“Evolución del pensamiento”

Lucas: 20, 27-40

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús algunos saduceos. Como los saduceos niegan la resurrección de los muertos, le preguntaron: “Maestro, Moisés nos dejó escrito que si alguno tiene un hermano casado que muere sin haber tenido hijos, se case con la viuda para dar descendencia a su hermano. 

Hubo una vez siete hermanos, el mayor de los cuales se casó y murió sin dejar hijos. El segundo, el tercero y los demás, hasta el séptimo, tomaron por esposa a la viuda y todos murieron sin dejar sucesión. Por fin murió también la viuda. Ahora bien, cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será esposa la mujer, pues los siete estuvieron casados con ella?”

Jesús les dijo: “En esta vida, hombres y mujeres se casan, pero en la vida futura, los que sean juzgados dignos de ella y de la resurrección de los muertos, no se casarán ni podrán ya morir, porque serán como los ángeles e hijos de Dios, pues Él los habrá resucitado.

Y que los muertos resucitan, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob. Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para Él todos viven”.

Entonces, unos escribas le dijeron: “Maestro, has hablado bien”. Y a partir de ese momento ya no se atrevieron a preguntarle nada.

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El evangelio presente no da la luz necesaria para identificar de una manera muy clara la diferencia entre una manera de pensar, a veces ancestral o tradicional que cuida un esquema de ideas a veces ya caduco ante una actualización que en realidad va conforme a la verdad en sí misma.

Aquí hay que poner muy en claro que en los textos de las Sagradas Escrituras no desdicen la verdad de Dios, la revelación como su mismo nombre lo indica, implica un proceso evolutivo de descubrimiento de la verdad, que se va revelando, pero dicha verdad no está dosificada por Dios, a manera de quien la oculta como un misterio inaccesible, sino que por el contrario, la verdad siempre es revelada en su totalidad en el proceso a través del tiempo en la consolidación de la misma Biblia, sin embargo, eso habla de la libertad que Dios mismo da a sus escritores sagrados para impregnar el mensaje revelado según lo puedan expresar a su muy propia manera personal, en su tiempo y en su cultura.

Entonces encontramos que la verdad revelada no esta limitada en sí misma, sino que la capacidad cultural y de raciocinio es la que no la puede asimilar en su totalidad, marcando una limitante en cada época con las personas en turno. Por lo que la evolución del pensamiento ha hecho posible entender aún más la misma verdad revelada a su tiempo.

Con Jesús llega la plenitud de los tiempos, ya que por un lado se cumplen las promesas hechas desde antiguo, pero la verdad sigue siento la misma, mejor expuesta y clara a su vez. De tal manera que Jesús entra en un conflicto al afirmarla en su plenitud, ante las antiguas concepciones que en su tiempo se consideraban perfectas según la madurez alcanzada al momento, ya que chocan, pero no es cuestión de verdades ya que es la misma, sino la manera de entenderla.

De igual manera Jesús solicita de nuestra parte no quedarnos con pensamientos arcaicos, sino nuevos y plenos, de tal manera que nosotros evolucionemos siempre en una mejor comprensión de la verdad y de la vida misma, para no andar con pleitos de esquemas de pensamiento diferentes cuando al final es lo mismo. Por ello al convergir en la misma verdad, ya nadie cuestiona nada.

“A quién dejo que actúe en mí”

“A quién dejo que actúe en mí”

Juan: 5, 17-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos (que lo perseguían por hacer curaciones en sábado): “Mi Padre trabaja siempre y yo también trabajo”. Por eso los judíos buscaban con mayor empeño darle muerte, ya que no sólo violaba el sábado, sino que llamaba Padre suyo a Dios, igualándose así con Dios.

Entonces Jesús les habló en estos términos: “Yo les aseguro: El Hijo no puede hacer nada por su cuenta y sólo hace lo que le ve hacer al Padre; lo que hace el Padre también lo hace el Hijo. El Padre ama al Hijo y le manifiesta todo lo que hace; le manifestará obras todavía mayores que éstas, para asombro de ustedes. Así como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a quien él quiere dársela. El Padre no juzga a nadie, porque todo juicio se lo ha dado al Hijo, para que todos honren al Hijo, como honran al Padre. El que no honra al Hijo tampoco honra al Padre.

Yo les aseguro que, quien escucha mi palabra y cree en el que me envió, tiene vida eterna y no será condenado en el juicio, porque ya pasó de la muerte a la vida. Les aseguro que viene la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la hayan oído vivirán. Pues así como el Padre tiene la vida en sí mismo, también le ha dado al Hijo tener la vida en sí mismo; y le ha dado el poder de juzgar, porque es el Hijo del hombre.

No se asombren de esto, porque viene la hora en que todos los que yacen en la tumba oirán mi voz y resucitarán: los que hicieron el bien para la vida; los que hicieron el mal, para la condenación. Yo nada puedo hacer por mí mismo. Según lo que oigo, juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió”.

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La completa y total obediencia del Señor Jesús hacia su Padre Celestial, hace que su vida se vea glorificada, ya que con todas sus obras lo bendice y alaba.

Usualmente quien no tiene contacto con Dios, suele ver tan sólo la parte humana en todo cuanto hacemos, de tal manera que su juicio se verá de igualmente limitado a una opinión en términos coloquiales sin trascendencia que no llega más allá de lo filosófico y material.

Más quien se ha permitido introducirse el los misterios divinos, al conocer de una manera más personal y cercana a Dios, vive, ve y hace las obras del Padre, y no se limita a la opinión de quien no desea dar ese salto a las obras de la fe.

Por ello es necesario conocer el basto campo donde la gracia y dones de Dios superan a cualquiera protocolo o ley social que pudiese mejorar el estándar de vida actual, ya que no se limita a una acción concreta, sino que la lleva al ámbito de la santidad y lo eterno.

Tan grande y limitada puede ser nuestra voluntad como lo permitamos en las manos de Dios, pero su gracia hace que todo llegue a una plenitud que sobrepasa cualquier expectativa humana. Ya es elección nuestra a quien permitir actuar en nosotros: a nuestra sola y lógica razón, o al amor que todo lo puede para un fin mayor, que unido al nuestro y a nuestra voluntad engrandece nuestra vida, actos y ser sin limitaciones.

“Transfigurar”

“Transfigurar”

Lucas: 9, 28-36

En aquel tiempo, Jesús se hizo acompañar de Pedro, Santiago y Juan, y subió a un monte para hacer oración. Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se hicieron blancas y relampagueantes. De pronto aparecieron conversando con él dos personajes, rodeados de esplendor: eran Moisés y Elías. Y hablaban de la muerte que le esperaba en Jerusalén.
Pedro y sus compañeros estaban rendidos de sueño; pero, despertándose, vieron la gloria de Jesús y de los que estaban con él. Cuando éstos se retiraban, Pedro le dijo a Jesús: “Maestro, sería bueno que nos quedáramos aquí y que hiciéramos tres chozas: una para ti, una para Moisés y otra para Elías”, sin saber lo que decía.
No había terminado de hablar, cuando se formó una nube que los cubrió; y ellos, al verse envueltos por la nube, se llenaron de miedo. De la nube salió una voz que decía: “Éste es mi Hijo, mi escogido; escúchenlo”. Cuando cesó la voz, se quedó Jesús solo. Los discípulos guardaron silencio y por entonces no dijeron a nadie nada de lo que habían visto.

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Desde todos los tiempos ha existido la tendencia a enajenar y a dejarse enajenar pretendiendo ser como alguien o asemejarse al mismo, no se diga ahora que todos los medios están puestos a la orden del día con esa intención canalizada a implantar ideas libertinas y la pérdida de los valores en la familia.

Sin embargo ahí a lo máximo que aspiramos es a figurar la apariencia cercana de quien se nos ha puesto como modelo, donde lo que obtenemos es tan sólo una despersonalización para aparentar lo que no somos, con la opción de rebajar nuestro comportamiento a una condición que denigra nuestra propia dignidad por copias incluso un comportamiento ajeno y desconocido. Es un hecho que aquí existe un crecimiento nulo de la persona en su ser y en sus capacidades.

Por el contrario cuando Dios se manifiesta de manera grandiosa y espectacular, lo hace muy prudentemente tan sólo con algunos cuantos, no seleccionados de modo que descarte al resto de la humanidad, sino a aquellos que han llegado a un grado de madurez espiritual donde el hecho los hará crecer aún más en la misma fe en vez de asustarlos o encandilarlos, porque saben que es algo muy personal y un regalo especial de Dios por haberse preparado y dispuesto para ello al lado de Jesús. 

Cuando Dios se transfigura en el caso del evangelio a través de Cristo, hay que entender que como el mismo término lo especifica, no suple a Jesús, no lo minimiza ni lo oculta en su ser para manifestarse, todo lo contrario, al mismo ser de Jesús lo potencializa y transparentemente sin opacarlo manifiesta la misma gloria del Padre, sin despersonalizarlo.

Al igual, nosotros debemos permitir traslucir a Dios en nuestras vidas desde nuestra propia realidad y ser, que figuremos su amor, su generosidad, su caridad con tu propio rostro.

“Tráiganmelo”

“Tráiganmelo

Mateo 17, 14-20

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre, que le dijo de rodillas: —Señor, ten compasión de mi hijo, que tiene epilepsia y le dan ataques: muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido capaces de curarlo.

Jesús contestó: —¡Gente sin fe y perversa! ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo.

Jesús increpó al demonio, y salió; en aquel momento se curó el niño. Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte: —¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros?

Les contestó: —Por vuestra poca fe.

Os aseguro que, si fuera vuestra fe como un grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría. Nada os sería imposible.

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Cientos de veces me ha tocado escuchar personas que solicitan constantemente oración de intercesión por alguna persona o algún problema particular y, claro con mucho gusto lo hago e invito a aquellas amistades e inclusive a mi misma comunidad a pedir por dicha causa.

Otras veces escucho gritos de desesperación a pedir por los pecadores y su conversión, incluso en el ritual de la Adoración Nocturna Mexicana, se lee “México, México, conviértete al Señor tu Dios” como tres veces seguidas. Claro es una frase que se remonta al momento histórico de la persecución religiosa en México bajo las armas, llamada La Cristiada, algo similar con lo que pasa en medio oriente en la actualidad.

Podemos sin cesar hacer una oración muy constante y profunda por cualquier situación que lo amerite, es muy bueno, pero lo optimo sería como el mismo Jesús lo dice: “Tráiganmelo”, es decir, hay que acercarlo a Él, porque aunque nuestra fe sea muy basta, no hay como tratar directamente al autor de la vida y del amor.

Si no los acercamos a Dios, sería muy similar el decirle a un doctor qué padecimientos tiene una persona muy estimada que viva en China, donde el doctor sólo puede dar recomendaciones, pero al informante, nada directo puede hacer por el enfermo porque necesita verlo. Y por más gritos de dolor que peguemos a los cuatro vientos, nada es comparable a estar presente con el Maestro.

El verdadero cambio no se da si la persona no quiere y no está presente, porque aunque Dios haga todo lo posible por cambiar un corazón rebelde, requiere de su permiso y voluntad para hacer su obra y, a fuerzas nada. Por ello lo mejor es estar y conocer al Señor, hablarle de lejos y remarcar que se es pecador, no creas que ayuda mucho. Mejor llévaselo y preséntale al Señor Jesús, Como Él dice: “Tráiganmelo”.

“Pecados en su propio jugo”

“Pecados en su propio jugo”

Juan 8, 21-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: –«Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros».

Y los judíos comentaban: –“¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: «Donde yo voy no podéis venir vosotros?»”

Y él continuaba: –«Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que moriréis por vuestros pecados: pues, si no creéis que yo soy, moriréis por vuestros pecados».

Ellos le decían: –«¿Quién eres tú?»

Jesús les contestó: –«Ante todo, eso mismo que os estoy diciendo. Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me envió es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él».

Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre. Y entonces dijo Jesús: –«Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que yo soy, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada».

Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.

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Cuantas veces pensamos que el pecado en sí mismo es algo ajeno a nosotros, como un ente malvado que nos obliga a pecar del cual no somos totalmente ni conscientes ni responsables. Esto es totalmente erróneo.

Es muy cierto que el maligno incita al pecado, pero incita no con la consigna de obligarnos, ya que se trata tan sólo de una invitación puesta de manera muy atractiva y que se nos vende muy fácilmente, basado sobre todo en nuestras necesidades, debilidades y vulnerabilidad, de eso se aprovecha el mal como el mejor mercadólogo desde todos los tiempos y más con la publicidad actual de la que se aprovecha hoy.

Sin embargo, no hay que olvidar que el pecado en sí mismo es totalmente personal, y de suyo, se puede evitar. Existen miles de maneras propuestas de alejarse de aquello y aquellos que nos incitan al pecado, pero cuando lo hacemos nuestro, hasta lo hacemos parecer como si fuese lo ordinario en el mundo y en nuestras vidas como justificante para acallar la conciencia.

Cuando cometemos una falta, no debemos de culpar a nadie sino a nosotros mismos, primeramente porque es hecho libre y voluntariamente, ya la gravedad depende si se conocen sus consecuencias aún así aceptándolo. Pero si optamos por no conocer la gracia y los medios para evitar el mal que de suyo lleva cada pecado, no como castigo de Dios, porque el pecado no está en su plan ni en su designio, sino como una elección personal que nos lleva de suyo a la desgracia y a la muerte.

Aquí es donde Dios permite que aquellos que eligieron vivir así, mueran así, en su pecado, no porque Dios los condene, sino porque ellos no quieren ser salvados por Dios, de tal manera que morirán en medio de sus pecados en su propio jugo, digo, si no se dan la oportunidad de crecer en la gracia de Dios. Pero al final, la elección es de cada quien como individuo libre y responsable de lo otorgado generosamente en tu vida, no es de Dios. Por lo que con tu vida, pensamientos y acciones, tu ya dices dónde quieres estar.

“Paciencias…”

“Paciencias…”

Mateo 18, 21-35

En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: –«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?»

Jesús le contesta: –«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así.

El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo».

El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: «Págame lo que me debes».

El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré»

Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: «¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?»

Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.

Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

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Ya el psicólogo Jean Piaget en su estudio sobre la teoría del desarrollo nos menciona que en la etapa de la infancia, que abarca de los dos a los siete años de edad, así también llamada Etapa Preoperacional, es donde se enfatiza y desarrolla el pensamiento simbólico marcado por la irreversibilidad, la fijación de ideas como el centro de sus vidas y el egocentrismo.

Etapa muy importante ya que si no somos acompañados sabia y prudentemente, éstas etapas o al menos algunas de ellas quedarán cautivas dentro de nuestra personalidad, con un muy difícil desapego en el futuro. Con ello no pretendo decir que radicalmente están presentes en nuestra propia vida, pero si dejan atisbos de su acción.

Ya el evangelio del día nos revela ciertamente algunas de esas actitudes, sobre todo lo remarca como un impedimento para el propio crecimiento espiritual, sobre todo si éste está acentuado en el egocentrismo, que para muchos parece no ser consciente en sus vidas, sino que pretenden actuar como si ello fuera lo ordinario. Es el caso del empleado que es perdonado de sus deudas, atendiendo una solución a su propia persona, llenando su Ego, pero que no es capaz de tolerar una deuda o falta por mínima que sea a su propio ser y falsa autoestima.

Ahí es donde la espiritualidad de la caridad debe de crecer y hacerse notar, porque es el primer paso para recibir el resto de las gracias divinas, ya que al parecer es un principal impedimento para el perdón, pero sobre todo no el de los demás, sino el propio y el divino, ya que uno deriva en el otro. Es por ello, que debemos de tener esas paciencias, primero en el desarrollo gradual humano y segundo en el desarrollo de los dones divinos, ya que de igual manera no todos maduran y crecen al mismo ritmo, por ello, cultivar las paciencias y el perdón, mientras más práctica tengamos de éstos, más fácil los será a futuro.

“Dar frutos”

“Dar frutos”

Mateo 25, 14-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: “Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.

Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: «Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco». Su señor le dijo: «Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor». Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: «Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos». Su señor le dijo: «Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor».

Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: «Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo». El señor le respondió: «Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadle fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes».

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Las escalas, balanzas, reglas y medidas son un factor común que nos ayuda a tener un concepto más claro y referencial de los volúmenes en relación para con los demás, es una referencia confiable que nos habla de la cantidad, peso y distancia de las cosas para ubicarlas en la realidad, si cada persona tuviera su propia escala de medidas, al trato con los demás, la convergencia sería distante e irracional.

Eso ciertamente aplica en el mundo material, pero cuando hablamos del mundo espiritual y de la fe, las medidas tienen otra escala, no son por volumen, sino conceptuales y relativas, como lo es en el caso de los talentos.

En base a la escala material, podríamos considerar como una extrema y apocalíptica injusticia el hecho de que Dios sea disparejo al brindar un diferencial explícito en la repartición de talentos, donde a unos les da cinco, mientras que a otros tan sólo uno.

La realidad va más allá que las cantidades expresadas, lo que estamos viendo más que una injusticia, es una justicia total cargada de misericordia, donde en todo momento sus regalos sea uno o sean cinco, denota a un Dios providente y siempre generoso.

Donde su justicia va cargada de sabiduría al saber brindar las cantidades propias y necesarias para cada persona en sus capacidades y circunstancias de ese momento, donde no le dará mucho más a alguien que no pueda con esa carga de responsabilidad y esfuerzo, o de igual manera, no le dará menos a quien pudiera ser poco lo que le brinda quedando ocioso, tanto en un caso como en otro, sin las correctas y justas proporciones habrá un desbalance que puede derivar en una incomodidad y queja por lo excesivo o lo faltante.

Por ello Dios da lo realmente administrable en su momento, porque sabe que eso te basta para crecer a tu paso y salir exitoso, por ello las cantidades no importan, el de cinco sin dificultad dio otros cinco, igual el de dos, pero si te auto saboteas y te comparas en una escala materialista, tu mismo vendrás a menos; aún un sólo talento es muestra de confianza para luego de bien trabajarlo regalarte más, pero si no seres capaz de manejar uno, ¿Cómo piensas manejar cinco?.

La invitación es a aprovechar hoy lo depositado generosamente en tu vida en confianza, Dios te da y no te pide más de lo que en ese momento no puedes, pero lo que tienes hazlo crecer a lo máximo, que luego vendrá más.

“…Ya está condenado”

“…Ya está condenado”

Juan: 16, 5-11

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Me voy ya al que me envió y ninguno de ustedes me pregunta: `¿A dónde vas?’ Es que su corazón se ha llenado de tristeza porque les he dicho estas cosas. Sin embargo, es cierto lo que les digo: les conviene que me vaya; porque si no me voy, no vendrá a ustedes el Consolador; en cambio, si me voy, yo se lo enviaré.

Y cuando El venga, establecerá la culpabilidad del mundo en materia de pecado, de justicia y de juicio; de pecado, porque ellos no han creído en mí; de justicia, porque me voy al Padre y ya no me verán ustedes; de juicio, porque el príncipe de este mundo ya está condenado”.

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En varias ocasiones nos asustamos en cuanto a la salvación se refiere y sobre todo al juicio que Dios hará en su momento. Sentimiento de temor que habla de nuestra conciencia o de nuestro desconocimiento de la verdad Divina que no hemos dedicado tiempo a profundizar.

No es que venga a condenar con su Santo Espíritu, es muy claro en sus palabras cuando afirma que precisamente la meta ha sido recuperada, es decir la santidad, por lo que el elegir seguirle o no, ya depende de nosotros, aunque tenemos la obligación moral de primeramente conocer para saber que rechazamos aun así sea Dios.

Si lo rechazamos en el desconocimiento o aún así conociéndole, no es que Dios nos condene por ello, sino que estaremos en automático eligiendo a quien ya lo rechazó y está condenado por libre elección, es decir al maligno.

Porque el plan es nuestra plena santificación y felicidad eterna, si no elegimos eso, el intermedio no existe, por lo que la causa consecuente será el pecado y la tristeza eterna, a la que ya éste mundo nos presenta como lo ordinario en esta vida y que no lo es.

No olvides que el maligno ya está condenado, está juzgado, ya eligió estar en la oscuridad, no permitas que tu elección sea igual, porque tu destino  jamás será ese, sino la gloria eterna, que de igual manera podemos elegir.

“Saldar cuentas a tiempo”

“Saldar cuentas a tiempo”

Mateo: 5, 20-26

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Les aseguro que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán ustedes en el Reino de los cielos.

Han oído que se dijo a los antiguos: No matarás y el que mate será llevado ante el tribunal. Pero yo les digo: Todo el que se enoje con su hermano, será llevado también ante el tribunal; el que insulte a su hermano, será llevado ante el tribunal supremo, y el que lo desprecie, será llevado al fuego del lugar de castigo.

Por lo tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda. Arréglate pronto con tu adversario, mientras vas con él por el camino; no sea que te entregue al juez, el juez al policía y te metan a la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo”.

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Nos es muy común confiarnos de que la vida seguirá igual a como estamos acostumbrados a vivirla, pensando que hay tiempo para dejar los pendientes y deberes para después.

Olvidamos que la vida puede cambiar en segundos, tanto en situaciones negativas como positivas, pero en general los resultados suelen ser aquellos que nosotros sembramos con nuestra propia y peculiar forma de vivir.

Si proyectamos de igual manera los pendientes que tenemos que arreglar con otras personas, éstos suelen agravarse hasta tomar por la parte opuesta decisiones radicales e inamovibles por nuestra falta de interés para solucionarlos.

Es por ello, que el Señor nos recuerda que lo más sano y para evitar esos inconvenientes, debemos a su tiempo hacer lo que debemos y bien hecho.

Sobre todo en aquello que nos recomienda en los mandamientos, que no es una negación de actividades, sino una prevención de problemas y daños personales, con consecuencias de pérdida de santidad y gracia, así como la paz y estabilidad emocional.

“El horror de permanecer iguales”

“El horror de permanecer iguales”

Juan: 12, 24-26

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro que si el grano de trigo sembrado en la tierra no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna.
El que quiera servirme, que me siga, para que donde yo esté, también esté mi servidor. El que me sirve será honrado por mi Padre”.

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En el mundo se manifiestan y conocen cada vez más las culturas, de tal manera que aquellas económicamente dominantes pretenden imponerse, sobre todo cuando no las dejan crecer e intentan mantenerlas en una cultura adolescente, por cierto, para lo fines ya conocidos de la manipulación.

Si ponemos atención, todo el humor que nos viene de las películas gringas e incluso casi toda su producción, nos presentan a los adultos muy abiertos y cómicos que viven una vida tan odiaría como lo es su ignorancia y estupidez, pero sobre todo poniéndolo como modelo de a seguir en una eterna adolescencia.

Es toda una cultura bombardeada con esas ideas en contra del crecimiento y la madurez, que al final a veces a golpes y caídas llega porque eso es lo real y a lo que hay que llegar, saliendo del esquema de la fantasía.

Es un horror querer permaneces iguales, el proceso evolutivo y natural del desarrollo humano solicita y exige ir muriendo a ciertas actitudes para tomar nuevas y más plenas,  más maduras, aquellas que al final valen la pena y concuerdan con la felicidad real.

Ya el Señor lo expone aún en la fe, con el ejemplo del grano de trigo, tiene que morir a una etapa, para desarrollarse en otra aún mejor. Por ello, vale la pena vivir cada etapa concorde a la realidad y si es acompañada por la fe en el Señor Jesús, aún mejor.