"Quién es el justificado"

“Quién es el justificado”

Lucas 18, 9-14

En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: –«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: «¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo».

El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: «¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador».

Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

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Ciertamente existen miles de fórmulas legales, tanto de derecho divino, como de derecho humano, casi somos una receta para la felicidad, pero hay que caer en cuenta, de que no son mágicas, no por el hecho de conocerlas y enunciarlas con puntos y comas, quiere decir que ya estamos del otro lado.

Esta tendencia nos viene por la cultura judía, que en su idiosincracia, el seguimiento de la ley lleva a la santidad, y es llamada ley de santidad, pero cumplirla y exigirla tajantemente, raya en radicalismos y deshumaniza, ya que se olvida de su fundamento que es el amor y la caridad, ya que sin ellos se convierte en letra que mata.

En el evangelio tenemos el caso de uno que por cumplir los preceptos se siente salvado, es decir justificado, cuando en realidad no hace nada por el otro mas que fijarse en sí mismo al pretender ser puro, evitando cruelmente el trato con los que van en camino de perfeccionarse en la santidad. A eso le llamamos falta de caridad.

Sin embargo en Jesús el principal motivo para llegar, como de ayudar a los demás, es precisamente la caridad, aquella que brota de los que se saben que la ley no basta porque les falta perfeccionarse a ese nivel, pero sin perder el rumbo de la realidad, y sin perder de vista a los otros. Aquellos que se reconocen como tal y no se cuelgan en base a cumplimiento de normas, el título de justificados.

En realidad el que mayor se justifica no es el que se alaba a sí mismo con aires de santidad, sino aquel que reconoce que es falto de gracia porque de suyo ya se está disponiendo a ella y la está pidiendo. 

El justo es el que sabe que la obra en su vida no es por sí, sino por aquel que nos participa de sus dones, porque son de Él, no de nosotros. Ese es Justo y así se justifica.

“¿Qué pedimos?”

“¿Qué pedimos?”

Mateo: 20, 17-28

En aquel tiempo, mientras iba de camino a Jerusalén, Jesús llamó aparte a los Doce y les dijo: “Ya vamos camino de Jerusalén y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, que lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; pero al tercer día, resucitará”.

Entonces se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo, junto con ellos, y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: “¿Qué deseas?” Ella respondió: “Concédeme que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, en tu Reino”. Pero Jesús replicó: “No saben ustedes lo que piden. ¿Podrán beber el cáliz que yo he de beber?” Ellos contestaron: “Sí podemos”. Y él les dijo: “Beberán mi cáliz; pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; es para quien mi Padre lo tiene reservado”.

Al oír aquello, los otros diez discípulos se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: “Ya saben que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. Que no sea así entre ustedes. El que quiera ser grande entre ustedes, que sea el que los sirva, y el que quiera ser primero, que sea su esclavo; así como el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida por la redención de todos”.

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No deja de ser natural la búsqueda de crecimiento en todos los aspectos de nuestra vida, ya que Dios nuestro Padre y creador nos ha dado la capacidad para ello, aunque no deja de haber tiempos y circunstancias en las que no nos mueve el hacer nada al respecto.

Motivaciones las tenemos en todo momento y en todo lugar, las oportunidades no dependen de que nos lleguen caídas del cielo, mientras tengamos vida y salud, el tiempo es ya una plena oportunidad y el resto en muy buena parte depende de nosotros.

Aunque por lo general aquellos ejemplos que se ponen como primordiales es a la obtención de bienes materiales, cuando le siguen todas aquellas que atañen al aparecer, dejando por olvidadas aquellas que nos invitan al ser.

Inverso es el proceso de la cultura de este mundo a los valores divinos, que tanto valen unos como otros para el fin deseado, que no deja de ser la misma salvación de la persona.

Es por ello que no dejemos de ubicar y saber utilizar en su momento aquello que pedimos, que no abarque tan sólo un aspecto, sino la integridad de nuestro ser, alma y cuerpo.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    

“Se pide en este tiempo especial orar”

“Se pide en este tiempo especial orar”

Mateo: 6, 7-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando ustedes hagan oración no hablen mucho, como los paganos, que se imaginan que a fuerza de mucho hablar, serán escuchados. No los imiten, porque el Padre sabe lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. Ustedes pues, oren así:

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal.

Si ustedes perdonan las faltas a los hombres, también a ustedes los perdonará el Padre celestial. Pero si ustedes no perdonan a los hombres, tampoco el Padre les perdonará a ustedes sus faltas”.

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Tiempo de gracia, es tiempo de fortalecernos y mantener la gracia con una de las herramientas más efectivas, es decir la oración, ya que es una manera es mantener viva y en contacto con el Señor nuestra alma.

Somos muy susceptibles de perder la amistad con Dios por el pecado, que tan sutilmente se nos presenta, que hasta parece un juego, algo fuerte y de una emoción llamativa llena de adrenalina, y como dicen: nos hace sentir vivos.

Pero que pena que se tenga que sacrificar la paz, la gracia y el mismo sentimiento de amor a Dios, por un momento intenso que al final queda en el vacío. 

El modelo de oración es precisamente el Padre Nuestro, Oración sencilla, llena de contenido y de peticiones básicas que fundamentan nuestro ser, sin complicaciones y directa.

Sobre todo que mueve al corazón a recapacitar en aquellas trabas adquiridas por el odio, las que siguen hiriendo cuando se recuerdan, pero que a través de la oración podremos desprendernos de ellas, y continuar libremente sin el peso del resentimiento, con todo el poder transformador que posee el perdón.

Los beneficiados somos nosotros, ya que desprendidos de todo sentimiento doloroso ya no afecta nuestra conducta, ni nuestra sensibilidad, porque la oración transforma nuestra vida. Es tiempo especial para reforzar el diálogo con Dios, es decir, la oración.

“Nosotros sí ayunamos…”

“Nosotros sí ayunamos…”

Mateo: 9, 14-17

En aquel tiempo, los discípulos de Juan fueron a ver a Jesús y le preguntaron: “¿Por qué tus discípulos no ayunan, mientras nosotros y los fariseos sí ayunamos?” Jesús les respondió: “¿Cómo pueden llevar luto los amigos del esposo, mientras él está con ellos? Pero ya vendrán días en que les quitarán al esposo, y entonces sí ayunarán.

Nadie remienda un vestido viejo con un parche de tela nueva, porque el remiendo nuevo encoge, rompe la tela vieja y así se hace luego más grande la rotura.

Nadie echa el vino nuevo en odres viejos, porque los odres se rasgan, se tira el vino y se echan a perder los odres. El vino nuevo se echa en odres nuevos y así las dos cosas se conservan”.

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En medio de una cultura que ignora a la mayoría, aunque en realidad la tenga presente y hasta le fiscalice en cada centavo que invierta o gaste, queda la sensación de que no valemos si alguien no nos reconoce por los parámetros que establece el mundo y la sociedad actual, aquella a la que deseamos pertenecer porque eso es lo que se nos ha inculcado como necesario, claro para sus propios fines y estándares vacíos.

Entonces es necesario acentuar todo cuando hacemos, para que el resto note que ahí estoy y que es importante lo que hago, así echo en cara y juzgo cuando alguien no llene el estándar o falle al respecto. Es cuando puedo remarcar que yo si lo hago bien y el otro no, cuando en realidad manifestamos un vacío existencial que amerita aprovechar la oportunidad para gritar que existo.

Similar a cuando los discípulos de Jesús, sin depender de lo que diga el mundo, hacen su labor de manera eficaz y sin mayor preocupación del qué dirán, porque saben lo que realizan apoyados en la paz que le brinda seguir a su Señor; es entonces cuando el resto que quiere seguir la norma establecida, echa en cara la falta de cumplimiento de esas normas, que aunque no sean gratas, se realizan por imposición, sin liberar la felicidad de la que debería ir acompañada.

Juzgar es la herramienta para desencadenar ese proceso de remarcar mi vacío, para rellenarlo de esa atención que me hace sentirme tomado en cuenta y cumplidor de una norma, olvidando que hay que saber aplicarla al momento y al tiempo preciso, que precisamente no es el que viven aquellos que gozan de la presencia de su Señor mientras está con ellos y eso basta, ya que santifica más que la norma, por ello, discernir es un don que se le otorga a quien sabe elegir el mejor momento y cómo vivirlo para ser feliz y santificarse con ello.

“Inicio y término con Dios”

“Inicio y término con Dios”

Juan 1, 1-18 

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: —«Este es de quien dije: “El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.”» Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer. 

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Es justo que al término de un año civil, se nos incite a la generosidad y al agradecimiento por todos lo dones recibidos en el recuento de esos trescientos sesenta y cinco días. Al igual pedir mayor fortaleza para saber llevar las adversidades que pudieran habernos hecho daño, que bien encausadas nos dan una muy valiosa lección de vida y crecimiento, si es que no las alimentamos con odios y resentimientos propios y ajenos que no faltan.

El tiempo es relativo, lo que para nosotros es un año, para Dios es una oportunidad de ganarnos para su amor, ya que interviene en el tiempo para no perdernos e invitarnos a su gracia.

Es por ello que tanto iniciar, como terminar un año, todo redunda en santidad, y el mismo hijo de Dios, desde la eternidad atemporal, se nos presenta en el tiempo con una misión específica basada en el amor hacia nosotros, que es la redención.

Debemos recapitular nuestra vida, acrecentar los dones y extirpar los males, porque de ello dependerá el mañana inmediato y nuestra felicidad.

Por ello hago extensa la invitación al agradecimiento tanto al terminar como iniciar un nuevo ciclo en el tiempo les comparto la siguiente oración:

Señor, Dios, dueño del tiempo y de la eternidad, tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro.

Al terminar este año quiero darte gracias por todo aquello que recibí de TI.

Gracias por la vida y el amor, por las flores, el aire y el sol, por la alegría y el dolor, por cuanto fue posible y por lo que no pudo ser.

Te ofrezco cuanto hice en este año, el trabajo que pude realizar y las cosas que pasaron por mis manos y lo que con ellas pude construir.

Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé, las amistades nuevas y los antiguos amores, los más cercanos a mí y los que estén más lejos, los que me dieron su mano y aquellos a los que pude ayudar, con los que compartí la vida, el trabajo, el dolor y la alegría.

Pero también, Señor hoy quiero pedirte perdón, perdón por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado, por la palabra inútil y el amor desperdiciado.

Perdón por las obras vacías y por el trabajo mal hecho, y perdón por vivir sin entusiasmo.

También por la oración que poco a poco fui aplazando y que hasta ahora vengo a presentarte.

Por todos mis olvidos, descuidos y silencios nuevamente te pido perdón.

En los próximos días iniciaremos un nuevo año y detengo mi vida ante el nuevo calendario aún sin estrenar y te presento estos días que sólo TÚ sabes si llegaré a vivirlos.

Hoy te pido para mí y los míos la paz y la alegría, la fuerza y la prudencia, la claridad y la sabiduría.

Quiero vivir cada día con optimismo y bondad llevando a todas partes un corazón lleno de comprensión y paz.

Cierra Tú mis oídos a toda falsedad y mis labios a palabras mentirosas, egoístas, mordaces o hirientes.

Abre en cambio mi ser a todo lo que es bueno que mi espíritu se llene sólo de bendiciones y las derrame a mi paso.

DOCE CAMPANADAS

Para el nuevo año te ofrecemos doce frases, como doce campanadas:

1.Agradece el pasado como don de Dios.

2.Vive el presente con esperanzas y creatividad.

3.Di “sí” al paso de Dios por tu vida.

4.Confía, Dios te encomienda cosas grandes.

5.Valora lo pequeño, llegarás a lo grande.

6.Mira a la vida con sencillez y amor.

7.Ten buen humor, pase lo que pase.

8.Perdona y pide perdón.

9.Haz algo por el otro y serás feliz.

10.Atento, Dios te habla cada día.

11.Dios cuenta contigo.

12.Ama la vida, ama al mundo, ama a Dios.

QUE DIOS TE BENDIGA HOY Y SIEMPRE

Fuente Anónima

“Cántico de Alegría”

“Cántico de Alegría”

Lucas 1, 67-79 

En aquel tiempo, Zacarías, padre de Juan, lleno del Espíritu Santo, profetizó diciendo: «Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo habla predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas. Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abraham. Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días. Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz» 

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Zacarías después de ver todas las gracias y bendiciones recibidas de Dios, no tan sólo para él, sino destinadas a todo el genero humano, inspirado por su conocimiento acerca de la espera del Mesías, y de la esperanza futura, proclama éste cántico.

El contenido remarca los episodios por tanto tiempo esperados, reavivando la alegría y la esperanza desde los orígenes, así lo afirma históricamente al mencionar a Abraham, las alianzas previas y los profetas que se dedicaron a anunciar dicha venida.

Todo proyectado para santificar no tan sólo al pueblo israelita, sino a todas las naciones, se le considera a Jesús el Mesías, como un sol que nace de lo alto que va desde la persona, la familia a toda la sociedad en general.

A continuación comparto un pequeño ritual para la celebración familiar de la Noche Buena.

Lector 1:

Querido Padre, Dios del cielo y de la tierra:

En esta noche santa te queremos dar gracias por tanto amor. Gracias por nuestra familia y por nuestro hogar. Gracias por las personas que trabajan con nosotros.

Bendícenos en este día tan especial en el que esperamos el nacimiento de tu Hijo. Ayúdanos a preparar nuestros corazones para recibir al Niño Jesús con amor, con alegría y esperanza. Estamos aquí reunidos para adorarlo y darle gracias por venir a nuestro mundo a llenar nuestras vidas.

Hoy al contemplar el pesebre recordamos especialmente a las familias que no tienen techo, alimento y comodidad. Te pedimos por ellas para que la Virgen y San José les ayuden a encontrar un cálido hogar.

Lector 2:

Padre bueno, te pedimos que el Niño Jesús nazca también en nuestros corazones para que podamos regalarle a otros el amor que Tu nos muestras día a día. Ayúdanos a reflejar con nuestra vida tu abundante misericordia.

Que junto con tus Ángeles y Arcángeles vivamos siempre alabándote y glorificándote.

(En este momento alguien de la familia pone al Niño Jesús en el pesebre o si ya esta allí se coloca un pequeño cirio o velita delante de El).

Lector 3:

Santísima Virgen Maria, gracias por aceptar ser la Madre de Jesús y Madre nuestra, gracias por tu amor y protección. Sabemos que dia a dia intercedes por nosotros y por nuestras intenciones, gracias Madre.

Querido San José, gracias por ser padre y protector del Niño Jesús, te pedimos que ruegues a Dios por nosotros para que seamos una familia unida en el amor y podamos ser ejemplo de paz y reconciliación para los demás.

Amén

Rezar: 1 Padre Nuestro, 1 Ave Maria, 1 Gloria

Fuente: Aciprensa.com

“Una acción Magnífica”

Una acción Magnífica”

Lucas 1, 46-56 

En aquel tiempo, María dijo: —«Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia —como lo había prometido a nuestros padres— en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.» María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa. 

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Este texto Bíblico conocido como el Magnificat, palabra latina que significa la magnífica, es una oración que es atribuida a María Santísima con motivo de la Visitación a su Prima Isabel. A continuación comparto una catequesis del San Juan Pablo II sobre el Magníficat.

Catequesis de Juan Pablo II (6-XI-96)

1. María, inspirándose en la tradición del Antiguo Testamento, celebra con el cántico del Magníficat las maravillas que Dios realizó en ella. Ese cántico es la respuesta de la Virgen al misterio de la Anunciación: el ángel la había invitado a alegrarse; ahora María expresa el jubilo de su espíritu en Dios, su salvador. Su alegría nace de haber experimentado personalmente la mirada benévola que Dios le dirigió a ella, criatura pobre y sin influjo en la historia.

Con la expresión Magníficat, versión latina de una palabra griega que tenía el mismo significado, se celebra la grandeza de Dios, que con el anuncio del ángel revela su omnipotencia, superando las expectativas y las esperanzas del pueblo de la alianza e incluso los más nobles deseos del alma humana.

Frente al Señor, potente y misericordioso, María manifiesta el sentimiento de su pequeñez: “Proclama mi alma la grandeza del Señor; se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava” (Lc 1,46-48). Probablemente, el término griego tapeinosis está tomado del cántico de Ana, la madre de Samuel. Con él se señalan la “humillación” y la “miseria” de una mujer estéril (cf. 1 S 1,11), que encomienda su pena al Señor. Con una expresión semejante, María presenta su situación de pobreza y la conciencia de su pequeñez ante Dios que, con decisión gratuita, puso su mirada en ella, joven humilde de Nazaret, llamándola a convertirse en la madre del Mesías.

2. Las palabras “desde ahora me felicitarán todas las generaciones” (Lc 1,48), toman como punto de partida la felicitación de Isabel, que fue la primera en proclamar a María “dichosa” (Lc 1,45). El cántico, con cierta audacia, predice que esa proclamación se irá extendiendo y ampliando con un dinamismo incontenible. Al mismo tiempo, testimonia la veneración especial que la comunidad cristiana ha sentido hacia la Madre de Jesús desde el siglo I. El Magníficat constituye la primicia de las diversas expresiones de culto, transmitidas de generación en generación, con las que la Iglesia manifiesta su amor a la Virgen de Nazaret.

3. “El Poderoso ha hecho obras grandes por mí; su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación” (Lc 1,49-50).

¿Qué son esas “obras grandes” realizadas en María por el Poderoso? La expresión aparece en el Antiguo Testamento para indicar la liberación del pueblo de Israel de Egipto o de Babilonia. En el Magníficat se refiere al acontecimiento misterioso de la concepción virginal de Jesús, acaecido en Nazaret después del anuncio del ángel.

En el Magníficat, cántico verdaderamente teológico porque revela la experiencia del rostro de Dios hecha por María, Dios no sólo es el Poderoso, pare el que nada es imposible, como había declarado Gabriel (cf. Lc 1,37), sino también el Misericordioso, capaz de ternura y fidelidad para con todo ser humano.

4. “Él hace proezas con su brazo; dispersa a los soberbios de corazón; derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos” (Lc 1,51-53).

Con su lectura sapiencial de la historia, María nos lleva a descubrir los criterios de la misteriosa acción de Dios. El Señor, trastrocando los juicios del mundo, viene en auxilio de los pobres y los pequeños, en perjuicio de los ricos y los poderosos, y, de modo sorprendente, colma de bienes a los humildes, que le encomiendan su existencia (cf. Redemptoris Mater, 37).

Estas palabras del cántico, a la vez que nos muestran en María un modelo concreto y sublime, nos ayudan a comprender que lo que atrae la benevolencia de Dios es sobre todo la humildad del corazón.

5. Por ultimo, el cántico exalta el cumplimiento de las promesas y la fidelidad de Dios hacia el pueblo elegido: “Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y su descendencia por siempre” (Lc 1,54-55).

María, colmada de dones divinos, no se detiene a contemplar solamente su caso personal, sino que comprende que esos dones son una manifestación de la misericordia de Dios hacia todo su pueblo. En ella Dios cumple sus promesas con una fidelidad y generosidad sobreabundantes.

El Magníficat, inspirado en el Antiguo Testamento y en la espiritualidad de la hija de Sión, supera los textos proféticos que están en su origen, revelando en la “llena de gracia” el inicio de una intervención divina que va mas allá de las esperanzas mesiánicas de Israel: el misterio santo de la Encarnación del Verbo.

“Esperar y hacer oración”

“Esperar y hacer oración”

Mateo 9, 35 – 10, 1. 6-8 

En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando el Evangelio del reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias. Al ver a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: —«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.» Y llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia. A estos doce los envió con estas instrucciones: —«Id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis.» 

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Este tiempo de gracia del adviento que se caracteriza por prepararnos en la espera del Mesías que una vez prometido está por llegar, se nos invita a además a vivirlo con una constante actitud de oración, la cual alimentará la vida espiritual y nos mantendrá fortalecidos mientras llega.

Una de las cualidades que tendrá será ese don de poder curar todas las enfermedades y dolencias, tanto las físicas como las morales y espirituales, algo que ya los mismos profetas del Antiguo Testamento habían prometido, pero que son un hecho con su llegada.

Sin embargo no basta la espera, es necesario que estemos alimentando constantemente en oración, ya que la misma nos irá ubicando en la actitud correcta para recibirlo, además que nos alienta en el mismo camino.

Por ello es muy necesaria la oración en todo, momento, ya que sin ella, podemos perder el rumbo de la espera, desvirtuando su venida y pidiendo que venga con alguna otra intención que no es la indicada, como lo es para tan sólo saciar las necesidades físicas olvidando las espirituales.

De hecho hoy se espera el Niño Dios con un sentido comercializado, ya tan sólo se busca saciar el apetito por las compras y obtener de una manera justificada aquello que deseamos obtener. Pero aunque eso ya es una tradición, no olvidemos sublimarla con la misma oración, que nos ayuda a saber esperar y recibir la correcta actitud, así como la felicidad para obtener y saber aprovechar los regalos que nos hacemos en su momento con un verdadero sentido de utilidad cristiana que nos lleven a la misma caridad y santidad.

“Mi casa es casa de oración”

“Mi casa es casa de oración”

Lucas 19, 45-48

En aquel tiempo, entró Jesús en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: —Escrito está: «Mi casa es casa de oración»; pero vosotros la habéis convertido en una «cueva de bandidos».

Todos los días enseñaba en el templo. Los sumos sacerdotes, los letrados y los senadores del pueblo intentaban quitarlo de en medio; pero se dieron cuenta de que no podían hacer nada, porque el pueblo entero estaba pendiente de sus labios.

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Es horrible cuando al llegar a un santuario dispuesto a orar, te encuentres con un mundo de distractores que te impiden poder estar en concentración y por ende en contacto con Dios, ya parece que el motivo de la visita es para ir por los chicles, la cajeta, las pulseritas, los tlacoyos, las botanitas, las fritangas, los dulces, etc, es un mundo comercializado en torno a los santuarios y a los templos.

A esa gente no le importa tu fe, sino que se aprovechan económicamente de los lugares sagrados y de los fieles haciendo negocio redondo, nada nuevo, ya en los tiempos de Jesús acontecía lo mismo, por lo que remarca que precisamente en el lugar sagrado, su principal y única finalidad es encontrarte con Dios en dedicada, atenta y profunda oración, tal celo llevó a Jesús a echar a los vendedores, lo que les obtuvo su rechazo, pero ese rechazo no es de fe, porque en esos casos la fe está muy menguada y manipulada.

Lo que se ganó fue un deseo de que lo asesinaran, porque estorba a los comerciantes y a los dirigentes religiosos que les rompe el esquema ya desvirtuado y viciado, es necesaria una restauración y Jesús lo está sembrando.

Esa misma historia se repite, existen santuarios que han querido crecer en la fe y atención  de los fieles, al modificar los lugares, con tan sólo obtener amenazas de muerte de los comerciantes, nada nuevo, ¿acaso tendrá que volver a venir Jesús a restaurar lo perdido? o ¿será que no estamos haciendo bien nuestra labor al seguir permitiendo esos esquemas?

Por lo pronto, el que lo promueve eres tú, empezando a realmente tomar el templo como lo que es, casa de oración, y no apoyando el comercio circundante en torno a tu fe.

“Conmemoración de todos los fieles difuntos”

“Conmemoración de todos los fieles difuntos”

Mateo 5, 1-12a 

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos y el se puso a hablar, enseñándoles: «Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.»

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Las tres Iglesias: Se llama Iglesia a la asociación de los que creen en Jesucristo. La Iglesia se divide en tres grupos. Iglesia triunfante: los que ya se salvaron y están en el cielo (los que festejamos ayer, todos los santos). Iglesia militante: los que estamos en la tierra luchando por hacer el bien y evitar el mal. Y la Iglesia purgante: los que están en el purgatorio purificándose de sus pecados, de las manchas que afean su alma.

El Catecismo de la Iglesia Católica, publicado por el Papa Juan Pablo II en 1992, es un texto de máxima autoridad para todos los católicos del mundo y dice cinco cosas acerca del Purgatorio:

1ª. Los que mueren en gracia y amistad de Dios pero no perfectamente purificados, sufren después de su muerte una purificación, para obtener la completa hermosura de su alma (1030).

2ª. La Iglesia llama Purgatorio a esa purificación, y ha hablado de ella en el Concilio de Florencia y en el Concilio de Trento. La Iglesia para hablar de que será como un fuego purificador, se basa en aquella frase de San Pablo que dice: “La obra de cada uno quedará al descubierto, el día en que pasen por fuego. Las obras que cada cual ha hecho se probarán en el fuego”. (1Cor. 3, 14).

3ª. La práctica de orar por los difuntos es sumamente antigua. El libro 2º. de los Macabeos en la S. Biblia dice: “Mandó Juan Macabeo ofrecer sacrificios por los muertos, para que quedaran libres de sus pecados” (2Mac. 12, 46).

4ª. La Iglesia desde los primeros siglos ha tenido la costumbre de orar por los difuntos (Cuenta San Agustín que su madre Santa Mónica lo único que les pidió al morir fue esto: “No se olviden de ofrecer oraciones por mi alma”).

5ª. San Gregorio Magno afirma: “Si Jesucristo dijo que hay faltas que no serán perdonadas ni en este mundo ni en el otro, es señal de que hay faltas que sí son perdonadas en el otro mundo. Para que Dios perdone a los difuntos las faltas veniales que tenían sin perdonar en el momento de su muerte, para eso ofrecemos misas, oraciones y limosnas por su eterno descanso”.

De San Gregorio se narran dos hechos interesantes. El primero, que él ofreció 30 misas por el alma de un difunto, y después el muerto se le apareció en sueños a darle las gracias porque por esas misas había logrado salir del purgatorio. Y el segundo, que un día estando celebrando la Misa, elevó San Gregorio la Santa Hostia y se quedó con ella en lo alto por mucho tiempo. Sus ayudantes le preguntaron después por qué se había quedado tanto tiempo con la hostia elevada en sus manos, y les respondió: “Es que vi que mientras ofrecía la Santa Hostia a Dios, descansaban las benditas almas del purgatorio”. Desde tiempos de San Gregorio (año 600) se ha popularizado mucho en la Iglesia Católica la costumbre de ofrecer misas por el descanso de las benditas almas.

La respuesta de San Agustín: a este gran Santo le preguntó uno: “¿Cuánto rezarán por mí cuando yo me haya muerto?”, y él le respondió: “Eso depende de cuánto rezas tú por los difuntos. Porque el evangelio dice que la medida que cada uno emplea para dar a los demás, esa medida se empleará para darle a él”.

¿Vamos a rezar más por los difuntos? ¿Vamos a ofrecer por ellos misas, comuniones, ayudas a los pobres y otras buenas obras? Los muertos nunca jamás vienen a espantar a nadie, pero sí rezan y obtienen favores a favor de los que rezan por ellos.

Fuente: EWTN.com