“Nunca solos”

“Nunca solos”

Juan: 14, 15-21

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos; yo le rogaré al Padre y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; ustedes, en cambio, sí lo conocen, porque habita entre ustedes y estará en ustedes.

No los dejaré desamparados, sino que volveré a ustedes. Dentro de poco, el mundo no me verá más, pero ustedes sí me verán, porque yo permanezco vivo y ustedes también vivirán. En aquel día entenderán que yo estoy en mi Padre, ustedes en mí y yo en ustedes. El que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama. Al que me ama a mí, lo amará mi Padre, yo también lo amaré y me manifestaré a él”.

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Son muchas las ocasiones en que se nos remarca que nadie debe de quedarse solo, sobre todo aquellas personas que suelen tener codependencias no pueden vivir sin tener a alguien a su lado, sobre todo para que supla las seguridades y atenciones que demandamos.

Además hay personas que en realidad la compañía no es una necesidad, saben moverse solas en todos los aspectos de su vida y no necesariamente es una situación indeseable, como muchos lo ven en medio de sus miedos.

De hecho hay personas que aunque tengan cientos o una persona a su lado, se sienten solos. La sociedad está precisamente estructurara para que en sana convivencia aportemos con nuestro trabajo, capacidades y dones lo que necesitan, para hacer más fácil la vida, cada quien poniendo de su parte incluso con lo que sustentan y se sustentan a sí mismos dentro de una gama de servicios establecidos.

Es un hecho, que además Jesús nos revele que precisamente Él vino para quedarse, y ahora resucitado lo puede hacer de una manera eficaz, así como sacramental. Con una presencia humana y física puede atender tan sólo en una locación específica, mientras que a través de su Santo Espíritu, dentro de su ser omnipresente y omnipotente está más cerca que nunca.

Es por ello que nos hace de su conocimiento que debemos de esperar y aceptar el Espíritu Santo, ya que ahora dispuesta y restaurada nuestra alma, puede habitar en toda su plenitud incluso en nosotros mismos, y sobre todo en aquellos que le den cabida, le amen y permitan hacer su obra a través de nuestro ser como una gracia concedida que nos bendice y plenifica en común colaboración.

Nunca estamos solos, y quien así lo sienta, es porque no se ha permitido cohabitar en Cristo que está a su lado, pero requiere tu aceptación y permiso para estar contigo.

“Todos cuentan”

“Todos cuentan”

Mateo: 19,13-15

En aquel tiempo, le presentaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y orase por ellos. Los discípulos regañaron a la gente; pero Jesús les dijo: “Dejen a los niños y no les impidan que se acerquen a mí, porque de los que son como ellos es el Reino de los cielos”. Después les impuso las manos y continuó su camino.

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Es ya casi una norma social que en ciertos lugares de viviendas se pongan limitaciones acerca de lo niños, en donde por igual suelen solicitar que no se tengan ni habiten ahí, porque provocan la pérdida de la paz del pseudo sacro recinto.

Lo mismo pasa en ciertos eventos sociales y celebraciones familiares, se especifica en la recepción “no niños”, porque no son bienvenidos, cuando sí es viable de vez en cuando se pueda disfrutar de un sano esparcimiento sin la responsabilidad de los mismos.

En otros lugares ciertamente es conveniente por la restricción de las edades, ya que lo que presenciarán no es apto para menores, aunque en realidad a veces tampoco es apto aún para los mayores. Aquí habría que cuestionar la calidad del evento y lo sano del mismo.

Sería un absurdo que en la Iglesia pase lo mismo, donde se pida que a los niños no los lleven al templo por juguetones o por chillones, eso sería inaceptable, porque precisamente será donde se sembrará el conocimiento y el amor a Dios, además de lo que ya hace la propia familia, el resto se afirma y complementa en la iglesia.

Es fundamental y básico dentro del desarrollo de los pequeños fundamentar la misma confianza en Dios, que es la etapa de vida en donde se asienta ese vínculo tanto con la familia como con Dios, pero si los hacemos de menos, cuando no son tomados en cuenta, crecen con la impresión de que no son importantes ni dignos de ello, ni tampoco será importante acudir al lugar del encuentro con el Señor.

Es por ello que para Jesús todos cuentan, nadie queda excluido y menos los niños, ya que serán los futuros cristianos que darán luz en medio de un mundo cada vez más en tinieblas, porque si los excluyes, ya se habrán perdido en medio de su propia sombra y oscuridad. No lo olvides, si para ti no cuentan, para Dios sí.

“Es pregunta, no reclamo”

“Es pregunta, no reclamo”

Mateo: 9, 14-17

En aquel tiempo, los discípulos de Juan fueron a ver a Jesús y le preguntaron: “¿Por qué tus discípulos no ayunan, mientras nosotros y los fariseos sí ayunamos?” Jesús les respondió: “¿Cómo pueden llevar luto los amigos del esposo, mientras él está con ellos? Pero ya vendrán días en que les quitarán al esposo, y entonces sí ayunarán.
Nadie remienda un vestido viejo con un parche de tela nueva, porque el remiendo nuevo encoge, rompe la tela vieja y así se hace luego más grande la rotura. Nadie echa el vino nuevo en odres viejos, porque los odres se rasgan, se tira el vino y se echan a perder los odres. El vino nuevo se echa en odres nuevos y así las dos cosas se conservan”.

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Según como estemos de cansados y saturados mentalmente con un estrés que altera nuestra propia percepción del universo en el que está incluido todo y todos, viene la reinterpretación de la misma realidad, que a su vez recibe interpretaciones, así como conclusiones y soluciones cansadas y estresadas.

Cuando los discípulos de Juan van con Jesus a conocerle, algo que les desconcierta es la novedad de no seguir las tan antiguas tradiciones del ayuno, y claro pudiese entenderse como un reclamo porque ellos lo hacen como el resto de su mundo cultural y religioso, sin embargo Jesús resalta la novedad y actualización de la gracia que debe de venir por el Espíritu Santo y no por el cumplimiento de la ley que se ha manipulado humanamente.

La palabras de Jesús no son de reclamo, pero la gente que ya vive con una actitud de indignación se siente ofendida, viendo como un ataque a sus propios esquemas sin entender el proceso de crecimiento, porque cegados por el cansancio de la misma ley no ven ni perciben el estancamiento, los vicios a los que ha caído, y mucho menos a dónde debe llegar. Lo mismo nos pasa con los problemas ordinarios de la vida y la verdad que se nos presenta, ya que el momento no se adecua como quisiéramos a nuestro dolor.

Es por ello que hay que saber entender en el ámbito de la gracia y la paz la misma Palabra de Dios, para no reinterpretarla según esté nuestro animo y miedos.

“Mi casa es casa de oración”

“Mi casa es casa de oración”

Lucas 19, 45-48

En aquel tiempo, entró Jesús en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: —Escrito está: «Mi casa es casa de oración»; pero vosotros la habéis convertido en una «cueva de bandidos».

Todos los días enseñaba en el templo. Los sumos sacerdotes, los letrados y los senadores del pueblo intentaban quitarlo de en medio; pero se dieron cuenta de que no podían hacer nada, porque el pueblo entero estaba pendiente de sus labios.

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Es horrible cuando al llegar a un santuario dispuesto a orar, te encuentres con un mundo de distractores que te impiden poder estar en concentración y por ende en contacto con Dios, ya parece que el motivo de la visita es para ir por los chicles, la cajeta, las pulseritas, los tlacoyos, las botanitas, las fritangas, los dulces, etc, es un mundo comercializado en torno a los santuarios y a los templos.

A esa gente no le importa tu fe, sino que se aprovechan económicamente de los lugares sagrados y de los fieles haciendo negocio redondo, nada nuevo, ya en los tiempos de Jesús acontecía lo mismo, por lo que remarca que precisamente en el lugar sagrado, su principal y única finalidad es encontrarte con Dios en dedicada, atenta y profunda oración, tal celo llevó a Jesús a echar a los vendedores, lo que les obtuvo su rechazo, pero ese rechazo no es de fe, porque en esos casos la fe está muy menguada y manipulada.

Lo que se ganó fue un deseo de que lo asesinaran, porque estorba a los comerciantes y a los dirigentes religiosos que les rompe el esquema ya desvirtuado y viciado, es necesaria una restauración y Jesús lo está sembrando.

Esa misma historia se repite, existen santuarios que han querido crecer en la fe y atención  de los fieles, al modificar los lugares, con tan sólo obtener amenazas de muerte de los comerciantes, nada nuevo, ¿acaso tendrá que volver a venir Jesús a restaurar lo perdido? o ¿será que no estamos haciendo bien nuestra labor al seguir permitiendo esos esquemas?

Por lo pronto, el que lo promueve eres tú, empezando a realmente tomar el templo como lo que es, casa de oración, y no apoyando el comercio circundante en torno a tu fe.

“Familiarizándonos”

“Familiarizándonos”

Juan 16, 23b-28

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo os aseguro, si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa. Os he hablado de esto en comparaciones; viene la hora en que ya no hablaré en comparaciones, sino que os hablaré del Padre claramente. Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre».

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Cuando conocemos ya sea a una persona, a una institución, un nuevo trabajo e inclusive un nuevo accesorio en el hogar, nos vamos paso a paso de manera muy cuidadosa hasta comprenderle casi del todo, y por ello el trato no se da de igual manera que con las relaciones ya afianzadas en el tiempo. 

Es un hecho que entramos en una fase de hacerlo familiar en nuestro entorno; así pues precisamente en esa fase Jesús presenta el evangelio de una manera amigable, sencilla, afable, en parábolas, con comparaciones muy entendibles mientras lo hacemos nuestro, para una vez aceptado y asimilado, podamos profundizar aún más en el misterio revelado.

Ya con esa confianza, entonces puede el Señor hablar tan clara y profundamente como es necesario en nuestro crecimiento espiritual, ya que no basta con un mínimo, sino que al contrario, siempre habrá cada vez algo nuevo que nos haga crecer constantemente a la estatura de nuestro Padre Celestial, y eso será un camino presente hasta la patria eterna.

Es por ello que hay que permitir familiarizarnos con Jesús, con su palabra, con su obra, y entonces la exigencia de crecimiento será tan propia como nuestra fe y amor al Señor, sin presiones externas, sino un asiduo y constante acercamiento tan pleno que aunque a veces duro, siempre le buscaremos cada vez mas con una automotivación en la que sólo Dios basta.

“Palpadme…”

“Palpadme…”

Lucas 24, 35-48

En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.

Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: –«Paz a vosotros».

Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Él les dijo: –«¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo».

Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: –«¿Tenéis ahí algo que comer?»

Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: –«Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse».

Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió: –«Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto».

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Es una necesidad muy concreta la comprobación de las palabras transmitidas, con la realidad, ya que una conforma y certifica a la otra, porque si no se constatan, entonces se puede caer en la credulidad, es decir, creer por creer sin sentido ni razón, mas que tan sólo la lógica intelectual; o por el otro lado caer en la incredulidad, donde no se cree sino tan sólo en lo comprobable.

Jesús conforma ambos elementos para testimoniar su obra y la fe, no sólo les pide creer ciegamente, sino que unifica su enseñanza y promesa con las obras concretas, es por ello que posteriormente a su muerte y resurrección, se hace presente y pide que lo palpen, que lo sientan, que conformen la promesa de la resurrección con el hecho mismo de su presencia real. 

Porque la su obra no queda ahí, en las enseñanzas, sino que deben demostrar que sigue vivo, haciéndolo de manera testimonial, ya que eso será lo que les dará las fuerzas y el soporte certero y necesario para seguir adelante en la nueva etapa de la evangelización y de la historia de la salvación. 

Testimonio que sigue hasta nuestros días vivo y vigente, ya que Jesús que vive resucitado con un cuerpo glorioso y eterno sigue manifestándose hoy, de múltiples maneras y modos, recordándonos nuevamente, “Palpadme” en la eucaristía, en la oración, en los hermanos, en las obras de misericordia, en tu encuentro personal, a través de los sacramentos y de mil maneras extraoficialmente, porque Dios no se limita a ello, aunque ahí de manera segura lo encontramos.

Pues el resto depende de permitirnos dejar tocar por el Señor, no depende de nosotros buscarlo a nuestro gusto, sino encontrarlo inclusive ahí, en el dolor más intenso, en el mayor pecado, en la más desagradable circunstancia, donde siempre nos rescata de ello y nos perdona, para conocer más de cerca su misericordia y amor, Él es el que llega de una manera palpable.

“San José, Esposo de la Virgen María”

“San José, Esposo de la Virgen María”

Lucas: 2, 41-51

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén para las festividades de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, fueron a la fiesta, según la costumbre. Pasados aquellos días, se volvieron, pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran. Creyendo que iba en la caravana, hicieron un día de camino; entonces lo buscaron, y al no encontrarlo, regresaron a Jerusalén en su busca.

Al tercer día lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían se admiraban de su inteligencia y de sus respuestas. Al verlo, sus padres se quedaron atónitos y su madre le dijo: “Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia”. Él les respondió: “¿Por qué me andaban buscando? ¿No sabían que debo ocuparme en las cosas de mi Padre?” Ellos no entendieron la respuesta que les dio. Entonces volvió con ellos a Nazaret y siguió sujeto a su autoridad.

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La devoción a San José es inseparable de la devoción de María Santísima: “Lo que Dios ha unido no lo separe el hombre” (Mt 19, 6). Y consta expresamente en el Evangelio que José era “el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo” (Mt 1, 16).

Es imposible tener una devoción profunda y autentica a MARÍA sin sentir también una veneración especial hacia su virginal esposo San José.

Toda la teología de San JOSÉ se encierra en estos dos títulos fundamentales: esposo de MARÍA y padre virginal de Jesús.

Efectivamente, toda la grandeza de San JOSÉ parte de ese hecho al parecer tan natural y sencillo: llevar al Niño JESUS en sus brazos, es decir, ser su padre adoptivo y esposo virginal de MARÍA Santísima.

Es en virtud de esos dos títulos sublimes, que San JOSÉ forma, en cierto modo, parte integral del misterio de la Encarnación. No cabe duda que S. JOSÉ era, de alguna manera, necesario en ese orden, a saber: para salvaguardar el honor de MARÍA y proteger a Ella y a Jesús de la persecución de Herodes, durante el destierro a Egipto…etc. y ganarles el pan de cada día durante los años de la vida oculta en la casita de Nazaret.

El no participó físicamente en todo el misterio de la Encarnación, pero si participó totalmente al ofrecer su vida como sacrificio para el cuidado, servicio, provisión y protección de Jesús y de María. Fue siempre el custodio fiel de Jesús y María.

Vamos a exponer brevemente los puntos mas importantes en torno a la persona del tan glorioso S. JOSÉ:

Sus relaciones con Jesús y María.

Su santidad inefable

Su patronazgo sobre la Iglesia Universal

Su patronazgo sobre los moribundos

La devoción que debemos

1 San JOSÉ padre virginal de Jesús

Como sabemos, la concepción del Verbo divino en las entrañas virginales de María se hizo en virtud de una acción milagrosa del E.S., sin intervención alguna de S. JOSÉ. Lo dice expresamente el Evangelio y es uno de los dogmas fundamentales de nuestra fe católica: la virginidad perpetua de María.

Así es que hay que excluir en absoluto la paternidad física, pero se le ha dado a S. JOSÉ muchos diferentes títulos: padre nutricio, padre adoptivo, padre legal, etc…pero ninguna en si define la plenitud de la misión de S. JOSÉ en la vida de Jesús. La que mas se le asemeja es padre virginal.

De hecho, San JOSÉ ejerció sobre Jesús la función y los derechos que corresponden a un verdadero padre, del mismo modo que ejerció sobre MARÍA, virginalmente, las funciones y derechos de verdadero esposo. Ambas funciones constan en el Evangelio. Al encontrar al Niño en el Templo, la Virgen reclama a Jesús:”Hijo, porque has obrado así con nosotros? Mira que tu padre y yo, apenados, te buscábamos”. MARÍA nombra a S. JOSÉ dándole el título de padre, prueba evidente de que S. JOSÉ era llamado así por el propio Jesús, pues miraba en JOSÉ a un reflejo y una representación auténtica de su Padre Celestial.

2 San JOSÉ esposo de MARÍA

Solo a un hombre tan puro y humilde como San JOSÉ pudo encomendar el Señor la llamada de ser esposo de la Madre de Dios..Que lazo tan sublime, formado por el Espíritu Santo; el mas sagrado después del que une la humanidad con la divinidad en Cristo, o como el lazo que unía a MARÍA con Jesús!

El matrimonio de San JOSÉ y de MARÍA Santísima está lleno de virtudes, de armonía de dos corazones que viven para amar primariamente a Dios y a su misión de ser padres del Dios hecho hombre. Abnegación profunda de estas dos vidas, la una para la otra, compartiendo los dolores y alegrías; las espinas, la pobreza, el amor, el respeto, santidad, luz, paz…

El matrimonio de JOSÉ y MARÍA Stma. fue real y verdadero, con una característica excepcional y singular (virginidad), pero así de excepcional y singular era la finalidad intentada por Dios con este matrimonio santísimo: salvaguardar la virginidad de MARÍA con la virginidad de San JOSÉ. Veamos lo que nos dice un autor sobre S. JOSÉ: “MARÍA pertenece a JOSÉ y JOSÉ a la santísima MARÍA; con tanta verdad, que su matrimonio es muy verdadero, puesto que se han entregado el uno al otro. Mas, ¿como se entregaron? En Pureza. Se entregan mutuamente su virginidad, y toda la fidelidad de este matrimonio consiste en guardar la virginidad del otro. La vida de estos esposos es como la de dos estrellas, mutuamente se iluminan con sus rayos dorados y plateados, pero sin nunca tener contacto.

Jamas matrimonio fue tan maravillosamente fecundo como este matrimonio virginal. El E.S. realizo el milagro de que la virginidad de MARÍA, amparada y salvaguardada por la virginidad de JOSÉ, trajera al mundo nada menos que al Salvador, al Hijo de Dios, al deseado de las naciones, al Redentor de la humanidad, que se dignó someterse no solamente a MARÍA, su verdadera madre fisca, sino también a JOSÉ, a quien respetaba y honraba con el dulcísimo nombre de padre.

3 Santidad de San JOSÉ

Santo Tomas de Aquino estableció un principio: “cuanto alguna cosa recibida se aproxima mas a la causa que la ha producido, tanto mas participa de la influencia de esa causa”. O sea, que cuanto mas nos acercamos al fuego, que produce calor, mas intensamente nos calentamos. Ahora bien, la causa única de donde procede toda santidad es el mismo Dios. Luego cuanto mas próxima o cercana a Dios este una criatura, tanto mas participará de su infinita santidad.

Y cómo después de la Virgen María nadie se ha acercado tanto a Dios como San JOSÉ, en virtud, precisamente de su singularísima llamada de ser esposo de MARÍA y padre virginal de Jesús_ hay que concluir con toda seguridad, que la santidad de San JOSÉ no puede compararse con ninguna otra criatura después de MARÍA.

Hay dos razones para probar esto:

1 “Dios da a cada uno la gracia según aquello para lo que es elegido”

2 “Una misión divina excepcional requiere una santidad proporcionada”

Se ha tratado de definir muchas veces las virtudes de San José: “Brillan en el, sobre todo las virtudes de la vida oculta: la virginidad, la humildad, la pobreza, la paciencia, la prudencia, la fidelidad que no puede ser quebrantada por ningún peligro, la sencillez y la fe; la confianza en Dios y la mas perfecta caridad. Guardo con amor y entrega total, el deposito que se le confiara con una fidelidad propia al valor del tesoro que se le deposito en sus manos.”

San JOSÉ es también modelo incomparable, después de Jesús, de la santificación del trabajo corporal. Por eso la Iglesia ha instituido la fiesta de S. JOSÉ Obrero (Mayo 1), presentándole como modelo sublime de los trabajadores manuales.

4 San JOSÉ, Patrono de la Iglesia Universal

El Papa Pío IX, atendiendo a las innumerables peticiones que recibió de los fieles católicos del mundo entero, y, sobre todo, al ruego de los obispos reunidos en el concilio Vaticano I, declaró y constituyó a San JOSÉ Patrono universal de la Iglesia, el 8 de Dic. de 1870.

¿Que guardián o que patrón va darle Dios a su Iglesia? pues el que fue el protector del Niño Jesús y de MARÍA. Cuando hubo llegado el tiempo de fundar la familia divina, San JOSÉ fue elegido por Dios para padre nutricio y protector, y cuando se trato de continuar esta familia en el mundo, esto es, de fundar, de extender y de conservar la Iglesia, a San JOSÉ se le encomienda el mismo oficio. Un corazón que es capaz de amar a Dios como a hijo y a la Madre de Dios como a esposa, es capaz de abarcar en su amor y tomar bajo su protección a la Iglesia entera, de la cual Jesús es Cabeza y MARÍA es Madre.

¡Pidamos a San JOSÉ que custodie a la Iglesia entera!

5 San JOSÉ, patrono de los moribundos

La devoción cristiana ha considerado siempre a S. JOSÉ como Patrono y Abogado especialísimo de los moribundos, ya que el tuvo la muerte mas privilegiada que jamás haya experimentado criatura alguna: entre los brazos de Jesús y de María.

Esta piadosa creencia ha sido comprobada en la practica con muchos testimonios de personas que han visto claramente la intercesión de San JOSÉ a la hora de la muerte de un familiar.

La Iglesia ha confirmado esta devoción. Vemos al Papa Benedicto XV, el 25 de julio de 1920, diciendo: “Habiendo aprobado esta Sede Apostólica diversos modos de honrar al Santo Patriarca JOSÉ….celébrese principalmente a San JOSÉ como patrón de los moribundos, pues a su muerte estuvieron presentes el mismo Jesús y María. Fomenten, pues, las asociaciones piadosas, que fueron fundadas para orar a San JOSÉ por los moribundos como la de la Buena Muerte, la del Transito de San JOSÉ..etc.

6 Devoción a San JOSÉ

Como es sabido una de las mas fervientes propagadoras de la devoción a San JOSÉ fue Santa Teresa de Avila. En el Capítulo Sexto de su Vida, escribió uno de los relatos mas bellos que se han escrito en honor a San JOSÉ: “Tomé por abogado y protector al glorioso San JOSÉ, y encomíendeme mucho a el. Vi claro que así de esta necesidad, como de otras mayores, este padre y señor mío me saco con mas bien de lo que yo le sabia pedir. No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa tan grande las maravillosas mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo, de los peligros que me ha librado, así de cuerpo como de alma; de este santo tengo experiencia que socorre en todas las necesidades, y es que quiere el Señor darnos a entender que así como le fue sujeto en la tierra, que como tenia nombre de padre, y le podía mandar, así en el cielo hace cuanto le pide. Querría yo persuadir a todos que fuesen devotos de este glorioso santo por la gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios.” – Su primer convento le llamo “San JOSÉ”.

-El 21 de marzo de 1935, Papa Pío XI, aprobó e indulgenció las latanías de San JOSÉ.

Esposo de la Madre de Dios

Custodio purismo de la Virgen

Diligente defensor de Cristo

Jefe de la Sagrada Familia

JOSÉ Justo

JOSÉ casto

JOSÉ obediente

JOSÉ fiel

Espejo de Paciencia

amante de la pobreza

gloria de la vida domestica

custodio de las Vírgenes

patrono de los moribundos

protector de la santa Iglesia

sostén de las familias…

El Papa León XIII, muchas veces se refirió a San JOSÉ con una confianza plena en su patronazgo ante los tiempos difíciles en la Iglesia.

El Papa Pablo VI, invitaba siempre a que se invocara el patronazgo de San JOSÉ, cuando se intercedía por la Iglesia.

En Octubre de 1989, el Santo Padre Juan Pablo II, escribió una Exhortación Apostólica llamada “El custodio del Redentor” dedicada a entender y profundizar sobre la figura y misión de San JOSÉ en la vida de Cristo y de la Iglesia.

“Además de la certeza en su segura protección la Iglesia confía también en el ejemplo insigne de JOSÉ: un ejemplo que supera los estados de vida particulares y se propone a toda la comunidad cristiana”

“San JOSÉ ha sido llamado por Dios para servir directamente a la persona y a la misión de Jesús mediante el ejercicio de su paternidad; de este modo coopera en la plenitud de los tiempos en el gran misterio de la redención y es verdaderamente ministro de la salvación. Su paternidad ha expresado concretamente al haber hecho de uso de la autoridad legal, que le correspondía sobra la Sagrada Familia, para hacerle don total de si, de su vida y de su trabajo; al haber convertido su vocación humana al amor domestico con la oblación sobrehumana de si, de su corazón y de toda capacidad, en el amor puesto al servicio del Mesías, que crece en su casa”.

Fuente Corazones.org.

“En medio de ellos”

“En medio de ellos”
Mateo 18, 15-20
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».
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No es raro identificar nuestra individualidad y querer salir adelante como seres autónomos, porque tan grande es el don de la vida otorgado por Dios, en donde Él mismo preparó un lugar para que lo tuviéramos todo, el aire, el agua, la luz, en fin toda la creación; no significa que te debas la vida por ti mismo, porque no te autocreaste, y esa autonomía no es para que abuses de ella, creyéndote lo que no.
Otra de las cosas que nos regala Dios es la sociabilidad, los demás, con los que en realidad salimos adelante desde el nacimiento hasta la muerte, ya que nos ayudaron a nacer y de igual manera estarán para nuestra sepultura.
Esa autonomía a su vez nos recuerda que somos capaces de crecer y aprender en la relación con los demás por nosotros mismos, y precisamente ahí en medio de esa relación con los demás se nos recuerda que Él está siempre en medio de nosotros y no necesariamente cuando nos unimos a proclamarlo en oración, sino permanentemente en lo que hagamos, así sea bueno o malo.
Claro que su presencia será mucho más notoria cuando lo invocamos y será evidente, aunque a su vez es justo que en esos momentos lo reconozcamos intencionalmente porque de suyo jamás nos abandona.

Por ello cuando sea oportuno no dejes de recordar que Él siempre está en medio de nosotros.