“Inconformidades crónicas”

“Inconformidades crónicas”

Lucas 7, 31-35

En aquel tiempo, dijo el Señor: «¿A quién se parecen los hombres de esta generación? ¿A quién los compararemos? Se parecen a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros: “Tocamos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis”. Vino Juan el Bautista, que ni comía ni bebía, y dijisteis que tenía un demonio; viene el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: “Mirad qué comilón y qué borracho, amigo de recaudadores y pecadores”. Sin embargo, los discípulos de la Sabiduría le han dado la razón».

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Muchas veces he escuchado, sobre todo a gentes mayores decir que todo tiempo pasado fuer mejor, no creo que sea una simple queja, ya que a su vez está revelando un estancamiento en alguna etapa de su vida, de suyo solemos maximizar los momentos vividos durante la adolescencia – juventud, porque en realidad teníamos un mundo de soporte dependiente de los padres y los amigos, con casi cero responsabilidades, por ellos nos era bello.

Sin embargo los tiempos siempre van dando algo nuevo y mejor, es un hecho que cambian las costumbres y en realidad eso es lo que duele, desearíamos que todo fuera como se dio en la etapa del desarrollo personal. Llegamos a una pasividad estática porque hasta en los gustos de música, seguimos escuchando las mismas canciones de antaño siendo herméticos a la novedad que trae cosas muy buenas.

Aquí es cuando si no vamos madurando según la etapa de vida que nos vaya tocando, estaremos pretendiendo que todo confluya a nuestra zona de confort, y cuando no lo logramos vienen las inconformidades, que pueden llegar a manifestarse desde el disgusto por el nuevo lenguaje hasta el reclamo de la propia vida y a todo lo que se nos cruce en el camino.

Es por ello que resulta importante definir, analizar, aceptar y vivir las circunstancias actuales, porque si no, caeremos en la indiferencia mal educada que quejumbrosa de  quien todo lo ve mal, ya como parte de nuestro ser. El Señor da la sabiduría para asimilar dichos sucesos y etapas, pero si nos conformamos con tan sólo la experiencia humana, quedaremos frustrados y limitados al no permitirnos crecer más. Hay que acercarnos a Jesús, los sacramentos, la Sagrada Escritura, la oración, para no ser parte del montón que ni pichan, ni cachan, ni dejan batear, sino todo lo contrario, porque con su sabiduría y gracia nada es imposible y todo se ve de buenas.

“La mania de Juzgar”

“La mania de Juzgar”

Mateo: 5, 33-37

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Han oído que se dijo a los antiguos: No jurarás en falso y le cumplirás al Señor lo que le hayas prometido con juramento. Pero yo les digo: No juren de ninguna manera, ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es donde él pone los pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran Rey.

Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes hacer blanco o negro uno solo de tus cabellos. Digan simplemente sí, cuando es sí; y no, cuando es no. Lo que se diga de más, viene del maligno”.

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Es normal que la manera de interpretar la realidad, los pensamientos, las acciones y al mismo Dios, varía en cada persona según sea su experiencia de vida y formación académica, como una forma de expresar su sentir y pensar muy personal.

Solemos juzgar todos los acontecimientos y las cosas con nuestro criterio pensando que es el correcto, sin embargo no en muchas ocasiones acertamos, solemos equivocarnos aún pensando que estamos en lo correcto, la razón es manifiesta cuando no se tiene toda la información de manera verídica.

Sin embargo nuestros juicios en realidad nos comprometen, porque somos responsables de cuanto hagamos y digamos, a veces perdemos la conciencia de hasta donde pueden llegar las consecuencias de nuestros actos y de nuestras palabras, ya sean buenos o malos, se convierte en una manía el juzgar.

Una actitud sana y cristiana es no juzgar, no criticar, no intervenir en asuntos que no nos pertenecen, ni los conocemos, porque al hacerlos nuestros sufrimos, pudiendo evitarlo sin pensar negativamente de algo o alguien y así no perder la paz.

“Justificar mi error”

“Justificar mi error”

Mateo: 5, 27-32

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Han oído que se dijo a los antiguos: No cometerás adulterio. Pero yo les digo que quien mire con malos deseos a una mujer, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Por eso, si tu ojo derecho es para ti ocasión de pecado, arráncatelo y tíralo lejos, porque más te vale perder una parte de tu cuerpo y no que todo él sea arrojado al lugar de castigo. Y si tu mano derecha es para ti ocasión de pecado, córtatela y arrójala lejos de ti, porque más te vale perder una parte de tu cuerpo y no que todo él sea arrojado al lugar de castigo. También se dijo antes: El que se divorcie, que le dé a su mujer un certificado de divorcio. Pero yo les digo que el que se divorcia, salvo el caso de que vivan en unión ilegítima, expone a su mujer al adulterio, y el que se casa con una divorciada comete adulterio”.

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La norma divina jamás es impositiva ni inquisidora, por el contrario, es propositiva y siempre en pro de cuidar nuestra dignidad y santidad. Aunque los preceptos se den en forma de negación, en realidad son una manera de comunicarnos evitar aquello que nos hace daño permanente.

Aunque se va cayendo en faltas cada vez más comunes, se va adormeciendo la conciencia al ver que gran parte de las personas con las que convivimos cometen los mismos errores y justificándose hasta con el mismo hecho de cambiar la ley para hacerlo ordinario y que no duela la conciencia social, aunque la personal no se puede acallar, pero sí disfrazar.

Hoy por todos lados queremos y tenemos pretextos para justificar nuestros errores y faltas, a tal grado de que si no piensan a mi manera y con mi moral laxa, hasta renuncio a Dios o cambio de religión porque no deseo cumplir la norma ordinaria que hemos violado y no queremos salir de ella.

Es por ello necesario no ceder al más mínimo pecado, basta con reconocerlo sin hacer aspavientos, con la verdad de lo que es y listo, para que luego no pretendamos justificarlo como si fuera permisivo y querer imponerlo a los demás, porque tenemos responsabilidad de nuestro ser y de aquellos que afectemos.

“¿Qué pedimos?”

“¿Qué pedimos?”

Mateo: 20, 17-28

En aquel tiempo, mientras iba de camino a Jerusalén, Jesús llamó aparte a los Doce y les dijo: “Ya vamos camino de Jerusalén y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, que lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; pero al tercer día, resucitará”.

Entonces se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo, junto con ellos, y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: “¿Qué deseas?” Ella respondió: “Concédeme que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, en tu Reino”. Pero Jesús replicó: “No saben ustedes lo que piden. ¿Podrán beber el cáliz que yo he de beber?” Ellos contestaron: “Sí podemos”. Y él les dijo: “Beberán mi cáliz; pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; es para quien mi Padre lo tiene reservado”.

Al oír aquello, los otros diez discípulos se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: “Ya saben que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. Que no sea así entre ustedes. El que quiera ser grande entre ustedes, que sea el que los sirva, y el que quiera ser primero, que sea su esclavo; así como el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida por la redención de todos”.

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No deja de ser natural la búsqueda de crecimiento en todos los aspectos de nuestra vida, ya que Dios nuestro Padre y creador nos ha dado la capacidad para ello, aunque no deja de haber tiempos y circunstancias en las que no nos mueve el hacer nada al respecto.

Motivaciones las tenemos en todo momento y en todo lugar, las oportunidades no dependen de que nos lleguen caídas del cielo, mientras tengamos vida y salud, el tiempo es ya una plena oportunidad y el resto en muy buena parte depende de nosotros.

Aunque por lo general aquellos ejemplos que se ponen como primordiales es a la obtención de bienes materiales, cuando le siguen todas aquellas que atañen al aparecer, dejando por olvidadas aquellas que nos invitan al ser.

Inverso es el proceso de la cultura de este mundo a los valores divinos, que tanto valen unos como otros para el fin deseado, que no deja de ser la misma salvación de la persona.

Es por ello que no dejemos de ubicar y saber utilizar en su momento aquello que pedimos, que no abarque tan sólo un aspecto, sino la integridad de nuestro ser, alma y cuerpo.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    

“El demonio de la ignorancia”

El demonio de la ignorancia”

Marcos: 9,14-29

En aquel tiempo, cuando Jesús bajó del monte y llegó al sitio donde estaban sus discípulos, vio que mucha gente los rodeaba y que algunos escribas discutían con ellos. Cuando la gente vio a Jesús, se impresionó mucho y corrió a saludarlo.

Él les preguntó: “¿De qué están discutiendo?” De entre la gente, uno le contestó: “Maestro, te he traído a mi hijo, que tiene un espíritu que no lo deja hablar; cada vez que se apodera de él, lo tira al suelo y el muchacho echa espumarajos, rechina los dientes y se queda tieso. Les he pedido a tus discípulos que lo expulsen, pero no han podido”.

Jesús les contestó: “¡Gente incrédula! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganme al muchacho”. Y se lo trajeron. En cuanto el espíritu vio a Jesús, se puso a retorcer al muchacho; lo derribó por tierra y lo revolcó, haciéndolo echar espumarajos. Jesús le preguntó al padre: “¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto?” Contestó el padre: “Desde pequeño. Y muchas veces lo ha arrojado al fuego y al agua para acabar con él. Por eso, si algo puedes, ten compasión de nosotros y ayúdanos”. Jesús le replicó: “¿Qué quiere decir eso de ‘si puedes’? Todo es posible para el que tiene fe”. Entonces el padre del muchacho exclamó entre lágrimas: “Creo, Señor; pero dame tú la fe que me falta”. Jesús, al ver que la gente acudía corriendo, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: “Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: Sal de él y no vuelvas a entrar en él”. Entre gritos y convulsiones violentas salió el espíritu. El muchacho se quedó como muerto, de modo que la mayoría decía que estaba muerto. Pero Jesús lo tomó de la mano, lo levantó y el muchacho se puso de pie.

Al entrar en una casa con sus discípulos, éstos le preguntaron a Jesús en privado: “¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?” Él les respondió: “Esta clase de demonios no sale sino a fuerza de oración y de ayuno”.

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Muchos en nuestros días se profesan ateos, libres pensadores y hasta enemigos de la fe con un antiteísmo expreso. Lo cual no extirpa a nadie de las consecuencias del maligno y sus insidias.

Por lo que uno de los males que más atacan en nuestro mundo es la falta de conocimientos en todos los ámbitos de la vida, ya no se procura que se conozca la verdad, sino que se le oculta con fines de manipulación presentando medias verdades tendenciosas.

A Jesús le incomoda toda esa gente que no quiere saber para no comprometerse con la verdad, prefiere vivir en el qué dirán y en el vaivén de las ideas por miedo a ser y a pensar de manera auténtica. 

Es muy conveniente para el maligno que no se conozca la verdad, así presenta la mentira como la mejor opción, y se actué con total ignorancia tanto vencible como invencible. Por ello Jesús enfatiza todo lo que hay que enseñar y hacer ver, su expresión de cansancio en un trabajo que parece interminable lo dice todo: “¡Gente incrédula! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos?”. Cuando el muchacho no está endemoniado, sino que es epiléptico, y es mejor echar la culpa al maligno para no obrar con consecuencia y responsabilidad de los que lo cuidan.

Esos demonios de la ignorancia que imperan en muchos medios y culturas son los que hay que expulsarlos, pero sobre todo con ayuno y oración, para que nos permitan unirnos a la verdad, aquella que se nos presenta en su Jesús, el Hijo de Dios.

“Indiferencias”

“Indiferencias”

Lucas: 7, 31-35

En aquel tiempo, Jesús dijo: “¿Con quién compararé a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? Se parecen a esos niños que se sientan a jugar en la plaza y se gritan los unos a los otros: ‘Tocamos la flauta y no han bailado, cantamos canciones tristes y no han llorado’.

Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan ni bebía vino, y ustedes dijeron: ‘Ése está endemoniado’. Y viene el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: ‘Este hombre es un glotón y un bebedor, amigo de publicanos y pecadores’. Pero sólo aquellos que tienen la sabiduría de Dios, son quienes lo reconocen”.

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Parece que la salud pública se ha incrementado considerablemente al grado de erradicar ciertas afectaciones gracias a la prevención con las vacunas, más sin embargo, utilizando la misma analogía, ante tanta situación de pobreza, necesidad, abusos, desvío de recursos, entre otros más, parece que a su vez ya estamos vacunados ante el sufrimiento de los demás.

Parece que ya nada nos mueve, hemos caído en múltiples indiferencias a diferentes niveles, en cierta medida es bueno, porque no deja de ser una protección contra abusos, pero deja lugar a la duda entre la urgente necesidad y el abuso.

Un recurso que no falla ante tales indiferencias, es saber canalizar la ayuda que se solicita, y ello consiste en no dar lo que se pide, sino un equivalente con el que no se pueda lucrar. Entonces verás la reacción de la personas que lo solicita y sabrás si es real o no la necesidad.

Pero no dejemos que la indiferencia nos invada, hay que conservar los sentimientos, pero a su vez hay que solicitar la sabiduría para discernir ante dichas situaciones, a veces hasta incómodas. No olvides que la obra o ayuda que brindes nunca va hacerte quedar bien, lo importante es lo que se hace y lo que se es, porque eso de hacer las cosas para dar gustos nunca funciona a su vez que resulta en realidad innecesario.

Sin embargo quien ha ejercitado y solicitado la sabiduría de Dios, es quien lo reconoce.

“El horror de permanecer iguales”

“El horror de permanecer iguales”

Juan: 12, 24-26

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro que si el grano de trigo sembrado en la tierra no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna.
El que quiera servirme, que me siga, para que donde yo esté, también esté mi servidor. El que me sirve será honrado por mi Padre”.

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En el mundo se manifiestan y conocen cada vez más las culturas, de tal manera que aquellas económicamente dominantes pretenden imponerse, sobre todo cuando no las dejan crecer e intentan mantenerlas en una cultura adolescente, por cierto, para lo fines ya conocidos de la manipulación.

Si ponemos atención, todo el humor que nos viene de las películas gringas e incluso casi toda su producción, nos presentan a los adultos muy abiertos y cómicos que viven una vida tan odiaría como lo es su ignorancia y estupidez, pero sobre todo poniéndolo como modelo de a seguir en una eterna adolescencia.

Es toda una cultura bombardeada con esas ideas en contra del crecimiento y la madurez, que al final a veces a golpes y caídas llega porque eso es lo real y a lo que hay que llegar, saliendo del esquema de la fantasía. 

Es un horror querer permaneces iguales, el proceso evolutivo y natural del desarrollo humano solicita y exige ir muriendo a ciertas actitudes para tomar nuevas y más plenas,  más maduras, aquellas que al final valen la pena y concuerdan con la felicidad real.

Ya el Señor lo expone aún en la fe, con el ejemplo del grano de trigo, tiene que morir a una etapa, para desarrollarse en otra aún mejor. Por ello, vale la pena vivir cada etapa concorde a la realidad y si es acompañada por la fe en el Señor Jesús, aún mejor.

“El demonio de la ignorancia”

“El demonio de la ignorancia”

Marcos: 9,14-29

En aquel tiempo, cuando Jesús bajó del monte y llegó al sitio donde estaban sus discípulos, vio que mucha gente los rodeaba y que algunos escribas discutían con ellos. Cuando la gente vio a Jesús, se impresionó mucho y corrió a saludarlo.

Él les preguntó: “¿De qué están discutiendo?” De entre la gente, uno le contestó: “Maestro, te he traído a mi hijo, que tiene un espíritu que no lo deja hablar; cada vez que se apodera de él, lo tira al suelo y el muchacho echa espumarajos, rechina los dientes y se queda tieso. Les he pedido a tus discípulos que lo expulsen, pero no han podido”.

Jesús les contestó: “¡Gente incrédula! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganme al muchacho”. Y se lo trajeron. En cuanto el espíritu vio a Jesús, se puso a retorcer al muchacho; lo derribó por tierra y lo revolcó, haciéndolo echar espumarajos. Jesús le preguntó al padre: “¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto?” Contestó el padre: “Desde pequeño. Y muchas veces lo ha arrojado al fuego y al agua para acabar con él. Por eso, si algo puedes, ten compasión de nosotros y ayúdanos”. Jesús le replicó: “¿Qué quiere decir eso de ‘si puedes’? Todo es posible para el que tiene fe”. Entonces el padre del muchacho exclamó entre lágrimas: “Creo, Señor; pero dame tú la fe que me falta”. Jesús, al ver que la gente acudía corriendo, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: “Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: Sal de él y no vuelvas a entrar en él”. Entre gritos y convulsiones violentas salió el espíritu. El muchacho se quedó como muerto, de modo que la mayoría decía que estaba muerto. Pero Jesús lo tomó de la mano, lo levantó y el muchacho se puso de pie.

Al entrar en una casa con sus discípulos, éstos le preguntaron a Jesús en privado: “¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?” Él les respondió: “Esta clase de demonios no sale sino a fuerza de oración y de ayuno”.

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Muchos en nuestros días se profesan ateos, libres pensadores y hasta enemigos de la fe con un antiteísmo expreso. Lo cual no extirpa a nadie de las consecuencias del maligno y sus insidias.

Por lo que uno de los males que más atacan en nuestro mundo es la falta de conocimientos en todos los ámbitos de la vida, ya no se procura que se conozca la verdad, sino que se le oculta con fines de manipulación presentando medias verdades tendenciosas.

A Jesús le incomoda toda esa gente que no quiere saber para no comprometerse con la verdad, prefiere vivir en el qué dirán y en el vaivén de las ideas por miedo a ser y a pensar de manera auténtica. 

Es muy conveniente para el maligno que no se conozca la verdad, así presenta la mentira como la mejor opción, y se actué con total ignorancia tanto vencible como invencible. Por ello Jesús enfatiza todo lo que hay que enseñar y hacer ver, su expresión de cansancio en un trabajo que parece interminable lo dice todo: “¡Gente incrédula! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos?”. Cuando el muchacho no está endemoniado, sino que es epiléptico, y es mejor echar la culpa al maligno para no obrar con consecuencia y responsabilidad de los que lo cuidan.

Esos demonios de la ignorancia que imperan en muchos medios y culturas son los que hay que expulsarlos, pero sobre todo con ayuno y oración, para que nos permitan unirnos a la verdad, aquella que se nos presenta en su Jesús, el Hijo de Dios.

“Proyecto secreto”

“Proyecto secreto”

Mateo: 11, 25-27

En aquel tiempo, Jesús exclamó: “¡Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien. El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”.

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Pareciese que los planes de Dios son misteriosos, ocultos y secretos, que son insondables y que no vale la pena indagarlos ya que resultaría vano hacerlo; pero no es así.

El hecho mismo de que sólo sea revelado a aquellos “a quien el Hijo se lo quiera revelar”, no está en el rubro de la exclusividad, o de la privacidad ultra secreta, para nada, se refiere a que esa gracia, implica una disposición de abrirse a poder ver el gran misterio y gracia de Dios, no es tan sólo una actitud intelectual, sino una actitud de vida, donde aquellos que sostienen su confianza en el Señor, Dios les hace partícipes de sus planes porque entonces así los comprenderán desde el origen de la creación que fue hecha en el amor.

Pero si tan sólo usamos la fría inteligencia, nos quedamos cortos porque su verdad va implícita con la moción transformadora y santificadora de su Palabra, que llena de vida, paz y fortalece los dones haciéndolos crecer.

Es por ello, que quien tan sólo pretende razonar al respecto, no entenderá; es más profundo el conocimiento de Dios, siendo entendido erróneamente como un proyecto secreto, cuando en realidad más claro y abierto no puede ser, pero quienes cierran su ser a dicha plenificación, cierran su participación al don de ciencia y sabiduría que hace comprensible lo divino y con mayor razón la creación material.

“Cambiar algo sin conocerlo”

“Cambiar algo sin conocerlo”

Mateo: 5, 17-19

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley.

Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos”.

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No es ajeno a nuestra capacidad intelectual el rechazar algo sin conocerlo, ya las ciencias no profundizan en su verdad, tan sólo la presentan para hacer conciencia de su existencia, dándonos el lujo de tener un pensamiento antagónico por simple decisión personal.

Situación que se refleja en todo, por ejemplo, se desconoce la fe y se le rechaza como algo impositivo, se rechaza a Dios sin conocerlo, y como niños, rechazamos alimentos sin saber si son sabrosos.

Con la ley es lo mismo, no se le conoce, ni se saben sus cláusulas, párrafos e incisos, nos quedamos con lo genérico y de ahí parte nuestro juicio.

Prácticamente queremos cambiar una ley que de base tiene la novedad de que nunca se ha cumplido, ni conocemos los efectos de aplicarla como tal, situación a la que Jesús se le echa en cara de quererla cambiar, cuando realmente afirma que no viene a suplantar nada, al contrario, viene a que esa ley, esos profetas, inicien a vivirse en su correcto y verdadero sentido, que basta para cambiar el entorno, en vez de modificar algo que aún no se vive ni se conoce.

Jesús pretende usar la ley en su sentido original, con eso basta, sin cambiar nada, para que se viva en plenitud, ya que para ello desde el principio fue dada. No hay que inventar nada, hay que aprovechar lo que ya tenemos, porque si no fuimos capaces de aprovechar lo que se nos dio en el pasado y es aún vigente, entonces mucho menos acataremos y viviremos algo nuevo sin experiencia de ello.