“Oportunidad al día”

Lucas 11, 29-32

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús y él se puso a decirles: «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del Hombre para esta generación. Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada esa generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás».

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Todos los elementos motivaciones que encontramos en el camino, llevan a superarnos, romper la barrera de nuestros propios límites y crecer sin desatender las oportunidades que se van presentando en la vida.

Esto es muy bueno en el plano netamente humano, porque es el primer impedimento que superándolo deja de molestarnos para desarrollar las demás capacidades que poseemos. Somos los primeros enemigos de nosotros mismos, pero una vez libres de interferencias traumáticas o emocionales no resueltas que absolutamente todos venimos cargando, el resto es fácil. 

Una vez atendido el plano humano, se nos invita a atender aquellos dones más excelentes, los espirituales que no dejan de enriquecer y adornar nuestra vida como una herramienta para cualquier circunstancia que acontezca en el camino humano, pero con la dimensión espiritual, respaldada por lo divino, que supera toda expectativa humana.

Oportunidades que tenemos día a día, Dios está al alcance de la mano, y más aún cuando le permites entrar en tu corazón, con el acercamiento a todo lo que la Iglesia como instrumento de sus gracias ofrece. 

Pero si nos limitamos a ponernos contentos con los logros humanos, estamos desaprovechando las gracias que podrían acompañar un trabajo que puede trascender  hasta Dios y lo glorifique, sin olvidar que con ello a su vez te santifica.

La cuestión aquí es que tu eres responsable de tu crecimiento espiritual, y si teniéndolo a la mano para aprovecharlo, como Jonás, como la Reina de Saba que reconocen lo que Dios les da además de lo material, lo estamos desperdiciando. La oportunidad está al día, y no depende de Dios, Él ya hace todo para estar cerca de ti, falta que tu de igual manera le respondas y aproveches la oportunidad que te da.

“El lujo de despreciar”

Mateo 22, 1-14


En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: “El Reino de los Cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir. Envió de nuevo a otros criados que les dijeran: ‘Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda’. Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron. 

Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego les dijo a sus criados: ‘La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren’.

Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados”.

La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?” El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.” Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos. 

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El hecho de que se nos haya participado del don de la vida y a su vez se nos haya dedicado el tiempo para atendernos, a manera de que no nos faltase nada; en ocasiones nos hace confiados para sentirnos seguros, aunque quienes nos dan tal seguridad son todas aquellas personas que proporcionan todo lo que necesitas, empezando por tu familia.

A veces en este esquema, pensamos que nos lo merecemos todo, y cuando algo falta, no tardamos en estallar en crisis ante lo intolerantes que nos volvemos a un no como respuesta y a la frustración de no saber manejar aquello que se presenta contrario a como lo deseas.

Con esta fragilidad y falsa autoestima se camina por el mundo, creyendo que podemos rechazar a cualquier persona e invitación, olvidando que el rechazo trae consigo la consecuencia ante quien te invita, se pierde la previsión a futuro y se ofende a la persona rechazada, ya que no sabes si el día de mañana la necesitarás.

Nos damos el lujo de rechazar, olvidando que se es una oportunidad en la vida que no se vuelve a repetir. A lo mejor te invita alguien más, pero lo que te pensaban compartir nunca será igual a lo que otra persona te pueda dar.

Hay que agradecer el ser tomados en cuenta, porque vales para quien te invita, pero si decides rechazar la invitación, no olvides que el rechazo va completo con la persona que te tomó en cuenta a ti. Y no sólo aplica para las personas, porque el esquema es idéntico  para con Dios.

“Toda una vida de oportunidad”

“Toda una vida de oportunidad”

Mateo: 20, 1-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo’. Salió de nuevo a medio día y a media tarde e hizo lo mismo.

Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía a otros que estaban en la plaza y les dijo: ‘¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar?’ Ellos le respondieron: ‘Porque nadie nos ha contratado’. Él les dijo: `Vayan también ustedes a mi viña’.

Al atardecer, el dueño de la viña le dijo a su administrador: ‘Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta que llegues a los primeros’. Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno.

Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamarle al propietario, diciéndole: ‘Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora, y sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor’.

Pero él respondió a uno de ellos: ‘Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?’

De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos”.

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No deja de haber controversias en cuanto a la salvación se refiere, si son invitados, si bastan los últimos dos minutos antes de morir para arrepentirse y salvarse, si se necesita toda la vida, en realidad es todo un misterio, lo cual no niega que Dios salve.

Muchas veces nos ponemos a jugar en el papel del juez, aquel que decide si alguien se salva o condena por sus obras conocidas y, claro no dejará de ser una opinión particular de un ser mortal según su estudio y conciencia haya sido formada, porque podemos conocer la última novedad en cuanto a moral se refiera, o simplemente aplicar el consenso común de lo que el pueblo en su momento histórico diga, lo cual en ambos casos no deja de ser limitado por ser acorde a lo que se conoce en el momento y nunca se equipara a la total sabiduría de Dios que abarca todo conocimiento.

La realidad nos la presenta el evangelio, ya que en realidad no está precisando un momento específico para salvarnos, una edad o una situación, sino que nos menciona muy claramente que la misericordia de Dios, aunada con la justicia, está siempre presente en cada momento de nuestra vida, siempre al cuidado y pendiente de no perdernos aunque hayamos decidido pecar formalmente.

La oportunidad para salvarnos no depende de un momento en específico, sino que Dios nos da el tiempo de toda una vida para volver al Él, y como la vida es única, una sola oportunidad repartida en cada momento en que se te manifiesta para que no te alejes de Él, aun cuando estés en el zenit de tu pecado, porque aún siendo pecadores, no deja de amarnos, he ahí su misericordia, falta que nos perdonemos y restauremos el daño de nuestro pecado, el tiempo: Toda una vida.

“Cuando la oportunidad converge”

Cuando la oportunidad converge”

Mateo: 12, 1-8

Un sábado, atravesaba Jesús por los sembrados. Los discípulos, que iban con Él, tenían hambre y se pusieron a arrancar espigas y a comerse los granos.

Cuando los fariseos los vieron, le dijeron a Jesús: “Tus discípulos están haciendo algo que no está permitido hacer en sábado”.

Él les contestó: “¿No han leído ustedes lo que hizo David una vez que sintieron hambre él y sus compañeros? ¿No recuerdan cómo entraron en la casa de Dios y comieron los panes consagrados, de los cuales ni él ni sus compañeros podían comer, sino tan sólo los sacerdotes? ¿Tampoco han leído en la ley que los sacerdotes violan el sábado porque ofician en el templo y no por eso cometen pecado? Pues yo digo que aquí hay alguien más grande que el templo.

Si ustedes comprendieran el sentido de las palabras: Misericordia quiero y no sacrificios, no condenarían a quienes no tienen ninguna culpa. Por lo demás, el Hijo del hombre también es dueño del sábado”.

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Resulta muy cómodo que nos organicen la vida y siempre nos digan lo que tenemos qué vestir, qué comer, qué calzar, qué decir, con quién andar y hasta qué pensar, entre otras codependencias, aunque lo mismo para otros resulta en una esclavitud, ya que la norma está establecida para seguirla el pie de la letra.

Y es que cuando se dan leyes y normas a seguir, es porque se da una línea común por la que se pide al menos que las persona converjan en un camino y comportamiento uniforme, en el que a veces es necesario, pero en otras incomoda y abusa.

Lo que pasa en realidad, la norma no deja de ser una ayuda para tomar decisiones, pero cuando en el momento se supera la ley por una actitud mejor y con mejores consecuencias, no hay por que limitarnos a lo que ésta nos pide.

Es aquí cuando las oportunidades de hacer un bien mayor convergen, imperando hacer de los múltiples bienes el mejor. Pero siempre hay quiénes quedan estancados en la norma y no pueden ver algo mayor, ya que no tan fácil lo asimilan, ante mentes  formadas tan cuadradas y llenas de prejuicios que tienen una medida corta.

Cuando el bien supera la ley, es lícito, cuando lo rebaja la ley es la norma, y es que pocos lo entienden, sobre todo aquellos que no solo ven la ley como el todo ó, en su defecto la transgreden sin importar la consecuencia; pero aquellos que han ejercido además la caridad combinada con la justicia, el bien con o sin la ley es absoluto.

“Un descanso real”

Un descanso real”

Mateo: 11, 28-30

En aquel tiempo, Jesús dijo: “Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera”.

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Hay muchas maneras de descansar, algunas personas suelen hacerlo cambiando de actividad, como dice el dicho: “descansando, haciendo adobes”; otros a través de un total abandono de su lugar y actividades ordinarias; hay quien lo hace en base a lo que el consumismo le propone, hasta vendiéndole ‘tiempos compartidos’ y viajando a centros de recreo, que al final termina uno más cansado. 

En todas ellas, cada quién opta por el descanso que mejor le agrada y según sus posibilidades, ya que en todas hoy en día hablan de una distracción que da la sensación de restablecer ánimos y fuerzas.

Sin el ámbito de negar todas esas propuestas, Jesús además sugiere que no solamente descansemos de la actividad física, mental y laboral, sino que de igual manera pongamos en medio de nuestros cansancios, una total confianza en Él para depositarle aquello que nos quita la paz, lo que aún en vacaciones nos roba el sueño, y que implica a su vez dejarnos ayudar por Él.

Es entonces cuando el descanso es total y real, sin dejar de hacer lo que nos corresponde en medio de cada situación difícil, pero con la certeza de que Dios está a nuestro lado a pesar de que las cosas no transcurren como deseamos y pedimos.

Pero si la confianza está en tan sólo lo que podamos hacer nosotros u otras personas, siempre quedará la incomodidad de que a lo mejor no salen las cosas bien, por el contrario, poniendo todo en sus benditas manos, nos irá guiando hasta encontrar la solución real, con las gracias y paz necesarias en el ínter de que se llega todo a buen fin.

“Quien no aprovecha, pierde”

Quien no aprovecha, pierde”

Lucas: 11, 14-23

En aquel tiempo, Jesús expulsó a un demonio, que era mudo. Apenas salió el demonio, habló el mudo y la multitud quedó maravillada. Pero algunos decían: “Este expulsa a los demonios con el poder de Belzebú, el príncipe de los demonios”. Otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal milagrosa.

Pero Jesús, que conocía sus malas intenciones, les dijo: “Todo reino dividido por luchas internas va a la ruina y se derrumba casa por casa. Si Satanás también está dividido contra sí mismo, ¿cómo mantendrá su reino? Ustedes dicen que yo arrojo a los demonios con el poder de Belzebú. Entonces, ¿con el poder de quién los arrojan los hijos de ustedes? Por eso, ellos mismos serán sus jueces. Pero si yo arrojo a los demonios con el dedo de Dios, eso significa que ha llegado a ustedes el Reino de Dios.

Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros; pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, entonces le quita las armas en que confiaba y después dispone de sus bienes. El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama”.

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Cuantas veces pensamos que si no hacemos el mal, con eso basta para estar bien con Dios y los demás, que de igual manera si no aprovechamos los bienes y los dones sagrados, no pasa nada, cuando en realidad sí.

Es que no basta con no hacer el mal, sino que lo que cuenta, no es lo que no hacemos, sino lo que hacemos, y el bien está dentro del plan de nuestra salvación, ya que el mismo Señor Jesús remarca que no seguir a la verdad misma, al Dios único y salvador, a su enviado Jesucristo, es en realidad dar relevancia a lo que no es el bien, ni ubicarlo en su lugar.

Es estar en su contra, porque el mal exige una pasividad culpable, aquella que no obra en donde se requiere y en el momento justo, es no actuar para profesar sus dones, es desaprovechar su gracia, es no crecer en la santidad y mantenerla.

Porque la fe vincula a la acción, no a la flojera; el mal es no hacer, no seguir, no ganar, pero sí perder lo que por derecho es nuestro, y esa es la gracia de Dios. porque como lo dice el Señor: “el que no recoge conmigo, desparrama”

Permitamos a la fe que actúe y complete a la creación misma, con los dones que nos toca aportar.

“Quien no aprovecha, pierde”

“Quien no aprovecha, pierde”

Lucas: 11,15-26

En aquel tiempo, cuando Jesús expulsó a un demonio, algunos dijeron: “Este expulsa a los demonios con el poder de Belzebú, el príncipe de los demonios”.

Otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal milagrosa. Pero Jesús, que conocía sus malas intenciones, les dijo: “Todo reino dividido por luchas internas va a la ruina y se derrumba casa por casa. Si Satanás también está dividido contra sí mismo, ¿cómo mantendrá su reino? Ustedes dicen que yo arrojo a los demonios con el poder de Belzebú. Entonces, ¿con el poder de quién los arrojan los hijos de ustedes? Por eso, ellos mismos serán sus jueces. Pero si yo arrojo a los demonios con el dedo de Dios, eso significa que ha llegado a ustedes el Reino de Dios.

Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros; pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, entonces le quita las armas en que confiaba y después dispone de sus bienes. El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.

Cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, anda vagando por lugares áridos, en busca de reposo, y al no hallarlo, dice: ‘Volveré a mi casa, de donde salí’.

Y al llegar, la encuentra barrida y arreglada. Entonces va por otros siete espíritus peores que él y vienen a instalarse allí, y así la situación final de aquel hombre resulta peor que la de antes”.

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Cuantas veces pensamos que si no hacemos el mal, con eso basta para estar bien con Dios y los demás, que de igual manera si no aprovechamos los bienes y los dones sagrados, no pasa nada, cuando en realidad sí.

Es que no basta con no hacer el mal, sino que lo que cuenta, no es lo que no hacemos, sino lo que hacemos, y el bien está dentro del plan de nuestra salvación, ya que el mismo Señor Jesús remarca que no seguir a la verdad misma, al Dios único y salvador, a su enviado Jesucristo, es en realidad dar relevancia a lo que no es el bien, ni ubicarlo en su lugar.

Es estar en su contra, porque el mal exige una pasividad culpable, aquella que no obra en donde se requiere y en el momento justo, es no actuar para profesar sus dones, es desaprovechar su gracia, es no crecer en la santidad y mantenerla.

Porque la fe vincula a la acción, no a la flojera; el mal es no hacer, no seguir, no ganar, pero sí perder lo que por derecho es nuestro, y esa es la gracia de Dios. porque como lo dice el Señor: “el que no recoge conmigo, desparrama”

Permitamos a la fe que actúe y complete a la creación misma, con los dones que nos toca aportar.

“Oportunidades en Vida”

“Oportunidades en Vida”

Lucas: 16, 19-311.

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y telas finas y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo, llamado Lázaro, yacía a la entrada de su casa, cubierto de llagas y ansiando llenarse con las sobras que caían de la mesa del rico. Y hasta los perros se acercaban a lamerle las llagas.

Sucedió, pues, que murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abraham. Murió también el rico y lo enterraron. Estaba éste en el lugar de castigo, en medio de tormentos, cuando levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham y a Lázaro junto a él.

Entonces gritó: ‘Padre Abraham, ten piedad de mí. Manda a Lázaro que moje en agua la punta de su dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas’. Pero Abraham le contestó: ‘Hijo, recuerda que en tu vida recibiste bienes y Lázaro, en cambio, males. Por eso él goza ahora de consuelo, mientras que tú sufres tormentos. Además, entre ustedes y nosotros se abre un abismo inmenso, que nadie puede cruzar, ni hacia allá ni hacia acá’.

El rico insistió: ‘Te ruego, entonces, padre Abraham, que mandes a Lázaro a mi casa, pues me quedan allá cinco hermanos, para que les advierta y no acaben también ellos en este lugar de tormentos’. Abraham le dijo: ‘Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen’. Pero el rico replicó: ‘No, padre Abraham. Si un muerto va a decírselo, entonces sí se arrepentirán’. Abraham repuso: ‘Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso, ni aunque resucite un muerto’ “.

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Es muy clara la intención que el Señor nuestro Dios tiene hacia con nosotros, puesto que no es ningún accidente el hecho de que tengamos vida y seamos consciente de ello, a tal grado de preguntarnos en nuestra naturaleza de dónde venimos y a dónde vamos. Todo está dentro de su plan y de su sabiduría infinita. 

De tal manera que durante el desarrollo de nuestra inteligencia y las capacidades racionales, a su vez debemos de ir haciendo conciencia del plan de Dios sobre nuestras vidas, que en realidad es claro, porque nos ha puesto precisamente ahí, donde sabe nos desarrollaremos extraordinariamente, a la vez que nos ha dado los dones y habilidades para ello. 

Pero saturados y distraídos en mil cosas que el mundo de hoy nos presenta, hace que no miremos hacia esos valores fundamentales, que no dejan de ser la base de nuestro pleno desarrollo y felicidad, a su vez nos descubren la mirada hacia los bienes eternos, y aveces resulta tarde para invertir nuestros tiempos en adquirir aquellos frutos espirituales  que hemos olvidado, de los cuales se nos dio toda una vida para trabajarlos.

El ejemplo es claro con el rico y Lázaro, donde la oportunidad fue dada y puesta a la mano se hacer en ese momento la caridad, pero no se realizó. En vida es donde se arma toda la santidad que llegará hasta el cielo, ya en muerte lo máximo que se puede hacer es interceder con oración, pero por uno mismo ya no puedes hacer nada.

Por ello es importante no desaprovechar la oportunidad que en vida se te da para crecer incluso en la vida espiritual, porque eso es lo que queda al final y es lo que llega a la eternidad.

“Trabajar sin división”

“Trabajar sin división”

Juan: 17, 20-26

En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: “Padre, no sólo te pido por mis discípulos, sino también por los que van a creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti somos uno, a fin de que sean uno en nosotros y el mundo crea que tú me has enviado.

Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que su unidad sea perfecta y así el mundo conozca que tú me has enviado y que los amas, como me amas a mí.

Padre, quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que me has dado, para que contemplen mi gloria, la que me diste, porque me has amado desde antes de la creación del mundo.

Padre justo, el mundo no te ha conocido; pero yo sí te conozco y éstos han conocido que tú me enviaste. Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que me amas esté en ellos y yo también en ellos”.

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Ya casi se cumplen los dos mil años en que Jesús, dentro de la plenitud de los tiempos, en los que se ha instaurado el Reino de los Cielos y se ha propuesto vivir y trabajar en la unidad con el Padre, y la unidad entre nosotros, aún hoy en nuestros días no se ha llegado a realizar.

Parece todo lo contrario, es decir, cada vez en nombre del mismo Dios, y de igual manera en el nombre de Jesús, se dividen las iglesias, se convierten en sectas y las mismas sectas exponencialmente se siguen dividiendo, cada vez de una manera más acelerada.

Pero para no irnos tan lejos, incluso dentro de las mismas comunidades parroquiales, así como en los mismos grupos que se juntan para orar, el mismo maligno siembra la discordia y división. Si de manera obvia se da entre mismos cardenales y sacerdotes, que desgraciadamente en su cansancio y sobrecarga de trabajo terminan prendidos de esos celos y envidias que dividen y dañan severamente a sus propios hermanos, qué no se dará en aquellos a quienes se dicen dirigir.

Sin embargo, la misma gracia de Dios, aún en esos ambientes adversos, manifiesta y sostiene a aquellos que trabajan a pesar de las divisiones sin sosiego, convirtiéndose en auténticos autores de la unidad, de igual manera desde cardenales hasta los laicos más comprometidos. Por ello, debemos de trabajar sin divisiones, para ello debemos primeramente sanar esos corazones dañados y divididos aún en la propia familia, para luego, por la misma gracia de Dios, ser esos instrumentos de unidad con el Padre a través de Jesucristo Nuestro Señor. La salud la da el Señor, y la unidad también.

“Recibes lo que das”

“Recibes lo que das”

Mateo: 7, 7-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; toquen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que toca, se le abre.
¿Hay acaso entre ustedes alguno que le dé una piedra a su hijo, si éste le pide pan? Y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Si ustedes, a pesar de ser malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, con cuánta mayor razón el Padre, que está en los cielos, dará cosas buenas a quienes se las pidan.
Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes. En esto se resumen la ley y los profetas”.

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En ocasiones nos confundimos al manifestar que nuestra suerte es muy mala, ya que en repetidas ocasiones sentimos al mundo adverso a nosotros, como si una maldición nos cubriera permanentemente con su sombra, sin embargo nos sorprendería saber que los generadores de esas reacciones somos nosotros mismos.

Lo que pasa es que por lo general actuamos de una manera inconsciente ante nuestra propia expresividad, que al parecer nos resulta normal, pero que en realidad proyectamos a través de un lenguaje inefable la propia situación e incomodidad por la que estemos atravesando.

Somos todo expresión, pero a su vez vemos en los demás lo que nosotros llevamos dentro, a veces queriendo ayudar o remarcar algo que no es del otro, sino mío, pero que la otra persona lo evoca al identificarme con ello.

Es por ello que generalmente como una retroalimentación, recibimos lo que damos, ya sea consciente o inconsciente, incluso en una critica malsana aunque hablemos mal de los demás, en realidad estamos hablando más de nosotros mismos imprimiendo el dolor que nos mueve al así expresarlo y de lo que no hay necesidad de comentar.

Sin embargo si tu actitud es positiva, aunque la quieran derrumbar aquellos enojados con la vida, ya estarás colaborando a sembrar una pizca de bienestar al no engrandecer su negativa situación, ni responder igual o darles por su lado. Ya que al final, de igual manera, recibes lo que das.