“…Por sus frutos los conocerán…”

“…Por sus frutos los conocerán…”

Mateo: 7, 15-20

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuidado con los falsos profetas. Se acercan a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos?

Todo árbol bueno da frutos buenos y el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos y un árbol malo no puede producir frutos buenos. Todo árbol que no produce frutos buenos es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los conocerán”.

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Cuando se nos habla de botánica, nos encontramos con una multiplicidad de árboles y plantas, algunos muy sencillos, algunos muy grandes y frondosos, algunos llenos de flores, otros no tanto, de hecho algunos se nos podrían confundir por su semejanza, pero una prueba irrefutable en la que no hay equivocación, es por sus frutos.

En el campo de la vida ordinaria parece que sucede el mismo fenómeno, cuantas veces encontramos gente que se presenta con un currículo y una personalidad impresionante, excelentemente bien vestida y ornamentada, como esos árboles que dan mucha flor y se ven espectaculares, pero nunca dan frutos, al final sólo basura.

Por el contrario, encontramos una cantidad enorme de personas, que en su apariencia son como esos árboles no tan interesantes visualmente, que parece que ni pintan en el planeta, con flores pequeñas y no tan atractivas, más sin embargo dan la apariencia de que se van a quebrar sus ramas, de la cantidad enorme de frutos que dan, de lo dulces y sabrosos al paladar.

Es por eso muy importante conocer, inclusive en lo religioso que o a quién estamos siguiendo o escuchando, hay que saber distinguir, porque se presentarán tentaciones visuales, donde se sigue a un sacerdote o predicador tan solo por su apariencia externa y lo siguen por todos lados, ya casi nomás falta que firmen autógrafos, cuando no falte ahora mismo ya quien lo haga, o en su defecto ir a la Iglesia tan sólo por el mismo motivo.

Es que ahí hay que ver a quien estás siguiendo: al consagrado o al Señor Jesús quien lo consagró, y sobre todo a quién pretende transmitir. La respuesta es fácil, sus obras y tus intenciones se verán reflejadas en los frutos que deja dicho consagrado, así como los cambios en la santidad que promueva en tu vida.

Al fin de cuentas por sus frutos los conoceremos y por nuestros frutos lo constataremos y nos conocerán.

“Consecuencias”

“Consecuencias”

Juan 15, 9-11

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud».

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Tantas veces hemos puesto la atención en el afirmar que la vida tiene de todo, bueno y malo, y lo es, pero si estamos predispuestos a esta alternancia le daremos toda la atención a lo malo y estaremos inmutables en la bonanza, lo remarco de tal manera que si también hacemos nuestro lo malo como algo natural y ordinario, es seguro que tendrá su consecuencia lógica de igual manera. 

Podríamos pensar que es lo normal, sí, y es que ya nos impusimos a ello, cuando hoy en el evangelio remarca una mejor propuesta y esa es permanecer en Su amor, conociendo y respetando los mandamientos, que no son una imposición obligada, sino unas recomendaciones para no perder el rumbo, para no olvidarnos de cuanto Dios nos ama, para no dar cabida al mal que da tristeza e infelicidad porque lo recibimos como “lo normal” con las puertas abiertas de par en par ya listos a sufrir y a remarcarlo como tal, aunque no valga la pena porque nada solucionas con ello.

Así llegan las consecuencias negativas con todo lo que dan y mas. No digo que en el Amor de Dios todo será vida y dulzura, claro que habrá adversidades, pero qué diferencia verás cuando tu plataforma sea el amor y la paciente caridad que te brinda la armonía necesaria en el peor dolor a diferencia de recibirlos predispuestos en remarcar el odio y el dolor porque llegaron. 

Las consecuencias serán tal cual como tú las manejes, como tu preparación y reacción lo permita, como desees manejar el problema, si visceralmente o ecuánimemente con la paz que otorga el permanecer en su amor. Sólo así crecemos y nuestro amor llega de igual manera a su plenitud.

“Actitudes…”

“Actitudes…”

Lucas 6, 36-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros».

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Dentro de nuestras propias expresividades, la perfecta manifestación de nuestro interior y pensamientos se expone claramente en las actitudes que tomamos día a día, es muy cierto que a veces estamos cansados de tantas correcciones y negaciones, que no hagas esto, que no hagas lo otro; que sí hagas tal cosa, que pongas tal actitud, pero en realidad es una ayuda directa para mejorar, ya que si fuéramos perfectos y totalmente educadamente maduros, nadie te corregiría, pero las correcciones remarcan nuestras imperfecciones, por ello con humildad hay que saber aceptarlas y reconocerlas.

Es muy común dentro del trato humano encontrar personas que nos demuestran con toda la caridad del mundo cuán mejor son que nosotros, pero no debemos de verlo como una desventaja, al contrario son una bendición ya que el Señor los ha cruzado en tu camino, no para enfatizar tu mal, sino para remarcar su bien del que podemos aprender.

Pero ya de nosotros dependen las actitudes, o bien, pueden se de arraigo en nuestras limitaciones, o bien, de apertura y crecimiento, ya que como remarco, la actitud lo dice todo, por ello la prudencia como maestra de vida unida a la sabiduría divina, tan clara como lo es en boca de Jesús en recomendación a aquellos que somos sus discípulos nos invita a esos “no” hagas… tomados con humildad, ya que nuestra actitud atraerá aquello que proyectamos con sus propias y particulares consecuencias.

El verdadero cristiano debe de adoptar seriamente la actitud de Cristo, no la radical y exigente moralista, sino la del verdadero rostro del amor y la caridad con todo aquel que se cruce en nuestro camino. Al final tu actitud lo dirá todo y de igual manera la medida que uses, la usarán contigo y sin caridad.

“Tu consejo será lo que tu corazón posea”

“Tu consejo será lo que tu corazón posea”

Lucas: 6, 39-42

En aquel tiempo, Jesús propuso a sus discípulos este ejemplo: “¿Puede acaso un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un hoyo? El discípulo no es superior a su maestro; pero cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.

¿Por qué ves la paja en el ojo de tu hermano y no la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo te atreves a decirle a tu hermano: ‘Déjame quitarte la paja que llevas en el ojo’, si no adviertes la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga que llevas en tu ojo y entonces podrás ver, para sacar la paja del ojo de tu hermano”.

No hay árbol bueno que produzca frutos malos, ni árbol malo que produzca frutos buenos. Cada árbol se conoce por sus frutos. No se recogen higos de las zarzas, ni se cortan uvas de los espinos. El hombre bueno dice cosas buenas, porque el bien está en su corazón, y el hombre malo dice cosas malas, porque el mal está en su corazón, pues la boca habla de lo que está lleno el corazón”. 

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Es muy común el que tengamos en varias ocasiones la iniciativa de ayudar a los demás, y no dudo que sea de la mayor y más sana intención, lo cual es muy bueno, habla de un ser que sabe donarse y se preocupa por los demás.

Pero sin embargo nos encontramos con la realidad de que cada persona comparte incondicionalmente aquello que ha sido se depositado en su corazón, de tal manera que la formación que haya tenido en su vida, tanto experiencias positivas como negativas, será lo que proponga como soluciones.

Nos imponemos a vivir una vida única en el entorno familiar, a tal grado de percibir como ordinarias y naturales las formas y tratos con los que nos desarrollamos, como ese fuera el estándar que habrá que imponer a los demás, a tal grado de no percibir nuestras propias limitaciones o errores con los que hemos crecido porque está velado a nuestro ser, y por ende somos inconscientes de ello, cosa que otros sí lo ven, excepto nosotros.

Aquí es cuando exigimos a los demás que hagan un bien o corrijan su vida, como lo dice el evangelio, sin ver nuestras limitaciones y errores, a su vez no permitimos que nos corrijan porque creemos que así estamos bien, cuando la verdadera salud y el verdadero exigir al otro, vienen de la aceptación primeramente de las propias limitaciones.   

Es una bendición cuando tenemos la oportunidad de interiorizar, y buscar llegar a un crecimiento y a una madurez óptima, antes de exigirlo a los demás, porque si no es así, tu ayuda irá impregnada de tus propias soluciones erróneas que  los hará caer en tus mismos errores.  Tu corazón por más bien intencionado que esté, compartirá lo que tenga sano, pero también lo que tenga dañado.  

Por ello es muy importante revisar en salud qué tanta salud tenemos, y qué tan real es la ayuda que proveemos, porque si andamos mal, ayudaría mucho más el no intentar ayudar.

“Si no entendemos….”

“Si no entendemos….”

Marcos: 4, 1-20

En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al lago, y se reunió una muchedumbre tan grande, que Jesús tuvo que subir en una barca; ahí se sentó, mientras la gente estaba en tierra, junto a la orilla. Les estuvo enseñando muchas cosas con parábolas y les decía: “Escuchen. Salió el sembrador a sembrar. Cuando iba sembrando, unos granos cayeron en la vereda; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros cayeron en terreno pedregoso, donde apenas había tierra; como la tierra no era profunda, las plantas brotaron enseguida; pero cuando salió el sol, se quemaron, y por falta de raíz, se secaron. Otros granos cayeron entre espinas; las espinas crecieron, ahogaron las plantas y no las dejaron madurar. Finalmente, los otros granos cayeron en tierra buena; las plantas fueron brotando y creciendo y produjeron el treinta, el sesenta o el ciento por uno”. Y añadió Jesús: “El que tenga oídos para oír, que oiga”.
Cuando se quedaron solos, sus acompañantes y los Doce le preguntaron qué quería decir la parábola. Entonces Jesús les dijo: “A ustedes se les ha confiado el secreto del Reino de Dios; en cambio, a los que están fuera, todo les queda oscuro; así, por más que miren, no verán; por más que oigan, no entenderán; a menos que se conviertan y sean perdonados”.

Y les dijo a continuación: “Si no entienden esta parábola, ¿cómo van a comprender todas las demás? ‘El sembrador’ siembra la palabra.

`Los granos de la vereda’ son aquellos en quienes se siembra la palabra, pero cuando la acaban de escuchar, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos.

`Los que reciben la semilla en terreno pedregoso’, son los que, al escuchar la palabra, de momento la reciben con alegría; pero no tienen raíces, son inconstantes, y en cuanto surge un problema o una contrariedad por causa de la palabra, se dan por vencidos.

`Los que reciben la semilla entre espinas’ son los que escuchan la palabra; pero por las preocupaciones de esta vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás, que los invade, ahogan la palabra y la hacen estéril.

Por fin, ‘los que reciben la semilla en tierra buena’ son aquellos que escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha: unos, de treinta; otros, de sesenta; y otros, de ciento por uno”.

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Cuando se presenta ésta lectura del sembrador no suelo hacer ningún comentario o exégesis por la sencilla razón de que la explicación exacta de la misma está presente. Solamente invito a que en cada uno de los lugares en que cae la semilla tratemos de actualizarlos con hechos y lugares actuales que nos son más familiares para obtener una mejor comprensión a nuestros tiempos actuales.

“Ubica tus temores”

“Ubica tus temores”

Lucas 12, 1-7

En aquel tiempo, miles y miles de personas se agolpaban hasta pisarse unos a otros. Jesús empezó a hablar, dirigiéndose primero a sus discípulos: «Cuidado con la levadura de los fariseos, o sea, con su hipocresía. Nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, nada hay escondido que no llegue a saberse. Por eso, lo que digáis de noche, se repetirá a pleno día, y lo que digáis al oído en el sótano, se pregonará desde la azotea. A vosotros os digo, amigos míos: no tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden hacer más. Os voy a decir a quién tenéis que temer: temed al que tiene poder para matar y después echar en el fuego. A ése tenéis que temer, os lo digo yo. ¿No se venden cinco gorriones por dos cuartos? Pues ni de uno solo se olvida Dios. Hasta los pelos de vuestra cabeza están contados. Por lo tanto, no tengáis miedo: no hay comparación entre vosotros y los gorriones».

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Habrá quien se pase la vida comparando y comparándose con medio mundo, remarcando las tan odiosas diferencias, sobre todo cuando se utilizan de manera despectiva, más sin embargo no deja de ser una distracción estratégica para desviar mentes y corazones a modelos no veraces ni institucionales.

Resulta que en la actual inversión de valores el verdadero temor de Dios, un don que no tiene nada que ver con el tenerle miedo al Creador, sino con el pendiente para no herir a un amor que plenamente se nos da y nos ama con tanta dedicación y franqueza que no deseamos romper la más mínima relación porque no se lo merece.

Por el contrario, parece que vivir en el pecado y el mal, es ahora el pan nuestro de cada día, cuando menos la cultura de la muerte así lo proclama, teniendo consecuentemente un pavor a todo lo que mencione el compromiso con Dios y con la Iglesia. 

Para nada cuesta hoy en día arriesgar la vida en deportes y lugares extremos que atentan contra la salud física y espiritual, pero sí da miedo el estar casado, el tener hijos, el cumplir las responsabilidades incluso laborales y estar cerca de Dios. Ser cool es ser malo y vivir odiando así como criticando a cuanto se nos cruce en el camino.

Todo eso viene del maligno y hasta en las caricaturas a los niños se le presenta como el mejor amigo, es decir, desde temprana edad corromper sus propios corazones para de ahí en adelante odiar a Dios, toda su creación y por ende odiarse a sí mismos.

Al maligno es en realidad a quien debemos temer sin miedo, enfrentarlo con valentía y la fortaleza que Dios ya nos ha otorgado por la gracia bautismal para que no nos domine, porque su interacción no puede con aquel que nos ha creado en su amor. 

Es por ello necesario ubiques tus temores, no te equivoques y los confundas con tus miedos, que son los que nos hacen no actuar, por el contrario el temor nos hace prever y estar preparados para que al que realmente nos mata lo hagamos a un lado y no caigamos en el juego de su muerte que pretenda matarte en vida.

“Ansiedad con beneficios”

“Ansiedad con beneficios”

Juan 16, 20-23a.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría. La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora; pero, en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre. También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría. Ese día no me preguntaréis nada».

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Es un hecho que siempre encontramos en nuestra vida nuevos retos y desafíos fuera de nuestro esquema personal a veces ya estático y rutinario, que de suyo nos quitan la paz, porque implica un esfuerzo extra no previsto y, a veces hasta nos dan miedo como lo es el caso de un embarazo, un viaje a un lugar desconocido, un cambio de trabajo en una localidad ajena a la nuestra, una crisis económica, etc…

Por supuesto que los nuevos retos nos dan ansiedad por la incertidumbre que presentan, más sin embargo, Dios tiene todo bajo su providencia y conoce a dónde nos quiere llevar, porque precisamente, nos rompe el esquema constantemente como una palpable muestra de su amor, al motivarnos constantemente a crecer a la estatura a la que nos ha llamado, por que no quiere conformistas empantanados en su propio confort.

Sí es muy duro cambiar de rumbo cuando se ha logrado la estabilidad, y claro que causa ansiedad, más sin embargo no debemos atrancarnos en el dolor y hacerlo fuerte porque suele dejar huellas muy marcadas que estigmatizan el resto de la vida, hay que saber reconocer que ese momento de dolor es transitorio, es una etapa que nos prepara a la siguiente, porque la crisis es un signo muy positivo de cambio, de romper esquemas e incluso paradigmas para ver y vivir el mismo mundo pero de manera renovada y totalmente novedosa.

Sí, la ansiedad trae sus propios frutos, pero hay que saber dirigirlos al fin deseado, porque solos podemos perdernos en el mundo del dolor, claro que habrá tristeza, pero esa misma se convertirá en gozo cuando sabemos el camino a seguir gracias a la guía de Dios en nuestras vidas, ya que así nuestra alegría será plena y entonces entenderemos que el dolor es parte de la vida y no preguntaremos nunca jamás más nada al respecto, trae sus beneficios.

“Sucedió para que se cumpliera…”

“Sucedió para que se cumpliera…” 

Mateo 1, 18-24

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: “Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa «Dios-con-nosotros»”.

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.

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Al estar ya próximos al nacimiento del redentor, hacemos una pausa para recordar esos momentos gozosos en los que la dicha embargó no solamente a María, sino inclusive a Gabriel el ángel, que fue el depositario de la confianza del Padre para dar el anuncio a María Santísima, la cual en un momento extraordinario, cuestiona certeramente cual será su misión y su papel.

Sin embargo María, conocedora del proyecto de Dios sobre el pueblo de Israel y del mundo entero, participa libre y voluntariamente, no solamente cumpliendo un requisito esquemático milenario, sino que todo se da en la misma gracia de Dios tal como lo esperaba, respondiendo a su participación personal generosamente.

De esta misión y ese cumplimiento es testigo José, quien a su vez colabora en el plan de Dios, situación nada cómoda ya que se presenta todo en medio del proyecto de su boda con María, no significa que Dios destruyera los planes de José, sino que lo invitó a un proyecto mayor, el cual de manera lenta va asimilando, a tal grado que de igual manera corresponde al proyecto de Dios, sucediendo todo para que a su vez se cumpliera lo que los profetas habían anunciado.

Este tiempo de preparación del adviento, es justo que levantemos la mirada, veamos a lo lejos, interpretemos los signos de Dios que dispone en tu camino, y entremos en su proyecto que es mejor que el nuestro, pero hay que descubrirlo y discernirlo, como María, como José, en oración para ver claro el plan de Dios sobre nosotros.

“La inconsistencia de la vida”

“La inconsistencia de la vida”

Lucas: 17, 26-37

En aquellos días, Jesús dijo a sus discípulos: “Lo que sucedió en el tiempo de Noé también sucederá en el tiempo del Hijo del hombre: comían y bebían, se casaban hombres y mujeres, hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces vino el diluvio y los hizo perecer a todos.
Lo mismo sucedió en el tiempo de Lot: comían y bebían, compraban y vendían, sembraban y construían, pero el día en que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y los hizo perecer a todos. Pues lo mismo sucederá el día en que el Hijo del hombre se manifieste.

Aquel día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en la casa, que no baje a recogerlas; y el que esté en el campo, que no mire hacia atrás. Acuérdense de la mujer de Lot. Quien intente conservar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará. Yo les digo: aquella noche habrá dos en un mismo lecho: uno será tomado y el otro abandonado; habrá dos mujeres moliendo juntas: una será tomada y la otra abandonada”.

Entonces, los discípulos le dijeron: “¿Dónde sucederá eso, Señor?” Y Él les respondió: “Donde hay un cadáver, se juntan los buitres”.

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Todo cuanto conocemos, nos entra por la percepción del mundo que acontece ante nuestros sentidos y sobre todo, en la manera como somos adiestrados para interpretarlos. De tal manera que un mismo acontecimiento tendrá diferentes ópticas y opiniones diversas según el aspecto que yo deseo proyectar.

En este vasto mundo de ideas y opiniones es muy común que nos perdamos y vayamos identificándonos en el camino con unas, para luego migrar a otras, hasta al final no saber en cual quedar.

Eso hace que nuestra vida pierda valor, pierda sentido y navegue en el mundo de la inconsistencia, sin una meta que ilumine nuestro caminar como una motivación fuerte a seguir, por eso tan sólo se cae en el fastidio de la vida, donde comemos y bebemos, buscamos relaciones y las dejamos, es decir, nada sacia, nada llena, nada te plenifica.

De eso no es responsable Dios, porque el don de la vida ya nos fue otorgado como lo más valioso que poseemos, de tal manera que ahora depende de nosotros el hacerlo efectivo y que de frutos tan plenos, que muchos a nuestro al rededor se gocen con ellos.

Eso llega hasta el final, porque si llegamos a ser del montón que nomás viven porque no les queda de otra, comiendo y bebiendo como si fuera lo único e importante, entonces seremos abandonados, pero si hacemos brillar nuestra vida, a la distancia será visible y el mismo Dios la rescatará como un tesoro bien cultivado en ti, algo digno de formar parte de su Reino.

“Simple decisión personal”

“Simple decisión personal”

Lucas: 8, 4-15

En aquel tiempo, mucha gente se había reunido alrededor de Jesús, y al ir pasando por los pueblos, otros más se le unían. Entonces les dijo esta parábola: “Salió un sembrador a sembrar su semilla. Al ir sembrando, unos granos cayeron en el camino, la gente los pisó y los pájaros se los comieron. Otros cayeron en terreno pedregoso, y al brotar, se secaron por falta de humedad. Otros cayeron entre espinos, y al crecer éstos, los ahogaron. Los demás cayeron en tierra buena, crecieron y produjeron el ciento por uno”. Dicho esto, exclamó: “¡El que tenga oídos para oír, que oiga!”

Entonces le preguntaron los discípulos: “¿Qué significa esta parábola?” Y él les respondió: “A ustedes se les ha concedido conocer claramente los secretos del Reino de Dios; en cambio, a los demás, sólo en parábolas para que viendo no vean y oyendo no entiendan.

La parábola significa esto: la semilla es la Palabra de Dios. Lo que cayó en el camino representa a los que escuchan la palabra, pero luego viene el diablo y se la lleva de sus corazones, para que no crean ni se salven. Lo que cayó en terreno pedregoso representa a los que, al escuchar la palabra, la reciben con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba, fallan. Lo que cayó entre espinos representa a los que escuchan la palabra, pero con los afanes, riquezas y placeres de la vida, se van ahogando y no dan fruto. Lo que cayó en tierra buena representa a los que escuchan la palabra, la conservan en un corazón bueno y bien dispuesto, y dan fruto por su constancia”.

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Es una bendición de Dios muy evidente cuando la explicación de una parábola lleva de suyo su propia explicación, aquí no me atrevo a distorsionar la intención que es muy clara acerca del aprovechamiento de la palabra de Dios.

Simplemente remarco, que al final de cuentas la oportunidad de recibir el mensaje de salvación es similar e indiscriminadamente igual para todos, de tal manera que la eficacia de los efectos que con lleva la gracia de Dios, totalmente depende de qué tanto permitimos dejar que la palabra haga efecto en nuestra alma y en nuestra manera de vivir la vida.

Al final de cuentas tenemos la libertad de elegir sin necedad de juzgar a nadie, porque el mismo Dios respeta la decisión que tomes, aunque ésta no vaya acorde a su santa voluntad, por lo que no pasa a llegar a ser de manera muy importante, una simple decisión personal.