“Nuestra Señora de los Dolores”

Juan 19, 25-27

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre: «Mujer, ahí está tu hijo».

Luego dijo al discípulo: «Ahí está tu madre».

Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él.

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Bajo el título de la Virgen de la Soledad o de los Dolores se venera a María en muchos lugares, 15 de septiembre

Por: Tere Fernández

Memoria

Memoria de Nuestra Señora de los Dolores, que de pie junto a la cruz de Jesús, su Hijo, estuvo íntima y fielmente asociada a su pasión salvadora. Fue la nueva Eva, que por su admirable obediencia contribuyó a la vida, al contrario de lo que hizo la primera mujer, que por su desobediencia trajo la muerte.

Los Evangelios muestran a la Virgen Santísima presente, con inmenso amor y dolor de Madre, junto a la cruz en el momento de la muerte redentora de su Hijo, uniéndose a sus padecimientos y mereciendo por ello el título de Corredentora.

La representación pictórica e iconográfica de la Virgen Dolorosa mueve el corazón de los creyentes a justipreciar el valor de la redención y a descubrir mejor la malicia del pecado.

Bajo el título de la Virgen de la Soledad o de los Dolores se venera a María en muchos lugares.

Un poco de historia

Bajo el título de la Virgen de la Soledad o de los Dolores se venera a María en muchos lugares. La fiesta de nuestra Señora de los Dolores se celebra el 15 de septiembre y recordamos en ella los sufrimientos por los que pasó María a lo largo de su vida, por haber aceptado ser la Madre del Salvador.

Este día se acompaña a María en su experiencia de un muy profundo dolor, el dolor de una madre que ve a su amado Hijo incomprendido, acusado, abandonado por los temerosos apóstoles, flagelado por los soldados romanos, coronado con espinas, escupido, abofeteado, caminando descalzo debajo de un madero astilloso y muy pesado hacia el monte Calvario, donde finalmente presenció la agonía de su muerte en una cruz, clavado de pies y manos.

María saca su fortaleza de la oración y de la confianza en que la Voluntad de Dios es lo mejor para nosotros, aunque nosotros no la comprendamos.

Es Ella quien, con su compañía, su fortaleza y su fe, nos da fuerza en los momentos de dolor, en los sufrimientos diarios. Pidámosle la gracia de sufrir unidos a Jesucristo, en nuestro corazón, para así unir los sacrificios de nuestra vida a los de Ella y comprender que, en el dolor, somos más parecidos a Cristo y somos capaces de amarlo con mayor intensidad.

¿Que nos enseña la Virgen de los Dolores?

La imagen de la Virgen Dolorosa nos enseña a tener fortaleza ante los sufrimientos de la vida. Encontremos en Ella una compañía y una fuerza para dar sentido a los propios sufri-mientos.

Cuida tu fe:

Algunos te dirán que Dios no es bueno porque permite el dolor y el sufrimiento en las personas. El sufrimiento humano es parte de la naturaleza del hombre, es algo inevitable en la vida, y Jesús nos ha enseñado, con su propio sufrimiento, que el dolor tiene valor de salvación. Lo importante es el sentido que nosotros le demos.

Debemos ser fuertes ante el dolor y ofrecerlo a Dios por la salvación de las almas. De este modo podremos convertir el sufrimiento en sacrificio (sacrum-facere = hacer algo sagrado). Esto nos ayudará a amar más a Dios y, además, llevaremos a muchas almas al Cielo, uniendo nuestro sacrificio al de Cristo.

Oración: 

María, tú que has pasado por un dolor tan grande y un sufrimiento tan profundo, ayúdanos a seguir tu ejemplo ante las dificultades de nuestra propia vida.

Tomado de Catholic.net

“¿Con qué alimentas tu corazón?”

Lucas 6, 43-49

En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: «No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano. Cada árbol se conoce por su fruto: porque no se cosechan higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos. El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca. ¿Por qué me llamáis “Señor, Señor”, y no hacéis lo que digo? El que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone por obra, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida. El que escucha y no pone por obra se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y enseguida se derrumbó desplomándose».”

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Podría parecer absurda la pregunta para alimentar el corazón, si basta una buena nutrición que implica el total del organismo en el cual está incluido. Pero claramente no estamos hablando de ese tipo de alimento, sino de aquello con lo que lo estamos saciando intelectual y espiritualmente hablando.

De suyo, ya existe un dicho que dice: “Tu eres lo que comes”, pues de igual manera tu eres, piensas y vives conforme al entorno del que te hagas partícipe, porque así como hay alimento chatarra, hay filosofías y espiritualidades chatarra. Existen instrumentos que alimentan tu intelecto, por lo general, utilizamos los que son más fáciles de utilizar y que no hacen pensar mucho, como lo es la televisión, el internet, y de entre ellos, una gama indefinida de posibilidades.

Pero si dedicamos todo nuestro esfuerzo de asimilación de la realidad, enfocados en los medios de crítica mordaz, en los melodramas inventados, en las noticias amarillistas, que no es otra cosa sino veneno para el corazón, eso será lo que estará a flor de piel y en nuestra lengua, eso será lo primero que brotará instintivamente en cualquier opinión, razonamiento y juicio para los demás.

Es por eso, que debemos de ser cuidadosos al no permitir envenenar nuestra mente con tanta basura, eso es de personas que no tienen ningún proyecto en su vida y necesitan ocupar malamente su mente en algo ajeno a sí mismos, que dé qué decir.

Es necesario previamente alimentar el corazón con aquellas verdades fundamentales que orientan profundamente y delinean el resto de los pensamientos, sabiendo identificar los erróneos y dañinos, de los reconfortantes y provechosos, para evitar dañarnos a nosotros mismos y a los demás.

Porque simple y sencillamente, aquello de lo que estés alimentando tu corazón, será lo que brote y manifiestes, te acepten o rechacen, e identifiquen que tipo de persona eres tu.

“Conformistas y consolados”

“Conformistas y consolados”

Lucas 6, 20-26

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: «Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros cuando es odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del Hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo: porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero, ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo! ¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre! ¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis! ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas».

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Los valores a través del tiempo, aunque son únicos e inmutables, la cultura del tiempo los va cambiando y hasta desvirtuando, de tal manera que llega a poner como valor absoluto inclusive los malos hábitos y los pone de moda, claro con sus debidas facturas a pagar que sin falta llegan a su tiempo, de lo cual no te informan, pero ese no es el problema, a fin de cuentas al final caemos en cuenta de que eso no era valor, sino todo lo contrario.

La cuestión radica en que aunque cada vez tenemos más y mejores situaciones así como oportunidades, sin embargo no dejamos de ser conformistas, lo cual me atrevo a afirmarlo porque no dejamos de buscar siempre lo mismo, parece que tenemos una rutina autocícilica en total dependencia con aquello que te atrae, dígase personas, cosas, bienes y entre otras cosas algunos vicios.

No llamo conformismo a tan sólo navegar por la miseria y la pobreza en aquellos que no quieren salir de su situación, sino que incluyo a los que de igual manera inundados en la riqueza se conforman con ello. 

Aquí es donde llamo a los consolados, aquella gama de personas que van desde los que buscan sólo tener para comer, hasta los que las riquezas y la abundancia de bienes les consuela, pero no les otorga la plena felicidad.  

Son esos que parece que les basta el consuelo de éste mundo, sin embargo no llegan a la dicha, el sentirse realmente orgullosos no de lo que tienen, sino de lo que son, de su experiencia, de su capacidad para llegar a los demás y alentarlos aún en sus propias necesidades, los que no se conforman con un auto del año por más renombre que tenga, ni se consuelan con un premio de millones, aunque esto sea bueno. La razón es porque eso no sacia a un corazón que espera lo que realmente lo llena, es decir la dicha de haber dado de sí, algo a los demás, de haber salido adelante a pesar del dolor, de saber caminar con la frente en alto y sin prejuicios.

Esos no conformistas y consolados son los que necesita el mundo tan necesitado de novedad y admiración de la propia vida que nunca deja de tener lo suyo, con o sin bienes. Por ello, no dejes que el mundo te consuele, busca siempre algo mejor.

“¿Tu Cruz es pre-pascual o post-pascual?”

“¿Tu Cruz es pre-pascual o post-pascual?”

Mateo (16, 24-28)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla?

Porque el Hijo del hombre ha de venir rodeado de la gloria de su Padre, en compañía de sus ángeles, y entonces dará a cada uno lo que merecen sus obras. Yo les aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán, sin haber visto primero llegar al Hijo del hombre como rey”.

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Podríamos pensar, ¿que rayos significan esos enredos de pre y post pascual?, a mi que no me vengan con engaños. No, no es ningún engaño es un concepto realista de lo que la cruz fue y lo que es ahora.

Cuando nos referimos a una Cruz Pre-Pascual, estamos hablando de ese instrumento de muerte tan de moda usado por el imperio romano para dar muerte escarmentada a los que consideraba sus enemigos, así como un asesinato público para amedrentar a los pueblos conquistados.

Aquí esa cruz es un signo de muerte, de dolor, de miedo o temor, de injusticias, usada en el proceso de la crucifixión que data ya desde el siglo VI antes de Cristo con los asirios y posteriormente utilizada en el contexto de las culturas mediterráneas, usada oficialmente hasta el año 337 después de Cristo. Hasta aquí encontramos a esa cruz Pre-Pascual o antes de la pascua de Cristo, que no varió su significado sino hasta la muerte de Cristo en la Cruz.

Sin embargo, cuando nos referimos a la Cruz Post-Pascual, es decir, después de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, ese mismo instrumento que por mucho siempre se le catalogó de muerte, ahora se revalúa en base a las circunstancias acaecidas y transformadoras del mismo Cristo, el cual ciertamente sin variación muere en ella, pero no es sino por ella, que esa muerte dio paso necesario a la resurrección, por lo que un instrumento de muerte antagónicamente se transforma directamente en un instrumento de vida, y una vida eterna que no vuelve a morir.

Ahora esa cruz es de alegría, de restauración, de vida nueva, de esperanza.

Pues bien, ante la invitación de tomar la cruz, cual crees que debes tomar, porque existen hoy en día bastantes personas las cuales continúan creyendo que la cruz sigue siendo el dolor, el sufrimiento que deben aceptar ciega y abnegadamente, pero venerando todavía una cruz antes de Cristo, una cruz de muerte.

Nada nos cuesta dar el salto a la cruz transformada de la vida y de la alegría que brinda haber recibido la vida eterna, aceptar esa cruz es aceptar un Cristo vivo y resucitado, una humanidad restaurada y un seguimiento en la gracia renovada en un a cruz que ya no es la misma.

No temas actualizarte, deja esa cruz pesada del dolor pre-pascual y únete al gozo que conlleva la nueva cruz que Cristo nos ofrece, a la medida de tu capacidad y llena de todo lo que Cristo trajo con su muerte, pero sobre todo con su resurrección.

“Piedras Angulares”

“Piedras Angulares”

Marcos: 12, 1-12

En aquel tiempo, Jesús comenzó a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, a los escribas y a los ancianos y les dijo: “Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar, construyó una torre para el vigilante, se la alquiló a unos viñadores y se fue de viaje al extranjero.

A su tiempo, les envió a los viñadores a un criado para recoger su parte del fruto de la viña. Ellos se apoderaron de él, lo golpearon y lo devolvieron sin nada.

Les envió otro criado, pero ellos lo descalabraron y lo insultaron. Volvió a enviarles a otro y lo mataron. Les envió otros muchos y los golpearon o los mataron.

Ya sólo le quedaba por enviar a uno, su hijo querido, y finalmente también se lo envió, pensando: ‘A mi hijo sí lo respetarán’. Pero al verlo llegar, aquellos viñadores se dijeron: ‘Éste es el heredero; vamos a matarlo y la herencia será nuestra’. Se apoderaron de él, lo mataron y arrojaron su cuerpo fuera de la viña.

¿Qué hará entonces el dueño de la viña? Vendrá y acabará con esos viñadores y dará la viña a otros.

¿Acaso no han leído en las Escrituras: La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Esto es obra de la mano del Señor, es un milagro patente?” Entonces los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, quisieron apoderarse de Jesús, porque se dieron cuenta de que por ellos había dicho aquella parábola, pero le tuvieron miedo a la multitud, dejaron a Jesús y se fueron de ahí.

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Somos cada uno de nosotros muy susceptibles de quedarnos impresionados con las imágenes de personas que aparecen frecuentemente en los medios, se convierten en modelos propuestos a seguir, además de toda la publicidad que les rodea, que al final de cuentas, no es otra cosa sino crear una imagen impuesta y conocible por todos, que no siempre es la real.

Es aquí cuando olvidamos a todo un mundo de personas alrededor de quienes se dicen modelos, actores, emprendedores o personas famosas, se nos olvida, porque no se ven aquellos que hacen todo lo posible para que esa persona luzca. 

Una persona es el conjunto de experiencias y hechos que lo han formado, nunca se hace sola, iniciando con la familia y continuando con la formación humana, espiritual y académica que adquiera, y en cada área has varias personas que nos dan eso, que son partícipes de quienes somos.

Es por ello que no siempre quienes se dicen protagonistas lo son, en realidad son la imagen de la construcción externa, pero las piezas angulares que la forman no se ven y están en los puntos básicos de su contexto. Son esas personas que en silencio trabajan tras bambalinas para que otros brillen y sin ellos no lo hacen.

Es importante ser esas piedras angulares que sin necesidad de publicar lo que hacen, realizan una gran labor. Gracias a ellos seguimos y son merecedores de reconocimiento. Gracias a todos ellos por ser quienes son y porque son parte de un todo, siempre partícipes y tomados muy en cuenta dentro del mismo plan de Dios.

“Tengan valor…”

“Tengan valor…”

Juan: 16, 29-33

En aquel tiempo, los discípulos le dijeron a Jesús: “Ahora sí nos estás hablando claro y no en parábolas. Ahora sí estamos convencidos de que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por eso creemos que has venido de Dios”.

Les contestó Jesús: “¿De veras creen? Pues miren que viene la hora, más aún ya llegó, en que se van a dispersar cada uno por su lado y me dejarán solo. Sin embargo, no estaré solo, porque el Padre está conmigo. Les he dicho estas cosas, para que tengan paz en mí. En el mundo tendrán tribulaciones; pero tengan valor, porque yo he vencido al mundo”.

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Cada ves más las tendencias para manifestar la fe en un ambiente ordinario, van a la baja, se tiene un miedo terrible para afirmar que se ama a Dios, porque el ambiente cada vez más se torna intolerante y promotor de todo cuanto vaya en contra de la ley de Dios.

Como que la humanidad se cansa de ver hacer el bien y es tan vulnerable que fácilmente torna su pensamiento a lo contrario de la noche a la mañana, como si no pasara nada y se apoya en quienes han caído en dicho pesimismo para sentirse que no son los únicos.

Ante este mundo de rechazos, los miedos son más manifiestos, a tal grado que oficialmente se pide no tener signos explícitos cristianos hasta en nuestras paginas electrónicas para no ofender a los demás. Miedos que si los seguimos alimentando crecerán hasta convertirse en monstruosos e indomables.

Por ello el Señor nos recuerda que su gracia es tan grande, que puede eso y más, ya que fortalecidos con su gracia, perder la paz no es tan fácil, que es por donde inicia el ataque a nuestra persona por el amor a Dios que profesamos, aún más nos pide que tengamos valor, ya que la muestra Jesús mismo nos la puso y venció. Mayor respaldo en Él no podemos tener para que nuestro valor esté sostenido de la seguridad que el obtuvo para nosotros.

“Domingo de Ramos”

“Domingo de Ramos”

PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN SAN MATEO (26, 14-27, 66)

¿Cuánto me dan si les entrego a Jesús?

En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: “¿Cuánto me dan si les entrego a Jesús?” Ellos quedaron en darle treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregárselo.

¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?

El primer día de la fiesta de los panes Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?”. El respondió: “Vayan a la ciudad, a casa de fulano y díganle: ‘El Maestro dice: Mi hora está ya cerca. Voy a celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa’ “. Ellos hicieron lo que Jesús les había ordenado y prepararon la cena de Pascua.

Uno de ustedes va a entregarme

Al atardecer, se sentó a la mesa con los Doce, y mientras cenaban, les dijo: “Yo les aseguro que uno de ustedes va a entregarme”. Ellos se pusieron muy tristes y comenzaron a preguntarle uno por uno: “¿Acaso soy yo, Señor?” Él respondió: “El que moja su pan en el mismo plato que yo, ése va a entregarme. Porque el Hijo del hombre va a morir, como está escrito de él; pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre va a ser entregado! Más le valiera a ese hombre no haber nacido”. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: “¿Acaso soy yo, Maestro?” Jesús le respondió: “Tú lo has dicho”.

Éste es mi Cuerpo. Ésta es mi Sangre

Durante la cena, Jesús tomó un pan, y pronunciada la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: “Tomen y coman. Este es mi Cuerpo”. Luego tomó en sus manos una copa de vino, y pronunciada la acción de gracias, la pasó a sus discípulos, diciendo: “Beban todos de ella, porque ésta es mi Sangre, Sangre de la nueva alianza, que será derramada por todos, para el perdón de los pecados. Les digo que ya no beberé más del fruto de la vid, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el Reino de mi Padre”.

Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas

Después de haber cantado el himno, salieron hacia el monte de los Olivos. Entonces Jesús les dijo: “Todos ustedes se van a escandalizar de mí esta noche, porque está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño. Pero después de que yo resucite, iré delante de ustedes a Galilea”. Entonces Pedro le replicó: “Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré”. Jesús le dijo: “Yo te aseguro que esta misma noche, antes de que el gallo cante, me habrás negado tres veces”. Pedro le replicó: “Aunque tenga que morir contigo, no te negaré”. Y lo mismo dijeron todos los discípulos.

Comenzó a sentir tristeza y angustia

Entonces Jesús fue con ellos a un lugar llamado Getsemaní y dijo a los discípulos: “Quédense aquí mientras yo voy a orar más allá”. Se llevó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo y comenzó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo: “Mi alma está llena de una tristeza mortal. Quédense aquí y velen conmigo”. Avanzó unos pasos más, se postró rostro en tierra y comenzó a orar, diciendo: “Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz; pero que no se haga como yo quiero, sino como quieres tú”. Volvió entonces a donde estaban los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro: “¿No han podido velar conmigo ni una hora? Velen y oren, para no caer en la tentación, porque el espíritu está pronto, pero la carne es débil”. Y alejándose de nuevo, se puso a orar, diciendo: “Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad”. Después volvió y encontró a sus discípulos otra vez dormidos, porque tenían los ojos cargados de sueño. Los dejó y se fue a orar de nuevo, por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. Después de esto, volvió a donde estaban los discípulos y les dijo: “Duerman ya y descansen. He aquí que llega la hora y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense! ¡Vamos! Ya está aquí el que me va a entregar”.

Echaron mano a Jesús y lo aprehendieron

Todavía estaba hablando Jesús, cuando llegó Judas, uno de los Doce, seguido de una chusma numerosa con espadas y palos, enviada por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El que lo iba a entregar les había dado esta señal: “Aquel a quien yo le dé un beso, ése es. Aprehéndanlo”. Al instante se acercó a Jesús y le dijo: “¡Buenas noches, Maestro!” Y lo besó. Jesús le dijo: “Amigo, ¿es esto a lo que has venido?” Entonces se acercaron a Jesús, le echaron mano y lo apresaron.

Uno de los que estaban con Jesús, sacó la espada, hirió a un criado del sumo sacerdote y le cortó una oreja. Le dijo entonces Jesús: “Vuelve la espada a su lugar, pues quien usa la espada, a espada morirá. ¿No crees que si yo se lo pidiera a mi Padre, Él pondría ahora mismo a mi disposición más de doce legiones de ángeles? Pero, ¿cómo se cumplirían entonces las Escrituras, que dicen que así debe suceder?” Enseguida dijo Jesús a aquella chusma: “¿Han salido ustedes a apresarme como a un bandido, con espadas y palos? Todos los días yo enseñaba, sentado en el templo, y no me aprehendieron. Pero todo esto ha sucedido para que se cumplieran las predicciones de los profetas”. Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

Verán al Hijo del hombre sentado a la derecha de Dios

Los que aprehendieron a Jesús lo llevaron a la casa del sumo sacerdote Caifás, donde los escribas y los ancianos estaban reunidos. Pedro los fue siguiendo de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote. Entró y se sentó con los criados para ver en qué paraba aquello.

Los sumos sacerdotes y todo el sanedrín andaban buscando un falso testimonio contra Jesús, con ánimo de darle muerte; pero no lo encontraron, aunque se presentaron muchos testigos falsos. Al fin llegaron dos, que dijeron: “Éste dijo: ‘Puedo derribar el templo de Dios y reconstruirlo en tres días “. Entonces el sumo sacerdote se levantó y le dijo: “¿No respondes nada a lo que éstos atestiguan en contra tuya?” Como Jesús callaba, el sumo sacerdote le dijo: “Te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios”. Jesús le respondió: “Tú lo has dicho. Además, yo les declaro que pronto verán al Hijo del hombre, sentado a la derecha de Dios, venir sobre las nubes del cielo”.

Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras y exclamó: “¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ustedes mismos han oído la blasfemia. ¿Qué les parece?” Ellos respondieron: “Es reo de muerte”. Luego comenzaron a escupirle en la cara y a darle de bofetadas. Otros lo golpeaban, diciendo: “Adivina quién es el que te ha pegado”.

Antes de que el gallo cante, me habrás negado tres veces

Entretanto, Pedro estaba fuera, sentado en el patio. Una criada se le acercó y le dijo: “Tú también estabas con Jesús, el galileo”. Pero él lo negó ante todos, diciendo: “No sé de qué me estás hablando”. Ya se iba hacia el zaguán, cuando lo vio otra criada y dijo a los que estaban ahí: “También ése andaba con Jesús, el nazareno”. Él de nuevo lo negó con juramento: “No conozco a ese hombre”. Poco después se acercaron a Pedro los que estaban ahí y le dijeron: “No cabe duda de que tú también eres de ellos, pues hasta tu modo de hablar te delata”. Entonces él comenzó a echar maldiciones y a jurar que no conocía a aquel hombre. Y en aquel momento cantó el gallo. Entonces se acordó Pedro de que Jesús había dicho: ‘Antes de que cante el gallo, me habrás negado tres veces’. Y saliendo de ahí se soltó a llorar amargamente.

Llevaron a Jesús ante el procurador Poncio Pilato

Llegada la mañana, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo celebraron consejo contra Jesús para darle muerte. Después de atarlo, lo llevaron ante el procurador, Poncio Pilato, y se lo entregaron.

Entonces Judas, el que lo había entregado, viendo que Jesús había sido condenado a muerte, devolvió arrepentido las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo: “Pequé, entregando la sangre de un inocente”. Ellos dijeron: “¿Y a nosotros qué nos importa? Allá tú”. Entonces Judas arrojó las monedas de plata en el templo, se fue y se ahorcó.

No es lícito juntarlas con el dinero de las limosnas

Los sumos sacerdotes tomaron las monedas de plata y dijeron: “No es lícito juntarlas con el dinero de las limosnas, porque son precio de sangre”. Después de deliberar, compraron con ellas el Campo del alfarero, para sepultar ahí a los extranjeros. Por eso aquel campo se llama hasta el día de hoy “Campo de sangre”. Así se cumplió lo que dijo el profeta Jeremías: Tomaron las treinta monedas de plata en que fue tasado aquel a quien pusieron precio algunos hijos de Israel, y las dieron por el Campo del alfarero, según lo que me ordenó el Señor

¿Eres tú el rey de los judíos?

Jesús compareció ante el procurador, Poncio Pilato, quien le preguntó: “¿Eres tú el rey de los judíos?” Jesús respondió: “Tú lo has dicho”. Pero nada respondió a las acusaciones que le hacían los sumos sacerdotes y los ancianos. Entonces le dijo Pilato: “¿No oyes todo lo que dicen contra ti?” Pero El nada respondió, hasta el punto de que el procurador se quedó muy extrañado. Con ocasión de la fiesta de la Pascua, el procurador solía conceder a la multitud la libertad del preso que quisieran. Tenían entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Dijo, pues, Pilato a los ahí reunidos: “¿A quién quieren que les deje en libertad: a Barrabás o a Jesús, que se dice el Mesías?” Pilato sabía que se lo habían entregado por envidia.

Estando él sentado en el tribunal, su mujer mandó decirle: “No te metas con ese hombre justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por su causa”.

Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la muchedumbre de que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Así, cuando el procurador les preguntó: “¿A cuál de los dos quieren que les suelte?”, ellos respondieron: “A Barrabás”. Pilato les dijo: “¿Y qué voy a hacer con Jesús, que se dice el Mesías?” Respondieron todos: “Crucifícalo”. Pilato preguntó: “Pero, ¿qué e mal ha hecho?” Mas ellos seguían gritando cada vez con más fuerza: “¡Crucifícalo!” Entonces Pilato, viendo que nada conseguía y que crecía el tumulto, pidió agua y se lavó las manos ante el pueblo, diciendo: “Yo no me hago responsable de la muerte de este hombre justo. Allá ustedes”. Todo el pueblo respondió: “¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!” Entonces Pilato puso en libertad a Barrabás. En cambio a Jesús lo hizo azotar y lo entregó para que lo crucificaran.

¡Viva el rey de los judíos!

Los soldados del procurador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de Él a todo el batallón. Lo desnudaron, le echaron encima un manto de púrpura, trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza; le pusieron una caña en su mano derecha y, arrodillándose ante Él, se burlaban diciendo: “¡Viva el rey de los judíos!”, y le escupían. Luego, quitándole la caña, lo golpeaban con ella en la cabeza. Después de que se burlaron de Él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y lo llevaron a crucificar.

Juntamente con Él crucificaron a dos ladrones

Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo obligaron a llevar la cruz. Al llegar a un lugar llamado Gólgota, es decir, “Lugar de la Calavera”, le dieron a beber a Jesús vino mezclado con hiel; Él lo probó, pero no lo quiso beber. Los que lo crucificaron se repartieron sus vestidos, echando suertes, y se quedaron sentados ahí para custodiarlo. Sobre su cabeza pusieron por escrito la causa de su condena: ‘Éste es Jesús, el rey de los judíos’. Juntamente con Él, crucificaron a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

Si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz

Los que pasaban por ahí lo insultaban moviendo la cabeza y gritándole: “Tú, que destruyes el templo y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz”. También se burlaban de Él los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, diciendo: “Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo. Si es el rey de Israel, que baje de la cruz y creeremos en Él. Ha puesto su confianza en Dios, que Dios lo salve ahora, si es que de verdad lo ama, pues Él ha dicho: ‘Soy el Hijo de Dios’ “. Hasta los ladrones que estaban crucificados a su lado lo injuriaban.

Elí, Elí, ¿lemá sabactaní?

Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, se oscureció toda aquella tierra. Y alrededor de las tres, Jesús exclamó con fuerte voz: “Elí, Elí, ¿lemá sabactaní?”, que quiere decir: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Algunos de los presentes, al oírlo, decían: “Está llamando a Elías”.

Enseguida uno de ellos fue corriendo a tomar una esponja, la empapó en vinagre y sujetándola a una caña, le ofreció de beber. Pero los otros le dijeron: “Déjalo. Vamos a ver si viene Elías a salvarlo”. Entonces Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, expiró.

Aquí todos se arrodillan y guardan silencio por unos instantes

Entonces el velo del templo se rasgó en dos partes, de arriba a abajo, la tierra tembló y las rocas se partieron. Se abrieron los sepulcros y resucitaron muchos justos que habían muerto, y después de la resurrección de Jesús, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a mucha gente. Por su parte, el oficial y los que estaban con él custodiando a Jesús, al ver el terremoto y las cosas que ocurrían, se llenaron de un gran temor y dijeron: “Verdaderamente éste era Hijo de Dios”.

Estaban también allí, mirando desde lejos, muchas de las mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo. Entre ellas estaban María Magdalena, María, la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.

José tomó el cuerpo de Jesús y lo depositó en un sepulcro nuevo

Al atardecer, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que se había hecho también discípulo de Jesús. Se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús, y Pilato dio orden de que se lo entregaran. José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo depositó en un sepulcro nuevo, que había hecho excavar en la roca para sí mismo. Hizo rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro y se retiró. Estaban ahí María Magdalena y la otra María, sentadas frente al sepulcro.

Tomen un pelotón de soldados, vayan y aseguren el sepulcro como quieran

Al otro día, el siguiente de la preparación de la Pascua, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron ante Pilato y le dijeron: “Señor, nos hemos acordado de que ese impostor, estando aún en vida, dijo: ‘A los tres días resucitaré’. Manda, pues, asegurar el sepulcro hasta el tercer día; no sea que vengan sus discípulos, lo roben y digan luego al pueblo: ‘Resucitó de entre los muertos’, porque esta última impostura sería peor que la primera”. Pilato les dijo: “Tomen un pelotón de soldados, vayan y aseguren el sepulcro como ustedes quieran”. Ellos fueron y aseguraron el sepulcro, poniendo un sello sobre la puerta y dejaron ahí la guardia.

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Hoy se presenta la lectura completa de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo por parte del evangelio de San Mateo, para empaparnos de los acontecimientos que celebraremos en esta Semana Santa, celebraciones primordiales, por lo que se nos invita a quedarnos con el suceso que viviremos en estos días.

“La alegría debe dominar”

“La alegría debe dominar”

Lucas 15, 1-10 

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los letrados murmuraban entre ellos: Ese acoge a los pecadores y come con ellos. Jesús les dijo esta parábola: Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: ¡Felicitadme! , he encontrado la oveja que se me había perdido. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, reúne a las amigas y vecinas para decirles: |¡Felicitadme! , he encontrado la moneda que se me había perdido. Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta. 

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En toda circunstancia que nos acontece, no faltan los motivos negativos que pueden empapar todo un evento o situación, marcándolo como algo que no es digno de mencionar porque de suyo desata una serie de emociones que hacen caer el cualquier ánimo por muy estable que traigamos.

Por lo general actuamos en consecuencia con el dolor, de maneras muy diversas, más por el contrario, el Señor Jesús ofrece precisamente herramientas de índole espiritual, para fortalecer esa voluntad, ese espíritu y ese ánimo, aunque sea bombardeado por una cultura pesimista y de muerte.

De suyo todo su pensamiento implica la alegría, la felicidad, la paz, la tranquilidad y  la gracia, como algo a lo que invariablemente y sin excepción todos estamos capacitados. Lo malo acontece cuando en medio de nuestra debilitada voluntad y cansados, solemos darle una excesiva importancia a cualquier acontecimiento, ya sea positivo o negativo, y engancharnos en eventos que no tienen importancia, pero que se ven al parejo e igual de grandes en medio de nuestra saturada mente.

Además debemos encontrar la realidad del Reino de los Cielos, que no es ficticio, sino una real y autentica forma de vida que sostiene todo evento con una actitud muy positiva, llena de los dones de Dios, ya que si un sencillo evento, como la pérdida de una simple moneda y su recuperación redunda en alegría, cuánto más no debería de dar la misma estabilidad de nuestras vidas, a las que estamos impuestos como un don de Dios que no valoramos.

Es por ello que la tristeza en medio de los Hijos de Dios no debe dominar, sino la alegría. Más si nuestra vida no va muy acorde a la voluntad de Dios, entonces la orillamos a que viva limitada sin la belleza de aquello que Dios otorga a quienes la quieren recibir, y por ende en infelicidad, pero tiene solución, porque bien sabemos que cuando deseemos aceptar el camino de la felicidad, lo haremos mediante el único medio seguro que es Jesús.

“Actitud ante todo”

“Actitud ante todo”

Lucas 12, 35-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas: Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle, apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela: os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y si llega entrada la noche o de madrugada, y los encuentra así, dichosos ellos».

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No podemos dejar que la vida se nos pase como si no pasara nada, sobre todo en el plano de la seguridad personal, pensamos que nunca nos pasará nada malo, y ojalá que así sea, pero la realidad nos va presentando situaciones que en su momento debemos atenderlas y a veces nos agarran desprevenidos.

Para ello y a veces por sistema, se nos pide que tengamos seguros financieros que cubren ciertas áreas según sea lo que pagues, pero no debemos de basarnos solamente en ellos, de igual manera, no todo es dinero en esta vida, no todo es alimento y vestido, también debemos de prever nuestro cuidado espiritual.

Hoy una gran mayoría desatiende su vida espiritual, lo cual conlleva a tomar una actitud negativa por la flaqueza en las virtudes y dones que nos refuerzan para manejar las situaciones no deseadas.

Tendremos una salud impecable y una fuerza tal para competir en un triatlón y ganar el primer lugar, pero aún así eso no es garantía de tener una mente y una psicología estable, mucho menos que seas una persona fuerte en su fe y en su trato fraterno y caritativo.

Hay que de igual manera, como cuidamos todo lo físico y material, restituir y cultivar el área espiritual, estar preparados para lo que venga sin esperarlo como sistema de vida, así nuestra actitud será confiada y sin temores. Actitud que el señor reconoce en aquellos que lo hacen llegando a la dicha, como virtud obtenida y donada por Dios.

Siempre preparados y confiados, siempre atentos al paso del Señor por nuestras vidas. Actitud ante todo, aquella que contagie a cuanto se presente en tu vida. Actitud que revele en ti la presencia del Reino de los cielos ya entre nosotros y se haga palpable.

“Miedos tempranos”

“Miedos tempranos”

Juan 16,16-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver.»

Comentaron entonces algunos discípulos: «¿Qué significa eso de “dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver”, y eso de “me voy con el Padre”?»

Y se preguntaban: «¿Qué significa ese “poco”? No entendemos lo que dice.»

Comprendió Jesús que querían preguntarle y les dijo: «¿Estáis discutiendo de eso que os he dicho: “Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver”? Pues sí, os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.»

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Es ya una adicción el apegarnos a lo mucho o poco que tenemos al momento, ya sean personas, situaciones o cosas, la esperanza se vuelve frágil, ya que solemos depositar nuestra total confianza en ellos, a tal grado que no toleramos ni tan sólo un poco, el  dialogar la más mínima posibilidad de perderlos, porque desmorona nuestra estabilidad.

Esto hace que vivamos llenos de miedos tempranos, típicos de una persona codependiente de aquello que lo ha convertido en su soporte y estabilidad vital. Y aunque la realidad pinte otra situación, o en su defecto, no se den las cosas como nuestro temor lo dicta, sufrimos las pérdidas de una manera tan crónica y real, aunque no estemos perdiendo nada.

Situación que les aconteció a los discípulos de Jesús, puesto que estaban en la plenitud de la estabilidad y relación cercana con Él, de una manera tan agradable que no deseaban que eso cambiara, convirtiéndose sus inseguridades y temores en una disputa  en la que se pusieron a discutir sin entenderla, hasta que Jesús les habla de manera clara y sin miedo a la verdad que esclarece todo.

De igual manera, debemos de no temer a la verdad, ya que esos miedos tempranos opacan la razón, sin entender, ni vivir el presente, deteriorando la realidad, cuando no hay necesidad mientras no llegue lo que suponemos será un temor; cuando llegue, entonces nos preocuparemos, mientras tanto para que sufrir los miedos tempranos que carecen de existencia, porque no dejan de ser fantasmas irreales y surrealistas de nuestra propia mente e inseguridad.