“Mayor servicio ante amenazas”

“Mayor servicio ante amenazas”

Juan 12, 1-11

Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa.

María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.

Judas Iscariote, uno de sus discípulos –el que lo iba a entregar– dijo: –«¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?»

Esto lo dijo, no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa llevaba lo que iban echando.

Jesús dijo: –«Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis».

Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos.

Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.”

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A Jesús ya lo habían amenazado de muerte, pero eso no le da temor, Él mismo sabía cual era el plan de su Padre celestial, por lo que en vez de ponerse en crisis y esconderse depresivamente, incondicionalmente no deja de hacer ordinariamente su labor, sólo con más discreción para seguir laborando. 

Notamos cómo inclusive visita a sus amistades en sus propias crisis, ayudándoles a salir de ellas sin dejar de obrar milagros, no por molestar a los dirigentes religiosos de su tiempo, sino por que ese es su plan, el cual no lo va a abandonar por las intervenciones humanas mal intencionadas, al contrario, no deja de manifestar el Reino, ya que sabe que su obra llegará más lejos.

Encontramos a un servidor que a su vez deja ser servido, esa reciprocidad es tal, que manifiesta el manejo de situaciones en todos los niveles y no tan sólo en las que nos especializamos, esa capacidad viene no del ejercicio psicológico o mental, sino de la misma gracia de Dios, que fortalece y mueve a la acción.

Es por ello que da un mayor servicio sin temor, y mientras más haga aún teniendo la oportunidad será mejor. Esa debería ser nuestra actitud, no vivir anclados ante los temores, sino siempre fortalecidos, pero con la gracia que nos guía por el buen y mejor camino, así parezca una desgracia.

“Abolir”

“Abolir”

Mateo 5, 17-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.

Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley.

El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.

Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos».

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Abolir v. tr. Suspender o dejar sin vigor una ley o una costumbre mediante una disposición legal: abolir la pena de muerte. abrogar. Ésta es la definición que nos dá el diccionario de la lengua española, la cual ser refiere a cambiar quello que no es ya válido.

En el caso del evangelio con jesús, es muy claro que no viene a cambiar aquella misma ley que Dios ha dado, porque Dios no cambia ni se desdice ante la verdad ya dada, su intención es en realidad retomar todos aquellos aspectos olvidados de la misma ley que son los que le dan su verdadero sentido, para que se aplique y se viva alegremente en plenitud.

El problema radica prácticamente en nuestro entorno así como en nuestras propias vidas, cuando la ley no me agrada, cuando quisiera que fuera distinta, cuando la tomo en cuenta pero parcialmente, con sus debidas pausas e intermitencias. Es entonces cuando en realidad soy yo quien cambia la ley o la reinterpreta no en base a la verdad plena en sí misma, sino en mi mentira que la llamo pseudo verdad.

Somo nosotros los que abolimos la ley y la cambiamos a nuestro placer, ciertamente es un acto válido porque nada te lo impide, lo puedes hacer, pero no es lícito. Por ende trae consigo sus propias consecuencias en base a nuestra nueva legislación tan vulnerable como nuestra voluntad.

Reconocemos el principio de la misma, pero en la práctica no la vivimos, la aceptamos de palabra, pero no de acción. Deseamos el bien de ella hacia nosotros, pero no las consecuencias negativas que conlleva el mal vivirla. Entonces, como el principio teórico es divino, el autor es Dios, pero ante el fruto de su consecuencia negativa, culpamos al autor mismo, cuando el autor mismo de tu pseudo ley eres tan sólo tu, así como el mismo generador de sus propios males.

Por ello si te atreves a abolirla y cambiarla, que sea por otra mejor, más sana y perfecta; pero si no, No la llames ley, cuando de suyo ya es una degeneración de tu propia dignidad y la de los demás, ni eches culpas, cuando quien la abolió fuiste tú. Por el contrario, si la vives y testimonias, serás grande. 

“Misterios revelados sencillamente”

“Misterios revelados sencillamente”

Mateo 7, 7-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.

Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le va a dar una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden!

En resumen: Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas».

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La mente unida a la inteligencia humana, tiene una capacidad tan basta de creatividad que puede llegar a especular más allá de lo imaginable, pero con la inconveniencia de que de igual manera solemos complicar y tergiversar las cosas y los conceptos, los enredamos a tal grado que tan sólo sean inteligibles para quienes tienen que condicionar su mente para ello, esquematizándose de manera fija y cerrada.

Dios es tan simple en su pensamiento y voluntad, además de darnos su confianza para transmitir el mensaje y su Palabra, pero con nuestros enredos mentales a través de las generaciones hemos podido expresar algo y de manera un tanto complicada en las mismas Sagradas Escrituras, ahí está el primer testimonio de nuestra complejidad ya que para expresar un pensamiento divino es necesario un libro.

Por una parte es muy bueno porque expresa extensamente su contenido, aunque a veces lo complica, pero así es la confianza de Dios, a sabiendas que Él está en todos los procesos y qué bueno que así lo permitió, como nos conoce tan bien, después de autocomplicarnos y quebrarnos la cabeza, entonces caemos en cuenta de su simpleza. Pero que le vamos a hacer, así somos y Dios respeta nuestra lógica complicada porque incluso ahí se hace notar.

Por ello en sus múltiples parábolas y ejemplos concluye con un pensamiento sencillo que lo contiene todo, como el ejemplo donde remarca que en eso consisten la ley y los profetas resumidamente hablando, sin olvidar que el principal y único fundamento real al final es el amor.

“Lo de fuera no mancha”

“Lo de fuera no mancha”

Marcos 7, 14-23

En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: —Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. El que tenga oídos para oir que oiga. Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la comparación. El les dijo: —¿Tan torpes sois también vosotros? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón sino en el vientre y se echa en la letrina. (Con esto declaraba puros todos los alimentos). Y siguió: —Lo que sale de dentro, eso sí mancha al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.

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Ya desde muy antiguo se tiene la creencia en base a las apariencias, de que la impureza  y el mal de los demás puede mancharnos, creencia por supuesto muy falsa pero creíble para las mentes que no piensan mucho así como las débiles y vulnerables, además eso lo creemos cuando existe en nuestra percepción personal una minusvaloración de la propia persona, la cual no se da cuenta de lo mucho que vale, por lo que cae en peso mucho más la opinión de los demás que la propia.

Por ello en ocasiones, en un falso cuidado de nosotros mismos creemos que el mal viene de los demás, que son los que nos pueden truncar los proyectos de vida, los que pueden derribar nuestros sueños, los que nos pueden manchar y, claro lo harán si se los permitimos, sobre todo porque no impongo y defiendo mi dignidad primero como persona y luego como hijo de Dios, sino que me dejo llevar por el común del mundo en el vaivén de la manipulación donde soy y valgo lo que dicen los medios y los demás.

Y es que olvidamos que en realidad lo que nos mancha no es lo externo, no es lo de fuera, no son los demás, por ello tenemos una voluntad libre e inteligente de la cual tan sólo nosotros mismos somos capaces de orientarla, pero se la depositamos en los demás,  entonces haremos muy nuestras las propias manchas de los demás.

Nada ni nade te puede obligar a mancharte, ni el demonio mismo si tú no se lo permites, lo que en realidad mancha es aquello que independientemente del contexto del mal mundial es lo que tú quieres de tu propia cosecha dañar a los demás, ofenderlos y usarlos para tu propio fin o desahogo sentimental.

Tu dignidad es tan única e impenetrable que tan sólo lo mancha lo que sale de tu corazón lleno de odio y deseo de ofender a las personas y por ende a Dios. No te engañes, que no te hagan partícipe de las manchas de los demás, que esas no te hacen nada, lo malo es cuando las haces tuyas y le añades tu odio personal.

“Silencios que matan”

“Silencios que matan”

Marcos 3, 1-6

En aquel tiempo, entró Jesús otra vez en la sinagoga y había allí un hombre con parálisis en un brazo. Estaban al acecho, para ver si curaba en sábado y acusarlo. Jesús le dijo al que tenía la parálisis: —Levántate y ponte ahí en medio.

Y a ellos les preguntó: —¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?

Se quedaron callados. Echando en torno una mirada de ira y dolido de su obstinación, le dijo al hombre: —Extiende el brazo.

Lo extendió y quedó restablecido. En cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con él.

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Una de las actitudes que creemos la más prudente, cuando se presenta un problema muy cercano a nosotros, sería la actitud de no entrometer nuestras vidas y opiniones en los problemas de otros, pero eso en realidad no es prudencia, es en cierta manera cobardía; no significa que tengas que hacer tuya la situación cuando no te pertenece, ni que tengas que obrar como si el problema fuera tuyo, sino que existen un sinnúmero de oportunas intervenciones que podemos hacer.

La primera verdaderamente prudente sería no tomar partido con ninguna persona, sino con la verdad, aquí existe una real oportunidad de sanar la situación en vez de remarcar el error o la negativa de una persona que la empeoraría, pero si la intención va un tanto viciada con tendencia a sacar provecho de eso, entonces te haces reo de culpa por apoyar situaciones no legítimas.

Aquí el problema real radica cuando no se desea seguir la verdad del hecho en sí misma, como lo es el caso del evangelio, en que buscando el mejor y mayor bien de una situación, Jesús pregunta si es lícito hacer un bien mayor del que la ley propone, y aunque sabiendo la verdad, el mal radica cuando tomamos actitudes de silencios que matan, es decir, pecamos de omisión, no dejando al olvido que es una falta en sí misma por la oportunidad de santificarnos ante la posibilidad de ejercer un bien al prójimo.

La omisión no es prudencia, es pecado, porque no basta en la vida con no hacer el mal, lo que si basta es además hacer el bien. Pero si estamos acostumbrados a guardar silencio y no hacer nada realmente oportuno y prudente, estarás negando tu propio ser que fue hecho para el bien, cuando menos iniciar orando para encomendar esa situación, ya es mucha ayuda, poner primero la intervención divina, antes de la emocional humana donde nos podemos equivocar, pero nunca quedar indiferentes, porque eso lo primero que mata es tu propia vida divina.

“Nadie puede tomarse algo para sí…”

“Nadie puede tomarse algo para sí…”

Juan 3, 22-30

En aquel tiempo, fue Jesús con sus discípulos a Judea, se quedó allí con ellos y bautizaba. También Juan estaba bautizando en Enón, cerca de Salín, porque había allí agua abundante; la gente acudía y se bautizaba. A Juan todavía no le habían metido en la cárcel. Se originó entonces una discusión entre un judío y los discípulos de Juan acerca de la purificación; ellos fueron a Juan y le dijeron: «Oye, rabí, el que estaba contigo en la otra orilla del Jordán, de quien tú has dado testimonio, ése está bautizando, y todo el mundo acude a él». Contestó Juan: «Nadie puede tomarse algo para sí, si no se lo dan desde el cielo. Vosotros mismos sois testigos de que yo dije: «Yo no soy el Mesías, sino que me han enviado delante de él». El que lleva a la esposa es el esposo; en cambio, el amigo del esposo, que asiste y lo oye, se alegra con la voz del esposo; pues esta alegría mía está colmada. Él tiene que crecer, y yo tengo que menguar».

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Todos los dones y las cualidades con las que nacemos, ciertamente al ser conscientes de ellos e identificarlos, pasan a ser en nuestro propio concepto en general, una cualidad de tu propia naturaleza, como si eso te perteneciera y fuera lo ordinario en ti, sin mayor preocupación porque ya te acostumbraste a ello.

Sin embargo un conocimiento más profundo de ti mismo, hace profundizar la conciencia y sobre todo la propiedad de aquello que haz recibido, sobre todo si nos llamamos cristianos y decimos amar a Dios, lo primero que deberíamos de reconocer en una actitud de agradecimiento es aquello que sin pedirlo hemos recibido, sobre todo a sabiendas que Dios te da lo mejor en para que te desarrolles íntegra y ampliamente en el camino que te tiene encomendado en ésta etapa de la historia de la Salvación.

De tal manera que si reconocemos, porque Dios nos ha dado la capacidad para identificar los múltiples y excelentes dones en los demás, no es para limitarlos ni reprimirlos, al contrario, en ellos a su vez, es una complementación que está toda predispuesta en el mismo plan de Dios, nada sobra, todo tiene un cometido y debe de cumplirse ya que es una digna participación a la que te invita el Señor para que completes esa parte de la Creación que se te ha encomendado junto con las herramientas para ello.

Es por ello, que como dice el evangelio “Nadie puede tomarse algo para si”, es muy cierto que ahora es un regalo y como tal es tuyo, pero no procede de ti, es participado y tiene un fin a seguir. A lo mejor no lo participas, sigue siendo un excelente don pero tú mismo lo limitas.

Nadie puede decirse que tiene una perfección cuando sabe que no hizo nada para recibirla, al contrario, puedes remarcarla agradecidamente referida al autor y entonces ya la estarás encausando al fin que tiene que llegar: a los hermanos y a Dios.

“Sus palabras no pasarán…”

Lucas 21, 29-33

En aquel tiempo, Jesús propuso a sus discípulos esta comparación: “Fíjense en la higuera y en los demás árboles. Cuando ven que empiezan a dar fruto, saben que ya está cerca el verano. 

Así también, cuando vean que suceden las cosas que les he dicho, sepan que el Reino de Dios está cerca. Yo les aseguro que antes de que esta generación muera, todo esto se cumplirá. Podrán dejar de existir el cielo y la tierra, pero mis palabras no dejarán de cumplirse”. 

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Hay muchas palabras, poesías, literaturas que nos gustan, porque nos identificamos con ellas, las leemos y releemos porque nos llenan y dan alegrías, digo, si es que leemos. 

Pero aún así nos identificamos con cierta manera de pensar, hasta tus amistades, si te pones a pensar, son aquellas, que son como tu, que piensan como tu, que te dan por tu lado, que afirman lo que tu afirmas, y por consiguiente tus enemigos son los que no te dan por tu lado y te contrarían. 

Lo mismo nos pasa con la Palabra de Dios, lo que nos place y nos complementa a nuestro gusto es bien recibida, su palabra es muy buena, según nosotros, pero cuando te dice que lo que haces no está en el plan de Dios, no te agrada, porque te recuerda esa parte que no has querido tratar porque te duele, aunque hable con palabras sanas y sabias, más reaccionamos tan violentamente demostrando que esa es una parte de tu inmadurez que necesita asimilarse en el continuo crecimiento humano y espiritual, porque si estuvieras totalmente sano y con plena madurez, no te dolería nada, venga lo que venga, digan lo que digan. 

Cuantas veces quisiéramos cambiar la voluntad de Dios, que sus palabras cambiaran, porque no me agradan, queremos hacer un dios a nuestra medida, queremos que Dios haga nuestra voluntad, pero se nos olvida que nosotros somos los que debemos hacer su Santa Voluntad, sabía, inteligente, apropiada, directa, recta y crecer ampliamente en todos los sentidos de la vida. Hoy nos recuerda, todo podrá cambiar, el mundo, las circunstancias, las personas, hasta las leyes sociales, pero su Palabra nunca cambiará. No le busques tres pies al gato, acepta su palabra y serás dichoso.

“Lo malo de hacer el bien”

Lucas: 21, 12-19

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Los perseguirán y los apresarán, los llevarán a los tribunales y a la cárcel, y los harán comparecer ante reyes y gobernantes por causa mía. Con esto ustedes darán testimonio de mí.
Grábense bien que no tienen que preparar de antemano su defensa, porque yo les daré palabras sabias, a las que no podrá resistir ni contradecir ningún adversario de ustedes.
Los traicionarán hasta sus padres y hermanos, sus parientes y amigos. Matarán a algunos de ustedes, y todos los odiarán por causa mía. Sin embargo, ni un cabello de su cabeza perecerá. Si se mantienen firmes, conseguirán la vida”.

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Muchas de las veces, tarde o temprano nos llega la eterna pregunta ¿Por qué si hago el bien me va cada vez más mal?, de igual manera vemos que a aquellos que no laboran tan bien como se debe, les va de maravilla, como si no pasara nada, hasta en un momento de cansancio podríamos pensar que hacer todo bien no vale la pena, tanto esfuerzo para nada, a veces decidiendo caer precisamente en la trampa de tomarlo como una maldición y renunciar a ello.

Entonces en esa etapa, ya caímos en el plan del maligno, ya llenos de coraje y odio le damos vuelo a la hilacha hundiéndonos cada vez más en el ya ordinario pantanal del mundo como si fuera lo normal, y en ocasiones alentados por sus marionetas que no dejan de estar siempre a nuestro lado.

Aquí no se trata de una profecía o una maldición hecha por Jesús a los que le seguimos y tratamos de llevar una vida conforme a la voluntad divina; a lo mejor así lo presenta el maligno, pero en realidad todo cuanto nos acontece lo es precisamente por pura envidia del demonio que no tolera ver en medio del mundo tango bien realizado y lo ponemos en crisis.

Es un hecho que el demonio nunca va a atacar a los que hacen el mal, para qué si ya los tiene trabajando para sí, ataca con todo lo que puede a los que no puede hacerlos suyos, es por ello que cuanto más trates de hacer el bien, más te van a atacar, incluso tus mejores amigos y familiares, porque les duele ver el bien que haces y que ellos no, además de que se prestan al teatrito del chamuco, por ello nunca te canses de hacer el bien, no es ninguna maldición, al contrario, combatir al mal a fuerza de bien, porque atacar mal con mal, ya perdimos y así entramos en el esquema del maligno.

Eso es lo malo de hacer el bien, pero el bien siempre es mayor aunque el mal haga escándalo para publicarse.

“El tiempo de los engaños”

Lucas: 21, 5-11

En aquel tiempo, como algunos ponderaban la solidez de la construcción del templo y la belleza de las ofrendas votivas que lo adornaban, Jesús dijo: “Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra de todo esto que están admirando; todo será destruido”.
Entonces le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo va a ocurrir esto y cuál será la señal de que ya está a punto de suceder?”
Él les respondió: “Cuídense de que nadie los engañe, porque muchos vendrán usurpando mi nombre y dirán: ‘Yo soy el Mesías. El tiempo ha llegado’. Pero no les hagan caso. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, que no los domine el pánico, porque eso tiene que acontecer, pero todavía no es el fin”.
Luego les dijo: “Se levantará una nación contra otra y un reino contra otro. En diferentes lugares habrá grandes terremotos, epidemias y hambre, y aparecerán en el cielo señales prodigiosas y terribles”.

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Se habla mucho de que estamos en los últimos tiempos, de que en cualquier momento llegará el juicio final universal para todos y que al demonio se le termina su reinado, para ello se utilizan las ya características señales que al día de hoy nos son comunes, sin embargo como el mismo evangelio lo indica: “eso tiene que acontecer, pero todavía no es el fin”.

Por el contrario, somos bien informados para que ciertamente no se den los típicos abusos en el tema, ya que con la temática del miedo y del fin del mundo, se manipula a las personas y sobre todo, se les miente.

Es que olvidamos que desde todos los tiempos, la principal herramienta que utiliza el maligno es la mentira, aquella que precisamente se usa en contraposición radical a la verdad misma y contra Dios, de quien emana todo bien y autenticidad.

Y si a eso añadimos que al chamuco se le termina el tiempo, entonces, utilizando todo su arsenal y empeño en atacar por la premura de su final, es muy evidente que en la más sublime de sus acciones, junto con todas las marionetas que ya sea consciente o inconscientemente se disponen a ser utilizadas para el mal, usan como lema oficial el engaño y la mentira.

Es por ello que ante este ataque ideológico de falsedad envuelta en un velo de ilícita verdad para engancharnos, Jesús revela, que ante todo, hay que vivir en la verdad, y ella nos iluminará, por ello no asustarnos, ya que el miedo nos hace tomar decisiones arrebatadas con consecuencias nefastas.

Simplemente en éste tiempo de los engaños institucionalizados, hay que estar preparados de tal manera que no caigamos en las trampas que por doquier las encontramos, viviendo la verdad, la vida de la gracia y la oración, entonces estaremos capacitándonos para que como cera se nos resbalen todas aquellas faramallas y no hagan mella en nosotros.

“La verdad en un mundo de Hipocresía”

“La verdad en un mundo de Hipocresía”

Lucas 13, 10-17

Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga. Había una mujer que desde hacía dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y andaba encorvada, sin poderse enderezar. Al verla, Jesús la llamó y le dijo: —Mujer, quedas libre de tu enfermedad.

Le impuso las manos, y enseguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios. Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, dijo a la gente: —Seis días tenéis para trabajar: venid esos días a que os curen, y no los sábados.

Pero el Señor, dirigiéndose a él, dijo: —Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata del pesebre al buey o al burro, y lo lleva a abrevar, aunque sea sábado? Y a ésta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no había que soltarla en sábado?

A estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, y toda la gente se alegraba de los milagros que hacía.

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Lamentablemente vivimos en un mundo que ha caído en la paranoia de las dependencias y las adicciones en todos los ámbitos de la vida, no me refiero tan sólo a los casos clínicos en crisis manifiesta, sino también a aquellos que han sido inducidos como un plan de control en cada uno de nosotros, los cuales se han oficializado como socialmente aceptables aunque cuando se remarcan son causa de escándalo sobre todo cuando se habla con la verdad..

Tenemos el caso de la manifiesta tendencia al abuso de la sexualidad, por todos los medios se presenta un erotismo explícito que incita a un libertinaje sexual, claro, la sexualidad puesta en el plano de la morbosidad vende con ganancias multimillonarias, nos hacen dependientes de ella, para luego ante una falta en ese ámbito, escandalizarnos, poniendo el énfasis en la persona acusada para que o miren hacia nosotros que estamos igual o peor. Eso es Hipocresía. Les espanta, pero les encanta.

Ante tanta dependencia ya oficializada y comercializada, todo mundo busca cubrir su cuota buscando aquello que lo satisface como una droga sin ser estupefacientes, ya sea el sexo, el romanticismo, las relaciones personales, no podemos vivir sin ellas de manera normal, sino utilizando inclusive a las personas, aquellas que no nos importan sino tan solo para que nos den lo que necesitamos obsesivamente: atención, romances narcisistas y sexo.

Eso hace que perdamos el piso, ya no vivamos en la realidad y entremos en el mundo de la fantasía, rechacemos la verdad, los valores morales, perdamos la espiritualidad por obtener las dosis de las que dependemos, incluso lo que erróneamente llaman amor. Ante ésta realidad, viviendo de manera hipócrita la verdad duele, y es evitada hasta violentamente.

Para muestras fíjate en los medios de comunicación, todo el tiempo están dando las dosis de lo que dependemos, Amores imposibles, Sexo, relaciones cósmicas con las princesas y príncipes azules, todo inalcanzable e insaciable, pero anclados a ellas. Hasta en el face si se publica algo que alimente las dependencias y todo mundo le pone likes, pero publica la verdad de una situación o de cómo superar las dependencias y todo mundo la rechaza porque le tiene miedo.

Es my difícil presentar la verdad en un mundo enfermo y lleno de hipocresía, porque ahora resulta que los sanos son los locos.