Lucas: 2, 16ss.

Lucas: 2, 16ss.

“…Los pastores fueron a toda prisa hacia Belén y encontraron a María, a José y al niño, recostado en el pesebre. Después de verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño y cuantos los oían, quedaban maravillados…

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Maravillarnos debemos permitirnos. El asombro alimenta nuestra alegría. Evita caer en el pesimismo, y el mundo se ve y se siente más agradable.

“Fiesta de la Candelaria”

“Fiesta de la Candelaria”

Lucas: 2, 22-40

Transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, ella y José llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley: Todo primogénito varón será consagrado al Señor, y también para ofrecer, como dice la ley, un par de tórtolas o dos pichones.


Vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y temeroso de Dios, que aguardaba el consuelo de Israel; en él moraba el Espíritu Santo, el cual le había revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías del Señor. Movido por el Espíritu, fue al templo, y cuando José y María entraban con el niño Jesús para cumplir con lo prescrito por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios, diciendo:


“Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo, según lo que me habías prometido, porque mis ojos han visto a tu Salvador, al que has preparado para bien de todos los pueblos; luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel”.


El padre y la madre del niño estaban admirados de semejantes palabras. Simeón los bendijo, y a María, la madre de Jesús, le anunció: “Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma”.


Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Asen Era una mujer muy anciana. De joven, había vivido siete años casada y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Ana se acercó en aquel momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel.


Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.
El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.

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La Fiesta de “La Candelaria” se celebra cada 2 de febrero, coincidiendo con la celebración de la presentación del Señor y la purificación ritual de la Virgen María. A mediados del siglo V esta celebración era conocida como la “Fiesta de las luces”.

Algunos sostienen que comenzó en oriente con el nombre del “Encuentro” y luego se extendió a occidente en el siglo VI, llegándose a celebrar en Roma con carácter penitencial.

Se desconoce con certeza cuándo comenzaron las procesiones con velas relacionadas a esta fiesta, pero ya en el siglo X se celebraban con solemnidad.

La advocación mariana de la Virgen de la Candelaria o Nuestra Señora de la Candelaria tuvo su origen en Tenerife (España). Según la tradición, la Virgen se apareció en 1392 a dos aborígenes “guanches” que pastoreaban su rebaño. Ellos al llegar a la boca de un barranco, vieron que el ganado no avanzaba.

Uno de los pastores avanzó para ver lo que pasaba y vio en lo alto una pequeña imagen de madera de una mujer, como de un metro de alto. En la imagen, la señora portaba una vela en la mano izquierda y cargaba a un niño en el brazo derecho, mientras que el pequeño llevaba en sus manos un pajarito de oro.

La Virgen de la Candelaria, patrona de Canarias, y se venera en la Basílica de Nuestra Señora de la Candelaria en Tenefire.

Más adelante, esta devoción se extendió y llegó también a América. En Argentina, por ejemplo, su fiesta se celebra en la localidad de Candelaria (Misiones), tomado de las antiguas reducciones jesuíticas (capital de los treinta pueblos guaraníes que incluía a Paraguay, Argentina y Brasil). Actualmente hay procesiones y se espera a la Virgen con serenata popular.

Asimismo, en la ciudad de Humahuaca, Jujuy, se realiza la tradicional danza de los toritos y fuegos artificiales. Mientras que en la provincia de Tucumán, en la localidad de Villa de Leales, esta festividad es una de las más multitudinarias. En Guaraní, provincia de Buenos Aires, la Virgen de la candelaria es patrona de la ciudad.

En Copacabana – la paz, en la Bolivia de 1583, fue tallada la imagen de la Virgen de la Candelaria de Copacabana por Francisco “Tito Yupanqui”. El Templo de Copacabana es el segundo templo más antiguo de Hispanoamérica.

En este país altiplánico, la Virgen de la Candelaria es patrona de Aquile (Cochabamba), Rurrenabaque (Beni), Samaipata (Santa Cruz), Azurduy (Chuquisaca) y de la comunidad de La Angostura en Tarija.

En la Iglesia de San Antonio, en la isla Mancera en Valdivia (Chile), hay registros del culto a la Virgen de la Candelaria que datan del año 1645. Es venerada en los sectores mineros del norte del país.

En la ciudad chilena de Copiapó existe un santuario de la Virgen de la Candelaria y en el pueblo de Mincha, comuna de Canela, se encuentra un templo donde hay gran devoción a la Candelaria y que es monumento histórico nacional desde 1980.

La ciudad de Medellín en Colombia fue erigida en sus orígenes como “Villa de Nuestra Señora de la Candelaria de Medellín” y por ello la Virgen aparece en el escudo de la ciudad.

De igual manera, la primera Catedral de la actual Arquidiócesis de Medellín fue la Iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria. Otras ciudades colombianas también la tienen como patrona.

En Puno, al sur de Perú, la Fiesta de la Candelaria es una de las más importantes de la región. Allí la imagen de la Virgen de la Candelaria es sacada en procesión por las calles de la ciudad, acompañada de danzas y música tradicional.

En noviembre del 2014, la UNESCO declaró la Festividad de la Virgen de la Candelaria de Puno como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Otros países donde se festeja a la Virgen de la Candelaria son Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Puerto Rico, Uruguay, Venezuela y muchos más.

“La Madre de Dios”

“La Madre de Dios”

Lucas: 2, 16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron a toda prisa hacia Belén y encontraron a María, a José y al niño, recostado en el pesebre. Después de verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño y cuantos los oían, quedaban maravillados. María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón.

Los pastores se volvieron a sus campos, alabando y glorificando a Dios por todo cuanto habían visto y oído, según lo que se les había anunciado.

Cumplidos los ocho días, circuncidaron al niño y le pusieron el nombre de Jesús, aquel mismo que había dicho el ángel, antes de que el niño fuera concebido. 

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Al inicio del año se nos presenta a María, precisamente como aquella mujer nueva que inicia una nueva vida, un nuevo proyecto, ya no con las mismas responsabilidades, ni con la mismas capacidades, sino con nuevos dones para desarrollarse en una etapa de crecimiento en la que Dios la invita, ella accede, proclama un Sí que empapa el cielo y la tierra con una total y alegre aceptación, porque ahora crece como madre.

María es el modelo de actitud ante una oportunidad que se nos brinda con este inicio en nuevo ciclo de trescientos sesenta y cinco días, que se encuadran con el título de año, el cual ofrece la motivación para realizarla desde hoy con entusiasmo, pero a su vez con ahínco y dedicación. 

Actitud que para verla realizada eficazmente, es necesario a la par cambiar nuestro propio esquema de vida, ya que deseamos que todo cambie, que todo sea mejor, que todo nos brinde una nueva oportunidad, tenemos toda la intención y el ánimo, queremos incluso un mundo mejor, pero nosotros no cambiamos en lo absoluto, no hacemos lo mínimo para mejorar, ya que ni las dietas las podemos cumplir, y así no se puede, porque todo lo nuevo con tu viejo Yo, no se funden en una sola persona y realidad que eres tú.

María muestra una nueva etapa con un cambio radical en su vida, de ser mujer libre, de ser esposa, ahora es madre, por lo que adopta una actitud muy adecuada cuando se necesita y eficaz que da frutos incluso de santidad.  

Es por ello, como ejemplo, que si quieres estar limpio y radiante, y esa es tu intención, pero no te bañas, es imposible ocultar nuestra suciedad por más que lo desees. Un nuevo Yo necesita una nueva forma de vida, un nuevo esquema, un nuevo camino para andar, e incluso nuevas amistades, porque a veces por donde navegamos caemos en donde los demás carecen de lo que yo carezco y ahí permanecemos. Una vida nueva, inicia con un nuevo Tú, y sé cómo un buen libro, que cuando se edita para una nueva edición, su contenido es el mismo pero ahora corregido y aumentado. 

“Esa es María”

“Esa es María”
Lucas 11, 27-28

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las turbas, una mujer de entre el gentío levantó la voz diciendo: —¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron!

Pero él repuso: —Mejor: ¡Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen!.

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Resulta en la vida que cuando conocemos a otras personas, ya sea del ambiente local o laboral, así como artístico, en ocasiones admiramos algo de ellas, algo que deseamos imitar o si nos es inalcanzable tan sólo lo reconocemos como tal.

Pero por lo general nos fijamos en las apariencias externas de las demás personas, vemos lo que de igual manera a nosotros se nos ocurre que nos dirían, pero no los valores intrínsecos de cada persona, esos son algo más personal.

A lo mejor a Jesús le echaban esos piropos y más, como un cumplido, pero Él mismo se encargaba de presumir la verdadera joya que es su madre, aquella que no tan sólo prestó el vientre, sino que es un estuche de monerías no por sus habilidades, sino como el mismo ángel Gabriel la reconoce, “llena de gracia”.

Porque María no sólo es madre, sino que además es portadora de la mayor gracia, aquella que se nos da con el bautismo, pero que ella la quiso cultivar y conservar hasta el último momento, su santidad.

Pues esa es María, la llena de gracia, la bendita entre las mujeres, a la que no sólo hay que hacérsela amiga por la fama y popularidad que posee, sino porque nos lleva a su Hijo, aquél mismo que le reconoce lo que Dios y ella han trabajado.

“Santa Mónica”

“Santa Mónica”

Mateo 23, 13-22
En aquel tiempo, Jesús dijo a los escribas y fariseos: “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque les cierran a los hombres el Reino de los cielos! Ni entran ustedes ni dejan pasar a los que quieren entrar. ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que recorren mar y tierra para ganar un adepto y, cuando lo consiguen, lo hacen todavía más digno de condenación que ustedes mismos! ¡Ay de ustedes, guías ciegos, que enseñan que jurar por el templo no obliga, pero que jurar por el oro del templo, sí obliga! ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante, el oro o el templo, que santifica al oro? También enseñan ustedes que jurar por el altar no obliga, pero que jurar por la ofrenda que está sobre él, sí obliga. ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda o el altar, que santifica a la ofrenda? Quien jura, pues, por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él. Quien jura por el templo, jura por él y por aquel que lo habita. Y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por aquel que está sentado en él”. 

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Santa Mónica, Madre de San Agustín, nació en Tagaste (África del Norte) a unos 100 km de la ciudad de Cartago en el año 332.

Sus padres encomendaron la formación de sus hijas a una mujer muy religiosa y estricta en disciplina. Ella no las dejaba tomar bebidas entre horas (aunque aquellas tierras son de clima muy caliente ) pues les decía : “Ahora cada vez que tengan sed van a tomar bebidas para calmarla. Y después que sean mayores y tengan las llaves de la pieza donde esta el vino, tomarán licor y esto les hará mucho daño.” Mónica le obedeció los primeros años pero, después ya mayor, empezó a ir a escondidas al depósito y cada vez que tenía sed tomaba un vaso de vino. Más sucedió que un día regañó fuertemente a un obrero y éste por defenderse le gritó ¡Borracha ! Esto le impresionó profundamente y nunca lo olvidó en toda su vida, y se propuso no volver a tomar jamás bebidas alcohólicas. Pocos meses después fue bautizada (en ese tiempo bautizaban a la gente ya entrada en años) y desde su bautismo su conversión fue admirable.

Su esposo

Ella deseaba dedicarse a la vida de oración y de soledad pero sus padres dispusieron que tenía que esposarse con un hombre llamado Patricio. Este era un buen trabajador, pero de genio terrible, además mujeriego, jugador y pagano, que no tenía gusto alguno por lo espiritual. La hizo sufrir muchísimo y por treinta años ella tuvo que aguantar sus estallidos de ira ya que gritaba por el menor disgusto, pero éste jamás se atrevió a levantar su mano contra ella. Tuvieron tres hijos : dos varones y una mujer. Los dos menores fueron su alegría y consuelo, pero el mayor Agustín, la hizo sufrir por varias décadas.

En aquella región del norte de Africa donde las personas eran sumamente agresivas, las demás esposas le preguntaban a Mónica porqué su esposo era uno de los hombres de peor genio en toda la ciudad, pero que nunca la golpeaba, y en cambio los esposos de ellas las golpeaban sin compasión. Mónica les respondió : “Es que, cuando mi esposo está de mal genio, yo me esfuerzo por estar de buen genio. Cuando él grita, yo me callo.

 Y como para pelear se necesitan dos y yo no acepto entrar en pelea, pues….no peleamos”. Patricio no era católico, y aunque criticaba el mucho rezar de su esposa y su generosidad tan grande hacia los pobres, nunca se opuso a que dedicará de su tiempo a estos buenos oficios.y Quizás, el ejemplo de vida de su esposa logro su conversión.

 Mónica rezaba y ofrecía sacrificios por su esposo y al fin alcanzó de Dios la gracia de que en el año de 371 Patricio se hiciera bautizar, y que lo mismo hiciera su suegra, mujer terriblemente colérica que por meterse demasiado en el hogar de su nuera le había amargado grandemente la vida a la pobre Mónica. Un año después de su bautizo, Patricio murió, dejando a la pobre viuda con el problema de su hijo mayor.

San Agustín

Patricio y Mónica se habían dado cuenta de que Agustín era extraordinariamente inteligente, y por eso decidieron enviarle a la capital del estado, a Cartago, a estudiar filosofía, literatura y oratoria. Pero a Patricio, en aquella época, solo le interesaba que Agustín sobresaliera en los estudios, fuera reconocido y celebrado socialmente y sobresaliese en los ejercicios físicos. Nada le importaba la vida espiritual o la falta de ella de su hijo y Agustín, ni corto ni perezoso, fue alejándose cada vez más de la fe y cayendo en mayores y peores pecados y errores.

Cuando murió su padre, Agustín tenía 17 años y empezaron a llegarle a Mónica noticias cada vez más preocupantes del comportamiento de su hijo. En una enfermedad, ante el temor a la muerte, se hizo instruir acerca de la religión y propuso hacerse católico, pero al ser sanado de la enfermedad abandonó su propósito de hacerlo. Adoptó las creencias y prácticas de una la secta Maniquea, que afirmaban que el mundo no lo había hecho Dios, sino el diablo. Y Mónica, que era bondadosa pero no cobarde, ni débil de carácter, al volver su hijo de vacaciones y escucharle argumentar alsedades contra la verdadera religión, lo echó sin más de la casa y cerró las puertas, porque bajo su techo no albergaba a enemigos de Dios.

La visión esperanzadora

Sucedió que en esos días Mónica tuvo un sueño en el que se vio en un bosque llorando por la pérdida espiritual de su hijo, Se le acercó un personaje muy resplandeciente y le dijo “tu hijo volverá contigo”, y enseguida vio a Agustín junto a ella. Le narró a su hijo el sueño y él le dijo lleno de orgullo, que eso significaba que ello significaba que se iba a volver maniquea, como él. A eso ella respondió: “En el sueño no me dijeron, la madre irá a donde el hijo, sino el hijo volverá a la madre”. Su respuesta tan hábil impresionó mucho a su hijo Agustín, quien más tarde consideró la visión como una inspiración del cielo. Esto sucedió en el año 437. Aún faltaban 9 años para que Agustín se convirtiera.

En cierta ocasión Mónica contó a un Obispo que llevaba años y años rezando, ofreciendo sacrificios y haciendo rezar a sacerdotes y amigos por la conversión de Agustín. El obispo le respondió: “Esté tranquila, es imposible que se pierda el hijo de tantas lágrimas”. Esta admirable respuesta y lo que oyó decir en el sueño, le daban consuelo y llenaban de esperanza, a pesar de que Agustín no daba la más mínima señal de arrepentimiento.

A los 29 años, Agustín decide irse a Roma a dar clases. Ya era todo un maestro. Mónica se decide a seguirle para intentar alejarlo de las malas influencias pero Agustín al llegar al puerto de embarque, su hijo por medio de un engaño se embarca sin ella y se va a Roma sin ella. Pero Mónica, no dejándose derrotar tan fácilmente toma otro barco y va tras de él.

Un personaje influyente

En Milán; Mónica conoce al santo más famoso de la época en Italia, el célebre San Ambrosio, Arzobispo de la ciudad. En él encontró un verdadero padre, lleno de bondad y sabiduría que le impartió sabios. Además de Mónica, San Ambrosio también tuvo un gran impacto sobre Agustín, a quien atrajo inicialmente por su gran conocimiento y poderosa personalidad. Poco a poco comenzó a operarse un cambio notable en Agustín, escuchaba con gran atención y respeto a San Ambrosio, desarrolló por él un profundo cariño y abrió finalmente su mente y corazón a las verdades de la fe católica.

La conversión tan esperada

En el año 387, ocurrió la conversión de Agustín, se hizo instruir en la religión y en la fiesta de Pascua de Resurrección de ese año se hizo bautizar.

Agustín, ya convertido, dispuso volver con su madre y su hermano, a su tierra, en África, y se fueron al puerto de Ostia a esperar el barco. Pero Mónica ya había conseguido todo lo que anhelaba es esta vida, que era ver la conversión de su hijo. Ya podía morir tranquila. Y sucedió que estando ahí en una casa junto al mar, mientras madre e hijo admiraban el cielo estrellado y platicaban sobre las alegrías venideras cuando llegaran al cielo, Mónica exclamó entusiasmada: ” ¿ Y a mí que más me amarra a la tierra? Ya he obtenido de Dios mi gran deseo, el verte cristiano.” Poco después le invadió una fiebre, que en pocos días se agravó y le ocasionaron la muerte. Murió a los 55 años de edad del año 387.

A lo largo de los siglos, miles han encomendado a Santa Mónica a sus familiares más queridos y han conseguido conversiones admirables.

“Inmaculado Corazón de María”

“Inmaculado Corazón de María”

Lucas 2, 41-52

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén para las festividades de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, fueron a la fiesta, según la costumbre. Pasados aquellos días, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran. Creyendo que iba en la caravana, hicieron un día de camino; entonces lo buscaron, y al no encontrarlo, regresaron a Jerusalén en su busca.

Al tercer día lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían se admiraban de su inteligencia y sus respuestas. Al verlo, sus padres se quedaron atónitos y su madre le dijo: –«Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia».

El respondió: —«¿Por qué me andaban buscando? ¿No sabían que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?»

Ellos no entendieron la respuesta que les dio. Entonces volvió con ellos a Nazaret y siguió sujeto a su autoridad. Su madre conservaba en su corazón todas aquellas cosas.

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Mes de junio, dedicado a los corazones de Jesús y María, recordándonos sobre todo el amor de Dios concreto en cada uno de ellos. Corazones que no han dejado de manifestar una impronta, ya que hoy en nuestros días seguimos percibiendo y gozando de ese amor tan grande que sigue dando frutos y moviendo tiernamente las voluntades, tornándolas hacia Dios.

Hoy en concreto recordamos el amor de una mujer, que ha marcado una vida y que esa vida, la de su hijo lleve su impronta bañada de caridad, aquel sello característico que como madre dedicada ha sembrado en su propio hijo.

Es un corazón que en mutua confianza con Dios, ha sido esculpido tanto humana como divinamente, como repositorio de las gracias que recibe a su vez de su hijo y que ella asimiladas en su corazón, las devuelve maternalmente a un ser que le fue otorgado en responsabilidad. María es la mayor expresión femenina de la ternura y el mismo amor de Dios. 

Es un Corazón que a su vez se ha desarrollado en la gracia previa otorgada de la Inmaculada Concepción, la cual no ha perdido y por ende a su vez, es inmaculado.

Despejemos los temores, las dudas, los malos entendidos para dar cabida al amor que abra puertas, que define relaciones y que no deja de manifestar la propia delicadeza del amor de Dios. 

“La Madre de Dios”

“La Madre de Dios”

Lucas 2, 16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño.

Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.

Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

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Es ya de suyo una bendición el hecho de que al iniciar un nuevo año civil, desde el primer día nos hacemos acompañar de María Santísima, sobre todo reconociéndola como Madre, y es que es algo que no podemos prescindir si entender el avanzar hacia este nuevo proyecto de vida en el tiempo, depositado desde éste primer día del año, rodeado de los que invariablemente te aman o te han demostrado un amor puro, sincero e incondicional y ese amor es el amor de Madre.

Por ello es justo hoy volver la mirada hacia María, la mujer que lo extraordinario lo vivió con una sencillez y armonía dentro de lo ordinario, a tal grado de engrandecer la simpleza evidenciando lo bello del día a día. Mujer forjada en medio de un seno religioso, aquél mismo que transmite y mantiene en su propio Hijo.

Mujer que maravilla a cuantos tienen la dicha de encontrarse con ella porque su acción a la respuesta de la voluntad divina hace que brille en sí misma y transforme a aquellos, tanto ayer como hoy, los que la buscan.

El caso es muy claro en el evangelio de éste día, ya que la gracia y santidad que trae su hijo ante el mundo que lo reconoce les hace reconocer la misma obra de Dios en nuestra misma carne.

Maravilla que, María discretamente como buena madre empieza a ser, conserva esa gracia en su corazón, porque sabe que aquello que le acontece, que no es por sus propios méritos, sino participados por la misma aceptación de la gracia de Dios.

Es por ello, que al igual como lo hizo esa Santa Madre, nos dispongamos en esta oportunidad de vida ante este año nuevo a abrirnos a las gracias y bendiciones divinas, y dejarlas que den su fruto y nos transformen, dándote la oportunidad de ver su acción en los que te rodean y a su vez de igual manera, meditarlas como tuyas en tu propio corazón. Me uno a tu oración para encomendarte a recibir las mayores bendiciones en este año nuevo.

“Conformados por María de Guadalupe”

“Conformados por María de Guadalupe”
Lucas 1, 39-48
María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó:

«¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor.»

María dijo entonces: «Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz».

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Este 12 de diciembre los mexicanos celebramos una de las fiestas más importantes, Santa María de Guadalupe, Nuestra Señora, fiesta que remarca la alegría e identidad de un pueblo y una cultura, celebramos el hecho Mariano, en que se manifiesta claramente la identidad de Dios y su participación de esos dones pertenecientes y provenientes de Él.

Concretamente remarcamos con gozo a través de Santa María de Guadalupe, ese aspecto divino que brota de la paternidad de Dios pero manifestado tierna, dulce y amablemente en la maternidad de María, ella muestra el aspecto femenino de los dones de Dios en toda su expresividad, marcando así una espiritualidad que llamamos Mariana.

Es espiritualidad es la que ha moldeado con toda la delicadeza maternal y sensible nuestra fe, complementándose con el aspecto firme y todopoderoso de Dios Padre, dones que en su conjunto proveen en cada fiel, la firmeza y a la vez la ternura maternal que nos completan en un ser íntegro. Suave mezcla prudente y oportuna.

Santa María de Guadalupe ha forjado a toda una nación dándole un toque único porque nos sabemos plenamente amados por una madre cercana que ha querido permanecer con nosotros, mayor gracia no podríamos pedir, y eso nos ha dado esa identidad cordial, amable, hospitalaria, siempre disponible de quién se sabe tiene una madre de esa calidad. Es un regalo que podría ser mayor si además de aceptarla, nos unimos a ella a través de la oración, a través del amor a su hijo.

No creo que Santa María de Guadalupe nos pida algo extra para dar, porque en su imagen Guadalupana es muy claro su mensaje, no ha querido que cambiemos, ni nos ha exigido algo que no podamos dar, ella misma se ha identificado con este pueblo, tomando sus rasgos y características, facilitando el acceso a lo sagrado desde una realidad concreta y cercana, eso es lo que manifiesta en esa imagen, creo que eso sería en contraparte lo que nos pediría, que nos encarnemos en Dios, que lo hagamos nuestro, que seamos uno en Él, porque ella viene a entregarnos a su hijo y quiere que lo hagas tuyo.

A quien la falte el amor a María, a quien no acepte su maternal intercesión, a quién no lo mueva al servicio, a quién no la reconozca como tal, creo que ese no es mexicano. Será un extranjero en su propio país. Porque la forja, incluye a María.

Santa María de Guadalupe, ruega por nosotros.

“La maternidad en el plan de Dios”

“La maternidad en el plan de Dios”

Juan: 12, 44-50

En aquel tiempo, exclamó Jesús con fuerte voz: “El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, para que todo el que crea en mí no siga en tinieblas.

Si alguno oye mis palabras y no las pone en práctica, yo no lo voy a condenar; porque no he venido al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo.

El que me rechaza y no acepta mis palabras, tiene ya quien lo condene: las palabras que yo he hablado lo condenarán en el último día. Porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que mi Padre, que me envió, me ha mandado lo que tengo que decir y hablar. Y yo sé que su mandamiento es vida eterna. Así, pues, lo que hablo, lo digo como el Padre me lo ha dicho”.

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Hoy celebramos en nuestro país el día de las madres, fiesta que remarcamos con suma importancia por honrar en especial a aquellas mujeres que decidieron colaborar en el plan de Dios, participando de la creación en corresponsabilidad con el Creador.

Dios respeta el mismo don que ha regalado tanto de la paternidad como de la maternidad, ya que a su Unico Hijo, no lo envío en medio de un terremoto surgiendo de las entrañas de la tierra, ni fue lanzado en medio de un rayo, tampoco cayó del cielo, ni fue traído por una corte celestial de ángeles y depositado en tres nosotros. Nació de Mujer.

Es por ello que hoy, en este día especial, remarco ese magnífico don y pido siga bendiciendo a todas aquellas bellas mujeres que le han dicho sí al Señor como María, aquellas que han dicho sí al don de la vida, aquellas que se han donado generosamente al dar de sí tanto su ser, como su tiempo y amor por aquellos que les han sido encomendados en filiación.

Mil Gracias por ser madres. Elevo al creador una oración por todas ustedes solicitando las gracias necesarias para la etapa de vida que estén llevando con sus hijos. Felicidades y bendiciones.

“La Theotokos”

“La Theotokos”

Lucas: 2, 16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron a toda prisa hacia Belén y encontraron a María, a José y al niño, recostado en el pesebre. Después de verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño y cuantos los oían, quedaban maravillados. María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón.
Los pastores se volvieron a sus campos, alabando y glorificando a Dios por todo cuanto habían visto y oído, según lo que se les había anunciado.
Cumplidos los ocho días, circuncidaron al niño y le pusieron el nombre de Jesús, aquel mismo que había dicho el ángel, antes de que el niño fuera concebido.

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Maria es Theotokos y Madre Nuestra

 

Al contemplar el Misterio del Nacimiento del Redentor, los cristianos han sentido el impulso de dirigirse no sólo a la Bella María como Madre de Jesús, sino también a llamarla y reconocerla como Madre de Dios.

Esta verdad se profundizó y percibió desde los primeros siglos de la era cristiana, como parte integrante del patrimonio de la Fe de la Iglesia, hasta llegar a su proclamación solemne en el año 431 por el Concilio de Éfeso.

En la primera comunidad cristiana, mientras crecía entre los Discípulos la conciencia de que Jesús es el Hijo de Dios, se ve más claro que la Hermosa María es la Theotokos (palabra griega que significa: Madre de Dios).

Este título de la Bella María no aparece explícitamente en el texto del Evangelio, aunque en él se habla de la “Madre de Jesús” y se afirma que Cristo es Dios (Jn. 20,28; 5,18; 10,30.33). Además presenta a la Doncella de Nazaret como Madre del Emmanuel que significa ‘Dios con nosotros’ (Mt.1, 22-23).

En el siglo III como se deduce en un antiguo testimonio escrito los cristianos de Egipto se dirigían a Ella con esta oración: “Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios: no desoigas de tus hijos necesitados; libranos de todo peligro, oh siempre Virgen gloriosa y bendita” (Liturgia de las Horas).

En este antiguo testimonio aparece por primera vez de una forma explícita la expresión Theotokos, ‘Madre de Dios’.

En la mitología pagana alguna diosa se presenta como madre de algún dios. Ejemplo: Zeus, dios supremo tenía a su madre la diosa Rea. Este contexto pudo haber facilitado, quizás, a los cristianos el uso del título Theotokos para la Madre de Jesús.

Es conveniente notar que este título no existía, sino que fue creado por los cristianos para expresar su Fe en la Concepción Virginal, en seno de la Doncella de Nazaret, de Aquel que desde siempre ha sido el Verbo eterno de Dios.

El término Theotokos, en el siglo IV ya se usa frecuentemente tanto como en Oriente como en Occidente. La piedad y la teología citan a menudo este título de la Bella María, ya que entró a formar parte de la Fe de la Iglesia.

Con esto, es posible comprender que en el siglo V, Nestorio protestara y pusiera en duda la legitimidad del título “Madre de Dios.”

En efecto, al querer considerar a la Bella María sólo como Madre del Hombre Jesús, sostuvo que solamente era correcta doctrinalmente la expresión ‘Madre de Cristo’.

Lo que llevó a Nestorio a ese error fue la dificultad para admitir la unidad de la persona de Cristo y su interpretación errónea de la distinción entre las dos naturalezas – Divina y humana – que están presentes en Él.

El Concilio de Éfeso, que se hizo en el año 431, condenó sus tesis, y el Concilio, al afirmar la subsistencia de la naturaleza Divina y humana en la única persona del Hijo, proclamo a la Hermosa María: ‘Madre de Dios’.

La tesis que planteó Nestorio nos dan la ocasión de reflexionar para comprender e interpretar de una forma correcta el título Theotokos, literalmente significa: ‘la que ha engendrado a Dios’, a primera vista se ve sorprendente y suscita una pregunta: ¿Cómo es posible que una criatura humana engendre a Dios?

La respuesta de la Fe de la Iglesia es clara: la Maternidad Divina de la Bella María sólo se refiere sólo a la generación humana del Hijo de Dios y no a la generación Divina.

El Hijo fue engendrado desde antes de los siglos por Dios Padre y es consustancial con Él. En esta generación la Bella María no intervino para nada.

Pero hace un poco más de 2000 años, el Hijo de Dios tomó la naturaleza humana y así la Doncella de Nazaret lo concibió y lo dio a luz.

La Iglesia, cuando proclama a la Hermosa María ‘Madre de Dios’, afirma que Ella es la ‘Madre del Verbo Encarnado’, que es Dios.

Su Maternidad no atañe a toda la Santísima Trinidad, sino solamente al Hijo, quien es la segunda Persona, que, al encarnarse, tomó de la Virgen de Nazaret la naturaleza humana.

La maternidad es entre dos personas: una madre no es sólo del cuerpo o del alma que Dios creó en el momento de la concepción, sino que es madre de la persona que tiene un cuerpo y un alma.

Es por eso, que la Bella María al engendrar según la naturaleza humana a Jesús, quien es Dios, Ella es Madre de Dios.

La Iglesia, cuando proclama a la Hermosa María ‘Madre de Dios’, profesa con una única expresión su Fe en el Hijo y en la Madre.

Esta unión apareció en el Concilio de Éfeso, este Concilio puso en relieve su Fe en la Divinidad de Cristo con su definición de la Maternidad Divina de la Bella María.

A pesar de de las objeciones de ayer y de hoy, sobre la oportunidad de reconocer a la Joven de Nazaret ese título, los cristianos de todas las épocas, interpretando en una forma correcta el significado de esa Maternidad, la convierten en una expresión privilegiada de su Fe en la Divinidad de Jesús y de su Amor a la Hermosa María.

En la Theotokos, la Iglesia por una parte encuentra la garantía de la verdad de la Encarnación, porque, como san Agustín afirma: “Si la Madre fuera ficticia, sería ficticia también la Carne (…) y serían ficticias las cicatrices de la Resurrección” (Tratado del Evangelio de Juan 8,6-7).

Y, por otra contempla asombrada y celebra con Veneración la grandeza sin límites que confío a la Doncella de Nazaret Aquel que quiso ser Hijo suyo.

La expresión ‘Madre de Dios’ nos lleva al Verbo de Dios, que la Encarnación asumió la naturaleza humana para elevarla y que todos fuéramos hijos de Dios.

Este título, a la luz de la sublime dignidad que Dios le concedió a la Bella María, también proclama la nobleza de la mujer y su altísima vocación.

En efecto, Dios da un trato a la Joven de Nazaret como persona libre y responsable, y no se realiza la Encarnación de su Hijo hasta que Ella da su consentimiento.

Tomando el ejemplo de los antiguos cristianos de Egipto, cada persona confía en el amparo de la Madre de Dios para que obtenga de su Hijo las Gracias de la liberación de los peligros y de la Salvación Eterna.

Por Thalia Ehrlich Garduño

Fuente: Mariología.org