evangelio (palabra que significa: “Buenas Noticias”) copia sermones muy famosos de Jesús, como por ej. El Sermón de la Montaña (el sermón más bello pronunciado en esta tierra), el sermón de las Parábolas, y el que les dijo a sus apóstoles cuando los iba mandar a su primera predicación. Narra milagros muy interesantes, y describe de manera impresionante la Pasión y Muerte de Jesús. Termina contando su resurrección gloriosa.

El fin del evangelio de San Mateo es probar que Jesucristo sí es el Mesías o Salvador anunciado por los profetas y por el Antiguo Testamento. Este evangelio fue escrito especialmente para los judíos que se convertían al cristianismo, y por eso fue redactado en el idioma de ellos, el arameo.

Quizás no haya en el mundo otro libro que haya convertido más pecadores y que haya entusiasmado a más personas por Jesucristo y su doctrina, que el evangelio según San Mateo. No dejemos de leerlo y meditarlo.

A cada uno de los 4 evangelistas se les representa por medio de uno de los 4 seres vivientes que, según el profeta, acompañan al Hijo del hombre (un león: el valor. El toro: la fuerza. El águila: los altos vuelos. Y el hombre: la inteligencia). A San Marcos se le representa con un león. A San Lucas con un toro (porque empieza su evangelio narrando el sacrifico de una res que estaban ofreciendo en el templo). A San Juan por medio del águila, porque este evangelio es el que más alto se ha elevado en sus pensamientos y escritos. Y a San Mateo lo pintan teniendo al lado a un ángel en forma de hombre, porque su evangelio comienza haciendo la lista de los antepasados de Jesús como hombre, y narrando la aparición de un ángel a San José.

Que San Mateo, gran evangelizador, le pida a Jesús que nos conceda un gran entusiasmo por leer, meditar y practicar siempre su santo evangelio.

Decía Jesús “Convertíos y creed en el evangelio” (Mc. 1, 15).

Tomado de EWTN.com