“¿Quién lo hace difícil?”

“¿Quién lo hace difícil?”

Marcos 10, 17-27

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: –Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?

Jesús le contestó: –¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios.

Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.

El replicó: –Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.

Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: –Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo–, y luego sígueme.

A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico.

Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: –¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!

Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: –Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el Reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios.

Ellos se espantaron y comentaban: –Entonces, ¿quién puede salvarse?

Jesús se les quedó mirando y les dijo: –Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.

————————————————-

Existen relaciones y situaciones tan simples que a primera vista son fáciles de llevar, más sin embargo en ocasiones tendemos a complicarlas un poco, es un hecho que cada vez más deseamos que todo sea más fácil y accesible sin el mayor mínimo esfuerzo, pero si algo lo implica, entonces lo consideramos ya una carga y algo difícil de llevar.

En éste evangelio se nos presenta un caso de un joven que en base a sus bienes materiales, la vida en su entorno le resulta resuelta y fácil de llevar, todo desde su perspectiva es fácil, claro en bandeja de plata nada duele. 

Pero resulta que precisamente Jesús viendo que el joven se siente omnipotente lo invita a una simple acción, seguirlo en un nuevo esquema de sencillez sin apego a la seguridad económica, que en sí mismo no implica ningún problema, pero entonces nosotros lo convertimos en un problema y aquel ideal de ser bueno desde la bondad prefabricada no funciona para ellos.

Es aquí donde nosotros somos los que hacemos que lo simple se vea difícil, Dios no exige nada que no haya dado ya, pero nosotros somos los que creamos esas dependencias a cosas, personas y situaciones, que aunque sean un infierno, permanecemos en ellas.

Por ello ante el amor de Dios de darnos y proveer todo lo que tienes, no le hagas al feo diciendo que además de lo que aprovechas, ante una simple obra de caridad digas que es muy difícil de hacer.

“Sin novedad”

“Sin novedad”

Juan 15, 26-27; 16, 1-4

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga el Defensor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo. Os he hablado de esto, para que no tambaleéis. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho».

————————————-

En medio de nuestros cotidianos cansancios, a los que parece ya habernos acostumbrado, suele acontecer que llegamos a un punto donde el cúmulo remarca tajantemente la diferencia, en donde parece que todo lo negativo se nos junta, cuando en realidad siempre ha estado ahí, pero no lo habíamos solucionado.

En éste punto es donde pareciera que el reclamo a Dios no es suficiente, como si el dolor fuera una novedad, algo extremadamente ajeno a nuestras vidas, enfatizando que estando cerca del Creador no puede ni debe pasarnos nada. Pero eso es una falsa ilusión, porque la realidad nos dice que tenemos una constante batalla contra el maligno y contra el pecado que trae consigo como consecuencia la insatisfacción y la infelicidad.

Pero eso no es novedad, la lucha la tendremos siempre, pero olvidamos que la verdadera actitud debe de ser la de aquel que se sabe hijo de Dios, la de aquel que tiene las herramientas necesarias para luchar contra ello, pero sobre todo que está siempre prendido de la mano de Dios.

Por ello remarca Jesús, que eso tiene que acontecer, no hagamos falsas ilusiones de la felicidad utópica, aquella perfecta sin problema alguno, tan perfecta que te mete en un trance ilusorio de entera distracción inclusive de tus obligaciones con tu propia familia. 

La constante lucha, conlleva una constante conciencia de la vida, de su valor, de qué vale la pena la felicidad, y creciendo se llega a ella en el día a día. No te extrañe que te hagan la vida imposible por querer ser feliz de la mano del Señor Jesús, además no es novedad porque ya nos lo había dicho.

“¿Qué hay que hacer?”

“¿Qué hay que hacer?”

Juan 6, 22-29

Después que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el lago.

Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del lago notó que allí no había habido más que una lancha y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos.

Entretanto, unas lanchas de Tiberíades llegaron cerca del sitio, donde habían comido el pan sobre el que el Señor pronunció la acción de gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: –«Maestro, ¿cuándo has venido aquí?»

Jesús les contestó: –«Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios».

Ellos le preguntaron: –«Y, ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?»

Respondió Jesús: –«La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado».

———————————————————-

El permitirnos dejar guiarnos por algo o alguien, se refiere a una confianza depositada totalmente ante aquello que decidimos seguir. Nuestra voluntad desaparece para asirnos a la del guía, y muchas de las veces habrá que analizar realmente en quién está depositada.

Es un hecho que en los momentos más cansados de alguna situación adversa, se busca un descanso y una palabra de aliento, pero curiosamente parece que dejamos de pensar de manera autónoma para exigir soluciones prefabricadas y hasta casi mágicas como si fuera una fórmula y así no procede la sabiduría de Dios.

Es muy claro el conjunto de signos y parábolas de Jesús, donde claramente marcan un libre camino de obras y actitudes que hablan del seguimiento del Señor, pero como que se nos dificulta asimilarlos y, aunque sean evidentes, preguntamos a manera de justificación ¿qué obras tenemos que hacer…? Necesitamos que nos digan exactamente con peras y manzanas para entender, y qué pena que sea así, porque implica una voluntad perezosa que en vez de ser responsable de sus actos, pretende seguir lo que le digan otros, estratégicamente para al no cumplirlos, echar culpas. 

Se acaban las iniciativas y vienen los tiempos de la espera del mandato para poder hacer algo, cuando el camino es claro.  Pues para empezar, hay que creer en Jesús y pedir sus dones para ser libres y no depender ni del qué dirán, ni del qué tengo que hacer, sino hacerlo y ya. Porque capacidad tenemos para ello y más, falta que la utilicemos com tal.

“Les será quitado…”

“Les será quitado…”

Mateo 21, 33-43.45-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: –«Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje.

Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon.

Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: «Tendrán respeto a mi hijo».

Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: «Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia».

Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron.

Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»

Le contestaron: –«Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos».

Y Jesús les dice: –«¿No habéis leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.

Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente?»

Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».

Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos.

Y, aunque buscaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.

———————————————

Las promesas de Dios siempre llegan a buen fin, y las que parecieran juicios temerarios sobre ciertas circunstancias de vida  no aptas para el discernimiento y desarrollo espiritual no son amenazas, ya que encontramos muchas afirmaciones que remarcan la negativa de perder la gracia de Dios.

La cuestión radica no en que Dios mismo sea malo y castigador, eso ni en lo más mínimo se puede concebir, sino que por el contrario, cuando no conocemos, ni nos acercamos a Dios, tenemos una conciencia errónea sobre su ser y sobre sus designios, porque creemos que Dios es muy pero muy bueno, y lo es, pero nos atenemos creyendo que al ser nosotros el principal objeto de su amor, en automático y por su infinita bondad nos salvará indudablemente pasando por alto su justicia.

Eso en ese esquema no es posible, ya que nos pide un mínimo como corresponsables de la misma creación y de nuestras propias vidas y, ahí no depende de la bondad de Dios, sino de la nuestra para con nosotros mismos, si es que deseamos y queremos ser salvos.

Por ello no nos asuste el hecho de que si desatendemos nuestra propia vida íntegramente, es decir, sin hacer a un lado el aspecto espiritual, será un hecho que daremos por perdido eso que nunca en realidad deseamos, por lo que sin lugar a dudas nos será quitado, pero si por el contrario lo cuidas y cultivas constantemente se te dará aún más con creces.

“Los tiempos no alcanzan…”

“Los tiempos no alcanzan…”

Marcos 6, 30-34

En aquel tiempo, los Apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. El les dijo: —Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco.

Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma

————————————————

Todo el actuar en nuestra vida lo tenemos distribuido en el tiempo, de tal manera que lo organizamos prioritariamente por necesidades, para luego hacerlo por gustos y tendencias personales, por lo que una vez esquematizada nuestra vida cerramos los tiempos a otras actividades con los típicos “no tengo tiempo”.

En realidad los tiempos si así lo deseamos lo podemos reservar, pero para ello implica una muy amplia y gran disponibilidad. Lo curioso del asunto, es que en las necesidades más ónticamente fundamentales, las desatendemos como lo es nuestra propia salud tanto física como espiritual, con la tendencia a atenderla tan sólo en caso extremo de enfermedad.

Modelo perfecto de trabajo en esa área la tenemos con Jesús y sus discípulos, los cuales dejando su trabajo tradicional y ordinario, entran en el ramo de la salud espiritual, con la novedad de que la necesidad siempre será tan basta que como el mismo evangelio lo remarca “No les daba ni tiempo para comer”.

Ellos podrían aprovechar las circunstancias y desatenderse en un matarse trabajando altruístamente, pero el mismo Jesús los retira en su momento porque es necesario recuperarse y alimentarse tanto física como espiritualmente para estar nuevamente dispuestos, descansados y fortalecidos para seguir trabajando ahí donde se necesita.

Por ello, es importante que el tiempo te alcance para restablecerte, descansar y sobre todo también para orar, de otra manera siempre obrarás sistemáticamente cansado con consecuencias de tu mismo cansancio, y lo peor del caso, pensando que así debería de seguir siendo, que la imposición negativa de la rutina sea lo ordinario cuando no.

Date tus tiempos y encuéntrate en oración con el Señor, que te brindará lo que necesitas y el mejor discernimiento cuando sea necesario que lo hagas, porque eres responsable de tu tiempo, pero también de tus actos y consecuencias. Date tiempo.

“Se le quitará hasta lo que tiene”

“Se le quitará hasta lo que tiene”

Marcos 4, 21-25

En aquel tiempo, dijo Jesús a la muchedumbre: —¿Se trae el candil para meterlo debajo del celemín o debajo de la cama, o para ponerlo en el candelero? Si se esconde algo es para que se descubra; si algo se hace a ocultas, es para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír que oiga.

Les dijo también: —Atención a lo que estáis oyendo: La medida que uséis la usarán con vosotros, y con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.

—————————————-

Todo en la creación tiene un fin, y fue creado para un fin concreto, es aquello que le da su razón de ser, a tal grado que cuando se emplea para tal, a lo que fue llamado cumple su vocación plenamente.

En ésta enseñanza evangélica de Jesús, no está hablando de posesiones o bienes materiales, que en nuestro esquema de pensamiento sería lo primero que entenderíamos, lo juzgaríamos de injusto y monopolizador y selectivo al preferir a los que tienen más.

En realidad está hablando de vocaciones, de el fin para el que fue creado cada ser tanto animado como inanimado. Si tomamos como ejemplo la misma sal, si no cumple su fin, si no da sabor, entonces no sirve y esa cualidad se la participara a otro elemento que si lo cumpla y de dicha propiedad. Lo mismo con un perro, si no ladra, si no cuida, si no se comporta como tal, estará negando su propio ser, entonces se busca otro que sí lo cumpla como tal.

Al igual se aplica con nosotros, hemos sido creados en responsabilidad con el resto de la creación, para preservar, cuidar, amar, crecer, desarrollar, y ser partícipes además como depositarios de los dones divinos que complementan nuestra vida, pero si no damos la medida que sí podemos dar, entonces ahí aquello a lo que fuiste llamado, se lo participará a quien sí responda para completar el plan de la redención divino junto con nosotros.

A aquellos que no desean hacerse capaces en confianza de realizar la encomienda en el plan de Dios, entonces simplemente los descartará en medio de Su dolor, porque ellos no aceptaron ser dignos del llamado en el que pudieron santificarse dando lo que ya habían recibido.

A ellos sí se les quitará hasta lo que tienen, porque la gracia de Dios no puede ser desechada, sino aprovechada en los que realmente desean hacerla también suya y dar frutos de santidad.

“Exigente y reclama lo que no ha sembrado…”

“Exigente y reclama lo que no ha sembrado…”


Lucas 19, 11-28

En aquel tiempo, dijo Jesús una parábola; el motivo era que estaba cerca de Jerusalén y se pensaban que el reino de Dios iba a despuntar de un momento a otro. Dijo, pues: «Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después. Llamó a diez empleados suyos y les repartió diez onzas de oro, diciéndoles: “Negociad mientras vuelvo”.
Sus conciudadanos, que lo aborrecían, enviaron tras de él una embajada para informar: “No queremos que él sea nuestro rey”. Cuando volvió con el título real, mandó llamar a los empleados a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno. El primero se presentó y dijo: “Señor, tu onza ha producido diez”. El le contestó: “Muy bien, eres un empleado cumplidor; como has sido fiel en una minucia, tendrás autoridad sobre diez ciudades”. El segundo llegó y dijo: “Tu onza, señor, ha producido cinco”. A ése le dijo también: “Pues toma tú el mando de cinco ciudades”. El otro llegó y dijo: “Señor, aquí está tu onza; la he tenido guardada en el pañuelo; te tenía miedo porque eres hombre exigente, que reclamas lo que no prestas y siegas lo que no siembras”.
El le contestó: “Por tu boca te condeno, empleado holgazán. ¿Con que sabías que soy exigente, que reclamo lo que no presto y siego lo que no siembro? Pues, ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses”. Entonces dijo a los presentes: “Quitadle a éste la onza y dádsela al que tiene diez”. Le replicaron: “Señor, si ya tiene diez onzas”. “Os digo: Al que tiene se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a esos enemigos míos, que no me querían por rey, traedlos acá y degolladlos en mi presencia”».
Dicho esto, echó a andar delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.
——————————-
Si vemos en el ejemplo de la parábola del hombre elegido rey, encontramos aquellos amigos cercanos a los que les tiene total confianza y a los mismos que les encomienda sus propios bienes, planeando a futuro el servicio público que presentará, es decir, va poniendo a trabajar lo suyo en ventaja y en confidencia.
Encontramos una media aritmética positiva, ya que de diez depositarios, nueve de ellos sin respingo alguno y sin dificultad se ponen a trabajar, como una oportunidad de demostrar lo que son capaces haciendo fructificar su labor, son corresponsables en el bien común así como en el crecimiento personal. Dan mucho de sí, así como aportan a los demás.
Pero nunca falta esa pequeña porción, que no entra mayoritariamente en la media porque es tan sólo uno, que junto con los otros escandalosos, que no aportan pero se meten en todo alborotando a los demás, de los cuales se mencionan que fueron por delante a poner en mal al nuevo rey y a rechazarlo, son los típicos lacras de la sociedad que viven de parásitos, no aportan nada pero se la viven quejándose de todo, son los que hacen más escándalo público para aparentar gran número y poder, cuando en realidad la mayoría de las personas buenas hacen su labor sin molestarse en lo más mínimo.
Entre esos flojos y escandalosos está ese tipo al que le dieron tan sólo una onza, como lo remarca la parábola, que no hizo nada, y eso que era de los de confianza, pues ese es el que se pone a remarcar como si le debieran, que su amo sólo recoge cuando no siembra, pero es incapaz de agradecer la cercanía, la confianza, el respeto que se le tiene, la dignidad con que se le trata; lo típico en esas personas es defenderse atacando.
Pero de nada le vale, porque las obras al final hablan por sí mismas y son las que sostienen a la persona. No ven que el título de rey es un servicio y una responsabilidad, ellos sólo se sienten en desventaja y lo remarcan. Resulta que el exigente y demandante es el rey, cuando los demandantes y exigentes son ellos, los flojos, no es de extrañar que siempre inviertan la situación a su favor. Por ello sabiamente lo dice “por tu propia boca te condeno…”

Si el rey exige y recoge lo cosechado, es porque te ha tomado en cuenta en su reino para complementar la creación y eso es una dicha y un honor.

“Dar frutos”

Mateo 25, 14-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: “Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.

Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: «Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco». Su señor le dijo: «Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor». Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: «Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos». Su señor le dijo: «Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor».

Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: «Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo». El señor le respondió: «Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadle fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes».

——————————–

Las escalas, balanzas, reglas y medidas son un factor común que nos ayuda a tener un concepto más claro y referencial de los volúmenes en relación para con los demás, es una referencia confiable que nos habla de la cantidad, peso y distancia de las cosas para ubicarlas en la realidad, si cada persona tuviera su propia escala de medidas, al trato con los demás, la convergencia sería distante e irracional.

Eso ciertamente aplica en el mundo material, pero cuando hablamos del mundo espiritual y de la fe, las medidas tienen otra escala, no son por volumen, sino conceptuales y relativas, como lo es en el caso de los talentos.

En base a la escala material, podríamos considerar como una extrema y apocalíptica injusticia el hecho de que Dios sea disparejo al brindar un diferencial explícito en la repartición de talentos, donde a unos les da cinco, mientras que a otros tan sólo uno.

La realidad va más allá que las cantidades expresadas, lo que estamos viendo más que una injusticia, es una justicia total cargada de misericordia, donde en todo momento sus regalos sea uno o sean cinco, denota a un Dios providente y siempre generoso. 

Donde su justicia va cargada de sabiduría al saber brindar las cantidades propias y necesarias para cada persona en sus capacidades y circunstancias de ese momento, donde no le dará mucho más a alguien que no pueda con esa carga de responsabilidad y esfuerzo, o de igual manera, no le dará menos a quien pudiera ser poco lo que le brinda quedando ocioso, tanto en un caso como en otro, sin las correctas y justas proporciones habrá un desbalance que puede derivar en una incomodidad y queja por lo excesivo o lo faltante.

Por ello Dios da lo realmente administrable en su momento, porque sabe que eso te basta para crecer a tu paso y salir exitoso, por ello las cantidades no importan, el de cinco sin dificultad dio otros cinco, igual el de dos, pero si te auto saboteas y te comparas en una escala materialista, tu mismo vendrás a menos; aún un sólo talento es muestra de confianza para luego de bien trabajarlo regalarte más, pero si no seres capaz de manejar uno, ¿Cómo piensas manejar cinco?.

La invitación es a aprovechar hoy lo depositado generosamente en tu vida en confianza, Dios te da y no te pide más de lo que en ese momento no puedes, pero lo que tienes hazlo crecer a lo máximo, que luego vendrá más.

“La ley del mínimo esfuerzo”

“La ley del mínimo esfuerzo”


Lucas 13, 22-30


En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: —Señor, ¿serán pocos los que se salven?Jesús les dijo: —Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta diciendo: «Señor, ábrenos» y él os replicará: «No sé quiénes sois». Entonces comenzaréis a decir: «Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas». Pero él os replicará: «No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados». Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos.
——————————————-
Existen múltiples variantes en la disposición para trabajar nuestros dones, aún en pro de nuestro propio beneficio, no se diga en pro de los demás. En algunos no importa la cantidad de trabajo que sea necesaria para la realización de una encomienda, la satisfacción será haberla realizado cabalmente, además de los beneficios que conlleva como el salario justo y remunerado. Los otros solo quieren la remuneración sin el trabajo.
Pero hay casos en los que para todo aplicamos la ley del mínimo esfuerzo, ¿cuál es esta ley y qué significa? bueno pues si gustas te puedo dejar una lista de enlaces para que lo investigues y no te quedes con la duda?
Enlace Http://…….
MMMMMMmmmmmmm creo que mejor te lo explico, porque como exactamente ya estás aplicando la ley del mínimo esfuerzo, te va a dar flojera dar otro Click, leer y buscar aún más, para no violentar tu fatiga te digo que esa actitud de no esforzarnos en lo más mimo y querer obtenerlo todo fácil y sin esfuerzo es esa ley que no es ley, que no existe como definición, sino que es la actitud de no dar un poco más aún pudiendo hacerlo.
Y es que el evangelio es muy claro, “Esfuercense…” no es que no sea fácil, porque difícil no es, es totalmente manejable a nuestro alcance, pero requiere la voluntad y la acción que revela la capacidad de enfrentar las perezas y flojeras, de hacer lo que debemos y un poco más.
La actitud del cristiano no es la del conformista, sino la del dinámico que sale a buscar su propia santidad y no espera fatigosamente a que le llegue sola, renunciando a ella al verla  cerca y al alcance de la vista o sacándole la vuelta.

Nada ganas renunciando antes de ser contratado en el camino de la Santidad, porque lo fácil se termina pronto y no llega lejos, mucho menos a la eternidad.

“Trabajando hasta tarde y nada”

“Trabajando hasta tarde y nada”

Lucas 5, 1-11

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret; y vio dos barcas que estaban junto a la orilla: los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: —Rema mar adentro y echad las redes para pescar.

Simón contestó: —Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.

Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande, que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: —Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.

Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: —No temas: desde ahora serás pescador de hombres.

Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

___________________________

Es muy duro pensar cuánto nos hemos esforzado para que las cosas salgan bien, para que nos vaya mejor, para que sanen nuestros seres queridos enfermos, sin embargo cuando llegamos a la fatiga, solemos bajar la defensa y manifestar el cansancio a más no poder, sobre todo por nuestras debilidades y aquello que en su momento toleramos, pero que ya no.

Ciertamente la tendencia en medio de la vulnerabilidad es a dejarlo todo y librarnos de los pesos que acarrean nuestras propias responsabilidades, en su momento sería una salida rápida, pero falsa. Digo falsa porque no estamos realmente atendiendo el problema y, en su momento suele manifestarse aún mayor e insoluto, claro, son su respectivo volver a empezar y restaurar nuevamente el daño desatendido.

Ésta tendencia es muy normal, pero Jesús nos invita a desviarnos a una solución más eficaz, y esa es, que aunque estemos trabajando en conjunto con otros en la misma situación, hay que dejarse ayudar y tomar los consejos de aquellos que están fuera de tu dolor y tu contexto, aquellos que lo ven de una manera alternativa y no necesariamente remarcando el dolor, sino dando una propuesta mayor que traerá mejores resultados.

Pretextos para justificarnos los vamos a tener siempre por el cansancio, sin embargo claramente en el evangelio ante la sugerencia de Jesús, y su negativa de hacerlo, optan por hacerlo en “su nombre, confiados en su palabra”, con resultados superiores y no esperados.

Por ello, aunque estés cansado y no hayas dejado de trabajar tus situaciones a veces nos falta una segunda opinión, la de alguien que tenga mejor óptica, y qué mejor la del Señor Jesús, para acercarnos a Él y hacerlo en su nombre.