“Nosotros sí ayunamos…”

“Nosotros sí ayunamos…”

Mateo: 9, 14-17

En aquel tiempo, los discípulos de Juan fueron a ver a Jesús y le preguntaron: “¿Por qué tus discípulos no ayunan, mientras nosotros y los fariseos sí ayunamos?” Jesús les respondió: “¿Cómo pueden llevar luto los amigos del esposo, mientras él está con ellos? Pero ya vendrán días en que les quitarán al esposo, y entonces sí ayunarán.

Nadie remienda un vestido viejo con un parche de tela nueva, porque el remiendo nuevo encoge, rompe la tela vieja y así se hace luego más grande la rotura.

Nadie echa el vino nuevo en odres viejos, porque los odres se rasgan, se tira el vino y se echan a perder los odres. El vino nuevo se echa en odres nuevos y así las dos cosas se conservan”.

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En medio de una cultura que ignora a la mayoría, aunque en realidad la tenga presente y hasta le fiscalice en cada centavo que invierta o gaste, queda la sensación de que no valemos si alguien no nos reconoce por los parámetros que establece el mundo y la sociedad actual, aquella a la que deseamos pertenecer porque eso es lo que se nos ha inculcado como necesario, claro para sus propios fines y estándares vacíos.

Entonces es necesario acentuar todo cuando hacemos, para que el resto note que ahí estoy y que es importante lo que hago, así echo en cara y juzgo cuando alguien no llene el estándar o falle al respecto. Es cuando puedo remarcar que yo si lo hago bien y el otro no, cuando en realidad manifestamos un vacío existencial que amerita aprovechar la oportunidad para gritar que existo.

Similar a cuando los discípulos de Jesús, sin depender de lo que diga el mundo, hacen su labor de manera eficaz y sin mayor preocupación del qué dirán, porque saben lo que realizan apoyados en la paz que le brinda seguir a su Señor; es entonces cuando el resto que quiere seguir la norma establecida, echa en cara la falta de cumplimiento de esas normas, que aunque no sean gratas, se realizan por imposición, sin liberar la felicidad de la que debería ir acompañada.

Juzgar es la herramienta para desencadenar ese proceso de remarcar mi vacío, para rellenarlo de esa atención que me hace sentirme tomado en cuenta y cumplidor de una norma, olvidando que hay que saber aplicarla al momento y al tiempo preciso, que precisamente no es el que viven aquellos que gozan de la presencia de su Señor mientras está con ellos y eso basta, ya que santifica más que la norma, por ello, discernir es un don que se le otorga a quien sabe elegir el mejor momento y cómo vivirlo para ser feliz y santificarse con ello.

“Recibir bendiciones en personas”

“Recibir bendiciones en personas”

Mateo: 10, 37-42

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que salve su vida la perderá y el que la pierda por mí, la salvará. Quien los recibe a ustedes me recibe a mí; y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado.

El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta; el que recibe a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo. Quien diere, aunque no sea más que un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, por ser discípulo mío, yo les aseguro que no perderá su recompensa”.

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Cada vez más se está perdiendo la capacidad de santificarnos a través de la hospitalidad que se sacrifica en pro de la seguridad, ya no es tan fácil recibir a extraños, y en cierta medida es razonable, porque las personas así como las comunidades y la sociedad en general ha perdido los valores fundamentales que daban confianza al otro.

Una antigua tradición remarca cómo Dios permite que sus bendiciones lleguen a ti a través de aquellas personas que se han consagrado a Él y que tratan de vivir los valores del Reino de los cielos en medio de un mundo infestado de pobreza espiritual y saturado de pecado como lo ordinario del día a día.

Recibrirlos, ayudarlos, acompañarlos y convivir con ellos, es un gran valor, ya que el mundo en medio de sus temores al compromiso o, al miedo reverencial a la persona por no saber tratar a los consagrados a Dios, no porque sean entes distintos del resto, sino que su función radica en dar un testimonio efectivo de que se puede vivir en y con la gracia de Dios en cualquier circunstancia.

De tal manera que hacerlos parte de nuestra vida, es aceptar que su misión de alguna manera la apoyamos, y claro, Dios no deja de bendecirnos. Si de suyo Dios bendice cuanta obra buena hagamos con nuestros prójimos, con cuánta mayor razón no dejará sin recompensa a quien tan sólo les de un vaso de agua con buena voluntad por ser enviados del Señor.

Es por ello que vale la pena abrir el corazón y nuestras puertas a la gracia de Dios, ya sea en los sacramentos de la Iglesia o en sus personas.

“A una sola voz”

A una sola voz”

Mateo: 6, 7-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando ustedes hagan oración no hablen mucho, como los paganos, que se imaginan que a fuerza de mucho hablar, serán escuchados. No los imiten, porque el Padre sabe lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. Ustedes pues, oren así:

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal. Si ustedes perdonan las faltas a los hombres, también a ustedes los perdonará el Padre celestial. Pero si ustedes no perdonan a los hombres, tampoco el Padre les perdonará a ustedes sus faltas”.

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En el mundo existen tan vastas maneras de orar cuantas lenguas y personas existen, ya que cada quien se expresa de manera única al clamar a Dios a su propia y única manera personal, que es muy valida y original. 

Hay quienes creen que no saben orar porque no se saben de memoria algunos rezos ya previamente establecidos como ayuda con la debida licencia oficial y eclesiástica, cuando la manera más directa es tu dialogo directo con Dios.

Más sin embargo existen oraciones que proclamamos en un lenguaje común, donde nos unimos en un mismo espíritu, con una misma intención y a una sola voz, para elevar nuestra alma agradecida al Señor o de súplica, según sea la intención, manifestando nuestra unión en un solo decir y en un solo Dios.

Unidad que asemeja la misma unidad trinitaria en medio de la diversidad de tres personas distintas y una comunidad que aunque distinta en sus integrantes, nos hacemos uno solo, como será en la gloria futura y la eternidad.

No deja de ser una probadita de su gloria cuando el gozo nos invade, por esa unión que se hace en el aclamar a Dios junto con la comunidad a una sola voz por medio del Padre Nuestro y al alimentarnos a su vez de la Sagrada Eucaristía, en una común unión, con el Pan de Vida eterna. Por ello, ora en común y únete a la comunidad de los que amamos y esperamos en Dios.

“Glorificarnos en Él”

“Glorificarnos en Él”

Juan: 17, 1-11

En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: “Padre, ha llegado la hora. Glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo también te glorifique, y por el poder que le diste sobre toda la humanidad, dé la vida eterna a cuantos le has confiado. La vida eterna consiste en que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado.

Yo te he glorificado sobre la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste. Ahora, Padre, glorifícame en ti con la gloria que tenía, antes de que el mundo existiera. He manifestado tu nombre a los hombres que tú tomaste del mundo y me diste. Eran tuyos y tú me los diste. Ellos han cumplido tu palabra y ahora conocen que todo lo que me has dado viene de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste; ellos las han recibido y ahora reconocen que yo salí de ti y creen que tú me has enviado. Te pido por ellos; no te pido por el mundo, sino por éstos, que tú me diste, porque son tuyos. Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío. Yo he sido glorificado en ellos. Ya no estaré más en el mundo, pues voy a ti; pero ellos se quedan en el mundo”.

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Uno de los aspectos que se nos olvidan o en su defecto que no conocemos es el efecto que de suyo trae como consecuencia acercarnos a Jesús; los medios para hacerlo son múltiples, como la oración, la meditación, la eucaristía, las obras de caridad, la lectura de las Sagradas Escrituras, las lecturas espirituales, etc.

Y es que tiene un doble efecto nuestra dedicación a Dios. A veces creemos que es tan sólo para pedir necesidades, y en una sola vía, pero en realidad cada acto que hagamos ante el Señor, tiene la peculiaridad de devolvernos su santidad y gracias.

De hecho una vez Jesús glorificado, gracias a su muerte y resurrección, nos glorifica, pero no en automático e involuntariamente, sino en reciprocidad por cuanto hagamos un acto de oración, litúrgico y de caridad. 

Por una parte ora e intercede por nosotros, ya que aún estamos en el mundo, pero eso no es una limitante, ya que si de nuestra parte pedimos su glorificación, con gusto la otorgará porque la adquirió para nosotros.

Es por ello que no dejemos de orar y celebrar su sacramentos, porque es mayor lo que nos brinda que lo que le ofrecemos.

"Quién es el justificado"

“Quién es el justificado”

Lucas 18, 9-14

En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: –«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: «¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo».

El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: «¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador».

Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

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Ciertamente existen miles de fórmulas legales, tanto de derecho divino, como de derecho humano, casi somos una receta para la felicidad, pero hay que caer en cuenta, de que no son mágicas, no por el hecho de conocerlas y enunciarlas con puntos y comas, quiere decir que ya estamos del otro lado.

Esta tendencia nos viene por la cultura judía, que en su idiosincracia, el seguimiento de la ley lleva a la santidad, y es llamada ley de santidad, pero cumplirla y exigirla tajantemente, raya en radicalismos y deshumaniza, ya que se olvida de su fundamento que es el amor y la caridad, ya que sin ellos se convierte en letra que mata.

En el evangelio tenemos el caso de uno que por cumplir los preceptos se siente salvado, es decir justificado, cuando en realidad no hace nada por el otro mas que fijarse en sí mismo al pretender ser puro, evitando cruelmente el trato con los que van en camino de perfeccionarse en la santidad. A eso le llamamos falta de caridad.

Sin embargo en Jesús el principal motivo para llegar, como de ayudar a los demás, es precisamente la caridad, aquella que brota de los que se saben que la ley no basta porque les falta perfeccionarse a ese nivel, pero sin perder el rumbo de la realidad, y sin perder de vista a los otros. Aquellos que se reconocen como tal y no se cuelgan en base a cumplimiento de normas, el título de justificados.

En realidad el que mayor se justifica no es el que se alaba a sí mismo con aires de santidad, sino aquel que reconoce que es falto de gracia porque de suyo ya se está disponiendo a ella y la está pidiendo. 

El justo es el que sabe que la obra en su vida no es por sí, sino por aquel que nos participa de sus dones, porque son de Él, no de nosotros. Ese es Justo y así se justifica.

“¿Qué pedimos?”

“¿Qué pedimos?”

Mateo: 20, 17-28

En aquel tiempo, mientras iba de camino a Jerusalén, Jesús llamó aparte a los Doce y les dijo: “Ya vamos camino de Jerusalén y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, que lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; pero al tercer día, resucitará”.

Entonces se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo, junto con ellos, y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: “¿Qué deseas?” Ella respondió: “Concédeme que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, en tu Reino”. Pero Jesús replicó: “No saben ustedes lo que piden. ¿Podrán beber el cáliz que yo he de beber?” Ellos contestaron: “Sí podemos”. Y él les dijo: “Beberán mi cáliz; pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; es para quien mi Padre lo tiene reservado”.

Al oír aquello, los otros diez discípulos se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: “Ya saben que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. Que no sea así entre ustedes. El que quiera ser grande entre ustedes, que sea el que los sirva, y el que quiera ser primero, que sea su esclavo; así como el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida por la redención de todos”.

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No deja de ser natural la búsqueda de crecimiento en todos los aspectos de nuestra vida, ya que Dios nuestro Padre y creador nos ha dado la capacidad para ello, aunque no deja de haber tiempos y circunstancias en las que no nos mueve el hacer nada al respecto.

Motivaciones las tenemos en todo momento y en todo lugar, las oportunidades no dependen de que nos lleguen caídas del cielo, mientras tengamos vida y salud, el tiempo es ya una plena oportunidad y el resto en muy buena parte depende de nosotros.

Aunque por lo general aquellos ejemplos que se ponen como primordiales es a la obtención de bienes materiales, cuando le siguen todas aquellas que atañen al aparecer, dejando por olvidadas aquellas que nos invitan al ser.

Inverso es el proceso de la cultura de este mundo a los valores divinos, que tanto valen unos como otros para el fin deseado, que no deja de ser la misma salvación de la persona.

Es por ello que no dejemos de ubicar y saber utilizar en su momento aquello que pedimos, que no abarque tan sólo un aspecto, sino la integridad de nuestro ser, alma y cuerpo.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    

“Se pide en este tiempo especial orar”

“Se pide en este tiempo especial orar”

Mateo: 6, 7-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando ustedes hagan oración no hablen mucho, como los paganos, que se imaginan que a fuerza de mucho hablar, serán escuchados. No los imiten, porque el Padre sabe lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. Ustedes pues, oren así:

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal.

Si ustedes perdonan las faltas a los hombres, también a ustedes los perdonará el Padre celestial. Pero si ustedes no perdonan a los hombres, tampoco el Padre les perdonará a ustedes sus faltas”.

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Tiempo de gracia, es tiempo de fortalecernos y mantener la gracia con una de las herramientas más efectivas, es decir la oración, ya que es una manera es mantener viva y en contacto con el Señor nuestra alma.

Somos muy susceptibles de perder la amistad con Dios por el pecado, que tan sutilmente se nos presenta, que hasta parece un juego, algo fuerte y de una emoción llamativa llena de adrenalina, y como dicen: nos hace sentir vivos.

Pero que pena que se tenga que sacrificar la paz, la gracia y el mismo sentimiento de amor a Dios, por un momento intenso que al final queda en el vacío. 

El modelo de oración es precisamente el Padre Nuestro, Oración sencilla, llena de contenido y de peticiones básicas que fundamentan nuestro ser, sin complicaciones y directa.

Sobre todo que mueve al corazón a recapacitar en aquellas trabas adquiridas por el odio, las que siguen hiriendo cuando se recuerdan, pero que a través de la oración podremos desprendernos de ellas, y continuar libremente sin el peso del resentimiento, con todo el poder transformador que posee el perdón.

Los beneficiados somos nosotros, ya que desprendidos de todo sentimiento doloroso ya no afecta nuestra conducta, ni nuestra sensibilidad, porque la oración transforma nuestra vida. Es tiempo especial para reforzar el diálogo con Dios, es decir, la oración.

“Nosotros sí ayunamos…”

“Nosotros sí ayunamos…”

Mateo: 9, 14-17

En aquel tiempo, los discípulos de Juan fueron a ver a Jesús y le preguntaron: “¿Por qué tus discípulos no ayunan, mientras nosotros y los fariseos sí ayunamos?” Jesús les respondió: “¿Cómo pueden llevar luto los amigos del esposo, mientras él está con ellos? Pero ya vendrán días en que les quitarán al esposo, y entonces sí ayunarán.

Nadie remienda un vestido viejo con un parche de tela nueva, porque el remiendo nuevo encoge, rompe la tela vieja y así se hace luego más grande la rotura.

Nadie echa el vino nuevo en odres viejos, porque los odres se rasgan, se tira el vino y se echan a perder los odres. El vino nuevo se echa en odres nuevos y así las dos cosas se conservan”.

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En medio de una cultura que ignora a la mayoría, aunque en realidad la tenga presente y hasta le fiscalice en cada centavo que invierta o gaste, queda la sensación de que no valemos si alguien no nos reconoce por los parámetros que establece el mundo y la sociedad actual, aquella a la que deseamos pertenecer porque eso es lo que se nos ha inculcado como necesario, claro para sus propios fines y estándares vacíos.

Entonces es necesario acentuar todo cuando hacemos, para que el resto note que ahí estoy y que es importante lo que hago, así echo en cara y juzgo cuando alguien no llene el estándar o falle al respecto. Es cuando puedo remarcar que yo si lo hago bien y el otro no, cuando en realidad manifestamos un vacío existencial que amerita aprovechar la oportunidad para gritar que existo.

Similar a cuando los discípulos de Jesús, sin depender de lo que diga el mundo, hacen su labor de manera eficaz y sin mayor preocupación del qué dirán, porque saben lo que realizan apoyados en la paz que le brinda seguir a su Señor; es entonces cuando el resto que quiere seguir la norma establecida, echa en cara la falta de cumplimiento de esas normas, que aunque no sean gratas, se realizan por imposición, sin liberar la felicidad de la que debería ir acompañada.

Juzgar es la herramienta para desencadenar ese proceso de remarcar mi vacío, para rellenarlo de esa atención que me hace sentirme tomado en cuenta y cumplidor de una norma, olvidando que hay que saber aplicarla al momento y al tiempo preciso, que precisamente no es el que viven aquellos que gozan de la presencia de su Señor mientras está con ellos y eso basta, ya que santifica más que la norma, por ello, discernir es un don que se le otorga a quien sabe elegir el mejor momento y cómo vivirlo para ser feliz y santificarse con ello.

“Inicio y término con Dios”

“Inicio y término con Dios”

Juan 1, 1-18 

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: —«Este es de quien dije: “El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.”» Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer. 

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Es justo que al término de un año civil, se nos incite a la generosidad y al agradecimiento por todos lo dones recibidos en el recuento de esos trescientos sesenta y cinco días. Al igual pedir mayor fortaleza para saber llevar las adversidades que pudieran habernos hecho daño, que bien encausadas nos dan una muy valiosa lección de vida y crecimiento, si es que no las alimentamos con odios y resentimientos propios y ajenos que no faltan.

El tiempo es relativo, lo que para nosotros es un año, para Dios es una oportunidad de ganarnos para su amor, ya que interviene en el tiempo para no perdernos e invitarnos a su gracia.

Es por ello que tanto iniciar, como terminar un año, todo redunda en santidad, y el mismo hijo de Dios, desde la eternidad atemporal, se nos presenta en el tiempo con una misión específica basada en el amor hacia nosotros, que es la redención.

Debemos recapitular nuestra vida, acrecentar los dones y extirpar los males, porque de ello dependerá el mañana inmediato y nuestra felicidad.

Por ello hago extensa la invitación al agradecimiento tanto al terminar como iniciar un nuevo ciclo en el tiempo les comparto la siguiente oración:

Señor, Dios, dueño del tiempo y de la eternidad, tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro.

Al terminar este año quiero darte gracias por todo aquello que recibí de TI.

Gracias por la vida y el amor, por las flores, el aire y el sol, por la alegría y el dolor, por cuanto fue posible y por lo que no pudo ser.

Te ofrezco cuanto hice en este año, el trabajo que pude realizar y las cosas que pasaron por mis manos y lo que con ellas pude construir.

Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé, las amistades nuevas y los antiguos amores, los más cercanos a mí y los que estén más lejos, los que me dieron su mano y aquellos a los que pude ayudar, con los que compartí la vida, el trabajo, el dolor y la alegría.

Pero también, Señor hoy quiero pedirte perdón, perdón por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado, por la palabra inútil y el amor desperdiciado.

Perdón por las obras vacías y por el trabajo mal hecho, y perdón por vivir sin entusiasmo.

También por la oración que poco a poco fui aplazando y que hasta ahora vengo a presentarte.

Por todos mis olvidos, descuidos y silencios nuevamente te pido perdón.

En los próximos días iniciaremos un nuevo año y detengo mi vida ante el nuevo calendario aún sin estrenar y te presento estos días que sólo TÚ sabes si llegaré a vivirlos.

Hoy te pido para mí y los míos la paz y la alegría, la fuerza y la prudencia, la claridad y la sabiduría.

Quiero vivir cada día con optimismo y bondad llevando a todas partes un corazón lleno de comprensión y paz.

Cierra Tú mis oídos a toda falsedad y mis labios a palabras mentirosas, egoístas, mordaces o hirientes.

Abre en cambio mi ser a todo lo que es bueno que mi espíritu se llene sólo de bendiciones y las derrame a mi paso.

DOCE CAMPANADAS

Para el nuevo año te ofrecemos doce frases, como doce campanadas:

1.Agradece el pasado como don de Dios.

2.Vive el presente con esperanzas y creatividad.

3.Di “sí” al paso de Dios por tu vida.

4.Confía, Dios te encomienda cosas grandes.

5.Valora lo pequeño, llegarás a lo grande.

6.Mira a la vida con sencillez y amor.

7.Ten buen humor, pase lo que pase.

8.Perdona y pide perdón.

9.Haz algo por el otro y serás feliz.

10.Atento, Dios te habla cada día.

11.Dios cuenta contigo.

12.Ama la vida, ama al mundo, ama a Dios.

QUE DIOS TE BENDIGA HOY Y SIEMPRE

Fuente Anónima

“Cántico de Alegría”

“Cántico de Alegría”

Lucas 1, 67-79 

En aquel tiempo, Zacarías, padre de Juan, lleno del Espíritu Santo, profetizó diciendo: «Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo habla predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas. Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abraham. Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días. Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz» 

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Zacarías después de ver todas las gracias y bendiciones recibidas de Dios, no tan sólo para él, sino destinadas a todo el genero humano, inspirado por su conocimiento acerca de la espera del Mesías, y de la esperanza futura, proclama éste cántico.

El contenido remarca los episodios por tanto tiempo esperados, reavivando la alegría y la esperanza desde los orígenes, así lo afirma históricamente al mencionar a Abraham, las alianzas previas y los profetas que se dedicaron a anunciar dicha venida.

Todo proyectado para santificar no tan sólo al pueblo israelita, sino a todas las naciones, se le considera a Jesús el Mesías, como un sol que nace de lo alto que va desde la persona, la familia a toda la sociedad en general.

A continuación comparto un pequeño ritual para la celebración familiar de la Noche Buena.

Lector 1:

Querido Padre, Dios del cielo y de la tierra:

En esta noche santa te queremos dar gracias por tanto amor. Gracias por nuestra familia y por nuestro hogar. Gracias por las personas que trabajan con nosotros.

Bendícenos en este día tan especial en el que esperamos el nacimiento de tu Hijo. Ayúdanos a preparar nuestros corazones para recibir al Niño Jesús con amor, con alegría y esperanza. Estamos aquí reunidos para adorarlo y darle gracias por venir a nuestro mundo a llenar nuestras vidas.

Hoy al contemplar el pesebre recordamos especialmente a las familias que no tienen techo, alimento y comodidad. Te pedimos por ellas para que la Virgen y San José les ayuden a encontrar un cálido hogar.

Lector 2:

Padre bueno, te pedimos que el Niño Jesús nazca también en nuestros corazones para que podamos regalarle a otros el amor que Tu nos muestras día a día. Ayúdanos a reflejar con nuestra vida tu abundante misericordia.

Que junto con tus Ángeles y Arcángeles vivamos siempre alabándote y glorificándote.

(En este momento alguien de la familia pone al Niño Jesús en el pesebre o si ya esta allí se coloca un pequeño cirio o velita delante de El).

Lector 3:

Santísima Virgen Maria, gracias por aceptar ser la Madre de Jesús y Madre nuestra, gracias por tu amor y protección. Sabemos que dia a dia intercedes por nosotros y por nuestras intenciones, gracias Madre.

Querido San José, gracias por ser padre y protector del Niño Jesús, te pedimos que ruegues a Dios por nosotros para que seamos una familia unida en el amor y podamos ser ejemplo de paz y reconciliación para los demás.

Amén

Rezar: 1 Padre Nuestro, 1 Ave Maria, 1 Gloria

Fuente: Aciprensa.com