“…Por fuera parecen justos…”

“…Por fuera parecen justos…”

Mateo 23, 27-32

En aquel tiempo, Jesús dijo a los escribas y fariseos: “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque son semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre! Así también ustedes: por fuera parecen justos, pero por dentro están llenos de hipocresía y de maldad.

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque les construyen sepulcros a los profetas y adornan las tumbas de los justos, y dicen: ‘Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, nosotros no habríamos sido cómplices de ellos en el asesinato de los profetas’! Con esto ustedes están reconociendo que son hijos de los asesinos de los profetas. ¡Terminen, pues, de hacer lo que sus padres comenzaron!”.

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Es una pena que la verdad, tan preciada que es en sí misma, en común asociación con la realidad, muchas veces sea rechazada y suplantada por una falsa apariencia, sobre todo hoy, en estos tiempos que la imagen se manipula y se distorsiona tanto para bien, como para mal, es una realidad que en el mundo de quienes no tienen principios, ni moral, ni autenticidad, se la viven vendiendo imágenes falsas; a eso se dedican las agencias de publicidad y mercadotecnia, porque lo que es verdad y bueno en sí mismo se le reconoce y se vende por sí solo, pero si necesita anunciarse es porque, por sí mismo no vale su propio ser como verdadero y bueno.

Acerca de las noticias que se nos ofrecen hoy en día, habría que tener una seria discapacidad para no ver la realidad y creer la sarta de mentiras que manipulan y maquillan, siempre moviendo voluntades débiles y haciéndolas suyas; un ejemplo de manipulación es el siguiente: se desploma un avión, si dicen que estaba lleno de convictos asesinos, decimos, que bueno, se lo merecían; pero si dicen que había ochenta niños y que las perdidas ascienden a billones de dólares, entonces si nos mueven. Así es como te presentan la información, sembrando la reacción deseada en ti.

Más sin embargo, para qué nos vamos lejos, lo mismo acontece en nuestra propia vida y familia, una es la pantalla que presentamos y otra es la realidad que vivimos, pretendemos vivir en los más lujosos residenciales o bien posicionados, publicar eventos sociales personales en los periódicos, decir que conocemos a la crema y nata de la sociedad por nombres y apellidos, cuando en realidad no tienen ni en qué caerse muertos y hasta andan pidiendo por doquier para la mensualidad de la niña o para la gasolina, pero antes muertos que sencillos.

No hay que ir tan lejos y juzgar a los fariseos cuando nosotros estamos peor. Cuidado con la hipocresía, suele salir cara, sus consecuencias son irreversibles y las pérdidas no son en dólares, pero si en personas que valen la pena y en la confianza hacia ti, fatal.

Ya se acabaron los tiempos de las apariencias, ya no haces tonta a la gente, hoy ó vives tu verdad y en la verdad o, tu mentira será autoexpuesta no por los demás, sino por ti mismo, no te extrañe luego y se diga públicamente: ‘por fuera parecen justos’.

“Pecado: Misericordia o castigo”

“Pecado: Misericordia o castigo”

Mateo: 18, 15-20

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos. Pero si ni así te hace caso, díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como de un pagano o de un publicano.

Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.

Yo les aseguro también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos”.

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En todo lo que concierne al pecado, podemos derramar todo un sinfín de vertientes y opiniones, tanto las oficiales, que por cierto no son muy bien conocidas, como las de tendencias puritanas radicalistas, hasta las laxas y totalmente permisivas.

De principio debemos de ubicar el contexto del pecado en el plan de Dios, que por cierto no estaba contemplado, por lo que Dios ante su presencia, tiene que reinventar su plan y convertirlo ahora en uno de recuperación por la pérdida de toda la gracia de Dios, quedando desproveídos de su contexto y viviendo al día con nosotros mismos y la vida simple para recuperar la divina.

Por lo que el pecado, claro que tiene una culpa y un castigo, pero éste no viene de Dios, sino que permite que las consecuencias de nuestros propios actos nos afecten, ya que las sembramos nosotros mismos.

Aunque por otro lado está la misericordia de Dios que no deja al ser humano solo, sino que lo acompaña en el camino de la recuperación de la gracia, cosa que pocos asimilan cuando Dios da la oportunidad de redimirnos.

No hay que olvidar que también existe la justicia, y no pasa desapercibida por Dios lleno de misericordia, ésta se cumple en la caridad cuando solicita el creador el reparo de los daños ocasionados y entonces sanos de toda falta, devolvernos la gracia, he ahí una justicia que debe resarcir y que se le da la oportunidad de hacerlo. 

El castigo lo pagamos nosotros como elemento obvio ante el mal que causamos, véase el fenómeno causa – efecto, y la misericordia divina está presente al no juzgarnos sin clemencia, sino con la paciencia de que volvamos a hacer no el mal, sino aún mejor un bien.

“Igualdad a mi manera”

“Igualdad a mi manera”

Mateo: 7, 1-5

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No juzguen y no serán juzgados; porque así como juzguen los juzgarán y con la medida que midan los medirán.

¿Por qué miras la paja en el ojo de tu hermano y no te das cuenta de la viga que tienes en el tuyo? ¿Con qué cara le dices a tu hermano: ‘Déjame quitarte la paja que llevas en el ojo’, cuando tú llevas una viga en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga que tienes en el ojo, y luego podrás ver bien para sacarle a tu hermano la paja que lleva en el suyo”.

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Nuestra cultura trae consigo un sinnúmero de avances, pero a su vez conlleva otro tanto de situaciones negativas. Ahora todo mundo se ha convertido en un experto en todas las materias y con derecho a opinar de temas que inclusive desconoce, como si su opinión sin fundamento, fuera detonante para un cambio importante, lo cual es imposible porque las palabras sin hechos, son tan sólo palabras.

Hoy ya todo el mundo quiere igualdad en todos los derechos; nos fijamos en lo que no tenemos, más que proponer y dar solución a las verdaderas carencias personales así como a las comunitarias. 

Exigimos derechos que resultan a veces absurdos, pero que no somos capaces de vivirlos como tal, y mucho menos con las obligaciones que le proceden. Somos como esos hermanos tan llenos de falsa compasión, buenos para remarcar amablemente las carencias y defectos de los demás, acentuando, como si fueran expertos, sin cambiar un poco sus propias deficiencias, las cuales son intocables e indiscutibles, ofendiéndose si alguna mención se hace a ellas y haciendo un escándalo que Dios guarde la hora.

Queremos una igualdad sin verdad ni valores, aquella que atienda a mi lógica reduccionista, sin siquiera con la más mínima coherencia, es decir una igualdad a mi manera, donde yo soy quien importa y el mundo me es indiferente.

Es por ello, que para poder tener un criterio, el respaldo lo basa la propia vida, ya que como ésta la llevemos, será como opinemos, más sin Dios y sin valores, estará muy reducida para ser tomada en cuenta.

“La mania de Juzgar”

“La mania de Juzgar”

Mateo: 5, 33-37

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Han oído que se dijo a los antiguos: No jurarás en falso y le cumplirás al Señor lo que le hayas prometido con juramento. Pero yo les digo: No juren de ninguna manera, ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es donde él pone los pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran Rey.

Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes hacer blanco o negro uno solo de tus cabellos. Digan simplemente sí, cuando es sí; y no, cuando es no. Lo que se diga de más, viene del maligno”.

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Es normal que la manera de interpretar la realidad, los pensamientos, las acciones y al mismo Dios, varía en cada persona según sea su experiencia de vida y formación académica, como una forma de expresar su sentir y pensar muy personal.

Solemos juzgar todos los acontecimientos y las cosas con nuestro criterio pensando que es el correcto, sin embargo no en muchas ocasiones acertamos, solemos equivocarnos aún pensando que estamos en lo correcto, la razón es manifiesta cuando no se tiene toda la información de manera verídica.

Sin embargo nuestros juicios en realidad nos comprometen, porque somos responsables de cuanto hagamos y digamos, a veces perdemos la conciencia de hasta donde pueden llegar las consecuencias de nuestros actos y de nuestras palabras, ya sean buenos o malos, se convierte en una manía el juzgar.

Una actitud sana y cristiana es no juzgar, no criticar, no intervenir en asuntos que no nos pertenecen, ni los conocemos, porque al hacerlos nuestros sufrimos, pudiendo evitarlo sin pensar negativamente de algo o alguien y así no perder la paz.

“El dolor de juzgar”

“El dolor de juzgar”

Lucas: 6, 36-38

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.

Den y se les dará: recibirán una medida buena, bien sacudida, apretada y rebosante en los pliegues de su túnica. Porque con la misma medida con que midan, serán medidos”.

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Parece un común denominador tener una opinión tanto personal como ajena sobre toda circunstancia que acontezca en el mundo o en lo personal y comunitario. Opinión que resulta horrorosa por todo cuanto conlleva su emisión y afirmación.

Ya que cuando emitimos un juicio, no necesariamente resulta en productivo y solucionador de situaciones, sino todo lo contrario, sale con una muy buena medida de nuestro propio pensar y sentir, que por lo general va lleno de una dosis de odio personal, causado por el dolor que llevamos al no desear salir de nuestros propios problemas y vivir con ellos como lo ordinario en la vida e infelices o insatisfechos.

Por lo que cuando dejamos de emitir juicios, dejamos de sufrir por el qué y  el cómo de los demás, no los hacemos nuestros, ni les añadimos nuestra empapada de coraje. En realidad cuando un juicio es emitido, habla de cómo está nuestro corazón, se descubre ante los demás en la forma y el modo de expresar dicho juicio o crítica, habla más de si, que de lo que enjuicia.

Es por ello que si deseamos evitar ese dolor que vamos alimentando y acumulando cada vez más en nuestro corazón, dejemos de juzgar, evitemos esa ansiedad, y simplemente cuando tengamos la suficiente paz, acerquémonos a ayudar si es que nos toca, porque acelerados, aceleramos aún más el dolor de los demás.

“Saldar cuentas a tiempo”

“Saldar cuentas a tiempo”

Mateo: 5, 20-26

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Les aseguro que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán ustedes en el Reino de los cielos.

Han oído que se dijo a los antiguos: No matarás y el que mate será llevado ante el tribunal. Pero yo les digo: Todo el que se enoje con su hermano, será llevado también ante el tribunal; el que insulte a su hermano, será llevado ante el tribunal supremo, y el que lo desprecie, será llevado al fuego del lugar de castigo.

Por lo tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda. Arréglate pronto con tu adversario, mientras vas con él por el camino; no sea que te entregue al juez, el juez al policía y te metan a la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo”.

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Nos es muy común confiarnos de que la vida seguirá igual a como estamos acostumbrados a vivirla, pensando que hay tiempo para dejar los pendientes y deberes para después.

Olvidamos que la vida puede cambiar en segundos, tanto en situaciones negativas como positivas, pero en general los resultados suelen ser aquellos que nosotros sembramos con nuestra propia y peculiar forma de vivir.

Si proyectamos de igual manera los pendientes que tenemos que arreglar con otras personas, éstos suelen agravarse hasta tomar por la parte opuesta decisiones radicales e inamovibles por nuestra falta de interés para solucionarlos.

Es por ello, que el Señor nos recuerda que lo más sano y para evitar esos inconvenientes, debemos a su tiempo hacer lo que debemos y bien hecho.

Sobre todo en aquello que nos recomienda en los mandamientos, que no es una negación de actividades, sino una prevención de problemas y daños personales, con consecuencias de pérdida de santidad y gracia, así como la paz y estabilidad emocional.

“Las Circunstancias Sociales”

“Las Circunstancias Sociales”

Lucas 7,11-19

“…En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío.

Cuando estaba cerca de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda, y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. Al verla el Señor, se compadeció de ella y le dijo:

–No llores.

Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo:
–¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!

El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo:
–Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo…”

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Pareciese o así quisiéramos entender que Dios, su ámbito está sólo dentro de los templos, que no tuviese ninguna injerencia en la vida ordinaria, ni en lo educativo, ni en lo político, ni en la sociedad.

Sin embargo el Evangelio de hoy, por medio de San Lucas, nos revela lo contrario.


Encontramos a un Jesús, que en busca de esa fe perdida que inunda todos los ámbitos de la vida, al ir caminando en la calle, ve todas las circunstancias sociales, políticas, religiosas que rodean el hecho de una muerte de un hijo único e hijo de una viuda.

En su tiempo, rechazados social y religiosamente por ser considerados impuros y “castigados de Dios”. Ante este hecho Jesús por su iniciativa actúa, nadie se lo pidió, está inmerso en ese contexto cultural sanándolo, no sólo al resucitar al muchacho hijo de la viuda, ya que su situación seguirá igual de rechazo, sino sana el ambiente social y acepta lo que injustamente el mundo rechaza. Dándole un nuevo sentido a las situaciones sociales. Ese es el verdadero milagro, y el otro, un instrumento para manifestarlo.

“Tu consejo será lo que tu corazón posea”

“Tu consejo será lo que tu corazón posea”

Lucas: 6, 39-42

En aquel tiempo, Jesús propuso a sus discípulos este ejemplo: “¿Puede acaso un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un hoyo? El discípulo no es superior a su maestro; pero cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.

¿Por qué ves la paja en el ojo de tu hermano y no la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo te atreves a decirle a tu hermano: ‘Déjame quitarte la paja que llevas en el ojo’, si no adviertes la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga que llevas en tu ojo y entonces podrás ver, para sacar la paja del ojo de tu hermano”.

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Es muy común el que tengamos en varias ocasiones la iniciativa de ayudar a los demás, y no dudo que sea de la mayor y más sana intención, lo cual es muy bueno, habla de un ser que sabe donarse y se preocupa por los demás.

Pero sin embargo nos encontramos con la realidad de que cada persona comparte incondicionalmente aquello que ha sido se depositado en su corazón, de tal manera que la formación que haya tenido en su vida, tanto experiencias positivas como negativas, será lo que proponga como soluciones.

Nos imponemos a vivir una vida única en el entorno familiar, a tal grado de percibir como ordinarias y naturales las formas y tratos con los que nos desarrollamos, como ese fuera el estándar que habrá que imponer a los demás, a tal grado de no percibir nuestras propias limitaciones o errores con los que hemos crecido porque está velado a nuestro ser, y por ende somos inconscientes de ello, cosa que otros sí lo ven, excepto nosotros.

Aquí es cuando exigimos a los demás que hagan un bien o corrijan su vida, como lo dice el evangelio, sin ver nuestras limitaciones y errores, a su vez no permitimos que nos corrijan porque creemos que así estamos bien, cuando la verdadera salud y el verdadero exigir al otro, vienen de la aceptación primeramente de las propias limitaciones.   

Es una bendición cuando tenemos la oportunidad de interiorizar, y buscar llegar a un crecimiento y a una madurez óptima, antes de exigirlo a los demás, porque si no es así, tu ayuda irá impregnada de tus propias soluciones erróneas que  los hará caer en tus mismos errores.  Tu corazón por más bien intencionado que esté, compartirá lo que tenga sano, pero también lo que tenga dañado.  

Por ello es muy importante revisar en salud qué tanta salud tenemos, y qué tan real es la ayuda que proveemos, porque si andamos mal, ayudaría mucho más el no intentar ayudar.

“Justicia ante misericordia”

“Justicia ante misericordia”

Mateo: 5, 38-42

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Han oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente. Pero yo les digo que no hagan resistencia al hombre malo. Si alguno te golpea en la mejilla derecha, preséntale también la izquierda; al que te quiera demandar en juicio para quitarte la túnica, cédele también el manto. Si alguno te obliga a caminar mil pasos en su servicio, camina con él dos mil. Al que te pide, dale; y al que quiere que le prestes, no le vuelvas la espalda”.

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Es una lucha constante poder solicitar y ejercer una sana justicia en cuanto a lo social y político se refiere, donde no siempre se dan los resultados esperados, donde además de tratar de aplicar una justicia legislada, pretendemos imponer nuestra propia justicia personal impregnada de dolor y odio, a manera de compensar el tamaño del daño recibido, que jamás se justifica.

El hecho es, que aún en nuestros días no se ha podido llegar a un zenit, donde la justicia sea aplicada saciable y favorablemente, pretendemos manipularla para un siempre ganar alimentando la negatividad según sea el suceso al que se aplique. Es un volver a justificar el ojo por ojo, pero más radical y ensañado. 

En éste punto no hay que volcarnos a la misericordia como un opuesto radical, donde creemos que todo debe ser perdonado sin importar el daño causado, sin juicio ni consecuencias, a la manera de considerar un Dios bonachón.

La misericordia no olvida ni descarta la justicia, se basa en ella y la lleva como plataforma a un nivel superior, donde precisamente se enfoca en solucionar y hacer crecer a la persona, ayudándola superar esa situación, hacerla responsable y consciente de su falta, para desarrollarnos con ello, pero todo prudentemente llevado con un trato misericordioso, para así entender la verdadera Justicia y no convertirnos en justicieros.

Por ello ejemplifica Jesús responder amablemente ante quien te exige algo, como caminar, o quitarte la túnica, hay que dar más, a modelo de Jesucristo, para superar el odio y el dolor con una justicia plena y reparadora. Aquí es donde la misericordia hace lo suyo.

“Jurar es respaldar una mentira”

“Jurar es respaldar una mentira”

Mateo: 5, 33-37

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Han oído que se dijo a los antiguos: No jurarás en falso y le cumplirás al Señor lo que le hayas prometido con juramento. Pero yo les digo: No juren de ninguna manera, ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es donde él pone los pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran Rey.
Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes hacer blanco o negro uno solo de tus cabellos. Digan simplemente sí, cuando es sí; y no, cuando es no. Lo que se diga de más, viene del maligno”.

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Desde que se inventaron las excusas, resultan en un recurso muy práctico para hacer falsas promesas, y para tener una mejor y autentica justificación en la que se antepone como premisa a Dios mismo para darle un aire de verdad total y absoluta, por lo que se jura en su Nombre, cuando en realidad es un chantaje muy bien manejado y manipulado para que el otro confíe en esa falsa seguridad que brinda la persona mentirosa en el mismo nombre de Dios.

Y es que la misma ley de Dios, conociendo lo manipulador que es el pecado arraigado en los corazones débiles y llenos de falsedad, lo establece como el segundo mandamiento dado el grado de gravedad del insulto a Dios y el engaño a los demás, que al final siembra indirectamente en la persona una desconfianza en el mismo Dios al resultar en un engaño o una promesa no cumplida, enmarcada en ámbito de total verdad y sagrado.

Es por ello que Jesús enfatiza que para nada se utilice esa mentira enmarcada en un juramento, si se sabe que es un recurso para embaucar a gente noble que realmente confía en Dios. 

Es por ello que Jurar es respaldar una mentira, por ello en vez de manipular a beneficio propio el nombre de Dios, basta la verdad total de un Si o un No, que no necesita mayor explicación, y que habla de tus profundas intenciones, sean malas o muy positivas, porque sabiamente lo dice el dicho: “explicación no pedida, acusación manifiesta”.