“Cercano a la familia”

“Cercano a la familia”


Mateo 12, 46-50


En aquel tiempo, estaba Jesús hablando a la gente, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con él. Uno se lo avisó: —Oye, tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo.

Pero él contestó al que le avisaba: —¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?

Y señalando con la mano a los discípulos, dijo: —Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.


——————————————-


Pareciese como hoy se dice despectivamente, que Jesús formó un nuevo grupo familiar, ese ahí donde están sus discípulos y sus apóstoles, donde se la pasa de maravilla,  alejado de los suyos, de su familia y en concreto de su madre, no tiene que estar con los que nació, sino con los que eligió.


Pero me parece que para no entrar en confusiones, habrá que aclarar que son grupos muy definidamente independientes, que llevan una encomienda ya sea laboral o de amistad, pero que jamás se equipararán a la familia.


El núcleo familiar, que atacado invariablemente por la cultura de los desvalores y la muerte, nunca pasará a un tercer término, y en su caso Jesús no lo hace, vemos a su familia cercana y en apoyo total a su misión encomendada, incluso la pone como modelo de relación y de unidad, precisamente en base a la experiencia como lo vivió con su Padre Celestial y como lo vive en la tierra con su madre María, así como con los familiares cercanos que son familia.

Nunca lejos de ellos, a lo mejor físicamente sí, pero jamás distantes en los valores y los afectos, además de la constante comunicación que se da naturalmente. Por ello, no te confíes en que tu circulo de confort amistoso es lo mejor, porque ellos con el tiempo se van y cambian de parecer respecto a ti o viceversa, pero la familia nunca dejara de serlo ni de estar, a no ser que así lo quieras.

“Unidad se hace al menos con dos”

“Unidad se hace al menos con dos”

Juan: 17, 20-26

En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo:

“Padre, no sólo te pido por mis discípulos, sino también por los que van a creer en mí por la Palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti somos uno, a fin de que sean uno en nosotros y el mundo crea que tú me has enviado.

Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que su unidad sea perfecta y así el mundo conozca que tú me has enviado y que los amas, como me amas a mí.

Padre, quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que me has dado, para que contemplen mi gloria, la que me diste, porque me has amado desde antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido; pero yo sí te conozco y éstos han conocido que tú me enviaste. Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que me amas esté en ellos y yo también en ellos”.

_____________________________

Cuando precisamente hablamos de unidad, no estamos haciendo referencia a una medida individual, sino que se refiere a la capacidad de hacernos uno con los demás y de igual manera con Dios.

De hecho la unidad que Dios nos pide, es aquella que nos acerca a su lado, pero que también nos participa de su ser, no como una uniformidad, exigiendo que todos se vean idénticos sin distinción entre unos de otros, sino con una basta diversidad que se manifiesta en la riqueza múltiple de dones, que aunque cada uno es diferente, tiene la capacidad de unificarse en una unión en común como lo es el amor y la gracia de Dios.

En la integración de un solo pensar, respetando la libertad pero que une almas, de una misma santificación, de un mismo Señor y Dios.

Nadie dijo que tenemos que pensar igual, pero que si se unifique nuestro criterio en una sola verdad que es inmutable, adornado con el ingenio particular de cada mente.

Unidad que nos une al creador de donde procedemos, donde la única y mayor razón de ser es en el Ser único, inmutable, eterno, indivisible, omnipresente y omnipotente. 

Hacernos uno con Él, es la mejor manera de plenificar nuestra vida donde todo cobra sentido. Unidad que te implica a ti, a los demás y a Dios.

“Que sean uno…”

“Que sean uno…”

Juan 17, 11b-19

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo: –«Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba, y ninguno se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo para que ellos mismos tengan mi alegría cumplida. Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Conságralos en la verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo. Y por ellos me consagro yo, para que también se consagren ellos en la verdad».

——————————————-

Entrar al esquema del mundo, ante una competitiva lucha por sobresalir en múltiples áreas, va forjando una personalidad que remarca cada vez más la individualidad a tal grado de valernos tan sólo de nosotros mismos y mientras haya oportunidad del uso de los demás.

Es que la unidad no radica tan sólo en trabajar juntos y sentirse equipo, porque por lo general cuando termina la jornada, cada quien se deslinda de sus labores y por ende de sus compañeros. La unidad radica precisamente en adherirnos al mismo proyecto de manera integral, con las metas fijas y claras en la mente, así como en el obrar, comprometidos al unísono y en la mutua motivación.

Donde el proyecto es de uno, pero es de todos a la vez porque todos lo viven como tal. Así debería ser la unidad laboral o familiar, tan firmemente que la manera de integrarnos sea la misma en todos los niveles de nuestra vida, donde se espera la misma entrega y unidad con Dios, ya que el esquema sería el mismo.

Pero los egoísmos y las divisiones que vivimos a flor de piel, impiden de igual manera la unidad desde una relación personal y familiar, hasta la unidad con el Creador. Por ello pide en oración que nos mantengamos en unidad, como Jesús con el Padre, modelo de toda relación.

“La Sagrada Familia”

“La Sagrada Familia”

San Mateo 2, 13-15. 19-23 

Cuando se marcharon los Magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: —Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo. José se levantó, cogió al niño y a su madre de noche; se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes; así se cumplió lo que dijo el Señor por el Profeta: «Llamé a mi hijo para que saliera de Egipto.» Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo: —Levántate, coge al niño y a su madre y vuélvete a Israel; ya han muerto los que atentaban contra la vida del niño. Se levantó, cogió al niño y a su madre y volvió a Israel. Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes tuvo miedo de ir allá. Y avisado en sueños se retiró a Galilea y se estableció en un pueblo llamado Nazaret. Así se cumplió lo que dijeron los profetas, que se llamaría nazareno. 

____________________________

La familia constituida por Jesús Nuestro Salvador, María Santísima y San José. La Sagrada Familia es reflejo de la Trinidad y modelo de toda familia.

La devoción popular a la Sagrada Familia se propagó en gran escala a partir del siglo XVII. Entre los papas modernos, Pío IX en 1847 y León XIII en 1892 promovieron esta devoción. La solemnidad de la Sagrada Familia se celebra en el domingo de la octava de Navidad.

El ejemplo de Nazaret
De las alocuciones del papa Pablo sexto

Alocución en Nazaret 5 de enero de 1964

Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela donde se inicia el conocimiento de su Evangelio.

Aquí aprendemos a observar, a escuchar, a meditar, a penetrar en el sentido profundo y misterioso de esta sencilla, humilde y encantadora manifestación del Hijo de Dios entre los hombres. Aquí se aprende incluso, quizá e una manera casi insensible, a imitar esta vida.

Aquí se nos revela el método que nos hará descubrir quién es Cristo. Aquí comprendemos la importancia que tiene el ambiente que rodeó su vida durante su estancia entre nosotros, y lo necesario que es el conocimiento de los lugares, los tiempos, las costumbres, el lenguaje, las prácticas religiosas, en una palabra, de todo aquello de que Jesús se sirvió para revelarse al mundo. Aquí todo habla, todo tiene un sentido.

Aquí, en esta escuela, comprendemos la necesidad de la disciplina espiritual si queremos seguir las enseñanzas del Evangelio y ser discípulos de Cristo.

¡Cómo quisiéramos ser otra vez niños y volver a esta humilde pero sublime escuela de Nazaret! ¡Cómo quisiéramos volver a empezar, junto a María, nuestra iniciación a la verdadera ciencia de la vida y a la más alta sabiduría de la verdad divina!

Pero estamos aquí como peregrinos y debemos renunciar al deseo de continuar en esta casa el estudio, nunca terminado, del conocimiento del Evangelio. Mas no partiremos de aquí sin recoger rápida, casi furtivamente, algunas enseñanzas de la lección de Nazaret.

Su primera lección es el silencio. Cómo desearíamos que se renovara y fortaleciera en nosotros el amor al silencio, este admirable e indispensable hábito del espíritu, tan necesario para nosotros, que estamos aturdidos por tanto ruido, tanto tumulto, tantas voces de nuestra ruidosa y en extremo agitada vida moderna. Silencio de Nazaret, enséñanos el recogimiento y la interioridad, enséñanos a estar siempre dispuestos a escuchar las buenas inspiraciones y la doctrina de los verdaderos maestros. Enséñanos la necesidad y el valor de una conveniente formación, del estudio, de la meditación, de una vida interior intensa, de la oración personal que sólo Dios ve.

Se nos ofrece además una lección de vida familiar. Que Nazaret nos enseñe el significado de la familia, su comunión de amor, su sencilla y austera belleza, su carácter sagrado e inviolable, lo dulce e irreemplazable que es su pedagogía y lo fundamental e incomparable que es su función en el plano social.

Finalmente, aquí aprendemos también la lección del trabajo. Nazaret, la casa del hijo del artesano: cómo deseamos comprender más en este lugar la austera pero redentora ley del trabajo humano y exaltarla debidamente; restablecer la conciencia de su dignidad, de manera que fuera a todos patente; recordar aquí, bajo este techo, que el trabajo no puede ser un fin en sí mismo, y que su dignidad y la libertad para ejercerlo no provienen tan sólo de sus motivos económicos, sino también de aquellos otros valores que lo encauzan hacia un fin más noble.

Queremos finalmente saludar desde aquí a todos los trabajadores del mundo y señalarles al gran modelo, al hermano divino, al defensor de todas sus causas justas, es decir: a Cristo, nuestro Señor.

Oración a la Sagrada Familia

S.S. Pablo VI

Sagrada Familia de Nazaret:
enséñanos el recogimiento, la interioridad;
danos la disposición de escuchar las buenas inspiraciones
y las palabras de los verdaderos maestros;
enséñanos la necesidad del trabajo,
de la preparación, del estudio,
de la vida interior personal, de la oración,
que sólo Dios ve en lo secreto;
Enséñanos lo que es la Familia,
su comunión de amor,
su belleza simple y austera,
su carácter sagrado e inviolable.
Amén

Fuente: Corazones.org

“Volver a la unidad”

“Volver a la unidad”

Lucas 12, 49-53 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: He venido a prender fuego en el mundo: ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz ? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.

__________________________

La división entre personas, comunidades, familias y hasta culturas no es nada nuevo, ya desde antiguo se utilizaba como estrategia de guerra el dividir para dominar, como el mismo dicho latino lo dice: “Divide et impera”, es decir, divide y vencerás. 

La división es utilizada como una herramienta que hasta el día de hoy se sigue utilizando ya como sistema para mantener confundida y enojada a la gente, se le pone el sobrenombre de tolerancia ó diversidad para justificarla, desde el ambiente social, político y laboral.

Y no se diga la división que estratégicamente se da en el campo de la religión, cuando evidentemente se han dado acuerdos políticos con las naciones dominantes, para introducir sectas que dividen la unidad católica. Y es que el poder manipulado, solamente puede imperar cuando el caos está presente, para introducirse engañosamente como salvadores y solucionadores de problemas que ellos mismos han sembrado.

Es cuestión de tener clara la unidad con uno mismo y con los demás, porque el hecho que de tengamos activo un episodio de división dentro de nuestras relaciones personales, ya sea con amistades, familia y vecinos, no significa que deba de permanecer así. 

La intención del Señor es siempre mantenernos en la unidad, con Él y con los demás. Es por ello necesario volver a la unidad, el dolor es el precio de la división, pero ya está pagado, ahora sólo falta retornar el camino porque no vale la pena sufrir más, y no vale la pena, hay que recobrar lo que realmente importa, ya que esa es la única y auténtica unidad. 

“Trabajar sin división”

“Trabajar sin división”

Juan: 17, 20-26

En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: “Padre, no sólo te pido por mis discípulos, sino también por los que van a creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti somos uno, a fin de que sean uno en nosotros y el mundo crea que tú me has enviado.

Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que su unidad sea perfecta y así el mundo conozca que tú me has enviado y que los amas, como me amas a mí.

Padre, quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que me has dado, para que contemplen mi gloria, la que me diste, porque me has amado desde antes de la creación del mundo.

Padre justo, el mundo no te ha conocido; pero yo sí te conozco y éstos han conocido que tú me enviaste. Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que me amas esté en ellos y yo también en ellos”.

__________________________

Ya casi se cumplen los dos mil años en que Jesús, dentro de la plenitud de los tiempos, en los que se ha instaurado el Reino de los Cielos y se ha propuesto vivir y trabajar en la unidad con el Padre, y la unidad entre nosotros, aún hoy en nuestros días no se ha llegado a realizar.

Parece todo lo contrario, es decir, cada vez en nombre del mismo Dios, y de igual manera en el nombre de Jesús, se dividen las iglesias, se convierten en sectas y las mismas sectas exponencialmente se siguen dividiendo, cada vez de una manera más acelerada.

Pero para no irnos tan lejos, incluso dentro de las mismas comunidades parroquiales, así como en los mismos grupos que se juntan para orar, el mismo maligno siembra la discordia y división. Si de manera obvia se da entre mismos cardenales y sacerdotes, que desgraciadamente en su cansancio y sobrecarga de trabajo terminan prendidos de esos celos y envidias que dividen y dañan severamente a sus propios hermanos, qué no se dará en aquellos a quienes se dicen dirigir.

Sin embargo, la misma gracia de Dios, aún en esos ambientes adversos, manifiesta y sostiene a aquellos que trabajan a pesar de las divisiones sin sosiego, convirtiéndose en auténticos autores de la unidad, de igual manera desde cardenales hasta los laicos más comprometidos. Por ello, debemos de trabajar sin divisiones, para ello debemos primeramente sanar esos corazones dañados y divididos aún en la propia familia, para luego, por la misma gracia de Dios, ser esos instrumentos de unidad con el Padre a través de Jesucristo Nuestro Señor. La salud la da el Señor, y la unidad también.

“Unidad”

“Unidad”

Juan: 14, 7-14

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si ustedes me conocen a mí, conocen también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto”. Le dijo Felipe: “Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta”. Jesús le replicó: “Felipe, tanto tiempo hace que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces? Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Entonces por qué dices: ‘Muéstranos al Padre’? ¿O no crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que yo les digo, no las digo por mi propia cuenta. Es el Padre, que permanece en mí, quien hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Si no me dan fe a mí, créanlo por las obras. Yo les aseguro: el que crea en mí, hará las obras que hago yo y las hará aún mayores, porque yo me voy al Padre; y cualquier cosa que pidan en mi nombre, yo la haré para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Yo haré cualquier cosa que me pidan en mi nombre”.

__________________________

Bien sabemos que Dios a través de los tiempos se ha estado manifestando de múltiples maneras y en diversas circunstancias según se requiera en el momento histórico necesario.

Para ello tenemos el testimonio de todos aquellos instrumentos de su gracia como lo fue Abraham, Isaac, Jacob, Los Jueces, los profetas, a quienes en confianza Dios nunca dejó de inspirarles su voluntad y la sabiduría necesaria para transmitir a su pueblo, dejándoles  la entera confianza y libertad para expresarlo como mejor se les facilite.

Sin embargo en los últimos tiempos, envió a su propio hijo, aquél que es el Verbo, es decir la misma palabra de Dios que se hace carne como nosotros y nos trasmite no una interpretación de lo que es Dios y su divina voluntad, sino que habla de Dios mismo porque le conoce, ha estado a su lado, no reinterpreta las cosas, sino que las dice de primera mano, además porque Él mismo es Dios, son una unidad inseparable.

Es por ello que en esa unidad indisoluble no se refiera a una uniformidad, como si fueran idénticos, porque se distinguen en su persona, todo un misterio que no es necesario en esta vida indagar porque es inconmensurable, ya estando en su presencia cara a cara lo entenderemos de manera precisa.

Esa misma unidad nos habla de aquella obra, que de igual manera tanto manifiesta uno como el otro, así como su Santo Espíritu, aquí es donde Jesús es quien manifiesta muy eficiente y de manera única al Padre, como nadie jamás lo había hecho anteriormente.

Es por ello que quien conoce al Hijo, conoce al Padre, y el camino más perfecto y directo hacia el Padre es el mismo Jesús, de tal manera que si nos unimos a él estaremos uniéndonos al mismo Padre. Todos en unidad, para que todos sean uno con el Padre.

“Sin miedo al destino”

“Sin miedo al destino”

Marcos: 6, 34-44

En aquel tiempo, al desembarcar Jesús, vio una numerosa multitud que lo estaba esperando, y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.

Cuando ya atardecía, se acercaron sus discípulos y le dijeron: “Estamos en despoblado y ya es muy tarde. Despide a la gente para que vayan por los caseríos y poblados del contorno y compren algo de comer”. Él les replicó: “Denles ustedes de comer”. Ellos le dijeron: “¿Acaso vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?” Él les preguntó: “¿Cuántos panes tienen? Vayan a ver”. Cuando lo averiguaron, le dijeron: “Cinco panes y dos pescados”.

Entonces ordenó Jesús que la gente se sentara en grupos sobre la hierba verde y se acomodaron en grupos de cien y de cincuenta. Tomando los cinco panes y los dos pescados, Jesús alzó los ojos al cielo, bendijo a Dios, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran; lo mismo hizo con los dos pescados. Comieron todos hasta saciarse, y con las sobras de pan y de pescado que recogieron llenaron doce canastos. Los que comieron fueron cinco mil hombres.

__________________________

Al inicio de un nuevo año parece que se nos viene el mundo encima por tantos pendientes y proyectos que se nos presentan, sobre todo en el ámbito de lo económico, es normal que vengan esos temores y se introduzcan tan sutilmente como la misma humedad, miedos que hacen reaccionar intempestivamente y volcar sobre soluciones rápidas, que a veces nos atraen a mayores situaciones incómodas, que nos mantienen presos en un esquema de falsas seguridades y hasta pagamos por ellas para tener la sensación de estabilidad.

Ante ésta euforia común, lo más sano es romper con el esquema y salir del ámbito de las sugerencias en el mismo rubro, de los que permanecen ahí anclados y que nos canalizan por su misma vereda, al final co-dependientes si no es de unas cosas, sí lo serán de otras.

La propuesta de Jesús es sencilla, el ejemplo lo tenemos claro al presentarse este evangelio dónde ya en el camino, adentrados a un nuevo destino, se preocupan del sustento, cayendo en la tentación de justificar la falta de acción para solucionar el hambre de los que les acompañaban, sin embargo, es un hecho que ahí están, es porque precisamente Dios tiene un plan y no los dejará desamparados.

Al igual con nosotros, si iniciamos este nuevo caminar por un año nuevo, el hecho de que aquí estemos es porque Dios tiene un propósito y un proyecto para ti, por lo que no debes de saturar la mente con el qué será o cómo pasará, porque Dios tiene todo en su bendita mano, pero no hay que caer en el engaño de que el Señor lo hará todo, hay que ver que a su vez te necesita a ti para realizarlo, por lo que sí tú colaboras con lo tuyo, el Señor proveerá el resto en una común misión participada en caridad.

Por ello la invitación es a no tenerle miedo al destino, que sea bienvenido como se haga presente, viene con los dones y regalos necesarios, tú aporta lo que tu deber indica naturalmente y del resto el Señor se encarga.

“El papel de la familia”

“El papel de la familia”

Mateo: 12, 46-50

En aquel tiempo, Jesús estaba hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus parientes se acercaron y trataban de hablar con él. Alguien le dijo entonces a Jesús: “Oye, ahí fuera están tu madre y tus hermanos, y quieren hablar contigo”.
Pero él respondió al que se lo decía: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?” Y señalando con la mano a sus discípulos, dijo: “Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumple la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”.

______________________

Pareciese hoy en nuestros tiempos que la familia es tan sólo para que se quede en casa, y en todo el resto del mundo vivir como si fuéramos totalmente independientes, casi autocreados sin necesidad de rendir cuentas a nadie, ni deberles las gracias.

Esa en realidad es una fantasía, porque precisamente tu seguridad y estabilidad se la debes a aquellos que están detrás de ti, precisamente soportando todo el andamiaje del escenario donde tú actúas, y esa es la familia. 

Negarlos y alejarte de ellos, es negarte a ti mismo ya que provienes y eres parte de ellos,  porque sin ellos no serías quien eres hoy, aunque hayas cambiado tu voluntad, corazón y pensamiento al respecto de los que nunca van a dejar de ser tuyos.

Jesús jamás renunció a su familia, siempre estuvieron intensamente unidos por un amor que se plenificó en la misión de cada uno de ellos, ya sea interna en casa o fuera en el mundo indistintamente. A su vez ellos estaban al pendiente de Jesús, lo seguían y lo acompañaban en los momentos necesarios. 

Porque el papel de la familia, está destinado a permanecer con todos los que la forman en cualquier circunstancia de la vida, sea agradable o negativa, ya que mayor apoyo no lo puedes tener si no es de los tuyos. Cuida, une y respeta a tu propia familia y no todo lo contrario.

“Capacidad de elección”

“Capacidad de elección”

Marcos 10, 2-16

En aquel tiempo, se acercaron unos fariseos y le preguntaron a Jesús, para ponerlo a prueba: —¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?

Él les replicó: —¿Qué os ha mandado Moisés?

Contestaron: —Moisés permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio.

Jesús les dijo: —Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios «los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne». De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.

En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. Él les dijo: —Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio.

Le acercaban niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban.

Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: —Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él.

Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.

________________________

Hoy parece que la capacidad de elección se ha confundido con la elección al desecho, se ha visualizado todo con una óptica centrada en el utilitarismo narcisista, a tal grado que tan sólo cubre necesidades temporales y efímeras en las que se han mezclado los verdaderos valores y por ende de igual manera desechados.

Se ha visto el matrimonio o el tan sólo vivir en pareja como una opción sentimental y de satisfacción sexual, que de suyo el matrimonio lo contempla y lo cubre, pero no como su fin ultimo, sino como algo que nos de confort, de tal manera que cuando esas mentes débiles inician un proceso de dolor, por mínimo que sea, automáticamente descartan al objetivo de su “amor” y lo convierten en un desecho caduco no auto renovable.

Olvidamos que tenemos la capacidad de elegir, y esa capacidad no significa que el amor ideal y perfecto te tenga que caer del cielo, porque es una satisfacción poder elegir a quién amar, y se elige con nombre y apellidos concretos, de igual manera con virtudes y errores en proceso de superarlos.

El amor no es ciego, ni a primera vista, eso es tan sólo un satisfactor visual, ya que un verdadero e íntegro amor nace desde el momento que decidimos y nos comprometemos realmente a quién amar como objeto concreto de nuestro propio amor. 

Habrá quien diga, “me divorcio porque se acabó el amor”, pues habría que preguntarse a qué le llamó amor que tan pronto se le acabó, porque un verdadero amor depositado en el Yo de la otra persona, independientemente de las circunstancias por la que pasa en ese momento, su aspecto y obrar, pero la persona sigue ahí y el amor también.

Cuando se pone el amor en las circunstancias, entonces ahí inevitablemente cambiará, porque las circunstancias siempre cambian, debe depositarse en la persona, y aquí radica la capacidad de elegir, no tan sólo de suplir satisfactores, porque una vez saciados surgen nuevos y es el cuento de nunca acabar.

Elige el amor en sí, concreto, y no las circunstancias del amor. Porque tienes capacidad de elegir y no es a ver si pega o a ver si conviene o funciona, elige y trabaja por lo que eliges, con sus múltiples pros y sus pocos contras.