“Glorificarnos en Él”

“Glorificarnos en Él”

Juan: 17, 1-11

En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: “Padre, ha llegado la hora. Glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo también te glorifique, y por el poder que le diste sobre toda la humanidad, dé la vida eterna a cuantos le has confiado. La vida eterna consiste en que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado.

Yo te he glorificado sobre la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste. Ahora, Padre, glorifícame en ti con la gloria que tenía, antes de que el mundo existiera. He manifestado tu nombre a los hombres que tú tomaste del mundo y me diste. Eran tuyos y tú me los diste. Ellos han cumplido tu palabra y ahora conocen que todo lo que me has dado viene de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste; ellos las han recibido y ahora reconocen que yo salí de ti y creen que tú me has enviado. Te pido por ellos; no te pido por el mundo, sino por éstos, que tú me diste, porque son tuyos. Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío. Yo he sido glorificado en ellos. Ya no estaré más en el mundo, pues voy a ti; pero ellos se quedan en el mundo”.

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Uno de los aspectos que se nos olvidan o en su defecto que no conocemos es el efecto que de suyo trae como consecuencia acercarnos a Jesús; los medios para hacerlo son múltiples, como la oración, la meditación, la eucaristía, las obras de caridad, la lectura de las Sagradas Escrituras, las lecturas espirituales, etc.

Y es que tiene un doble efecto nuestra dedicación a Dios. A veces creemos que es tan sólo para pedir necesidades, y en una sola vía, pero en realidad cada acto que hagamos ante el Señor, tiene la peculiaridad de devolvernos su santidad y gracias.

De hecho una vez Jesús glorificado, gracias a su muerte y resurrección, nos glorifica, pero no en automático e involuntariamente, sino en reciprocidad por cuanto hagamos un acto de oración, litúrgico y de caridad. 

Por una parte ora e intercede por nosotros, ya que aún estamos en el mundo, pero eso no es una limitante, ya que si de nuestra parte pedimos su glorificación, con gusto la otorgará porque la adquirió para nosotros.

Es por ello que no dejemos de orar y celebrar su sacramentos, porque es mayor lo que nos brinda que lo que le ofrecemos.

“El Título es lo de menos”

“El Título es lo de menos”

Mateo: 23, 1-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a las multitudes y a sus discípulos: “En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra. Hacen fardos muy pesados y difíciles de llevar y los echan sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con el dedo los quieren mover. Todo lo hacen para que los vea la gente. Ensanchan las filacterias y las franjas del manto; les agrada ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; les gusta que los saluden en las plazas y que la gente los llame ‘maestros’.

Ustedes, en cambio, no dejen que los llamen ‘maestros’, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A ningún hombre sobre la tierra lo llamen ‘padre’, porque el Padre de ustedes es sólo el Padre celestial.

No se dejen llamar ‘guías’, porque el guía de ustedes es solamente Cristo. Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”.

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Es my gracioso ver que en ciertas oficinas, consultorios y lugares de servicios, se encuentran repletas de diplomas y certificados como trofeos que pretenden hablar de quienes ahí laboran a manera de acreditar y dar seguridad a quienes los solicitan.

No digo que sea algo negativo, es muy bueno siempre y cuando respalde la eficacia de sus servicios, no en cuanto la cantidad, sino en la calidad.

Situación que precisamente Jesús nos invita a considerar en vistas a dar un auténtico servicio sincronizado con la intención que lleva.

A nadie se le puede negar un título, pero éste sale sobrado cuando la actitud y la labor realizada habla por si misma realizada con todo el empeño y la caridad impresa en cada detalle.

Es por ello que las obras hablan por sí mismas, respaldando un título, cualquiera que sea, desde el de estudiante, hasta el mayor título de moda en la actualidad.

Las obras lo dicen todo y el resto se confirma o sale sobrando ante cualquier título.

“La importancia de las obras hoy”

“La importancia de las obras hoy”

Mateo: 25, 31-46

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando venga el Hijo del hombre, rodeado de su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria. Entonces serán congregadas ante Él todas las naciones, y Él apartará a los unos de los otros, como aparta el pastor a las ovejas de los cabritos, y pondrá a las ovejas a su derecha y a los cabritos a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha: ‘Vengan, benditos de mi Padre; tomen posesión del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo; porque estuve hambriento y me dieron de comer, sediento y me dieron de beber, era forastero y me hospedaron, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, encarcelado y fueron a verme’. Los justos le contestarán entonces: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y te fuimos a ver?’. Y el rey les dirá: ‘Yo les aseguro que, cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron’.

Entonces dirá también a los de su izquierda: ‘Apártense de mí, malditos; vayan al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles; porque estuve hambriento y no me dieron de comer, sediento y no me dieron de beber, era forastero y no me hospedaron, estuve desnudo y no me vistieron, enfermo y encarcelado y no me visitaron’.

Entonces ellos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de forastero o desnudo, enfermo o encarcelado y no te asistimos?’ Y Él les replicará: ‘Yo les aseguro que, cuando no lo hicieron con uno de aquellos más insignificantes, tampoco lo hicieron conmigo’. Entonces irán éstos al castigo eterno y los justos a la vida eterna”.

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Ante un mundo donde todo es apariencia y buenas voluntades virtuales, es necesario recordar la importancia de hacer una acción concreta, donde nuestra alma se vea saciada de hacer un bien real.

Tiempo de cuaresma es tiempo de caridad, no de buenas intenciones, sino de hechos reales que hagan crecer nuestro espíritu y el de nuestros hermanos necesitados.

Por ello se nos proponen los mismos hechos que el evangelio remarca como valiosos a los ojos de Dios, aquello que transforma nuestra alma y la hace fortalecerse para enfrentar cualquier adversidad, porque el mismo Dios nos afirma en su gracia y la ensancha para abarcar a todos aquellos que coincidan en el camino de nuestra vida.

Nada más valioso que las obras hechas en el hoy, con las oportunidades que Dios nos pone en el día a día, las que debemos de no evadir ya que son puestas para ti y tu gracia.

“Mis obras, Tus Obras Señor”

“Mis obras, Tus Obras Señor”

Marcos 6, 7-13

En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y añadió: –Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.

Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

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Dios en su infinita misericordia nos brinda día a día todo aquello que necesitamos, pero además nos proporciona de igual manera generosamente aquello que desea compartamos, podríamos pensar que se trata de dinero y bienes materiales, sí, también de los da, pero hay una obra mucho mayor que no afecta a nuestras avaricias y egoísmos, y esa es la acción de motivar, activar, entusiasmar a aquellos que viven apagados y que su fe ha quedado relegada a eventos sociales, más sociales que eventos.

Pero si nosotros somos los que estamos desmotivados, presos de nuestro confort en casa y situaciones actuales, olvidamos aquello que se nos compartió y que quieras o no, gritará en los más profundo de tu conciencia si no es canalizado para lo que te fue dado.

Olvidamos que incluso las obras que hacemos para nosotros mismos, de suyo son las mismas obras de Dios, porque participamos de su gracia, de su vida, de su Santo Espíritu, no es porque tu lo hagas de manera totalmente autónoma e independiente, sino porque estás ligado a una red tanto humana como divina para realizarlas.

Por ello cuando Jesús llama a los Doce, primeramente los envía de dos en dos, por apoyo físico y moral, además de sostenerse mutuamente en la fe depositada, aquella que es la que hará las obras porque vienen de Dios.

Es poder no es de ellos, no hacen milagros por autonomía, sino en base a aquel que les da la vida misma y la sostiene, por lo que tus obras, sean cual sean excepto las negativas, son de Dios, al beneficiarte beneficia a los demás porque todo está en su plan, y todo es para glorificar a Dios. Por ello te invito a decir: “Mis obras, sonTus Obras Señor”, y si no podemos hacerlo, entonces ¿sabrá de quien serán las obras y si estarán bien hechas?.

“Acción justa, momento justo”

“Acción justa, momento justo”

Marcos: 2, 23-28

Un sábado, Jesús iba caminando entre los sembrados, y sus discípulos comenzaron a arrancar espigas al pasar. Entonces los fariseos le preguntaron: “¿Por qué hacen tus discípulos algo que no está permitido hacer en sábado?”. Él les respondió: “¿No han leído acaso lo que hizo David una vez que tuvo necesidad y padecían hambre él y sus compañeros? Entró en la casa de Dios, en tiempos del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes sagrados, que sólo podían comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros”.

Luego añadió Jesús: “El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado. Y el Hijo del hombre también es dueño del sábado”.

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Cuántas veces no solemos pensar que las leyes tienen que aplicarse de manera exacta y tajante, sin mayor flexibilidad; lo mismo creemos del pecado, como si fuera su perdón inflexible.

Cuando pensamos así, lo más probable es que nunca hayamos sabido decidir la mejor opción en el momento adecuado, sino que nos apegamos rápida y fácilmente con lo que nos marca la ley y sin compromiso personal.

Lo mejor en estos casos, no es lo que se manda legalmente hablando, sino que lo que se manda, se evalúa con todas las circunstancias para ver si aplica o no, si es lo mejor y más prudente, o si otra opción de igual o mejor consecuencia procede.

Es por ello que con toda la lógica y sensatez del mundo Jesús actúa no apegado a la ley que respeta, sino al momento adecuado que se necesita, y aunque se actúe no conforme al lo legislado, su consecuencia no suele ser negativa porque no lo hace con dolo, es decir malintencionado, sino con la conciencia y verdad de que no se daña a nadie si así se obra y se da un ejemplo mayor.

No cabe duda que se necesita una gran dosis de inteligencia y sabiduría, así como de santidad y caridad, para saber decidir la solución correcta en el momento justo, nada que no se pueda adquirir con la oración, la paciencia, la meditación y la gracia de Dios que surge natural al hacer bien las cosas.

“Poner en práctica”

“Poner en práctica”

Lucas: 8, 19-21

En aquel tiempo, fueron a ver a Jesús su madre y sus parientes, pero no podían llegar hasta donde él estaba porque había mucha gente. Entonces alguien le fue a decir: “Tu madre y tus hermanos están allá afuera y quieren verte”. Pero él respondió: “Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”.

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Dentro de nuestro universo existen millones de conceptos y conceptualizaciones, así como aquellos que se dedican a teorizar para ganarse un lugar en la comunidad científica,  cosmo si fuera un puesto político, haciéndose los interesantes aunque sus propuestas no sean ni realistas ni comprobables.

Hemos entrado en una etapa de la humanidad donde lo idealizable está a flor de piel. Hay teóricos de la historia, de la ciencia, de la filosofía, de los extraterrestres y del universo, que no dejan de ser teóricos, porque al momento no está nada comprobado.

Aquí en el evangelio, la comunidad científico positivista niega todo lo que físicamente no puede ser comprobable, pero a su vez niegan toda la creación espiritual, porque se abocan a tan sólo la creación material, tácticamente palpable y visible al simple tacto. 

Falta poner en práctica el ensayo de los dones y virtudes que la ciencia no puede explicar, como lo son todas aquellas capacidades y fenómenos por medio de los que Dios obra a travez de su mundo espiritual.

Es que negar lo que no conozco resulta en auto limitación. Por ello pone muy en claro Jesús, que aquellas grandes obras inician cuando esos dones, principalmente los de la fe, se ponen en práctica, como María Santísima, que gracias a su aceptación y puesta en realidad de vivir la fe de una manera tangible, hizo con ello capaz el cumplimiento de la obra de la Redención al engendrar al mismo Hijo de Dios. 

Si deseamos que aquello imposible, se haga posible, basta con iniciar a poner en práctica sobre todo las verdades de la fe.

“Palabras o hechos”

“Palabras o hechos”

Mateo: 7, 21-29

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No todo el que me diga: ‘¡Señor, Señor!’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos. Aquel día muchos me dirán: ‘¡Señor, Señor!, ¿no hemos hablado y arrojado demonios en tu nombre y no hemos hecho, en tu nombre, muchos milagros?’ Entonces yo les diré en su cara: ‘Nunca los he conocido. Aléjense de mí, ustedes, los que han hecho el mal’.
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa; pero no se cayó, porque estaba construida sobre roca.
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un hombre imprudente, que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos, dieron contra aquella casa y la arrasaron completamente”.
Cuando Jesús terminó de hablar, la gente quedó asombrada de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.

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A veces somos san exquisitamente conformistas en el seguimiento del Señor y la obediencia a Dios, que pretendemos callar nuestra conciencia en el ámbito del pensamiento y las ideas gritando lo más fuerte que podamos ‘¡Señor, Señor!’, y creer que  por decirlo, aún de lo más profundo del corazón, ya somos buenos y con eso basta.

Así son las muy ineficaces buenas intenciones, que desgarran el sentimiento, pero no la voluntad de actuar y hacer algo realmente eficaz por los demás.

Olvidamos que estamos construyendo tanto en el exterior con esos ánimos y ejemplos a seguir, iniciado desde la caridad para concluirlos en acciones concretas y ponderadamente  hechas en el momento, las circunstancias y las personas que lo necesitan oportunamente.

 A su vez estamos construyendo en nuestro interior, fortaleciendo esa voluntad y ese espíritu que cuando sea necesario estará firme ante cualquier tormenta que se desprenda y nos impacte tratando de derrocarnos, sabiendo que tenemos herramientas para cuidar y acrecentar la gracia de Dios obtenida no por el pensamiento, sino por aquello que realmente hicimos a aquellos que en su momento lo necesitaban.

Las palabras son muy importantes, pero los hechos dicen más que las palabras, y aunque la Palabra de Dios es vida, lo puede ser aún más con toda su eficacia cuando la vivimos en tiempo real y con personas concretas. Así que tú decides si te quedas con las palabras o migras a los hechos.

“Pecados v.s. Obras”

“Pecados v.s. Obras”

Lucas: 13,1-9

En aquel tiempo, algunos hombres fueron a ver a Jesús y le contaron que Pilato había mandado matar a unos galileos, mientras estaban ofreciendo sus sacrificios. Jesús les hizo este comentario: “¿Piensan ustedes que aquellos galileos, porque les sucedió esto, eran más pecadores que todos los demás galileos? Ciertamente que no; y si ustedes no se convierten, perecerán de manera semejante. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿piensan acaso que eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? Ciertamente que no; y si ustedes no se convierten, perecerán de manera semejante”.
Entonces les dijo esta parábola: “Un hombre tenía una higuera plantada en su viñedo; fue a buscar higos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Mira, durante tres años seguidos he venido a buscar higos en esta higuera y no los he encontrado. Córtala. ¿Para qué ocupa la tierra inútilmente?’ El viñador le contestó: ‘Señor, déjala todavía este año; voy a aflojar la tierra alrededor y a echarle abono, para ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortaré’ “.

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Ese Dios terrible y castigador que era concebido de esa manera en el Antiguo Testamento parece que no ha sido erradicado, y parece a su vez que el mismo chamuco es el que se empeña en mantener esa idea arraigada en nuestros corazones por la falta de conocimiento y acercamiento a Él, precisamente por ese miedo que se le profesa.

Plan o no del maligno sigue latente en nuestros días porque el hecho mismo de que no nos pasen grandes cosas negativas, no significa que andemos bien, la verdad radica en que el recurso del escándalo que siempre utiliza como herramienta el maligno, hace remarcar el error de aquellos que se están esforzando por llevar una vida digna de los hijos de Dios, a ellos los ataca más y les hace resaltar el error, por un lado para que se cansen, y por otro para que se desanimen, viendo que a los que hacen el mal no les pasa nada.

Sin embargo es un engaño, porque a los pecadores compulsivos no es que no les pase nada, sino que ya los tiene ganados y por eso no hay necesidad de hacerles un mal mayor cuando poco a poco ellos mismos se lo están ocasionando, sin poder ver las consecuencias del mal que les es ya ordinario.

Ya lo dirá Jesús, aquellos a quienes les acontece un mal, no es por pecadores, eso precisamente lo remarcan los pecadores para desviar la atención de ellos hacia los demás, y se autoconvencen que el mal a ellos no les hace daño, cuando sus obras de vida nulas lo dice todo.

En cambio aquellos esforzados, a los que el mal los derrumba pero se levantan siempre, a los que hacen suya la conversión de un corazon mediocre y tibio a uno cálido y lleno de amor a Dios y a los demás, sus obras lo dirán todo y hablarán por sí mismas, haciéndose acreedores a ser partícipes de esa viña del Señor, donde junto con los demás en conjunto damos los frutos a su tiempo.

“Será injusto el proceder de Dios”

“Será injusto el proceder de Dios”

Mateo: 25, 31-46

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando venga el Hijo del hombre, rodeado de su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria. Entonces serán congregadas ante él todas las naciones, y él apartará a los unos de los otros, como aparta el pastor a las ovejas de los cabritos, y pondrá a las ovejas a su derecha y a los cabritos a su izquierda.
Entonces dirá el rey a los de su derecha: ‘Vengan, benditos de mi Padre; tomen posesión del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo; porque estuve hambriento y me dieron de comer, sediento y me dieron de beber, era forastero y me hospedaron, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, encarcelado y fueron a verme’. Los justos le contestarán entonces: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y te fuimos a ver?’ Y el rey les dirá: ‘Yo les aseguro que, cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron’.
Entonces dirá también a los de la izquierda: ‘Apártense de mí, malditos; vayan al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles; porque estuve hambriento y no me dieron de comer, sediento y no me dieron de beber, era forastero y no me hospedaron, estuve desnudo y no me vistieron, enfermo y encarcelado y no me visitaron’.
Entonces ellos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de forastero o desnudo, enfermo o encarcelado y no te asistimos?’. Y él les replicará: ‘Yo les aseguro que, cuando no lo hicieron con uno de aquellos más insignificantes, tampoco lo hicieron conmigo’. Entonces irán éstos al castigo eterno y los justos a la vida eterna”.

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Siempre achacamos en su totalidad el juicio a Dios, de tal manera que toda acción será referida a él, tanto buena como mal hecha, afirmamos que sólo Dios puede juzgar, aunque sin irnos tan alto, nosotros de una manera enfermiza y mal fundamentada nos ponemos a emitir juicios a diestra y siniestra como si tuviéramos toda la razón y todo el derecho, especialmente cuando en la propia cultura de nuestros tiempos se maneja y abusa en un ámbito insano usar el juicio y la critica como si fuera algo ordinario y normal, sembrando la actitud autónoma de en todo y para todo emitir juicios aún sin conocer ni tener la razón.

Entonces, en medio de esta cultura enferma, de igual manera nos ponemos a juzgar al mismo Dios y a justificar nuestras propias maldades según nuestro propio criterio y negando las consecuencias de nuestros propios actos, con los que responsabilizamos a Dios mismo porque así nos conviene.

Pero olvidamos que Dios no está para ser juez falto de misericordia, como nosotros lo concebimos, porque creemos tiene que perdonar todas nuestras faltas, exigiendo la entrada automática al cielo de toda persona independientemente de sus errores, como si fuera su obligación. 

Hay que recordar que el juicio está hecho, no necesita volver a juzgar, porque está muy clara la norma que debemos seguir para conservar la vida eterna, de tal manera que si nosotros no deseamos seguirla, no es Dios quien nos castigue o condene, somos nosotros mismos que optamos por estar lejos de Él y así lo manifestamos toda la vida con nuestros actos, palabras y expresiones, no depende la salvación del arrepentimiento al final de nuestra vida, sino la forma en cómo la vivimos, donde el Señor tan sólo ratificará si tú elegiste el bien o el mal, pero el juicio cómo se torne no depende de Dios, depende de ti, ya que tus obras lo dirán todo y no Dios.

Es por ello necesario saber y remarcar que el juicio está dado, y la balanza tú la inclinas hacia el lado donde quieras que se de la sentencia, ya que el injusto en su proceder no será Dios, sino tú.

“Lo malo de hacer el bien”

“Lo malo de hacer el bien”

Lucas: 21, 12-19

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Los perseguirán y los apresarán, los llevarán a los tribunales y a la cárcel, y los harán comparecer ante reyes y gobernantes por causa mía. Con esto ustedes darán testimonio de mí.
Grábense bien que no tienen que preparar de antemano su defensa, porque yo les daré palabras sabias, a las que no podrá resistir ni contradecir ningún adversario de ustedes.
Los traicionarán hasta sus padres y hermanos, sus parientes y amigos. Matarán a algunos de ustedes, y todos los odiarán por causa mía. Sin embargo, ni un cabello de su cabeza perecerá. Si se mantienen firmes, conseguirán la vida”.

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Muchas de las veces, tarde o temprano nos llega la eterna pregunta ¿Por qué si hago el bien me va cada vez más mal?, de igual manera vemos que a aquellos que no laboran tan bien como se debe, les va de maravilla, como si no pasara nada, hasta en un momento de cansancio podríamos pensar que hacer todo bien no vale la pena, tanto esfuerzo para nada, a veces decidiendo caer precisamente en la trampa de tomarlo como una maldición y renunciar a ello.

Entonces en esa etapa, ya caímos en el plan del maligno, ya llenos de coraje y odio le damos vuelo a la hilacha hundiéndonos cada vez más en el ya ordinario pantanal del mundo como si fuera lo normal, y en ocasiones alentados por sus marionetas que no dejan de estar siempre a nuestro lado.

Aquí no se trata de una profecía o una maldición hecha por Jesús a los que le seguimos y tratamos de llevar una vida conforme a la voluntad divina; a lo mejor así lo presenta el maligno, pero en realidad todo cuanto nos acontece lo es precisamente por pura envidia del demonio que no tolera ver en medio del mundo tango bien realizado y lo ponemos en crisis.

Es un hecho que el demonio nunca va a atacar a los que hacen el mal, para qué si ya los tiene trabajando para sí, ataca con todo lo que puede a los que no puede hacerlos suyos, es por ello que cuanto más trates de hacer el bien, más te van a atacar, incluso tus mejores amigos y familiares, porque les duele ver el bien que haces y que ellos no, además de que se prestan al teatrito del chamuco, por ello nunca te canses de hacer el bien, no es ninguna maldición, al contrario, combatir al mal a fuerza de bien, porque atacar mal con mal, ya perdimos y así entramos en el esquema del maligno.

Eso es lo malo de hacer el bien, pero el bien siempre es mayor aunque el mal haga escándalo para publicarse.