“Linaje: Divino”

“Linaje: Divino”

Marcos 12, 35-37

En aquel tiempo, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: —¿Cómo dicen los letrados que el Mesías es hijo de David? El mismo David, movido por el Espíritu Santo, dice: «Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies». Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?

La gente, que era mucha, disfrutaba escuchándolo.

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Dentro de los malos entendidos y lentas asimilaciones en la profundidad de la Palabra de Dios, encontramos la interpretación de una teología, que no podemos llamar errónea, porque no lo es, sino al contrario, va esforzándose por indagar cada vez más en aquello que en su momento se considera un misterio, pero que para su tiempo y la madurez espiritual así como intelectual, se proclama como la última verdad, ya que la cultura así como la idiosincrasia tan sólo dan para ello.

Sin embargo, esas fijaciones teológicas mentales que se afirman en su momento dan a conocer parcialmente la línea por la que Dios desea llevar a cabo su plan, y digo parcialmente por que no nos atrevemos a afirmar que la teología ya haya profundizado y agotado en su totalidad la expresividad de los misterios divinos, no ha llegado al cúlmen, y aún nos consideramos en pañales aún con todos los grandes avances logrados.

Sin embargo textualmente ante el tema del linaje de Cristo; una es la línea de sangre y otra la línea legal. Porque como lo dice el mismo evangelio de Mateo 1,16 “y Jacob engendró a José, el esposo de María, la cual nació Jesús, llamado el Cristo”, es muy específico cuando remarca que Jesús nació de María, reconociendo la concepción Divina, teniendo como Padre a Dios, se rompe la línea de sangre porque esa no es la importante, es excluyente, más sin embargo confirma el linaje legal por la línea de David a la cual pertenece José, quien le da su nombre y su tutela legal.

Esto es lo que hay que profundizar más, porque no es cuestión de afirmación y voluntad humana sino Divina, Su linaje legal es Davídico, pero su linaje real es Divino. Por conclusión, Dios rompe los esquemas lógicos humanos y de ellos saca un bien mayor, por eso no te preocupes de cómo obrará Dios en tu vida, sino que hay que saber ver y esperar por donde realmente lo hará.

“Hasta las migajas son importantes”

“Hasta las migajas son importantes”

Marcos 7, 24-30

En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Se alojó en una casa procurando pasar desapercibido, pero no lo consiguió; una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró enseguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era pagana, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija. El le dijo: —Deja que coman primero los hijos. No está bien echarles a los perros el pan de los hijos.

Pero ella replicó: —Tienes razón, Señor; pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños.

El le contestó: —Anda, vete, que por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija. Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.

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Siempre tenemos la tendencia a fijarnos tan sólo en las cosas grandes y a darle una importancia tal que las sobrevalora, y por ende, contrariamente despreciar y minusvalorar los detalles que pareciesen insignificantes.

Olvidamos por una parte, que la unidad de las pequeñas cosas, al parecer insignificantes e inútiles, forman el todo y lo hacen funcionar a la perfección, como en un organismo, no podemos decir que no es importante la tiroides, no se ve, pasa desapercibida enteramente durante nuestra vida, pero tiene un papel funcional muy importante, que extirparla genera un caos en nuestro sistema linfático y por ende en el resto del organismo.

En el plano de la fe, ésta mujer Siro-fenicia, alejada del contexto de la religión y del Dios de Israel, reconoce la importancia de un poco de la acción de la fe, misma que a su vez es reconocida por el mismo Jesús, dónde sabe que aún esas migajas harán y de hecho hicieron una gran obra, porque la grandeza de la gracias de Dios, aún con poco pero bien aprovechada tiene consecuencias muy positivas.

Hasta las migajas son importantes porque están contempladas en el mismo plan de Dios, no hay por que despreciarlas, ya que si tú no lo haces, habrá quien lo hará y con mejores resultados exponencialmente en relación con sentirnos que tenemos a plenitud el pan a la mano.

Ponlo a prueba, y verás que todo es importante, para que no lo dejes pasar por desapercibido porque te pierdes de mucho.

“Sensatez, un paso al Reino de Dios”

Sensatez, un paso al Reino de Dios”

Marcos: 12, 28-34

En aquel tiempo, uno de los escribas se acercó a Jesús y le preguntó: “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?” Jesús le respondió: “El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor; amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento mayor que éstos”.

El escriba replicó: “Muy bien, Maestro. Tienes razón, cuando dices que el Señor es único y que no hay otro fuera de él, y amarlo con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los holocaustos y sacrificios”.

Jesús, viendo que había hablado muy sensatamente, le dijo: “No estás lejos del Reino de Dios”. Y ya nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

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Cuantas veces pensamos que para estar y hacer presente el Reino de los cielos, a veces basta tan sólo vivir sacramentalmente, ser de golpe de pecho y comulgar a Diario, como si fuera una dependencia. Actitud nada sana, ya que cuando no se canaliza a la verdadera acción de los que nos hacemos llamar hijos de Dios, resulta en un acercamiento a Dios, bueno, pero mal entendido,

A veces nos radicalizamos y nos creemos tan buenos, que juzgamos a los demás porque no hacen lo que nosotros fieles cumplidores del precepto. Hasta este punto tan sólo lo que falta es la caridad.

Y es que de nada sirve asistir a los sacramentos si no los proyectamos en la vida ordinaria del diario proceder. Nos hace falta no tan sólo conocer el precepto del amor, sino vivirlo con sensatez, con cordura y eficacia, ya que al vincular la gracia con el diario vivir, es hacer presente el Reino de una manera palpable y eficaz, sin esperar que nos caiga estrepitosa y radicalmente del cielo.

Es por ello, que más que nada, vivir la sensatez, es dar ya un paso eficaz a vivir el Reino de Dios.

“Mentalidades malagradecidas”

“Mentalidades malagradecidas” 

Lucas: 17,11-19

En aquel tiempo, cuando Jesús iba de camino a Jerusalén, pasó entre Samaria y Galilea. Estaba cerca de un pueblo, cuando le salieron al encuentro diez leprosos, los cuales se detuvieron a lo lejos y a gritos le decían: “¡Jesús, maestro, ten compasión de nosotros!”

Al verlos, Jesús les dijo: “Vayan a presentarse a los sacerdotes”. Mientras iban de camino, quedaron limpios de la lepra.

Uno de ellos, al ver que estaba curado, regresó, alabando a Dios en voz alta, se postró a los pies de Jesús y le dio las gracias. Ése era un samaritano. Entonces dijo Jesús: “¿No eran diez los que quedaron limpios? ¿Dónde están los otros nueve? ¿No ha habido nadie, fuera de este extranjero, que volviera para dar gloria a Dios?” Después le dijo al samaritano: “Levántate y vete. Tu fe te ha salvado”.

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Resulta en toda una vida el poder conocer y profundizar los misterios de Dios, y eso para quien desea indagar en ello, porque la gran mayoría ni siquiera se preocupan por entenderse a sí mismos, y mucho menos el proceso de la vida.

Eso nos lleva a en cada una de las etapas de la vida entrar en crisis, por no aceptar una maduración cuando llega un cambio tanto físico como mental. Todo originado por el cambio de la cultura humanística, a la tecnológica e impersonal.

Lo poco que llegamos a conocer de Dios lo negamos, o en su defecto le atribuimos el deber de darnos todo y quejarnos lastimeramente cuando falta lo no necesario, aunque la vida siga y se viva con ello.

El caso es muy claro cuando Jesús sana a aquellos que ya lo tenían perdido todo por la enfermedad de la lepra, eran en su totalidad excluidos y rechazados. Cosa que no pasa desapercibida para el Señor, por ello los sana, les cambia la vida. Pero con toda una vida nueva de oportunidades olvidamos lo más necesario, dar gracias. 

Aquí es donde nacen esas mentalidades malagradecidas, no les alcanza la vida ni el tiempo para vivir lo que parecía perdido, deseamos abarcar el mundo y hasta atribuimos a la suerte el cambio y la salud.

Resulta en inconcebible, que los que se dicen religiosos y amantes de Dios, los que van al templo a dar gracias, son los que no fueran capaces de regresar con quien los sanó. Fue el extranjero, el samaritano, el impuro según el mundo judío quien sí es consciente de en obligación retornar a Jesús para luego seguir con su vida.

Es importante no sentirnos que con la salud no es necesario ser agradecidos, cuando en todo momento lo debemos de ser, más aún en la plenitud de tu vida.

“Todos cuentan”

“Todos cuentan”

Mateo: 19,13-15

En aquel tiempo, le presentaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y orase por ellos. Los discípulos regañaron a la gente; pero Jesús les dijo: “Dejen a los niños y no les impidan que se acerquen a mí, porque de los que son como ellos es el Reino de los cielos”. Después les impuso las manos y continuó su camino.

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Es ya casi una norma social que en ciertos lugares de viviendas se pongan limitaciones acerca de lo niños, en donde por igual suelen solicitar que no se tengan ni habiten ahí, porque provocan la pérdida de la paz del pseudo sacro recinto.

Lo mismo pasa en ciertos eventos sociales y celebraciones familiares, se especifica en la recepción “no niños”, porque no son bienvenidos, cuando sí es viable de vez en cuando se pueda disfrutar de un sano esparcimiento sin la responsabilidad de los mismos.

En otros lugares ciertamente es conveniente por la restricción de las edades, ya que lo que presenciarán no es apto para menores, aunque en realidad a veces tampoco es apto aún para los mayores. Aquí habría que cuestionar la calidad del evento y lo sano del mismo.

Sería un absurdo que en la Iglesia pase lo mismo, donde se pida que a los niños no los lleven al templo por juguetones o por chillones, eso sería inaceptable, porque precisamente será donde se sembrará el conocimiento y el amor a Dios, además de lo que ya hace la propia familia, el resto se afirma y complementa en la iglesia.

Es fundamental y básico dentro del desarrollo de los pequeños fundamentar la misma confianza en Dios, que es la etapa de vida en donde se asienta ese vínculo tanto con la familia como con Dios, pero si los hacemos de menos, cuando no son tomados en cuenta, crecen con la impresión de que no son importantes ni dignos de ello, ni tampoco será importante acudir al lugar del encuentro con el Señor.

Es por ello que para Jesús todos cuentan, nadie queda excluido y menos los niños, ya que serán los futuros cristianos que darán luz en medio de un mundo cada vez más en tinieblas, porque si los excluyes, ya se habrán perdido en medio de su propia sombra y oscuridad. No lo olvides, si para ti no cuentan, para Dios sí.

“Sin espectáculo”

“Sin espectáculo”

Mateo 12, 14-21

En aquel tiempo, los fariseos, al salir, planearon el modo de acabar con Jesús. Pero Jesús se enteró, se marchó de allí y muchos le siguieron. El los curó a todos, mandándoles que no lo descubrieran. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: «Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, mi predilecto. Sobre él he puesto mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. No porfiará, no gritará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará, hasta implantar el derecho; en su nombre esperarán las naciones».

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Dentro de la compleja psicología humana encontramos dos vertientes antagónicas entre si sobre la importancia que se la da a la persona o a cada uno en lo particular, y estas van desde llamar la atención con fanfarrias y alfombra roja, hasta los que no quiene. Ni que el aire se entere de que por ahí estamos presentes.

Claro, esto depende la autoestima que tengamos cada uno sobre nosotros mismos, pero los extremos siempre son repugnantes puesto que exageran cada situación rayando en lo ridículo, aunque lo más común es nativa mente querer ser tomado en cuenta, merecedores de la atención necesaria y digna del buen trato humano. 

Sin embargo, en su momento Jesús, consciente de su dignidad, busca la normal atención para acercarnos e integrarnos en el reino de los cielos, como el plan de su Padre lo tiene asignado, más el resto de su misión, como el mismo Profeta Isaías lo dice, será sumamente discreto, silente, sin mayor aspaviento que el que hagan escandalosamente los que lo tienen en sus manos durante su Pasión dolorosa.

A veces esperamos esa presencia de Dios aparatosa y a veces escandalosa que llama la atención, pero eso lo deseamos para ensalzar nuestras vidas, puro chantaje, la,obra de Dios no te hace publicidad ni de santidad, ni de milagriento, mucho menos de buena gente, eso ya es un egoísmo empapado de vanidad hasta las cachas, y más los y las que le añaden el toque mágico de sentirse víctimas y mártires.

Quienes más hablan y dan testimonio de la presencia de Dios y su obra, son precisamente los que el silencio habla por ellos, mas fuerte y agudamente que toda la campaña de la coca cola, porque el, amor con que hacen sus obras ordinarias habla mas que las palabras.

“Sin complicaciones”

“Sin complicaciones”

Mateo: 11, 25-27

En aquel tiempo, Jesús exclamó: “¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien.
El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”.

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Es ya una tradición milenaria el hecho mismo de cada pensamiento hacerlo casi inaccesible y enteramente complicado, no porque lo sea en sí mismo, sino porque le imprimimos nuestro sello particular, tan complejo como enredada hemos hecho nuestra propia vida.

Los conceptos divinos son tan simples y sencillos que no se necesita una mayor explicación, incluso Dios mismo es un Espíritu simple, único y eterno, los que no lo entendemos somos nosotros, ya que los enredos que tenemos inconclusos en nuestra propia mente los proyectamos en todo lo que conceptuamos y, para entenderlos, por más simples que sean, tenemos primero que salir de nuestra propia maraña retorcida de ideas  aprendidas y condicionadas de las que estamos presos.

Es como una operación simple de matemáticas, en donde preguntamos el resultado de  la multiplicación de cinco por ocho, donde el simple resultado resulta en cuarenta; pero nuestros propios enredos nos hacen dudar, negarlo, replantearlo y auto convencer a nuestra cabecita inestable de que 3 mas 5 entre dos por 10, elevado a la segunda potencia, luego eliminando tres cuartas partes y dividiéndolo entre 10 nos da el mismo resultado que 5 X 8, es decir cuarenta, pero esas complicaciones que las usamos para hacernos los interesantes se gritan a los cuatro vientos sembrando su propia confusión, para que los más débiles y sencillos se confundan y lo acepten en su incapacidad natural de no comprender una lógica ilógica de quien así lo presenta.

Que bueno que al Padre le ha parecido bien moverse entre lo sencillo, y qué pena que la misma gente se auto complique la existencia. Si tuvieran paz, serenidad y un amor aceptado en toda su plenitud no se andarían con tantos enredos y complicaciones.

“Una ley al alcance, para iniciar…”

“Una ley al alcance, para iniciar…”

Lucas: 10, 25-37

En aquel tiempo, se presentó ante Jesús un doctor de la ley para ponerlo a prueba y le preguntó: “Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?” Jesús le dijo: “¿Qué es lo que está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?” El doctor de la ley contestó: “Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu ser, ya tu prójimo como a ti mismo”. Jesús le dijo: “Has contestado bien; si haces eso, vivirás”.
El doctor de la ley, para justificarse, le preguntó a Jesús: “¿Y quién es mi prójimo?” Jesús le dijo: “Un hombre que bajaba por el camino de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos ladrones, los cuales lo robaron, lo hirieron y lo dejaron medio muerto. Sucedió que por el mismo camino bajaba un sacerdote, el cual lo vio y pasó de largo. De igual modo, un levita que pasó por ahí, lo vio y siguió adelante. Pero un samaritano que iba de viaje, al verlo, se compadeció de él, se le acercó, ungió sus heridas con aceite y vino y se las vendó; luego lo puso sobre su cabalgadura, lo llevó a un mesón y cuidó de él. Al día siguiente sacó dos denarios, se los dio al dueño del mesón y le dijo: ‘Cuida de él y lo que gastes de más, te lo pagaré a mi regreso’. ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del hombre que fue asaltado por los ladrones?” El doctor de la ley le respondió: “El que tuvo compasión de él”. Entonces Jesús le dijo: “Anda y haz tú lo mismo”.

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Una manera de justificar nuestros actos muy cómoda es cuando tengo una tabla de comparación que me dicta lo que hay que hacer y lo que no, como lo es la ley, ya que las situaciones están resueltas y tarifadas, ya no se tiene que pensar para ver si se hace el bien o el mal. 

Pero en lo particular a mi no convence que deba de seguir una ley de la que dependa nuestra existencia de manera mecánica, como para uniformar a la humanidad, al final la ley no deja de ser un instrumento para mentes débiles y flojas, aquellas que necesitan que les digan lo que tienen que hacer y de igual manera los enjuicien para ver si andan bien o mal, al final depende del otro mi manera de obrar.

Desgraciadamente la gran mayoría utiliza este recurso de la ley, lo valida, lo promueve, lo estandariza y lo impone a los demás como el esquema único y exclusivo. Pero la ley solamente es el A B C por donde debemos de caminar, más no es la última palabra, Dios nos ha capacitado maravillosamente con una conciencia que proviene de la misma conciencia de Dios, es participada, pero que la apocamos con la letra.

La verdadera ley no está escrita en papel, está grabada en tu propio ser, en lo más profundo de tu alma, pero no para sacarla a juzgar, sino para vivirla en la libertad del Espíritu con la dignidad de Hijos de Dios, donde su base es el amor, por lo que queda abolida de inmediato al saber en realidad qué es lo correcto en nuestro obrar y pensar, pero no lo hacemos, dependemos de la ley para que el otro me juzgue.

Dios no juzga como nosotros pensamos, fue necesario dar una regla para que la gente que aún no ha llegado a conocer esa ley interna que plenifica la propia vida, sino que navega en la inmanencia de lo material, sin mirar un poco al interior de sí mismos donde radica la plenitud de los Dones de Dios, pero que saturamos nuestros sentidos con el ruido del mundo para permanecer en un estado de trance con lo externo, sin llegar a darnos cuenta de lo que podemos.

“Todo sale…”

“Todo sale…”

Mateo: 10, 24-33

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “El discípulo no es más que el maestro, ni el criado más que su señor. Le basta al discípulo ser como su maestro y al criado ser como su señor. Si al señor de la casa lo han llamado Satanás, ¡qué no dirán de sus servidores!
No teman a los hombres. No hay nada oculto que no llegue a descubrirse; no hay nada secreto que no llegue a saberse. Lo que les digo de noche, repítanlo en pleno día y lo que les digo al oído, pregónenlo desde las azoteas. No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman, más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo. ¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una moneda? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre. En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto, no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo.
A quien me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre, que está en los cielos; pero al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre, que está en los cielos”.

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Es una realidad que cada uno de nosotros tiene una parte muy privada en la que nadie tiene derecho a conocerla ni a entrometerse con la misma, viene a ser algo secreto, sin embargo olvidamos que todo nuestro ser es expresividad y comunicación, y aunque no lo digas con la boca ni lo compartas aún con quien más confianza tengas, todo sale, todo se manifiesta en tu propio ser que comunica lo que tiene y lo que ha hecho.

Sin embargo nos encanta auto engañarnos, pensando que nadie sabrá lo que hacemos, sobre todo lo negativo, lo oculto, lo que se desea mantener en secreto, lo que da incluso vergüenza, que ya es un signo de que bueno no es, creyendo que los demás no ven lo que haz hecho mal, pero somos los únicos que lo creemos, porque no notamos que nuestra actitud, trato y palabras cambian, no se dice la falta cometida con las palabras, pero nuestro ser hasta por los codos lo expresa y no se queda callado.

Todo sale, nada se mantiene oculto, aunque en realidad sale como una manera de hacer que el Señor nos haga tomar conciencia y reparar el daño hecho con nuestra irresponsabilidad, porque “no hay nada oculto que no llegue a descubrirse”.

Por ello en vez de cuidar de que no salga a la luz tu mala vida, mejor cuídate de no caer en faltas contra tu propia dignidad y contra la de los demás, así como la de Dios. Porque todo sale, pero que en realidad si va a salir, que salga lo bueno que hay en ti y que sea lo que haz hecho de bien, eso no da miedo, pero el mal y lo mal hecho sí.

“Destinados a dar sentido”

“Destinados a dar sentido”

Mateo: 5, 13-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente. Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero para que alumbre a todos los de la casa.
Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos”.

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Casi siempre esperamos que nuestra propia vida y lo que hacemos tenga un sentido, como si Dios con una total predeterminación diera su mandato y te condenara a ser algo que no deseas, teniendo que vivir la vida porque ya la tienes sin haberla pedido.

Sin embargo, la propia vida consciente, habla en sí misma y se autoafirma, porque no deja de ser una gratuidad de Dios que revela su amor hacia cada ser viviente, precisamente sin pedirlo, expresando una donación de sí, al regalarte un don que es de Dios, pero que te da la gran oportunidad de independientemente manejarlo por ti.

A la par, ante aquellos que no cobran sentido a su propia vida, por el cúmulo de malas experiencias que han delimitado y marcado su ser, el Señor nos invita precisamente a tomar las propiedades de la sal, dar sabor, dar sentido y acentuarlo como testimonio de los dones recibidos, a manera de remarcar los míos, para que valores los tuyos, y con ello retroalimentar la misma fuente que es Dios, con una agradecido y ejemplar amor.

El mismo sentido se aplica con la luz, hay que brillar, no para soberbiamente presumir, sino para evidenciar las obras del Padre, de las que somos partícipes y por ellas glorificar a Dios.

Es por ello que estamos destinados a dar sentido, a ser sal, a ser luz, porque tenemos la capacidad otorgada para ello y más. Simplemente hay que hacerlo.