“Suspensos”

“Suspensos”

Juan 10, 22-30

Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón. Los judíos, rodeándolo, le preguntaban: –«¿Hasta cuando nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente».

Jesús les respondió: –«Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ésas dan testimonio de mí. Pero vosotros no creéis, porque no sois ovejas mías. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno».

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Por lo general solemos ser adictos a las tramas y, hablando de géneros literarios o en las mismas producciones visuales como lo es el cine y la televisión, se basan totalmente en ellos, ya que al final de cuentas tan sólo lo que hacen es mover estados de ánimo ficticios u ajenos a nuestra situación personal.

En la vida real nos acontecen las mismas situaciones pero afectándonos de manera más directa y concisa, con sus respectivas reacciones según se encuentre la persona. Hablando más concretamente de los suspensos, se suelen dar precisamente cuando algo se sale de nuestro esquema o domino de situaciones, algo que no controlo y que no se cual vaya a ser su consecuencia inmediata. 

Por ende brota la inseguridad y en cierto grado la ansiedad, algo totalmente natural con sus excepciones. Lo malo de esta situación acontece cuando los suspensos son intencionados, en donde los que entramos en estado de suspensión de la realidad y la verdad somos nosotros, porque el fin deseado y el interés no cuadra con lo que espero ó rompe mi mágico esquema personal, por ello el miedo y el no querer ver las cosas como son, esperamos que sean distintas obsesionadamente cerrados a tal grado que tienen que decirnos claramente con peras y manzanas a detalle para poder asimilarlo y/o deprecarlo.

Esos suspensos suelen llegar frecuentemente cuando no deseamos conocer la verdad de Dios mismo, su ser y su obrar en nosotros, por ello cuando se presenta la situación, viene la crisis de cambio al enfrentarse con la realidad. Eso acontece con la fe, donde no se desea creer aunque sea evidente la presencia y obras de Dios. 

Por eso entramos en suspenso, en temor e inseguridad, todo por no querer sacar de nuestra vida lo que hacemos mal, a lo que en cierta manera nos acostumbramos y lo hacemos nuestra zona de confort. Por ello los “suspensos”.

“Pero no les creyeron…”

“Pero no les creyeron…”

Marcos 16, 9-15

Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando.

Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron.

Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando a una finca.

También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron.

Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: –«Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación».

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De suyo ya es una limitante que ante un testimonio nuestra voluntad no quiera adherirse a la fe que se nos propone en condiciones normales; pues ésta se agrava en medio de las crisis ya que nuestra mente no está tan descansada para asimilar los hechos con las emociones encontradas entres sí.

Es el caso que empapa los escritos evangélicos acerca de la resurrección, es un contexto de incredulidad, pero no de aquella que se ensaña en una orgullosa necedad personal autoimpuesta, sino totalmente movida por la lenta asimilación del torbellino de sucesos que acompañan la muerte y resurrección de Jesús, vividos de manera muy cercana y personal, pero sobre todo impactada por el amor que se le confiesa y el riesgo de la propia muerte de sus discípulos.

Todo esto influyó para que no les creyeran a aquellos que fueron testigos de su resurrección, sino que fue necesario hacerse presente en medio de ellos, sobre todo para continuar y concluir su obra en ellos y en los que creerán posteriormente.

De igual manera habrá que ver que sarta de circunstancias acontecen actualmente en nuestra vida y en la de los demás, para bloquear nuestra mente y corazón a tal grado de negar a aquel que tanto nos ha amado, y dejar de crecer en los valores que brindan mayores gozos, alegrías, paz y felicidad.

Sin embargo Jesús jamás se da por vencido, sino que constantemente nos da su testimonio para reconocer aquello que complemente la vida física y eso es, su propia vida resucitada y eterna, por ello la invitación de los hermanos a proclamar de manera viva y testimonial el Evangelio a toda la creación, ya que nadie queda exento de esta invitación ni de esta gracia.

“Era necesario…”

“Era necesario…”

Lucas 24, 13-35

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos, pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

Él les dijo: –«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?»

Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: –«¿Eres tú el único forastero de Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?»

Él les preguntó: –«¿Qué?

Ellos le contestaron: –«Lo de Jesús de Nazaret, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; como lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace ya dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».

Entonces Jesús les dijo: –«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?»

Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.

Ya cerca de la aldea donde iban, Él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».

Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.

Ellos comentaron: –«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?»

Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: –«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».

Y “Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

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El segmento post pascual de la muerte de Jesús, invariablemente nos lleva a la resurrección, ya que el gozo después de la crisis necesaria, se valora mucho más que si no hubiera pasado nada.

Y es que es necesario enfatizar tanto un valor como lo es otro, y me atrevo a llamarle valor al dolor porque de suyo lleva implícito el descanso y la alegría posteriores que conlleva un crecimiento único en su especie, ya que va adecuado a las circunstancias de la persona en el momento justo donde necesita crecer.

Es por ello necesario que todo aquello que para nosotros acontece como una tragedia negativa en su totalidad, ya que no es sino la parte faltante en medio de un plan que implica un gozo mayor.

Es necesario caer para saber lo que es levantarse, es necesario llorar para reconocer nuestra fragilidad, Es necesario callar para saber escuchar… …es necesario morir para resucitar. 

A veces queremos pasar de largo todos esos momentos duros que nos incomoda y meten en crisis, de suyo hasta llegamos a decir, que si Dios es tan grande, por qué no nos lleva de golpe a la alegría plena, pero es que es necesario conocer la diferencia entre una y otra cosa de la misma manera testimonial y no de oídas ni de pláticas.

Es necesario salir de nuestras crisis para inclusive mirar hacia Dios y reconocerlo ahí dónde parece nunca estar. Pero si vamos como los discípulos de Emaús, cabisbajos y alimentando mutuamente el dolor, jamás conoceremos la opción de la felicidad, por ellos Jesús remarca la diferencia y con toda la caridad del mundo los va guiando hasta dar razón de cada una de las verdades, que aunque no agraden son necesarias.

Es por ello que en tu vida, todo ese dolor, es necesario, de lo contrario, triste tu existencia.

“Qué más pruebas queremos”

“Qué más pruebas queremos”

Marcos 8, 11-13

En aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús, para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo. Jesús dio un profundo suspiro y dijo: —¿Por qué esta generación reclama un signo? Os aseguro que no se le dará un signo a esta generación. Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.

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De suyo ya es una desgracia cuando de antemano para poder creer necesitamos signos y pruebas que en realidad salen sobrando, ya que Dios no necesita probar nada, además de que los signos que solicitados son tan claros y evidentes por doquier que resulta absurdo pedirlos.

Digo absurdo porque en realidad en esa petición se asoman nuestros miedos e inseguridades que no soltamos si es que no nos prendemos de otras, que más que convencernos en realidad nos encandilan, predisponiendo tu confianza en quien te pueda manipular y depender de ellos, sea quien sea, empezando por la astrología hasta los dioses que se acomodan a tu gusto y necesidad, así que como dice el dicho, “enseñamos el cobre”.

Basta con presentarte de manera amigable y no exigente las seguridades que brinda Dios, para que sueltes las que estas acostumbrado, sin dejarlas, tan sólo usarlas a su debido tiempo y lugar, pero agarrado de la principal, la total confianza en Dios, que ilumina todas las demás y las plenifica.

Por ello ante necedades y exigencias de fe, cuando éstas no soltarán a la persona, es mejor dejarlas así, porque de primero de antemano la libertad y la voluntad. Pero con esas esclavitudes es imposible ver los múltiples signos que Dios brinda a cada momento, desde el amanecer hasta el final del día.

Mayores pruebas no necesitamos.

“Unos letrados decían…”

“Unos letrados decían…”

Marcos 3, 22-30

En aquel tiempo, unos letrados de Jerusalén decían:

—Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios.

El los invitó a acercarse y les puso estas comparaciones: —¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino en guerra civil, no puede subsistir; una familia dividida, no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa. Creedme, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre.

Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.

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Los conocimientos adquiridos en nuestro esfuerzo personal, ciertamente forman nuestra vida así como nuestro esquema de pensamiento, el cual junto con nuestro perfil psicológico deriva en algún esquema de pensamiento que se nos acomoda, o en ciertas ideologías.  En otros casos nos valemos de ellos para afirmar quienes somos, o quiénes pretendemos ser, pero el estudio no lo es todo en nuestra vida, es un elemento básico y muy importante, pero el hecho de que seamos letrados, no es garantía de que seamos excelentes personas, porque hay que ver también cómo estamos en el ámbito de la estabilidad emocional así como en la espiritual.

Aquí en concreto, ante Jesús, a dichos letrados, aquellos que se mencionan en el evangelio, no les vamos a quitar el título, pero es muy cierto que se ponen a opinar sobre campos que no les incumbe, que no han profundizado en ellos y que no tienen idea de cómo manejarlos. Pero que con su autoridad ganada a título sobre papel, se dan el lujo de posicionarse aunque se equivoquen.

A ellos, se les hace fácil desacreditar a otros si lo desean, muy seguros de su rol y estatus, pero que no saben ni se dan cuenta del campo que están tratando. Al contrario en Jesús vemos que vive dentro de la realidad no letrada ni literal, sino verdadera y existencial, con conocimiento certero y experiencia basta; les refuta la consecuencia de sus juicios no fundamentados, de sus críticas y descréditos, porque al parecer no se dan cuenta de que llegan a blasfemar incluso contra el Espíritu Santo, y eso lo esclarece Jesús haciéndolo notar.

A veces de igual manera nos sentimos con todo el derecho y la autoridad para juzgar y afirmar difamatoriamente nuestros propios sentimientos hacia el otro para denigrarlo, pero de igual manera, no olvides ni pases por alto aquello que con tu juicio estás atrayendo hacia tí, simplemente como consecuencia lógica de tus propios actos que no alcanzas a ver hasta donde llegan.

Es por ello, que por muy sobreinformados que estemos, no tenemos el derecho de perturbar otra alma, porque siempre será un reflejo de cuán lastimada está la tuya. Respeto, creo que es lo que debemos de tener ante cualquier situación del otro.

“Inconformidades crónicas”

“Inconformidades crónicas”

Lucas 7, 31-35

En aquel tiempo, dijo el Señor: «¿A quién se parecen los hombres de esta generación? ¿A quién los compararemos? Se parecen a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros: “Tocamos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis”. Vino Juan el Bautista, que ni comía ni bebía, y dijisteis que tenía un demonio; viene el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: “Mirad qué comilón y qué borracho, amigo de recaudadores y pecadores”. Sin embargo, los discípulos de la Sabiduría le han dado la razón».

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Muchas veces he escuchado, sobre todo a gentes mayores decir que todo tiempo pasado fuer mejor, no creo que sea una simple queja, ya que a su vez está revelando un estancamiento en alguna etapa de su vida, de suyo solemos maximizar los momentos vividos durante la adolescencia – juventud, porque en realidad teníamos un mundo de soporte dependiente de los padres y los amigos, con casi cero responsabilidades, por ellos nos era bello.

Sin embargo los tiempos siempre van dando algo nuevo y mejor, es un hecho que cambian las costumbres y en realidad eso es lo que duele, desearíamos que todo fuera como se dio en la etapa del desarrollo personal. Llegamos a una pasividad estática porque hasta en los gustos de música, seguimos escuchando las mismas canciones de antaño siendo herméticos a la novedad que trae cosas muy buenas.

Aquí es cuando si no vamos madurando según la etapa de vida que nos vaya tocando, estaremos pretendiendo que todo confluya a nuestra zona de confort, y cuando no lo logramos vienen las inconformidades, que pueden llegar a manifestarse desde el disgusto por el nuevo lenguaje hasta el reclamo de la propia vida y a todo lo que se nos cruce en el camino.

Es por ello que resulta importante definir, analizar, aceptar y vivir las circunstancias actuales, porque si no, caeremos en la indiferencia mal educada que quejumbrosa de  quien todo lo ve mal, ya como parte de nuestro ser. El Señor da la sabiduría para asimilar dichos sucesos y etapas, pero si nos conformamos con tan sólo la experiencia humana, quedaremos frustrados y limitados al no permitirnos crecer más. Hay que acercarnos a Jesús, los sacramentos, la Sagrada Escritura, la oración, para no ser parte del montón que ni pichan, ni cachan, ni dejan batear, sino todo lo contrario, porque con su sabiduría y gracia nada es imposible y todo se ve de buenas.

“Atormentados”

Atormentados”

Mateo: 15, 21-28

En aquel tiempo, Jesús se retiró a la comarca de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea le salió al encuentro y se puso a gritar: “Señor, hijo de David, ten compasión de mí. Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio”.

Jesús no le contestó una sola palabra; pero los discípulos se acercaron y le rogaban:

“Atiéndela, porque viene gritando detrás de nosotros”. Él les contestó:

“Yo no he sido enviado sino a las ovejas descarriadas de la casa de Israel”.

Ella se acercó entonces a Jesús y postrada ante Él, le dijo: “¡Señor, ayúdame!” Él le respondió: “No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos”.

Pero ella replicó: “Es cierto, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos”. Entonces Jesús le respondió: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas”. Y en aquel mismo instante quedó curada su hija.

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Hoy nuestra cultura ha querido invertir los valores, donde quien asesina se siente iluminado y santo, quien roba cree hacer justicia, quien se desborda en las adicciones de los siete pecados capitales lo justifica afirmando ser parte de la mayoría como lo más ordinario y donde acercarse a Dios, a la Iglesia, lo llaman un tormento.

En realidad viven un tormento sin Dios, donde el odio, rencor, amenazas, ansiedad de poder, avaricia y a todos los llamados pecados se les alimenta para saciar la inestabilidad que desencadenan como una droga que pide cada vez más, y sintiéndose empapados del mismo le dan vuelo hasta perderse en un mar en medio de las tinieblas.

Eso es un verdadero tormento que continúa en la eternidad magnificado y sin la oportunidad de cambiarlo después de la muerte, aunque sí en vida.

Le mentira es la herramienta base para caer en el tormento, que lo presentan con cara de satisfacción, momentánea y asidua. Cautivos de un eterno dolor que se anestesia a sí mismo por la intensidad con que impacta, sin ver la salida fuera y no querer mirar al Señor Jesús que los puede liberar, sobre todo de los vacíos que el mundo y la propia familia crea en nuestros corazones y de los cuales el maligno utiliza para tenernos cautivos.

La fe puede quitar ese tormento, pero depende de la voluntad de querer parar dicho dolor  para vivir en alegría y paz cerca de Dios siendo curados.

“…Estaban asombrados y se preguntaban…”

“…Estaban asombrados y se preguntaban…”

Mateo (13, 54-58)

En aquel tiempo, Jesús llegó a su tierra y se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal forma, que todos estaban asombrados y se preguntaban: “¿De dónde ha sacado éste esa sabiduría y esos poderes milagrosos? ¿Acaso no es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama María su madre y no son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿Qué no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde, pues, ha sacado todas estas cosas?” Y se negaban a creer en él. Entonces, Jesús les dijo: “Un profeta no es despreciado más que en su patria y en su casa”. Y no hizo muchos milagros allí por la incredulidad de ellos.

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Por lo general cuando una persona se asombra de algo, es porque su capacidad y conocimiento de las situaciones y las cosas está en cierta medida comprendida, pero el asombro viene cuando sobre lo ya conocido surge una nueva realidad que no es totalmente comprensible, aquí interviene el reinterpretar esa novedad porque hay un cambio, y ahí es donde nos cuesta cambiar esquemas ya definidos mentalmente hablando.

No es que dudemos, pero esquematizamos todo naturalmente de una manera tan ordinaria que nos parece raro sobre todo en las personas las novedades y es que suelen cambiar, aquellas amistades y personas conocidas cuando sus circunstancias se modifican.

A veces deseamos que todos siga en el mismo esquema, que nada cambie pero nada queda estático, hasta las personas mas confiables cambian, unos para bien y otros no tanto. Sin embargo en el caso de Jesús resulta un cambio radical puesto que aquellos que lo tenían cercano, por el crecimiento ordinario como persona entre los suyos no se dieron cuenta de su papel.

Jesús a pesar de las dificultades sigue adelante, enseñando y asombrando a los suyos, será un proceso que implicará muchas dudas con su respectivas aclaraciones, proceso natural de crecimiento gradual.

Lo malo es cuando como lo dice el Evangelio “se negaban a creer en Él” actitud que implica un rechazo voluntario, donde el asombro se convierte en cierto recelo, cierta envidia, cierta desventaja, donde las dudas son transformadas en ataques despectivos de descrédito, así que si ahí no le permiten realizar y demostrar su obra, no será impedimento para seguir, lo hará en otro lado donde sí aprovechen la gracia a recibir.

De igual manera, si no estorbamos, mucho ayudamos, pero si lo hacemos, solos nos denigramos, de igual manera la obra de Dios ser hará, a pesar de tu asombro o no.

“Despejando dudas”

“Despejando dudas”

Juan: 16, 16-20

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Dentro de poco tiempo ya no me verán; y dentro de otro poco me volverán a ver”. Algunos de sus discípulos se preguntaban unos a otros: “¿Qué querrá decir con eso de que: `Dentro de poco tiempo ya no me verán, y dentro de otro poco me volverán a ver’, y con eso de que: ‘Me voy al Padre’?” Y se decían: “¿Qué significa ese ‘un poco’? No entendemos lo que quiere decir”.

Jesús comprendió que querían preguntarle algo y les dijo: “Están confundidos porque les he dicho: ‘Dentro de poco tiempo ya no me verán y dentro de otro poco me volverán a ver’. Les aseguro que ustedes llorarán y se entristecerán, mientras el mundo se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero su tristeza se transformará en alegría”.

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El hecho de que los discípulos fueran invitados y elegidos por Jesús, no supone el que conocieran todo el misterio de Dios, o estuvieran preparados para ello, por el contrario, aún no conociéndole tienen toda la capacidad de ir creciendo a su lado, ya que Jesús no mira su historial o curriculum, sino lo que pueden llegar a dar y a ser.

Es totalmente natural que no conozcan ni entiendan los nuevos conceptos que Jesús revela, de igual manera tienen todo el derecho de preguntar, sin ser tomados como faltos de inteligencia, cuando lo más sano es despejar las dudas directamente, antes de quedar faltos de información y llenos de suposiciones erróneas.

Aunque aquí en el plano de la fe no basta con tan solo indagar en el conocimiento de los misterios de fe de manera metódica a través de la teología, además es necesario abrir nuestra mente y corazón a los dones del Espíritu Santo, pedirlos y disponernos a ello con el encuentro asiduo del Señor por medio de la oración, la contemplación, los sacramentos, las obras hechas con caridad y toda una actitud que refleje el amor de Dios e todo cuanto hagamos, sin rayar en extremismos. 

Es el Espíritu Santo quien complementará y llevará a toda la plenitud de la verdad todos los conceptos antes conocidos, es por ello que de nuestra parte dispongamos los intereses de conocerle, pero además el permitir que Dios mismo ilumine nuestras mentes para unificarlas en un solo concepto que profundice la verdad en sí misma.

“Librarnos de la incredulidad”

“Librarnos de la incredulidad”

Marcos: 16, 9-15

Habiendo resucitado al amanecer del primer día de la semana, Jesús se apareció primero a María Magdalena, de la que había arrojado siete demonios. Ella fue a llevar la noticia a los discípulos, los cuales estaban llorando, agobiados por la tristeza; pero cuando la oyeron decir que estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron.

Después de esto, se apareció en otra forma a dos discípulos, que iban de camino hacia una aldea. También ellos fueron a anunciarlo a los demás; pero tampoco a ellos les creyeron.

Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no les habían creído a los que lo habían visto resucitado. Jesús les dijo entonces: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura”.

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No es nada raro encontrar que los discípulos de Jesús así como los doce, van por un camino de crecimiento, donde desprendernos de lo material es muy difícil, ya que los dones espirituales nos son participados por pura generosidad de Dios, pero tenemos que descubrirlos, ubicarlos y hacerlos crecer, cosa que aún falta en muchos de ellos.

Sin embargo de palabra y de testimonio, bastó toda la formación que el Señor Jesús les brindó, mientras estaban acompañándolo a tiempo completo pero que aún falta asimilar, ya que la reacción de Jesús ante todos ellos después de su resurrección es de admiración por tanta incredulidad.

A eso debemos añadir el miedo que les tenía preso por la muerte de Jesús en la que se estancaron, situación dura porque implicaba sus propias vidas, y tres días no bastaban para reaccionar ante tal impacto.

Pero el tiempo apremia, por eso Jesús no deja que otras circunstancias les enfríe su fe, su caridad y su amor, les reclama su incredulidad y los invita a que sean testigos de su resurrección para que vayan a emprender la misión para la que fueron llamados, de llevar el Evangelio a toda creatura.

Es por ello digno de tomar en consideración el librarnos de la incredulidad, que entorpece procesos y evita que siga creciendo la misma fe, hasta afianzarse fuertemente para dar testimonio con las propias obras y el compromiso personal.