“¿Con qué alimentas tu corazón?”

Lucas 6, 43-49

En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: «No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano. Cada árbol se conoce por su fruto: porque no se cosechan higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos. El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca. ¿Por qué me llamáis “Señor, Señor”, y no hacéis lo que digo? El que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone por obra, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida. El que escucha y no pone por obra se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y enseguida se derrumbó desplomándose».”

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Podría parecer absurda la pregunta para alimentar el corazón, si basta una buena nutrición que implica el total del organismo en el cual está incluido. Pero claramente no estamos hablando de ese tipo de alimento, sino de aquello con lo que lo estamos saciando intelectual y espiritualmente hablando.

De suyo, ya existe un dicho que dice: “Tu eres lo que comes”, pues de igual manera tu eres, piensas y vives conforme al entorno del que te hagas partícipe, porque así como hay alimento chatarra, hay filosofías y espiritualidades chatarra. Existen instrumentos que alimentan tu intelecto, por lo general, utilizamos los que son más fáciles de utilizar y que no hacen pensar mucho, como lo es la televisión, el internet, y de entre ellos, una gama indefinida de posibilidades.

Pero si dedicamos todo nuestro esfuerzo de asimilación de la realidad, enfocados en los medios de crítica mordaz, en los melodramas inventados, en las noticias amarillistas, que no es otra cosa sino veneno para el corazón, eso será lo que estará a flor de piel y en nuestra lengua, eso será lo primero que brotará instintivamente en cualquier opinión, razonamiento y juicio para los demás.

Es por eso, que debemos de ser cuidadosos al no permitir envenenar nuestra mente con tanta basura, eso es de personas que no tienen ningún proyecto en su vida y necesitan ocupar malamente su mente en algo ajeno a sí mismos, que dé qué decir.

Es necesario previamente alimentar el corazón con aquellas verdades fundamentales que orientan profundamente y delinean el resto de los pensamientos, sabiendo identificar los erróneos y dañinos, de los reconfortantes y provechosos, para evitar dañarnos a nosotros mismos y a los demás.

Porque simple y sencillamente, aquello de lo que estés alimentando tu corazón, será lo que brote y manifiestes, te acepten o rechacen, e identifiquen que tipo de persona eres tu.

“¿Qué tan lejos puedes ver?”

“¿Qué tan lejos puedes ver?”

Lucas 6, 39-42

En aquel tiempo, ponía Jesús a sus discípulos esta comparación: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? Un discípulo no es más que su maestro, si bien cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: «hermano, déjame que te saque la mota del ojo, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano».

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Al respecto de la visibilidad podemos tomarla en tres vertientes, la primera: tal cual la reportan los meteorólogos, puede ser desde ilimitada hasta nula si es que hay niebla, ésta depende totalmente de los factores externos. La segunda es: la que reporta tu vista personal, es decir, sería perfecta si no presenta problemas de miopía o hipermetropía, entre otros males que afectan a la visión, ésta depende de su salud óptica. La tercera es un conjunto de las dos anteriores, mezclada con la propia experiencia y la sabiduría divina que nos ayuda a discernir en lo que vemos en el ahora y proyectarlo a futuro.

La tercera forma de ver las cosas es la que nos atañe, ya que de suyo existen limitantes  a la visión que para nada son externos, sino que en su totalidad dependen de nosotros, ya que nos imponemos a ver tan sólo las cosas que queremos ver y que buscamos intencionalmente, limitando el rango de situaciones y cosas que no conocemos por ignorancia al hacerlas aun lado como si nada tuviéramos que ver con ellas.

Dentro de esas limitaciones adoptamos ciertas posturas mental-visuales que ciertamente como vigas al frente del ojo, no dejan ver lo que está al frente ni la realidad de las cosas, eso limita la capacidad de actuar porque no se ve en realidad dónde ayudar, es por ello  necesario quitarlas para ver claro como y por dónde atender los demás de manera certera. 

De otra manera, sólo entorpecemos y dañamos con nuestra ceguera en el camino, y eso tampoco lo vemos, pensamos que ayudamos, cuando en realidad no. Es necesario eliminar todo cuando limite nuestra vista, para poder ver a lo lejos, ver hasta dónde pueden llegar los demás y hasta dónde puedo llegar yo. 

Si no podemos ver cómo ayudar al hermano, será señal de que necesitarás bastante ayuda, ya que demuestras no tener capacidad de ver inclusive lo tuyo.

“Cordiales vs. convenencieros”

“Cordiales vs. convenencieros”

Lucas 6, 27-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian. Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen. Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores con intención de cobrárselo. ¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada: tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos. Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis la usarán con vosotros».

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Una de las principales características del cristiano radica precisamente en su caridad, en el manifestar una vida llena de afecto sincero, tan amable con cualquier persona que supera la sola educación, sino que va más allá, llega a mostrar una relación que sale sin problema desde el fondo de su corazón, aquello que llamamos cordialidad.

En sí, se trata de una actitud de donación, no solamente de bienes materiales, sino inclusive de tiempos y atenciones personales según se necesiten en su momento. 

Contrariamente ante esto encontramos un mal entender de esa actitud, porque de cordiales, pasamos por un lado a ser convenenciero o justicieros. Convenencieros porque sabiendo que existe gente que se dona y es capaz de quitarse el vestir para darlo a quien lo necesita, así como el pan de la boca, a quien le favorece ésta situación es a aquellos que les conviene sacar provecho y abusar de la bondad de los demás sin mayor problema de conciencia. Aquellos que hasta exigen manipulando y chantajeando a los verdaderos cristianos como si obligadamente les tuvieran que dar, esos que desde que nacen ya tienen la mano estirada para pedir pan y la cara impregnada de falsa tristeza.

También están los justicieros, aquellos que no dan si no les dan, es decir, tu pones, yo pongo, tu haces, yo hago, y si no obras, yo no obro. Aquellos que están al tú por tú, los que les conviene la justicia y la renombran como caridad, pero que no son capaces de dar nada independientemente por su cuenta, sino como respuesta después de ver lo que reciben. Eso no es caridad, es lo normal que se debe mínimo como gente educada hacer, porque la caridad es dar un poco más de lo que impone la justicia libremente y sin retroalimentación. 

La cuestión es, que no pidas más de lo que no das, y si das de más, ya sabrás como se te recompensará sin esperarlo, pero llega y sin pedirlo. Así obra la generosidad. No dejes de ser cordial, pero no te dejes de los covenencieros, porque si les ayudas los dañas y estancas.

“Conformistas y consolados”

“Conformistas y consolados”

Lucas 6, 20-26

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: «Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros cuando es odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del Hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo: porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero, ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo! ¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre! ¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis! ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas».

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Los valores a través del tiempo, aunque son únicos e inmutables, la cultura del tiempo los va cambiando y hasta desvirtuando, de tal manera que llega a poner como valor absoluto inclusive los malos hábitos y los pone de moda, claro con sus debidas facturas a pagar que sin falta llegan a su tiempo, de lo cual no te informan, pero ese no es el problema, a fin de cuentas al final caemos en cuenta de que eso no era valor, sino todo lo contrario.

La cuestión radica en que aunque cada vez tenemos más y mejores situaciones así como oportunidades, sin embargo no dejamos de ser conformistas, lo cual me atrevo a afirmarlo porque no dejamos de buscar siempre lo mismo, parece que tenemos una rutina autocícilica en total dependencia con aquello que te atrae, dígase personas, cosas, bienes y entre otras cosas algunos vicios.

No llamo conformismo a tan sólo navegar por la miseria y la pobreza en aquellos que no quieren salir de su situación, sino que incluyo a los que de igual manera inundados en la riqueza se conforman con ello. 

Aquí es donde llamo a los consolados, aquella gama de personas que van desde los que buscan sólo tener para comer, hasta los que las riquezas y la abundancia de bienes les consuela, pero no les otorga la plena felicidad.  

Son esos que parece que les basta el consuelo de éste mundo, sin embargo no llegan a la dicha, el sentirse realmente orgullosos no de lo que tienen, sino de lo que son, de su experiencia, de su capacidad para llegar a los demás y alentarlos aún en sus propias necesidades, los que no se conforman con un auto del año por más renombre que tenga, ni se consuelan con un premio de millones, aunque esto sea bueno. La razón es porque eso no sacia a un corazón que espera lo que realmente lo llena, es decir la dicha de haber dado de sí, algo a los demás, de haber salido adelante a pesar del dolor, de saber caminar con la frente en alto y sin prejuicios.

Esos no conformistas y consolados son los que necesita el mundo tan necesitado de novedad y admiración de la propia vida que nunca deja de tener lo suyo, con o sin bienes. Por ello, no dejes que el mundo te consuele, busca siempre algo mejor.

“Natividad de Santísima Virgen María”

“Natividad de Santísima Virgen María”


Mateo 1, 18-23


El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. 

Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: –«José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: “Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa «Dios-con-nosotros»”.
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Ciertamente que no tenemos ningún documento oficial sobre la fecha del nacimiento de la Santísima Virgen María, sin embargo otorgar una fecha para celebrarla es un acto de reconocimiento y grandeza de su obra digna de que se le de gracias a Dios, sin importar la fecha en éste mundo, el habernos regalado en la historia humana un ser tan excelente como lo es María, sin la cual la historia de la Salvación y la redención hubiera sido otra.


Comparto un fragmento de la explicación de ésta fiesta:


Datos históricos y teológicos de la celebración


A diferencia de lo que ocurre con el nacimiento de Juan Bautista, el evangelio no dice nada del nacimiento de Nuestra Señora.


En Jerusalén, en la Iglesia de Santa Ana. La primera fuente de la narración del nacimiento de la Virgen es el apócrifo Protoevangelio de Santiago, que coloca el nacimiento de la Virgen en Jerusalén, en el lugar en que debió existir una basílica en honor a la  María Santísima, junto a la piscina probática, según cuentan diversos testimonios entre los años 400 y 600. Después del año 603 el patriarca Sofronio afirma que ése es el lugar donde nació la Virgen. Posteriormente, la arqueología ha confirmado la tradición.


La fiesta de la Natividad de la santísima Virgen surgió en oriente, y con mucha probabilidad en Jerusalén, hacia el s. v. Allí estaba siempre viva la tradición de la casa natalicia de María. La fiesta surgió muy probablemente como dedicación de una iglesia a María, junto a la piscina probática; tradición que se relaciona con el actual santuario de Santa Ana.


¿Por qué el 8 de septiembre?


La fiesta fue fijada el día 8 de septiembre probablemente porque, representando María el papel del comienzo o proemium de la obra de la salvación (cf. la oración de colecta de la misa), era muy oportuno celebrar su nacimiento al principio del año eclesiástico según el Monologium Basilianum. Una narración apócrifa, titulada De ortu Virginis (sobre el nacimiento de la Virgen), ponía la concepción en el seno de santa Ana a primero de mayo, y refería que Nuestra Señora había nacido, a los cuatro meses de gestación.


Bibliografía: Nuevo Diccionario de Mariología. (Ediciones Paulinas).

“Furiosos contra el Bien”

“Furiosos contra el Bien”

Lucas 6, 6-11

Un sábado, entró Jesús en la sinagoga a enseñar. Había allí un hombre que tenía parálisis en el brazo derecho. Los letrados y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo. Pero él, sabiendo lo que pensaban, dijo al hombre del brazo paralítico: —Levántate y ponte ahí en medio.

El se levantó y se quedó en pie. Jesús les dijo: —Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer el bien o el mal, salvar a uno o dejarlo morir?

Y, echando en torno una mirada a todos, le dijo al hombre: —Extiende el brazo.

El lo hizo, y su brazo quedó restablecido. Ellos se pusieron furiosos y discutían qué había que hacer con Jesús.

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Es un deseo permanente que en la vida nos vaya bien a nosotros y a los demás, para instaurar un orden común com miras al crecimiento, tanto personal como colectivo porque todos salimos ganando.

Sin embargo a pesar del ideal, encontramos la cruda realidad en la que vemos que el sufrimiento y el dolor se hacen presentes por doquier en todas la etapas de la vida. Ciertamente el plan de Dios es hacernos felices ya desde ésta vida, pero nuestra humana debilidad fracturada por las insidias del maligno hacen mella si no es en un lado, lo es en el otro, el hecho es que nadie se escapa.

Desgraciadamente aún las personas mejor posicionadas y no se diga las que viven en la miseria, suelen reaccionar idénticamente con una inconformidad ante todo que ralla en un divorcio con la propia vida, tienen un odio nativo engendrado y alimentado desde el interior que suele salir a relucirse en todas las oportunidades que sean posibles durante el día. 

Todo aquel que no tiene paz, que no sabe perdonar, que no está reconciliado consigo mismo y con el mundo, será incapaz de dar una muy buena opinión de la belleza que se le presente al frente. Les duele todo y claro, con el orgullo a todo lo que da, a eso aunada la envidia, forman el complemento perfecto para la infelicidad, tanto personal como con los que se le crucen en el camino. 

Es por ello que se ponen furiosos contra el bien, no lo toleran, su inestabilidad emocional dañada por el dolor, les impide tener una opinión distinta a la vivida en su momento, ya que como así lo sienten, piensan que es real. 

Mientras más grande sea el bien, mayor reacción negativa tendrán aquellos que no quieren salir de este estado de trance, inducido por el maligno y adoptado por nosotros. Es una lucha constante, pero siempre victoriosa si permites entrar al Señor en tu vida y dejarlo obrar para que sane eso que no podemos perdonar y perdonarnos. Entonces invertirás la furia, porque ahora será una furia contra el mal, pero controlada por la caridad.

“Repréndelo a solas…”

“Repréndelo a solas…”

Mateo 18, 15-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano.

Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

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Cuando una persona desea hacer valer su autoridad, ésta no depende de lo mucho que grite y se imponga, eso no es de gente civilizada, suele ser herramienta de tiranos, porque una autoridad basada en el terror y el temor, no se le respeta ni se le reconoce como tal y, es que el evangelio es muy claro cuando afirma, que si hubiese necesidad de corregir a alguien, lo tendría que hacer alguien con auténtica autoridad, no alguien que amenace y ponga en mal en publico.

Es por ello que se refiere a la táctica de la caridad, primero hay que reprenderlo a solas, pero con una plática afable, remarcando el daño que produce por si no se diera cuenta la persona que lo genera, porque si lo hacemos llenos de coraje y con gritos, en realidad no solucionamos nada, solo remarcamos la falta y la exponemos en la batalla campal, pero así jamás se corrige, la persona al verse atacada lo que hará será defenderse en el mismo rubro de la violencia verbal o física.

Además quien reprenda debe de ser aquella persona que le tenga confianza para guiarlo y sobre todo aquello que pide se corrija, sea un testimonio oficial, no certificado, pero si con el respeto ganado por su propia forma de llevar su vida.

Como que está de moda olvidarnos de la caridad y antes de ayudar a crecer a una persona, lo publicamos a los cuatro vientos con detalle de versiones corregidas y aumentadas, siendo los afectados los últimos en enterarse. Está de moda el “Ventanear” como si fuera lo más ordinario. Olvidamos que quien lo hace, al final es responsable principal y directo de lo que haga y diga, con o sin pruebas contra su hermano.

Y si piensas ayudar, analiza primero si eres la persona adecuada, no vaya a ser que entorpezcas con tus propios problemas la ayuda, o hacerlo a tu muy particular manera. Si no nos toca, déjaselo a quien sí puede; que te enteres del mal ajeno, no significa que te toque solucionarlo, al final de cuentas Dios tiene en su bendita mano cada situación y sabrá cruzar en el momento adecuado a la persona indicada, si eres tú, hazlo, si no, encomiéndalo a Dios.

“!!! Lo que hizo David ¡¡¡”

“!!! Lo que hizo David ¡¡¡”

Lucas 6, 1-5

Un sábado, Jesús atravesaba un sembrado; sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas con las manos, se comían el grano. Unos fariseos les preguntaron: —¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?

Jesús les replicó: —¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre?

Entró en la casa de Dios, tomó los panes presentados —que sólo pueden comer los sacerdotes—, comió él y les dio a sus compañeros. Y añadió: —El Hijo del Hombre es señor del sábado.

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Dentro de los planes de Dios existe una gama tan vasta y sabia, llena de posibilidades, las cuales usa según sea el mejor momento para aplicarlas, Más sin embargo hay que remarcar que sus posibilidades rebasan las que nosotros ponemos esquemáticamente como perfectas, e inclusive normas y leyes que consideramos como consagradas e intocables, pero que en realidad son un pequeño esquema puesto sabiamente por Dios a nuestra consideración para entenderlo mejor, para hacerlo digerible a nuestra capacidad, sin embargo su obrar es más perfecto y profundo que las simples leyes sagradas.

Aquí vemos en éste evangelio, Cómo nosotros llegamos a radicalizar la misma ley humana puesta en pro del servicio a Dios, en ese respeto que se merece por la grandeza de su ser y obrar, la cual reconocemos, por ello le dedicamos su culto y honor; en ese mismo contexto de reconocimiento, no toleramos infringir la menor norma establecida ya que se trata de algo que en su momento es intocable porque es sagrado.

De hecho olvidamos, que de suyo toda la creación es sagrada, porque proviene de Él, el que nosotros la degrademos a un tan sólo uso práctico, es cuestión nuestra, pero en realidad ¿qué le podemos ofrecer que no sea de Él?, 

Es por ello que Jesús entendiendo este esquema, y ante las exigencias legales tan radicales de su tiempo, no le preocupa tanto el no seguirlas textualmente, pero no lo es por rebelde, ni por necio, sino porque en realidad las está cumpliendo pero no como nosotros humanamente las exigimos hasta sin asimilarlas, cruda y fríamente, como una ley sin espíritu que mata, sino de una manera más perfecta y adecuada perfectamente al momento necesario. Entonces da el ejemplo de David, que en realidad ese pan cumplió la principal necesidad para la que fue hecho: saciar el hambre, y lo hizo bien, aunque fuera pan de ofrenda sagrada, cumplió una norma mayor que la básica, por eso no hay que escandalizarse, porque todo tiene un fin, y si se cumple queda cubierta su misión. 

De igual manera debemos de ser flexibles siempre para lo mejor, mas no para lo peor. porque podríamos justificar el mal y ese no es justificable. Siempre en pro del mejor bien.

“El añejo es mejor”

“El añejo es mejor”


Lucas 5, 33-39


En aquel tiempo, dijeron a Jesús los fariseos y los letrados: —Los discípulos de Juan ayunan a menudo y oran, y los de los fariseos también; en cambio los tuyos, a comer y a beber. Jesús les contestó: —¿Queréis que ayunen los amigos del novio mientras el novio está con ellos? Llegará el día en que se lo lleven, y entonces ayunarán.
Y añadió esta comparación: —Nadie recorta una pieza de un manto nuevo para ponérsela a un manto viejo; porque se estropea el nuevo, y la pieza no le pega al viejo.Nadie echa vino nuevo en odres viejos: porque revientan los odres, se derrama, y los odres se estropean. A vino nuevo, odres nuevos. Nadie que cate vino añejo quiere del nuevo, pues dirá: «Está bueno el añejo».”
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 Hoy en nuestros días, cada ves más se está despreciando a todo lo que huela a antiguo,  a lo viejo, se le da un rechazo impregnado de repudio e ineficiencia, como todo se cata y mide en dinero, si no producen nada, son considerados estorbo o escoria, por eso los así mismo llamados poderosos, pretenden quitarles todos sus derechos y beneficios,  queriendo implantar el derecho a la eutanasia para asesinarlos y desecharlos legalmente, olvidándose que por ellos ha sido posible llegar ser lo que hoy somos.
No estamos afirmando que tan solo lo antiguo sea lo mejor, es simplemente el recordatorio para no dejar de reconocer la realidad y, ésta es que no hay nada nuevo bajo el sol, somos los mismo envueltos en novedad, la humanidad es siempre la misma, con diferentes trabajos y culturas que a veces llegan a denigrar la propia dignidad humana, pero siempre basados en la plataforma del pasado.
Si esas personas que hoy se consideran una carga para la economía no hubieran donado su vida al trabajo, a la familia, a su pueblo y nación, lo que hoy tenemos no sería lo mismo, ellos han sido siempre un pilar importante como hoy te consideras tu en la sociedad, porque lo eres es en virtud de ellos, pero si seguimos esa ideología, tu mismo estarás destruyendo tu propio futuro, porque el tiempo vuela y a su debido tiempo estarás en las mismas circunstancias con las leyes denigrantes que promueves hoy y te favorecen, pero que mañana estarán en tu propia contra.
Una vez mi madre en mi adolescencia, en un arranque de coraje me dijo algo muy sabio: “Como te ves, me vi, como me ves, te verás” y es que uno mismo tarda en valorar lo que tenemos, lo que nos dan, lo que hacen por nosotros; que pena que no lo contemplemos, porque verlo sí lo vemos, contemplarlo está difícil si no tienes tiempo ni para reflexionar en ti mismo.
Considera que lo grande no viene por ti mismo, alguien con anterioridad ya trabajó para que tu lo disfrutes, ni los inventos son de quienes tienen el título, ellos sólo recolectaron lo ya sembrado, pero el mérito siempre es de nuestros ancestros.

Por ello si nos consideramos importantes para nosotros mismos, no olvides a los que te dieron el ser, lo son aún mas y se merecen ese respeto, porque su apreciación y sabiduría de la vida, es mucho mayor que la tuya, por ello no deja lo añejo de ser mejor, si lo desconoces, te desconoces a ti.

“Trabajando hasta tarde y nada”

“Trabajando hasta tarde y nada”

Lucas 5, 1-11

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret; y vio dos barcas que estaban junto a la orilla: los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: —Rema mar adentro y echad las redes para pescar.

Simón contestó: —Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.

Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande, que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: —Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.

Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: —No temas: desde ahora serás pescador de hombres.

Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

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Es muy duro pensar cuánto nos hemos esforzado para que las cosas salgan bien, para que nos vaya mejor, para que sanen nuestros seres queridos enfermos, sin embargo cuando llegamos a la fatiga, solemos bajar la defensa y manifestar el cansancio a más no poder, sobre todo por nuestras debilidades y aquello que en su momento toleramos, pero que ya no.

Ciertamente la tendencia en medio de la vulnerabilidad es a dejarlo todo y librarnos de los pesos que acarrean nuestras propias responsabilidades, en su momento sería una salida rápida, pero falsa. Digo falsa porque no estamos realmente atendiendo el problema y, en su momento suele manifestarse aún mayor e insoluto, claro, son su respectivo volver a empezar y restaurar nuevamente el daño desatendido.

Ésta tendencia es muy normal, pero Jesús nos invita a desviarnos a una solución más eficaz, y esa es, que aunque estemos trabajando en conjunto con otros en la misma situación, hay que dejarse ayudar y tomar los consejos de aquellos que están fuera de tu dolor y tu contexto, aquellos que lo ven de una manera alternativa y no necesariamente remarcando el dolor, sino dando una propuesta mayor que traerá mejores resultados.

Pretextos para justificarnos los vamos a tener siempre por el cansancio, sin embargo claramente en el evangelio ante la sugerencia de Jesús, y su negativa de hacerlo, optan por hacerlo en “su nombre, confiados en su palabra”, con resultados superiores y no esperados.

Por ello, aunque estés cansado y no hayas dejado de trabajar tus situaciones a veces nos falta una segunda opinión, la de alguien que tenga mejor óptica, y qué mejor la del Señor Jesús, para acercarnos a Él y hacerlo en su nombre.