“Los misterios de Dios”

“Los misterios de Dios”

Marcos: 12, 35-37

Un día, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: “¿Cómo pueden decir los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, inspirado por el Espíritu Santo, ha declarado: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mí derecha y yo haré de tus enemigos el estrado donde pongas los pies. Si el mismo David lo llama ‘Señor’, ¿cómo puede ser hijo suyo?” La multitud que lo rodeaba, que era mucha, lo escuchaba con agrado.

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Aunque Dios es totalmente evidente ya abierto a nuestro conocimiento, es un hecho que nuestra capacidad, que no deja de ser admirable, tiene un límite, y aunque aún no sabemos cual es su tope, resulta que ante la grandeza y total sabiduría de Dios, semejante a la nuestra porque nos fue participada, estas es tan sólo un atisbo de su magnificencia.

De alguna manera se adapta a nuestra lógica y trata de darnos a conocer aquellas verdades que podemos asimilar, sin entrar en conflicto con ellas por el hecho de que no las alcanzamos a comprender, de tal manera que nos hace partícipes de algo de su grandeza y misterios, no por ser ocultos, sino por insondables.

Es por ello que muchos misterios a veces los percibimos hasta un tanto ilógicos o contradictorios, cuando en realidad no lo son, y es que en la medida que nos vayamos conformando con Él, empezaremos a comprender con su propia sabiduría su obra y sus planes, gracias a que nos los participa en confianza, amistad y amor, a lo cual debemos responder con la misma actitud.

Los misterios de Dios, se vuelven claros y transparentes en la medida que retiremos nuestro ego y fijaciones mentales, estructuradas con un sistema educacional científico positivista, que no ve más allá de lo material. Sino que el mismo espíritu Santo nos lo irá revelando, pero necesita ver que deseamos recibir ese don, para entender los mismos misterios de Dios. 

“Apacentar”

“Apacentar”

Juan: 21, 15-19

En aquel tiempo, le preguntó Jesús a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?” Él le contestó: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis corderos”. Por segunda vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Él le respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Pastorea mis ovejas”.

Por tercera vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?” Pedro se entristeció de que Jesús le hubiera preguntado por tercera vez si lo quería, y le contestó:

“Señor, tú lo sabes todo; tú bien sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas.

Yo te aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías la ropa e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo extenderás los brazos y otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras”. Esto se lo dijo para indicarle con qué género de muerte habría de glorificar a Dios. Después le dijo: “Sígueme”.

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No deja de ser notorio el que hoy en día la formación de nuestras voluntades sea cada vez más egoísta donde el único y el fin ultimo es mi bienestar, sin importar el a pesar de qué o de quién.

Olvidamos al resto, aunque vivamos juntos en un área de cincuenta metros cuadrados codo con codo. Ya no nos mueve el dolor ajeno, a no ser que el dolor sea el nuestro, porque lo hacemos notar para recibir atención. 

Es entonces donde nuestra vida pierde sentido y la de los demás también, a no ser por el valor del poseer, que se remarca como el importante y no lo es.

Jesús pide a Pedro precisamente que su vida esté en concordancia con la gracia de Dios y el servicio que de ella dimana de manera eficaz. Pide precisamente que apaciente, es decir, ayude a aquellos que han perdido la paz a recobrarla y no hundirse en sus propios vacíos y oscuridades.

Que cuide a aquellos que el Padre le ha encomendado, para ello es necesario un amor que primeramente sepa amar a Dios y a la par a nuestros prójimos, amor que Pedro demuestra transparentemente con un “Señor, tú lo sabes todo; tú bien sabes que te quiero”.

Que de igual manera apacentemos a aquellos que necesiten un oído quien los escuche o quien desean apoyarse en un alma buena que los lleve a Dios.

“Volver al Padre”

“Volver al Padre”

Juan: 16, 23-28

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro: cuanto pidan al Padre en mi nombre, se lo concederá. Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre. Pidan y recibirán, para que su alegría sea completa.

Les he dicho estas cosas en parábolas; pero se acerca la hora en que ya no les hablaré en parábolas, sino que les hablaré del Padre abiertamente. En aquel día pedirán en mi nombre, y no les digo que rogaré por ustedes al Padre, pues el Padre mismo los ama, porque ustedes me han amado y han creído que salí del Padre. Yo salí del Padre y vine al mundo; ahora dejo el mundo y vuelvo al Padre”.

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Ya próximos a la fiesta de la Ascensión den Señor, las lecturas nos van preparando para celebrar y estar preparados para dicho evento, donde durante todas las anteriores semanas de Pascua nos han estado preparando para disponer nuestros corazones a recibir la gracia que conlleva además de asimilar con mayor acierto el mismo plan de Dios.

La iniciativa proviene de Dios, cuando Jesús nos invita a que sin dudar pidamos, como una actitud que solicita una actuación de nuestra parte, para que Dios, que aunque lo sabe todo, reafirme nuestra voluntad en lo que pedimos con la autentica disposición de recibirlo.

Ahora con todo el plan cumplido, puede retirarse con la confianza de que por medio de su Santo Espíritu, que ya puede obrar en su plenitud dentro de la misma historia de la Salvación, donde estará más presente y actuando como nunca.

Es por ello que vuelve al Padre, de donde viene su procedencia y a donde pertenece; plan que explica con toda claridad para que tanto en la lógica humana como en la divina se entienda.

Un volver que inicia con el retorno triunfal de Jesús en nuestra humanidad glorificada, y que prosigue con nuestro propio retorno a la Casa del Padre, con las puertas abiertas gracias a la redención dada por el Señor Jesús. No hace falta remarcar que el camino que  Jesús nos ha marcado, es precisamente el de retorno a la presencia del Padre donde pertenecemos de igual manera nosotros, ya que desde el origen, ese es el plan de Dios.

“En orden es mejor”

“En orden es mejor”

Lucas: 1, 1-4; 4, 14-21

Muchos han tratado de escribir la historia de las cosas que pasaron entre nosotros, tal y como nos las trasmitieron los que las vieron desde el principio y que ayudaron en la predicación. Yo también, ilustre Teófilo, después de haberme informado minuciosamente de todo, desde sus principios, pensé escribírtelo por orden, para que veas la verdad de lo que se te ha enseñado.
(Después de que Jesús fue tentado por el demonio en el desierto), impulsado por el Espíritu, volvió a Galilea. Iba enseñando en las sinagogas; todos lo alababan y su fama se extendió por toda la región. Fue también a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer la lectura. Se le dio el volumen del profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.
Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó a hablar, diciendo: “Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”.

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San Lucas al inicio del su evangelio, explicando a su amigo Teófilo la razón de su fe, nos indica que después de un estudio minucioso y fundamentado decide escribir en una manera ordenada todo aquello que concierne a la tradición oral transmitida fielmente sobre Jesucristo y expuesta en éste evangelio.

Un detalle que no debemos dejar pasar por alto es, que dentro del primer anuncio que se daba para dar a conocer a Jesús, como el Hijo de Dios, se hacía predicando principalmente como centro fundamental, la pasión, muerte y resurrección, expuesto en una donación de amor pleno por cada uno de nosotros, para ser conscientes del mismo y responder con un amor similar al otorgado para redimirnos, eso es llamado el Kerygma.

Kerygma es el primer anuncio lleno de amor y de bondad, posteriormente llegará la catequesis que es la profundización dedicada de cada uno de los misterios de fe aceptados en el primer anuncio que debe suscitar el amor a Dios. El orden de la conversión y la fe requiere que primero se empape la persona del amor de Dios y lo acepte como su Señor, para después seguirlo amando al conocerlo por la catequesis y no al revés.

Por ello a Teófilo le explica ahora quién es Jesús a manera de conocer de su vida y obras, como una catequesis posterior, porque ese primer anuncio ya lo recibió, lo acepta al Señor Jesús en su corazón y lo ama con tal.

Es una pena saber que muchas personas no conocen a Dios en un verdadero orden que transforme a la persona y la haga partícipe del gozo que la fe conlleva. A veces el inicio del amor a Dios lo siembran, en especial las sectas, dentro de una crisis personal en la que se engancha a la persona y se le mantiene en codependencia porque se sienten comprometidos por el suceso, pero la raíz de la fe no debe ser un problema, sino una plena y libre decisión en el amor.

Por ello, tomemos y retomemos un orden en el mismo conocimiento de Dios para amarlo como se le merece y no tan sólo sentimentalmente prendidos del favor que obliga a acercase no abiertamente, sino con temor de obtener un mal mayor y eso no da libertad para obrar en el pleno amor y caridad del Señor.

“Un nuevo tiempo”

“Un nuevo tiempo”

Marcos: 1, 14-20

Después de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios y decía: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio”.
Caminaba Jesús por la orilla del lago de Galilea, cuando vio a Simón y a su hermano, Andrés, echando las redes en el lago, pues eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres”. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante, vio a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que estaban en una barca, remendando sus redes. Los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre con los trabajadores, se fueron con Jesús.

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Por gracia de Dios hemos tenido la oportunidad de iniciar en el esquema temporal un nuevo ciclo llamado año nuevo, lleno de promesas y proyectos tanto personales como comunitarios, lo que nos hace tener nuevos ánimos para seguir adelante.

De igual manera se nos invita en este nuevo ciclo, a su vez crecer en lo espiritual, no dejarlo a la deriva o al hay se va, porque Dios mediante tendremos la oportunidad de celebrar los misterios que nos recuerdan la historia de la Salvación, por lo que se propone tener la atención bien puesta para no dejarlo ordinariamente a la deriva.

Es un estar preparados para lo que venga, que por lo general siempre es bueno, pero no hay que esperar a que un hecho negativo nos haga retomar el camino, no hay necesidad de una crisis para realizar un cambio personal, cuando desde hoy los puedes evitar.

Un nuevo tiempo es el que se nos da, por lo que si ya lo estamos aprovechando en ciertas áreas de la vida, como es lo material, la familia o el trabajo, no está por demás a su vez utilizarlo en todo el ámbito espiritual que empapa toda nuestra vida y relaciones totales, por ello si va cultivado y fortalecido, no habrá mejor inversión en este nuevo inicio que una vida preparada en todos los aspectos.

“Se calman los vientos”

“Se calman los vientos”

Marcos: 6, 45-52

En aquel tiempo, después de la multiplicación de los panes, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se dirigieran a Betsaida, mientras Él despedía a la gente. Después de despedirlos, se retiró al monte a orar.

Entrada la noche, la barca estaba en medio del lago y Jesús, solo, en tierra. Viendo los trabajos con que avanzaban, pues el viento les era contrario, se dirigió a ellos caminando sobre el agua, poco antes del amanecer, y parecía que iba a pasar de largo.

Al verlo andar sobre el agua, ellos creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar, porque todos lo habían visto y estaban espantados. Pero Él les habló enseguida y les dijo: “¡Ánimo! Soy yo; no teman”. Subió a la barca con ellos y se calmó el viento. Todos estaban llenos de espanto y es que no habían entendido el episodio de los panes, pues tenían la mente embotada.

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Razones y motivos existen en cantidad para por cualquier situación perder la calma y la paz, los ritmos del mundo nos invitan a entrar en una velocidad en la que apenas podemos correr a la par, todo a su vez de una manera sobre-informada, que en la realidad no alcanzamos a asimilar las primeras impresiones cuando ya nos llegan las siguientes.

Situación que nos impide poder tener un espacio para relajarnos, para estar en paz primero con nosotros mismos, con los demás y poder ver con objetividad lógica cada momento para optar por le mejor decisión cuando ésta sea necesaria. 

Es por ello que de igual manera reaccionamos violenta y bruscamente, incluso ante la presencia de Dios que se nos manifiesta bondadosamente, porque acelerados, el cansancio y el dolor que ese ritmo infringe, nos impide verlo con serenidad, evidenciando amargamente la propia percepción con algo de malicia y juicio radical, rechazando el bien porque el mal pudiese tenernos dominados dentro del ya acostumbrado ritmo diario de la vida.

Algo similar acontece con este párrafo del evangelio, donde los discípulos cansados y temerosos reaccionan con un miedo contagiado comúnmente y adoptado por dichas circunstancias. Parece ser algo común a todas las culturas y los tiempos, por lo que Jesús cuando llega, hace calmar todos los vientos impetuosos que azotan nuestra vida, para ello hay que permitirle pasar y mirar hacia Él, que cualquier tempestad la calma, para no quedar náufragos en medio de todo cuanto nos sucede. Simplemente recuérdalo y no permitas que la tormenta te derrote. 

“Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael”

“Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael”

Juan 1, 47-51

En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: Ahí tienes a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.

Natanael le contesta: ¿De qué me conoces?

Jesús le responde: Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.

Natanael respondió: Rabí, tú eres Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.

Jesús le contestó: ¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores. Y le añadió: Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre.

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La Creación implica tanto la material como la espiritual, de tal manera que las Sagradas escrituras nos hacen conciencia de esos seres maravillosos y espirituales que a la par existen y de igual manera tienen una misión. entre ellos encontramos a los Santos Arcángeles, son siete, pero en esta fecha encabezan la lista Miguel, Gabriel y Rafael, que  lideran un aspecto del plan de Dios sobre la creación material. 

Expongo una pequeña información al respecto:

Hoy celebramos la fiesta de los tres Arcángeles que nombra la Sagrada Escritura

La palabra Arcángel proviene de dos palabras. Arc = el principal. Y ángel. O sea “principal entre los ángeles. Arcángel es como un jefe de los ángeles.

San Miguel.

Este nombre significa: “¿Quién como Dios? O: “Nadie es como Dios”.

A San Miguel lo nombre tres veces la S. Biblia. Primero en el capítulo 12 del libro de Daniel a donde se dice: “Al final de los tiempos aparecerá Miguel, al gran Príncipe que defiende a los hijos del pueblo de Dios. Y entonces los muertos resucitarán. Los que hicieron el bien, para la Vida Eterna, y los que hicieron el mal, para el horror eterno”.

En el capítulo 12 del Libro del Apocalipsis se cuenta lo siguiente: “Hubo una gran batalla en el cielo. Miguel y sus ángeles combatieron contra Satanás y los suyos, que fueron derrotados, y no hubo lugar para ellos en el cielo, y fue arrojada la Serpiente antigua, el diablo, el seductor del mundo. Ay de la tierra y del mar, porque el diablo ha bajado a vosotros con gran furor, sabiendo que le queda poco tiempo”.

En la Carta de San Judas Tadeo se dice: “El Arcángel San Miguel cuando se le enfrentó al diablo le dijo: ‘Que te castigue el Señor’”.

Por eso a San Miguel lo pintan atacando a la serpiente infernal.

La Iglesia Católica ha tenido siempre una gran devoción al Arcángel San Miguel, especialmente para pedirle que nos libre de los ataques del demonio y de los espíritus infernales. Y él cuando lo invocamos llega a defendernos, con el gran poder que Dios le ha concedido. Muchos creen que él sea el jefe de los ejércitos celestiales.

San Gabriel. 

Su nombre significa: “Dios es mi protector”.

San Gabriel arcángelA este Arcángel se le nombra varias veces en la S. Biblia. Él fue el que le anunció al profeta Daniel el tiempo en el que iba a llegar el Redentor. Dice así el profeta: “Se me apareció Gabriel de parte de Dios y me dijo: dentro de setenta semanas de años (o sea 490 años) aparecerá el Santo de los Santos” (Dan. 9).

Al Arcángel San Gabriel se le confió la misión más alta que jamás se le haya confiado a criatura alguna: anunciar la encarnación del Hijo de Dios. Por eso se le venera mucho desde la antigüedad.

Su carta de presentación cuando se le apareció a Zacarías para anunciarle que iba a tener por hijo a Juan Bautista fue esta: “Yo soy Gabriel, el que está en la presencia de Dios” (Luc. 1, 19).

San Lucas dice: “Fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, a una virgen llamada María, y llegando junto a ella, le dijo: ‘Salve María, llena de gracia, el Señor está contigo’. Ella se turbó al oír aquel saludo, pero el ángel le dijo: ‘No temas María, porque has hallado gracia delante de Dios. Vas a concebir un hijo a quien pondrás por nombre Jesús. Él será Hijo del Altísimo y su Reino no tendrá fin’”.

San Gabriel es el patrono de las comunicaciones y de los comunicadores, porque trajo al mundo la más bella noticia: que el Hijo de Dios se hacía hombre.

San Rafael.

Su nombre significa: “Medicina de Dios”.

Fue el arcángel enviado por Dios para quitarle la ceguera a Tobías y acompañar al hijo de éste en un larguísimo y peligroso viaje y conseguirle una santa esposa.

Su interesante historia está narrada en el día 7 de febrero. San Rafael es muy invocado para alejar enfermedades y lograr terminar felizmente los viajes.

Tomado de EWTN.com

“Las Circunstancias Sociales”

“Las Circunstancias Sociales”

Lucas 7,11-19

“…En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío.

Cuando estaba cerca de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda, y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. Al verla el Señor, se compadeció de ella y le dijo:

–No llores.

Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo:
–¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!

El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo:
–Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo…”

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Pareciese o así quisiéramos entender que Dios, su ámbito está sólo dentro de los templos, que no tuviese ninguna injerencia en la vida ordinaria, ni en lo educativo, ni en lo político, ni en la sociedad.

Sin embargo el Evangelio de hoy, por medio de San Lucas, nos revela lo contrario.
Encontramos a un Jesús, que en busca de esa fe perdida que inunda todos los ámbitos de la vida, al ir caminando en la calle, ve todas las circunstancias sociales, políticas, religiosas que rodean el hecho de una muerte de un hijo único e hijo de una viuda.

En su tiempo, rechazados social y religiosamente por ser considerados impuros y “castigados de Dios”. Ante este hecho Jesús por su iniciativa actúa, nadie se lo pidió, está inmerso en ese contexto cultural sanándolo, no sólo al resucitar al muchacho hijo de la viuda, ya que su situación seguirá igual de rechazo, sino sana el ambiente social y acepta lo que injustamente el mundo rechaza. Dándole un nuevo sentido a las situaciones sociales. Ese es el verdadero milagro, y el otro, un instrumento para manifestarlo.

“El libre uso de la libertad”

“El libre uso de la libertad”

Marcos 12, 1-12

En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, a los letrados y a los senadores: –Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. A su tiempo envió un criado a los labradores, para percibir su tanto del fruto de la viña. Ellos lo agarraron, lo apalearon y lo despidieron con las manos vacías. Les envió otro criado: a éste lo insultaron y lo descalabraron. Envió a otro y lo mataron; y a otros muchos, los apalearon o los mataron. Le quedaba uno, su hijo querido. Y lo envió el último, pensando que a su hijo lo respetarían.

Pero los labradores se dijeron: –Este es el heredero. Venga, lo matamos, y será nuestra la herencia.

Y agarrándolo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña.

¿Qué hará el dueño de la viña? Acabará con los labradores y arrendará la viña a otros.

¿No habéis leído aquel texto: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente»?

Intentaron echarle mano, porque veían que la parábola iba por ellos; pero temieron a la gente, y se marcharon.

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La parábola de la viña, refleja todo un resumen de la historia de la salvación, en donde encontramos un plan muy concreto lleno de amor al crear lo necesario para entregarnos a responsabilidad como mutua alianza éste segmento de la creación, del cual en su momento necesitamos ser rescatados al desbocarnos en el vértigo de nuestras propias ansiedades y avaricias, sobre todo cuando no entendemos que somos tan sólo administradores, sino que nos creemos dueños aunque al final dejemos todo, ya que ni la propia muerte podemos manejar.

En ese vaivén de ideas y conceptos a veces erróneos, a veces certeros, Dios no se desdice de habernos regalado el uso de la libertad, de tal manera que aunque nos haya enviado a su propio Hijo para mejor entender su plan y corregir lo desviado, nosotros reinventamos uno supuestamente perfecto para nuestro propio provecho.

Lo que olvidamos es que Dios de suyo ya tiene un plan mayor y más vasto ante cualquier redireccionamiento que nuestra propia voluntad decida, porque la creación entera no gira entorno a nosotros como centro de ella, sino que la complementa en una precisa armonía con el todo.

Y aunque nosotros hayamos decido, por la vileza en la que hemos caído, de matar a su propio Hijo, Dios respeta esa decisión, porque fue fruto de ese don tan precioso de la libertad y Él no la va a negar ni a cambiar, aunque pudiera, pero la respeta; ya nos conducirá a un mejor uso de la misma.

Pero siempre lo que tú decidas, Dios no lo desdice aunque estemos equivocados, porque el don de la libertad precisamente radica en ello, en respetar lo decidido, si no, no fuera libertad, su uso o abuso con sus lógicas consecuencias, tan sólo dependen de nosotros. Ya Dios se encarga de sacar las mejores situaciones de ello. ¿Por qué?, porque nos ama.

“Partícipes o asalariados”

“Partícipes o asalariados”

Juan 10, 11-18

En aquel tiempo, dijo Jesús: –«Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.

Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen; igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.

Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.

Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre».

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El rendimiento en lo laboral estrictamente hablando se distingue abismalmente cuando se es participe o dueño del negocio, a diferencia de ser un asalariado o empleado de confianza.

Y es que tanto en un lado como en el otro, aunque se comparte una misma responsabilidad laboral, el rendimiento no es el mismo por la razón de que nos autocolocamos en estatus ideológicos denigrantes.

El trabajo es una bendición de Dios tanto en una postura como en la otra, ya que es una labor conjunta que en diferente responsabilidad se desarrolla para el bien de los mismos como de la sociedad, por lo que aportan. 

Sin embargo Jesús se coloca y nos invita a tomar el ejemplo y la postura del buen pastor, indistintamente del cargo laboral, porque la responsabilidad ejercida eficazmente también aporta a la santidad.

Pero si nos pasamos la vida quejándonos de lo que de suyo ya es una bendición, entonces no estamos valorando las gracias que Dios nos dio para ejercer dicha labor, como lo es la vida, la salud, la fuerza, la voluntad, y por ende negamos nuestro fin de crecer y desarrollar las propias capacidades, como el asalariado, que vive eternamente acosado por su insatisfacción sin hacer nada para cambiarla. 

Por el contrario hay que ser conscientes de que somos partícipes y agentes efectivos de cambio, haciendo eso que parece que no aporta; si no lo hicieras, se notaría y hará falta porque de suyo es valioso lo que hacemos. 

Por ello como el buen pastor, hay que darlo todo, porque todo se nos da responsablemente para responsablemente hacer uso de ello.