“Administrar tesoros nuevos”

“Administrar tesoros nuevos”

Mateo: 13, 47-53

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de los cielos se parece también a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación.

¿Han entendido todo esto?” Ellos le contestaron: “Sí”. Entonces Él les dijo: “Por eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los cielos es semejante al padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas”. Y cuando acabó de decir estas parábolas, Jesús se marchó de allí.

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No es novedad que aprendamos a través del tiempo a ir conociendo en mayor intensidad el valor de las cosas, las relaciones y las personas, es parte del proceso cognitivo que se va ampliando y despertando.

Pero no basta tan sólo el conocimiento experimental, aquel que entra por medio de los sentidos y es comprobable a ciencia cierta, es necesaria la misma sabiduría que Dios nos comparte a través de su Santo Espíritu que expande y asimila cada situación para aprovecharla al máximo, así como tomar las mejores y provechosas desiciones.

Cuando nos quedamos tan sólo con el puro conocimiento aprendido, al pasar del tiempo solemos quedar obsoletos y caducos, ya que la vida es tan dinámica que todo cambia muy rápido en donde debemos actualizar y renovar tanto las relaciones como los conocimientos.

Es muy importante saber valorar y administrar los nuevos tesoros, creemos que lo que aprendimos en nuestra época de oro de desarrollo, es lo más importante y que lo nuevo no sirve, pero cuando solicitamos la sabiduría en oración y le permitimos su acción en nuestro pensar así como en la decisiones, entonces sabremos reconciliar el tesoro del pasado, reinventándolo con el tesoro nuevo que trae la cultura emergente.

Lo negativo tanto del pasado como del presente, siempre hay que evitarlo y rechazarlo, pero lo bueno hay que renovarlo y hacerlo actual tanto ayer, como hoy y siempre sin quedar petrificados en pasados ya inertes y caducos, hay que renovarnos.

“Astucia al servicio del mal”

“Astucia al servicio del mal”

Lucas 16, 1-8

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Un hombre rico tenía un administrador y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: ¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido. El administrador se puso a echar sus cálculos: ¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas, mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa. Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo, y dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo? Este respondió: Cien barriles de aceite. El le dijo: Aquí está tu recibo: aprisa, siéntate y escribe «cincuenta». Luego dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes?;El contestó: Cien fanegas de trigo. Le dijo: Aquí está tu recibo: Escribe «ochenta». Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz. 

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No es una novedad el saber que Dios jamás deja desprovistos a aquellos que ama, solemos auto menospreciarnos y radicalizar al mínimo los dones que nos ha regalado, ya que resulta en un auto bloqueo mental implantado por la cultura del entorno familiar o urbano donde nos desarrollamos, donde nos convencemos de que no podemos hacer nada y co-depender de los demás.

Por otro lado reconocemos todas las capacidades que Dios nos da, pero con un corazón dañado y corrupto, desviamos nuestra inteligencia y la astucia al servicio del mal. No necesariamente hay que ser todo un sabio para idear el mal, ya desde que se presenta la oportunidad en medio de la confianza que nos brindan, abusar con esos pequeños robos, reventas, levantar falsos, compartir información personal y clasificada, callar cuando otros hacen el mal expresamente, eso es precisamente ya usar nuestras capacidades al servicio del mal.

Ciertamente quien abusa progresa, pero su fortuna se basa en el atropello de la dignidad de los demás, y seguirán igual para mantenerse, por ello encontramos ambientes laborales tan ásperos e insoportables.

Es por ello, que nosotros debemos usar sabiamente los dones recibidos y ser aún más astutos, adelantarnos al mal, no ser tan confiados, porque precisamente en medio de la confianza ganada es donde aprovechan todos esos abusadores, por lo que hay que estar atentos para que incluso nuestra propia astucia no quede al servicio del mal sino del bien común del que todos somos beneficiarios.

“Pretextos ante la verdad”

“Pretextos ante la verdad”

Mateo: 19, 3-12

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y, para ponerle una trampa, le preguntaron: “¿Le está permitido al hombre divorciarse de su esposa por cualquier motivo?”
Jesús les respondió: “¿No han leído que el Creador, desde un principio los hizo hombre y mujer, y dijo: ‘Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, para unirse a su mujer, y serán los dos una sola carne’? De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Así pues, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”.
Pero ellos replicaron: “Entonces ¿por qué ordenó Moisés que el esposo le diera a la mujer un acta de separación, cuando se divorcia de ella?” Jesús les contestó: “Por la dureza de su corazón, Moisés les permitió divorciarse de sus esposas; pero al principio no fue así. Y yo les declaro que quienquiera que se divorcie de su esposa, salvo el caso de que vivan en unión ilegítima, y se case con otra, comete adulterio; y el que se case con la divorciada, también comete adulterio”.
Entonces le dijeron sus discípulos: “Si ésa es la situación del hombre con respecto a su mujer, no conviene casarse”. Pero Jesús les dijo: “No todos comprenden esta enseñanza, sino sólo aquellos a quienes se les ha concedido. Pues hay hombres que, desde su nacimiento, son incapaces para el matrimonio; otros han sido mutilados por los hombres, y hay otros que han renunciado al matrimonio por el Reino de los cielos. Que lo comprenda aquel que pueda comprenderlo”.

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Parece que cuando nos enseñan a vivir y a decir siempre la verdad, salimos exentos de varias situaciones que nos comprometen, y es que nos falta comprender que siempre en toda situación la verdad es lo más sano y real.

Vivimos en un mundo que cada vez más adopta la mentira como norma de vida, ya para todo hay que mentir y dar una imagen que no se posee, habrá que remarcar que eso no debería nunca ser lo ordinario porque es una enfermedad que se llama mitomanía, donde crónicamente se miente hasta involuntariamente, es decir la mentira nos domina.

Ante esa contextualización cultural las verdades de fe resultan duras, se ven como una ofensa o una exigencia impuesta, cuando en realidad la verdad es lo más natural y sano. Situación de la que procede todo un esquema de vida aparente y fantasiosa que alimenta sólo lo que le agrada, tornándose en una persona con alto grado de tendencias a adicciones compulsivas ya sea en el comer, el beber, la imagen, la genitalidad, la obsesión por cosas y personas, entre otras más. 

Es por ello que a la verdad la pretenden cambiar según su necesidad adictiva, tal es el caso que la misma ley de Moisés, la modifican para aceptar el divorcio ante la incapacidad de aceptar y ayudar a la pareja a superar situaciones personales, que vienen arrastrando desde su entorno cultural y familiar particular.

Por ello siempre se buscan pretextos para la verdad, y los justificamos desde nuestra lógica no tan sana, pero embaucadora y convincente para quien no conoce la verdad. Esa es la razón por la que Jesús remarca: “Que lo comprenda aquel que pueda comprenderlo”.

“Corazón igual a mente”

“Corazón igual a mente”

Juan 14,23-29

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado.” Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo.»

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Por lo general nos encontramos con una identificación acerca de los sentimientos con el corazón, como si surgieran del mismo, cuando en realidad, nuestro cerebro es quien administra y activa todos los órganos de nuestro cuerpo, haciéndolos reaccionar según la motivación se de en el momento.

Por ello siempre se habla de cambiar el corazón, ya que reacciona ante todo sentimiento por los estímulos electro químicos de nuestro sistema nervioso cenbtral. La realidad es que lo que debemos cambiar es nuestra propia mente que es la que domina y ordena.

La cuestión radica en que se nos invita a amar y a no perder la paz, pero si nuestra propia mente está saturada de ideas, preocupaciones, corajes o aquello que la obsesiona, resulta imposible dejar lugar para estos dones, por lo que se requiere una intervención racional, consciente y directa para extirpar aquello que nos estorba y daña, que en su momento se ha establecido en ella como si fuera lo ordinario y, que por ende empapa toda la actividad de nuestro día así como las propias relaciones interpersonales.

El hecho es, que se nos promete el Espíritu Santo, pero para ello es necesario disponer todo nuestro ser para recibirlo, especialmente a descartar todo lo que le impide su pleno desarrollo en nuestro ser como lo es todo lo que nos da la infelicidad, es decir las malas acciones que proceden de una mente que se va enfermando malamente de poco a poco.

Por ello para recibirlo plenamente, ese corazón, es decir, nuestra mente, debe dejarse sanar por los Dones del Espíritu Santo, para que cuando llegue, plenifique toda buena acción y nos ayude a desterrar todo lo malo que nos lleva incluso a la muerte.

Se nos promete un Espíritu en plenitud, prepara tu corazón, prepara tu mente.

“Signos evidentes”

“Signos evidentes”

Marcos: 16, 15-20

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: «Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado. Estos son los milagros que acompañarán a los que hayan creído: arrojarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y éstos quedarán sanos».
El Señor Jesús, después de hablarles, subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba su predicación con los milagros que hacían.

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Ante la novedad de amar a Jesús junto con el seguirlo, nuestra razón nos pide una excusa válida para convencernos de ello, porque no basta que nos hablen de Él, necesitamos ser testigos de algún milagro para poder creer. Bueno esto pasa en las personas que claramente su fe no está muy desarrollada y necesitan auto convencerse pidiendo las muestras extraordinarias para hacerlo.

Y cabe remarcar que el milagro extraordinario no es necesario, lo que sí hace falta es una apertura de la visión, y no tanto la periférica óptica, sino la mental para que la conciencia expanda sus horizontes así pudiendo acentuar los milagros que se dan a diario en medio de lo que ya conocemos como la ordinariedad. 

Son esos signos evidentes que en la percepción y en el aprendizaje hemos renombrado como natural, normal, procesos de vida biológicos, así como ordinarios, sin remarcar que en realidad la propia vida y todo cuanto acontece es un milagro porque ni la ciencia puede explicarlo, lo afirma como un hecho, pero no lo puede crear, aunque si manipular, pero es vida a partir de vida, no vida a partir de la nada.

Es ahí donde hay que remarcar la extraordinaria belleza de esos signos, que aunque ordinarios ya para nuestra razón, no dejan de ser evidencia de un amor y un ser que tras bambalinas dirige todo y se nos manifiesta con todo su esplendor. Por ello, hay que reconocer esos signos evidentes.

“Extirpar de raíz”

“Extirpar de raíz”

Marcos: 9, 41-50

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Todo aquel que les dé a beber un vaso de agua por el hecho de que son de Cristo, les aseguro que no se quedará sin recompensa.
Al que sea ocasión de pecado para esta gente sencilla que cree en mí, más le valdría que le pusieran al cuello una de esas enormes piedras de molino y lo arrojaran al mar.

Si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela; pues más te vale entrar manco en la vida eterna, que ir con tus dos manos al lugar de castigo, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo; pues más te vale entrar cojo en la vida eterna, que con tus dos pies ser arrojado al lugar de castigo. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo; pues más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos al lugar de castigo, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.

Todos serán salados con fuego. La sal es cosa buena; pero si pierde su sabor, ¿con qué se lo volverán a dar? Tengan sal en ustedes y tengan paz los unos con los otros”.

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Ciertamente el evangelio es radical y cero tolerancia en todo lo que se refiere al pecado y lo que nos hace perder la gracia de Dios, más no es radicalista, es decir, que exija de manera tajante y extrema sus preceptos, sino que por el contrario van a sanar de manera generosa y definitiva toda dolencia de alma y cuerpo.

Habrá que ver lo textual de las palabras de Jesús cuando hace mención a amputar partes del cuerpo con las que se puede pecar. Aquí lo que hay que entender de tajo, es que de suyo cualquier extremidad u órgano corporal, no es pecaminoso en sí mismo, no se refiere a extirpar un miembro como si fuera el mal y origen del mismo.

De hecho cada parte de nuestro cuerpo no deja de ser un instrumento con el cual podemos auxiliarnos para realizar nuestras labores; aquí el problema radica en que precisamente no se utilizan para el bien que fueron destinadas, y de eso se encarga nuestra mente, que puede desviar el uso y desuso, así como convertirlo en abuso de cada parte de nuestro cuerpo.

Es por ello, que a lo que se refiere Jesús, no es a mutilar nuestro cuerpo, sino a extirpar de raíz aquello que genera el mal uso de nuestro ser, porque de igual manera podemos hacer mucho bien con el mismo. La referencia el clara: “si te es ocasión de pecado”, entonces la ocasión es la que hay que erradicar y no las partes de nuestro cuerpo con las que podemos santificarnos. 

Extirpar de raíz el mal, los pensamientos negativos, tóxicos y obsesivos, es la solución más sana para no volver a mal utilizar lo que el Creador nos ha regalado.

“Medida desmedida”

“Medida desmedida”

Marcos: 4, 21-25

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “¿Acaso se enciende una vela para meterla debajo de una olla o debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el candelero? Porque si algo está escondido, es para que se descubra; y si algo se ha ocultado, es para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga”.
Siguió hablándoles y les dijo: “Pongan atención a lo que están oyendo. La misma medida que utilicen para tratar a los demás, esa misma se usará para tratarlos a ustedes, y con creces. Al que tiene, se le dará; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará”.

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Parece una amenaza cuando se nos informa que la medida que utilicemos para tratar a los demás, será la que se utilice para uno mismo, a veces se entiende como una maldición, cuando en realidad es una consecuencia lógica de nuestro propio comportamiento, y eso al parecer, no somos conscientes de ello.

Cuando anteponemos nuestro propio criterio y bienestar sobre los demás, solemos caer en un cierto egoísmo en el que nos damos el total derecho de actuar y juzgar toda situación o acontecimiento, como si nuestra intervención u opinión fuera decisiva y fundamental.

Aquí es donde iniciamos a mal utilizar esa medida o criterio sin tener fundamento ni conocimiento de causa, y sin la plena autorización. Nos sentimos con el derecho de opinar y como campanas replicar lo que dicen los demás por tan solo sentirnos importantes en el asunto.

En realidad lo que es desmedido es nuestro personal criterio que utiliza las malas interpretaciones y chismes para hacerlos nuestros y ahí desbocar toda nuestra frustración que se haya acumulado por cualquier otro indistinto motivo. 

No olvidemos que esa medida que utilicemos es responsabilidad nuestra y lo que obtengas como consecuencia será de igual manera de tu entera responsabilidad, para que utilicemos una justa medida y no una medida desmedida.

“Los Santos Inocentes”

 “Los Santos Inocentes”

Mateo 2, 13-18 

 

Después de que los magos partieron de Belén, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allá hasta que yo te avise porque Herodes va a buscar al niño para matarlo”. 

José se levantó y esa misma noche tomó al niño y a su madre y partió para Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo. 

Cuando Herodes se dio cuenta de que los magos lo habían engañado, se puso furioso y mandó matar, en Belén y sus alrededores, a todos los niños menores de dos años, conforme a la fecha que los magos le habían indicado. 

Así se cumplieron las palabras del profeta Jeremías: En Ramá se ha escuchado un grito, se oyen llantos y lamentos: es Raquel que llora por sus hijos y no quiere que la consuelen, porque ya están muertos. 

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Todavía no hablan, y ya confiesan a Cristo

De los sermones de san Quodvultdeus, obispo

Sermón 2 sobre el Símbolo

Nace un niño pequeño, un gran Rey. Los magos son atraídos desde lejos; vienen para adorar al que todavía yace en el pesebre, pero que reina al mismo tiempo en el cielo y en la tierra. Cuando los magos le anuncian que ha nacido un Rey, Herodes se turba, y, para no perder su reino, lo quiere matar; si hubiera creído en él, estaría seguro aquí en la tierra y reinaría sin fin en la otra vida.

¿Qué temes, Herodes, al oír que ha nacido un Rey? Él no ha venido para expulsarte a ti, sino para vencer al Maligno. Pero tú no entiendes estas cosas, y por ello te turbas y te ensañas, y, para que no escape el que buscas, te muestras cruel, dando muerte a tantos niños.

Ni el dolor de las madres que gimen, ni el lamento de los padres por la muerte de sus hijos, ni los quejidos y los gemidos de los niños te hacen desistir de tu propósito. Matas el cuerpo de los niños, porque el temor te ha matado a ti el corazón. Crees que, si consigues tu propósito, podrás vivir mucho tiempo, cuando precisamente quieres matar a la misma Vida.

Pero aquél, fuente de la gracia, pequeño y grande, que yace en el pesebre, aterroriza tu trono; actúa por medio de ti, que ignoras sus designios, y libera las almas de la cautividad del demonio. Ha contado a los hijos de los enemigos en el número de los adoptivos.

Los niños, sin saberlo, mueren por Cristo; los padres hacen duelo por los mártires que mueren. Cristo ha hecho dignos testigos suyos a los que todavía no podían hablar. He aquí de qué manera reina el que ha venido para reinar. He aquí que el liberador concede la libertad, y el salvador la salvación.

Pero tú, Herodes, ignorándolo, te turbas y te ensañas y, mientras te encarnizas con un niño, lo estás enalteciendo y lo ignoras.

¡Oh gran don de la gracia! ¿De quién son los merecimientos para que así triunfen los niños? Todavía no hablan, y ya confiesan a Cristo. Todavía no pueden entablar batalla valiéndose de sus propios miembros, y ya consiguen la palma de la victoria.

Oración

Los mártires Inocentes proclaman tu gloria en este día, Señor, no de palabra, sino con su muerte; concédenos, por su intercesión, testimoniar con nuestra vida la fe que confesamos de palabra. Por nuestro Señor Jesucristo.

“!!! Lo que hizo David ¡¡¡”

“!!! Lo que hizo David ¡¡¡”

Lucas 6, 1-5

Un sábado, Jesús atravesaba un sembrado; sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas con las manos, se comían el grano. Unos fariseos les preguntaron: —¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?

Jesús les replicó: —¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre?

Entró en la casa de Dios, tomó los panes presentados —que sólo pueden comer los sacerdotes—, comió él y les dio a sus compañeros. Y añadió: —El Hijo del Hombre es señor del sábado.

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Dentro de los planes de Dios existe una gama tan vasta y sabia, llena de posibilidades, las cuales usa según sea el mejor momento para aplicarlas, Más sin embargo hay que remarcar que sus posibilidades rebasan las que nosotros ponemos esquemáticamente como perfectas, e inclusive normas y leyes que consideramos como consagradas e intocables, pero que en realidad son un pequeño esquema puesto sabiamente por Dios a nuestra consideración para entenderlo mejor, para hacerlo digerible a nuestra capacidad, sin embargo su obrar es más perfecto y profundo que las simples leyes sagradas.

Aquí vemos en éste evangelio, Cómo nosotros llegamos a radicalizar la misma ley humana puesta en pro del servicio a Dios, en ese respeto que se merece por la grandeza de su ser y obrar, la cual reconocemos, por ello le dedicamos su culto y honor; en ese mismo contexto de reconocimiento, no toleramos infringir la menor norma establecida ya que se trata de algo que en su momento es intocable porque es sagrado.

De hecho olvidamos, que de suyo toda la creación es sagrada, porque proviene de Él, el que nosotros la degrademos a un tan sólo uso práctico, es cuestión nuestra, pero en realidad ¿qué le podemos ofrecer que no sea de Él?,

Es por ello que Jesús entendiendo este esquema, y ante las exigencias legales tan radicales de su tiempo, no le preocupa tanto el no seguirlas textualmente, pero no lo es por rebelde, ni por necio, sino porque en realidad las está cumpliendo pero no como nosotros humanamente las exigimos hasta sin asimilarlas, cruda y fríamente, como una ley sin espíritu que mata, sino de una manera más perfecta y adecuada perfectamente al momento necesario. Entonces da el ejemplo de David, que en realidad ese pan cumplió la principal necesidad para la que fue hecho: saciar el hambre, y lo hizo bien, aunque fuera pan de ofrenda sagrada, cumplió una norma mayor que la básica, por eso no hay que escandalizarse, porque todo tiene un fin, y si se cumple queda cubierta su misión.

De igual manera debemos de ser flexibles siempre para lo mejor, mas no para lo peor. porque podríamos justificar el mal y ese no es justificable. Siempre en pro del mejor bien.

“Nuestra Señora Reina de La Paz”

“Nuestra Señora Reina de La Paz”
Marcos: 3, 31-35
En aquel tiempo, llegaron a donde estaba Jesús, su madre y sus parientes; se quedaron fuera y lo mandaron llamar. En torno a Él estaba sentada una multitud, cuando le dijeron: “Ahí fuera están tu madre y tus hermanos, que te buscan”.

Él les respondió: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?” Luego, mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dijo: “Éstos son mi madre y mis hermanos. Porque el que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”.

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En el año de 1682 unos mercaderes encontraron en la orilla del Mar del Sur salvadoreño una caja abandonada; Estaba tan bien sellada que no pudieron abrirla con sus herramientas. Seguros de que contenía algún objeto valioso, ataron la caja sobre el lomo de su burra y la llevaron a la ciudad de San Miguel. Esperaban poder allí encontrar como poder abrirla. Llegaron a la ciudad el 21 de noviembre. Con la intención de asegurar la propiedad del posible tesoro, se dirigieron primero a las autoridades del lugar para dar cuenta del hallazgo; cuando al pasar por delante de la iglesia parroquial, hoy Catedral, la burra se echó en tierra sin que nadie pudiese moverla de ahí. Entonces, sin esfuerzo alguno lograron abrir la caja y descubrieron que el tesoro que contenía era una hermosa imagen de Nuestra Señora con el Niño en brazos.
El origen de la imagen permanece en el misterio, pues nunca se pudo conocer qué destino tenía aquella caja, ni cómo llegó a las playas del Salvador. Se cuenta que al arribar la imagen había una cruenta lucha entre los habitantes de la región y al correr la voz del maravilloso hallazgo, todos depusieron las armas e inmediatamente cesaron las hostilidades; también se refiere que en las luchas fratricidas del 1833, el bando triunfador, en vez de tomar represalias, como se esperaba, hizo colocar la bendita imagen en el atrio de la parroquia y a los pies de María se juró solemnemente no guardar rencores y borrar el odio de los corazones para que la paz germinara en fraternidad y reconciliación. Ciertamente un milagro maravilloso. Por esto dieron a la imagen el hermoso título de Nuestra Señora de la Paz, cuya fiesta litúrgica se celebra el 21 de noviembre, en recuerdo de su llegada a la ciudad de San Miguel.
La imagen de Nuestra Señora de la Paz es tallada en madera vestida. Lleva bordado al frente de la falda de su blanco traje, el escudo nacional de la República del Salvador. La imagen lleva en su mano derecha una palma de oro en recuerdo de la erupción del volcán Chaparrastique, que amenazó con hundir a la ciudad en un mar de lava ardiente. Los atemorizados habitantes de San Miguel colocaron la imagen de Nuestra Señora de la Paz en la puerta principal de la Catedral y en ese mismo momento la fuerte corriente de lava cambió de dirección, apartándose de la ciudad. En el punto exacto donde la lava torció el rumbo hay un pueblo que se llama “Milagro de la Paz”. Esto sucedió el 21 de septiembre de 1787 y ese día todos vieron en el azul del cielo que el humo que salía del del volcán formaba una palma. Viendo en esto una señal del amparo de la Virgen, el pueblo decidió colocarle en la mano una palma de oro, semejante a la que habían contemplado en el cielo.
Benedicto XV concedió la coronación canónica de la imagen, que se efectuó el 21 de noviembre de 1921. El nuevo templo dedicado a Nuestra Señora de la Paz fue terminado en 1953.
Nuestra Señora de la Paz, ruega por nosotros.