“Por si las dudas…”

“Por si las dudas…”

Mateo 17, 22-27

En aquel tiempo, mientras Jesús y los discípulos recorrían juntos la Galilea, les dijo Jesús: —Al Hijo del Hombre lo van a entregar en manos de los hombres, lo matarán, pero resucitará al tercer día.

Ellos se pusieron muy tristes. Cuando llegaron a Cafarnaún, los que cobraban el impuesto de las dos dracmas se acercaron a Pedro y le preguntaron: —¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?

Contestó: —Sí.

Cuando llegó a casa, Jesús se adelantó a preguntarle: —¿Qué te parece, Simón? Los reyes del mundo, ¿a quién le cobran impuestos y tasas, a sus hijos o a los extraños?

Contestó: —A los extraños.

Jesús le dijo: —Entonces, los hijos están exentos. Sin embargo, para no darles mal ejemplo, ve al lago, echa el anzuelo, coge el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda de plata. Cógela y págales por mí y por ti.

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En un mundo cada vez más convencido del individualismo, que a diferencia del pasado lejano, se tenía un sentir y una conciencia común que hasta el pecado de uno lo pagaban todos, había una unidad que prefiguraba en un apoyo de igual manera incondicional, aunque en realidad ahora esa unidad solamente se da gregariamente interesada tan sólo por un fin, un ataque o un interés personal, porque esa individualidad sigue siendo fingida, ya que no somos capaces de levantar la voz y denunciar al mal por miedo, tan sólo en bola, en grupos donde me pierda entre la masa, viene a ser una cosa acomodaticia que cuando me conviene la uso y cuando no, ni intento hacemos de nada.

Pues independientemente de la acción personal o gregaria, Jesús muy prudentemente reacciona para no quedar mal e incomodar a aquellos que tan sólo les gusta que les sigan la corriente, porque se ofenden si no les dan por su lado.

Aunque ciertamente hay costumbres muy respetadas y tradicionales, hay quien las usa como arma de ataque cuando más no tienen para externar su dolor y odio con sí mismos y con el mundo, porque es una pena que todo les duela, sin dejar de pasar la oportunidad de demostrar su situación con quien se les cruce en el camino.

Aunque en el caso del Evangelio, a Jesús no le corresponde pagar ese impuesto, para no violentar a la persona ni darle la oportunidad de que su odio se entrene y crezca, prefiere hacer el pago, no para salir del problema, sino para que la persona que lo ataca no sufra en su propio veneno.

Es por ello, que mejor por si las dudas, aunque en Jesús no hay duda, obra con una prudencia total, para así dondequiera que pase dejar una impronta de paz. Sabia manera de adaptarse aunque le toque la de malas y pagar, porque sabe que ganará más al final.

“Atributos erróneos”

“Atributos erróneos”

Mateo 14, 1-12

En aquel tiempo, oyó el virrey Herodes lo que se contaba de Jesús y dijo a sus ayudantes: —Ese es Juan Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso los Poderes actúan en él.

Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado, por motivo de Herodías, mujer de su hermano Felipe; porque Juan le decía que no le estaba permitido vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta. El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera. Ella, instigada por su madre, le dijo: —Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan Bautista.

El rey lo sintió; pero por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran; y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven, y ella se la llevó a su madre. Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús.

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Cuando conversamos con los demás, por lo general no dejamos de tener una opinión sobre el tema en curso, sobre todo participando como si fueran verdad y muy nuestros los comentarios que escuchamos, ya sean de los demás o así como de los medios de información que más que claramente parcializan la verdad.

Entonces nos auto convencemos de lo que digamos porque lo hacemos nuestro, respaldados en el decir de alguien mas, aunque su opinión no esté bien y certeramente fundamentada, es decir, nos quedamos con el chisme y eso nos basta.

Lo malo es que cuando nos llega el conocimiento de la verdad sobre el asunto, no lo aceptamos, porque sería negarnos a nosotros mismos que dimos una opinión errónea y duele descubrirnos en la mentira y así mismo como personas no confiables.

Ya lo dice un dicho: ‘de sabios es auto corregirse’ porque habla de nuestra humildad ante la verdad, realzando la confiabilidad y la aceptación a la corrección.

Por ello no es novedad tanta mala información que circula en todos los medios, especialmente en las redes sociales, donde cualquier persona sin fundamento se pone a opinar sobre lo que no conoce o malamente pretende tergiversar, quedándonos con una opinión errónea como la de Herodes, donde sus contactos navegan en ese medio desinformado, la cual como consecuencia llevó a Juan bautista a la muerte.

Toda información conlleva consecuencias, y no se si te des cuenta hasta dónde afectas a aquellos que juzgas y criticas, porque eres responsable de lo que les pase.

¿De qué le sirve al hombre…?

¿De qué le sirve al hombre…?

Lucas 9,22-25

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día».

Decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?».

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Hay quienes su vida la llevan tan tranquilamente, con el día a día, sin preocuparse del mañana, de una manera tan irresponsable, que no marca ni tan sólo la moción para alguna iniciativa, ciertamente a cada día de bastan su propios problemas, más no se justifica la irresponsabilidad de no estar atentos a lo que venga.

Por el contrario hay quien lleva su vida tan aceleradamente que precisamente se le olvida vivirla, tiene su mente en proyectos, metas, ganancias, adquisición de bienes, donación por los otros, dígase familia o personas que aprecian, nos solemos desvivir por los demás quedando al final solos y vacíos porque no te atendiste en el justo momento necesario para ti también.

No pretendo afirmar una u otra postura, tampoco negarlas, simplemente sugerir que tanto una como la otra se necesita saber tomar la cruz, es decir, ni dejar todo al “Dios dirá”, ni pretender que todo depende de nosotros. Tomar la cruz es aceptar la sabiduría y capacidad de manejar ambas situaciones valorando realmente lo que podemos y conociendo lo que Dios aporta en cada caso específico.

El adoptar la cruz, que en sí es aceptar a Cristo haciendo nuestras esas actitudes que apoyan la propia manera de ser, pensar y obrar, desde la perspectiva no tan sólo humano-psicológica, sino humano-divina, nos ubican de tal manera para no perder la proporción y valoración justa de las cosas, porque podemos acentuar la atención y ganancia en todos los aspectos materiales, con la habilidad inclusive de las virtudes divinas para ganarnos el mundo entero, que de nada valen si al final quedamos vacíos de lo que realmente vale ante la gente buena y ante Dios.

Por ello, todo en su justa medida, y que la medida, la de la cruz, que si la sabes manejar no necesitas más, ella te brindara la gracia, inteligencia y sabiduría necesaria para aprovechar lo del mundo y no olvidarnos de Dios.

“Esclavos en falsa libertad”

“Esclavos en falsa libertad”

Juan: 8, 31-42

En aquel tiempo, Jesús dijo a los que habían creído en él: “Si se mantienen fieles a mi palabra, serán verdaderamente discípulos míos, conocerán la verdad y la verdad los hará libres”. Ellos replicaron: “Somos hijos de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: ‘Serán libres’?”

Jesús les contestó: “Yo les aseguro que todo el que peca es un esclavo del pecado y el esclavo no se queda en la casa para siempre; el hijo sí se queda para siempre. Si el Hijo les da la libertad, serán realmente libres. Ya sé que son hijos de Abraham; sin embargo, tratan de matarme, porque no aceptan mis palabras.

Yo hablo de lo que he visto en casa de mi Padre: ustedes hacen lo que han oído en casa de su padre”.

Ellos le respondieron: “Nuestro padre es Abraham”. Jesús les dijo: “Si fueran hijos de Abraham, harían las obras de Abraham. Pero tratan de matarme a mí, porque les he dicho la verdad que oí de Dios. Eso no lo hizo Abraham. Ustedes hacen las obras de su padre”. Le respondieron: “Nosotros no somos hijos de prostitución. No tenemos más padre que a Dios”.

Jesús les dijo entonces: “Si Dios fuera su Padre me amarían a mí, porque yo salí de Dios y vengo de Dios; no he venido por mi cuenta, sino enviado por él”.

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El mundo de las ideologías y de los estatus de vida, hacen que nos deshagamos para poder pertenecer a ellos, como una elite de la que todos desearíamos participar, se nos presenta el imitar ser como aquellos que el mundo de hoy propone, aquellos que se hacen llamar los ricos y famosos, aquellos que pueden pagar una publicación y venderse como modelos a seguir, dando imágenes de felicidad arreglada.

De igual manera nos venden la idea de libertad, aquella en la que puedes decidir hacer de todo en la vida sin consecuencias, aquella que se te presenta sin mucha información certera, la que en fachada aparece como lo máximo, siempre y cuando tengas con que pagarlo y que al final no llena nuestros propios vacíos, sino todo lo contrario.

Aquella libertad que nos orilla a sentir que no dependemos de nada ni de nadie, cuando en realidad necesitas de todos, cuando menos aquellos que hacen posible todo para que te provean el agua de uso diario, porque si nomás te cortan el suministro, te hacen la vida de cuadritos. Igual con todo cuanto necesitas, hecho y acercado a ti por empresas y personas que se dedican a ello. Por lo que no dejamos de estar atados y dependientes de ellos, no deja de ser una cierta esclavitud.

Pero sobre todo cuando te invitan a cometer actos pecaminosos que te dañan y que te los pintan como parte de tu libertad, cuando en realidad es una esclavitud crónica y degenerativa que lleva hasta la muerte.

Aquella sensación de que nuestra vida no depende de nadie más sino de nosotros, como si hubiésemos elegido nacer y nos hubiéramos creado a nosotros mismos, olvidando al creador y a quienes hicieron todo lo posible para que siguiéramos aquí.

Al final esclavos oficiales sin conciencia de ello. Cuando la verdadera libertad la da Jesús al hacernos partícipes de la verdadera libertad de los hijos de Dios. Por ello basta estar cerca de Él y ser su amigo participando de su disimulado y su gracia.

“Tenía muchos bienes…”

“Tenía muchos bienes…”

Marcos: 10, 17-27

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó corriendo un hombre, se arrodilló ante él y le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?” Jesús le contestó: “¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios.

Ya sabes los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, no cometerás fraudes, honrarás a tu padre y a tu madre”.

Entonces él le contestó: “Maestro, todo eso lo he cumplido desde muy joven”. Jesús lo miró con amor y le dijo: “Sólo una cosa te falta: Ve y vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en los cielos. Después, ven y sígueme”. Pero al oír estas palabras, el hombre se entristeció y se fue apesadumbrado, porque tenía muchos bienes.

Jesús, mirando a su alrededor, dijo entonces a sus discípulos: “¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!” Los discípulos quedaron sorprendidos ante estas palabras; pero Jesús insistió: “Hijitos, ¡qué difícil es para los que confían en las riquezas, entrar en el Reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios”.

Ellos se asombraron todavía más y comentaban entre sí: “Entonces, ¿quién puede salvarse?” Jesús, mirándolos fijamente, les dijo: “Es imposible para los hombres, mas no para Dios. Para Dios todo es posible”.

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Es un derecho totalmente natural el poseer, sobre todo recaudado con aquel esfuerzo que se hace merecedor del salario y los bienes obtenidos con el mismo, eso en lo material, ya que de igual manera podemos adquirir cada vez con mayo eficacia aquellos dones y gracias espirituales que complementan nuestra vida, además de las personas que desean compartir el amor ya sea de pareja, filial o de amistad.

El problema inicia cuando la reacción se torna inversa, en ves de poseer, nos convertimos en posesión de los bienes y las personas, nos poseen y dependemos de ellos, a tal grado de cada vez tener más y obsesionarnos con cuidarlos, porque pensamos que de ellos depende la propia felicidad.

Los bienes bien administrados de igual manera nos llevan a la santidad, ya que nuestra alma clama a su origen en Dios, y debe de no estar anclada a los bienes materiales, ya que cuando se tienen muchos, como es el caso del Joven rico, ciertamente busca ir a Dios, todo se le ha facilitado porque no le ha faltado nada, cree poder con los mandatos divinos, pero si le quitan su plataforma de estabilidad, es decir su dinero, que ha sido siempre su soporte, se le cae todo.

Es por ello que Jesús nos invita a poseer en la justa medida del uso de cada cosa sin apegarnos a ello, ya que hemos sido llamados a ser libres y no dependientes de los bienes, que ayudan, pero que Dios los provee de igual manera si confiamos totalmente en Él, y con ello impregnamos el resto de nuestra vida y trabajo.

“¿Qué nos toca?”

“¿Qué nos toca?”
Marcos 10, 28-31
En aquel tiempo, Pedro se puso a decirle a Jesús: –Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.
Jesús dijo: –Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más –casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones–, y en la edad futura, vida eterna.
Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros.
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Claro que un trabajo bien hecho merece una justa retribución, lo malo es que por lo general la solicitamos invariablemente en denominación monetaria, que en parte es lo normal, pero en la vida existen muchas y mayores situaciones en que la paga es enormemente diferente y totalmente gratificante sin un solo centavo de por medio.
La realidad, es que aquello que se paga en monedas, de igual manera se va sin dejar nada a su paso o casi nada, mientras que un trabajo como lo es educar a los hijos y dedicarles tiempo, visitar a la familia, sobre todo los más ancianos, y en general lo que pinte en obra de caridad, la retribución llega invariablemente como si fuera magia, pero sabiendo que son gracias de Dios.
A lo mejor puedes pensar que guardarle cincuenta pesos a tu hijo en vez de sacarlo a pasear y comprarle un helado, es lo mejor, resulta contraproducente, porque los cincuenta de igual manera se van a ir, contigo o sin ti, pero lo que hubieras sembrado con ese helado lleno de cariño habría dado mas fruto.

Es por ello que hay que trabajar, sin preguntar que nos irá a tocar, porque la paga llega sola según el trabajo, así mismo según la dedicación, y así en todos los aspectos de la vida. Eso es lo que nos va a tocar, lo que tú trabajes.

“El que es fiel en lo poco…”

“El que es fiel en lo poco…”
Lucas 16, 9-15
En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: —Ganaos amigos con el dinero injusto, para que cuando os falte, os reciban en las moradas eternas. El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo, tampoco en lo importante es honrado. Si no fuisteis de fiar en el vil dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro quién os lo dará? Ningún siervo puede servir a dos amos: porque o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.
Oyeron esto unos fariseos, amigos del dinero, y se burlaban de él. Jesús les dijo: —Vosotros presumís de observantes delante de la gente, pero Dios os conoce por dentro. La arrogancia con los hombres, Dios la detesta.
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En este evangelio podemos remarcar posturas en el ser humano, como lo es la sencillez, que va unida a la fidelidad, o la arrogancia que va unida a su vez del utilitarismo. Cuando hablamos de la arrogancia, es aquella actitud que revela una excesiva estima de sí mismo, por cierto sobrevalorada a tal grado, que se sale del trato ordinario y amable con cualquier otro ser humano, es decir, olvida la amabilidad, pero eso no es lo peor, llega a valorar a las personas en una escala de utilización, donde si alguien me sirve para algo, lo uso sin valorar su esfuerzo, mucho menos su atención y el respeto que pudiera surgir en la relación, simplemente lo desecha de igual manera como lo tomó.
Esta actitud es detestable a los ojos de Dios, desdice el amor de Dios y el amor al prójimo, desconociendo su propia dignidad, a su vez sus dones y capacidades,  reduciéndolo a un artículo utilitario, por ello Jesús remarca, a ver a quién se compran para que pida por ellos y les de la entrada en el cielo, un total absurdo imposible, porque eso totalmente se hace en medio de la generosidad y la propia caridad gratuitamente, cosa que un arrogante no posee, porque vive en el materialismo capitalista, donde su máxima caridad será el tomarte en cuenta para sus propios fines.
Por el contrario, un corazón amable y caritativo lo primero que valora es a la persona en sí misma y en sus necesidades, observando esas pequeñas cosas que el mundo no ve, como lo es su ánimo, su salud, su felicidad y alegría, porque si eres capaz de ver eso, es garantía de que se viven esos dones en abundancia y se valoran como tal.
Solemos decir, “para muestra, un botón”, que de igual manera se traduce en un: si eres fiel en lo poco, basta eso para saber lo que vales y puedes en lo mucho. La cuestión es saber demostrar que no se pasan por alto esos valores pequeños y, entonces Dios dará confianza basta para confiarte mucho más. Pero si buscas sólo lo valuable monetariamente, tus metas demuestran ser muy limitadas, porque eso se queda en este mundo.

No niegues los valores monetarios, pero sobre todo, que no se te olviden los espirituales, que son los que exaltan las riquezas y las hacen mucho más fructíferas, porque si eres fiel en lo poco, no se diga en lo mucho; si valoras lo no tazable monetariamente hablando, mucho más con justa medida lo que sí se puede medir, y eso ya es un don de la sabiduría que viene de Dios.

“Al que Tiene se le dará…”

“Al que Tiene se le dará…”
Lucas 8, 16-18
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama; lo pone en el candelero para que los que entran tengan luz. Nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público. A ver si me escucháis bien: al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener».
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Podríamos pensar muy justamente que Dios es muy injusto al repartir y dar sus dones, porque ¿cómo es posible que le de más a los que ya tienen?, eso parece inconcebible, pero Dios no está hablando materialmente, no significa que a los billonarios les dará aun más ya los pobres les quitará lo poco que poseen, esa es la realidad del mundo que se mueve en éstos criterios tan inhumanos, por eso lo proyectamos de igual manera en éste evangelio.
Cuando se refiere a los dones otorgados, materiales o espirituales, está hablando no de poseer, sino de administrar, con la finalidad que cumplan el bien para el cual se han destinado, por ello habla de la función del candil, que si no se usa correctamente, se le brindará a quien sí lo haga para que dé el servicio que debe dar, porque todo es prestado, es circunstancial mientras estamos en este mundo, y la manera de como los utilices hablará de quién eres tú.
Tenemos la conciencia de que Dios nos tiene que dar, pero deberíamos al igual ser conscientes de que lo que recibimos fue depositado para un bien mayor y mejor, para que cumpla su misión en la historia de la salvación, siempre dinámica y en constante crecimiento, pero si alguien no hace dicha labor o utiliza sus dones para otra finalidad, entonces le serán retirados y se le brindarán al que ha demostrado saberlo administrar responsablemente para que llegue a buen fin como debe.
Es por eso que Dios no es injusto, es justo cuando no quiere que se pierda lo que en derecho te toca y les toca a los demás y, puesto en manos seguras te garantiza la participación a ti y de ti a los demás. 
Además no está hablando de dinero, esta hablando de gracia y santidad que no se puede derrochar.

“Encontrar lo que vale la pena”

“Encontrar lo que vale la pena”

Mateo 13, 44-46

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo.

El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra”.

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Muy preciso y enriquecedor resulta la comparación del Reino de los Cielos en lo que se refiere a encontrar un tesoro o una perla, se refiere a un objeto de alto valor económico ya que esa es una referencia universal, no hay quien no valore desear o tener bienes materiales y fondos de mucho valor, sean propiedades, autos, joyas, dinero, etc…

Esta concreta comparación podría quedar limitada si la reducimos solamente a esos valores, en realidad el Reino es aún más valioso, porque los vienes adquiridos se pueden perder o desgastar, además de que no podemos llevarlos a la vida eterna. Sin embargo los valores que conlleva la vida de la Gracia de Dios, no tiene precio de tan inmensurable que es su valor; lo monetario algo da una referencia directa para captar la importancia.

Pero en realidad hay cosas que valen en por sí mismas y cosas que tienen un valor falso sobrevalorado, aunque también has cosas que nosotros somos los que le damos valor más que a otras. Aquí la referencia deben de ser las cosas que valen por sí mismas, por ejemplo, un valor en sí mismo material puede ser una perla, en lo espiritual el amor; una cosa sobrevalorada material un auto del año o de cierta marca X, en lo espiritual los horóscopos o los videntes circunstanciales; y un valor personal, pues lo que te gusta, como un vino, un auto X o una película que es de tu gusto particular y lo valoras más que el resto, con que de igual manera se obtiene lo mismo.

Es por eso que se nos dan referencias comunes para de ahí partir y valorar lo demás en una escala concisa y recta, de otra manera le daremos valor a valores que no lo tienen y que con ellos jamás obtendremos un bien mayor.

Los Valores del Reino no son otra cosa sino esa herramienta que nos ayuda a discernir y no perder el rumbo, por ello no hay que dejarlos de lado, porque si no los valoras tal cual, entonces tu mismo perderás la percepción de tu propio valor y por ende los demás harán lo mismo de ti, lo que vale la pena lo conservan y te conservan lo que no, se desecha.

“Amigo, yo no te hago ninguna injusticia…”

“Amigo, yo no te hago ninguna injusticia…”

Mateo (20, 1-16)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña.
Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo’. Salió de nuevo a medio día y a media tarde e hizo lo mismo. Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía otros que estaban en la plaza y les dijo: ‘¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar?’ Ellos le respondieron: ‘Porque nadie nos ha contratado’. El les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña’. 
Al atardecer, el dueño de la viña le dijo a su administrador: ‘Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta que llegues a los primeros’. Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno.
Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamarle al propietario, diciéndole: ‘Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora, y sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor’.
Pero él respondió a uno de ellos: ‘Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?’. De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos”.
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Esta parábola refleja muy claramente la finalidad de la salvación y la vida eterna, a veces nos han piadosamente engañado, diciéndonos que en la medida que hagamos obras buenas, estaremos un escaloncito más cerca de Dios en la gloria eterna, como si allá encontráramos los mismos sistemas socio-politicos de la tierra y de sus tiempos.
Solemos olvidar cuan grande será el premio, para todos el mismo, para todos la misma gracia, la misma santidad y no es cuestión de grados o volúmenes, ni de cantidades, sino de ser y estar o, de no ser ni estar. Simplemente no es mensurable, no hay santos más santos, ni intercesores más poderosos entre sí, como si hubiera un rango de prioridades e influencias ante Dios, Simplemente se habla de esa gracias que se tiene no no se tienen.
La paga no es gradual, es la misma para todos, pero a su vez no estamos hablando de una uniformidad, tendrá la gracia de la individualidad y el respeto de ser único e irrepetible, no seremos del montón, ni unos más que otros, pero tampoco menos que otros, simplemente los justos para la vida eterna y los que no lo desearon así a la muerte eterna.
No es injusto Dios en su manera de proceder, algunos les pide más, algunos sufren más, algunos menos, pero al final lo que eso demuestra, es la inmensurable gracia esparcida por doquier en cada situación especial, en cada tiempo y lugar, con la gran diversidad de maneras de obtener la santidad. Nosotros somos los que estratificamos y hacemos notar esas diferencias, pero cuando Dios da la plenitud, la plenitud lo es todo.
A lo mejor uno tiene la capacidad de un vaso, otro la de un cántaro, uno se llena con poco, otro con mucho más, pero cuando los dos estén llenos, tan pleno uno, como tan pleno el otro. La comparación entre ellos hace diferencias en volumen, dando pie a injusticia y desventaja, pero eso no viene de Dios, sino de nosotros, lo que importa es la plenitud, quien la remarca es quien no la tiene.
Plenifica tu vida y eso basta, eso el lo justo, eso es lo necesario.