“Conformistas y consolados”

“Conformistas y consolados”

Lucas 6, 20-26

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: «Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros cuando es odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del Hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo: porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero, ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo! ¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre! ¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis! ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas».

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Los valores a través del tiempo, aunque son únicos e inmutables, la cultura del tiempo los va cambiando y hasta desvirtuando, de tal manera que llega a poner como valor absoluto inclusive los malos hábitos y los pone de moda, claro con sus debidas facturas a pagar que sin falta llegan a su tiempo, de lo cual no te informan, pero ese no es el problema, a fin de cuentas al final caemos en cuenta de que eso no era valor, sino todo lo contrario.

La cuestión radica en que aunque cada vez tenemos más y mejores situaciones así como oportunidades, sin embargo no dejamos de ser conformistas, lo cual me atrevo a afirmarlo porque no dejamos de buscar siempre lo mismo, parece que tenemos una rutina autocícilica en total dependencia con aquello que te atrae, dígase personas, cosas, bienes y entre otras cosas algunos vicios.

No llamo conformismo a tan sólo navegar por la miseria y la pobreza en aquellos que no quieren salir de su situación, sino que incluyo a los que de igual manera inundados en la riqueza se conforman con ello. 

Aquí es donde llamo a los consolados, aquella gama de personas que van desde los que buscan sólo tener para comer, hasta los que las riquezas y la abundancia de bienes les consuela, pero no les otorga la plena felicidad.  

Son esos que parece que les basta el consuelo de éste mundo, sin embargo no llegan a la dicha, el sentirse realmente orgullosos no de lo que tienen, sino de lo que son, de su experiencia, de su capacidad para llegar a los demás y alentarlos aún en sus propias necesidades, los que no se conforman con un auto del año por más renombre que tenga, ni se consuelan con un premio de millones, aunque esto sea bueno. La razón es porque eso no sacia a un corazón que espera lo que realmente lo llena, es decir la dicha de haber dado de sí, algo a los demás, de haber salido adelante a pesar del dolor, de saber caminar con la frente en alto y sin prejuicios.

Esos no conformistas y consolados son los que necesita el mundo tan necesitado de novedad y admiración de la propia vida que nunca deja de tener lo suyo, con o sin bienes. Por ello, no dejes que el mundo te consuele, busca siempre algo mejor.

“Tengan valor…”

“Tengan valor…”

Juan: 16, 29-33

En aquel tiempo, los discípulos le dijeron a Jesús: “Ahora sí nos estás hablando claro y no en parábolas. Ahora sí estamos convencidos de que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por eso creemos que has venido de Dios”.

Les contestó Jesús: “¿De veras creen? Pues miren que viene la hora, más aún ya llegó, en que se van a dispersar cada uno por su lado y me dejarán solo. Sin embargo, no estaré solo, porque el Padre está conmigo. Les he dicho estas cosas, para que tengan paz en mí. En el mundo tendrán tribulaciones; pero tengan valor, porque yo he vencido al mundo”.

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Cada ves más las tendencias para manifestar la fe en un ambiente ordinario, van a la baja, se tiene un miedo terrible para afirmar que se ama a Dios, porque el ambiente cada vez más se torna intolerante y promotor de todo cuanto vaya en contra de la ley de Dios.

Como que la humanidad se cansa de ver hacer el bien y es tan vulnerable que fácilmente torna su pensamiento a lo contrario de la noche a la mañana, como si no pasara nada y se apoya en quienes han caído en dicho pesimismo para sentirse que no son los únicos.

Ante este mundo de rechazos, los miedos son más manifiestos, a tal grado que oficialmente se pide no tener signos explícitos cristianos hasta en nuestras paginas electrónicas para no ofender a los demás. Miedos que si los seguimos alimentando crecerán hasta convertirse en monstruosos e indomables.

Por ello el Señor nos recuerda que su gracia es tan grande, que puede eso y más, ya que fortalecidos con su gracia, perder la paz no es tan fácil, que es por donde inicia el ataque a nuestra persona por el amor a Dios que profesamos, aún más nos pide que tengamos valor, ya que la muestra Jesús mismo nos la puso y venció. Mayor respaldo en Él no podemos tener para que nuestro valor esté sostenido de la seguridad que el obtuvo para nosotros.

“Enfrentar la realidad”

Enfrentar la realidad”

Juan: 13, 21-33.36-38

En aquel tiempo, cuando Jesús estaba a la mesa con sus discípulos, se conmovió profundamente y declaró: “Yo les aseguro que uno de ustedes me va a entregar”. Los discípulos se miraron perplejos unos a otros, porque no sabían de quién hablaba. Uno de ellos, al que Jesús tanto amaba, se hallaba reclinado a su derecha. Simón Pedro le hizo una seña y le preguntó: “¿De quién lo dice?” Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: “Señor, ¿quién es?” Le contestó Jesús: “Aquel a quien yo le dé este trozo de pan, que voy a mojar”. Mojó el pan y se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote; y tras el bocado, entró en él Satanás.


Jesús le dijo entonces a Judas: “Lo que tienes que hacer, hazlo pronto”. Pero ninguno de los comensales entendió a qué se refería; algunos supusieron que, como Judas tenía a su cargo la bolsa, Jesús le había encomendado comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el bocado, salió inmediatamente. Era de noche.


Una vez que Judas se fue, Jesús dijo: “Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en Él. Si Dios ha sido glorificado en Él, también Dios lo glorificará en sí mismo y pronto lo glorificará.


Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes. Me buscarán, pero como les dije a los judíos, así se lo digo a ustedes ahora: ‘A donde yo voy, ustedes no pueden ir'”. Simón Pedro le dijo: “Señor, ¿a dónde vas?” Jesús le respondió: “A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; me seguirás más tarde”. Pedro replicó: “Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti”. Jesús le contestó: “¿Conque darás tu vida por mí? Yo te aseguro que no cantará el gallo, antes de que me hayas negado tres veces”.

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Dentro del marco de la Semana Santa, en esté día se nos presenta aquella situación donde por doquier y en todos los tiempos, presentamos al mínimo dobles facetas, aquellas que nos hacen integrarnos en un grupo y vivir en otro ajeno, de manera indistinta sin el mayor conflicto de conciencia.

El caso lo tenemos claro con Judas, quien utilizando la imagen de discípulo, abusaba de la confianza obtenida y se beneficiaba de la imagen de Jesús. Nada nuevo en nuestros círculos laborales y de amistad, así como en aquellos donde manifestamos la fe.

Sin embargo, por el contrario, Jesus es totalmente claro, presente en la realidad y firme en la misión clara que tiene encomendada por su Padre Celestial. No duda en afirmar con toda claridad el proceso de la pasión dolorosa por la que pasará, aunque los suyos no terminen de comprender su decisión y estén en contra porque le aman.

Jesús conoce a sus apóstoles y discípulos, sabe de sus miedos, sus traiciones y no porque sea mago, sino porque eso hasta por los codos lo exhalamos. De igual manera nos conoce, y espera que para entender su plan estemos unidos a Él, lo amemos y de igual manera aceptemos y vivamos en nuestra realidad que bien vivida nos lleva a la santidad.

“Sin miedo al destino”

“Sin miedo al destino”

Lucas: 9, 51-56

Cuando ya se acercaba el tiempo en que tenía que salir de este mundo, Jesús tomó la firme determinación de emprender el viaje a Jerusalén. Envió mensajeros por delante y ellos fueron a una aldea de Samaria para conseguirle alojamiento; pero los samaritanos no quisieron recibirlo, porque supieron que iba a Jerusalén. Ante esta negativa, sus discípulos Santiago y Juan le dijeron: “Señor, ¿quieres que hagamos bajar fuego del cielo para que acabe con ellos?” Pero Jesús se volvió hacia ellos y los reprendió. Después se fueron a otra aldea.

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Es todo un acto de valentía de parte de Jesús, el hecho de que sabiendo que en medio del eterno plan de Dios, incluya la redención dada en la misma ciudad de Jerusalén donde acontecerá su pasión y muerte, así como su resurrección, donde decir ir.

Encontramos que aún tomada su decisión, el entorno no le es favorable ya que los mismos samaritanos le niegan a su paso el alojamiento, ciertamente presupone toda una ambiente de crisis y un miedo que se debería reflejar en todo lo que hiciera, lo cual es admirable en su actuar, ya que su entereza hace que la ira provocada por las adversidades en sus discípulos, sea apaciguada por el mismo Jesús.

Es muy fácil claudicar cualquier proyecto cuando los riesgos son bastante altos y fatales, Sin embargo la conciencia del bien que obtendrá en el plano de la redención llegará a toda la humanidad, pasada, presente y futura. Por ello su motivación no queda trunca en medio de los miedos tan naturales y propios del ser humano, sobre todo cuando el mismo instinto nos hace cuidar la vida. 

De igual manera es toda un proeza arriesgarnos ante los planes inseguros, pero como se dice: “quien no arriesga, no gana” donde la motivación es no tenerle miedo al destino, porque es más lo que nosotros manejamos que lo que nos lleva a ciegas, además que la providencia nos cubre en todo momento, Dios proveerá, sobre todo cuando el fin último implica tu santificación. 

Por ello no permitas que los miedos trunquen tu felicidad ni tu propia santificación, el destino juega de diversas maneras, pero quien decide seguirlo eres tú, y si vas unido al Señor con los sacramentos y la oración, la claridad será tu virtud.

“Cuando salen los miedos”

“Cuando salen los miedos”

Mateo: 8, 23-27

En aquel tiempo, Jesús subió a una barca junto con sus discípulos. De pronto se levantó en el mar una tempestad tan fuerte, que las olas cubrían la barca; pero él estaba dormido. Los discípulos lo despertaron, diciéndole: “Señor, ¡sálvanos, que perecemos!”
Él les respondió: “¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?” Entonces se levantó, dio una orden terminante a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma. Y aquellos hombres, maravillados, decían: “¿Quién es éste, a quien hasta los vientos y el mar obedecen?”

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Nuestra apariencia por lo general revela una estabilidad de nuestra persona, la cual pretendemos cuidar en todos los aspectos, a la par podemos decirnos valientes, porque enfrentamos cada día la vida con todas sus adversidades, hasta lo podemos proclamar a los cuatro vientos con fotos y videos de nuestras audacias. Pero eso lo puede hacer envalentonándose hasta el más inseguro de la vida en su momento para dar la imagen o para demostrarse que puede.

La cuestión es que existen momentos en donde después de perder el control de nuestras vidas y nuestra estabilidad emocional, cuando no se diga que hasta la paz perdemos, entonces nos vemos vulnerables, no importa que seas una persona atlética y fisicamente fuerte, con cientos de trofeos, los  miedos e inseguridades surgen cuando no tenemos una fortaleza espiritual, y claro, tememos perder lo poco que tenemos, que es lo físico.

Como en la barca donde viajaban sus discípulos, algunos de ellos pescadores y conocedores del oficio así como los estados del mar. Más seguros aún por saber que el Señor va con ellos, pero todo se destapa al ver que Jesús estaba dormido y el mar se iba encrespando cada vez con mayor fuerza, es entonces cuando toda su experiencia se viene abajo, no por su falta de pericia, sino por esos miedos que tenemos tan arraigados o que nos han infundido a través del tiempo ya sea en la propia familia o en otro lugar y que salen por nunca haberlos trabajado.

Aquí el Señor les recrimina su poca fe, que no la han cultivado al grado de poder sanar esos miedos personales que salen ahí donde y cuando perdemos el control de personas, situaciones y cosas.

Esa fortaleza y valentía viene del Señor, basta que pidamos el don el oración y sobre todo que lo mantengamos en buena condición a diario con la caridad y los sacramentos, que nos refuerzan y mantienen establemente a pesar de la peor tormenta que se avecine. Con ellos esos miedos se disipan y no salen.

“Miedos tempranos”

“Miedos tempranos”

Juan 16,16-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver.»

Comentaron entonces algunos discípulos: «¿Qué significa eso de “dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver”, y eso de “me voy con el Padre”?»

Y se preguntaban: «¿Qué significa ese “poco”? No entendemos lo que dice.»

Comprendió Jesús que querían preguntarle y les dijo: «¿Estáis discutiendo de eso que os he dicho: “Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver”? Pues sí, os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.»

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Es ya una adicción el apegarnos a lo mucho o poco que tenemos al momento, ya sean personas, situaciones o cosas, la esperanza se vuelve frágil, ya que solemos depositar nuestra total confianza en ellos, a tal grado que no toleramos ni tan sólo un poco, el  dialogar la más mínima posibilidad de perderlos, porque desmorona nuestra estabilidad.

Esto hace que vivamos llenos de miedos tempranos, típicos de una persona codependiente de aquello que lo ha convertido en su soporte y estabilidad vital. Y aunque la realidad pinte otra situación, o en su defecto, no se den las cosas como nuestro temor lo dicta, sufrimos las pérdidas de una manera tan crónica y real, aunque no estemos perdiendo nada.

Situación que les aconteció a los discípulos de Jesús, puesto que estaban en la plenitud de la estabilidad y relación cercana con Él, de una manera tan agradable que no deseaban que eso cambiara, convirtiéndose sus inseguridades y temores en una disputa  en la que se pusieron a discutir sin entenderla, hasta que Jesús les habla de manera clara y sin miedo a la verdad que esclarece todo.

De igual manera, debemos de no temer a la verdad, ya que esos miedos tempranos opacan la razón, sin entender, ni vivir el presente, deteriorando la realidad, cuando no hay necesidad mientras no llegue lo que suponemos será un temor; cuando llegue, entonces nos preocuparemos, mientras tanto para que sufrir los miedos tempranos que carecen de existencia, porque no dejan de ser fantasmas irreales y surrealistas de nuestra propia mente e inseguridad.

“Ganar: se necesita confianza total”

“Ganar: se necesita confianza total”

Marcos: 10, 28-31

En aquel tiempo, Pedro le dijo a Jesús: “Señor, ya ves que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte”.

Jesús le respondió: “Yo les aseguro: Nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, dejará de recibir, en esta vida, el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres e hijos y tierras, junto con persecuciones, y en el otro mundo, la vida eterna. Y muchos que ahora son los primeros serán los últimos, y muchos que ahora son los últimos, serán los primeros”.

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Antes de realizar cualquier trabajo, hoy en día se busca primeramente ver que beneficios obtendremos, aquellos que nos dan una garantía para decidir si nos quedamos o no, es decir, buscar el máximo beneficio a nuestro favor.

Pero en el evangelio precisamente es Jesús quien invita a la confianza, aquella que requiere una actitud de despojo y desapego de aquello que pudiese no dejarnos la libertad de elegir un bien mayor en el plano de lo espiritual.

Y es que lo que Dios nos va a regalar una vez que depositemos nuestra confianza en Él, no será una paga cualquiera, que aunque abundante, se termine, sino que nos dará precisamente una vida eterna en felicidad, pero para ello hay que demostrar que la deseamos con los hechos, las palabras, las acciones caritativas y nuestra plena disposición, no necesariamente a rechazar los bienes, porque con ellos podemos hacer de igual manera mucho bien, sino de no estar apegados a ellos, a tal grado de rechazar todo por un poco que es lo único que parece poseemos.

Es por ello que para ganar, hay que dar, hay que demostrarlo, en vez de pedir, porque no es poca cosa lo que nos dará, por lo que se necesita una confianza total, aquella que certifique nuestro amor primero a Dios y al buen uso de las cosas.

“Que tal si lo corremos”

“Que tal si lo corremos”

Marcos: 1, 29-39

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama, con fiebre, y enseguida le avisaron a Jesús. Él se le acercó, y tomándola de la mano, la levantó. En ese momento se le quitó la fiebre y se puso a servirles.
Al atardecer, cuando el sol se ponía, le llevaron a todos los enfermos y poseídos del demonio, y todo el pueblo se apiñó junto a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios, pero no dejó que los demonios hablaran, porque sabían quién era él.
De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar. Simón y sus compañeros lo fueron a buscar, y al encontrarlo, le dijeron: “Todos te andan buscando”. Él les dijo: “Vamos a los pueblos cercanos para predicar también allá el Evangelio, pues para eso he venido”. Y recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios.

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Una de las expectativas que tenemos para nuestra vida es el ser felices en todo momento, situación que se hace realidad en la medida que conozcamos precisamente tanto el concepto del mal como del bien. A veces pensamos solamente que debemos de conocer el bien, sin embargo, es necesario ser conscientes de la existencia del mal, no para seguirlo, sino para identificarlo y defendernos del mismo, así como para valorar la grandeza del bien ante lo imperfecto del mal.

El mal nunca es una opción, pero ahora lo equiparan a la par del bien, como si fuera una elección paralela, cuando en realidad jamás se le puede comparar al uno con el otro, el bien siempre supera toda comparación, no es mensurable.

Y aunque algunos optan en realidad de manera fanática por el mal como una rebeldía por alguna circunstancia histórica violenta que les aconteció en la vida, a veces consciente, a veces inconsciente, y permanecen en el mismo. Por el contrario existen circunstancias en las que sin necesidad de declararnos partidarios del mal, de alguna manera lo somos cuando no dejamos de pecar de manera asidua y dependiente.

Nos permitimos odiar, insultar, denigrar y todo pintarlo de sombras por más luz que haya en nuestro alrededor. Aunque lo neguemos, le estamos dando cabida al mal, y por ende al maligno que es quien lo sugiere sutilmente, cayendo en blandito, pero hundiéndonos hasta el fondo, permitiendo que nos ofendan, que nos humillen, que pisen nuestra dignidad, que nos obliguen a negar a Dios prácticamente, reservando su trato a lo secreto e interior.

Es por ello que es necesario un basta, que tal si lo corremos de nuestros ámbitos laborales tan pesados, de nuestro maltrato en la familia, de esas amistades en las que nos mantenemos en mutuas adicciones y codependencias. Hay que permitir que la gracia llene esos espacios y los cambie con su luz, descansa de los asedios del maligno y deja al Señor que lo expulse como lo hace en el evangelio y mejore todos esos ambientes, con tu voluntad inicia ese proceso. 

“Distorsiones”

“Distorsiones”

Mateo 17,10-13 

Cuando bajaban de la montaña, los discípulos preguntaron a Jesús: —«¿Por que dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?» Él les contestó: -«Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya ha venido, y no lo reconocieron, sino que lo trataron a su antojo. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos.» Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan, el Bautista. 

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Es un proceso largo por el que muchos de nosotros pasamos hasta entender a profundidad la verdad, aunque la tengamos de manera evidente, influyen muchos factores, como lo es la educación familiar, las propias percepciones influenciadas por nuestras experiencias traumáticas, el inclinarla a nuestra voluntad, entre otras tantas.

Perdemos oportunidades tanto de trabajo, de amistad, de afectos, de amor, de ganar o hasta económicas por no darnos cuenta de la realidad que les precede. Lo más común acontece en la propia familia, donde nunca entendemos la dedicación y el sacrificio lleno de amor muy a su manera de nuestros padres hasta cuando ya es demasiado tarde.

No dejan de ser distorsiones que nos roban el tiempo de aprovechar lo que nos quieren brindar. Al igual pasa con la espera del Mesías, unos lo quieren de una manera, otros de otra, total que no atina a los variados gustos de las personas y los grupos sociales.

Es entonces cuando perdemos lo que está a nuestro lado y lo buscamos cuando ya no está. 

No te permitas vivir con la realidad distorsionada, porque aquí ya es tu decisión permanecer ahí o conocer y aprovechar la verdad y la realidad presente.

“Solemnidad de Todos los Santos”

“Solemnidad de Todos los Santos”

Mateo 5, 1-12

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar enseñándolos: Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la Tierra.

Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.

Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.

Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan, y os calumnien de cualquier modo por mi causa.

Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

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EXPERIENCIA DE LOS SANTOS

Los católicos estamos de fiesta porque el 1º. de Noviembre se celebra a todos los santos. Esa es la verdadera fiesta de estos días, celebrar a los monstruos y a las brujas no es de cristianos. Celebrar el día de muertos es una tradición de nuestra patria, y es bueno que como cristianos hagamos oración por nuestros difuntos. Pero ¿por qué celebrar la fiesta de todos los santos? ¿quiénes son los santos?

Los santos no son personas diferentes de nosotros, en todos los tiempos ha habido santos, de diferente edad, unos niños, otros jóvenes, adultos, viejitos, hay santos y hay santas, unos flaquitos, otros gorditos, unos muy inteligentes otros muy sencillos, algunos han nacido muy ricos otros fueron muy pobres, unos son blancos otros negros, unos han sido santos desde pequeños, otros llevaron una vida en la que no conocían a Dios, y se portaron muy mal, pero cuando se encontraron con Jesús, cambiaron, y decidieron ser felices siguiéndolo.

Todos, pero todos, estamos llamados a ser santos, Dios nos quiere santos, y para eso nos dio el Don de la Fe, fue su regalo cuando nos bautizaron, y todos los que estamos bautizados tenemos que ser santos, pero también tenemos que querer serlo. El Don de la Fe es más grande que todos los superpoderes de tus héroes favoritos y además es de verdad. Pero la fe no es para tener unos músculos muy fuertes, o para poder volar, o ver a través de las paredes, ni para golpear a nadie.

Ser santos es querer seguir a Jesús, actuar como él, hacer el bien como él, amar como él. SER SANTO ES SER AMIGO DE JESÚS.

¿A qué Santo o santa conoces?, ¿por qué es santo? Hacer una pequeña lista como la de los superhéroes  pero de los santos que los niños vayan nombrando. ¿en tu casa hay imágenes de algún santo o santa? ¿sabes cómo vivió, qué hizo para ser santo? ¿En la tele has visto que pongan a los santos?.

Vamos ahora a conocer algunos de ellos.

Hace un tiempo hubo un niño llamado Domingo Savio, que desde muy chiquito entendió que ser amigo de Jesús era lo más importante en la vida. El día que hizo su primera comunión, escribió en un papelito: “Mis amigos serán Jesús y María, me confesaré y comulgaré los domingos y días de fiesta, prefiero morir antes que pecar”. Quería hacer la voluntad de Dios en todo. Un día un maestro preguntó en el recreo a todos los niños: “Si supieran que hoy iban a morir ¿qué harían?, uno contestó “correría con mi mamá”, otro dijo: “yo iría a la Iglesia a rezar y a confesarme”, y Domingo dijo: “seguiría jugando porque en este momento esa es la voluntad de Dios”. Era un niño alegre, feliz, porque amaba a Jesús.

Santa Teresita, también amaba mucho a Jesús y a María Santísima, tenía muchas hermanas y todas ellas quisieron consagrarse al Señor. Ella siempre supo que todas las cosas pequeñas, oraciones, trabajos, servicios hechos con amor eran lo que agradaba a Dios, un día le dijo a Jesús que ella quería ser su “pelotita” para que el niño Jesús jugara con ella. Cuando recibía la Sagrada Comunión era la más feliz del mundo. Era buena con todos y buscaba hacer favores a las personas que no sabían dar las gracias y eso le costaba trabajo pero se lo ofrecía a nuestro Señor. Rezaba como quien platica con el mejor de los amigos porque conocía muy bien quien era Jesús.

San Agustín fue un gran santo, pero él no siempre se portó bien, hacía sufrir a su mamá con su mal comportamiento, pero su mamá que era muy santa, se llamaba Mónica, rezaba mucho para que su hijo conociera a Jesús, y el día que Agustín encontró a Jesús en su vida se llenó de tanta alegría que ya no quiso nunca más pecar, fue con su mamá y juntos rezaron y dieron gracias a Dios. San Agustín llegó a ser Obispo y tenía tanta confianza en el amor de Dios que le decía: “Señor, nos creaste para Ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti”. Pensaba y meditaba en las cosas de Dios, escribió muchos libros que ahora en la Iglesia sirven de guía para todos los cristianos. Decía también:  “Ama y haz lo que quieras”, porque sabía muy bien, que cuando se ama a Dios sólo harás lo que le agrada.

La Madre Teresa de Calcuta, quiso agradar a Jesús sirviendo a los más pobres, a los que nada tenían, a los que no podían pagar con nada, cuidaba con mucho amor a los enfermos porque decía que en los enfermos más pobres encontraba a Jesucristo. Todas las mañanas asistía a Misa, y comulgaba, para que todo lo que hiciera en el día fuera obra de Jesús. Cuando ya estaba muy viejita, seguía trabajando, hablaba a mucha gente, a los presidentes de los países, a los sacerdotes a personas de todo el mundo y los invitaba a que cuidaran la vida de todas la personas, sobre todo la de los niños. Ella rezaba siempre el Santo Rosario porque así siempre tenía la ayuda de la Virgen María.

Otros santos, han ido a lugares muy lejanos donde no se conoce a Jesús y les enseñan a amar a nuestro Señor, a ellos se les llaman Misioneros, algunos han muerto dando su vida por la fe, estos son los Mártires. Otros se han dedicado a cuidar a los enfermos, a los pobres, algunos fundaron colegios para que los niños se educaran y conocieran a Jesús.  Otros se han quedado en su ciudad y en su casa pero han hecho la voluntad de Dios y se han mantenido en su amistad. Algunos santos son muy conocidos por todos, pero hay otros que nadie conoce, más que Dios. Otros que han estado enfermos le entregan a Jesús todos sus sufrimientos, y así, nos encontramos que aunque los santos no salen mucho en la televisión ni los periódicos nos platican de ellos, están haciendo que en el mundo brille la gloria de Dios.

Los nombres que tenemos muchas veces son los nombres de algún santo o santa, son nuestros patronos, por ejemplo San Carlos, Santa Teresa, Santa Cecilia, San Pedro, San Juan, San Alberto etc.

Los santos, o sea los que ya están en el cielo porque vivieron su bautismo, a ellos se les venera porque son:

Modelo: Porque viendo lo que ellos hicieron para ser amigos de Dios nosotros los podemos imitar.

Estímulo: Porque ellos, lucharon como ahora nosotros y ya gozan de la herencia a la que también nosotros estamos llamados.

Intercesores: Son amigos y hermanos nuestros y grandes bienhechores a quienes podemos recurrir suplicándoles que hagan valer su influencia ante Dios en ayuda de nuestras necesidades.

EXPERIENCIA CRISTIANA

Ya nos dimos cuenta que los superhéroes son algunos personajes de la televisión, que nos divertimos y jugamos a que somos ellos, pero que en realidad no podemos tener superpoderes porque ellos sólo existen en las caricaturas y las películas, en cambio los santos son aquellos que han sido fieles a su bautismo, que el don de la fe que recibieron lo usaron muy bien.  El Papa Juan Pablo II nos ha invitado a vivir la santidad muchas veces, él ha llevado una vida de santidad y ha llevado al altar a muchos santos, y nos  dice que para ser santos  hay que:

Orar: Hacer  oración, no sólo rezar oraciones de memoria sino poner en ellas el corazón, orar es platicar con Dios.

Ir a Misa y comulgar. La Misa (La Eucaristía), es el lugar más hermoso del mundo, es como estar en el cielo porque ahí está presente Jesús que se nos da  en la comunión.

La Confesión. Acercaros seguido al perdón que Dios siempre nos da cuando  hemos pecado. Así recuperamos  su amistad y volvemos a ser felices.

La Gracia. Confiar en Dios,  saber que sólo porque Jesús nos acompaña siempre, podemos ser buenos.

Escuchar la Palabra de Dios. Conocer lo que Dios nos dice en la Biblia, aprender el catecismo, para hacer lo que le agrada a Dios.

Anunciar la Palabra de Dios. Ser misioneros, llevar a otros la alegría de encontrarse  con Jesús, lo podemos hacer con palabras, con nuestro comportamiento, con nuestra compañía, ayudando a los demás con amor.

La Santísima Virgen, san José, los apóstoles, mártires y santos todos esperan nuestro triunfo, están atentos a nuestra lucha, no nos olvidan.

¿Qué crees que puedes hacer tú para ser santo?

De los santos que platicamos hoy ¿a quien te gustaría parecerte?

Tomado de Aciprensa.com