“¿De dónde viene el mal?”

“¿De dónde viene el mal?”

Mateo 8, 28-34

En aquel tiempo, llegó Jesús a la otra orilla, a la región de los gerasenos. Desde el cementerio dos endemoniados salieron a su encuentro; eran tan furiosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino. Y le dijeron a gritos: —¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo?

Una gran piara de cerdos a distancia estaba hozando. Los demonios le rogaron: —Si nos echas, mándanos a la piara.

Jesús les dijo: —Id.

Salieron y se metieron en los cerdos. Y la piara entera se abalanzó acantilado abajo y se ahogó en el agua. Los porquerizos huyeron al pueblo y lo contaron todo, incluyendo lo de los endemoniados. Entonces el pueblo entero salió a donde estaba Jesús y, al verlo, le rogaron que se marchara de su país.

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Solemos identificar al mal como un ente concreto que sabemos acercarse a aquellos que malamente lo solicitan, o a quienes desea truncar el plan de santidad en el camino hacia el Señor Nuestro Dios. A su vez ubicamos lugares dónde explícitamente se trafica o se vive mal. Pero no significa que tan sólo ahí esté el mal.

Tenemos que considerar que el mal es tan sagaz que incluso se presenta dentro del bien que conocemos, no es ajeno incluso a lo sagrado porque sabemos que conoce a Dios pero no lo ama y lo rechaza con todo su ser, por lo que puede estar presente incluso a tu lado en la misma iglesia, no porque sea su lugar, sino porque nosotros hasta allá se lo permitimos con nuestro antitestimonio, así como con nuestras envidias, odios y críticas, sobre todo cuando perdemos la paz y la esperanza haciendo las cosas por rutina y por imagen exterior.

Ahí es donde hace más daño porque está disfrazado, los lugares de mala muerte, esos los identificamos, pero las hipocresías y las falsas apariencias a veces no, y es que cuando se hacen presentes como el mismo evangelio lo proclama en los endemoniados, vienen de un medio ya corrupto, ya viciado, ya vienen empapados en este caso de aquel lugar de muerte, el cementerio.

A veces nosotros somos los que estamos en ese medio ya fermentando nuestra alma y corazón a la corruptibilidad, dejándonos envenenar incluso con pláticas afables de insidias contra los demás, pues por ahí viene el mal, de tu propio corazón cansado y agobiado, ya vulnerable y ganado por el maligno, por lo que no lo esperes que te llegue de repente de la nada para asustarte, pero sí ten miedo cuando ya lo hagas tuyo y no te des cuenta de ello, porque ahí ya llegó para quedarse. De ahí viene el mal, de tu corazón y el mío, si es que no lo cuidamos y lo dejamos contaminar.

“Hacer claudicar es lo de hoy”

“Hacer claudicar es lo de hoy”

Mateo: 4, 1-11

En aquel tiempo, Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio. Pasó cuarenta días y cuarenta noches sin comer y, al final, tuvo hambre. Entonces se le acercó el tentador y le dijo: “Si tú eres el Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes”. Jesús le respondió: “Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en la parte más alta del templo y le dijo: “Si eres el Hijo de Dios, échate para abajo, porque está escrito: Mandará a sus ángeles que te cuiden y ellos te tomarán en sus manos, para que no tropiece tu pie en piedra alguna”. Jesús le contestó: “También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios”.

Luego lo llevó el diablo a un monte muy alto y desde ahí le hizo ver la grandeza de todos los reinos del mundo y le dijo: “Te daré todo esto, si te postras y me adoras”. Pero Jesús le replicó: “Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él sólo servirás”. Entonces lo dejó el diablo y se acercaron los ángeles para servirle.

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Al tiempo de un antiguo caminar que se renueva año con año, es decir el tiempo de gracia cuaresmal, no es otra cosa sino la oportunidad que Dios nos ofrece de renovar aquellas gracias que hemos perdido por el pecado que parece haber enraizado en nuestras vidas y sigue engrosando su mal.

Cuando decidimos caminar, crecer, purificarnos y renovar la gracia para extirpar aquello que nos impide andar por la senda que lleva a la felicidad y a la vida eterna, no falta el maligno que desde el primero momento se hace presente para hacernos cambiar de rumbo y no dejar nuestros vicios de pecado.

Caso concreto lo tenemos en Jesús, quien para iniciar su vida pública y anunciar el Reino, se retira, al margen del mundo para prepararse en contacto con su Padre Dios sobre la misión encomendada.

El maligno es el primero que no desea retirarse de su domino del mal ya que se ve atacado por el bien y la gracia de Dios llevada por Jesús, por lo que pretende hacerlo claudicar, no con cosas complicadas, sino con elementos básicos inherentes al ser humano, es decir, con el hambre, el orgullo junto con la fama y el poder económico. 

Tentaciones que a la primera un espíritu débil sucumbiría, pero que fortalecido en Jesús por la oración, resiste y sale adelante en su intención y misión.

Por ello es necesario fortalecernos este tiempo de cuaresma, con el ayuno, la oración y la caridad, que hacen convencernos a nosotros mismos de que podemos con ello y más. para no claudicar al primer intento de retirarnos de su gracia.

“La Tentación no es pecado”

“La Tentación no es pecado”

Lucas: 4, 1-13

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó del Jordán y conducido por el mismo Espíritu, se internó en el desierto, donde permaneció durante cuarenta días y fue tentado por el demonio. No comió nada en aquellos días, y cuando se completaron, sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: “Si eres el Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan”. Jesús le contestó: “Está escrito: No sólo de pan vive el hombre”.
Después lo llevó el diablo a un monte elevado y en un instante le hizo ver todos los reinos de la tierra y le dijo: “A mí me ha sido entregado todo el poder y la gloria de estos reinos, y yo los doy a quien quiero. Todo esto será tuyo, si te arrodillas y me adoras”. Jesús le respondió: “Está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él sólo servirás”.
Entonces lo llevó a Jerusalén, lo puso en la parte más alta del templo y le dijo: “Si eres el Hijo de Dios, arrójate desde aquí, porque está escrito: Los ángeles del Señor tienen órdenes de cuidarte y de sostenerte en sus manos, para que tus pies no tropiecen con las piedras”. Pero Jesús le respondió: “También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios”. Concluidas las tentaciones, el diablo se retiró de él, hasta que llegara la hora.

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Una de las tareas del maligno consiste en hacernos peder la amistad con Dios y todas las gracias obtenidas por una simple razón: el hecho de que aún nosotros podemos pedirlas y conservarlas hasta que se nos conceda regresar a la casa del Padre, situación que el mismo chamuco rechazó y perdió, por lo que su envidia a los propios dones de Dios compartidos con cada uno de nosotros y aún más aquellos que deseamos conservarlos, pretende arrebatarlos, no porque los desee, sino porque no quiere que los aprovechemos ya que nos quiere perdidos como él.

Queriendo atacar la humanidad de Jesús ante las principales necesidades que acarrea como lo es el alimento, el poder y el poseer para asegurar nuestra supervivencia, así como la aceptación de los demás, le propone desviar la atención de su misión otorgándole aquello que puede ofrecer en este mundo material, disfrutar de ello para no llegar a los dones y bienes celestiales, ya que el mismo mal reconoce que su hora ha llegado, la instauración del Reino de lo Cielos aquí en la tierra extirpará todo signo de maldad sembrada por él y sus secuaces.

El mayor miedo no es al chamuco, sino que el chamuco expresa su propio miedo ofreciendo tentaciones para no ser extirpado de la faz de la tierra, tentaciones que precisamente proceden de sus estrategias muy inteligentes para engañar y pretender hacernos caer, ya que es lo mejor que sabe hacer.

Pero hay que tener muy en claro que una tentación no significa haber caído ya en pecado, porque la tentación es tan sólo una propuesta, una invitación a pecar, a desviar el bien que podemos hacer en un aprovechamiento egoísta, hasta pretender caer en hacer un mal personal o ajeno, pero se distingue del pecado por el hecho que que no existe obra realizada de manera pecaminosa, no hay hechos.

Por lo que Jesús nunca pecó, tuvo tentaciones, pero nunca se concretizaron, y el pecado es la concretización de una obra mala. De igual manera, miles de tentaciones tendremos en el día para caer, pero si no caes no cometes falta alguna, queda en la pura intención y, la intención no cuenta para nada. 

“Sin novedad”

“Sin novedad”

Juan 15, 26-27; 16, 1-4

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga el Defensor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo. Os he hablado de esto, para que no tambaleéis. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho».

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En medio de nuestros cotidianos cansancios, a los que parece ya habernos acostumbrado, suele acontecer que llegamos a un punto donde el cúmulo remarca tajantemente la diferencia, en donde parece que todo lo negativo se nos junta, cuando en realidad siempre ha estado ahí, pero no lo habíamos solucionado.

En éste punto es donde pareciera que el reclamo a Dios no es suficiente, como si el dolor fuera una novedad, algo extremadamente ajeno a nuestras vidas, enfatizando que estando cerca del Creador no puede ni debe pasarnos nada. Pero eso es una falsa ilusión, porque la realidad nos dice que tenemos una constante batalla contra el maligno y contra el pecado que trae consigo como consecuencia la insatisfacción y la infelicidad.

Pero eso no es novedad, la lucha la tendremos siempre, pero olvidamos que la verdadera actitud debe de ser la de aquel que se sabe hijo de Dios, la de aquel que tiene las herramientas necesarias para luchar contra ello, pero sobre todo que está siempre prendido de la mano de Dios.

Por ello remarca Jesús, que eso tiene que acontecer, no hagamos falsas ilusiones de la felicidad utópica, aquella perfecta sin problema alguno, tan perfecta que te mete en un trance ilusorio de entera distracción inclusive de tus obligaciones con tu propia familia. 

La constante lucha, conlleva una constante conciencia de la vida, de su valor, de qué vale la pena la felicidad, y creciendo se llega a ella en el día a día. No te extrañe que te hagan la vida imposible por querer ser feliz de la mano del Señor Jesús, además no es novedad porque ya nos lo había dicho.

“Hacer claudicar es lo de hoy”

“Hacer claudicar es lo de hoy”

Mateo: 4, 1-11

En aquel tiempo, Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio. Pasó cuarenta días y cuarenta noches sin comer y, al final, tuvo hambre. Entonces se le acercó el tentador y le dijo: “Si tú eres el Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes”. Jesús le respondió: “Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en la parte más alta del templo y le dijo: “Si eres el Hijo de Dios, échate para abajo, porque está escrito: Mandará a sus ángeles que te cuiden y ellos te tomarán en sus manos, para que no tropiece tu pie en piedra alguna”. Jesús le contestó: “También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios”.

Luego lo llevó el diablo a un monte muy alto y desde ahí le hizo ver la grandeza de todos los reinos del mundo y le dijo: “Te daré todo esto, si te postras y me adoras”. Pero Jesús le replicó: “Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él sólo servirás”. Entonces lo dejó el diablo y se acercaron los ángeles para servirle.

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Al tiempo de un antiguo caminar que se renueva año con año, es decir el tiempo de gracia cuaresmal, no es otra cosa sino la oportunidad que Dios nos ofrece de renovar aquellas gracias que hemos perdido por el pecado que parece haber enraizado en nuestras vidas y sigue engrosando su mal.

Cuando decidimos caminar, crecer, purificarnos y renovar la gracia para extirpar aquello que nos impide andar por la senda que lleva a la felicidad y a la vida eterna, no falta el maligno que desde el primero momento se hace presente para hacernos cambiar de rumbo y no dejar nuestros vicios de pecado.

Caso concreto lo tenemos en Jesús, quien para iniciar su vida pública y anunciar el Reino, se retira, al margen del mundo para prepararse en contacto con su Padre Dios sobre la misión encomendada.

El maligno es el primero que no desea retirarse de su domino del mal ya que se ve atacado por el bien y la gracia de Dios llevada por Jesús, por lo que pretende hacerlo claudicar, no con cosas complicadas, sino con elementos básicos inherentes al ser humano, es decir, con el hambre, el orgullo junto con la fama y el poder económico.

Tentaciones que a la primera un espíritu débil sucumbiría, pero que fortalecido en Jesús por la oración, resiste y sale adelante en su intención y misión.

Por ello es necesario fortalecernos este tiempo de cuaresma, con el ayuno, la oración y la caridad, que hacen convencernos a nosotros mismos de que podemos con ello y más. para no claudicar al primer intento de retirarnos de su gracia.

“Comprar salvación…”

“Comprar salvación…”

Lucas 16, 9-15

En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: Ganaos amigos con el dinero injusto, para que cuando os falte, os reciban en las moradas eternas. El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo, tampoco en lo importante es honrado. Si no fuisteis de fiar en el vil dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro quién os lo dará? Ningún siervo puede servir a dos amos: porque o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Oyeron esto unos fariseos, amigos del dinero, y se burlaban de él. Jesús les dijo: Vosotros presumís de observantes delante de la gente, pero Dios os conoce por dentro. La arrogancia con los hombres, Dios la detesta.

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Dentro de los esquemas de la supervivencia animal existe lo que llamamos la ley del más fuerte, que es quien sobrevive, pero encontramos un cierto paralelismo en la sociedad y en las relaciones humanas, donde si no te heces fuerte y te defiendes, por ende no creces ni sobresales y hay casos inclusive que llegan a dejarse morir.

Una de las seguridades de las que solemos prendernos es el valor monetario o dinero, se convierte en el pilar de nuestras vidas, y aunque ciertamente es indispensable en medio de nuestro esquema comercial, sin embargo éste abarca tan sólo un aspecto de la vida.

Olvidamos que existen realidades, situaciones y cosas que para nada dependen de lo económico, como lo es la paz, la alegría, la amistad, el amor entre otras tantas; esas no se pueden comprar, ni tampoco la salvación.

Por ello Jesús remarca irónicamente que si tienen su fe y su confianza en el dinero, que con ello se compren su salvación, situación imposible, ya que precisamente lo que realmente vale no tiene un precio, y no por ello es descartable, al contrario, es lo que más cuesta encontrar y obtener, sobre todo en la codependencia monetaria, y a su vez tan cercano al alcance de la mano.

Pues ya decidiremos si intentamos comprar una y otra vez la salvación mientras tengamos dinero que no nos llevaremos, o la obtendremos gratuitamente acercándonos y viviéndola en cercanía con el Señor desde esta vida.

“La Tentación no es pecado”

“La Tentación no es pecado”

Lucas: 4, 1-13

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó del Jordán y conducido por el mismo Espíritu, se internó en el desierto, donde permaneció durante cuarenta días y fue tentado por el demonio. No comió nada en aquellos días, y cuando se completaron, sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: “Si eres el Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan”. Jesús le contestó: “Está escrito: No sólo de pan vive el hombre”.
Después lo llevó el diablo a un monte elevado y en un instante le hizo ver todos los reinos de la tierra y le dijo: “A mí me ha sido entregado todo el poder y la gloria de estos reinos, y yo los doy a quien quiero. Todo esto será tuyo, si te arrodillas y me adoras”. Jesús le respondió: “Está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él sólo servirás”.
Entonces lo llevó a Jerusalén, lo puso en la parte más alta del templo y le dijo: “Si eres el Hijo de Dios, arrójate desde aquí, porque está escrito: Los ángeles del Señor tienen órdenes de cuidarte y de sostenerte en sus manos, para que tus pies no tropiecen con las piedras”. Pero Jesús le respondió: “También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios”. Concluidas las tentaciones, el diablo se retiró de él, hasta que llegara la hora.

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Una de las tareas del maligno consiste en hacernos peder la amistad con Dios y todas las gracias obtenidas por una simple razón: el hecho de que aún nosotros podemos pedirlas y conservarlas hasta que se nos conceda regresar a la casa del Padre, situación que el mismo chamuco rechazó y perdió, por lo que su envidia a los propios dones de Dios compartidos con cada uno de nosotros y aún más aquellos que deseamos conservarlos, pretende arrebatarlos, no porque los desee, sino porque no quiere que los aprovechemos ya que nos quiere perdidos como él.

Queriendo atacar la humanidad de Jesús ante las principales necesidades que acarrea como lo es el alimento, el poder y el poseer para asegurar nuestra supervivencia, así como la aceptación de los demás, le propone desviar la atención de su misión otorgándole aquello que puede ofrecer en este mundo material, disfrutar de ello para no llegar a los dones y bienes celestiales, ya que el mismo mal reconoce que su hora ha llegado, la instauración del Reino de lo Cielos aquí en la tierra extirpará todo signo de maldad sembrada por él y sus secuaces.

El mayor miedo no es al chamuco, sino que el chamuco expresa su propio miedo ofreciendo tentaciones para no ser extirpado de la faz de la tierra, tentaciones que precisamente proceden de sus estrategias muy inteligentes para engañar y pretender hacernos caer, ya que es lo mejor que sabe hacer.

Pero hay que tener muy en claro que una tentación no significa haber caído ya en pecado, porque la tentación es tan sólo una propuesta, una invitación a pecar, a desviar el bien que podemos hacer en un aprovechamiento egoísta, hasta pretender caer en hacer un mal personal o ajeno, pero se distingue del pecado por el hecho que que no existe obra realizada de manera pecaminosa, no hay hechos.

Por lo que Jesús nunca pecó, tuvo tentaciones, pero nunca se concretizaron, y el pecado es la concretización de una obra mala. De igual manera, miles de tentaciones tendremos en el día para caer, pero si no caes no cometes falta alguna, queda en la pura intención y, la intención no cuenta para nada.

“El hoy es para hoy”

“El hoy es para hoy”

Marcos: 2, 18-22

En una ocasión en que los discípulos de Juan el Bautista y los fariseos ayunaban, algunos de ellos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Por qué los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, y los tuyos no?”
Jesús les contestó: “¿Cómo van a ayunar los invitados a una boda, mientras el esposo está con ellos? Mientras está con ellos el esposo, no pueden ayunar. Pero llegará el día en que el esposo les será quitado y entonces sí ayunarán.
Nadie le pone un parche de tela nueva a un vestido viejo, porque el remiendo encoge y rompe la tela vieja y se hace peor la rotura. Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino rompe los odres, se perdería el vino y se echarían a perder los odres. A vino nuevo, odres nuevos”.

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A veces como que no entendemos que en la vida se van presentando oportunidades y circunstancias que como siempre se deben de valorar y aprovechar, pero a veces nuestros esquemas mentales, de valores, legales y personales, nos dictan la rutina a seguir, de tal manera que en el camino encontramos, por decir, naranjas, pero el temporal nos dice que no es tiempo y no está en mi esquema alimenticio en el momento, las dejo al margen y no importa que se pierdan, la cuestión es que cuando las busque porque ya me lo permito o permiten, no estarán disponibles como cuando se nos dieron en su punto.

Así perdemos oportunidades por no aceptarlas cuando Dios las brinda. El ejemplo es claro en el evangelio, cuando a Jesús le exigen cumplir la ley del ayuno, pero Él tiene un plan en ese momento mayor, no abdica de la ley, simple y sabiamente, la sabe administrar, sabe que no la está aboliendo, pero esa oportunidad la está aprovechando al máximo.

Es por ello, que el hoy es para vivirlo hoy, lo que se te presenta nunca deja de ser una bendición, no es que rompamos esquemas, sino que el orden nos lleva al mismo orden, pero ese orden a veces supera nuestras expectativas ye es ahí donde hay que saber aprovecharlo. La rigidez mental nunca es sana, raya en el extremo y suele ser dura.∫

Nada es más importante que vivir el hoy, el ahora, el presente, porque el ayer ya fue, y el mañana no sabemos como llegará. El hoy es la mayor bendición que Dios te puede regalar.

“Inconformidades crónicas”

“Inconformidades crónicas”

Lucas 7, 31-35

En aquel tiempo, dijo el Señor: «¿A quién se parecen los hombres de esta generación? ¿A quién los compararemos? Se parecen a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros: “Tocamos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis”. Vino Juan el Bautista, que ni comía ni bebía, y dijisteis que tenía un demonio; viene el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: “Mirad qué comilón y qué borracho, amigo de recaudadores y pecadores”. Sin embargo, los discípulos de la Sabiduría le han dado la razón».
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Muchas veces he escuchado, sobre todo a gentes mayores decir que todo tiempo pasado fuer mejor, no creo que sea una simple queja, ya que a su vez está revelando un estancamiento en alguna etapa de su vida, de suyo solemos maximizar los momentos vividos durante la adolescencia – juventud, porque en realidad teníamos un mundo de soporte dependiente de los padres y los amigos, con casi cero responsabilidades, por ellos nos era bello.

Sin embargo los tiempos siempre van dando algo nuevo y mejor, es un hecho que cambian las costumbres y en realidad eso es lo que duele, desearíamos que todo fuera como se dio en la etapa del desarrollo personal. Llegamos a una pasividad estática porque hasta en los gustos de música, seguimos escuchando las mismas canciones de antaño siendo herméticos a la novedad que trae cosas muy buenas.

Aquí es cuando si no vamos madurando según la etapa de vida que nos vaya tocando, estaremos pretendiendo que todo confluya a nuestra zona de confort, y cuando no lo logramos vienen las inconformidades, que pueden llegar a manifestarse desde el disgusto por el nuevo lenguaje hasta el reclamo de la propia vida y a todo lo que se nos cruce en el camino.

Es por ello que resulta importante definir, analizar, aceptar y vivir las circunstancias actuales, porque si no, caeremos en la indiferencia mal educada que quejumbrosa de quien todo lo ve mal, ya como parte de nuestro ser. El Señor da la sabiduría para asimilar dichos sucesos y etapas, pero si nos conformamos con tan sólo la experiencia humana, quedaremos frustrados y limitados al no permitirnos crecer más. Hay que acercarnos a Jesús, los sacramentos, la Sagrada Escritura, la oración, para no ser parte del montón que ni pichan, ni cachan, ni dejan batear, sino todo lo contrario, porque con su sabiduría y gracia nada es imposible y todo se ve de buenas.

“Traiciones”

“Traiciones”
Juan 13, 21-33. 36-38
En aquel tiempo, Jesús, profundamente conmovido, dijo: –«Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar».
Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía.
Uno de ellos, el que Jesús tanto amaba, estaba reclinado a la mesa junto a su pecho. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: –«Señor, ¿quién es?»
Le contestó Jesús: –«Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado».
Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote.
Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo: –«Lo que tienes que hacer hazlo enseguida».
Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres.
Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche. Cuando salió, dijo Jesús: –“Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros: «Donde yo voy, vosotros no podéis ir»”.
Simón Pedro le dijo: –«Señor, ¿a dónde vas?» Jesús le respondió: «Adonde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde».
Pedro replicó: –«Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti».
Jesús le contestó: –«¿Con que darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces».
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Mientras en nuestro caminar sea todo salud y dulzura, parece que nada adolece, es más, nos acostumbramos rápidamente a esa condición, tanto así que cegamos nuestra confianza a veces en quien no debemos. El problema no es que no veamos, sino que esa confianza es abusada, por lo general las traiciones son llamadas así, porque vienen precisamente de aquellos en quienes depositamos un voto y han respondido ordinariamente bien, son aquellos que cambian de repente su voluntad para dañar  nuestra persona por múltiples e irracionales motivos, soliendo ser los más cercanos, la misma familia, los mejores amigos y a quienes más amamos, eso es traición.
Lo que más duele, no son los medios que se utilicen en el acto mismo que se empleen para atacarnos directamente, sino el amor roto que sale herido y al cual principalmente se le ha ofendido. Parece algo inconcebible pero se da en medio de las mayores confianzas, como lo fue la de Jesús con sus discípulos.
Jesús tenía todo un mundo en contra, ganado por el pecado y el demonio detrás del mismo, pero el mal vino de dentro, de uno de los suyos, que en realidad no es novedad ya que es el modus ordinario y operante del demonio, puesto que el mismo Luzbel, teniendo toda la confianza y el amor de Dios decide rechazarlo, renunciando a la gracia y a la vida.
No permitamos que nos invadan esos sentimientos demoniacos de traicionar, porque no son tuyos, pero su acción si te puede afectar de manera permanente, hagamos oración constante para no sucumbir en traición ni con Dios, ni con nadie porque precisamente nadie se lo merece.