“Tirar la primera piedra”

“Tirar la primera piedra”

Juan 8, 1 11

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.

Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio y, colocándola en medio, le dijeron: –«Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?»

Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo.

Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.

Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: –«El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra».

E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.

Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos.

Y quedó solo Jesús, con la mujer, que seguía allí delante.

Jesús se incorporó y le preguntó: –«Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?»

Ella contestó: –«Ninguno, Señor».

Jesús dijo: –«Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más».

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Aunque estemos esquemáticamente en un mundo cada vez más civilizado sobre todo en el ámbito científico, social y tecnológico, pareciese que se resisten a evolucionar ciertas tendencias y actitudes en nuestra forma de vida.

Al parecer la edad de piedra se resiste a cambiar, claro, metafóricamente hablando. Ya que muy acostumbrados ordinariamente estamos a de manera casi nativa juzgar crudamente a los demás; ademas de ser en la actualidad un negocio muy lucrativo, ya que el escándalo y la morbosidad se venden como pan caliente, sobre todo en personas de perfiles de bajo criterio, que al parecer cada vez más abundan, con los nuevos modelos de educación que no invitan a pensar.

Y es que una cosa lleva a la otra, la falta de educación conlleva la falta de respeto a la dignidad de los demás, y por ende al juicio falso y temerario autoparticipativo en cuanto se enteran de nuevas situaciones, todo cargado con un cinismo ya clásico como lo ordinario, que se apoya envalentonadamente en las masas, más no es capaz de actuar de manera independiente y personal.

Aquí, en esas circunstancias como en antaño, no nos la pensamos en inmediatamente tomar y tirar la primera piedra. Todo por no ser conscientes inicialmente del sentido común, y sobre todo de la gravedad de la falta que contraen con esas actitudes negativas, mucho menos del pecado que es en sí mismo.

Sólo quien es consciente de su vida y su situación de pecador, es quien reconoce su falta y tiene la vergüenza de no remarcar la del hermano, lo conozca o no, sabiéndose que no tiene derecho de tirar la primera piedra, a no ser que se acerque para ayudarle a crecer en el proceso de la santidad, como hijos de un mismo padre, que cayendo se apoyan mutuamente para levantarse y juntos poder llegar a la patria celestial.

“Quién es el justificado”

“Quién es el justificado”

Lucas 18, 9-14

En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: –«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: «¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo».

El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: «¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador».

Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

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Ciertamente existen miles de fórmulas legales, tanto de derecho divino, como de derecho humano, casi somos una receta para la felicidad, pero hay que caer en cuenta, de que no son mágicas, no por el hecho de conocerlas y enunciarlas con puntos y comas, quiere decir que ya estamos del otro lado.

Esta tendencia nos viene por la cultura judía, que en su idiosincracia, el seguimiento de la ley lleva a la santidad, y es llamada ley de santidad, pero cumplirla y exigirla tajantemente, raya en radicalismos y deshumaniza, ya que se olvida de su fundamento que es el amor y la caridad, ya que sin ellos se convierte en letra que mata.

En el evangelio tenemos el caso de uno que por cumplir los preceptos se siente salvado, es decir justificado, cuando en realidad no hace nada por el otro mas que fijarse en sí mismo al pretender ser puro, evitando cruelmente el trato con los que van en camino de perfeccionarse en la santidad. A eso le llamamos falta de caridad.

Sin embargo en Jesús el principal motivo para llegar, como de ayudar a los demás, es precisamente la caridad, aquella que brota de los que se saben que la ley no basta porque les falta perfeccionarse a ese nivel, pero sin perder el rumbo de la realidad, y sin perder de vista a los otros. Aquellos que se reconocen como tal y no se cuelgan en base a cumplimiento de normas, el título de justificados.

En realidad el que mayor se justifica no es el que se alaba a sí mismo con aires de santidad, sino aquel que reconoce que es falto de gracia porque de suyo ya se está disponiendo a ella y la está pidiendo. 

El justo es el que sabe que la obra en su vida no es por sí, sino por aquel que nos participa de sus dones, porque son de Él, no de nosotros. Ese es Justo y así se justifica.

“Lo mismo será para ésta generación”

“Lo mismo será para ésta generación”

Lucas 11, 29-32

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: –«Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación.

Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.

Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás».

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En repetidas ocasiones solemos buscar indefinidamente la novedad en nuestras vidas, siempre en búsqueda de algo nuevo y de ello se aprovechan aquellos que saben manejar esas tendencias y necesidades, canalizándolas por la mercadotecnia, acentuando el apetito insaciable del tener algo nuevo sea por el medio que sea y con las consecuencias que conlleve. 

Al igual en la fe, como que buscamos de manera muy similar la novedad en el actuar de Dios, nos cansamos de la bondad y gracias recibidas que no dejan de ser siempre nuevas de parte de Dios, además de ya estar encarrilados en el tren del vértigo por el tener; de Dios siempre queremos mas.

Pero olvidamos que esa novedad está presente día a día, porque ni el aire, ni el sol, ni el agua es la misma, jamás se repite un momento en el caminar de nuestras vidas, porque si a esas vamos, tan sólo la postura del planeta está en diferente postura progresivamente dentro del universo en movimiento. Los conceptos de rutina y repetitividad están solamente en nuestra mente y desgraciadamente los enfatizamos, sin ver la oportunidad que se te da cada mañana desde que despiertas.

Jesús no te dará nada nuevo a la escala que lo pides, si no eres capaz de reconocer la infatigable novedad de cada momento, porque si no ves lo poco, es muy probable y casi estoy seguro que no valoraras lo mucho, porque pasará a tan sólo ser una motivación espectacular.

Así que no hay que pedir más, porque a ésta generación no se le dará nada nuevo, porque lo que ya tenemos basta y ahí mismo se manifiesta su grandeza.

“Unos letrados decían…”

“Unos letrados decían…”

Marcos 3, 22-30

En aquel tiempo, unos letrados de Jerusalén decían:

—Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios.

El los invitó a acercarse y les puso estas comparaciones: —¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino en guerra civil, no puede subsistir; una familia dividida, no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa. Creedme, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre.

Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.

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Los conocimientos adquiridos en nuestro esfuerzo personal, ciertamente forman nuestra vida así como nuestro esquema de pensamiento, el cual junto con nuestro perfil psicológico deriva en algún esquema de pensamiento que se nos acomoda, o en ciertas ideologías.  En otros casos nos valemos de ellos para afirmar quienes somos, o quiénes pretendemos ser, pero el estudio no lo es todo en nuestra vida, es un elemento básico y muy importante, pero el hecho de que seamos letrados, no es garantía de que seamos excelentes personas, porque hay que ver también cómo estamos en el ámbito de la estabilidad emocional así como en la espiritual.

Aquí en concreto, ante Jesús, a dichos letrados, aquellos que se mencionan en el evangelio, no les vamos a quitar el título, pero es muy cierto que se ponen a opinar sobre campos que no les incumbe, que no han profundizado en ellos y que no tienen idea de cómo manejarlos. Pero que con su autoridad ganada a título sobre papel, se dan el lujo de posicionarse aunque se equivoquen.

A ellos, se les hace fácil desacreditar a otros si lo desean, muy seguros de su rol y estatus, pero que no saben ni se dan cuenta del campo que están tratando. Al contrario en Jesús vemos que vive dentro de la realidad no letrada ni literal, sino verdadera y existencial, con conocimiento certero y experiencia basta; les refuta la consecuencia de sus juicios no fundamentados, de sus críticas y descréditos, porque al parecer no se dan cuenta de que llegan a blasfemar incluso contra el Espíritu Santo, y eso lo esclarece Jesús haciéndolo notar.

A veces de igual manera nos sentimos con todo el derecho y la autoridad para juzgar y afirmar difamatoriamente nuestros propios sentimientos hacia el otro para denigrarlo, pero de igual manera, no olvides ni pases por alto aquello que con tu juicio estás atrayendo hacia tí, simplemente como consecuencia lógica de tus propios actos que no alcanzas a ver hasta donde llegan.

Es por ello, que por muy sobreinformados que estemos, no tenemos el derecho de perturbar otra alma, porque siempre será un reflejo de cuán lastimada está la tuya. Respeto, creo que es lo que debemos de tener ante cualquier situación del otro.

“…Por fuera parecen justos…”

“…Por fuera parecen justos…”

Mateo 23, 27-32

En aquel tiempo, Jesús dijo a los escribas y fariseos: “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque son semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre! Así también ustedes: por fuera parecen justos, pero por dentro están llenos de hipocresía y de maldad.

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque les construyen sepulcros a los profetas y adornan las tumbas de los justos, y dicen: ‘Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, nosotros no habríamos sido cómplices de ellos en el asesinato de los profetas’! Con esto ustedes están reconociendo que son hijos de los asesinos de los profetas. ¡Terminen, pues, de hacer lo que sus padres comenzaron!”.

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Es una pena que la verdad, tan preciada que es en sí misma, en común asociación con la realidad, muchas veces sea rechazada y suplantada por una falsa apariencia, sobre todo hoy, en estos tiempos que la imagen se manipula y se distorsiona tanto para bien, como para mal, es una realidad que en el mundo de quienes no tienen principios, ni moral, ni autenticidad, se la viven vendiendo imágenes falsas; a eso se dedican las agencias de publicidad y mercadotecnia, porque lo que es verdad y bueno en sí mismo se le reconoce y se vende por sí solo, pero si necesita anunciarse es porque, por sí mismo no vale su propio ser como verdadero y bueno.

Acerca de las noticias que se nos ofrecen hoy en día, habría que tener una seria discapacidad para no ver la realidad y creer la sarta de mentiras que manipulan y maquillan, siempre moviendo voluntades débiles y haciéndolas suyas; un ejemplo de manipulación es el siguiente: se desploma un avión, si dicen que estaba lleno de convictos asesinos, decimos, que bueno, se lo merecían; pero si dicen que había ochenta niños y que las perdidas ascienden a billones de dólares, entonces si nos mueven. Así es como te presentan la información, sembrando la reacción deseada en ti.

Más sin embargo, para qué nos vamos lejos, lo mismo acontece en nuestra propia vida y familia, una es la pantalla que presentamos y otra es la realidad que vivimos, pretendemos vivir en los más lujosos residenciales o bien posicionados, publicar eventos sociales personales en los periódicos, decir que conocemos a la crema y nata de la sociedad por nombres y apellidos, cuando en realidad no tienen ni en qué caerse muertos y hasta andan pidiendo por doquier para la mensualidad de la niña o para la gasolina, pero antes muertos que sencillos.

No hay que ir tan lejos y juzgar a los fariseos cuando nosotros estamos peor. Cuidado con la hipocresía, suele salir cara, sus consecuencias son irreversibles y las pérdidas no son en dólares, pero si en personas que valen la pena y en la confianza hacia ti, fatal.

Ya se acabaron los tiempos de las apariencias, ya no haces tonta a la gente, hoy ó vives tu verdad y en la verdad o, tu mentira será autoexpuesta no por los demás, sino por ti mismo, no te extrañe luego y se diga públicamente: ‘por fuera parecen justos’.

“Pecado: Misericordia o castigo”

“Pecado: Misericordia o castigo”

Mateo: 18, 15-20

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos. Pero si ni así te hace caso, díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como de un pagano o de un publicano.

Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.

Yo les aseguro también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos”.

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En todo lo que concierne al pecado, podemos derramar todo un sinfín de vertientes y opiniones, tanto las oficiales, que por cierto no son muy bien conocidas, como las de tendencias puritanas radicalistas, hasta las laxas y totalmente permisivas.

De principio debemos de ubicar el contexto del pecado en el plan de Dios, que por cierto no estaba contemplado, por lo que Dios ante su presencia, tiene que reinventar su plan y convertirlo ahora en uno de recuperación por la pérdida de toda la gracia de Dios, quedando desproveídos de su contexto y viviendo al día con nosotros mismos y la vida simple para recuperar la divina.

Por lo que el pecado, claro que tiene una culpa y un castigo, pero éste no viene de Dios, sino que permite que las consecuencias de nuestros propios actos nos afecten, ya que las sembramos nosotros mismos.

Aunque por otro lado está la misericordia de Dios que no deja al ser humano solo, sino que lo acompaña en el camino de la recuperación de la gracia, cosa que pocos asimilan cuando Dios da la oportunidad de redimirnos.

No hay que olvidar que también existe la justicia, y no pasa desapercibida por Dios lleno de misericordia, ésta se cumple en la caridad cuando solicita el creador el reparo de los daños ocasionados y entonces sanos de toda falta, devolvernos la gracia, he ahí una justicia que debe resarcir y que se le da la oportunidad de hacerlo. 

El castigo lo pagamos nosotros como elemento obvio ante el mal que causamos, véase el fenómeno causa – efecto, y la misericordia divina está presente al no juzgarnos sin clemencia, sino con la paciencia de que volvamos a hacer no el mal, sino aún mejor un bien.

“Igualdad a mi manera”

“Igualdad a mi manera”

Mateo: 7, 1-5

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No juzguen y no serán juzgados; porque así como juzguen los juzgarán y con la medida que midan los medirán.

¿Por qué miras la paja en el ojo de tu hermano y no te das cuenta de la viga que tienes en el tuyo? ¿Con qué cara le dices a tu hermano: ‘Déjame quitarte la paja que llevas en el ojo’, cuando tú llevas una viga en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga que tienes en el ojo, y luego podrás ver bien para sacarle a tu hermano la paja que lleva en el suyo”.

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Nuestra cultura trae consigo un sinnúmero de avances, pero a su vez conlleva otro tanto de situaciones negativas. Ahora todo mundo se ha convertido en un experto en todas las materias y con derecho a opinar de temas que inclusive desconoce, como si su opinión sin fundamento, fuera detonante para un cambio importante, lo cual es imposible porque las palabras sin hechos, son tan sólo palabras.

Hoy ya todo el mundo quiere igualdad en todos los derechos; nos fijamos en lo que no tenemos, más que proponer y dar solución a las verdaderas carencias personales así como a las comunitarias. 

Exigimos derechos que resultan a veces absurdos, pero que no somos capaces de vivirlos como tal, y mucho menos con las obligaciones que le proceden. Somos como esos hermanos tan llenos de falsa compasión, buenos para remarcar amablemente las carencias y defectos de los demás, acentuando, como si fueran expertos, sin cambiar un poco sus propias deficiencias, las cuales son intocables e indiscutibles, ofendiéndose si alguna mención se hace a ellas y haciendo un escándalo que Dios guarde la hora.

Queremos una igualdad sin verdad ni valores, aquella que atienda a mi lógica reduccionista, sin siquiera con la más mínima coherencia, es decir una igualdad a mi manera, donde yo soy quien importa y el mundo me es indiferente.

Es por ello, que para poder tener un criterio, el respaldo lo basa la propia vida, ya que como ésta la llevemos, será como opinemos, más sin Dios y sin valores, estará muy reducida para ser tomada en cuenta.

“La mania de Juzgar”

“La mania de Juzgar”

Mateo: 5, 33-37

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Han oído que se dijo a los antiguos: No jurarás en falso y le cumplirás al Señor lo que le hayas prometido con juramento. Pero yo les digo: No juren de ninguna manera, ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es donde él pone los pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran Rey.

Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes hacer blanco o negro uno solo de tus cabellos. Digan simplemente sí, cuando es sí; y no, cuando es no. Lo que se diga de más, viene del maligno”.

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Es normal que la manera de interpretar la realidad, los pensamientos, las acciones y al mismo Dios, varía en cada persona según sea su experiencia de vida y formación académica, como una forma de expresar su sentir y pensar muy personal.

Solemos juzgar todos los acontecimientos y las cosas con nuestro criterio pensando que es el correcto, sin embargo no en muchas ocasiones acertamos, solemos equivocarnos aún pensando que estamos en lo correcto, la razón es manifiesta cuando no se tiene toda la información de manera verídica.

Sin embargo nuestros juicios en realidad nos comprometen, porque somos responsables de cuanto hagamos y digamos, a veces perdemos la conciencia de hasta donde pueden llegar las consecuencias de nuestros actos y de nuestras palabras, ya sean buenos o malos, se convierte en una manía el juzgar.

Una actitud sana y cristiana es no juzgar, no criticar, no intervenir en asuntos que no nos pertenecen, ni los conocemos, porque al hacerlos nuestros sufrimos, pudiendo evitarlo sin pensar negativamente de algo o alguien y así no perder la paz.

“El dolor de juzgar”

“El dolor de juzgar”

Lucas: 6, 36-38

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.

Den y se les dará: recibirán una medida buena, bien sacudida, apretada y rebosante en los pliegues de su túnica. Porque con la misma medida con que midan, serán medidos”.

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Parece un común denominador tener una opinión tanto personal como ajena sobre toda circunstancia que acontezca en el mundo o en lo personal y comunitario. Opinión que resulta horrorosa por todo cuanto conlleva su emisión y afirmación.

Ya que cuando emitimos un juicio, no necesariamente resulta en productivo y solucionador de situaciones, sino todo lo contrario, sale con una muy buena medida de nuestro propio pensar y sentir, que por lo general va lleno de una dosis de odio personal, causado por el dolor que llevamos al no desear salir de nuestros propios problemas y vivir con ellos como lo ordinario en la vida e infelices o insatisfechos.

Por lo que cuando dejamos de emitir juicios, dejamos de sufrir por el qué y  el cómo de los demás, no los hacemos nuestros, ni les añadimos nuestra empapada de coraje. En realidad cuando un juicio es emitido, habla de cómo está nuestro corazón, se descubre ante los demás en la forma y el modo de expresar dicho juicio o crítica, habla más de si, que de lo que enjuicia.

Es por ello que si deseamos evitar ese dolor que vamos alimentando y acumulando cada vez más en nuestro corazón, dejemos de juzgar, evitemos esa ansiedad, y simplemente cuando tengamos la suficiente paz, acerquémonos a ayudar si es que nos toca, porque acelerados, aceleramos aún más el dolor de los demás.

“Saldar cuentas a tiempo”

“Saldar cuentas a tiempo”

Mateo: 5, 20-26

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Les aseguro que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán ustedes en el Reino de los cielos.

Han oído que se dijo a los antiguos: No matarás y el que mate será llevado ante el tribunal. Pero yo les digo: Todo el que se enoje con su hermano, será llevado también ante el tribunal; el que insulte a su hermano, será llevado ante el tribunal supremo, y el que lo desprecie, será llevado al fuego del lugar de castigo.

Por lo tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda. Arréglate pronto con tu adversario, mientras vas con él por el camino; no sea que te entregue al juez, el juez al policía y te metan a la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo”.

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Nos es muy común confiarnos de que la vida seguirá igual a como estamos acostumbrados a vivirla, pensando que hay tiempo para dejar los pendientes y deberes para después.

Olvidamos que la vida puede cambiar en segundos, tanto en situaciones negativas como positivas, pero en general los resultados suelen ser aquellos que nosotros sembramos con nuestra propia y peculiar forma de vivir.

Si proyectamos de igual manera los pendientes que tenemos que arreglar con otras personas, éstos suelen agravarse hasta tomar por la parte opuesta decisiones radicales e inamovibles por nuestra falta de interés para solucionarlos.

Es por ello, que el Señor nos recuerda que lo más sano y para evitar esos inconvenientes, debemos a su tiempo hacer lo que debemos y bien hecho.

Sobre todo en aquello que nos recomienda en los mandamientos, que no es una negación de actividades, sino una prevención de problemas y daños personales, con consecuencias de pérdida de santidad y gracia, así como la paz y estabilidad emocional.