“Confusión intencional”

“Confusión intencional”

Marcos 12, 13-17

En aquel tiempo, mandaron a Jesús unos fariseos y partidarios de Herodes, para cazarlo con una pregunta.

Se acercaron y le dijeron: –Maestro, sabemos que eres sincero y que no te importa de nadie; porque no te fijas en apariencias, sino que enseñas el camino de Dios sinceramente. ¿Es lícito pagar impuesto al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?

Jesús, viendo su hipocresía, les replicó: –¿Por qué intentáis cogerme? Traedme un denario, que lo vea.

Se lo trajeron.

Y él les preguntó: –¿De quién es esta cara y esta inscripción?

Le contestaron: –Del César.

Les replicó: –Lo que es del César pagádselo al César, y lo que es de Dios a Dios.

Se quedaron admirados.

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Una de las cosas que el maligno junto con todos sus partidarios se especializa, es en la mentira, en la confusión, porque de ello se vale al revolver las cosas estratégicamente para engañar; usa la verdad mezclada con la mentira para hacernos caer en sus tramas.

Ya en el mismo evangelio se nos presenta como al mismo Jesús le quisieron sacar una opinión inclinada acorde a las tendencias que ellos deseaban con el tema del pago de impuestos.

Claro que Jesús va un paso, o dos, o tres adelante, reconociendo su intencionalidad y no permitirse caer en dicho juego.

Hoy en Día no es nada extraño encontrar este tipo de situaciones donde se pretende manipular todo, engañar para obtener un beneficio mal habido y mal intencionado. porque los medios se especializan en confundir al transmitir mensajes desvirtuados con tendencias al odio, a negar a Dios, a privilegiar el pecado y presumirlo, a revolver lo divino con lo temporal político, para contrapuntearlos siendo que ambos se complementan, en sus planos específicamente definidos.

En fin el engaño está ala orden del día, sobre todo en tiempos de campañas políticas, y en tiempos de ofertas comerciales, la situación hay que contrarrestarla con una vida que no se permita entrar en ese vértigo, sino que lo vea y asimile con tranquilidad, sin perder la paz y con una actitud fortalecida de oración y sacramentos. Así la sabiduría que viene de Dios nos iluminará ante toda situación y en cada momento para no caer, sino detectar los engaños evitándolos.

“Testimonio v.s. Rumores”

“Testimonio v.s. Rumores”

Juan 7, 40-53

En aquel tiempo, algunos de entre la gente, que habían oído los discursos de Jesús, decían: –«Éste es de verdad el profeta».

Otros decían: –«Éste es el Mesías».

Pero otros decían: –«¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?»

Y así surgió entre la gente una discordia por su causa.

Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima.

Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y éstos les dijeron: –«¿Por qué no lo habéis traído?»

Los guardias respondieron: –«Jamás ha hablado nadie como ese hombre».

Los fariseos les replicaron: –«¿También vosotros os habéis dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entiende de la Ley son unos malditos».

Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les dijo: –«¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?»

Ellos le replicaron: –«¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas».

Y se volvieron cada uno a su casa.

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Existen conceptos que revelan exactamente las realidades, más sin embargo dichas explicaciones aunque de suyo son genuinas, no terminan jamás de dar a conocer en su totalidad la realidad que representan. Es por ello que en nuestro aprendizaje tradicional, estudiamos los conceptos, pero no son asimilados sino hasta cuando llegamos al campo experimental, donde nos topamos con la realidad.

En éste evangelio encontramos exactamente la misma situación ante la persona de Jesús y la proclamación de la verdad. Por un lado tenemos a los que son testigos en sí mismos de su ser y obrar, mientras que de igual manera están los que sólo conocen conceptos y rumores, ambos con pensamientos radicalmente abismales.

Y es que para conocer, no basta tan sólo escuchar, hay que tener un encuentro con aquello que se nos es presentado de palabra para identificarlo y asimilarlo. Hoy este mundo se mueve totalmente en el concepto de la virtualización, es decir, conocer todo sin experimentarlo, hay cursos en línea aquí, allá y por doquier, lo cual fomenta un ámbito surrealista donde nuestro obrar se limita a ese campo, mientras que la realidad totalmente desatendida, y nuestra vida y la de los demás, no se diga dónde quedan.

La experimentación es la mejor y más eficaz manera de conocer la verdad, y aquí, en el plano de la fe; es vital, ya que desde que nacemos tenemos contacto con los rumores acerca de Dios, su voluntad y designio salvador, pero jamás nos hemos acercado a conocerlo personalmente, encontrarnos con Él y vivir su presencia intensamente como cualquier otra realidad que nos circunda. Todo queda en conceptos y en la vida real nada.

Aquí la espectral y fantasmagórica presencia de los rumores, contra la grandeza del testimonio real. Por ello hay que conocerlo, no de oídas, ni de palabras, sino de presencia y corazón.

“Murmuraban entre ellos…”

“Murmuraban entre ellos…”

Lucas 15, 1-3.11-32

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: –«Ése acoge a los pecadores y come con ellos».

Jesús les dijo esta parábola: –Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: «Padre, dame la parte que me toca de la fortuna».

El padre les repartió los bienes.

No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.

Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.

Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer.

Recapacitando entonces, se dijo: «Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros».

Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.

Su hijo le dijo: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo».

Pero el padre dijo a sus criados: «Sacad enseguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado».

Y empezaron el banquete.

Su hijo mayor estaba en el campo.

Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba.

Éste le contestó: Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado porque lo ha recobrado con salud.

Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo.

Y él replicó a su padre: «Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya  a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado».

El padre le dijo: «Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado».

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Dentro de la pedagogía que usa Jesús, sin extirpar en ningún momento su caridad, ante las adversidades que le llegan por medio de otras personas ya sea con ataques, críticas y murmuraciones, no se rinde, sino que al contrario, de esa misma ocasión se prende para ya una vez puesta la atención de los demás en sí mismo, aunque ésta sea negativa, la utiliza para implantar una enseñanza que es la apta para esa circunstancia concreta.

El caso es muy claro, ya que ante el juicio temerario de posicionarlo en una postura social y religiosa supuestamente inferior a la de los que lo juzgan, Jesús no para en rechazos o defensas hacia sus atacantes, sino que utiliza la ocasión para con la mayor caridad demostrarles el error en su postura y hacerles notar la gran misericordia que de esa acción surge.

La parábola del Hijo Pródigo, es la perfecta parábola, que ademas de remarcar el amor incondicional de un padre, sin ofender a nadie presenta cada uno de los personajes para que en el trayecto de la narración, tengamos la oportunidad de identificarnos con alguno y corregir actitudes, pero sobre todo esas habladurías que se nos hace fácil externar y que no llegan sino a desdecir la buena fama, así como la autoridad de quien es centro de nuestra atención.

Las murmuraciones suelen brotar tan sólo de aquellos corazones que no tienen en sí mismos paz, y que van dirigidas a un ataque contra la otra persona, defendiendo mi postura y denigrando a la otra como un sistema de defensa muy bajo y cruel que no es legítimo.

Es por ello que quien murmura, denota su inseguridad y sus miedos ante los demás, defendiéndose antes de ser atacados, aún cuando el supuesto ataque nunca llegue. No hay nada como la honradez y caridad que de suyo habla, inclusive sin palabras.

“Decían que no estaba en sus cabales”

“Decían que no estaba en sus cabales”

Marcos 3, 20-21

En aquel tiempo, volvió Jesús con sus discípulos a casa y se juntó tanta gente, que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque decían que no estaba en sus cabales.

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Cuando hay personas que difieren de nosotros en su forma de vida y pensamiento a veces radical al nuestro, o cuando no lo alcanzamos a entender por donde va su obra, lo más común es juzgar atacando a la otra persona afirmando categóricamente que no está bien en sus capacidades, así nos defendemos y no quedamos mal, sino que sembramos previamente la distracción en la otra persona para que sea el centro del asunto.

Pero olvidamos que al final de cuentas, somos totalmente conscientes y responsables por todo aquello que digamos, aunque se nos haga fácil hablar, lo que surja de nuestra boca, es nuestro, porque no basta con soltarlo a los cuatro vientos, si con esos comentarios pretendemos buscar un fin ya sea bueno o malo para las demás personas, también tiene un origen, y si el origen eres tu, pues en su momento tus propias palabras te condenarán.

No es que sea una maldición, sino que en realidad es una consecuencia lógica propia, porque todo en este mundo tiene una causa y un efecto. Nuestra actitud debería ser un poco más prudente, ya que al hablar sin conocer, creo que nos defenderíamos más si nos quedamos en silencio, en vez de sembrar un mal y recoger los mismos frutos.

A veces como con Jesús, es la propia familia la que juzga y afirma dichas loqueras, pero bendito sea Dios que es este tipo de loquera y no otra peor.

“El tiempo de los engaños”

Lucas: 21, 5-11

En aquel tiempo, como algunos ponderaban la solidez de la construcción del templo y la belleza de las ofrendas votivas que lo adornaban, Jesús dijo: “Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra de todo esto que están admirando; todo será destruido”.
Entonces le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo va a ocurrir esto y cuál será la señal de que ya está a punto de suceder?”
Él les respondió: “Cuídense de que nadie los engañe, porque muchos vendrán usurpando mi nombre y dirán: ‘Yo soy el Mesías. El tiempo ha llegado’. Pero no les hagan caso. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, que no los domine el pánico, porque eso tiene que acontecer, pero todavía no es el fin”.
Luego les dijo: “Se levantará una nación contra otra y un reino contra otro. En diferentes lugares habrá grandes terremotos, epidemias y hambre, y aparecerán en el cielo señales prodigiosas y terribles”.

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Se habla mucho de que estamos en los últimos tiempos, de que en cualquier momento llegará el juicio final universal para todos y que al demonio se le termina su reinado, para ello se utilizan las ya características señales que al día de hoy nos son comunes, sin embargo como el mismo evangelio lo indica: “eso tiene que acontecer, pero todavía no es el fin”.

Por el contrario, somos bien informados para que ciertamente no se den los típicos abusos en el tema, ya que con la temática del miedo y del fin del mundo, se manipula a las personas y sobre todo, se les miente.

Es que olvidamos que desde todos los tiempos, la principal herramienta que utiliza el maligno es la mentira, aquella que precisamente se usa en contraposición radical a la verdad misma y contra Dios, de quien emana todo bien y autenticidad.

Y si a eso añadimos que al chamuco se le termina el tiempo, entonces, utilizando todo su arsenal y empeño en atacar por la premura de su final, es muy evidente que en la más sublime de sus acciones, junto con todas las marionetas que ya sea consciente o inconscientemente se disponen a ser utilizadas para el mal, usan como lema oficial el engaño y la mentira.

Es por ello que ante este ataque ideológico de falsedad envuelta en un velo de ilícita verdad para engancharnos, Jesús revela, que ante todo, hay que vivir en la verdad, y ella nos iluminará, por ello no asustarnos, ya que el miedo nos hace tomar decisiones arrebatadas con consecuencias nefastas.

Simplemente en éste tiempo de los engaños institucionalizados, hay que estar preparados de tal manera que no caigamos en las trampas que por doquier las encontramos, viviendo la verdad, la vida de la gracia y la oración, entonces estaremos capacitándonos para que como cera se nos resbalen todas aquellas faramallas y no hagan mella en nosotros.

“La verdad en un mundo de Hipocresía”

“La verdad en un mundo de Hipocresía”

Lucas 13, 10-17

Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga. Había una mujer que desde hacía dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y andaba encorvada, sin poderse enderezar. Al verla, Jesús la llamó y le dijo: —Mujer, quedas libre de tu enfermedad.

Le impuso las manos, y enseguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios. Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, dijo a la gente: —Seis días tenéis para trabajar: venid esos días a que os curen, y no los sábados.

Pero el Señor, dirigiéndose a él, dijo: —Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata del pesebre al buey o al burro, y lo lleva a abrevar, aunque sea sábado? Y a ésta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no había que soltarla en sábado?

A estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, y toda la gente se alegraba de los milagros que hacía.

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Lamentablemente vivimos en un mundo que ha caído en la paranoia de las dependencias y las adicciones en todos los ámbitos de la vida, no me refiero tan sólo a los casos clínicos en crisis manifiesta, sino también a aquellos que han sido inducidos como un plan de control en cada uno de nosotros, los cuales se han oficializado como socialmente aceptables aunque cuando se remarcan son causa de escándalo sobre todo cuando se habla con la verdad..

Tenemos el caso de la manifiesta tendencia al abuso de la sexualidad, por todos los medios se presenta un erotismo explícito que incita a un libertinaje sexual, claro, la sexualidad puesta en el plano de la morbosidad vende con ganancias multimillonarias, nos hacen dependientes de ella, para luego ante una falta en ese ámbito, escandalizarnos, poniendo el énfasis en la persona acusada para que o miren hacia nosotros que estamos igual o peor. Eso es Hipocresía. Les espanta, pero les encanta.

Ante tanta dependencia ya oficializada y comercializada, todo mundo busca cubrir su cuota buscando aquello que lo satisface como una droga sin ser estupefacientes, ya sea el sexo, el romanticismo, las relaciones personales, no podemos vivir sin ellas de manera normal, sino utilizando inclusive a las personas, aquellas que no nos importan sino tan solo para que nos den lo que necesitamos obsesivamente: atención, romances narcisistas y sexo.

Eso hace que perdamos el piso, ya no vivamos en la realidad y entremos en el mundo de la fantasía, rechacemos la verdad, los valores morales, perdamos la espiritualidad por obtener las dosis de las que dependemos, incluso lo que erróneamente llaman amor. Ante ésta realidad, viviendo de manera hipócrita la verdad duele, y es evitada hasta violentamente.

Para muestras fíjate en los medios de comunicación, todo el tiempo están dando las dosis de lo que dependemos, Amores imposibles, Sexo, relaciones cósmicas con las princesas y príncipes azules, todo inalcanzable e insaciable, pero anclados a ellas. Hasta en el face si se publica algo que alimente las dependencias y todo mundo le pone likes, pero publica la verdad de una situación o de cómo superar las dependencias y todo mundo la rechaza porque le tiene miedo.

Es my difícil presentar la verdad en un mundo enfermo y lleno de hipocresía, porque ahora resulta que los sanos son los locos.

¡¡Dios lo castigó!!

¡¡Dios lo castigó!!


Lucas 13, 1-9

En aquella ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó: —¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no. Y si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.Y les dijo esta parábola: —Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: “Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?” Pero el viñador contestó: “Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás”.
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Son tantas y tan variadas las interpretaciones de las situaciones negativas que nos acontecen que a veces suelen rayar en los extremos más populacheros mitológicos que en la realidad misma.
Ciertamente Dios permite que ciertas circunstancias aún dolorosas se hagan presentes en nuestra vida, pero no para dañar o castigar, porque Dios no actúa de esa manera, así lo proyectamos nosotros y ponemos en su boca nuestras propias palabras: “Dios lo castigó, es un castigo de Dios”.
Esta tendencia ya nos viene algo fermentada desde antiguo, porque en el mismo judaísmo se pensaba que, cuando alguna persona le ocurría alguna desgracia, era porque estaba en pecado o tenía alguna maldición, se les consideraban impuros y rechazados socialmente de su comunidad, se consideraba que el cielo o el infierno ya se vivían en esta vida y, según les fuera, se presentaba uno u otro.
Pero olvidamos que ese no es el pensamiento de Dios, sino el del ser humano que no ha madurado, o se pasa de madurez rayando en podredumbre que es lo que sale en su momento negativamente.
Dios jamás se recrea en el sufrimiento humano, al contrario, si llega, lo aprovecha para remarcar aún más la diferencia del bien al mal, para fortalecerte y probar lo firme que eres acrisolándote.
Cuando usamos esas expresiones de castigo divino, es porque no entendemos realmente la misericordia de Dios, que van más impregnadas del gusto por el mal ajeno, que por la maldad divina que no existe. Es una proyección de nuestro sentir a los demás poniendo en boca de Dios el mal que le deseamos a los demás.

Lo que sobresaldrá en todo serán tus frutos, no los de los demás, cada quien los presentará y ahí se verá cuan abundantes o precarios serán. Por eso en vez de preocuparte si Dios castiga o no y a quién, mejor trabaja en tu propia vida y no en la de los demás.

“Creemos que hacemos el bien…”

“Creemos que hacemos el bien…”

Lucas 10, 13-16


En aquel tiempo, Jesús dijo: “¡Ay de ti, ciudad de Corozaín! ¡Ay de ti, ciudad de Betsaida! Porque si en las ciudades de Tiro y de Sidón se hubieran realizado los prodigios que se han hecho en ustedes, hace mucho tiempo que hubieran hecho penitencia, cubiertas de sayal y de ceniza. Por eso el día del juicio será menos severo para Tiro y Sidón que para ustedes. Y tú, Cafarnaúm, ¿crees que serás encumbrada hasta el Cielo? No. Serás precipitada en el abismo”. 

Luego, Jesús dijo a sus discípulos: “El que los escucha a ustedes, a mí me escucha; el que los rechaza a ustedes, a mí me rechaza y el que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado”. 

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El entorno en el que hemos crecido se nos hace de los más natural y ordinario, las personas, los lugares, los hábitos, la situación económico social, así como el trato humano creemos que es lo trivial, y lo es, solamente que dejamos de lado aquellas situaciones que no conocemos, distintas a nuestra propia forma de vida y que según nuestros criterios suenan raras porque así no vivimos ni aprendimos.

No dudo que el mal enraizado en esas ciudades como Corozaín y Betsaida, a veces inculcado de generaciones atrás, se vea como lo normal, con todo y sus consecuencias nefastas sin tener idea de como vivir de una manera mejor y distinta.

Es aquí cuando creemos que hacemos el bien repitiendo los errores de los demás, porque así lo hacen todos, donde el cambio lo lleva Jesús pero no quieren escuchar, ni cambiar, y la realidad es miedo a lo nuevo y a dejar las mañas aseguradas porque no se tiene más.

Es por eso importante escuchar y conocer nuevas opiniones, que aunque nos incomoden, nos hacen en realidad crecer y más aún cuando se trata de cambiar nuestro interior y santificarnos, pensamos que estamos bien, cuando podemos estar mejor y tener además la paz y la gracia que conlleva a una seguridad en la vida al lado de Dios.

“El escándalo como herramienta”

“El escándalo como herramienta”

Lucas 4, 31-37

En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente. Se quedaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad. Había en la sinagoga un hombre que tenía un demonio inmundo, y se puso a gritar a voces: —¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: el Santo de Dios.

Jesús le intimó: —¡Cierra la boca y sal!

El demonio tiró al hombre por tierra en medio de la gente, pero salió sin hacerle daño. Todos comentaban estupefactos: —¿Qué tiene su palabra? Da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen.

Noticias de él iban llegando a todos los lugares de la comarca.

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No es ninguna novedad encontrar escándalos cada vez más fuertes y remarcados muy negativamente para llamar la atención, hoy en día lo utilizan sobre todos los medios de comunicación, porque aún existen personas que se asustan y admiran de los demás al entrometerse en sus vidas, además viene a ser un negocio muy lucrativo para obtener sórdidas ganancias sin importar el daño que infringen en los demás.

Sin embargo no olvidemos que precisamente el escándalo es un recurso que proviene del maligno, con el cual se remarca la mentira para imponerse violentamente, como lo vemos en el caso del endemoniado que exagera y distorsiona la verdad para amedrentar no a Jesús, sino a los demás que le circundan, para ponerlos en duda y en su contra, en este caso una mentira chantajista: “¿Has venido a destruirnos?”, por lo que Jesús jamás les permite que sigan hablando, a sabiendas de su modo de atacar.

En medio del escándalo quien lo impone no da pie al diálogo, es imperativo para sobreponerse ante la verdad, es por ello que se usa muy eficientemente como herramienta para destruir y atacar a todos los que practican y hacen el bien. Así con los nervios impactados por la violencia del asunto, bloquean la mente para no tener una reacción defensiva al momento. Así de rastrero y bajo se maneja el maligno junto con todos los que se prestan a su juego.

Hay que estar preparados con la suficiente formación religiosa para conocer un poco más a fondo la verdad y a Dios mismo, para amarlo junto con el respeto que se merece, de tal manera que ante esta herramienta del maligno, mientras la gente se impone a dejar de ser vulnerable por el escándalo y no haga caso a la mentira, cuando se fortalezca en su espíritu, será cuando la identifiquemos y no dejaremos que prosiga, porque el daño es grande y sus consecuencias graves. Pidamos en oración la fortaleza para no caer en las herramientas y redes del maligno, sino que las identifiquemos y detengamos a su tiempo. 

“Una vida de a mentiras”

“Una vida de a mentiras”

Mateo: 10, 24-33

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “El discípulo no es más que el maestro, ni el criado más que su señor. Le basta al discípulo ser como su maestro y al criado ser como su señor. Si al señor de la casa lo han llamado Satanás, ¡qué no dirán de sus servidores! 

No teman a los hombres. No hay nada oculto que no llegue a descubrirse; no hay nada secreto que no llegue a saberse. Lo que les digo de noche, repítanlo en pleno día y lo que les digo al oído, pregónenlo desde las azoteas.

No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman, más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo.

¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una moneda? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre. En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto, no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo.

A quien me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre, que está en los cielos; pero al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre, que está en los cielos”.

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Dentro de una cultura en la que predomina el qué dirán, donde se cuida la imagen a todo lo que da, el mundo de las mentiras se convierte en la actitud a vivir cada día, llegando a tal grado que cuando se dice la verdad duele. 

Sin embargo la mentira dura mientras la verdad sale, pro el contrario la verdad siempre permanece. Lo malo que la mentira genera cada vez mayor mentira para sostenerse hasta llegar a la ofensa y la calumnia. 

Hay que tener una prudencia certera que nos ayude a mejor vivir, para que en todo lo que hagamos y digamos, sea tan noble y sencillo en la verdad, que sin mayor preocupación se pueda tanto guardar en secreto como proclamarlo desde las azoteas sin afectar a nada ni a nadie.

Cuando lo que se predica o se vive está en el ámbito de la mentira, por lo general se permanece en la inestabilidad que surge del miedo a ser descubiertos. No hay como la paz y tranquilidad que otorga la verdad.

Cuando nuestra verdad se define para vivir la vida sin Dios, entonces excluimos ser reconocidos ante Él como tal, no por reciprocidad, sino por lógica. No quieres ser amado, no se te ama y se te respeta tu decisión.