“Les será quitado…”

“Les será quitado…”

Mateo 21, 33-43.45-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: –«Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje.

Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon.

Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: «Tendrán respeto a mi hijo».

Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: «Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia».

Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron.

Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»

Le contestaron: –«Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos».

Y Jesús les dice: –«¿No habéis leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.

Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente?»

Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».

Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos.

Y, aunque buscaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.

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Las promesas de Dios siempre llegan a buen fin, y las que parecieran juicios temerarios sobre ciertas circunstancias de vida  no aptas para el discernimiento y desarrollo espiritual no son amenazas, ya que encontramos muchas afirmaciones que remarcan la negativa de perder la gracia de Dios.

La cuestión radica no en que Dios mismo sea malo y castigador, eso ni en lo más mínimo se puede concebir, sino que por el contrario, cuando no conocemos, ni nos acercamos a Dios, tenemos una conciencia errónea sobre su ser y sobre sus designios, porque creemos que Dios es muy pero muy bueno, y lo es, pero nos atenemos creyendo que al ser nosotros el principal objeto de su amor, en automático y por su infinita bondad nos salvará indudablemente pasando por alto su justicia.

Eso en ese esquema no es posible, ya que nos pide un mínimo como corresponsables de la misma creación y de nuestras propias vidas y, ahí no depende de la bondad de Dios, sino de la nuestra para con nosotros mismos, si es que deseamos y queremos ser salvos.

Por ello no nos asuste el hecho de que si desatendemos nuestra propia vida íntegramente, es decir, sin hacer a un lado el aspecto espiritual, será un hecho que daremos por perdido eso que nunca en realidad deseamos, por lo que sin lugar a dudas nos será quitado, pero si por el contrario lo cuidas y cultivas constantemente se te dará aún más con creces.

“Tradiciones, sanas y no tan sanas”

“Tradiciones, sanas y no tan sanas”

Marcos 7, 1-13

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos letrados de Jerusalén y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras (es decir, sin lavarse las manos). Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas. Según eso, los fariseos y los letrados preguntaron a Jesús: —¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen tus discípulos la tradición de los mayores?

El les contestó: —Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos». Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres. Y añadió: —Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición. Moisés dijo: «Honra a tu padre y a tu madre» y «el que maldiga a su padre o a su madre tiene pena de muerte». En cambio vosotros decís: Si uno le dice a su padre o a su madre: “Los bienes con que podría ayudarte los ofrezco al templo”, ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre; invalidando la palabra de Dios con esa tradición que os trasmitís; y como éstas hacéis muchas.

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De suyo, ya es un valor el hecho que de tengamos y sigamos tradiciones, aquellas que nos conectan con nuestros antepasados, con la cultura, con la propia familia y las identidades locales, con aquello que nos respalda y que de suyo es parte de nuestras vidas.

Entre las tradiciones encontramos aquellas que fomentan totalmente los valores fundamentales, aquellos que enfatizan y enriquecen la base del acervo cultural personal; más sin embargo, las mismas tradiciones deben crecer y adecuarse a los tiempos para que puedan penetrar mayormente en el aquí y el ahora. Pero deben de cuidarse de no radicalizarse en ningún extremo, tanto el conservador como el liberal, porque entonces la misma tradición perdería su razón de ser.

Es muy necesario actualizarse para no desfazarse, porque entonces resultará ridículo lo que se exija, aquí es donde entra la salud, donde se conserva aquello que nos identifica sin desvirtuarlo pero a su vez dando soluciones reales y concretas a la necesidad del momento.

Cuando pretendemos exigir las tradiciones sin una razón de ser, se convierten en una imposición, situación que vivió en su momento Jesús ante las leyes ya antihumanas, anacrónicas y alejadas de la caridad, así como de la dignidad humana, hay que sabernos liberar y crecer, para poder ayudar y hacer crecer, de otra manera, quedaremos estancados, en tradiciones arcanas ya caducas.

Es por ello que hay que saber identificar, promover y actualizar las tradiciones sanas,  con un sano discernimiento y la misma sabiduría de Dios, porque las no tan sanas desdicen su misma razón de ser, cualquiera que sea. No basta la antigua tradición a ciegas, es importante siempre hacerla vida hoy en nuestra forma de vida y no en lo que ya no somos ni seremos.

“Cuando la fama de otro se extiende…”

“Cuando la fama de otro se extiende…”

Marcos 6, 14-29

En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido, el rey Herodes oyó hablar de él. Unos decían: —Juan Bautista ha resucitado, y por eso los ángeles actúan en él.

Otros decían: —Es Elías.

Otros: —Es un profeta como los antiguos.

Herodes, al oírlo, decía: —Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado.

Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Felipe, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano. Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. En muchos asuntos seguía su parecer y lo escuchaba con gusto. La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados.

El rey le dijo a la joven: —Pídeme lo que quieras, que te lo doy.

Y le juró: —Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.

Ella salió a preguntarle a su madre: —¿Qué le pido?

La madre le contestó: —La cabeza de Juan el Bautista.

Entró ella enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: —Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista.

El rey se puso muy triste; pero por el juramento y los convidados no quiso desairarla. Enseguida le mandó a uno de su guardia que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.

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Nuestras seguridades ordinariamente están depositadas en aquello que nos brinda estabilidad y aún más cuando el lucro provee más de lo necesario, no se diga en los ámbitos de poder. Creemos que todo lo tenemos dominado, pero ¿Qué pasa cuando la fama de otro se extiende?

La primera reacción es de inseguridad porque no sabemos por donde va, que hace y cómo te afectará, entonces tus mismos miedos disfrazados de curiosidad hacen indagar en el asunto de una manera falsa. El mayor temor es el de ser desplazado, temor basado en la misma inseguridad e inestabilidad del ascenso a tu postura, la misma persona se tambalea en sus propias bases corrompidas.

Por ello la reacción de los tan famosos Herodes, uno con la matanza de los inocentes por miedo a un nuevo rey que no conocía y el otro con la muerte de Juan Bautista, que a su gente corrupta le estorbaba para sus propios fines.

No digo que estemos en esos niveles ni problemas similares, pero tendemos ante nuestros miedos e inseguridades de igual manera desplazar a quien brille y nos apoque, ya sea en inteligencia, belleza, moralidad y capacidades. Por ello es importante saber conocer nuestras propias limitaciones, aceptarlas para no permitir obrar a tus miedos, que al final serán los que te destruyan a ti mismo, siempre hay que confiar en Dios sin dejar de trabajarlos porque en el primer descuido te dominan.

“Con la frente en alto”

“Con la frente en alto”


Lucas 21, 20-28

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que está cerca su destrucción. Entonces los que estén en Judea, que huyan a la sierra; los que estén en la ciudad, que se alejen; los que estén en el campo, que no entren en la ciudad; porque serán días de venganza en que se cumplirá todo lo que está escrito. ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Porque habrá angustia tremenda en esta tierra y un castigo para este pueblo. Caerán a filo de espada, los llevarán cautivos a todas las naciones, Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que a los gentiles les llegue su hora. Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad, ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo temblarán. Entonces verán al Hijo del Hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación».
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Cuando escuchamos acerca de los acontecimientos apocalípticos que revelan un fin generalizado, lo más común es reaccionar con temor, incertidumbre, miedos, es una reacción ante lo desconocido o la misma muerte, puede ser también que reaccionemos buscando un refugio, ya que hasta con la más mínima lluvia es lo que hacemos.
Sin embargo la actitud de quienes nos hacemos llamar Pueblo de Dios, Iglesia, Cristianos, debería de ser la de aquellos que el temor no debería de hacernos suyos, ya que nuestra confianza se supone, debe de estar siempre puesta en Dios, además de no escondernos, ya que eso revela un miedo mayor, porque no se han aprovechado las suficientes obras de caridad que Dios dispone en nuestras vidas como un ejercicio de crecimiento en la fe y en el amor.
La reacción natural en esas circunstancias sería la de enfrentarlas con la cabeza en alto, no como quien revela un orgullo insano de quien desprecia a los demás o se siente elegido selectivamente, por el contrario, elevar la frente con la verdadera dignidad de los hijos de Dios, de aquellos que sus obras ordinarias hacen un llamado a la valentía, porque son hechas según Dios, donde el temor es nulo porque el encuentro con el Señor será gozoso y lleno de esperanza.
Esos signos negativos de los que habla el evangelio, son los que la personas alejadas de Dios los harán realidad ante su reacción insegura de no saber qué hacer. Quien vive la paz y la gracia de Dios constantemente en su vida, no se contaminará del terror, sino que sabrá en su momento que hacer. 

Por ello a pesar de las dificultades que nos golpean colateralmente por el mal de los demás, que eso no nos asuste, no lo hagamos nuestro, no olvidemos de guardar la compostura y tener siempre la frente en alto, como quien aguarda un encuentro lleno de amor al que esperamos, porque sabemos que vendrá, cumpliendo su promesa.

“Si he defraudado a alguien…”

Lucas 19, 1-10

En aquel tiempo, Jesús entró en Jericó, y al ir atravesando la ciudad, sucedió que un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de conocer a Jesús, pero la gente se lo impedía, porque Zaqueo era de baja estatura. Entonces corrió y se subió a un árbol para verlo cuando pasara por ahí. Al llegar a ese lugar, Jesús levantó los ojos y le dijo: “Zaqueo, bájate pronto, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa”.

Él bajó enseguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, comenzaron todos a murmurar diciendo: “Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador”.

Zaqueo, poniéndose de pie, dijo a Jesús: “Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si he defraudado a alguien, le restituiré cuatro veces más”. Jesús le dijo: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también él es hijo de Abraham, y el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido”.

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A la gente nos gusta verla sonriendo, alegre, que transmitan vida y nos contagien de ella, especialmente los nuestros, pero cuando su ánimo decae, es todo lo contrario.

Sin embargo el hecho de que una persona no llore o se queje, no significa que esté exenta del dolor, parece que nos conformamos verlos con una sonrisa externa y al parecer tranquilos, como engañándonos fingiendo que todo esta perfecto, o cuando menos eso queremos ver, sin solucionar la incomodidad que causamos ya sea mental, física o verbalmente

Lo mismo acontece en el nivel espiritual, porque cuando nos animamos valientemente a reconocer las faltas, creemos erróneamente que con reconciliarnos solo con Dios y confesarnos, la culpa queda saldada.

Pero para una reconciliación integral, una parte implica el perdón de Dios y su complemento siempre será la restauración humana del hermano ofendido.

Zaqueo hoy nos demuestra que su reconciliación es íntegra y total, porque no sólo queda bien con Jesús, sino que remarca “si he defraudado a alguien, le restituiré cuatro veces más”.

Restituir es lo que nos hace muchas veces falta, el perdón completo llega hasta el hermano y no basta con el divino, para empezar es bueno, para plenamente terminar reconcilia y hasta salva a tu prójimo.

La verdadera salvación incluye no sólo la reconciliación con Dios, sino la alegría de querer hacerlo también hasta cuatro veces con el hermano.

“Dar frutos”

Mateo 25, 14-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: “Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.

Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: «Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco». Su señor le dijo: «Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor». Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: «Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos». Su señor le dijo: «Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor».

Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: «Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo». El señor le respondió: «Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadle fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes».

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Las escalas, balanzas, reglas y medidas son un factor común que nos ayuda a tener un concepto más claro y referencial de los volúmenes en relación para con los demás, es una referencia confiable que nos habla de la cantidad, peso y distancia de las cosas para ubicarlas en la realidad, si cada persona tuviera su propia escala de medidas, al trato con los demás, la convergencia sería distante e irracional.

Eso ciertamente aplica en el mundo material, pero cuando hablamos del mundo espiritual y de la fe, las medidas tienen otra escala, no son por volumen, sino conceptuales y relativas, como lo es en el caso de los talentos.

En base a la escala material, podríamos considerar como una extrema y apocalíptica injusticia el hecho de que Dios sea disparejo al brindar un diferencial explícito en la repartición de talentos, donde a unos les da cinco, mientras que a otros tan sólo uno.

La realidad va más allá que las cantidades expresadas, lo que estamos viendo más que una injusticia, es una justicia total cargada de misericordia, donde en todo momento sus regalos sea uno o sean cinco, denota a un Dios providente y siempre generoso. 

Donde su justicia va cargada de sabiduría al saber brindar las cantidades propias y necesarias para cada persona en sus capacidades y circunstancias de ese momento, donde no le dará mucho más a alguien que no pueda con esa carga de responsabilidad y esfuerzo, o de igual manera, no le dará menos a quien pudiera ser poco lo que le brinda quedando ocioso, tanto en un caso como en otro, sin las correctas y justas proporciones habrá un desbalance que puede derivar en una incomodidad y queja por lo excesivo o lo faltante.

Por ello Dios da lo realmente administrable en su momento, porque sabe que eso te basta para crecer a tu paso y salir exitoso, por ello las cantidades no importan, el de cinco sin dificultad dio otros cinco, igual el de dos, pero si te auto saboteas y te comparas en una escala materialista, tu mismo vendrás a menos; aún un sólo talento es muestra de confianza para luego de bien trabajarlo regalarte más, pero si no seres capaz de manejar uno, ¿Cómo piensas manejar cinco?.

La invitación es a aprovechar hoy lo depositado generosamente en tu vida en confianza, Dios te da y no te pide más de lo que en ese momento no puedes, pero lo que tienes hazlo crecer a lo máximo, que luego vendrá más.

“¿Agradecidos?”

Lucas: 17, 7-10

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “¿Quién de ustedes, si tiene un siervo que labra la tierra o pastorea los rebaños, le dice cuando éste regresa del campo: ‘Entra enseguida y ponte a comer’? ¿No le dirá más bien: ‘Prepárame de comer y disponte a servirme, para que yo coma y beba; después comerás y beberás tú’? ¿Tendrá acaso que mostrarse agradecido con el siervo, porque éste cumplió con su obligación?
Así también ustedes, cuando hayan cumplido todo lo que se les mandó, digan: ‘No somos más que siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer’ “.

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Cada vez más en nuestra cultura ordinaria se exalta el ego de la persona al que tajantemente le atribuyen derechos que de suyo ya han sido otorgados naturalmente en el dominio público. Se enfatizan de una manera radical que ralla en un despotismo ante cualquier persona sin tener en cuenta ni su labor, ni su dignidad. Al manejar los egos en esa escala se convierten las personas en entes manipulables de manera consumista, a tal grado de aparentar lo que el mundo al día le propone, es decir, las modas, y por ende, tratando a los demás como objetos de uso ordinario para su propio bienestar.

Con esas actitudes cada vez más presentes desde niños, hacen creerles que el mundo no importa, solamente ellos y sus caprichos, fomentando una cultura adolescente aunque se ande ya en el rango de los treinta a los sesenta años de edad.

Por supuesto que ante esta cultura del selfie, el ser agradecido no aparece por ningún lado, todo se compra y se vende, nadie se presenta, nadie se despide; nadie es amable, todos se sienten atacados, y qué pena es ver estén discapacitados para experimentar el gozo de, ya sea dar las gracias o recibirlas.

De nosotros depende cambiar el entorno y al ambiente donde nos desarrollamos, podríamos parecer anticuados, pero de la amabilidad y del ser agradecidos nadie ha muerto, al contrario, te revive, te pone en estatus personal alto ante el otro, y cambia la relación.

Por ello no está por demás ser agradecidos, que ya habla de tu madurez y a su ves de tu relación con Dios, ya que las primeras gracias, claro que vienen de Él.

“Actuar desesperadamente”

Lucas: 16, 1-8

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Había una vez un hombre rico que tenía un administrador, el cual fue acusado ante él de haberle malgastado sus bienes. Lo llamó y le dijo: `¿Es cierto lo que me han dicho de ti? Dame cuenta de tu trabajo, porque en adelante ya no serás administrador’. Entonces el administrador se puso a pensar:


`¿Qué voy a hacer ahora que me quitan el trabajo? No tengo fuerzas para trabajar la tierra y me da vergüenza pedir limosna. Ya sé lo que voy a hacer, para tener a alguien que me reciba en su casa, cuando me despidan’.

Entonces fue llamando uno por uno a los deudores de su amo. Al primero le preguntó: `¿Cuánto le debes a mi amo?’ El hombre respondió: ‘Cien barriles de aceite’. El administrador le dijo: ‘Toma tu recibo, date prisa y haz otro por cincuenta’. Luego preguntó al siguiente: `Y tú, ¿cuánto debes?’ Éste respondió: ‘Cien sacos de trigo’. El administrador le dijo: ‘Toma tu recibo y haz otro por ochenta’.

El amo tuvo que reconocer que su mal administrador había procedido con habilidad. Pues los que pertenecen a este mundo son más hábiles en sus negocios que los que pertenecen a la luz”.

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Una de las consecuencias de la vida tan acelerada que llevamos en éstos días, no permiten que nos dediquemos tiempos personales para el cultivo de nuestros propios valores así como nuestra espiritualidad. Mientras estamos fuertes y activamente laborales, sin sentir se nos va yendo la vida como si nada, y cuando menos pensamos nos vemos desproveídos de las herramientas necesarias para la siguiente etapa en la vida.

Cuando somos previsores, vamos planeando un poco el mañana sin mantenernos en una tensión por que llegue, de tal manera que en su momento el cambio que suele darse a veces de manera súbita, no descontrole, porque el activismo no da tiempo, ni prepara para asimilar con calma las cosas. 

Una de las dificultades de estar desproveídos de este arsenal de dones trabajados dedicadamente en el transcurso de la vida, es que se toman al final medidas desesperadas, como las del mal administrador, quien deshonestamente empieza a actuar según él muy inteligentemente y con habilidad para el manejo de los ya conocidos negocios, sacando el mayor provecho posible. 

A lo mejor le va a ir bien un tiempo, pero lo que fue una jugada en su favor, viene a ser un daño en el tiempo que al final se volcará sobre sí mismo. Eso es lo que uno obtiene actuando desesperadamente, ya que la solución inmediata se da, pero el dinero mal habido no dura.

Por el contrario, a pesar de las crisis que nos lleguen en el ámbito laboral o económico, mientras estemos fortalecidos espiritualmente, tendremos la mejor actitud para salir adelante sin dañar a los demás, sin olvidar además que Dios Padre Providente no abandona a sus hijos, así pase la peor calamidad. Los arrebatos no traen nada bueno, la paciencia sí trae cosas my buenas para quien sabe esperar.

“Responsabilidad sin quejas”

“Responsabilidad sin quejas”

Lucas 11, 42-46

En aquel tiempo, dijo el Señor: —¡Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de legumbres, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios! Esto habría que practicar sin descuidar aquello. ¡Ay de vosotros, fariseos, que os encantan los asientos de honor en las sinagogas y las reverencias por la calle! ¡Ay de vosotros, que sois como tumbas sin señal, que la gente pisa sin saberlo!
Un jurista intervino y le dijo: —Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros.
Jesús replicó: —¡Ay de vosotros también, juristas, que abrumáis a la gente con cargas insoportables, mientras vosotros no las tocáis ni con un dedo!.
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Actualmente nos encontramos con la era de las quejas, por doquier se muestra gente inconforme sobre todo con los servicios, además de las mismas responsabilidades tanto cívicas como personales.

Reclamos que denotan un cansancio a veces ya crónico y degenerativo, es decir que va de mal en peor como un modo de vivir ya ordinario. Sin embargo aunque nuestra actitud sea ya de predisposición, hay que saber de igual modo identificar además de reconocer cuando una persona cumple cabalmente con sus deberes, haciéndolo notar. Pero parece que estamos discapacitados en medio de un orgullo tan tenso que impide ver el bien de los demás aunque lo tengamos al frente, dónde nada cuesta decir, “felicidades, que bien lo haces”.

Es un mal de falta de educación tan sólo identificar los defectos y errores en los demás, mientras estamos haciendo nuestras labores eficazmente parece que nadie lo nota, pero no cometas un error porque ese sale a relucir inclusive lo que no es en sí mismo, engrandeciéndolo a tal grado como si fuera una pena capital. Es decir, puro escándalo, recordando que con eso no se soluciona nada.

La ventaja es que de suyo evitamos las quejas con una eficaz responsabilidad, ya que si cada quien hiciera lo que debe cabalmente, el mundo sería otro y las quejas serían algo raro no ordinario.

Así como un mal genera otro peor, de igual manera y a la inversa un bien, genera otro mayor, por ello dentro del espíritu de los hijos de Dios, hagamos un buen ambiente reconociendo la responsabilidad de los demás sin quejas, y si te quejas es porque no puedes ver el bien en los otros, ánimo y oración para salir de esos baches. Caridad ante todo.

“El añejo es mejor”

“El añejo es mejor”


Lucas 5, 33-39


En aquel tiempo, dijeron a Jesús los fariseos y los letrados: —Los discípulos de Juan ayunan a menudo y oran, y los de los fariseos también; en cambio los tuyos, a comer y a beber. Jesús les contestó: —¿Queréis que ayunen los amigos del novio mientras el novio está con ellos? Llegará el día en que se lo lleven, y entonces ayunarán.
Y añadió esta comparación: —Nadie recorta una pieza de un manto nuevo para ponérsela a un manto viejo; porque se estropea el nuevo, y la pieza no le pega al viejo.Nadie echa vino nuevo en odres viejos: porque revientan los odres, se derrama, y los odres se estropean. A vino nuevo, odres nuevos. Nadie que cate vino añejo quiere del nuevo, pues dirá: «Está bueno el añejo».”
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 Hoy en nuestros días, cada ves más se está despreciando a todo lo que huela a antiguo,  a lo viejo, se le da un rechazo impregnado de repudio e ineficiencia, como todo se cata y mide en dinero, si no producen nada, son considerados estorbo o escoria, por eso los así mismo llamados poderosos, pretenden quitarles todos sus derechos y beneficios,  queriendo implantar el derecho a la eutanasia para asesinarlos y desecharlos legalmente, olvidándose que por ellos ha sido posible llegar ser lo que hoy somos.
No estamos afirmando que tan solo lo antiguo sea lo mejor, es simplemente el recordatorio para no dejar de reconocer la realidad y, ésta es que no hay nada nuevo bajo el sol, somos los mismo envueltos en novedad, la humanidad es siempre la misma, con diferentes trabajos y culturas que a veces llegan a denigrar la propia dignidad humana, pero siempre basados en la plataforma del pasado.
Si esas personas que hoy se consideran una carga para la economía no hubieran donado su vida al trabajo, a la familia, a su pueblo y nación, lo que hoy tenemos no sería lo mismo, ellos han sido siempre un pilar importante como hoy te consideras tu en la sociedad, porque lo eres es en virtud de ellos, pero si seguimos esa ideología, tu mismo estarás destruyendo tu propio futuro, porque el tiempo vuela y a su debido tiempo estarás en las mismas circunstancias con las leyes denigrantes que promueves hoy y te favorecen, pero que mañana estarán en tu propia contra.
Una vez mi madre en mi adolescencia, en un arranque de coraje me dijo algo muy sabio: “Como te ves, me vi, como me ves, te verás” y es que uno mismo tarda en valorar lo que tenemos, lo que nos dan, lo que hacen por nosotros; que pena que no lo contemplemos, porque verlo sí lo vemos, contemplarlo está difícil si no tienes tiempo ni para reflexionar en ti mismo.
Considera que lo grande no viene por ti mismo, alguien con anterioridad ya trabajó para que tu lo disfrutes, ni los inventos son de quienes tienen el título, ellos sólo recolectaron lo ya sembrado, pero el mérito siempre es de nuestros ancestros.

Por ello si nos consideramos importantes para nosotros mismos, no olvides a los que te dieron el ser, lo son aún mas y se merecen ese respeto, porque su apreciación y sabiduría de la vida, es mucho mayor que la tuya, por ello no deja lo añejo de ser mejor, si lo desconoces, te desconoces a ti.