“Vista sana”

“Vista sana”

Mateo 6, 19-23

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No amontonéis tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen, donde los ladrones abren boquetes y los roban. Amontonad tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que se los roan, ni ladrones que abran boquetes y roben. Porque donde está tu tesoro, allí está tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Y si la única luz que tienes está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!».

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Dentro de los múltiples dones que Dios nos ha regalado encontramos uno muy preciado: la vista, de la cual dependemos mayormente para realizar nuestras actividades diarias con mayor eficacia, sin embargo hoy en nuestros días no es vital para la supervivencia, por los medios con que contamos para su ayuda y beneficios.

Pero esa vista receptora depende mucho hacia dónde la dirijamos, podemos canalizarla a descubrir las maravillas de la creación o podemos anclarla en observar tan sólo amargamente lo que nos lleva a la infelicidad y al mal.

Somos receptores que al final manifestamos aquello de lo que nos hemos saturado, negativamente considerándolo ya como lo ordinario en nuestras propias vidas, cuando un cambio abrupto para corregir eso es necesario en ciertas etapas, a manera de purga y purificación.

Hemos sido hechos para manifestar esa luz que entra por nuestra vista, por lo que cuando no lo hacemos, entonces lo que se ve, es esa ausencia, ese vacío, esa nulidad, habrá oscuridad y no manifestarás nada, pero si se verá tu vacíes.

Es por ello que no tan sólo hay que cuidar la vista, sino que hay que ver aquello que nos da luz, hay que tener vista sana, aquella que hasta un ciego puede tener, porque no tan sólo entra por los ojos, sino que se asimila en el corazón; que todo en ti sea luz, y no vean cuan vacío estas, porque aunque bien te vistas y te cuides externamente, si no tienes esa luz, por más caro que sea tu cuidado nada manifestarás.

“Más informados, más certeros”

“Más informados, más certeros”

Marcos 12, 18-27

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús saduceos, de los que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron: —Maestro, Moisés nos dejó escrito: «Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero no hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano». Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos; el segundo se casó con la viuda y murió también sin hijos; lo mismo el tercero; y ninguno de los siete dejó hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección y vuelvan a la vida, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete han estado casados con ella.

Jesús les respondió: —Estáis equivocados, porque no entendéis la Escritura ni el poder de Dios. Cuando resuciten, ni los hombres ni las mujeres se casarán; serán como ángeles del cielo. Y a propósito de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: «Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de lsaac, el Dios de Jacob»? No es Dios de muertos, sino de vivos. Estáis muy equivocados.

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La cuestión del manejo de la información es muy delicado, sobre todo cuando el principio fundamental que debemos seguir ante éste rubro debe ser siempre la verdad. De suyo, no por nada se inventó el estudio, que lo que hace es profundizar en lo mayormente posible en la verdad de cada una de las cosas, las personas y las situaciones.

Pero los tiempos actuales no dan tiempo para ello, estamos mal impuestos a ya no investigar en indagar en la verdad misma, estamos sobre-informados con millones de datos accesibles en línea, pero sin la capacidad de discernimiento para identificar los que son auténticos de buena fuente. 

Ya en el mismo evangelio se presenta esta situación, en éste caso no por sobreinformación, sino por la falta de la misma, que al final el resultado es el mismo, no se entienden las cosas o se mal interpretan y en este caso en la verdad divina.

Lo mismo nos sucede si realmente no indagamos en la verdad para despejar las auténticas dudas, tan lógicas y buenas porque mueven al estudio, pero si nos quedamos en lo mínimo, adoptando la primera fuente informativa no reconocida como tal, nuestros conceptos serán erróneos y ellos serán los que guíen nuestra vida.

Es por ello que mientras más bien y certeramente estemos informados, mayor ventaja tendremos ante una mala manipulación de la verdad y por ende de nuestras vidas, que en realidad nos afecta en lo personal y en nuestro entorno. No hay como dedicar un tiempo a leer y estudiar, para estimular nuestra sana inteligencia y no esperar que en un video corto nos presente las cosas digeridas y con tendencias sospechosas.

“Ver con claridad”

“Ver con claridad”

Juan 16, 29-33

En aquel tiempo, dijeron los discípulos a Jesús: –Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que saliste de Dios.

Les contestó Jesús: –¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo.

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La renuencia a la aceptación inicial de un persona no se da de manera tan fácil, implica un proceso cognoscitivo y de confianza, no tan sólo en su ser, sino también en su pensar y obrar. Una vez alcanzado este punto, podemos ver clara y transparentemente a la persona, con sus virtudes así como con sus deficiencias.

Es un hecho que para ver a Jesús más claramente, implica otro proceso un tanto más certero, porque no solamente es una persona, sino que además es el Hijo de Dios, y llegar a la profundidad de descubrir dicha revelación, es necesario el trato cercano y muy directo. Sin ello, tan sólo podremos ver al Jesús milagriento y curador de enfermedades, como muchos en su tiempo lo consideraban en esa fama.

La fama que Jesús espera recibir, no es la de su persona, sino la de su ser en sí mismo, a la vez que quede impregnado en nuestras propias vidas, pero de una manera intrínseca hasta la médula de los huesos. 

No basta la mirada de águila por buena que sea, siempre veremos lo que los demás en el común ven, es necesario “Ver con claridad” para descubrir en Jesús al Salvador, al Redentor, al Amigo, a Nuestro Señor, a Dios, y eso se hace con un esfuerzo mayor y a su vez productivo en nuestro caminar, porque los beneficiados en esa relación somos nosotros.

Es por ello que es muy necesario disponer nuestra vida, acercarnos, encontrarnos con Jesús en la Eucaristía, en la oración, en las Visitas al Santísimo, en los sacramentos para entonces “ver con claridad”

“Riesgo de perder el rumbo”

“Riesgo de perder el rumbo”

Juan: 14, 1-6

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. Si no fuera así, yo se lo habría dicho a ustedes, porque voy a prepararles un lugar. Cuando me vaya y les prepare un sitio, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy”.

Entonces Tomás le dijo: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?” Jesús le respondió: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí”.

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No es nada fácil seguir el camino cuando se está cansado y agobiado por miles de problemas que nos tocan de manera ya sea directa o indirecta, porque una vez fatigados, todos los problemas del mundo, de los que nos enteramos solemos hacerlos nuestros y de igual manera sufrir por ellos, es decir, nos enganchamos a todo.

Es por ello que Jesús nos invita a no perder la paz, ya que sin ella nos volvemos totalmente vulnerables y manejables, tanto por las circunstancias negativas, aunque también se dé la docilidad para las positivas, sin ella las situaciones de dolor permanecen y se agudizan cada vez más al volcarnos sobre ellas una y otra vez sin ver la solución que suele ser sencilla, pero que obsesionados en el dolor no la visualizamos.

Siempre se tiene el riesgo de perder el rumbo, sin embargo se nos recuerda que Jesús siempre está al alcance de la mano para mostrarnos el camino de la paz, aquella que una vez restaurada, se tiene la serenidad para poder repensar las cosas y tomar las mejores y ponderadas decisiones.

Aún perdidos en la bastedad de los problemas, el camino de retorno siempre está disponible, sin juicios ni culpas, y ese camino es el Señor Jesús, quien con su pronta caridad predispone a salir de esas situaciones e ilumina para fortalecer la sabiduría que en el momento se necesita, don recibido al contacto con él por medio de su Santo Espíritu en cualquier momento. Aprovéchalo.

“¿Por dónde entras?”

“¿Por dónde entras?”

Juan 10, 1-10

En aquel tiempo, dijo Jesús: –«Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: –«Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.

Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.

El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.

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Resulta muy curioso ver cómo hoy en nuestros días las relaciones interpersonales han cambiado radicalmente, aquello que se daba tan natural y espontáneo, ahora se ha convertido en todo un arte que realmente hay que saber conocerlo porque si no, podemos perdernos en el intento.

Ya no es tan fácil acercarte y pedir una información cualquiera a alguien, porque lo toman como un ataque a su persona y una intromisión a su espacio y privacidad personal, dónde tan sólo permites su acercamiento si previamente alguien ya conocido los introduce en la relación.

Esto viene a formar con el uso ordinario un patrón, en el que para todo, necesitamos un médium para cualquier transacción y, en los casos más extremos las relaciones se tornan frías y utilitaristas, donde si te puedo usar, me importas, pero si no, ni en el mundo te hago. 

Hasta en los servicios andamos pidiendo hacer cualquier trámite por “la vía corta” es decir, con influencias y tratando de evitar la mayor fatiga posible, pero todo fácil y rápido. A veces hasta haciendo trampa y brincándose olímpicamente a los que llevan el proceso paso a paso con su esfuerzo dedicado.

Hasta para sencillamente hacer un bautizo, quieren evitar todo lo que implica su propio crecimiento en el aspecto y que uno les haga el favor. Ya no hay compromiso ni esfuerzo, todo lo queremos hacer brincando trancas, y hay que ver que tipo de personas somos, porque esos tramite fáciles, hablan de quienes somos. 

Somos de los que nos brincamos por otra parte, como el ladrón, o somos de los que con toda la dignidad y el respeto del mundo entra por la puerta naturalmente. Por ello la pregunta: ¿Por dónde entras?.

“Palpadme…”

“Palpadme…”

Lucas 24, 35-48

En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.

Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: –«Paz a vosotros».

Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Él les dijo: –«¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo».

Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: –«¿Tenéis ahí algo que comer?»

Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: –«Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse».

Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió: –«Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto».

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Es una necesidad muy concreta la comprobación de las palabras transmitidas, con la realidad, ya que una conforma y certifica a la otra, porque si no se constatan, entonces se puede caer en la credulidad, es decir, creer por creer sin sentido ni razón, mas que tan sólo la lógica intelectual; o por el otro lado caer en la incredulidad, donde no se cree sino tan sólo en lo comprobable.

Jesús conforma ambos elementos para testimoniar su obra y la fe, no sólo les pide creer ciegamente, sino que unifica su enseñanza y promesa con las obras concretas, es por ello que posteriormente a su muerte y resurrección, se hace presente y pide que lo palpen, que lo sientan, que conformen la promesa de la resurrección con el hecho mismo de su presencia real. 

Porque la su obra no queda ahí, en las enseñanzas, sino que deben demostrar que sigue vivo, haciéndolo de manera testimonial, ya que eso será lo que les dará las fuerzas y el soporte certero y necesario para seguir adelante en la nueva etapa de la evangelización y de la historia de la salvación. 

Testimonio que sigue hasta nuestros días vivo y vigente, ya que Jesús que vive resucitado con un cuerpo glorioso y eterno sigue manifestándose hoy, de múltiples maneras y modos, recordándonos nuevamente, “Palpadme” en la eucaristía, en la oración, en los hermanos, en las obras de misericordia, en tu encuentro personal, a través de los sacramentos y de mil maneras extraoficialmente, porque Dios no se limita a ello, aunque ahí de manera segura lo encontramos.

Pues el resto depende de permitirnos dejar tocar por el Señor, no depende de nosotros buscarlo a nuestro gusto, sino encontrarlo inclusive ahí, en el dolor más intenso, en el mayor pecado, en la más desagradable circunstancia, donde siempre nos rescata de ello y nos perdona, para conocer más de cerca su misericordia y amor, Él es el que llega de una manera palpable.

“Mayor servicio ante amenazas”

“Mayor servicio ante amenazas”

Juan 12, 1-11

Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa.

María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.

Judas Iscariote, uno de sus discípulos –el que lo iba a entregar– dijo: –«¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?»

Esto lo dijo, no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa llevaba lo que iban echando.

Jesús dijo: –«Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis».

Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos.

Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.”

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A Jesús ya lo habían amenazado de muerte, pero eso no le da temor, Él mismo sabía cual era el plan de su Padre celestial, por lo que en vez de ponerse en crisis y esconderse depresivamente, incondicionalmente no deja de hacer ordinariamente su labor, sólo con más discreción para seguir laborando. 

Notamos cómo inclusive visita a sus amistades en sus propias crisis, ayudándoles a salir de ellas sin dejar de obrar milagros, no por molestar a los dirigentes religiosos de su tiempo, sino por que ese es su plan, el cual no lo va a abandonar por las intervenciones humanas mal intencionadas, al contrario, no deja de manifestar el Reino, ya que sabe que su obra llegará más lejos.

Encontramos a un servidor que a su vez deja ser servido, esa reciprocidad es tal, que manifiesta el manejo de situaciones en todos los niveles y no tan sólo en las que nos especializamos, esa capacidad viene no del ejercicio psicológico o mental, sino de la misma gracia de Dios, que fortalece y mueve a la acción.

Es por ello que da un mayor servicio sin temor, y mientras más haga aún teniendo la oportunidad será mejor. Esa debería ser nuestra actitud, no vivir anclados ante los temores, sino siempre fortalecidos, pero con la gracia que nos guía por el buen y mejor camino, así parezca una desgracia.

“Abolir”

“Abolir”

Mateo 5, 17-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.

Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley.

El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.

Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos».

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Abolir v. tr. Suspender o dejar sin vigor una ley o una costumbre mediante una disposición legal: abolir la pena de muerte. abrogar. Ésta es la definición que nos dá el diccionario de la lengua española, la cual ser refiere a cambiar quello que no es ya válido.

En el caso del evangelio con jesús, es muy claro que no viene a cambiar aquella misma ley que Dios ha dado, porque Dios no cambia ni se desdice ante la verdad ya dada, su intención es en realidad retomar todos aquellos aspectos olvidados de la misma ley que son los que le dan su verdadero sentido, para que se aplique y se viva alegremente en plenitud.

El problema radica prácticamente en nuestro entorno así como en nuestras propias vidas, cuando la ley no me agrada, cuando quisiera que fuera distinta, cuando la tomo en cuenta pero parcialmente, con sus debidas pausas e intermitencias. Es entonces cuando en realidad soy yo quien cambia la ley o la reinterpreta no en base a la verdad plena en sí misma, sino en mi mentira que la llamo pseudo verdad.

Somo nosotros los que abolimos la ley y la cambiamos a nuestro placer, ciertamente es un acto válido porque nada te lo impide, lo puedes hacer, pero no es lícito. Por ende trae consigo sus propias consecuencias en base a nuestra nueva legislación tan vulnerable como nuestra voluntad.

Reconocemos el principio de la misma, pero en la práctica no la vivimos, la aceptamos de palabra, pero no de acción. Deseamos el bien de ella hacia nosotros, pero no las consecuencias negativas que conlleva el mal vivirla. Entonces, como el principio teórico es divino, el autor es Dios, pero ante el fruto de su consecuencia negativa, culpamos al autor mismo, cuando el autor mismo de tu pseudo ley eres tan sólo tu, así como el mismo generador de sus propios males.

Por ello si te atreves a abolirla y cambiarla, que sea por otra mejor, más sana y perfecta; pero si no, No la llames ley, cuando de suyo ya es una degeneración de tu propia dignidad y la de los demás, ni eches culpas, cuando quien la abolió fuiste tú. Por el contrario, si la vives y testimonias, serás grande. 

“Misterios revelados sencillamente”

“Misterios revelados sencillamente”

Mateo 7, 7-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.

Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le va a dar una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden!

En resumen: Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas».

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La mente unida a la inteligencia humana, tiene una capacidad tan basta de creatividad que puede llegar a especular más allá de lo imaginable, pero con la inconveniencia de que de igual manera solemos complicar y tergiversar las cosas y los conceptos, los enredamos a tal grado que tan sólo sean inteligibles para quienes tienen que condicionar su mente para ello, esquematizándose de manera fija y cerrada.

Dios es tan simple en su pensamiento y voluntad, además de darnos su confianza para transmitir el mensaje y su Palabra, pero con nuestros enredos mentales a través de las generaciones hemos podido expresar algo y de manera un tanto complicada en las mismas Sagradas Escrituras, ahí está el primer testimonio de nuestra complejidad ya que para expresar un pensamiento divino es necesario un libro.

Por una parte es muy bueno porque expresa extensamente su contenido, aunque a veces lo complica, pero así es la confianza de Dios, a sabiendas que Él está en todos los procesos y qué bueno que así lo permitió, como nos conoce tan bien, después de autocomplicarnos y quebrarnos la cabeza, entonces caemos en cuenta de su simpleza. Pero que le vamos a hacer, así somos y Dios respeta nuestra lógica complicada porque incluso ahí se hace notar.

Por ello en sus múltiples parábolas y ejemplos concluye con un pensamiento sencillo que lo contiene todo, como el ejemplo donde remarca que en eso consisten la ley y los profetas resumidamente hablando, sin olvidar que el principal y único fundamento real al final es el amor.

“Lo de fuera no mancha”

“Lo de fuera no mancha”

Marcos 7, 14-23

En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: —Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. El que tenga oídos para oir que oiga. Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la comparación. El les dijo: —¿Tan torpes sois también vosotros? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón sino en el vientre y se echa en la letrina. (Con esto declaraba puros todos los alimentos). Y siguió: —Lo que sale de dentro, eso sí mancha al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.

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Ya desde muy antiguo se tiene la creencia en base a las apariencias, de que la impureza  y el mal de los demás puede mancharnos, creencia por supuesto muy falsa pero creíble para las mentes que no piensan mucho así como las débiles y vulnerables, además eso lo creemos cuando existe en nuestra percepción personal una minusvaloración de la propia persona, la cual no se da cuenta de lo mucho que vale, por lo que cae en peso mucho más la opinión de los demás que la propia.

Por ello en ocasiones, en un falso cuidado de nosotros mismos creemos que el mal viene de los demás, que son los que nos pueden truncar los proyectos de vida, los que pueden derribar nuestros sueños, los que nos pueden manchar y, claro lo harán si se los permitimos, sobre todo porque no impongo y defiendo mi dignidad primero como persona y luego como hijo de Dios, sino que me dejo llevar por el común del mundo en el vaivén de la manipulación donde soy y valgo lo que dicen los medios y los demás.

Y es que olvidamos que en realidad lo que nos mancha no es lo externo, no es lo de fuera, no son los demás, por ello tenemos una voluntad libre e inteligente de la cual tan sólo nosotros mismos somos capaces de orientarla, pero se la depositamos en los demás,  entonces haremos muy nuestras las propias manchas de los demás.

Nada ni nade te puede obligar a mancharte, ni el demonio mismo si tú no se lo permites, lo que en realidad mancha es aquello que independientemente del contexto del mal mundial es lo que tú quieres de tu propia cosecha dañar a los demás, ofenderlos y usarlos para tu propio fin o desahogo sentimental.

Tu dignidad es tan única e impenetrable que tan sólo lo mancha lo que sale de tu corazón lleno de odio y deseo de ofender a las personas y por ende a Dios. No te engañes, que no te hagan partícipe de las manchas de los demás, que esas no te hacen nada, lo malo es cuando las haces tuyas y le añades tu odio personal.