“Quien no aprovecha, pierde”

Quien no aprovecha, pierde”

Lucas: 11, 14-23

En aquel tiempo, Jesús expulsó a un demonio, que era mudo. Apenas salió el demonio, habló el mudo y la multitud quedó maravillada. Pero algunos decían: “Este expulsa a los demonios con el poder de Belzebú, el príncipe de los demonios”. Otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal milagrosa.

Pero Jesús, que conocía sus malas intenciones, les dijo: “Todo reino dividido por luchas internas va a la ruina y se derrumba casa por casa. Si Satanás también está dividido contra sí mismo, ¿cómo mantendrá su reino? Ustedes dicen que yo arrojo a los demonios con el poder de Belzebú. Entonces, ¿con el poder de quién los arrojan los hijos de ustedes? Por eso, ellos mismos serán sus jueces. Pero si yo arrojo a los demonios con el dedo de Dios, eso significa que ha llegado a ustedes el Reino de Dios.

Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros; pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, entonces le quita las armas en que confiaba y después dispone de sus bienes. El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama”.

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Cuantas veces pensamos que si no hacemos el mal, con eso basta para estar bien con Dios y los demás, que de igual manera si no aprovechamos los bienes y los dones sagrados, no pasa nada, cuando en realidad sí.

Es que no basta con no hacer el mal, sino que lo que cuenta, no es lo que no hacemos, sino lo que hacemos, y el bien está dentro del plan de nuestra salvación, ya que el mismo Señor Jesús remarca que no seguir a la verdad misma, al Dios único y salvador, a su enviado Jesucristo, es en realidad dar relevancia a lo que no es el bien, ni ubicarlo en su lugar.

Es estar en su contra, porque el mal exige una pasividad culpable, aquella que no obra en donde se requiere y en el momento justo, es no actuar para profesar sus dones, es desaprovechar su gracia, es no crecer en la santidad y mantenerla.

Porque la fe vincula a la acción, no a la flojera; el mal es no hacer, no seguir, no ganar, pero sí perder lo que por derecho es nuestro, y esa es la gracia de Dios. porque como lo dice el Señor: “el que no recoge conmigo, desparrama”

Permitamos a la fe que actúe y complete a la creación misma, con los dones que nos toca aportar.

“Quien no aprovecha, pierde”

“Quien no aprovecha, pierde”

Lucas: 11,15-26

En aquel tiempo, cuando Jesús expulsó a un demonio, algunos dijeron: “Este expulsa a los demonios con el poder de Belzebú, el príncipe de los demonios”.

Otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal milagrosa. Pero Jesús, que conocía sus malas intenciones, les dijo: “Todo reino dividido por luchas internas va a la ruina y se derrumba casa por casa. Si Satanás también está dividido contra sí mismo, ¿cómo mantendrá su reino? Ustedes dicen que yo arrojo a los demonios con el poder de Belzebú. Entonces, ¿con el poder de quién los arrojan los hijos de ustedes? Por eso, ellos mismos serán sus jueces. Pero si yo arrojo a los demonios con el dedo de Dios, eso significa que ha llegado a ustedes el Reino de Dios.

Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros; pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, entonces le quita las armas en que confiaba y después dispone de sus bienes. El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.

Cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, anda vagando por lugares áridos, en busca de reposo, y al no hallarlo, dice: ‘Volveré a mi casa, de donde salí’.

Y al llegar, la encuentra barrida y arreglada. Entonces va por otros siete espíritus peores que él y vienen a instalarse allí, y así la situación final de aquel hombre resulta peor que la de antes”.

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Cuantas veces pensamos que si no hacemos el mal, con eso basta para estar bien con Dios y los demás, que de igual manera si no aprovechamos los bienes y los dones sagrados, no pasa nada, cuando en realidad sí.

Es que no basta con no hacer el mal, sino que lo que cuenta, no es lo que no hacemos, sino lo que hacemos, y el bien está dentro del plan de nuestra salvación, ya que el mismo Señor Jesús remarca que no seguir a la verdad misma, al Dios único y salvador, a su enviado Jesucristo, es en realidad dar relevancia a lo que no es el bien, ni ubicarlo en su lugar.

Es estar en su contra, porque el mal exige una pasividad culpable, aquella que no obra en donde se requiere y en el momento justo, es no actuar para profesar sus dones, es desaprovechar su gracia, es no crecer en la santidad y mantenerla.

Porque la fe vincula a la acción, no a la flojera; el mal es no hacer, no seguir, no ganar, pero sí perder lo que por derecho es nuestro, y esa es la gracia de Dios. porque como lo dice el Señor: “el que no recoge conmigo, desparrama”

Permitamos a la fe que actúe y complete a la creación misma, con los dones que nos toca aportar.

“Oportunidades en Vida”

“Oportunidades en Vida”

Lucas: 16, 19-311.

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y telas finas y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo, llamado Lázaro, yacía a la entrada de su casa, cubierto de llagas y ansiando llenarse con las sobras que caían de la mesa del rico. Y hasta los perros se acercaban a lamerle las llagas.

Sucedió, pues, que murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abraham. Murió también el rico y lo enterraron. Estaba éste en el lugar de castigo, en medio de tormentos, cuando levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham y a Lázaro junto a él.

Entonces gritó: ‘Padre Abraham, ten piedad de mí. Manda a Lázaro que moje en agua la punta de su dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas’. Pero Abraham le contestó: ‘Hijo, recuerda que en tu vida recibiste bienes y Lázaro, en cambio, males. Por eso él goza ahora de consuelo, mientras que tú sufres tormentos. Además, entre ustedes y nosotros se abre un abismo inmenso, que nadie puede cruzar, ni hacia allá ni hacia acá’.

El rico insistió: ‘Te ruego, entonces, padre Abraham, que mandes a Lázaro a mi casa, pues me quedan allá cinco hermanos, para que les advierta y no acaben también ellos en este lugar de tormentos’. Abraham le dijo: ‘Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen’. Pero el rico replicó: ‘No, padre Abraham. Si un muerto va a decírselo, entonces sí se arrepentirán’. Abraham repuso: ‘Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso, ni aunque resucite un muerto’ “.

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Es muy clara la intención que el Señor nuestro Dios tiene hacia con nosotros, puesto que no es ningún accidente el hecho de que tengamos vida y seamos consciente de ello, a tal grado de preguntarnos en nuestra naturaleza de dónde venimos y a dónde vamos. Todo está dentro de su plan y de su sabiduría infinita. 

De tal manera que durante el desarrollo de nuestra inteligencia y las capacidades racionales, a su vez debemos de ir haciendo conciencia del plan de Dios sobre nuestras vidas, que en realidad es claro, porque nos ha puesto precisamente ahí, donde sabe nos desarrollaremos extraordinariamente, a la vez que nos ha dado los dones y habilidades para ello. 

Pero saturados y distraídos en mil cosas que el mundo de hoy nos presenta, hace que no miremos hacia esos valores fundamentales, que no dejan de ser la base de nuestro pleno desarrollo y felicidad, a su vez nos descubren la mirada hacia los bienes eternos, y aveces resulta tarde para invertir nuestros tiempos en adquirir aquellos frutos espirituales  que hemos olvidado, de los cuales se nos dio toda una vida para trabajarlos.

El ejemplo es claro con el rico y Lázaro, donde la oportunidad fue dada y puesta a la mano se hacer en ese momento la caridad, pero no se realizó. En vida es donde se arma toda la santidad que llegará hasta el cielo, ya en muerte lo máximo que se puede hacer es interceder con oración, pero por uno mismo ya no puedes hacer nada.

Por ello es importante no desaprovechar la oportunidad que en vida se te da para crecer incluso en la vida espiritual, porque eso es lo que queda al final y es lo que llega a la eternidad.

“Trabajar sin división”

“Trabajar sin división”

Juan: 17, 20-26

En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: “Padre, no sólo te pido por mis discípulos, sino también por los que van a creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti somos uno, a fin de que sean uno en nosotros y el mundo crea que tú me has enviado.

Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que su unidad sea perfecta y así el mundo conozca que tú me has enviado y que los amas, como me amas a mí.

Padre, quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que me has dado, para que contemplen mi gloria, la que me diste, porque me has amado desde antes de la creación del mundo.

Padre justo, el mundo no te ha conocido; pero yo sí te conozco y éstos han conocido que tú me enviaste. Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que me amas esté en ellos y yo también en ellos”.

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Ya casi se cumplen los dos mil años en que Jesús, dentro de la plenitud de los tiempos, en los que se ha instaurado el Reino de los Cielos y se ha propuesto vivir y trabajar en la unidad con el Padre, y la unidad entre nosotros, aún hoy en nuestros días no se ha llegado a realizar.

Parece todo lo contrario, es decir, cada vez en nombre del mismo Dios, y de igual manera en el nombre de Jesús, se dividen las iglesias, se convierten en sectas y las mismas sectas exponencialmente se siguen dividiendo, cada vez de una manera más acelerada.

Pero para no irnos tan lejos, incluso dentro de las mismas comunidades parroquiales, así como en los mismos grupos que se juntan para orar, el mismo maligno siembra la discordia y división. Si de manera obvia se da entre mismos cardenales y sacerdotes, que desgraciadamente en su cansancio y sobrecarga de trabajo terminan prendidos de esos celos y envidias que dividen y dañan severamente a sus propios hermanos, qué no se dará en aquellos a quienes se dicen dirigir.

Sin embargo, la misma gracia de Dios, aún en esos ambientes adversos, manifiesta y sostiene a aquellos que trabajan a pesar de las divisiones sin sosiego, convirtiéndose en auténticos autores de la unidad, de igual manera desde cardenales hasta los laicos más comprometidos. Por ello, debemos de trabajar sin divisiones, para ello debemos primeramente sanar esos corazones dañados y divididos aún en la propia familia, para luego, por la misma gracia de Dios, ser esos instrumentos de unidad con el Padre a través de Jesucristo Nuestro Señor. La salud la da el Señor, y la unidad también.

“Recibes lo que das”

“Recibes lo que das”

Mateo: 7, 7-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; toquen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que toca, se le abre.
¿Hay acaso entre ustedes alguno que le dé una piedra a su hijo, si éste le pide pan? Y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Si ustedes, a pesar de ser malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, con cuánta mayor razón el Padre, que está en los cielos, dará cosas buenas a quienes se las pidan.
Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes. En esto se resumen la ley y los profetas”.

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En ocasiones nos confundimos al manifestar que nuestra suerte es muy mala, ya que en repetidas ocasiones sentimos al mundo adverso a nosotros, como si una maldición nos cubriera permanentemente con su sombra, sin embargo nos sorprendería saber que los generadores de esas reacciones somos nosotros mismos.

Lo que pasa es que por lo general actuamos de una manera inconsciente ante nuestra propia expresividad, que al parecer nos resulta normal, pero que en realidad proyectamos a través de un lenguaje inefable la propia situación e incomodidad por la que estemos atravesando.

Somos todo expresión, pero a su vez vemos en los demás lo que nosotros llevamos dentro, a veces queriendo ayudar o remarcar algo que no es del otro, sino mío, pero que la otra persona lo evoca al identificarme con ello.

Es por ello que generalmente como una retroalimentación, recibimos lo que damos, ya sea consciente o inconsciente, incluso en una critica malsana aunque hablemos mal de los demás, en realidad estamos hablando más de nosotros mismos imprimiendo el dolor que nos mueve al así expresarlo y de lo que no hay necesidad de comentar.

Sin embargo si tu actitud es positiva, aunque la quieran derrumbar aquellos enojados con la vida, ya estarás colaborando a sembrar una pizca de bienestar al no engrandecer su negativa situación, ni responder igual o darles por su lado. Ya que al final, de igual manera, recibes lo que das.

“Un nuevo tiempo”

“Un nuevo tiempo”

Marcos: 1, 14-20

Después de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios y decía: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio”.
Caminaba Jesús por la orilla del lago de Galilea, cuando vio a Simón y a su hermano, Andrés, echando las redes en el lago, pues eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres”. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante, vio a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que estaban en una barca, remendando sus redes. Los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre con los trabajadores, se fueron con Jesús.

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Por gracia de Dios hemos tenido la oportunidad de iniciar en el esquema temporal un nuevo ciclo llamado año nuevo, lleno de promesas y proyectos tanto personales como comunitarios, lo que nos hace tener nuevos ánimos para seguir adelante.

De igual manera se nos invita en este nuevo ciclo, a su vez crecer en lo espiritual, no dejarlo a la deriva o al hay se va, porque Dios mediante tendremos la oportunidad de celebrar los misterios que nos recuerdan la historia de la Salvación, por lo que se propone tener la atención bien puesta para no dejarlo ordinariamente a la deriva.

Es un estar preparados para lo que venga, que por lo general siempre es bueno, pero no hay que esperar a que un hecho negativo nos haga retomar el camino, no hay necesidad de una crisis para realizar un cambio personal, cuando desde hoy los puedes evitar.

Un nuevo tiempo es el que se nos da, por lo que si ya lo estamos aprovechando en ciertas áreas de la vida, como es lo material, la familia o el trabajo, no está por demás a su vez utilizarlo en todo el ámbito espiritual que empapa toda nuestra vida y relaciones totales, por ello si va cultivado y fortalecido, no habrá mejor inversión en este nuevo inicio que una vida preparada en todos los aspectos.

“Lo malo de hacer el bien”

“Lo malo de hacer el bien”

Lucas: 21, 12-19

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Los perseguirán y los apresarán, los llevarán a los tribunales y a la cárcel, y los harán comparecer ante reyes y gobernantes por causa mía. Con esto ustedes darán testimonio de mí.
Grábense bien que no tienen que preparar de antemano su defensa, porque yo les daré palabras sabias, a las que no podrá resistir ni contradecir ningún adversario de ustedes.
Los traicionarán hasta sus padres y hermanos, sus parientes y amigos. Matarán a algunos de ustedes, y todos los odiarán por causa mía. Sin embargo, ni un cabello de su cabeza perecerá. Si se mantienen firmes, conseguirán la vida”.

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Muchas de las veces, tarde o temprano nos llega la eterna pregunta ¿Por qué si hago el bien me va cada vez más mal?, de igual manera vemos que a aquellos que no laboran tan bien como se debe, les va de maravilla, como si no pasara nada, hasta en un momento de cansancio podríamos pensar que hacer todo bien no vale la pena, tanto esfuerzo para nada, a veces decidiendo caer precisamente en la trampa de tomarlo como una maldición y renunciar a ello.

Entonces en esa etapa, ya caímos en el plan del maligno, ya llenos de coraje y odio le damos vuelo a la hilacha hundiéndonos cada vez más en el ya ordinario pantanal del mundo como si fuera lo normal, y en ocasiones alentados por sus marionetas que no dejan de estar siempre a nuestro lado.

Aquí no se trata de una profecía o una maldición hecha por Jesús a los que le seguimos y tratamos de llevar una vida conforme a la voluntad divina; a lo mejor así lo presenta el maligno, pero en realidad todo cuanto nos acontece lo es precisamente por pura envidia del demonio que no tolera ver en medio del mundo tango bien realizado y lo ponemos en crisis.

Es un hecho que el demonio nunca va a atacar a los que hacen el mal, para qué si ya los tiene trabajando para sí, ataca con todo lo que puede a los que no puede hacerlos suyos, es por ello que cuanto más trates de hacer el bien, más te van a atacar, incluso tus mejores amigos y familiares, porque les duele ver el bien que haces y que ellos no, además de que se prestan al teatrito del chamuco, por ello nunca te canses de hacer el bien, no es ninguna maldición, al contrario, combatir al mal a fuerza de bien, porque atacar mal con mal, ya perdimos y así entramos en el esquema del maligno.

Eso es lo malo de hacer el bien, pero el bien siempre es mayor aunque el mal haga escándalo para publicarse.

“Oportunidad al día”

“Oportunidad al día”

Lucas 11, 29-32

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús y él se puso a decirles: «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del Hombre para esta generación. Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada esa generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás».

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Todos los elementos motivaciones que encontramos en el camino, llevan a superarnos, romper la barrera de nuestros propios límites y crecer sin desatender las oportunidades que se van presentando en la vida.

Esto es muy bueno en el plano netamente humano, porque es el primer impedimento que superándolo deja de molestarnos para desarrollar las demás capacidades que poseemos. Somos los primeros enemigos de nosotros mismos, pero una vez libres de interferencias traumáticas o emocionales no resueltas que absolutamente todos venimos cargando, el resto es fácil. 

Una vez atendido el plano humano, se nos invita a atender aquellos dones más excelentes, los espirituales que no dejan de enriquecer y adornar nuestra vida como una herramienta para cualquier circunstancia que acontezca en el camino humano, pero con la dimensión espiritual, respaldada por lo divino, que supera toda expectativa humana.

Oportunidades que tenemos día a día, Dios está al alcance de la mano, y más aún cuando le permites entrar en tu corazón, con el acercamiento a todo lo que la Iglesia como instrumento de sus gracias ofrece. 

Pero si nos limitamos a ponernos contentos con los logros humanos, estamos desaprovechando las gracias que podrían acompañar un trabajo que puede trascender  hasta Dios y lo glorifique, sin olvidar que con ello a su vez te santifica.

La cuestión aquí es que tu eres responsable de tu crecimiento espiritual, y si teniéndolo a la mano para aprovecharlo, como Jonás, como la Reina de Saba que reconocen lo que Dios les da además de lo material, lo estamos desperdiciando. La oportunidad está al día, y no depende de Dios, Él ya hace todo para estar cerca de ti, falta que tu de igual manera le respondas y aproveches la oportunidad que te da.

“Necedad y sensatez”

“Necedad y sensatez”

Mateo 25, 1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: “¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!”. Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: “Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”. Pero las sensatas contestaron: “Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”. Mientras iban a comprarlo llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: “Señor, señor, ábrenos”. Pero él respondió: “Os lo aseguro: no os conozco”. Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni el día ni la hora.

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Cuando vamos por la vida caminando tan felices como si nada pasara, es porque en realidad alguien, que sin variar está detrás de ti, hace todo lo posible porque estés bien y cubre la mayoría de tus necesidades, Por lo general son los padres o la pareja.

Sin embargo cuando llegamos a la real autodependencia es donde nos encontramos con aquel verdadero Yo, lleno de necesidades a cubrir, podríamos decir que es la etapa donde se comienza a manifestar la sensatez, es decir, cuando se reconoce en realidad lo que los demás han hecho y de alguna manera siguen haciendo por ti, pero sobre todo cuando ya lo haces a conciencia por ti y de ahí en adelante incluso por los demás.

Lo malo acontece cuando se permanece estáticamente en una vida de necedad, siempre haciendo un drama para seguir obteniendo el mayor beneficio de los demás, que a esa etapa en concreto se llama abuso, y hay a quien no le importa, mientras obtenga lo que quiere, no le importan los demás.

Claro que un necio va a ser enemigo de un sensato, el cual le moverá su base para hacerlo reaccionar y entrar en un nuevo estado de conciencia responsable, pero una persona así llamada sensata con su vida, se deja manipular creyéndose buena gente por un necio y cubre sus caprichos, entonces la sensatez se vuelve necedad por más que trabaje, ya que no está ayudando a los demás a crecer.

Es necio quien siempre pide ayuda y nunca sale del bache, pero más necio es aquel que le sigue dando aunque con sea buena intención, pero sigue ahí estancada la otra persona, es bueno romper el esquema y no importa si no les ayudas más, no importa que te digan que eres malo como es típico el chantaje y la autodefensa de mártir de ellos, pero lo más malo, es que los mal impusiste a darles, ahora que se impongan a salir adelante solos. Aunque duela, romper con la ayuda es más sensato que la necedad de la dependencia que crean contigo que sí trabajas.

“¿De qué nos sirve…?

“¿De qué nos sirve…?

Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.”

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Cada una de las cosas creadas, de suyo cumplen un fin específico y particular, hasta las piedras, que pareciese que nada aportan, dan cimiento y embellecen, a su vez que se han tomado para manifestar las mayores expresiones del arte y, aunque son objetos inanimados aportan su ser para otras encomiendas.

Si así sucede con los objetos inanimados, cuánta más dedicación ha dispuesto el Señor a los que nos ha regalado además una vida, que la finalidad no es tan sólo vivirla, como lo expresan aquellos que no tienen esperanza, como si fuera un peso y una obligación.

Si el Padre Creador nos ha participado amorosamente su propia vida, no la deja sola ni abandonada, al contrario la colma de bienes y capacidades, tanto físicas como espirituales que podemos desarrollar en conjunto con los dones extra de que dispone para nosotros por medio de su Santo Espíritu, pero sobre todo para aquellos, los que los quieren recibir.

Dios no repara en darnos todo lo suyo, pero de qué nos sirve si en realidad tan sólo nos ufanamos de tener tal o cual don o virtud, pero no los utilizamos para lo que fueron otorgados, de qué nos sirve tener un corazón tan grande si no lo utilizamos para amar, ni siquiera a los que tenemos cerca, aún en la propia familia, parece que lo desvirtuamos ya que en vez de amar, tan sólo saciamos satisfactores emergentes y utilizamos a las personas.

De nada sirve si no ponemos los dones aunque sea para el fin indicado, se haría bastante si los desarrolláramos aunque sea altruista mente, aunque no los dediques a Dios, que en algo estarían cumpliendo su cometido.

Pero si lo haces, Bendito sea Dios, que lo estarás glorificando con sus propias creaciones y obras, dando renombre al mismo autor de ellas.