“Alegrías y tristezas”

“Alegrías y tristezas”

Juan 16, 16-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver.

Comentaron entonces algunos discípulos: –¿Qué significa eso de «dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver», y eso de «me voy con el Padre»?

Y se preguntaban: –¿Qué significa ese «poco»? No entendemos lo que dice.

Comprendió Jesús que querían preguntarle y les dijo: –¿Estáis discutiendo de eso que os he dicho: «Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver»? Pues sí, os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.

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Cada uno de nosotros identifica claramente cuando se hacen presente en nuestras actitudes de vida las alegrías y las tristezas, aunque su definición es clara, la conceptualización que el mundo hace es muy distinta de la que la fe nos propone, y es que el caso es muy concreto, ya que el mundo enfatiza las felicidades efímeras y superficiales como lo es lo que da placer al instante, mientras que la fe propone aquellas que son más profundas e inteligentes como lo es el amor en todas su vertientes y situaciones aún difíciles.

Todo aquello que da alegría plena al espíritu si no se le pone precio y se comercializa, entonces no es bueno según los mercaderes, pintándolo de tristeza y, sin embargo aquello que es triste, como conformarte con tan sólo tener auto, sin el gozo que da el ponerlo al servicio propio y de los demás, es denigrado.

Por ello Jesús enfatiza que hay que tener el Espíritu Santo para no caer en confusiones, porque si el mundo se alegró por la muerte de Cristo, hay que saber esperar porque la gracia de Dios no queda ahí, sino que da frutos y, de una mala experiencia Dios es capaz de dar una gran alegría. 

Es ta sólo cuestión de enfoque y de tener paciencia en la espera, porque como lo dice el mismo dicho “el que ríe al último, ríe mejor”.

“Por qué ayunar”

“Por qué ayunar”

Mateo 9, 14-15

En aquel tiempo, se acercaron los discípulos de Juan a Jesús, preguntándole: –«¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?»

Jesús les dijo: –«¿Es que pueden guardar luto los amigos del novio, mientras el novio está con ellos?

Llegará un día en que se lleven al novio, y entonces ayunarán».

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En términos biológicos muy bien justificados podríamos negar el ayuno, afirmando que va en contra de la propia salud, cosa muy cierta, cosa que la mayoría de la población del mundo, sin ser tiempo sugerido cuaresmal para ello lo hace por necesidad al no tener tan solo el alimento básico al mínimo tres veces al día. 

Independientemente de las implicaciones de salud, la gracia de Dios dada en medio de nuestra propia naturaleza humana y biológica, ha dispuesto tan maravillosamente nuestro organismo con un sistema de defensa y autosustención de tal manera que por un simple ayuno esporádico no morirás, ni vendrás a menos. Estamos capacitados para ello y más.

Pero en estos tiempos edonistas y egoístas dejar de tomar un alimento resulta sacrílego, cuando en dietas pagadas y caras te autosacrificas y dañas mucho más. El EGO por delante y sobre todo lo demás. 

Pero el ayuno ayuda a que el ego no domine, sino que se ubique donde pertenece con toda su dignidad y respeto, porque le dice hasta dónde debe llegar para dejar crecer otras áreas y fortalezas en tu personalidad y espiritualidad.

Vale la pena el ayuno porque te hace autodemostrarte que puedes contra de de tu propio apetito insaciable e innecesario y convencerte que tú llevas las riendas y no tus instintos o necesidades. Por ello el ayuno, libre y voluntario te hace mas tú y te acerca más a Dios.

“…Volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu…”

“…Volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu…”

Lucas 4, 14-22a.

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor». Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír». Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios.

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Cuantas veces pensamos que aquellas personas, las que manifiestan un grado dentro del conocimiento de Dios, así como su obrar con mayor caridad fuera algo propio de ellos, denotan una actitud distinta al común de los demás, tan sólo porque se manifiesta esa relación concreta que llevan con Dios en medio de su obrar ordinario dentro de sus vidas. En un caso negativo suelen ser atacadas por aquellas personas que de suyo han perdido desde hace ya tiempo la paz y, el verla manifestada les ofende, cuando en realidad lo que sucede es que se comparan, notándose desproveídos de aquello que fácilmente lo podrían obtener pero no han girado su voluntad hacia la recepción libre de las gracias de Dios.

Jesús de hecho, aquella personalidad especial que impactaba al verle, no radicaba en su aspecto físico, sino que era el fruto palpable de esa preparación que acostumbraba tener a través de los encuentros en privado y en oración con su padre, donde le brindaba esas fuerzas y esa voluntad para seguir adelante, es el caso del segmento de Lucas que lo narra precisamente después de su preparación en el desierto, donde con esa misma fuerza vence las tentaciones con las que humanamente pudiera haber sucumbido.

El inicio de su ministerio y toda su trayectoria está marcada por esa fortaleza que le brinda el Espíritu Santo, porque no se ha separado jamás de su intercesión, además de realizar las obras gracias al mismo.

Es por ello que remarca que “volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu” porque de suyo le fue concedido en esa misión encomendada por su Padre, pero recibida y dispuesta siempre a través de la oración y las obras de Dios que lo van nutriendo y sosteniéndolo constantemente, pero en contacto Directo. No es su propia obra, es la obra de Dios y Él obedientemente la realiza.

Al igual podemos disponernos para recibir la fuerza del Espíritu, manifestarla y participarla, tan sólo implica tu persona, tu vida de contacto con Dios y el Resto Él lo hace.

“Se hace violencia contra el reino de Dios…”

Mateo 11, 11-15 

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él. Desde los días de Juan, el Bautista, hasta ahora se hace violencia contra el reino de Dios, y gente violenta quiere arrebatárselo. Los profetas y la Ley han profetizado hasta que vino Juan; él es Elías, el que tenía que venir, con tal que queráis admitirlo. El que tenga oídos que escuche». 

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Una eterna batalla que desde siempre se ha estado manejando, es la de las fuerzas del mal contra el omnipresente bien, batalla nada nueva, y por lo que parece, batalla que terminará tan sólo al final de los tiempos. 

Es totalmente normal que se haga en nuestros días, al igual que en antiguo, violencia en contra del Reino, y sobre todos aquellos que pretendemos vivir sus valores y la gracia de Dios. 

Nada nuevo por lo que Dios en su infinita misericordia, no nos deja solos, nos capacita de tal manera que podamos enfrentarla sabiendo que de su lado estaremos apoyados e invariablemente fortalecidos con aquella gracia, la que el mal mismo no puede contra ella. 

Es por eso que se nos invita, sabiendo del mal presente y ofensivo del mundo, a mantenernos siempre en su cercanía y gracia, ya que sin ella, podemos fácilmente ser presa del mismo, no es un abandono divino, sino una fortaleza extra que Dios da para caminar a paso seguro por esta vida, sin perder el rumbo de la eterna. 

Pero eso depende totalmente de nosotros, Dios no te abandona, pero tu no lo abandones, porque la protección es recíproca, en la medida que te acercas a Él, en esa medida será tu protección, de otra manera o serás atacado sin defensa o formarás parte de los atacantes.

“Ver que el Señor llega”

Lucas 5, 17-26 

Un día Jesús estaba enseñando y estaban también sentados ahí algunos fariseos y doctores de la Ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, de Judea y de Jerusalén. El poder del Señor estaba con Él para que hiciera curaciones. 

Llegaron unos hombres que traían en una camilla a un paralítico y trataban de entrar, para colocarlo delante de Él; pero como no encontraban por dónde meterlo a causa de la muchedumbre, subieron al techo y por entre las tejas lo descolgaron en la camilla y se lo pusieron delante a Jesús. Cuando Él vio la fe de aquellos hombres, dijo al paralítico: “Amigo mío, se te perdonan tus pecados”. 

Entonces los escribas y fariseos comenzaron a pensar: “¿Quién es este individuo que así blasfema? ¿Quién, sino sólo Dios, puede perdonar los pecados?”. Jesús, conociendo sus pensamientos, les replicó: “¿Qué están pensando? ¿Qué es más fácil decir: ‘Se te perdonan tus pecados’ o ‘Levántate y anda’? Pues para que vean que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados –dijo entonces al paralítico–: Yo te lo mando: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”. 

El paralítico se levantó inmediatamente, en presencia de todos, tomó la camilla donde había estado tendido y se fue a su casa glorificando a Dios. Todos quedaron atónitos y daban gloria a Dios, y llenos de temor, decían: “Hoy hemos visto maravillas”. 

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Muy impuestos estamos a de manera nativa utilizar la famosa frase “ver para creer”, que no nace precisamente del evangelio con el Apóstol Tomás, ya se usaba como método científico desde antaño, puesto que aplica a la perfección a nuestra manera de aprender, y que no es otra, sino a través de nuestros sentidos, los cuales son instrumentos por los que percibimos sensiblemente el mundo.

Sin embargo el mundo no se limita a lo que alcanzamos sensiblemente a palpar, ya que por el hecho de que no podamos ver el aire, neguemos que existe, sería absurdo, y de igual manera con miles de cosas que no percibimos y que su existencia no depende de que lo afirmemos, existen porque son, aunque no las reconozcamos.

Por lo que, basándonos es ese esquema y de igual manera tratar de aplicarlo en la relación que tenemos para con Dios, solicitamos el convencimiento cerebral lógico de las pruebas, que en una inteligencia total, salen sobrando, porque las pruebas son para los que dudan y necesitan algo externo que los convenza, pero ese convencimiento es forzado, obligado por un hecho que le quita toda la autenticidad y se convierte en un conocimiento afirmado y aceptado no por la voluntad, sino por un acontecimiento externo.

Así que si esperas un millar de pruebas para iniciar un proceso de fe, entonces lo que menos vas a experimentar es la fe, si te convence más una curación visual, así llamada milagro, que una sanación y transformación del corazón y por ende del alma donde ocurre el verdadero milagro, nos falta mucho, y sobre todo para ver los signos de que el Señor está cerca.

Es simple la cuestión para evaluar tu fe: ¿Qué te convence más? los milagros probados, o una vida plena en el Señor donde los milagros sabemos que se dan, pero que salen sobrando para verdaderamente y sin necesidad de ellos amar a Dios.

“Habrá más alegría…”

“Habrá más alegría…”


Lucas 15, 1-10

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los letrados murmuraban entre ellos: —Ese acoge a los pecadores y come con ellos.Jesús les dijo esta parábola: —Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: “¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido”. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, reúne a las amigas y vecinas para decirles: “¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido”. Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un sólo pecador que se arrepienta.
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En esta vida, parece que pretenden tarifar la alegría en una escala tan variable, que se pierde el valor en sí misma, porque para lo que algunos será una alegría tener una mascota, para otros lo será el hacerla sufrir. Cada quien se fabrica sus propias alegrías basados en sus limitados gustos y hasta a veces desviados.
Es por ello que Jesús en el evangelio establece, cómo hay verdaderas alegrías, aún mayores y más grandes de las que nosotros tasamos y fabricamos, porque éstas no bastan, no llenan, quedan siempre inconclusas, son siempre insatisfechas, en fin, son el cuento de nunca acabar.
Hoy se nos recuerda que no tenemos por que ser tan limitados en nuestra felicidad, cuando aún no nos hemos dado la oportunidad de participar de esas grandes alegrías tan plenas y radiantes, como son las que se nos descubren a través de las cosas simples y sencillas, aquellas que no cuestan, que son un regalo de Dios y valen totalmente la pena.
Son esas alegrías que el mundo de hoy desea extirpar y negarlas, para venderte las suyas prefabricadas a una módica cantidad, además de las que son tan exclusivas, que tan sólo algunos cuantos pueden adquirirás, pero al fin de cuentas, no dejan de ser fantasías pintadas de realidad, además de efímeras, claro para luego venderte más.
No quiero negar las alegrías en venta, si puedes adquirirlas sin denigrar tu dignidad, adelante, puedes hacerlo y sin pedir permiso, pero recuerda y no dejes al olvido las que valen la pena y son gratis porque vienen de Dios; esas si las cobraran, no las podríamos pagar de tan valiosas que son, por ello mejor son gratis, para que nadie las desaproveche y como tal las valores sin denigrarlas.
Un ejemplo: tan sólo el amor, ese no se puede comprar, y si buscas comprarlo, no sería amor, sería conveniencia, pero si lo tienes en pleno, habrá mas alegría junto con lo que Dios además te regalará.

“Ubica tus temores”

Lucas 12, 1-7

En aquel tiempo, miles y miles de personas se agolpaban hasta pisarse unos a otros. Jesús empezó a hablar, dirigiéndose primero a sus discípulos: «Cuidado con la levadura de los fariseos, o sea, con su hipocresía. Nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, nada hay escondido que no llegue a saberse. Por eso, lo que digáis de noche, se repetirá a pleno día, y lo que digáis al oído en el sótano, se pregonará desde la azotea. A vosotros os digo, amigos míos: no tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden hacer más. Os voy a decir a quién tenéis que temer: temed al que tiene poder para matar y después echar en el fuego. A ése tenéis que temer, os lo digo yo. ¿No se venden cinco gorriones por dos cuartos? Pues ni de uno solo se olvida Dios. Hasta los pelos de vuestra cabeza están contados. Por lo tanto, no tengáis miedo: no hay comparación entre vosotros y los gorriones».

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Habrá quien se pase la vida comparando y comparándose con medio mundo, remarcando las tan odiosas diferencias, sobre todo cuando se utilizan de manera despectiva, más sin embargo no deja de ser una distracción estratégica para desviar mentes y corazones a modelos no veraces ni institucionales.

Resulta que en la actual inversión de valores el verdadero temor de Dios, un don que no tiene nada que ver con el tenerle miedo al Creador, sino con el pendiente para no herir a un amor que plenamente se nos da y nos ama con tanta dedicación y franqueza que no deseamos romper la más mínima relación porque no se lo merece.

Por el contrario, parece que vivir en el pecado y el mal, es ahora el pan nuestro de cada día, cuando menos la cultura de la muerte así lo proclama, teniendo consecuentemente un pavor a todo lo que mencione el compromiso con Dios y con la Iglesia. 

Para nada cuesta hoy en día arriesgar la vida en deportes y lugares extremos que atentan contra la salud física y espiritual, pero sí da miedo el estar casado, el tener hijos, el cumplir las responsabilidades incluso laborales y estar cerca de Dios. Ser cool es ser malo y vivir odiando así como criticando a cuanto se nos cruce en el camino.

Todo eso viene del maligno y hasta en las caricaturas a los niños se le presenta como el mejor amigo, es decir, desde temprana edad corromper sus propios corazones para de ahí en adelante odiar a Dios, toda su creación y por ende odiarse a sí mismos.

Al maligno es en realidad a quien debemos temer sin miedo, enfrentarlo con valentía y la fortaleza que Dios ya nos ha otorgado por la gracia bautismal para que no nos domine, porque su interacción no puede con aquel que nos ha creado en su amor. 

Es por ello necesario ubiques tus temores, no te equivoques y los confundas con tus miedos, que son los que nos hacen no actuar, por el contrario el temor nos hace prever y estar preparados para que al que realmente nos mata lo hagamos a un lado y no caigamos en el juego de su muerte que pretenda matarte en vida.

“Esa es María”


Lucas 11, 27-28

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las turbas, una mujer de entre el gentío levantó la voz diciendo: —¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron!

Pero él repuso: —Mejor: ¡Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen!.

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Resulta en la vida que cuando conocemos a otras personas, ya sea del ambiente local o laboral, así como artístico, en ocasiones admiramos algo de ellas, algo que deseamos imitar o si nos es inalcanzable tan sólo lo reconocemos como tal.

Pero por lo general nos fijamos en las apariencias externas de las demás personas, vemos lo que de igual manera a nosotros se nos ocurre que nos dirían, pero no los valores intrínsecos de cada persona, esos son algo más personal.

A lo mejor a Jesús le echaban esos piropos y más, como un cumplido, pero Él mismo se encargaba de presumir la verdadera joya que es su madre, aquella que no tan sólo prestó el vientre, sino que es un estuche de monerías no por sus habilidades, sino como el mismo ángel Gabriel la reconoce, “llena de gracia”.

Porque María no sólo es madre, sino que además es portadora de la mayor gracia, aquella que se nos da con el bautismo, pero que ella la quiso cultivar y conservar hasta el último momento, su santidad.

Pues esa es María, la llena de gracia, la bendita entre las mujeres, a la que no sólo hay que hacérsela amiga por la fama y popularidad que posee, sino porque nos lleva a su Hijo, aquél mismo que le reconoce lo que Dios y ella han trabajado.

“Insistencia”

Lucas 11, 5-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si alguno de vosotros tiene un amigo y viene a medianoche para decirle: “Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle”. Y, desde dentro, el otro le responde: “No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados: no puedo levantarme para dártelos”. Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide, recibe, quien busca, halla, y al que llama, se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?.

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Es un común conocimiento el que Dios siempre está al pendiente de nosotros en todos los aspectos de la vida, así mismo atiende todas las necesidades de los que nos llamamos sus hijos y, aunque no está específicamente para ello, sin embargo las atiende.

Y es que Dios tiene tan grandes proyectos y expectativas sobre cada uno de nosotros, que procura insistentemente el momento en que nosotros deseemos desarrollarlas a su lado, pero a veces, a lo más que llegamos es a pedirle corrija situaciones cuando éstas nos golpean. 

Sin embargo Dios está para apoyarte en todo, ya sabemos que te sientes independiente y autónomo, y a lo mejor al momento crees poderlo todo de manera personal, pero inclusive en la abundancia y estabilidad de vida, Dios también está para con la mayor sabiduría e inteligencia apoyarte desde lo más mínimo hasta la mayor proyección de tus planes laborales y personales.

Por ello se nos recuerda, que en todo momento no hay que dejar de orar, no hay que dejar de pedir, no dejar de dar gracias, no dejar a Dios de lado, porque cuando lo alejamos de nuestras vidas, alguien más ocupará su lugar y ese alguien lo busca desesperadamente para poseerte a ti y tus bienes, no físicamente, pero si en tu pensar actuar y en el trato con los tuyos.

Sí, parece no ser escuchados, pero insistir, una y otra vez, porque la insistencia remarca el trato cercano con Dios, la purificación y la paciencia. Todo llega a su tiempo, no cuando quieres, sino cuando en realidad lo necesitas. Pero no dejes de insistir, así sea en el peor dolor sin ánimos para hacerlo, porque todo es escuchado, pero a su vez, a veces el Señor lo que espera es que te dispongas Tú a escuchar. Insistencia de parte nuestra y a su vez reconoce la insistencia de Dios que quiere hablarte, escúchalo.

“Nuestra Señora de los Dolores”

Juan 19, 25-27

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre: «Mujer, ahí está tu hijo».

Luego dijo al discípulo: «Ahí está tu madre».

Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él.

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Bajo el título de la Virgen de la Soledad o de los Dolores se venera a María en muchos lugares, 15 de septiembre

Por: Tere Fernández

Memoria

Memoria de Nuestra Señora de los Dolores, que de pie junto a la cruz de Jesús, su Hijo, estuvo íntima y fielmente asociada a su pasión salvadora. Fue la nueva Eva, que por su admirable obediencia contribuyó a la vida, al contrario de lo que hizo la primera mujer, que por su desobediencia trajo la muerte.

Los Evangelios muestran a la Virgen Santísima presente, con inmenso amor y dolor de Madre, junto a la cruz en el momento de la muerte redentora de su Hijo, uniéndose a sus padecimientos y mereciendo por ello el título de Corredentora.

La representación pictórica e iconográfica de la Virgen Dolorosa mueve el corazón de los creyentes a justipreciar el valor de la redención y a descubrir mejor la malicia del pecado.

Bajo el título de la Virgen de la Soledad o de los Dolores se venera a María en muchos lugares.

Un poco de historia

Bajo el título de la Virgen de la Soledad o de los Dolores se venera a María en muchos lugares. La fiesta de nuestra Señora de los Dolores se celebra el 15 de septiembre y recordamos en ella los sufrimientos por los que pasó María a lo largo de su vida, por haber aceptado ser la Madre del Salvador.

Este día se acompaña a María en su experiencia de un muy profundo dolor, el dolor de una madre que ve a su amado Hijo incomprendido, acusado, abandonado por los temerosos apóstoles, flagelado por los soldados romanos, coronado con espinas, escupido, abofeteado, caminando descalzo debajo de un madero astilloso y muy pesado hacia el monte Calvario, donde finalmente presenció la agonía de su muerte en una cruz, clavado de pies y manos.

María saca su fortaleza de la oración y de la confianza en que la Voluntad de Dios es lo mejor para nosotros, aunque nosotros no la comprendamos.

Es Ella quien, con su compañía, su fortaleza y su fe, nos da fuerza en los momentos de dolor, en los sufrimientos diarios. Pidámosle la gracia de sufrir unidos a Jesucristo, en nuestro corazón, para así unir los sacrificios de nuestra vida a los de Ella y comprender que, en el dolor, somos más parecidos a Cristo y somos capaces de amarlo con mayor intensidad.

¿Que nos enseña la Virgen de los Dolores?

La imagen de la Virgen Dolorosa nos enseña a tener fortaleza ante los sufrimientos de la vida. Encontremos en Ella una compañía y una fuerza para dar sentido a los propios sufri-mientos.

Cuida tu fe:

Algunos te dirán que Dios no es bueno porque permite el dolor y el sufrimiento en las personas. El sufrimiento humano es parte de la naturaleza del hombre, es algo inevitable en la vida, y Jesús nos ha enseñado, con su propio sufrimiento, que el dolor tiene valor de salvación. Lo importante es el sentido que nosotros le demos.

Debemos ser fuertes ante el dolor y ofrecerlo a Dios por la salvación de las almas. De este modo podremos convertir el sufrimiento en sacrificio (sacrum-facere = hacer algo sagrado). Esto nos ayudará a amar más a Dios y, además, llevaremos a muchas almas al Cielo, uniendo nuestro sacrificio al de Cristo.

Oración: 

María, tú que has pasado por un dolor tan grande y un sufrimiento tan profundo, ayúdanos a seguir tu ejemplo ante las dificultades de nuestra propia vida.

Tomado de Catholic.net