“Imponernos en todo”

“Imponernos en todo”

Lucas: 11, 37-41

En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer. Jesús fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. El fariseo se extrañó de que Jesús no hubiera cumplido con la ceremonia de lavarse las manos antes de comer.

Pero el Señor le dijo: “Ustedes, los fariseos, limpian el exterior del vaso y del plato; en cambio, el interior de ustedes está lleno de robos y maldad. ¡Insensatos! ¿Acaso el que hizo lo exterior no hizo también lo interior? Den más bien limosna de lo que tienen y todo lo de ustedes quedará limpio”.

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No resulta tan fácil el que aquellos cercanos a nosotros, hagamos que realicen los mismos actos, pensamientos y tradiciones como nosotros mismos los hacemos, ya que resultaría en una imposición, aunque compartamos la misma cultura y costumbres.

Y que mal resulta cuando nuestra alegría y estabilidad depende de que los demás hagan lo que yo espero o en su momento exijo y no veo la respuesta deseada, caemos en la incomodidad total, y empezamos a juzgar a los demás porque no son como yo, claro, no deja de ser una muy marcada inmadurez en las relaciones personales, aunque las normas así como costumbres lo impongan y de la cuales nos colgamos.

Olvidamos que el respeto y la necesidad de omitir cualquier juicio son necesarios para entablar una sana y franca relación con los demás. Dejar de cuidar las apariencias resulta intolerable para quien las cuida. Pero eso no importa, porque ahí mismo se revela el nivel de relación se puede entablar, así como de auténtica amistad.

Querer imponernos en todo revela la evidente inseguridad de hacer las cosas fuera de lo permitido por los miedos al desconocimiento de no saber que hacer en dicha circunstancia, pero se vale arriesgarnos y no ser tan estrictos ni con nosotros, ni con los demás, porque entonces quedarían a tu nivel forzadamente y no tendrían nada que aportar para enriquecer tu persona. 

Vale la pena en una sana actitud liberarnos de la estrictez, dejar de imponernos, y vivir la vida en plenitud y al natural cuidando lo que la puede dañar, y plenificando en alegría las relaciones tan bellas que son con los demás. 

“Si no entendemos….”

“Si no entendemos….”

Marcos: 4, 1-20

En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al lago, y se reunió una muchedumbre tan grande, que Jesús tuvo que subir en una barca; ahí se sentó, mientras la gente estaba en tierra, junto a la orilla. Les estuvo enseñando muchas cosas con parábolas y les decía: “Escuchen. Salió el sembrador a sembrar. Cuando iba sembrando, unos granos cayeron en la vereda; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros cayeron en terreno pedregoso, donde apenas había tierra; como la tierra no era profunda, las plantas brotaron enseguida; pero cuando salió el sol, se quemaron, y por falta de raíz, se secaron. Otros granos cayeron entre espinas; las espinas crecieron, ahogaron las plantas y no las dejaron madurar. Finalmente, los otros granos cayeron en tierra buena; las plantas fueron brotando y creciendo y produjeron el treinta, el sesenta o el ciento por uno”. Y añadió Jesús: “El que tenga oídos para oír, que oiga”.
Cuando se quedaron solos, sus acompañantes y los Doce le preguntaron qué quería decir la parábola. Entonces Jesús les dijo: “A ustedes se les ha confiado el secreto del Reino de Dios; en cambio, a los que están fuera, todo les queda oscuro; así, por más que miren, no verán; por más que oigan, no entenderán; a menos que se conviertan y sean perdonados”.

Y les dijo a continuación: “Si no entienden esta parábola, ¿cómo van a comprender todas las demás? ‘El sembrador’ siembra la palabra.

`Los granos de la vereda’ son aquellos en quienes se siembra la palabra, pero cuando la acaban de escuchar, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos.

`Los que reciben la semilla en terreno pedregoso’, son los que, al escuchar la palabra, de momento la reciben con alegría; pero no tienen raíces, son inconstantes, y en cuanto surge un problema o una contrariedad por causa de la palabra, se dan por vencidos.

`Los que reciben la semilla entre espinas’ son los que escuchan la palabra; pero por las preocupaciones de esta vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás, que los invade, ahogan la palabra y la hacen estéril.

Por fin, ‘los que reciben la semilla en tierra buena’ son aquellos que escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha: unos, de treinta; otros, de sesenta; y otros, de ciento por uno”.

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Cuando se presenta ésta lectura del sembrador no suelo hacer ningún comentario o exégesis por la sencilla razón de que la explicación exacta de la misma está presente. Solamente invito a que en cada uno de los lugares en que cae la semilla tratemos de actualizarlos con hechos y lugares actuales que nos son más familiares para obtener una mejor comprensión a nuestros tiempos actuales.

“¿A Dios le gusta el Dolor?”

“¿A Dios le gusta el Dolor?”

Lucas: 21, 20-28

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando vean a Jerusalén sitiada por un ejército, sepan que se aproxima su destrucción. Entonces, los que estén en Judea, que huyan a los montes; los que estén en la ciudad, que se alejen de ella; los que estén en el campo, que no vuelvan a la ciudad; porque esos días serán de castigo para que se cumpla todo lo que está escrito.
¡Pobres de las que estén embarazadas y de las que estén criando en aquellos días! Porque vendrá una gran calamidad sobre el país y el castigo de Dios se descargará contra este pueblo. Caerán al filo de la espada, serán llevados cautivos a todas las naciones y Jerusalén será pisoteada por los paganos, hasta que se cumpla el plazo que Dios les ha señalado.
Habrá señales prodigiosas en el sol, en la luna y en las estrellas. En la tierra las naciones se llenarán de angustia y de miedo por el estruendo de las olas del mar; la gente se morirá de terror y de angustiosa espera por las cosas que vendrán sobre el mundo, pues hasta las estrellas se bambolearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube, con gran poder y majestad. Cuando estas cosas comiencen a suceder, pongan atención y levanten la cabeza, porque se acerca la hora de su liberación”.

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Es un hecho que conocemos todos al respecto de la historia de la salvación en lo que se refiere a la Encarnación, es decir, el misterio del Dios hecho hombre, el Emmanuel, el Dios con nosotros, Aquél que toma la condición humana sin perder la divina, hecho que nos acerca aún más a Él por amor y pura iniciativa suya.

Pues éste hecho de la Encarnación, precisamente viene a sublimar todo el género humano de todos los tiempos, es lo que podríamos llamar el milagro del unirnos y elevarnos a lo divino para vivir y permanecer siempre al lado de Dios. En Este proceso el camino es el de Jesucristo, quien nos muestra las pautas y el camino a seguir para cada vez más asemejarnos a él hasta que en su momento seamos todos uno con Él. Es un crecimiento espiritual que se ve reflejado en la propia vida y en nuestro propio ser y actuar.

Sin embargo, parece que el proceso lo queremos hacer a la inversa, en vez de elevar nuestra vida a la calidad y categoría de lo sublime, de lo divino, pretendemos antropomorfizar a Dios, es decir, ponerlo a nuestro nivel, creer que piensa y obra como nosotros las para así justificar nuestro comportamiento y nuestra típica manera y tendencia de ser.

Entonces nuestras limitaciones se las colgamos a Dios, si somos corajudos, Dios es el corajudo y lleno de ira por excelencia, si castigamos, Dios es el ajusticiador supremo,   imaginando que Dios piensa como nosotros erróneamente, por lo que cuando se nos habla en ésta lectura en lenguaje apocalíptico, pensamos el cómo puede ser posible que realice tantas atrocidades y no tenga compasión inclusive de los niños y las embarazadas.

Algo que olvidamos es que ese lenguaje es una forma de hablar, sin embargo está lleno de esperanza, porque aunque el escritor sagrado, manifieste los miedos y temores de la humanidad en el mismo, no deja de remarcar la gran misericordia de Dios ya que inclusive a los infantes los tiene contemplados en su plan. Así como un bebé puede perderse a temprana edad, no deja de ser un enviado que cumplió su misión ya que transformó algo en la familia por la que pasó. No es que a Dios le guste el Dolor, nosotros somos los adictos a la adrenalina, al dolor, y lo ponemos en boca de Dios, pero nada queda fuera de su misericordia y su bendita mano, falta que en vez de ver el mundo con dolor, lo veamos con misericordia y así la cosa radicalmente cambia. Inténtalo.

“Oportunidad al día”

“Oportunidad al día”

Lucas 11, 29-32

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús y él se puso a decirles: «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del Hombre para esta generación. Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada esa generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás».

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Todos los elementos motivaciones que encontramos en el camino, llevan a superarnos, romper la barrera de nuestros propios límites y crecer sin desatender las oportunidades que se van presentando en la vida.

Esto es muy bueno en el plano netamente humano, porque es el primer impedimento que superándolo deja de molestarnos para desarrollar las demás capacidades que poseemos. Somos los primeros enemigos de nosotros mismos, pero una vez libres de interferencias traumáticas o emocionales no resueltas que absolutamente todos venimos cargando, el resto es fácil. 

Una vez atendido el plano humano, se nos invita a atender aquellos dones más excelentes, los espirituales que no dejan de enriquecer y adornar nuestra vida como una herramienta para cualquier circunstancia que acontezca en el camino humano, pero con la dimensión espiritual, respaldada por lo divino, que supera toda expectativa humana.

Oportunidades que tenemos día a día, Dios está al alcance de la mano, y más aún cuando le permites entrar en tu corazón, con el acercamiento a todo lo que la Iglesia como instrumento de sus gracias ofrece. 

Pero si nos limitamos a ponernos contentos con los logros humanos, estamos desaprovechando las gracias que podrían acompañar un trabajo que puede trascender  hasta Dios y lo glorifique, sin olvidar que con ello a su vez te santifica.

La cuestión aquí es que tu eres responsable de tu crecimiento espiritual, y si teniéndolo a la mano para aprovecharlo, como Jonás, como la Reina de Saba que reconocen lo que Dios les da además de lo material, lo estamos desperdiciando. La oportunidad está al día, y no depende de Dios, Él ya hace todo para estar cerca de ti, falta que tu de igual manera le respondas y aproveches la oportunidad que te da.

“Así estaba escrito…”

“Así estaba escrito…”

Lucas 24, 35-48

En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.

Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: –«Paz a vosotros».

Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. El les dijo: –«¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo».

Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: –«¿Tenéis ahí algo de comer?»

Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: –«Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse».

Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió: –«Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos “al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén.

Vosotros sois testigos de esto».

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Una vez que los discípulos de Emaús han reconocido a Jesús, sobre todo en medio de la Eucaristía, es decir en la “Fracción del Pan”, se convierten automáticamente en Testigos de su Resurrección; es el don que se brinda a pesar de dolor en medio de la oración y su entendimiento de los mismos planes de Dios.

Su misión es ahora compartir la experiencia obligada, no por mandato, sino por la alegría que no puede ser retenida en un silencio e inexpresividad humana, sino todo lo contrario. Acción que va preparando los corazones, ya que no dejamos de ser instrumentos mediáticos de la misma gracia de Dios que dispone con una seguridad compartida y que se da por medio del testimonio.

Una vez disueltos los miedos entre ellos, Jesús continua su obra en medio de nosotros de una manera directa y con todas las gracias que lleva la resurrección, no a tipo de magia, sino de poder absoluto sin las limitantes de la humanidad material, sino con su nuevo cuerpo glorificado.

Y aunque no nos guste, nos recuerda lo ya olvidado, que lo había remarcado constantemente acerca del plan de Dios contenido en las Sagradas Escrituras, sobre su pasión, pero que por nuestros miedos y deseo de cambiar de planes sea por amor o por temor, se confirman los hechos con el testimonio de la Resurrección.

Todo porque de suyo “Así estaba escrito”, pero nuestras distracciones y cansancios lo hacen caso omiso, por lo que ya es una gracia que esté escrito, ya que tenemos una memoria olvidadiza, pero el Señor se encarga de recordárnoslo. Por ello hay que estar atentos a lo que ya está escrito y a que no nos tome por sorpresa.

“Lo malo de hacer el bien”

“Lo malo de hacer el bien”

Lucas: 21, 12-19

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Los perseguirán y los apresarán, los llevarán a los tribunales y a la cárcel, y los harán comparecer ante reyes y gobernantes por causa mía. Con esto ustedes darán testimonio de mí.
Grábense bien que no tienen que preparar de antemano su defensa, porque yo les daré palabras sabias, a las que no podrá resistir ni contradecir ningún adversario de ustedes.
Los traicionarán hasta sus padres y hermanos, sus parientes y amigos. Matarán a algunos de ustedes, y todos los odiarán por causa mía. Sin embargo, ni un cabello de su cabeza perecerá. Si se mantienen firmes, conseguirán la vida”.

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Muchas de las veces, tarde o temprano nos llega la eterna pregunta ¿Por qué si hago el bien me va cada vez más mal?, de igual manera vemos que a aquellos que no laboran tan bien como se debe, les va de maravilla, como si no pasara nada, hasta en un momento de cansancio podríamos pensar que hacer todo bien no vale la pena, tanto esfuerzo para nada, a veces decidiendo caer precisamente en la trampa de tomarlo como una maldición y renunciar a ello.

Entonces en esa etapa, ya caímos en el plan del maligno, ya llenos de coraje y odio le damos vuelo a la hilacha hundiéndonos cada vez más en el ya ordinario pantanal del mundo como si fuera lo normal, y en ocasiones alentados por sus marionetas que no dejan de estar siempre a nuestro lado.

Aquí no se trata de una profecía o una maldición hecha por Jesús a los que le seguimos y tratamos de llevar una vida conforme a la voluntad divina; a lo mejor así lo presenta el maligno, pero en realidad todo cuanto nos acontece lo es precisamente por pura envidia del demonio que no tolera ver en medio del mundo tango bien realizado y lo ponemos en crisis.

Es un hecho que el demonio nunca va a atacar a los que hacen el mal, para qué si ya los tiene trabajando para sí, ataca con todo lo que puede a los que no puede hacerlos suyos, es por ello que cuanto más trates de hacer el bien, más te van a atacar, incluso tus mejores amigos y familiares, porque les duele ver el bien que haces y que ellos no, además de que se prestan al teatrito del chamuco, por ello nunca te canses de hacer el bien, no es ninguna maldición, al contrario, combatir al mal a fuerza de bien, porque atacar mal con mal, ya perdimos y así entramos en el esquema del maligno.

Eso es lo malo de hacer el bien, pero el bien siempre es mayor aunque el mal haga escándalo para publicarse.

“Evolución del pensamiento”

“Evolución del pensamiento”

Lucas: 20, 27-40

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús algunos saduceos. Como los saduceos niegan la resurrección de los muertos, le preguntaron: “Maestro, Moisés nos dejó escrito que si alguno tiene un hermano casado que muere sin haber tenido hijos, se case con la viuda para dar descendencia a su hermano.

Hubo una vez siete hermanos, el mayor de los cuales se casó y murió sin dejar hijos. El segundo, el tercero y los demás, hasta el séptimo, tomaron por esposa a la viuda y todos murieron sin dejar sucesión. Por fin murió también la viuda. Ahora bien, cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será esposa la mujer, pues los siete estuvieron casados con ella?”

Jesús les dijo: “En esta vida, hombres y mujeres se casan, pero en la vida futura, los que sean juzgados dignos de ella y de la resurrección de los muertos, no se casarán ni podrán ya morir, porque serán como los ángeles e hijos de Dios, pues Él los habrá resucitado.

Y que los muertos resucitan, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob. Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para Él todos viven”.

Entonces, unos escribas le dijeron: “Maestro, has hablado bien”. Y a partir de ese momento ya no se atrevieron a preguntarle nada.

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El evangelio presente no da la luz necesaria para identificar de una manera muy clara la diferencia entre una manera de pensar, a veces ancestral o tradicional que cuida un esquema de ideas a veces ya caduco ante una actualización que en realidad va conforme a la verdad en sí misma.

Aquí hay que poner muy en claro que en los textos de las Sagradas Escrituras no desdicen la verdad de Dios, la revelación como su mismo nombre lo indica, implica un proceso evolutivo de descubrimiento de la verdad, que se va revelando, pero dicha verdad no está dosificada por Dios, a manera de quien la oculta como un misterio inaccesible, sino que por el contrario, la verdad siempre es revelada en su totalidad en el proceso a través del tiempo en la consolidación de la misma Biblia, sin embargo, eso habla de la libertad que Dios mismo da a sus escritores sagrados para impregnar el mensaje revelado según lo puedan expresar a su muy propia manera personal, en su tiempo y en su cultura.

Entonces encontramos que la verdad revelada no esta limitada en sí misma, sino que la capacidad cultural y de raciocinio es la que no la puede asimilar en su totalidad, marcando una limitante en cada época con las personas en turno. Por lo que la evolución del pensamiento ha hecho posible entender aún más la misma verdad revelada a su tiempo.

Con Jesús llega la plenitud de los tiempos, ya que por un lado se cumplen las promesas hechas desde antiguo, pero la verdad sigue siento la misma, mejor expuesta y clara a su vez. De tal manera que Jesús entra en un conflicto al afirmarla en su plenitud, ante las antiguas concepciones que en su tiempo se consideraban perfectas según la madurez alcanzada al momento, ya que chocan, pero no es cuestión de verdades ya que es la misma, sino la manera de entenderla.

De igual manera Jesús solicita de nuestra parte no quedarnos con pensamientos arcaicos, sino nuevos y plenos, de tal manera que nosotros evolucionemos siempre en una mejor comprensión de la verdad y de la vida misma, para no andar con pleitos de esquemas de pensamiento diferentes cuando al final es lo mismo. Por ello al convergir en la misma verdad, ya nadie cuestiona nada.

“La perfección se auto limita”

“La perfección se auto limita”

Mateo: 9, 9-13

En aquel tiempo, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado a su mesa de recaudador de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió.

Después, cuando estaba a la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores se sentaron también a comer con Jesús y sus discípulos. Viendo esto, los fariseos preguntaron a los discípulos: “¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?” Jesús los oyó y les dijo: “No son los sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos. Vayan, pues, y aprendan lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.

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Es una pena encontrarnos con situaciones en donde las personas creen que porque hacen un supuesto bien, con eso basta para sentirse graduados en santidad y superiores, con el poder de juzgar a quien se equivoca, sin ayudar al que poco a poco va creciendo en el camino de perfeccionar sus dones y criterios.

Sentirnos perfectos es tan negativo como quien se siente imperfecto, a saber que ninguna de las dos situaciones atañe a la realidad efectiva, ya que solemos estancarnos y exagerar ya sea una o la otra.

Y es que la perfección que conocemos, es gradual, cada vez más podemos crecer en ella, hasta llegar a la altura de nuestro Padre Celestial, que capacidad tenemos para ello, pero falta saltar al siguiente nivel, ya que cuando nos quedamos en cierto tipo de perfección a los ojos personales o del mundo, en realidad la estamos limitando a no ir más allá y quedarnos cómodamente con esa imagen que brindamos, pero que en su momento caduca.

No hay como sentir la satisfacción por el bien realizado, porque da gozo y alegría, pero sin olvidar que se trata de una actitud dinámica, que una vez habiendo llegado a una meta, estamos más que capacitados para el siguiente reto que nos santificará aún más, y así progresivamente.

Es por ello que sentirnos perfectos nos autolimita a crecer, y sobre todo a aceptar a aquellos que podemos a la par dar la mano en el camino recorrido y superado, he ahí la verdadera misericordia.

“Saber esperar”

“Saber esperar”

Juan: 16, 20-23

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Les aseguro que ustedes llorarán y se entristecerán, mientras el mundo se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero su tristeza se transformará en alegría.

Cuando una mujer va a dar a luz, se angustia, porque le ha llegado la hora; pero una vez que ha dado a luz, ya no se acuerda de su angustia, por la alegría de haber traído un hombre al mundo. Así también ahora ustedes están tristes, pero yo los volveré a ver, se alegrará su corazón y nadie podrá quitarles su alegría. Aquel día no me preguntarán nada”.

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Es un hecho muy común el que cuando estamos cansados y desesperados, solemos colgarnos de actitudes por medio de las cuales desencadenamos nuestras frustraciones y por lo general se canalizan por nuestras debilidades, como el enojarnos, llorar, entristecernos entre otras más, según nuestra moción se manifieste.

Cuando no sabemos esperar nos prendemos de todo ello, mas por el contrario, Jesús nos invita a la paciencia, aquella que en su momento rinde frutos además de templar y fortalecer nuestra alma y corazón para saber manejar esas situaciones incómodas, paciencia que combinada con los demás dones de la sabiduría, la fe, la inteligencia y otros más según sea el caso, sacamos el mejor provecho para propio bien o de la comunidad.

Espera que no permite el arrebato de las emociones con las que podemos dañarnos o decidir precipitadamente soluciones inmediatas que no corrigen el problema. La espera es un don que precisamente como su nombre lo dice, lleva a la esperanza que con toda confianza conoce el buen fin al que se pretende llegar.

Es por ello que en medio de este mundo inmediatista, que todo lo quiere al instante, sepamos esperar y elegir lo mejor, cualquiera que sea el caso.

“El pesimismo crece”

“El pesimismo crece”

San Lucas 13, 1-9

En aquella ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó: ¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no. Y si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera. Y les dijo esta parábola: Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde? Pero el viñador contestó: Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás.

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Parece que la moda en nuestros días es acabar con toda pizca de optimismo, acentuar que la tónica es hablar lo más negativamente de todo cuanto acontece, sobre todo sintiéndonos con todo el derecho de hacerlo, como si fuéramos partícipes y expertos en lo que opinamos, cuando de hecho cualquier negativa u ofensa cubre la propia expectativa porque a veces más no podemos dar.

No ayuda remarcar el mundo de lo negativo, pero sí crece esa actitud pesimista y se establece como un estándar, que necesita estarse alimentando no precisamente de las cosas buenas, sino de lo que nos denigra. El pesimismo mientras más se asienta, mayormente domina a la persona a tal grado de perder la noción de que se vive inmerso en ese mundo que causa dolor.

Es por ello importante a su vez remarcar el optimismo aunque parezcamos desfasados, ya que de igual manera ante el mal, siembra esperanza y cambia ánimos. Gracias a Dios encontramos aún personas como ese viñador, que aunque la higuera no da fruto, se le sigue abonando para que dé lo mejor de sí.

Además Dios sigue dando tiempos, pero si nosotros no los aprovechamos, es evidente   perderlos, son nuestras actitudes y no el Señor que los retira. Por ello deberá tener cuidado cada persona, de ver si aquellos que iluminan tu día, no lo opacan, ya que si permitimos y secundamos un pesimismo, le estaremos dando todo el  poder y la atención para crecer.