“Cuidado con los sabiondos”

“Cuidado con los sabiondos”

Marcos 12, 38-44

En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la multitud y les decía: —¡Cuidado con los letrados! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas con pretexto de largos rezos. Esos recibirán una sentencia más rigurosa.

Estando Jesús sentado enfrente del cepillo del templo, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a su discípulos, les dijo: —Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el cepillo más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.

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Hay quien afirma que el conocimiento es poder, con lo que creo y sostengo que es un error radical, porque ciertamente eso lo proclaman aquellos que precisamente lo utilizan para manipular y obtener ventajoso beneficio con ello.

La realidad se mueve por otro entorno, ya que Dios nos participa de su ciencia, inteligencia y sabiduría en cierta medida muy basta, con la clara consigna de la responsabilidad, de tal manera que mientras más se le de a una persona, más responsabilidad tiene con lo obtenido y con los demás. 

Así debería de ser, pero damos lo que nos sobra y no siempre, por ello la motivación a participar a los demás de los dones de Dios, porque una de las obrad de caridad precisamente es enseñar al que no sabe, es nuestra obligación, si no caeremos en la omisión de dejar a la deriva a quienes pueden equivocarse o pueden abusar de ellos.

Cuidado con los sabiondos, que si no son para ayudarte, entonces será para todo lo contrario, cuando nosotros no seamos uno de ellos, pero por el contrario, si tienes el don de saber y conocer un poco más que algunos, oriéntales y comparte tu conocimiento que ahí también radica la caridad.

“…Se llenaba de sabiduría”

Lucas 2, 36-40 

En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. 

Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba. 

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Una de las propiedades muy actuales del mantenernos constantemente cercanos a Dios, es que sus gracias y dones, nos son compartidos en la medida que vamos disponiéndonos a recibirlos, los hechos lo van diciendo todo, la oración va teniendo sus frutos y la vida de lo sagrado sus consecuencias. 

El testimonio en esta fracción del evangelio es muy claro, ya se nos remarca que Ana, hija de Fanuel, que por cierto era ya anciana, no se apartaba del lugar sagrado en ningún momento, podría parecer fanatismo, pero en realidad se trata del haber encontrado ese tesoro que sacia de amor al estar en la presencia del Señor, fruto de la perseverancia en la oración, regalo de Dios, además de los frutos que parcialmente le irá dando hasta llegar a la vida eterna. 

Uno de esos regalos fue el de haber sido partícipe de ver al mismo Mesías, donde Dios hace patente sus promesas, verlas en pleno seguimiento y cumplimiento, conscientes de ello, es ya una bendición de Dios que no a cualquiera se le da, simplemente por el hecho de que no les interesa seriamente el asunto. 

La vida de la Gracia cuando se cuida da múltiples y grandes frutos, es por ello que es muy interesante el hecho de saber conservarnos en ella, en el caso de la familia de Jesús, no encontramos diferencia alguna de la misma, el hecho de hacer vida la Palabra a través de sus propios actos, redunda en la santidad de su propio hijo, el cual de la mano de ellos como remarca el mismo evangelio, se ve proyectada en la propia vida de Jesús que va creciendo, robusteciéndose y llenándose de sabiduría. 

Hoy en nuestros días, la eficacia de la gracia de Dios sigue siendo la misma, no esperemos un personaje o un suceso importante para recibirla, cuando hoy la podemos hacer nuestra a través de la vida cercana con Dios, a través de la oración; de nosotros depende y de igual manera sus frutos. Por ello, de una gracia brota la que le sigue, pero si no la atendemos, trunca quedará. No desaprovechemos la oportunidad en vida de crecer constantemente en la gracia de Dios, que nunca es suficiente, siempre basta y en Dios será plena.

“Cordiales vs. convenencieros”

“Cordiales vs. convenencieros”

Lucas 6, 27-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian. Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen. Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores con intención de cobrárselo. ¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada: tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos. Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis la usarán con vosotros».

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Una de las principales características del cristiano radica precisamente en su caridad, en el manifestar una vida llena de afecto sincero, tan amable con cualquier persona que supera la sola educación, sino que va más allá, llega a mostrar una relación que sale sin problema desde el fondo de su corazón, aquello que llamamos cordialidad.

En sí, se trata de una actitud de donación, no solamente de bienes materiales, sino inclusive de tiempos y atenciones personales según se necesiten en su momento. 

Contrariamente ante esto encontramos un mal entender de esa actitud, porque de cordiales, pasamos por un lado a ser convenenciero o justicieros. Convenencieros porque sabiendo que existe gente que se dona y es capaz de quitarse el vestir para darlo a quien lo necesita, así como el pan de la boca, a quien le favorece ésta situación es a aquellos que les conviene sacar provecho y abusar de la bondad de los demás sin mayor problema de conciencia. Aquellos que hasta exigen manipulando y chantajeando a los verdaderos cristianos como si obligadamente les tuvieran que dar, esos que desde que nacen ya tienen la mano estirada para pedir pan y la cara impregnada de falsa tristeza.

También están los justicieros, aquellos que no dan si no les dan, es decir, tu pones, yo pongo, tu haces, yo hago, y si no obras, yo no obro. Aquellos que están al tú por tú, los que les conviene la justicia y la renombran como caridad, pero que no son capaces de dar nada independientemente por su cuenta, sino como respuesta después de ver lo que reciben. Eso no es caridad, es lo normal que se debe mínimo como gente educada hacer, porque la caridad es dar un poco más de lo que impone la justicia libremente y sin retroalimentación. 

La cuestión es, que no pidas más de lo que no das, y si das de más, ya sabrás como se te recompensará sin esperarlo, pero llega y sin pedirlo. Así obra la generosidad. No dejes de ser cordial, pero no te dejes de los covenencieros, porque si les ayudas los dañas y estancas.

“Saber ver al Señor”

Saber ver al Señor”

Mateo: 14, 22-33

En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de despedirla, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba él solo allí.

Entre tanto, la barca iba ya muy lejos de la costa y las olas la sacudían, porque el viento era contrario. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua. Los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron y decían: “¡Es un fantasma!” Y daban gritos de terror. Pero Jesús les dijo enseguida: “Tranquilícense y no teman. Soy yo”.

Entonces le dijo Pedro: “Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua”. Jesús le contestó: “Ven”. Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: “¡Sálvame, Señor!” Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”

En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en la barca se postraron ante Jesús, diciendo: “Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios”.

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Las sagradas escrituras son muy claras ya que su contenido no es otro sino el de dar a conocer a Dios que se nos revela a través de su palabra y los escritores sagrados, a quienes por medio de su Santo Espíritu inspiró para que lo manifestaran tal cual es.

Por otro lado, hay quien cree que solamente por la fe pura y la confianza total Dios se le revelará, sin olvidar que una fe ciega, se convierte en fanatismo que desvirtúa totalmente la imagen de Dios y lo vuelve populachero. 

Cuántas veces el interés de internarnos más en su presencia lo hacemos en base a eventos y circunstancias en las que no está presente el Señor, o esperamos que suceda alguna tragedia que nos mueva el piso y entonces necesitemos entender qué está pasando, cuando la atención es en base a una moción de dolor o negativa que nos es la puerta principal de acercamiento a Él, ya que irá impregnada de necesidades y no de búsqueda de amor y verdad.

No hay como conocerlo directamente en el trato, en la oración, en el estudio sistemático de la religión y las ciencias sagradas que se fundamentan en los mismos libros sagrados, que a su vez nos profundiza en su gracia y en su caridad, a tal grado de impregnar, sanar e identificar aquello que pudiese trastornar nuestra vida a tiempo y saberlo ver donde está para no ser engañados por las imágenes de falsos dioses que se presentan por doquier.

“Sabiduría de Respaldo”

“Sabiduría de Respaldo”

Lucas: 14, 25-33

En aquel tiempo, caminaba con Jesús una gran muchedumbre y él, volviéndose a sus discípulos, les dijo:

“Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, más aún, a sí mismo, no puede ser mi discípulo.

Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.

Porque, ¿quién de ustedes, si quiere construir una torre, no se pone primero a calcular el costo, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que, después de haber echado los cimientos, no pueda acabarla y todos los que se enteren comiencen a burlarse de él, diciendo: ‘Este hombre comenzó a construir y no pudo terminar’.

¿O qué rey que va a combatir a otro rey, no se pone primero a considerar si será capaz de salir con diez mil soldados al encuentro del que viene contra él con veinte mil? Porque si no, cuando el otro esté aún lejos, le enviará una embajada para proponerle las condiciones de paz. Así pues, cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo”.

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Aunque nos pasemos la vida preparándonos con un estudio metódico, debemos de tener en cuenta que no todo es conocimiento lógico y científico, ciertamente ayuda a estructurar nuestra mente con raciocinios cada vez más completos y comprensibles.

Pero no olvidemos que además de ello existe la sabiduría, aquella que proviene precisamente como un don otorgado de parte de Dios, aquella que se adquiere con la experiencia e incluso con el dolor y los errores, aunque no necesariamente por medio de ellos. 

Sin embargo se presenta como un don a considerar en nuestra vida, ya que como el mismo evangelio lo propone, hay que utilizarla para medir hasta dónde podemos llegar y medir nuestras propias fuerzas, capacidades y medios para lograr aquello que deseamos realizar.

Lo malo resulta cuando tan sólo medimos nuestra capacidad en cuanto tenemos materialmente hablando, no es importante tan sólo la cantidad, sino también la capacidad y esa nos llega certeramente por la sabiduría.

Por ello indica Jesús renunciar a los bienes, no como un rechazo de los mismos, sino como una liberación de una codependencia de los mismos que nos limita en lo que podemos crecer, tanto en lo espiritual y por ende en lo material. Por ello no olvides la sabiduría que siempre será el mejor respaldo antes que toda ciencia humana.

“Cuestión de sabia administración”

“Cuestión de sabia administración”

Lucas: 12, 32-48

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No temas, rebañito mío, porque tu Padre ha tenido a bien darte el Reino. Vendan sus bienes y den limosnas. Consíganse unas bolsas que no se destruyan y acumulen en el cielo un tesoro que no se acaba, allá donde no llega el ladrón, ni carcome la polilla. Porque donde está su tesoro, ahí estará su corazón.
Estén listos, con la túnica puesta y las lámparas encendidas. Sean semejantes a los criados que están esperando a que su señor regrese de la boda, para abrirle en cuanto llegue y toque. Dichosos aquellos a quienes su señor, al llegar, encuentre en vela. Yo les aseguro que se recogerá la túnica, los hará sentar a la mesa y él mismo les servirá. Y si llega a medianoche o a la madrugada y los encuentra en vela, dichosos ellos.


Fíjense en esto: Si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. Pues también ustedes estén preparados, porque a la hora en que menos lo piensen vendrá el Hijo del hombre”.


Entonces Pedro le preguntó a Jesús: “¿Dices esta parábola sólo por nosotros o por todos?” El Señor le respondió: “Supongan que un administrador, puesto por su amo al frente de la servidumbre, con el encargo de repartirles a su tiempo los alimentos, se porta con fidelidad y prudencia. Dichoso este siervo, si el amo, a su llegada, lo encuentra cumpliendo con su deber. Yo les aseguro que lo pondrá al frente de todo lo que tiene. Pero si este siervo piensa: ‘Mi amo tardará en llegar’ y empieza a maltratar a los criados y a las criadas, a comer, a beber y a embriagarse, el día menos pensado y a la hora más inesperada, llegará su amo y lo castigará severamente y le hará correr la misma suerte que a los hombres desleales.


El siervo que, conociendo la voluntad de su amo, no haya preparado ni hecho lo que debía, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla, haya hecho algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le da, se le exigirá mucho, y al que mucho se le confía, se le exigirá mucho más”.

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Es bien sabido que todos tenemos el derecho natural al poseer bienes en la cantidad que se desee y se puedan atender, todo de una manera personal y responsable, en donde en el cuidado se vea reflejada la misma persona poseedora. 

Cuando no se tiene control sobre uno mismo, y no se es dueño del dominio de las reacciones ante cualquier moción sentimental, ya sea de dolor o de alegría, corremos el riesgo de la misma manera compulsivamente al poseer bienes, desatar el deseo insaciable de obtener cada vez más.

Pensamos que tenemos toda la vida para seguir iguales, como si fuera ésta una garantía, olvidando el aspecto responsable de la administración, y no me refiero a la función empresarial, sino a la natural que se da en la propia vida. 

No importa la cantidad de bienes que se hayan obtenido, no olvidemos que somos responsables de ellos y de su justa utilización así como los frutos que deben de dar, ya que a mayores riquezas, de igual manera y en la misma escala se obtienen responsabilidades, no solo de poseer, sino de hacerlas llegar a buen fin.

Por ello no basta con pedir y pedir, hay que de igual manera solicitar la sabiduría y la paz para saber administrar aquello que nos ha sido otorgado, ya que es cuestión de sabia administración.

“Sabiduría actualizada”

“Sabiduría actualizada”

Mateo: 13, 47-53

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de los cielos se parece también a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación. ¿Han entendido todo esto?” Ellos le contestaron: “Sí”. Entonces él les dijo: “Por eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los cielos es semejante al padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas”. Y cuando acabó de decir estas parábolas, Jesús se marchó de allí.

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Hoy en nuestros días encontramos personas que no desean saber nada acerca del pasado y tan sólo exaltan lo nuevo como lo mejor, aunque existen otras que viven atadas a la época de su juventud pasada rechazando tajantemente toda novedad. Ninguna de las dos posturas se recomienda ni se afirma como la mejor, porque al final de cuentas son simples y puras percepciones personales. 

Lo que importa, es saber vivir el momento de la mejor manera, independientemente de que las circunstancias sean muy positivas o muy adversas, porque se habrá tomado lo mejor del momento.

Es por ello que el mismo evangelio resalta y propone la misma sabiduría de Dios, que sabe intercalar y conjugar lo mejor del pasado aprendido o conocido, con la novedad del presente siempre actual, sin la necesidad de imponer modelos de comportamiento ya caducados, ni  lo nuevo ineficiente.

Dios no es un Dios cerrado e imperativo, siempre es nuevo sin perder la autenticidad de su eterna verdad, por lo que nos invita a siempre de igual manera no olvidar lo aprendido y aprender lo nuevo. Esa es una sabiduría antigua y viva siempre actual.

“¿El saber da poder?”

“¿El saber da poder?”

Juan: 7, 1-2. 10. 25-30

En aquel tiempo, Jesús recorría Galilea, pues no quería andar por Judea, porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba ya la fiesta de los judíos, llamada de los Campamentos.


Cuando los parientes de Jesús habían llegado ya a Jerusalén para la fiesta, llegó también él, pero sin que la gente se diera cuenta, como de incógnito. Algunos, que eran de Jerusalén, se decían: “¿No es éste al que quieren matar? Miren cómo habla libremente y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que es el Mesías? Pero nosotros sabemos de dónde viene éste; en cambio, cuando llegue el Mesías, nadie sabrá de dónde viene”.


Jesús, por su parte, mientras enseñaba en el templo, exclamó: “Conque me conocen a mí y saben de dónde vengo… Pues bien, yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; y a él ustedes no lo conocen. Pero yo sí lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado”. Trataron entonces de capturarlo, pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

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Desde que se inventó la manipulación en la historia de la humanidad, la han manejado como una situación de tan sólo algunos cuantos privilegiados que basan su seguridad en la información que tienen de los demás, pero no para tenerla a disposición del bien de la persona, sino del chantaje y el amedrentar al otro haciéndole sentir vulnerabilidad.

Sin embargo este recurso lo utilizan los débiles que no tienen otra manera de atacar más que con las palabras, recurso que usan los habladores y embaucadores que convierten la información en chisme para hacer escándalo y sobre todo tener esa sensación de falso poder.

A Jesús de igual manera intentaron manipularlo pretendiendo atacarlo con la información que escasamente tenían de Él, pero que con eso les bastaba para sentir que lo conocían, a lo que claramente manifiestan una ignorancia total, porque se basan en chismes, no conocen realmente a Jesús.

Es una pena ver cada ves más y más gente que ignorantemente se añaden a las cadenas de chismes, pretendiendo sentirse importantes con tales proclamaciones y sintiéndose poderosos en la mentira y el error. El saber no da poder, y quien lo afirma de manera contraria no vive en la verdad, ni en la caridad, ya que esa astucia y verborreas provienen del maligno, por lo que no debes de sentirte atacado cuando te pretendan manipular, basta con no seguir el juego para no engancharnos y dar importancia a palabras necias aunque algo manejen de verdad.

Y antes de hacer caso, hay que cerciorarnos si realmente conocen la verdad o viven en el mundo de la mentira y los chismes, oración para alejar ese tipo de demonios.

“Toda palabra contiene una realidad”

“Toda palabra contiene una realidad”

Lucas: 8, 16-18

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “Nadie enciende una vela y la tapa con alguna vasija o la esconde debajo de la cama, sino que la pone en un candelero, para que los que entren puedan ver la luz. Porque nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público.

Fíjense, pues, si están entendiendo bien, porque al que tiene se le dará más; pero al que no tiene se le quitará aun aquello que cree tener”.

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En el mundo de las elucubraciones y los raciocinios, éstos se van dando, conforme nuestro esquema básico de pensamiento haya sido estructurado, eso depende de la cultura en la que nos desarrollamos, la cual ya tiene un esquema muy bien definido y estudiado.

Es por ello, que cuando hablamos de conceptos y las palabras que los representan, la aplicación a la realidad será conforme nuestro esquema intelectual lo proceso según lo aprendido, de tal manera que mientras para unos una vaca será considerada alimento, para otros será un animal sagrado con toda una conceptualización y justificación de por medio, que se hace verdad y se defiende a capa y espada.

Lo que no podemos aceptar, es cuando el concepto lo pretendemos cambiar antagónicamente, de tal manera que pierda su eficacia y por ende su verdad. Ya el evangelio lo remarca, “Nadie enciende una vela y la tapa con alguna vasija o la esconde debajo de la cama, sino que la pone en un candelero”.

De igual manera se pretenden cambiar conceptos ancestrales que rayan en el absurdo, hacen polémica, pero hay que tener muy el claro, que al final en el medio o desde el principio, la verdad siempre sale a relucir. 

La Palabra contiene una realidad que no se puede negar, y aunque se le cambie el concepto, su verdad quedará intacta, porque esa es inalienable. Por ello conviene vivir en el verdad, es lo más sano, porque si no, hasta eso perderemos si no lo adecuamos a la intrínseca realidad.

“¿Qué Sabiduría es esa?”

“¿Qué Sabiduría es esa?”

Marcos 6, 1-6

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: —¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?

Y esto les resultaba escandaloso. Jesús les decía: —No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.

No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

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No es de extrañarnos textualmente, que ante personas o circunstancias de las que no tenemos el dominio o conocimiento propio de ello, nos resulta una novedad. Lo más ordinario es que manejemos un acervo de conocimiento de tronco común, que detectamos en los demás ya sea en su ausencia o en su máxima expresión.

Ese es el conocimiento humano que dentro de sus capacidades máximas, raya en la sabiduría filosófica y humana en base al discernimiento y la experiencia durante el paso de los años. Más sin embargo Dios nos regala un conocimiento más sublime y excelso que habla de su propio ser, es esa sabiduría que procede de Él, la cual no se adquiere con tan sólo la experiencia humana, sino con el contacto directo con el Creador.

Don que se otorga sin dificultad a todos aquellos que la soliciten y se dispongan a recibirla dentro de un plan de vida de gracia, de santidad, de valores, de honestidad y sobre todo de amor y caridad. Don que se pide explícitamente en la oración y la recepción de los sacramentos como ese regalo recíproco que Dios otorga a su vez viendo la actitud de quien lo solicita.

Esa es la sabiduría que el mundo desconoce, aquella que maravilla y asusta a quienes sus propios límites que se han marcado, no les permiten crecer aún más; Aquella que asombra al más letrado porque no solo domina el ámbito de las ciencias, sino que además domina el ámbito de la vida que es donde se hace eficaz y se aplica en toda la extensión de la palabra.

Esa es la sabiduría que está al alcance de la mano, pero que necesitamos pedir con lo que conlleva, tu amor, tu corazón, tu razón y la verdad. Esa es la sabiduría que necesitamos para llegas más allá, hasta la vida eterna.