“Hay niveles de alegría”

“Hay niveles de alegría”

Juan: 15, 9-11

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Como el Padre me ama, así los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena”.

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Por lo general conceptualizamos la alegría como una actitud que se vive en momentos, a veces hay quienes consideran que la alegría proviene de ciertas actividades como ir al circo, a actividades culturales, a visitar personas, a comprar cosas, o a exigirla a los demás como un deber hacia nosotros, casi como si fuéramos bufones, para tener contenta a la gente y darle pos su lado.

Esas alegrías no negamos que se vivan confortablemente, pero la alegría que propone Jesús, no radica ni en momentos, ni en personas, radica en una actitud permanente que brota de la gracia que Dios nos participa al cumplir y tener la satisfacción de realizar un deber bien hecho y aún más por motivos de fe y divinos que se complementan con la amistad a través de la oración, los sacramentos y las sagradas escrituras.

Es una alegría que no se ubica en el nivel de lo afectivo sentimental, sino que es una forma de vida que irradia algo más que una moción, sino una plenitud de lo que se vive intensa y pacificamente. 

Alegría que se mueve en el nivel del amor, aquél que no se solicita como necesidad a los demás, sino aquel que se comparte sin interés alguno, más que el simple participar del mismo amor de Dios.

Por ello Jesús nos invita a que permanezcamos en su amor, para que precisamente, la alegría esté al nivel del amor de Dios.

“Esclavos en falsa libertad”

Esclavos en falsa libertad”

Juan: 8, 31-42

En aquel tiempo, Jesús dijo a los que habían creído en él: “Si se mantienen fieles a mi palabra, serán verdaderamente discípulos míos, conocerán la verdad y la verdad los hará libres”. Ellos replicaron: “Somos hijos de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: ‘Serán libres’?”

Jesús les contestó: “Yo les aseguro que todo el que peca es un esclavo del pecado y el esclavo no se queda en la casa para siempre; el hijo sí se queda para siempre. Si el Hijo les da la libertad, serán realmente libres. Ya sé que son hijos de Abraham; sin embargo, tratan de matarme, porque no aceptan mis palabras.

Yo hablo de lo que he visto en casa de mi Padre: ustedes hacen lo que han oído en casa de su padre”.

Ellos le respondieron: “Nuestro padre es Abraham”. Jesús les dijo: “Si fueran hijos de Abraham, harían las obras de Abraham. Pero tratan de matarme a mí, porque les he dicho la verdad que oí de Dios. Eso no lo hizo Abraham. Ustedes hacen las obras de su padre”. Le respondieron: “Nosotros no somos hijos de prostitución. No tenemos más padre que a Dios”.

Jesús les dijo entonces: “Si Dios fuera su Padre me amarían a mí, porque yo salí de Dios y vengo de Dios; no he venido por mi cuenta, sino enviado por él”.

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El mundo de las ideologías y de los estatus de vida, hacen que nos deshagamos para poder pertenecer a ellos, como una elite de la que todos desearíamos participar, se nos presenta el imitar ser como aquellos que el mundo de hoy propone, aquellos que se hacen llamar los ricos y famosos, aquellos que pueden pagar una publicación y venderse como modelos a seguir, dando imágenes de felicidad arreglada.

De igual manera nos venden la idea de libertad, aquella en la que puedes decidir hacer de todo en la vida sin consecuencias, aquella que se te presenta sin mucha información certera, la que en fachada aparece como lo máximo, siempre y cuando tengas con que pagarlo y que al final no llena nuestros propios vacíos, sino todo lo contrario.

Aquella libertad que nos orilla a sentir que no dependemos de nada ni de nadie, cuando en realidad necesitas de todos, cuando menos aquellos que hacen posible todo para que te provean el agua de uso diario, porque si nomás te cortan el suministro, te hacen la vida de cuadritos. Igual con todo cuanto necesitas, hecho y acercado a ti por empresas y personas que se dedican a ello. Por lo que no dejamos de estar atados y dependientes de ellos, no deja de ser una cierta esclavitud.

Pero sobre todo cuando te invitan a cometer actos pecaminosos que te dañan y que te los pintan como parte de tu libertad, cuando en realidad es una esclavitud crónica y degenerativa que lleva hasta la muerte.

Aquella sensación de que nuestra vida no depende de nadie más sino de nosotros, como si hubiésemos elegido nacer y nos hubiéramos creado a nosotros mismos, olvidando al creador y a quienes hicieron todo lo posible para que siguiéramos aquí.

Al final esclavos oficiales sin conciencia de ello. Cuando la verdadera libertad la da Jesús al hacernos partícipes de la verdadera libertad de los hijos de Dios. Por ello basta estar cerca de Él y ser su amigo participando de su disimulado y su gracia.

“A quién dejo que actúe en mí”

“A quién dejo que actúe en mí”

Juan: 5, 17-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos (que lo perseguían por hacer curaciones en sábado): “Mi Padre trabaja siempre y yo también trabajo”. Por eso los judíos buscaban con mayor empeño darle muerte, ya que no sólo violaba el sábado, sino que llamaba Padre suyo a Dios, igualándose así con Dios.

Entonces Jesús les habló en estos términos: “Yo les aseguro: El Hijo no puede hacer nada por su cuenta y sólo hace lo que le ve hacer al Padre; lo que hace el Padre también lo hace el Hijo. El Padre ama al Hijo y le manifiesta todo lo que hace; le manifestará obras todavía mayores que éstas, para asombro de ustedes. Así como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a quien él quiere dársela. El Padre no juzga a nadie, porque todo juicio se lo ha dado al Hijo, para que todos honren al Hijo, como honran al Padre. El que no honra al Hijo tampoco honra al Padre.

Yo les aseguro que, quien escucha mi palabra y cree en el que me envió, tiene vida eterna y no será condenado en el juicio, porque ya pasó de la muerte a la vida. Les aseguro que viene la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la hayan oído vivirán. Pues así como el Padre tiene la vida en sí mismo, también le ha dado al Hijo tener la vida en sí mismo; y le ha dado el poder de juzgar, porque es el Hijo del hombre.

No se asombren de esto, porque viene la hora en que todos los que yacen en la tumba oirán mi voz y resucitarán: los que hicieron el bien para la vida; los que hicieron el mal, para la condenación. Yo nada puedo hacer por mí mismo. Según lo que oigo, juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió”.

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La completa y total obediencia del Señor Jesús hacia su Padre Celestial, hace que su vida se vea glorificada, ya que con todas sus obras lo bendice y alaba.

Usualmente quien no tiene contacto con Dios, suele ver tan sólo la parte humana en todo cuanto hacemos, de tal manera que su juicio se verá de igualmente limitado a una opinión en términos coloquiales sin trascendencia que no llega más allá de lo filosófico y material.

Más quien se ha permitido introducirse el los misterios divinos, al conocer de una manera más personal y cercana a Dios, vive, ve y hace las obras del Padre, y no se limita a la opinión de quien no desea dar ese salto a las obras de la fe.

Por ello es necesario conocer el basto campo donde la gracia y dones de Dios superan a cualquiera protocolo o ley social que pudiese mejorar el estándar de vida actual, ya que no se limita a una acción concreta, sino que la lleva al ámbito de la santidad y lo eterno.

Tan grande y limitada puede ser nuestra voluntad como lo permitamos en las manos de Dios, pero su gracia hace que todo llegue a una plenitud que sobrepasa cualquier expectativa humana. Ya es elección nuestra a quien permitir actuar en nosotros: a nuestra sola y lógica razón, o al amor que todo lo puede para un fin mayor, que unido al nuestro y a nuestra voluntad engrandece nuestra vida, actos y ser sin limitaciones.

“Mandatos que nos convienen”

“Mandatos que nos convienen”

Juan: 15, 12-17

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande a sus amigos que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre.
No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre. Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros”.

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Por lo general tenemos una reacción instantánea cuando se nos manda realizar algo de manera imperativa y, en buena parte ésta es de rechazo, todo por algo de orgullo al no permitir que los demás manden o dominen sobre nosotros; aunque de igual manera por el contrario existen personas con una codependencia total, a tal grado de que no hacen nada si no son movidos, ya sea por temor a equivocarse o por que de plano dependen de que les den las propuestas a realizar ya resueltas y digeridas.

Sin embargo la mayoría de las veces no contemplamos usar la tregua, es decir, tomar de una manera no abusiva sino recíproca, en la que tomamos acuerdos que nos benefician a ambas partes tratadas, y es que, sabiendo entender el mandato del amor, habrá que descubrir que no se limita tan sólo a los afectos, sino a todo lo que compete a toda relación humana sana y prolifera.

Es por ello que nos conviene el mandato del amor porque aún sin que se den los apegos afectivos, las relaciones humanas llegan a tratarse en lo que cabe en toda su dignidad y respeto.

Pero si a ello le agregamos ese amor afable, ese amor desinteresado, las relaciones se fortalecerán a un grado que rebasaría la misma confianza, que al final es la intención de la instauración de los valores del Reino de Dios, Por ello esos mandatos nos convienen porque todos, salimos ganando sin necesidad de percibirlos como impositivos y adversos, quien no los aplica, sufrirá la ignominia de caminar solo con lo que la limitada relación le de a conocer, ante el mar desconocido que hay detrás de cada persona.

“La puerta está abierta”

“La puerta está abierta”

Juan: 10, 1-10

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Yo les aseguro que el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón, un bandido; pero el que entra por la puerta, ése es el pastor de las ovejas. A ése le abre el que cuida la puerta, y las ovejas reconocen su voz; él llama a cada una por su nombre y las conduce afuera. Y cuando ha sacado a todas sus ovejas, camina delante de ellas, y ellas lo siguen, porque conocen su voz. Pero a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños”.
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron lo que les quería decir. Por eso añadió: “Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes que yo, son ladrones y bandidos; pero mis ovejas no los han escuchado.
Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará, podrá entrar y salir y encontrará pastos. El ladrón sólo viene a robar, a matar y a destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”.

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Una de las principales características que nos brinda Dios es la auténtica libertad, donde a nadie exige que dé lo que no puede, sino que todo sea un ambiente de franca responsabilidad y donación, en donde a nadie se le amenace para permanecer o se le pida de manera obligada estar o donar lo que posee y adquiere. Eso se llama manipulación. 

Por el contrario, Dios ha dispuesto todas las cosas por medio de su Amado Hijo Jesucristo a quien ha presentado además de la imagen del camino, como la puerta, aquella que siempre está abierta y en la que libremente podemos entrar, o si fuera nuestra decisión poder salir sin la mayor dificultad.

Además es tan clara la manera de seguir a Jesús, que quien manipula su pensamiento o lo utiliza para beneficio propio se le considera un ladrón que se brinca por donde no debe cuando la puerta está abierta y dispuesta de par en par, eso ya habla de las malas intenciones de quien así lo hace.

Por ello no hay que andar buscando el amar a Dios de múltiples y raras maneras, lo más sencillo es lo más noble y el amor no tiene complicaciones y cuando se trata del amor de Dios es claro y directo, pero cuando no se tiene y se confunde lo complicamos y a su vez complicamos el de los demás.

Basta con toda confianza entrar por la puerta, porque lo que se hace con mentiras o a escondidas, no es digno ni bueno.

“Esas esclavitudes”

“Esas esclavitudes”

Juan: 8, 31-42

En aquel tiempo, Jesús dijo a los que habían creído en él: “Si se mantienen fieles a mi palabra, serán verdaderamente discípulos míos, conocerán la verdad y la verdad los hará libres”. Ellos replicaron: “Somos hijos de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: ‘Serán libres’?”
Jesús les contestó: “Yo les aseguro que todo el que peca es un esclavo del pecado y el esclavo no se queda en la casa para siempre; el hijo sí se queda para siempre. Si el Hijo les da la libertad, serán realmente libres. Ya sé que son hijos de Abraham; sin embargo, tratan de matarme, porque no aceptan mis palabras. Yo hablo de lo que he visto en casa de mi Padre: ustedes hacen lo que han oído en casa de su padre”.
Ellos le respondieron: “Nuestro padre es Abraham”. Jesús les dijo: “Si fueran hijos de Abraham, harían las obras de Abraham. Pero tratan de matarme a mí, porque les he dicho la verdad que oí de Dios. Eso no lo hizo Abraham. Ustedes hacen las obras de su padre”. Le respondieron: “Nosotros no somos hijos de prostitución. No tenemos más padre que a Dios”.
Jesús les dijo entonces: “Si Dios fuera su Padre me amarían a mí, porque yo salí de Dios y vengo de Dios; no he venido por mi cuenta, sino enviado por él”.

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Todo el mundo se declara libre y soberano, afirma que nadie le manda ni es esclavo de nada, pero curiosamente cuando escuchamos esas afirmaciones, resulta que la propia esclavitud es la que habla por la persona defendiéndose para permanecer. 

A lo mejor no estamos atados a grilletes y cadenas de una manera física, ni estamos en la mazmorra aislados de todo mundo, pero que tal esas esclavitudes mentales y conductuales que por un lado hemos aprendido y por otro adquirido tanto del ambiente, la cultura y las así llamadas amistades.

La negación de las esclavitudes es totalmente ideológica, pero si nos vamos a la realidad podemos enumerar algunas como lo es el celular, el internet, las redes sociales, la pornografía, algunos alimentos, las bebidas azucaradas, los licores por decir algunas, sin olvidar que a su vez tenemos apegos a personas y a fantasías.

Esclavos de todo eso y las que cada quien sabe que tiene, más sin embargo la liberación puede ser real si usamos esas situaciones y cosas de manera responsable y en medida, ya que no forman parte de nuestra propia vida, sino que las hemos adoptado libre y voluntariamente.

Es cuestión de identificar esas esclavitudes e irlas manejando para que nuestra felicidad no dependa de ello, sino que le demos su lugar a quien se lo merece, a ese Dios que tanto nos ama que nos invita a vivir en libertad, y que esa libertad sea la referencia en tu vida.

“Un camino distinto”

“Un camino distinto”

Lucas: 9, 22-25

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho, que sea rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que sea entregado a la muerte y que resucite al tercer día”.

Luego, dirigiéndose a la multitud, les dijo; “Si alguno quiere acompañarme, que no se busque a sí mismo, que tome su cruz de cada día y me siga.

Pues el que quiera conservar para sí mismo su vida, la perderá; pero el que la pierda por mi causa, ése la encontrará. En efecto, ¿de qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si se pierde a sí mismo o se destruye?”.

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No es raro que el Señor Jesús nos indique que el camino al que nos invita acompañarle, no sea el ordinario, aquel que el mundo de hoy pinta como exitoso, lleno de dinero, de fama, de atenciones, de una imagen a la que reconozca el mundo entero, como si de ello dependiera la felicidad, sino aquél que va incluso por necesidad por el camino del dolor.

Aquel que va transformando nuestra vida de una manera tan sublime que nos duele, aunque no nos dañe ni nos quite la vida, aquel que nos hace reflexionar, alejados incluso de toda influencia sin importar que sean nuestros mas allegados amigos y familia.

Y es que el camino por el que nos lleva, es distinto, pareciese muy doloroso, y en ocasiones lo será, pero será la paga para llegar a ser una mejor persona y un mejor hijo de Dios.

Recorrerlo nos dará múltiples satisfacciones y te retirará de ese mundo falso que no te lleva a ningún lugar. Vale la pena porque al final te das cuenta de lo que ganas y que nadie te quitará aunque el resto del mundo no lo entienda.

Vale la pena ir por un camino distinto y seguro.

“Todos cuentan”

“Todos cuentan”

Mateo 18, 12-14 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: —«¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños.»

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Una de las actitudes que el Mesías traerá, es antes todo la conciencia de que absolutamente ningún alma quede excluida de la alegría de la salvación. Ya que por un solo pecado y un solo hombre se perdió la gracia de Dios, al igual basta una sola alma perdida para ir en su búsqueda, al Igual por una sola alma necesitada de redención será enviado el Salvador.

Nuestro Padre celestial a toda alma creada le profesa un amor incondicional, por lo que el que ha de venir, incluirá a todos, empezando por los del pueblo llamado por Dios, para posteriormente de ahí anunciar la buena nueva a todas las naciones.

Es por ello que todos cuentan, nadie está excluido, y todos tienen el derecho de conocer la verdad y a aquél que se nos ha enviado.

La invitación que se nos da ante el encuentro con Jesús es totalmente abierta, y la decisión de retroalimentar ese amor corresponde a nuestro ser, por lo que si alguien se llega a sentir excluido, será por una moción personal mal entendida y a veces presionada por el dolor. 

Basta reconocer toda la obra que el mismo Padre ha dispuesto para que su Hijo se manifieste en nuestra carne como una muestra de su amor incondicional para con nosotros, ya que su objetivo no es otro sino el que permanezcamos en el mismo amor.

“Capacidad de elección”

“Capacidad de elección”

Marcos 10, 2-16

En aquel tiempo, se acercaron unos fariseos y le preguntaron a Jesús, para ponerlo a prueba: —¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?

Él les replicó: —¿Qué os ha mandado Moisés?

Contestaron: —Moisés permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio.

Jesús les dijo: —Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios «los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne». De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.

En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. Él les dijo: —Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio.

Le acercaban niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban.

Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: —Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él.

Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.

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Hoy parece que la capacidad de elección se ha confundido con la elección al desecho, se ha visualizado todo con una óptica centrada en el utilitarismo narcisista, a tal grado que tan sólo cubre necesidades temporales y efímeras en las que se han mezclado los verdaderos valores y por ende de igual manera desechados.

Se ha visto el matrimonio o el tan sólo vivir en pareja como una opción sentimental y de satisfacción sexual, que de suyo el matrimonio lo contempla y lo cubre, pero no como su fin ultimo, sino como algo que nos de confort, de tal manera que cuando esas mentes débiles inician un proceso de dolor, por mínimo que sea, automáticamente descartan al objetivo de su “amor” y lo convierten en un desecho caduco no auto renovable.

Olvidamos que tenemos la capacidad de elegir, y esa capacidad no significa que el amor ideal y perfecto te tenga que caer del cielo, porque es una satisfacción poder elegir a quién amar, y se elige con nombre y apellidos concretos, de igual manera con virtudes y errores en proceso de superarlos.

El amor no es ciego, ni a primera vista, eso es tan sólo un satisfactor visual, ya que un verdadero e íntegro amor nace desde el momento que decidimos y nos comprometemos realmente a quién amar como objeto concreto de nuestro propio amor. 

Habrá quien diga, “me divorcio porque se acabó el amor”, pues habría que preguntarse a qué le llamó amor que tan pronto se le acabó, porque un verdadero amor depositado en el Yo de la otra persona, independientemente de las circunstancias por la que pasa en ese momento, su aspecto y obrar, pero la persona sigue ahí y el amor también.

Cuando se pone el amor en las circunstancias, entonces ahí inevitablemente cambiará, porque las circunstancias siempre cambian, debe depositarse en la persona, y aquí radica la capacidad de elegir, no tan sólo de suplir satisfactores, porque una vez saciados surgen nuevos y es el cuento de nunca acabar.

Elige el amor en sí, concreto, y no las circunstancias del amor. Porque tienes capacidad de elegir y no es a ver si pega o a ver si conviene o funciona, elige y trabaja por lo que eliges, con sus múltiples pros y sus pocos contras.

“Quitar del camino a…”

“Quitar del camino a…”

Marcos 8, 27-35

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino, preguntó a sus discípulos: —¿Quién dice la gente que soy yo?

Ellos le contestaron: —Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas.

Él les preguntó: —Y vosotros, ¿quién decís que soy?

Pedro le contestó: —Tú eres el Mesías.

Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie.

Y empezó a instruirlos: —El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días.

Se lo explicaba con toda claridad. Entonces, Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro: —¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!

Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: —El que quiera unirse a mi, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará.

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Muy bueno es el que tengamos un propósito en la vida, que aunque en su momento no lo hayamos muy bien definido, cuando menos ya tengamos una idea del rumbo por donde te quieres dirigir. Aunque la tendencia hoy es a vivir el día a día com lo máximo sin pensar en el ayer ni en el mañana, aunque al final quedando vacío, en cierta manera es bueno,  pero orientado a un fin que no tan sólo quede en lo vivido, sino que la experiencia del día te ponga el peldaño al siguiente día. 

A veces esto resulta en un impedimento para llevar a cabo un fin concreto, ya que cada quince días te cambian el rumbo con nuevos planes, nuevas tendencias, nuevas tecnologías que no ayudan para nada en la asimilación de vida, ni en la estabilidad física y emocional. Todavía no terminas proyecto cuando lo caducan, planteando supuestamente uno nuevo que al final sigue siendo lo mismo pero pintado de otro color, y eso no se diga con la tecnología.

Al final terminamos dependientes de lo que venga porque no has definido qué quieres de tu vida en la vida. No hay una plataforma personal de arranque porque todas las que proponen son inestables, eso afecta toda tu vida y las relaciones personales, ya que de igual manera en su momento se buscan satisfactores y obsesiones, que cuando son saciadas, caducan y las personas que las proporcionaron, llámese amigo, pariente, servicio o pareja a la que tanto se le dice amar, la desechamos. 

Hay que hacer notar que todo eso tiene un plan, y no es precisamente tu felicidad aunque así te lo pinten, la mentira es muy buen negocio. Por ello hay que saber quitar del camino todo aquello que al final queda en nada, aquello que impide tu felicidad, que frustra tus verdaderos planes, que te hace poner los pies en las nubes y no en la tierra. Que te hace claudicar cuando realmente buscas el bien y ser mejor, que bloquea aquella misión la que el Padre te ha encomendado en esta vida. 

Jesús sabe lo que quiere, de donde viene y a donde va, por eso aunque los más cercanos y amados con el pretexto de la amistad cercana y en confianza, pretenden hacerlo seguir el buen plan personal y preocupado de Pedro, de tener a Jesús cerca, muy válido, pero que olvida el mayor y principal plan de Jesús que es la redención. Por eso lo rechaza en esa actitud, y sabe quien puso esa idea en el corazón de su amigo.

Así que no te la pienses en quitar del camino a quien sea, y a quien sea me refiero inclusive los que amas si te van a impedir vivir en felicidad plena y santidad, Con mayor razón a los que te causan directamente un mal intencionado y al demonio mismo junto con sus marionetas que andan entre nosotros. Tan sólo no pierdas el rumbo, sigue de la mano de Jesús y el resto se da de manera muy clara en el camino.