“…Por sus frutos los conocerán…”

“…Por sus frutos los conocerán…”

Mateo: 7, 15-20

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuidado con los falsos profetas. Se acercan a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos?

Todo árbol bueno da frutos buenos y el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos y un árbol malo no puede producir frutos buenos. Todo árbol que no produce frutos buenos es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los conocerán”.

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Cuando se nos habla de botánica, nos encontramos con una multiplicidad de árboles y plantas, algunos muy sencillos, algunos muy grandes y frondosos, algunos llenos de flores, otros no tanto, de hecho algunos se nos podrían confundir por su semejanza, pero una prueba irrefutable en la que no hay equivocación, es por sus frutos.

En el campo de la vida ordinaria parece que sucede el mismo fenómeno, cuantas veces encontramos gente que se presenta con un currículo y una personalidad impresionante, excelentemente bien vestida y ornamentada, como esos árboles que dan mucha flor y se ven espectaculares, pero nunca dan frutos, al final sólo basura.

Por el contrario, encontramos una cantidad enorme de personas, que en su apariencia son como esos árboles no tan interesantes visualmente, que parece que ni pintan en el planeta, con flores pequeñas y no tan atractivas, más sin embargo dan la apariencia de que se van a quebrar sus ramas, de la cantidad enorme de frutos que dan, de lo dulces y sabrosos al paladar.

Es por eso muy importante conocer, inclusive en lo religioso que o a quién estamos siguiendo o escuchando, hay que saber distinguir, porque se presentarán tentaciones visuales, donde se sigue a un sacerdote o predicador tan solo por su apariencia externa y lo siguen por todos lados, ya casi nomás falta que firmen autógrafos, cuando no falte ahora mismo ya quien lo haga, o en su defecto ir a la Iglesia tan sólo por el mismo motivo.

Es que ahí hay que ver a quien estás siguiendo: al consagrado o al Señor Jesús quien lo consagró, y sobre todo a quién pretende transmitir. La respuesta es fácil, sus obras y tus intenciones se verán reflejadas en los frutos que deja dicho consagrado, así como los cambios en la santidad que promueva en tu vida.

Al fin de cuentas por sus frutos los conoceremos y por nuestros frutos lo constataremos y nos conocerán.

“Al mal, con el bien”

“Al mal, con el bien”

Mateo 5, 38-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Sabéis que está mandado: “Ojo por ojo, diente por diente”. Pues yo os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñalo dos; a quien te pide, dale; y al que te pide prestado, no lo rehuyas».

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Cuando eventualmente nos topamos con alguna persona que de suyo ha perdido la paz y por ende el control de sus acciones, a cualquiera que se le encuentre en el camino o la menor situación negativa que escuche en los medios, la hará suya y es seguro que por ahí descargará toda su negatividad, aumentando aún más su dolor y ayudando a que el mal ajeno, porque no es suyo, sino que lo adopta, se haga mas grande.

Y es que no es obligatorio que ante un mal que nos pegue, tengamos que asirnos al mismo y responder de la misma manera y a veces en mayor o igual intensidad, que por lo general es lo más común que sucede.

El mal no es parte de nuestro ser, el bien sí, por lo que no lo aceptemos como tal ya que la invitación es constante y por doquier. Jesús nos da la pauta de la misma esencia con las que nos ha creado el Padre Celestial, y esa es: ante un mal sacar el bien que nos es connatural a nuestro ser, porque nos es participado y viene de Dios para aprovecharlo y usarlo oportunamente cuando conviene.

Es por ello que la invitación invariablemente es a dar no algo imposible, sino aquello que nos fue dado y que además podemos desarrollar eventualmente día a día, y ese el el bien a los demás y a todo ser. La reacción es invariablemente como la proyectemos, si es algo negativo, eso mismo recibiremos, pero si es el bien, de suyo aunque no se presente nada bueno para remarcarlo, con el mismo hecho de que no salga algo más malo ya es ventaja.

Aprovechemos lo que tenemos y sepamos que siempre ganaremos con el bien, aunque el mal se encargue de auto proclamarse como triunfante, cuando de suyo el mal, se llama mal porque ya está derrotado.

“Dar lo justo, no basta”

“Dar lo justo, no basta”

Mateo 5, 20-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si no sois mejores que los letrados y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: No matarás, y el que mate será procesado. Pero yo os digo: todo el que esté peleado con su hermano, será procesado. Y si uno llama a su hermano «imbécil», tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama «renegado», merece la condena del fuego. Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Procura arreglarte con el que te pone pleito, enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último cuarto».

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La conciencia es un don otorgado por Dios e independiente para regular nuestra actividad orientándolas siempre a un mejor bien, la cual afirma y regula nuestro obrar, sobre todo en lo que a materia moral se refiere. 

De igual manera podemos mal formar la conciencia radicalizándose en extremos, dónde habrá quien se conforme con no hacer nada y limitarse a meras buenas intenciones y con ellas auto justificarse, hasta quien lo da todo y no le baste, queriendo hacer más de lo que sus capacidades le rindan, excesos que no son sanos.

Habrá quien piense que con hacer en su momento lo justo es suficiente y acallar la conciencia porque hacemos lo que obligadamente tenemos que hacer, ciertamente eso sería lo justo, pero en un plano de espiritualidad, eso se limita tan sólo a lo meramente humano, y se nos invita a vivir y crecer en valores mayores, como lo es en excelencia el crecer en lo espiritual, y no me refiero a rezos, ni a mandas o fanatismos religiosos, sino a aquellos dones que realmente reflejan el amor y la caridad de Dios sin hablarlo.

Porque en el plano del Cristianismo, dar lo justo, eso lo pide el mundo, y es lo legal, pero dar lo justo para nosotros no basta, hay que dar más, hacer más, dedicar más, todo en su medida y sin excesos, porque hacer justicia es de ley, pero dar más y hacerlo con caridad, es divino y es de santidad.

“Primero amar, segundo actuar”

“Primero amar, segundo actuar”

Juan 14, 21-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él».

Le dijo Judas, no el Iscariote: –«Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?»

Respondió Jesús y le dijo: –«El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.

El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.

Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho».

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Uno de los esquemas pedagógicos de Jesús implica, más que un aprendizaje intelectual o memorizado, una experiencia fundamentada de raíz en la profunda convicción de ser elegidos preferencialmente no por nuestra trayectoria heroica, sino por la capacidad exponencial de responder certeramente al fin que se nos pide en libertad y todo a sabiendas de que previamente se nos fue otorgado. 

Por ello Judas pregunta el por qué primeramente se les revela a ellos, y es que el mensaje a transmitir no es cualquier mensaje, sino la misma Palabra de Dios, que expresa y manifiesta el mismo ser de Dios así como su voluntad, para lo que se requiere una formación a voluntad, no para replicar una frase, sino para dar un pleno testimonio vivencial. 

Es imprescindible estar receptivos en una actitud de amor y no de simples contenedores que en su momento vacían su contenido, ya que en el amor se revela el por qué y para qué prudentemente se depositará ese contenido valioso. 

No basta ir de casa en casa exigiendo moralmente que los demás se porten bien, es necesaria previamente la caridad para que los demás se sientan en confianza y de igual manera receptivos. 

Porque si tan sólo remarcamos lo negativo, la actitud del otro será de defensa ante un ataque personal a su intimidad y eso no es evangelizar. Por ello es necesario primero amar para poder actuar. 

¿Qué obras hacer?

¿Qué obras hacer?

Mateo 25, 31-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones.

Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras.

Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha: Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.

Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme.

Entonces los justos le contestarán: «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?»

Y el rey les dirá: Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.

Y entonces dirá a los de su izquierda: «Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis».

Entonces también éstos contestarán: «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?»

Y él replicará: «Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo».

Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna».

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Durante éste tiempo de Cuaresma se nos invita a saber crecer, inclusive con nuestras propias obras, lo que hacemos en relación con nosotros mismo y sobre todo con los demás. Es tiempo de saber bien intencionar aquello que pretendemos realizar, porque en realidad aquello que prometamos realizar como sacrificio, no debe de mirar tan sólo al beneficio personal, sino que debe de mirar a proyectarlo directamente en la comunidad.

Hay quien se propone sacrificarse con dietas, ejercicios, cuidar al perro o al gato, o hasta bañarse más seguido. Aquí el evangelio es más que claro cundo afirma que lo que realmente importa es aquello que hacemos en beneficio de nuestros hermanos, eso es lo que vale la pena y es en realidad donde necesitamos crecer para ejercer una real caridad.

Las obras de misericordia más recomendables son:

OBRAS CORPORALES DE MISERICORDIA

1. Dar de comer al hambriento

2. Dar de beber al sediento

3. Dar posada al necesitado

4. Vestir al desnudo

5. Visitar al enfermo

6. Socorrer a los presos

7. Enterrar a los muertos

OBRAS ESPIRITUALES DE MISERICORDIA 

1. Enseñar al que no sabe

2. Dar buen consejo al que lo necesita

3. Corregir al que está en error

4. Perdonar las injurias

5. Consolar al triste

6. Sufrir con paciencia los defectos 

de los demás

7. Rogar a Dios por vivos y difuntos

Éstas son reales, ponerle likes a los que sufren o tienen hambre no sirve de nada, lo que hagas con estas obras llegará hasta los cielos.

“Todo lo que hacen dos monedas”

Lucas: 21, 1-4

En aquel tiempo, levantando los ojos, Jesús vio a unos ricos que echaban sus donativos en las alcancías del templo. Vio también a una viuda pobre, que echaba allí dos moneditas, y dijo: “Yo les aseguro que esa pobre viuda ha dado más que todos. Porque éstos dan a Dios de lo que les sobra; pero ella, en su pobreza, ha dado todo lo que tenía para vivir”.

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En éste mundo las escalas de valores son tan inestables que varían según la necesidad pero también según la conveniencia, de tal manera que un día amanecemos con los productos básicos en un valor, para al siguiente cambiarlos y darle una exagerada estima a un metal o a un líquido como lo pueden ser los energéticos. 

Vivimos en un vaivén de inestabilidad que se ve reflejado aún en nuestra propia personalidad, y de hecho lo tomamos como lo común actualmente entre los mortales. Sin embargo hay escalas que nunca varían pero que a su vez no se valoran en la misma intensidad. 

Entre las mismas encontramos aquellos valores que nunca cambian como lo son los espirituales, ya que no son mensurables con las escalas humanas, sino con las divinas aunque algo nos damos cuenta del valor de ello.

La cuestión radica en que un hecho o actitud realizada, refleja los dos mundos tanto el material como el espiritual con muy diferentes apreciaciones y consecuencias. El ejemplo claro es la mujer viuda y pobre, que el hecho de echar dos monedas de poco valor al cepo de las ofrendas, desatará una serie de controversias según el mundo que lo analice.

Para el mundo financiero, ciertamente la juzgará de totalmente inservible su obra, porque dos monedas de poco valor, no cotizan en la bolsa, aunque sí cuentan las mismas en el caso de que falten para completar un billón de dólares, pero aisladas e indiferentes resultan infructuosas porque en el mundo de los millones, despegadas de una gran cuenta no califican, al contrario de ser el sobrante de miles son la base que inician el siguiente millón por lo que nunca son descartables.

Por el contrario, dos monedas en el plano de la fe, resultan en la manifestación de una confianza total en Dios, de una fe que sabe que aunque le falten no quedará desprotegida, de que su vida y felicidad no dependen de ellas, son totalmente accesorias y no son indispensables para que el corazón le deje de funcionar. Hablan de una donación total y de un conocimiento en la esperanza de la providencia divina que nunca falla.

Hasta allá llegan las dos moneditas, así que ya sabes, con ellas puedes invertir en tu primer millón y desvivirte por ello, o usarlas sabiamente, conociendo que sin ellas, sigues siendo el mismo y el renombre, como su nombre lo indica es un RE-nombre que no deja de ser accesorio y totalmente inútil porque así como llega, así se va, en cambio tu vida es la que realmente vale, no lo que tienes.

“Cristo Rey del Universo”

Mateo 25, 31-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: «Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme». 

Entonces los justos le contestarán: Señor, ¿cuando te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?» Y el rey les dirá: «Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis». Y entonces dirá a los de su izquierda: «Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis». 

Entonces también éstos contestarán: «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?» Y él replicará: «Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo». Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna».

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Hoy con la fiesta de Jesucristo Rey del Universo, coronamos y terminamos un ciclo de lecturas y de celebraciones litúrgicas que van desde la promesa de la salvación hecha desde antiguo, la vida, obras, así como su pasión muerte y resurrección, de Jesús hasta llegar a la espera de su segunda venida, fiesta que celebramos hoy.

Esta fiesta remarca el triunfo al final de los tiempos de la vida de la gracia sobre el pecado y la incorruptibilidad de la carne, que esperamos junto con la resurrección en el último día, cuando Jesús regrese glorioso como justo juez a juzgar vivos y muertos.

Fiesta que además remarca la importancia de una vida llena de obras ordinarias de caridad, realizadas en las más pequeñas e imperceptibles situaciones que se cruzan en nuestras vidas, donde evaluaremos si realmente nos permitimos vivir el Reino, si dejamos que rigiere Jesús en nuestras vidas, o si le usurpamos el trono entregándolo a sabrá Dios quién, o sabrá Dios Qué.

Fiesta que invita a no olvidar de qué y de quién somos parte, como un honor a remarcar. Extirpar el negativo concepto del Dios que te va a juzgar y a refundir en el noveno infierno,  sino realmente conocer a ese Dios misericordioso y justo, que generosamente guía, ayuda y da lo que nosotros realmente quisimos con nuestro ejemplo de vida recibir.

Por ello es una dicha afirmar ¡¡Viva Cristo Rey!!, porque sale del alma, porque lo reconocemos y sobre todo, porque lo amamos.

“Exigente y reclama lo que no ha sembrado…”

“Exigente y reclama lo que no ha sembrado…”


Lucas 19, 11-28

En aquel tiempo, dijo Jesús una parábola; el motivo era que estaba cerca de Jerusalén y se pensaban que el reino de Dios iba a despuntar de un momento a otro. Dijo, pues: «Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después. Llamó a diez empleados suyos y les repartió diez onzas de oro, diciéndoles: “Negociad mientras vuelvo”.
Sus conciudadanos, que lo aborrecían, enviaron tras de él una embajada para informar: “No queremos que él sea nuestro rey”. Cuando volvió con el título real, mandó llamar a los empleados a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno. El primero se presentó y dijo: “Señor, tu onza ha producido diez”. El le contestó: “Muy bien, eres un empleado cumplidor; como has sido fiel en una minucia, tendrás autoridad sobre diez ciudades”. El segundo llegó y dijo: “Tu onza, señor, ha producido cinco”. A ése le dijo también: “Pues toma tú el mando de cinco ciudades”. El otro llegó y dijo: “Señor, aquí está tu onza; la he tenido guardada en el pañuelo; te tenía miedo porque eres hombre exigente, que reclamas lo que no prestas y siegas lo que no siembras”.
El le contestó: “Por tu boca te condeno, empleado holgazán. ¿Con que sabías que soy exigente, que reclamo lo que no presto y siego lo que no siembro? Pues, ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses”. Entonces dijo a los presentes: “Quitadle a éste la onza y dádsela al que tiene diez”. Le replicaron: “Señor, si ya tiene diez onzas”. “Os digo: Al que tiene se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a esos enemigos míos, que no me querían por rey, traedlos acá y degolladlos en mi presencia”».
Dicho esto, echó a andar delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.
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Si vemos en el ejemplo de la parábola del hombre elegido rey, encontramos aquellos amigos cercanos a los que les tiene total confianza y a los mismos que les encomienda sus propios bienes, planeando a futuro el servicio público que presentará, es decir, va poniendo a trabajar lo suyo en ventaja y en confidencia.
Encontramos una media aritmética positiva, ya que de diez depositarios, nueve de ellos sin respingo alguno y sin dificultad se ponen a trabajar, como una oportunidad de demostrar lo que son capaces haciendo fructificar su labor, son corresponsables en el bien común así como en el crecimiento personal. Dan mucho de sí, así como aportan a los demás.
Pero nunca falta esa pequeña porción, que no entra mayoritariamente en la media porque es tan sólo uno, que junto con los otros escandalosos, que no aportan pero se meten en todo alborotando a los demás, de los cuales se mencionan que fueron por delante a poner en mal al nuevo rey y a rechazarlo, son los típicos lacras de la sociedad que viven de parásitos, no aportan nada pero se la viven quejándose de todo, son los que hacen más escándalo público para aparentar gran número y poder, cuando en realidad la mayoría de las personas buenas hacen su labor sin molestarse en lo más mínimo.
Entre esos flojos y escandalosos está ese tipo al que le dieron tan sólo una onza, como lo remarca la parábola, que no hizo nada, y eso que era de los de confianza, pues ese es el que se pone a remarcar como si le debieran, que su amo sólo recoge cuando no siembra, pero es incapaz de agradecer la cercanía, la confianza, el respeto que se le tiene, la dignidad con que se le trata; lo típico en esas personas es defenderse atacando.
Pero de nada le vale, porque las obras al final hablan por sí mismas y son las que sostienen a la persona. No ven que el título de rey es un servicio y una responsabilidad, ellos sólo se sienten en desventaja y lo remarcan. Resulta que el exigente y demandante es el rey, cuando los demandantes y exigentes son ellos, los flojos, no es de extrañar que siempre inviertan la situación a su favor. Por ello sabiamente lo dice “por tu propia boca te condeno…”

Si el rey exige y recoge lo cosechado, es porque te ha tomado en cuenta en su reino para complementar la creación y eso es una dicha y un honor.

“Esa es María”


Lucas 11, 27-28

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las turbas, una mujer de entre el gentío levantó la voz diciendo: —¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron!

Pero él repuso: —Mejor: ¡Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen!.

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Resulta en la vida que cuando conocemos a otras personas, ya sea del ambiente local o laboral, así como artístico, en ocasiones admiramos algo de ellas, algo que deseamos imitar o si nos es inalcanzable tan sólo lo reconocemos como tal.

Pero por lo general nos fijamos en las apariencias externas de las demás personas, vemos lo que de igual manera a nosotros se nos ocurre que nos dirían, pero no los valores intrínsecos de cada persona, esos son algo más personal.

A lo mejor a Jesús le echaban esos piropos y más, como un cumplido, pero Él mismo se encargaba de presumir la verdadera joya que es su madre, aquella que no tan sólo prestó el vientre, sino que es un estuche de monerías no por sus habilidades, sino como el mismo ángel Gabriel la reconoce, “llena de gracia”.

Porque María no sólo es madre, sino que además es portadora de la mayor gracia, aquella que se nos da con el bautismo, pero que ella la quiso cultivar y conservar hasta el último momento, su santidad.

Pues esa es María, la llena de gracia, la bendita entre las mujeres, a la que no sólo hay que hacérsela amiga por la fama y popularidad que posee, sino porque nos lleva a su Hijo, aquél mismo que le reconoce lo que Dios y ella han trabajado.

“No sólo hacer, sino ser”

Lucas 10, 25-37

En aquel tiempo, se presentó un letrado y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: —Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?

El le dijo: —¿Qué está escrito en la Ley?, ¿qué lees en ella?

El letrado contestó: —«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo».

El le dijo: —Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.

Pero el letrado, queriendo aparecer como justo, preguntó a Jesús: —¿Y quién es mi prójimo?

Jesús dijo: —Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: “Cuida de él y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta”. ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?

El letrado contestó: —El que practicó la misericordia con él.

Díjole Jesús: —Anda, haz tú lo mismo.

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Por lo general siempre se nos recomienda lo que tenemos que hacer para ingresar a alguna escuela o agrupación, a algún trabajo o algún club de membresía, porque hacerlo es relativamente fácil, ya que se nos da la lista de requisitos a cumplir y al final queda todo listo cuando son ejecutados al pie de la letra.

Estamos impuestos a cumplir requerimientos, y hacer y más hacer, para generar un buen historial de experiencias y desempeños. Algo similar a veces queremos implementar en la vida de la fe, de tal manera que pedimos a Dios los requisitos y la lista detallada para cumplirla y permanecer dentro o ganarse el premio, que en este caso es la vida y felicidad eterna.

Por ello en esa lógica el letrado le pide la lista a Jesús para con una muy buena intención seguirla al pie de la letra, cosa que es buena, pero que no basta. Sin embargo el hecho de que tengamos un historial heroico y admirable, no quiere decir que seamos merecedores del mejor premio existente en este mundo y en la gloria eterna. 

Porque cuando confiamos en que tan sólo basta el hacer, nos convertimos en caza recompensas, haciendo hasta lo imposible para ser merecedores de lo que anhelamos, como un premio merecido y adquirido que se puede exigir textualmente.

Pero olvidamos que las obras realizadas tienen un único fin, y ese es el hacernos mejores personas, transformar nuestro ser, nuestro pensar, nuestro actuar, adquirir y cultivar para llegar a transformarnos en un ser lleno de las gracias y dones de Dios, y serlo como tal. De tal manera que hasta por los codos se note la calidad de persona que somos, que se nos identifique por lo que llegamos a valer y ser valorados, más no por lo que hacemos o poseemos.

Además de hacer, hay que permitirnos ser, porque lo que hagamos, se queda aquí, pero lo que creces en amor, caridad, santidad y gracia, te lo llevas contigo, y con ello las obras se convierten en un testimonio silencioso pero que habla a gritos de quien eres y no al contrario. Por ello, cuida tu ser, además de tu quehacer.