“Cristo Rey del Universo”

Mateo 25, 31-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: «Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme». 

Entonces los justos le contestarán: Señor, ¿cuando te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?» Y el rey les dirá: «Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis». Y entonces dirá a los de su izquierda: «Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis». 

Entonces también éstos contestarán: «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?» Y él replicará: «Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo». Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna».

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Hoy con la fiesta de Jesucristo Rey del Universo, coronamos y terminamos un ciclo de lecturas y de celebraciones litúrgicas que van desde la promesa de la salvación hecha desde antiguo, la vida, obras, así como su pasión muerte y resurrección, de Jesús hasta llegar a la espera de su segunda venida, fiesta que celebramos hoy.

Esta fiesta remarca el triunfo al final de los tiempos de la vida de la gracia sobre el pecado y la incorruptibilidad de la carne, que esperamos junto con la resurrección en el último día, cuando Jesús regrese glorioso como justo juez a juzgar vivos y muertos.

Fiesta que además remarca la importancia de una vida llena de obras ordinarias de caridad, realizadas en las más pequeñas e imperceptibles situaciones que se cruzan en nuestras vidas, donde evaluaremos si realmente nos permitimos vivir el Reino, si dejamos que rigiere Jesús en nuestras vidas, o si le usurpamos el trono entregándolo a sabrá Dios quién, o sabrá Dios Qué.

Fiesta que invita a no olvidar de qué y de quién somos parte, como un honor a remarcar. Extirpar el negativo concepto del Dios que te va a juzgar y a refundir en el noveno infierno,  sino realmente conocer a ese Dios misericordioso y justo, que generosamente guía, ayuda y da lo que nosotros realmente quisimos con nuestro ejemplo de vida recibir.

Por ello es una dicha afirmar ¡¡Viva Cristo Rey!!, porque sale del alma, porque lo reconocemos y sobre todo, porque lo amamos.

“En todo está…”

Lucas 18, 1-8

En aquel tiempo, para enseñar a sus discípulos la necesidad de orar siempre y sin desfallecer, Jesús les propuso esta parábola:

“En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Vivía en aquella misma ciudad una viuda que acudía a él con frecuencia para decirle: ‘Hazme justicia contra mi adversario‘.

Por mucho tiempo el juez no le hizo caso, pero después se dijo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, sin embargo, por la insistencia de esta viuda voy a hacerle justicia para que no me siga molestando‘”.

Dicho esto, Jesús comentó: “Si así pensaba el juez injusto, ¿creen acaso que Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, y que los hará esperar? Yo les digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿creen que encontrará fe sobre la tierra?”

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Cuando pequeños, al momento de querer algo, insistíamos de tal manera que por abrumamiento nos daban, lo que queríamos obtener.

Esa capacidad de insistencia, con el tiempo va menguando, más es la misma que el Señor Jesús nos invita a mantener, pero ahora muy bien encausada en el plano de la oración, porque esa es la intensidad que de base deberíamos tener al dirigirnos a Él, claro eliminando la inmadurez infantil.

Y aunque así fuera, Dios está detrás de todo, el ejemplo es claro: el juez que no teme a Dios, por la molesta insistencia de la mujer, le hace justicia de mala gana, pero lo hace, las cosas no salen como en oración las pediste, pero salen, se cumple al final la voluntad de Dios no importando el medio y las circunstancias.

Por ello, hasta de los males Dios obtiene un fin bueno. No dejes de pedir con insistencia. Aunque todo se vea adverso, de ahí, saldrá una solución mejor de lo que la esperas.

No te desanimes, porque eso puede menguar tu fe, aprende a esperar, y no permitas que a través del cansancio o los desánimos retiren de ti el don de la fe, al contrario enciéndela sabiendo que en todo esta Dios y todo esta en sus benditas manos.

“La inconsistencia de la vida”

Lucas: 17, 26-37

En aquellos días, Jesús dijo a sus discípulos: “Lo que sucedió en el tiempo de Noé también sucederá en el tiempo del Hijo del hombre: comían y bebían, se casaban hombres y mujeres, hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces vino el diluvio y los hizo perecer a todos.


Lo mismo sucedió en el tiempo de Lot: comían y bebían, compraban y vendían, sembraban y construían, pero el día en que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y los hizo perecer a todos. Pues lo mismo sucederá el día en que el Hijo del hombre se manifieste.

Aquel día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en la casa, que no baje a recogerlas; y el que esté en el campo, que no mire hacia atrás. Acuérdense de la mujer de Lot. Quien intente conservar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará. Yo les digo: aquella noche habrá dos en un mismo lecho: uno será tomado y el otro abandonado; habrá dos mujeres moliendo juntas: una será tomada y la otra abandonada”.

Entonces, los discípulos le dijeron: “¿Dónde sucederá eso, Señor?” Y Él les respondió: “Donde hay un cadáver, se juntan los buitres”.

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Todo cuanto conocemos, nos entra por la percepción del mundo que acontece ante nuestros sentidos y sobre todo, en la manera como somos adiestrados para interpretarlos. De tal manera que un mismo acontecimiento tendrá diferentes ópticas y opiniones diversas según el aspecto que yo deseo proyectar. 

En este vasto mundo de ideas y opiniones es muy común que nos perdamos y vayamos identificándonos en el camino con unas, para luego migrar a otras, hasta al final no saber en cual quedar. 

Eso hace que nuestra vida pierda valor, pierda sentido y navegue en el mundo de la inconsistencia, sin una meta que ilumine nuestro caminar como una motivación fuerte a seguir, por eso tan sólo se cae en el fastidio de la vida, donde comemos y bebemos, buscamos relaciones y las dejamos, es decir, nada sacia, nada llena, nada te plenifica.

De eso no es responsable Dios, porque el don de la vida ya nos fue otorgado como lo más valioso que poseemos, de tal manera que ahora depende de nosotros el hacerlo efectivo y que de frutos tan plenos, que muchos a nuestro al rededor se gocen con ellos.

Eso llega hasta el final, porque si llegamos a ser del montón que nomás viven porque no les queda de otra, comiendo y bebiendo como si fuera lo único e importante, entonces seremos abandonados, pero si hacemos brillar nuestra vida, a la distancia será visible y el mismo Dios la rescatará como un tesoro bien cultivado en ti, algo digno de formar parte de su Reino.

“Jesucristo Rey del Universo”

“Jesucristo Rey del Universo”

Lucas 23, 35-43 

En aquel tiempo, las autoridades hacían muecas a Jesús, diciendo: —«A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido.» Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: —«Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.» Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: «Éste es el rey de los judíos.» Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: —«¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.» Pero el otro lo increpaba: —«¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada.» Y decía: —«Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.» Jesús le respondió: —«Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso.» 

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Último domingo del Año Litúrgico

Cristo es el Rey del universo y de cada uno de nosotros.

Es una de las fiestas más importantes del calendario litúrgico, porque celebramos que Cristo es el Rey del universo. Su Reino es el Reino de la verdad y la vida, de la santidad y la gracia, de la justicia, del amor y la paz.

Un poco de historia

La fiesta de Cristo Rey fue instaurada por el Papa Pío XI el 11 de Marzo de 1925.

El Papa quiso motivar a los católicos a reconocer en público que el mandatario de la Iglesia es Cristo Rey.

Posteriormente se movió la fecha de la celebración dándole un nuevo sentido. Al cerrar el año litúrgico con esta fiesta se quiso resaltar la importancia de Cristo como centro de toda la historia universal. Es el alfa y el omega, el principio y el fin. Cristo reina en las personas con su mensaje de amor, justicia y servicio. El Reino de Cristo es eterno y universal, es decir, para siempre y para todos los hombres.

Con la fiesta de Cristo Rey se concluye el año litúrgico. Esta fiesta tiene un sentido escatólogico pues celebramos a Cristo como Rey de todo el universo. Sabemos que el Reino de Cristo ya ha comenzado, pues se hizo presente en la tierra a partir de su venida al mundo hace casi dos mil años, pero Cristo no reinará definitivamente sobre todos los hombres hasta que vuelva al mundo con toda su gloria al final de los tiempos, en la Parusía.

Si quieres conocer lo que Jesús nos anticipó de ese gran día, puedes leer el Evangelio de Mateo 25,31-46.

En la fiesta de Cristo Rey celebramos que Cristo puede empezar a reinar en nuestros corazones en el momento en que nosotros se lo permitamos, y así el Reino de Dios puede hacerse presente en nuestra vida. De esta forma vamos instaurando desde ahora el Reino de Cristo en nosotros mismos y en nuestros hogares, empresas y ambiente.

Jesús nos habla de las características de su Reino a través de varias parábolas en el capítulo 13 de Mateo:

“es semejante a un grano de mostaza que uno toma y arroja en su huerto y crece y se convierte en un árbol, y las aves del cielo anidan en sus ramas”;

“es semejante al fermento que una mujer toma y echa en tres medidas de harina hasta que fermenta toda”;

“es semejante a un tesoro escondido en un campo, que quien lo encuentra lo oculta, y lleno de alegría, va, vende cuanto tiene y compra aquel campo”;

“es semejante a un mercader que busca perlas preciosas, y hallando una de gran precio, va, vende todo cuanto tiene y la compra”.

En ellas, Jesús nos hace ver claramente que vale la pena buscarlo y encontrarlo, que vivir el Reino de Dios vale más que todos los tesoros de la tierra y que su crecimiento será discreto, sin que nadie sepa cómo ni cuándo, pero eficaz.

La Iglesia tiene el encargo de predicar y extender el reinado de Jesucristo entre los hombres. Su predicación y extensión debe ser el centro de nuestro afán vida como miembros de la Iglesia. Se trata de lograr que Jesucristo reine en el corazón de los hombres, en el seno de los hogares, en las sociedades y en los pueblos. Con esto conseguiremos alcanzar un mundo nuevo en el que reine el amor, la paz y la justicia y la salvación eterna de todos los hombres.

Para lograr que Jesús reine en nuestra vida, en primer lugar debemos conocer a Cristo. La lectura y reflexión del Evangelio, la oración personal y los sacramentos son medios para conocerlo y de los que se reciben gracias que van abriendo nuestros corazones a su amor. Se trata de conocer a Cristo de una manera experiencial y no sólo teológica.

Acerquémonos a la Eucaristía, Dios mismo, para recibir de su abundancia. Oremos con profundidad escuchando a Cristo que nos habla.

Al conocer a Cristo empezaremos a amarlo de manera espontánea, por que Él es toda bondad. Y cuando uno está enamorado se le nota.

El tercer paso es imitar a Jesucristo. El amor nos llevará casi sin darnos cuenta a pensar como Cristo, querer como Cristo y a sentir como Cristo, viviendo una vida de verdadera caridad y autenticidad cristiana. Cuando imitamos a Cristo conociéndolo y amándolo, entonces podemos experimentar que el Reino de Cristo ha comenzado para nosotros.

Por último, vendrá el compromiso apostólico que consiste en llevar nuestro amor a la acción de extender el Reino de Cristo a todas las almas mediante obras concretas de apostolado. No nos podremos detener. Nuestro amor comenzará a desbordarse.

Dedicar nuestra vida a la extensión del Reino de Cristo en la tierra es lo mejor que podemos hacer, pues Cristo nos premiará con una alegría y una paz profundas e imperturbables en todas las circunstancias de la vida.

A lo largo de la historia hay innumerables testimonios de cristianos que han dado la vida por Cristo como el Rey de sus vidas. Un ejemplo son los mártires de la guerra cristera en México en los años 20’s, quienes por defender su fe, fueron perseguidos y todos ellos murieron gritando “¡Viva Cristo Rey!”.

La fiesta de Cristo Rey, al finalizar el año litúrgico es una oportunidad de imitar a estos mártires promulgando públicamente que Cristo es el Rey de nuestras vidas, el Rey de reyes, el Principio y el Fin de todo el Universo.

Fuente: Es.Catholic.net

“Prepararnos en la esperanza”

“Prepararnos en la esperanza”

Lucas: 21, 5-19

En aquel tiempo, como algunos ponderaban la solidez de la construcción del templo y la belleza de las ofrendas votivas que lo adornaban, Jesús dijo: “Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra de todo esto que están admirando; todo será destruido”.


Entonces le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo va a ocurrir esto y cuál será la señal de que ya está a punto de suceder?”. Él les respondió: “Cuídense de que nadie los engañe, porque muchos vendrán usurpando mi nombre y dirán: ‘Yo soy el Mesías. El tiempo ha llegado’. Pero no les hagan caso. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, que no los domine el pánico, porque eso tiene que acontecer, pero todavía no es el fin”.


Luego les dijo: “Se levantará una nación contra otra y un reino contra otro. En diferentes lugares habrá grandes terremotos, epidemias y hambre, y aparecerán en el cielo señales prodigiosas y terribles.


Pero antes de todo esto los perseguirán y los apresarán, los llevarán a los tribunales y a la cárcel, y los harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Con esto ustedes darán testimonio de mí.


Grábense bien que no tienen que preparar de antemano su defensa, porque yo les daré palabras sabias, a las que no podrá resistir ni contradecir ningún adversario de ustedes.
Los traicionarán hasta sus propios padres, hermanos, parientes y amigos. Matarán a algunos de ustedes, y todos los odiarán por causa mía. Sin embargo, ni un cabello de su cabeza perecerá. Si se mantienen firmes, conseguirán la vida”.

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Al llegar el penúltimo domingo del año litúrgico, se nos hace la propia invitación a estar a atentos y tener cuidado de la preparación que en el campo de la gracia debemos tener. No se trata de un amenazar para indagar el miedo y por consecuencia buscar la salvación que Dios brinda por temor a perdernos en la condenación y muerte eterna.

Se trata de vivir de manera actual la gracia de Dios y vivir la propia salvación como un estado natural en el aquí y el ahora, por lo que surge de ello la premisa de estar preparados en todo momento sin amenazas, previendo en salud nuestra salvación. 

Se nos invita a sin temores vivir en la esperanza serena y tranquila para que no llegue a sorprendernos con la amenaza del engaño, sobre todo aquellos que infunden el miedo haciéndose pasar por falsos profetas e incluso por el medías, con la intención de dividir y aprovecharse de la situación y la vulnerabilidad de los más débiles.

El mensaje es claro, hay que prepararnos en la esperanza, sin miedo y sin prisa, todo tan natural, como natural procede la vida.

“Entonces dirá el Rey a los de su derecha…”

“Entonces dirá el Rey a los de su derecha…”

Mateo 25,31-46

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de Él todas las naciones, y Él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos.

Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: ‘Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme’.

Entonces los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?’.

Y el Rey les dirá: ‘En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis’. »Entonces dirá también a los de su izquierda: ‘Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis’.

Entonces dirán también éstos: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?’. Y él entonces les responderá: ‘En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo’. E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna».

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La lectura del día de hoy nos recuerda que ciertamente el Señor en su momento pedirá cuentas de los dones y capacidades otorgadas en nuestra vida, ya que nos ha dado siempre a la oportunidad de producir excelentes frutos, que además nos llevan a la santidad.

Además de los dones, nos brinda la oportunidad y las circunstancias donde podemos ejercerlos y desarrollarlos, tiempos precisos y situaciones concretas, personas para ayudarlas y cosas para aprovecharlas.

Más cada quien sabe por donde las canaliza, si van al fin concreto, o sólo a la utilidad personal. La Cuaresma es el tiempo propicio para ello, si te fijas bien, en vez de quejarte de los andrajosos, los pedíches, los limosneros, los vagabundos, que parecerá que se vienen en manada, aún más en este tiempo, cuando en realidad las oportunidades de crecer en las obras de caridad que Dios dispone en nuestro camino.

Creemos que con una última confesión al final de nuestra vida y un buen arrepentimiento antes de morir bastan para salvarnos. No dudo de la misericordia de Dios, pero más claro no puede explicarlo Jesús en el evangelio donde remarca “tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme”. Es decir, no encuentro donde dice ‘vengan los que se arrepintieron cinco minutos antes’, la verdad no lo veo por ningún lado.

Lo que sí veo son la obras con la oportunidad de toda una vida para realizarlas. A lo mejor ni cinco minutos tienes al final. Cuaresma, tiempo de fortaleza y de conversión, aprovéchalo, al final tus obras te defenderán y hablaran por ti, no lo digo yo, lo dice el Señor.

“…Ya está condenado”

“…Ya está condenado”

Juan: 16, 5-11

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Me voy ya al que me envió y ninguno de ustedes me pregunta: `¿A dónde vas?’ Es que su corazón se ha llenado de tristeza porque les he dicho estas cosas. Sin embargo, es cierto lo que les digo: les conviene que me vaya; porque si no me voy, no vendrá a ustedes el Consolador; en cambio, si me voy, yo se lo enviaré.

Y cuando El venga, establecerá la culpabilidad del mundo en materia de pecado, de justicia y de juicio; de pecado, porque ellos no han creído en mí; de justicia, porque me voy al Padre y ya no me verán ustedes; de juicio, porque el príncipe de este mundo ya está condenado”.

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En varias ocasiones nos asustamos en cuanto a la salvación se refiere y sobre todo al juicio que Dios hará en su momento. Sentimiento de temor que habla de nuestra conciencia o de nuestro desconocimiento de la verdad Divina que no hemos dedicado tiempo a profundizar.

No es que venga a condenar con su Santo Espíritu, es muy claro en sus palabras cuando afirma que precisamente la meta ha sido recuperada, es decir la santidad, por lo que el elegir seguirle o no, ya depende de nosotros, aunque tenemos la obligación moral de primeramente conocer para saber que rechazamos aun así sea Dios.

Si lo rechazamos en el desconocimiento o aún así conociéndole, no es que Dios nos condene por ello, sino que estaremos en automático eligiendo a quien ya lo rechazó y está condenado por libre elección, es decir al maligno.

Porque el plan es nuestra plena santificación y felicidad eterna, si no elegimos eso, el intermedio no existe, por lo que la causa consecuente será el pecado y la tristeza eterna, a la que ya éste mundo nos presenta como lo ordinario en esta vida y que no lo es.

No olvides que el maligno ya está condenado, está juzgado, ya eligió estar en la oscuridad, no permitas que tu elección sea igual, porque tu destino  jamás será ese, sino la gloria eterna, que de igual manera podemos elegir.

“Nadie conoce el día…”

“Nadie conoce el día…”

Marcos: 13, 24-32

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando lleguen aquellos días, después de la gran tribulación, la luz del sol se apagará, no brillará la luna, caerán del cielo las estrellas y el universo entero se conmoverá. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad. Y Él enviará a sus ángeles a congregar a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales y desde lo más profundo de la tierra a lo más alto del cielo.
Entiendan esto con el ejemplo de la higuera. Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las hojas, ustedes saben que el verano está cerca. Así también, cuando vean ustedes que suceden estas cosas, sepan que el fin ya está cerca, ya está a la puerta. En verdad que no pasará esta generación sin que todo esto se cumpla. Podrán dejar de existir el cielo y la tierra, pero mis palabras no dejarán de cumplirse. Nadie conoce el día ni la hora. Ni los ángeles del cielo ni el Hijo; solamente el Padre”.
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Es muy claro el Señor Jesús cuando afirma aquellas sentencias que auténticamente son conocidas por Él, ya que proviene del Padre, le conoce y sabe cuales son sus planes. Entre ellas una que es de vital importancia es “saber el día y la hora en que será el fin del mundo”.

Para nosotros resulta muy cómodo estar enterados de el día de… y lo es en base a que si fuera una fecha muy lejana, entonces todo mundo haría desidia sabiendo que no les va a tocar, eso daría pie a la falta de compromiso, a vivir desenfrenadamente, a desatender totalmente nuestra vida y en la misma libertad, llegar al libertinaje y perdernos totalmente.

Por otro lado, si nos diera una fecha muy próxima, el miedo se apoderaría de cada uno de nosotros actuando a conveniencia tan sólo por temor a perderse, sería un caos provocado y falso en los corazones, sin verdadero arrepentimiento ni conversión.

Es por ello que la táctica es no decir, para que independientemente de la fecha del juicio final, vivamos siempre preparados sin miedo, sin darle largas a nuestros asuntos, sino viviendo el hoy en plenitud, conscientes y libres en la gracia de Dios y en la santidad

Hoy en día muchos ostentan atribuirse el saber las fechas, ciertamente lo que buscan es tener sus quince minutos de fama, además de atemorizar a los más sencillos y las mentes débiles, pero si ni Dios mismo lo revela, y en eso es muy claro, no tenemos por que creer en esos falsos profetas, ya que nadie conoce ni el día ni la hora, sólo nuestro Padre Celestial. Por ello, que eso no te quite la paz, estando preparados, que llegue cuando Dios lo crea conveniente.