“Lo aprovechas, u otros lo hacen”

“Lo aprovechas, u otros lo hacen”

Mateo 8, 5-17

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó diciéndole: —Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho.

El le contestó: —Voy yo a curarlo.

Pero el centurión le replicó: —Señor, ¿quién soy yo para que entres bajo mi techo? Basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes: y le digo a uno «ve», y va; al otro, «ven», y viene; a mi criado, «haz esto», y lo hace.

Cuando Jesús lo oyó quedó admirado y dijo a los que le seguían: —Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de Oriente y Occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos; en cambio a los ciudadanos del Reino los echarán afuera, a las tinieblas.

Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

Y al centurión le dijo: —Vuelve a casa, que se cumpla lo que has creído.

Y en aquel momento se puso bueno el criado.

Al llegar Jesús a casa de Pedro, encontró a la suegra en cama con fiebre; la cogió de la mano, y se le pasó la fiebre; se levantó y se puso a servirles. Al anochecer, le llevaron muchos endemoniados; él con su palabra expulsó los espíritus y curó a todos los enfermos. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: «Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades».

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No dudo en remarcar todas las bendiciones que Dios en su infinita bondad y misericordia a pesar de nuestra constante negativa sigue otorgándonos sin problema de su parte. Podría remarcar tan sólo los bienes y alimentos que pone al alcance de la mano para uso personal, que es lo que más pedimos y en lo que más se centra nuestra mente.

Sin embargo, damos por hecho que la parte de la gracia y la providencia divina está garantizada, y lo es, pero habría que ver si de nuestra parte realmente hacemos un uso provechoso de ellas, porque parece que esas gracias no las valoramos como tal, olvidamos que al mínimo en cada pueblo tenemos de una a dos iglesias donde a díario se celebra la eucaristía y tenemos los sacramentos a disposición.

Cuántos otros no tienen nada al alcance y sin embargo su trabajo aunque a veces no tan bien remunerado nos beneficia cómodamente desde nuestro escritorio, porque son los que producen lo que vitalmente tu consumes.

La cuestión es que todo aquello que hoy se te da generosamente a manos llenas, no se desperdiciará, y si a tí no te importan los bienes espirituales de Dios, otros a quienes menos pienses les serán dados y los aprovecharán con frutos mayores a los que tú mismo has trabajado tan sólo en lo material. Aprovecha, que de ésto no habrá diario.

“Gracia más efectiva que Magia”

“Gracia más efectiva que Magia”

Juan 15, 1-8

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pediréis lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».

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Ante tanta propaganda y anuncios supersticiosos llenos de sortilegios, magias, hadas y adivinaciones por doquier, podemos abrir la esperanza a la posibilidad de las soluciones mágicas ante nuestras necesidades o proyectos ficticios olvidando la maravillosa realidad.

Nuestra mente es tan vasta y variada, que puede brincar de un estado a otro instantáneamente y en automático, esperando soluciones pasivas, sin nosotros mover tan sólo un dedo y por ende sin ningún esfuerzo o compromiso. Deseamos que el problema provocado por nosotros y nuestras actitudes, de las que ni conscientes somos por dicha atención y distracción en lo fantasioso, y que así de igual manera e inconsecuentemente deseamos se vaya. 

Más como lo cita el evangelio, hay que permanecer unidos a la vid, unidos a la realidad y unidos a la verdad, porque lo que fácil o mágicamente viene, fácil y mágicamente se va, sin inmutarnos, pero a su vez sin hacernos crecer.

Unidos a la vid, unidos a Cristo, garantiza la sabia directa para crecer y asirse firmemente, aún si los vientos son violentos o la sequía es dura, es mucho mejor abismalmente que no estar unidos a nada o a ficticias y efímeras fantasías. Por ello indudablemente la gracia es incalculablemente mayor a la magia, además de que la gracia sí es real. 

“Noche Buena”

Lucas 1, 67-79 

En aquel tiempo, Zacarías, padre de Juan, lleno del Espíritu Santo, profetizó diciendo: “Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, y ha hecho surgir en favor nuestro un poderoso salvador en la casa de David, su siervo. 

Así lo había anunciado desde antiguo, por boca de sus santos profetas: que nos salvaría de nuestros enemigos y de las manos de todos los que nos aborrecen, para mostrar su misericordia a nuestros padres y acordarse de su santa alianza. 

El Señor juró a nuestro padre Abraham concedernos que, libres ya de nuestros enemigos, lo sirvamos sin temor, en santidad y justicia delante de él, todos los días de nuestra vida. 

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos y a anunciar a su pueblo la salvación, mediante el perdón de los pecados. 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz”. 

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En esta ocasión les comparto los esquemas para recostar El Niño Dios y la bendición para la cena de Navidad:

PARA ACOSTAR AL NIÑO DIOS

Antes de la Cena de Navidad se reúne la familia junto al Nacimiento.

1.- SE CANTA O SE ESCUCHA UN VILLANCICO

2.- ACTO PENITENCIAL

Guía: Para preparamos a recibir a Dios que se hizo hombre para salvamos, reconozcamos que somos pecadores y que necesitamos su salvación.

Todos: Yo confieso ante Dios todopoderoso..

3.- LECTURA DEL EVANGELIO

Guía: Recordemos lo que pasó aquella bendita noche hace casi 2,000 años:

Evangelio según san Lucas 2,1-14:

En esos días, el emperador dictó una ley que ordenaba hacer un censo en todo el imperio. Este primer censo se hizo cuando Quirino era gobernador de la Siria. Todos iban a inscribirse a sus respectivas ciudades. También José, como era descendiente de David, salió de la ciudad, de Nazaret de Galilea y subió a Judea, a la ciudad de David, llamada Belén, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. Cuando estaban en Belén llegó el día en que debía tener su hijo. Y dio a luz a su primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la sala común.

En la región había pastores que vivían en el campo y que por la noche se turnaban para cuidar sus rebaños. El ángel del Señor se les apareció y los rodeó de claridad la gloria de Dios. Como estaban muy asustados, el ángel les dijo: «No teman, pues he venido para comunicarles una buena nueva que será motivo de alegría para todo el pueblo: Hoy ha nacido para ustedes en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo Señor. En esto lo reconocerán: hallarán a un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

De pronto una multitud de seres celestiales aparecieron en torno al ángel, y cantaban a Dios: Gloria a Dios en lo más alto del cielo y en la tierra, gracia y paz a los hombres. Palabra del Señor.

Todos: Gloria a ti, Señor Jesús.

4.- ACOSTAMIENTO DEL NIÑO

Guía: Antes de colocarlo en el nacimiento, “X” (el más pequeño de la familia) va a darnos a besar al Niño Dios

5- VILLANCICO.- (Se canta o se escucha mientras se besa al Niño). Al terminar

6- PETICIONES

A cada petición responderemos Todos: Te lo pedimos, Señor.

Guía: Pidámosle al Niño Dios que así como es el centro de este nacimiento hoy, sea todos: los días el centro de nuestra familia y de nuestra vida.

Guía: Que Jesús, pudiendo nacer rico quiso nacer pobre, nos enseñe a estar contentos con lo que tenemos.

Guía: Que Jesús, que vino a perdonamos, nos enseñe a no ser rencorosos con los demás.

Guía: Que él, que vino a fundar la mejor familia del mundo haga que en la nuestra reine siempre el amor, la unión y el deseo de ayudarnos mutuamente y a las demás familias.

Guía: Que él, que nació en una cueva porque no hubo lugar en la posada para su familia, se acuerde en esta noche de tantos niños para los que no hay lugar en los hogares, de tantos hombres y mujeres para los que no hay lugar en las fábricas, de tantos refugiados para los que no hay lugar en el mundo y de tantos indígenas para los que no hay lugar en nuestro mundo moderno.

7.- VILLANCICO FINAL

¡Que nuestro Señor Jesucristo nazca en los corazones de cada uno de ustedes!

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BENDICIÓN DE LA CENA EN LA NOCHEBUENA

Al iniciar la cena:

+En el nombre del Padre, del Hijo y del Espírtu Santo. Amén

Esta noche buena nos reunimos en esta mesa para recordar y celebrar el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo.

Te damos gracias Señor, Dios Padre Omnipotente, porque por tu bondad en una noche como ésta, permitiste que tu Único hijo se hiciera hombre para liberarnos del yugo del pecado.

Gracias, Padre Nuestro, por el cariño de predilección que nos tienes, aún sin merecerlo.

Gracias, Jesús Nuestro Señor, porque nos enseñaste a ser humildes naciendo en un pesebre cuando podías haber nacido en un palacio. Enséñanos a ser como tú, humildes y mansos de corazón.

Gracias, San José, hombre recto y justo que acogiste con generosidad al Hijo del Altísimo y que protegiste con amor y devoción a la Santa Madre de Dios.

Gracias Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, por haber dicho “Si” cuando el ángel te anunció la voluntad del Padre.

En esta Noche Santa, te pedimos Señor por nuestras necesidades:

Te pedimos por la Santa Iglesia Católica, por el Sumo Pontífice, por los Obispos, por los Sacerdotes, por los diáconos, por los misioneros, por los religiosos y por todos aquellos hermanos que han entregado su vida para predicar el Evangelio.

Te pedimos la Paz del mundo.

Te pedimos por nuestra Patria y por nuestros gobernantes, para que sepan guiar con prudencia y justicia a nuestra nación.

Te pedimos Señor por nuestra familia, por nuestros amigos, por nuestros compañeros de trabajo, por nuestros empleados.

Señor, Dios del Universo, te damos gracias por estos alimentos que por tu bondad recibimos de tus manos. Te pedimos por los pobres del mundo que no pueden, en esta Noche Santa, cenar como nosotros cenamos. Te pedimos por ellos, y por nosotros para que aprendamos a compartir los bienes que nos das todos los días, para que a ejemplo de Jesucristo Señor nuestro, sepamos vivir la caridad con nuestro prójimo todos los días de nuestra vida.

Bendícenos, Señor, y bendice estos alimentos. El Rey de la Gloria Eterna nos haga partícipes de Su mesa Celestial.

Contestan todos: Amén

Al terminar la Cena

Te damos gracias Omnipotente Dios por todos tus beneficios en esta Noche Santa. Haz que cada uno de nosotros en esta familia sepamos acercarnos a ti como un niño que necesita de Tu auxilio, tu que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Contestan todos: Amén

“María visita a su prima Isabel”

Lucas 1, 39-45

En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno.

Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿ Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor”.

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En el misterio de la Visitación, el preludio de la misión del Salvador

Catequesis mariana

San Juan Pablo II

2 de octubre de 1996

En el relato de la Visitación, san Lucas muestra cómo la gracia de la Encarnación, después de haber inundado a María, lleva salvación y alegría a la casa de Isabel. El Salvador de los hombres oculto en el seno de su Madre, derrama el Espíritu Santo, manifestándose ya desde el comienzo de su venida al mundo.

El evangelista, describiendo la salida de María hacia Judea, use el verbo anístemi, que significa levantarse, ponerse en movimiento. Considerando que este verbo se use en los evangelios pare indicar la resurrección de Jesús (cf. Mc 8, 31; 9, 9. 31; Lc 24, 7.46) o acciones materiales que comportan un impulso espiritual (cf. Lc 5, 27¬28; 15, 18. 20), podemos suponer que Lucas, con esta expresión, quiere subrayar el impulso vigoroso que lleva a María, bajo la inspiración del Espíritu Santo, a dar al mundo el Salvador.

El texto evangélico refiere, además, que María realice el viaje “con prontitud” (Lc 1, 39). También la expresión “a la región montañosa” (Lc 1, 39), en el contexto lucano, es mucho más que una simple indicación topográfica, pues permite pensar en el mensajero de la buena nueva descrito en el libro de Isaías: “¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que anuncia salvación, que dice a Sión: ‘Ya reina tu Dios’!” (Is 52, 7).

Así como manifiesta san Pablo, que reconoce el cumplimiento de este texto profético en la predicación del Evangelio (cf. Rom 10, 15), así también san Lucas parece invitar a ver en María a la primera evangelista, que difunde la buena nueva, comenzando los viajes misioneros del Hijo divino.

La dirección del viaje de la Virgen santísima es particularmente significativa: será de Galilea a Judea, como el camino misionero de Jesús (cf. Lc 9, 51).

En efecto, con su visita a Isabel, María realiza el preludio de la misión de Jesús y, colaborando ya desde el comienzo de su maternidad en la obra redentora del Hijo, se transforma en el modelo de quienes en la Iglesia se ponen en camino para llevar la luz y la alegría de Cristo a los hombres de todos los lugares y de todos los tiempos.

El encuentro con Isabel presenta rasgos de un gozoso acontecimiento salvífico, que supera el sentimiento espontáneo de la simpatía familiar. Mientras la turbación por la incredulidad parece reflejarse en el mutismo de Zacarías, María irrumpe con la alegría de su fe pronta y disponible: “Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel” (Lc 1, 40).

San Lucas refiere que “cuando oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno” (Lc 1, 41). El saludo de María suscita en el hijo de Isabel un salto de gozo: la entrada de Jesús en la casa de Isabel, gracias a su Madre, transmite al profeta que nacerá la alegría que el Antiguo Testamento anuncia como signo de la presencia del Mesías.

Ante el saludo de María, también Isabel sintió la alegría mesiánica y “quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: ‘Bendita tu entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno'” (Lc 1, 41¬42).

En virtud de una iluminación superior, comprende la grandeza de María que, más que Yael y Judit, quienes la prefiguraron en el Antiguo Testamento, es bendita entre las mujeres por el fruto de su seno, Jesús, el Mesías.

La exclamación de Isabel “con gran voz” manifiesta un verdadero entusiasmo religioso, que la plegaria del Avemaría sigue haciendo resonar en los labios de los creyentes, como cántico de alabanza de la Iglesia por las maravillas que hizo el Poderoso en la Madre de su Hijo.

Isabel, proclamándola “bendita entre las mujeres” indica la razón de la bienaventuranza de María en su fe: “¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!” (Lc 1, 45). La grandeza y la alegría de María tienen origen en el hecho de que ella es la que cree.

Ante la excelencia de María, Isabel comprende también qué honor constituye pare ella su visita: “De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?” (Lc 1, 43). Con la expresión “mi Señor”, Isabel reconoce la dignidad real, más aun, mesiánica, del Hijo de María. En efecto, en el Antiguo Testamento esta expresión se usaba pare dirigirse al rey (cf. IR 1, 13, 20, 21, etc.) y hablar del rey-mesías (Sal 110, 1). El ángel había dicho de Jesús: “EI Señor Dios le dará el trono de David, su padre” (Lc 1, 32). Isabel, “llena de Espíritu Santo”, tiene la misma intuición. Más tarde, la glorificación pascual de Cristo revelará en qué sentido hay que entender este título, es decir, en un sentido trascendente (cf. Jn 20, 28; Hch 2, 34-36).

Isabel, con su exclamación llena de admiración, nos invita a apreciar todo lo que la presencia de la Virgen trae como don a la vida de cada creyente.

En la Visitación, la Virgen lleva a la madre del Bautista el Cristo, que derrama el Espíritu Santo. Las mismas palabras de Isabel expresan bien este papel de mediadora: “Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo saltó de gozo el niño en mi seno” (Lc 1, 44). La intervención de María produce, junto con el don del Espíritu Santo, como un preludio de Pentecostés, confirmando una cooperación que, habiendo empezado con la Encarnación, esta destinada a manifestarse en toda la obra de la salvación divina.

“Lo gratuito con ganancias”

“Lo gratuito con ganancias”

Mateo: 9, 36-10, 8

En aquel tiempo, al ver Jesús a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos: “La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos”.

Después, llamando a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias.

Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero de todos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el cananeo, y Judas Iscariote, que fue el traidor. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: “No vayan a tierra de paganos ni entren en ciudades de samaritanos. Vayan más bien en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos. Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios. Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente”. 

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Por lo general en nuestro esquema de vida social actual, todo tiene un precio, todo se compra y todo se vende, hasta la historia tiene un precio y el futuro no se diga, hasta la vida la tenemos asegurada económicamente hablando.

Se le menosprecia a lo que tiene poco valor cuando en realidad no todo se mide en términos monetarios, porque en ese mundo la cotización cambia a cada minuto y siempre se busca la mayor ganancia.

No olvidemos que Dios nos ha regalado dones con los que no se puede lucrar, pero si podemos crecer y hasta usufructuar para nuestro bien y el de la comunidad. Habiendo basta necesidad de esos valores espirituales que complementan a la persona, se pretenden saciar con cosas caras, pero vacías de contenido, que nos hacen girar en una eterna búsqueda si no tomamos lo que realmente nuestro ser necesita.

Aquí es donde Jesús encuentra a las personas tan vacías y cansadas, como ovejas sin pastor que les dé lo que necesitan, sino que abusan de sus vacíos pretendiendo rellenarlos de cosas ufanas.

Olvidamos que la gratuidad de los dones así como su administración en el mismo término de lo no negociable, genera mucha más riqueza que en su momento retribuye hasta en lo físico y material; un don bien administrado genera primeramente santidad y gracia, para posteriormente Dios Padre providente, asistirlo con lo necesario para que siga adelante.

Siempre lo gratuito genera múltiples ganancias en todos los aspectos, no lo despreciemos, porque si te quedas tan sólo con lo material, cuando se termina, en realidad quedas vacío, en pobreza y soledad, cosa que no acontece así con lo espiritual.

“Sin desaprovechar la gracia”

“Sin desaprovechar la gracia”

Marcos: 6, 1-6

En aquel tiempo, Jesús fue a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba se preguntaba con asombro: “¿Dónde aprendió este hombre tantas cosas? ¿De dónde le viene esa sabiduría y ese poder para hacer milagros? ¿Qué no es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas?” Y estaban desconcertados.

Pero Jesús les dijo: “Todos honran a un profeta, menos los de su tierra, sus parientes y los de su casa”. Y no pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y estaba extrañado de la incredulidad de aquella gente. Luego se fue a enseñar en los pueblos vecinos.

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No es raro descubrir que el lugar en donde menos podemos dar testimonio, es precisamente con los nuestros, los que nos conocen y dicen amarnos, a su vez los que de igual manera se empecinan en no dejarnos crecer.

La situación que suele imperar es el desconcierto, ya que la persona en cuestión se sale de nuestros comunes esquemas en que se le cataloga, y aceptar una nueva realidad, precisa de la asimilación dedicada, lo cual ante la falta de paciencia, se opta por el rechazo.

Por lo que en lo que la misma gente que conoce personalmente a Jesús de hace tiempo lo asimila, el tiempo apremia y va a dar a conocer el Reino a otras regiones donde haya un corazón y una mente más abierta y sin las limitaciones del desconcierto.

Es por ello que no deja Jesús sin desaprovechar la gracia, va precisamente donde se necesita y dará frutos su prédica, es decir, a los pueblos vecinos. La vida es muy corta como para desperdiciar los momentos que se nos dan junto con las oportunidades de crecer, hay que caminar, no limitarnos a lo que digan y nos frenen los demás.

“El Bautismo del Señor”

“El Bautismo del Señor”

Mateo: 3, 13-17

En aquel tiempo, Jesús llegó de Galilea al río Jordán y le pidió a Juan que lo bautizara. Pero Juan se resistía, diciendo: “Yo soy quien debe ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a que yo te bautice?” Jesús le respondió: “Haz ahora lo que te digo, porque es necesario que así cumplamos todo lo que Dios quiere”. Entonces Juan accedió a bautizarlo.

Al salir Jesús del agua, una vez bautizado, se le abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios, que descendía sobre él en forma de paloma y oyó una voz que decía desde el cielo: “Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias”.

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Normalmente el domingo que sigue a la fiesta de la Epifanía es dedicado a celebrar el bautismo de Cristo, este año se celebra el domingo 13 de enero y señala la culminación de todo el ciclo natalicio o de la manifestación del Señor. Es también el domingo que da paso al tiempo durante el año, llamado también tiempo ordinario.

Cuando Cristo se metió en la cola para esperar su turno de ser bautizado, seguramente San Juan Bautista no sabía que hacer. Llegó el Mesías delante de él y pidió el bautismo. El Bautista exclamó: “Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿tú vienes a mí?” (Mt 3,14). El Catecismo hace referencia a esta actitud humilde de Cristo en el n.536:

Hay una diferencia importante entre los dos bautismos: 

El de Juan: con agua, exterior, signo de arrepentimiento para el perdón de los pecados.

El de JESÚS: con Espíritu Santo, renovación interior que nos hace “partícipes de la naturaleza divina”

“No soy digno ni siquiera de desatar la correa de su sandalia…” trabajo reservado al más inútil de los esclavos… Juan destaca la infinita distancia entre él y Jesús…

¿Porqué entonces Jesús se hace bautizar por Juan? [es una escena tan impresionante, que podría resultar incomprensible, y hasta escandalosa]…

Pero admitámoslo, y descubramos nuevamente el “modo” que Dios emplea para salvarnos: hoy se pone en la fila de los pecadores, y aunque no lo necesitaba, se somete también a un bautismo de penitencia… Se ha hecho semejante a nosotros en todo, y por eso no se avergüenza de colocarse en la fila de aquellos que se preparaban para la llegada del Reino de Dios… así como tampoco se avergonzó de nosotros cuando tomó sobre sí todos nuestros pecados, y subió a la Cruz como si fuese un delincuente…

Pero el bautismo que recibió Jesús fue muy “especial”: ciertos hechos nos indican que con Él comienza un nuevo bautismo:

El cielo abierto (ya nunca más cerrado por los pecados, como hasta este momento) Es decir, comienza una nueva etapa de relación entre Dios y los hombres: el Cielo viene a nosotros, y nosotros vamos allá: viene con Cristo y el Espíritu Santo. Llega todo, porque Dios mismo viene, y Él será para nosotros y nos dará todo. Estamos frente al comienzo de una nueva humanidad, divinizada.

En la proposición que San Marcos hace en su Evangelio, el Padre no “presenta” a su Hijo (“Éste es mi Hijo amado”), sino que se dirige a Él (“Tú eres mi Hijo…”): Cristo nos representa a todos, que desde ese momento pasamos a ser hijos amados, complacencia del Padre… Cuando somos bautizados, esta vocación eterna se verifica efectivamente, verdaderamente: somos una nueva creación. Por lo tanto, nuestra dignidad, nuestra gloria, y nuestro compromiso pasa por VIVIR NUESTRO BAUTISMO…

“Éste es mi Hijo” (Evang.)… “Éste es el servidor sufriente” (Iª lect.)…

Sigamos a Cristo por la Cruz a la Luz.

Fuente: es.Catholic.net

“Un Dios de vida y de vivos”

“Un Dios de vida y de vivos”

Lucas 20, 27-38 

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: —«Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con e11a.» Jesús les contestó: —«En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor “Dios de Abrahám, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos.»

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No hay que dejar de pasar por desapercibido el conocimiento acerca de la vida, ya que Dios nos revela el que hemos sido creados participativa mente de su propia vida, y donde ésta de la misma manera viene a ser eterna, porque Dios no creó la muerte, sino que fue el resultado consecuente de vivir separados en desobediencia y en pecado. 

Aunque nuestra esperanza aspira siempre a lo superior, tendemos a anclarnos a lo material a tal grado de poner nuestra total confianza en los bienes materiales palpables, donde por consecuencia vivimos cuidándolos, con un temor a perderlos y a su vez enfatizando toda una tragedia cuando llega la muerte natural y física, porque no podemos llevarnos nada de eso.

Por consecuencia la muerte se toma como el final de todo, claro lo material, olvidando que nuestra alma es eterna, y que Dios en su eterno designio ha otorgado la oportunidad de en ésta vida elegir retornar a la casa eterna de nuestro Padre o permanecer en la obscuridad eterna, junto con el maligno y sus seguidores.

Si la muerte fuera el final, sería un absurdo innecesario el orar por los difuntos, pero como sabemos que viven, nuestro deber es orar por ellos, para que alcancen la meta prometida más prontamente, ya que Dios es precisamente un Dios de vivos y no de muertos, pues en realidad todos viven, excepto aquellos que eligen la muerte eterna.

Allá es a donde debemos mirar, y no tan sólo al miedo a la muerte cuando pensamos que ahí será el final, porque no lo es, ya que Él es el Dios de la vida y de los vivos que buscan cuidar su eternidad.

“Un regalo que no se rechaza”

“Un regalo que no se rechaza”

Juan: 3, 31-36

El que viene de lo alto está por encima de todos; pero el que viene de la tierra pertenece a la tierra y habla de las cosas de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. Da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. Aquel a quien Dios envió habla las palabras de Dios, porque Dios le ha concedido sin medida su Espíritu.

El Padre ama a su Hijo y todo lo ha puesto en sus manos. El que cree en el Hijo tiene vida eterna. Pero el que es rebelde al Hijo no verá la vida, porque la cólera divina perdura en contra de él.

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Uno de los conceptos que conocemos como propiedades de Dios es la generosidad, en la que sin dudar sabe darnos todo cuanto necesitamos, a veces decimos que desmedidamente, pero eso es falso, ya que no desborda ni desparrama gracias al por mayor porque por un lado se pueden desperdiciar y por el otro nos pueden mal imponer a tener en exceso y ni una ni otra son buenas.

Por ello, la medida del Señor para dar y darse es tan basta que da a plenitud, por lo que cuando más se le pide, más otorga siempre en el consecuente aprovechamiento, y ahí es donde no se mide, sino que da lo justo y necesario, que jamas es limitado de tal manera que no sacie.

En este evangelio de San Juan nos revela cómo el mismo Padre en esa expresión siempre de amor, nos entrega a su propio Hijo, que a su vez lo ama entrañablemente y con toda la confianza del mundo le otorga el regalo de rescatarnos y recuperar la vida eterna, así como librarnos del pecado. 

Pero si rechazamos ese regalo, el que se torna rebelde, no significa que Dios lo castigue y condene, sino que quien lo rechaza a su vez rechaza su amor, su gracia, su perdón, sus dones, su luz y su verdad, por ello nos lo dice “no verá la vida” pero por propia negación de quien no lo acepta, entonces al estar alejado de Dios, todo se torna en vacío y oscuridad, y esa tan mentada cólera de Dios, será tan terrible, pero no por que Dios la infunda, sino por el horror de saberse y experimentar el no estar en Él.

Es por eso que un regalo así no se rechaza, y si se rechaza quedas no tan solo sin regalo, sino en el vacío.

“Trabajando hasta tarde y nada”

“Trabajando hasta tarde y nada”

Lucas 5, 1-11

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret; y vio dos barcas que estaban junto a la orilla: los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: —Rema mar adentro y echad las redes para pescar.

Simón contestó: —Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.

Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande, que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: —Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.

Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: —No temas: desde ahora serás pescador de hombres.

Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

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Es muy duro pensar cuánto nos hemos esforzado para que las cosas salgan bien, para que nos vaya mejor, para que sanen nuestros seres queridos enfermos, sin embargo cuando llegamos a la fatiga, solemos bajar la defensa y manifestar el cansancio a más no poder, sobre todo por nuestras debilidades y aquello que en su momento toleramos, pero que ya no.

Ciertamente la tendencia en medio de la vulnerabilidad es a dejarlo todo y librarnos de los pesos que acarrean nuestras propias responsabilidades, en su momento sería una salida rápida, pero falsa. Digo falsa porque no estamos realmente atendiendo el problema y, en su momento suele manifestarse aún mayor e insoluto, claro, son su respectivo volver a empezar y restaurar nuevamente el daño desatendido.

Ésta tendencia es muy normal, pero Jesús nos invita a desviarnos a una solución más eficaz, y esa es, que aunque estemos trabajando en conjunto con otros en la misma situación, hay que dejarse ayudar y tomar los consejos de aquellos que están fuera de tu dolor y tu contexto, aquellos que lo ven de una manera alternativa y no necesariamente remarcando el dolor, sino dando una propuesta mayor que traerá mejores resultados.

Pretextos para justificarnos los vamos a tener siempre por el cansancio, sin embargo claramente en el evangelio ante la sugerencia de Jesús, y su negativa de hacerlo, optan por hacerlo en “su nombre, confiados en su palabra”, con resultados superiores y no esperados.

Por ello, aunque estés cansado y no hayas dejado de trabajar tus situaciones a veces nos falta una segunda opinión, la de alguien que tenga mejor óptica, y qué mejor la del Señor Jesús, para acercarnos a Él y hacerlo en su nombre.