“El tiempo de los engaños”

Lucas: 21, 5-11

En aquel tiempo, como algunos ponderaban la solidez de la construcción del templo y la belleza de las ofrendas votivas que lo adornaban, Jesús dijo: “Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra de todo esto que están admirando; todo será destruido”.
Entonces le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo va a ocurrir esto y cuál será la señal de que ya está a punto de suceder?”
Él les respondió: “Cuídense de que nadie los engañe, porque muchos vendrán usurpando mi nombre y dirán: ‘Yo soy el Mesías. El tiempo ha llegado’. Pero no les hagan caso. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, que no los domine el pánico, porque eso tiene que acontecer, pero todavía no es el fin”.
Luego les dijo: “Se levantará una nación contra otra y un reino contra otro. En diferentes lugares habrá grandes terremotos, epidemias y hambre, y aparecerán en el cielo señales prodigiosas y terribles”.

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Se habla mucho de que estamos en los últimos tiempos, de que en cualquier momento llegará el juicio final universal para todos y que al demonio se le termina su reinado, para ello se utilizan las ya características señales que al día de hoy nos son comunes, sin embargo como el mismo evangelio lo indica: “eso tiene que acontecer, pero todavía no es el fin”.

Por el contrario, somos bien informados para que ciertamente no se den los típicos abusos en el tema, ya que con la temática del miedo y del fin del mundo, se manipula a las personas y sobre todo, se les miente.

Es que olvidamos que desde todos los tiempos, la principal herramienta que utiliza el maligno es la mentira, aquella que precisamente se usa en contraposición radical a la verdad misma y contra Dios, de quien emana todo bien y autenticidad.

Y si a eso añadimos que al chamuco se le termina el tiempo, entonces, utilizando todo su arsenal y empeño en atacar por la premura de su final, es muy evidente que en la más sublime de sus acciones, junto con todas las marionetas que ya sea consciente o inconscientemente se disponen a ser utilizadas para el mal, usan como lema oficial el engaño y la mentira.

Es por ello que ante este ataque ideológico de falsedad envuelta en un velo de ilícita verdad para engancharnos, Jesús revela, que ante todo, hay que vivir en la verdad, y ella nos iluminará, por ello no asustarnos, ya que el miedo nos hace tomar decisiones arrebatadas con consecuencias nefastas.

Simplemente en éste tiempo de los engaños institucionalizados, hay que estar preparados de tal manera que no caigamos en las trampas que por doquier las encontramos, viviendo la verdad, la vida de la gracia y la oración, entonces estaremos capacitándonos para que como cera se nos resbalen todas aquellas faramallas y no hagan mella en nosotros.

“Actuar desesperadamente”

Lucas: 16, 1-8

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Había una vez un hombre rico que tenía un administrador, el cual fue acusado ante él de haberle malgastado sus bienes. Lo llamó y le dijo: `¿Es cierto lo que me han dicho de ti? Dame cuenta de tu trabajo, porque en adelante ya no serás administrador’. Entonces el administrador se puso a pensar:


`¿Qué voy a hacer ahora que me quitan el trabajo? No tengo fuerzas para trabajar la tierra y me da vergüenza pedir limosna. Ya sé lo que voy a hacer, para tener a alguien que me reciba en su casa, cuando me despidan’.

Entonces fue llamando uno por uno a los deudores de su amo. Al primero le preguntó: `¿Cuánto le debes a mi amo?’ El hombre respondió: ‘Cien barriles de aceite’. El administrador le dijo: ‘Toma tu recibo, date prisa y haz otro por cincuenta’. Luego preguntó al siguiente: `Y tú, ¿cuánto debes?’ Éste respondió: ‘Cien sacos de trigo’. El administrador le dijo: ‘Toma tu recibo y haz otro por ochenta’.

El amo tuvo que reconocer que su mal administrador había procedido con habilidad. Pues los que pertenecen a este mundo son más hábiles en sus negocios que los que pertenecen a la luz”.

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Una de las consecuencias de la vida tan acelerada que llevamos en éstos días, no permiten que nos dediquemos tiempos personales para el cultivo de nuestros propios valores así como nuestra espiritualidad. Mientras estamos fuertes y activamente laborales, sin sentir se nos va yendo la vida como si nada, y cuando menos pensamos nos vemos desproveídos de las herramientas necesarias para la siguiente etapa en la vida.

Cuando somos previsores, vamos planeando un poco el mañana sin mantenernos en una tensión por que llegue, de tal manera que en su momento el cambio que suele darse a veces de manera súbita, no descontrole, porque el activismo no da tiempo, ni prepara para asimilar con calma las cosas. 

Una de las dificultades de estar desproveídos de este arsenal de dones trabajados dedicadamente en el transcurso de la vida, es que se toman al final medidas desesperadas, como las del mal administrador, quien deshonestamente empieza a actuar según él muy inteligentemente y con habilidad para el manejo de los ya conocidos negocios, sacando el mayor provecho posible. 

A lo mejor le va a ir bien un tiempo, pero lo que fue una jugada en su favor, viene a ser un daño en el tiempo que al final se volcará sobre sí mismo. Eso es lo que uno obtiene actuando desesperadamente, ya que la solución inmediata se da, pero el dinero mal habido no dura.

Por el contrario, a pesar de las crisis que nos lleguen en el ámbito laboral o económico, mientras estemos fortalecidos espiritualmente, tendremos la mejor actitud para salir adelante sin dañar a los demás, sin olvidar además que Dios Padre Providente no abandona a sus hijos, así pase la peor calamidad. Los arrebatos no traen nada bueno, la paciencia sí trae cosas my buenas para quien sabe esperar.

“¿Asusta más el demonio o el humano?”

“¿Asusta más el demonio o el humano?”


Lucas 13, 31-35

En aquella ocasión, se acercaron unos fariseos a decirle: —Márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte.El contestó: —Id a decirle a ese zorro: «Hoy y mañana seguiré curando y echando demonios; pasado mañana llego a mi término». Pero hoy y mañana y pasado tengo que caminar, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus pollitos bajo las alas! Pero no habéis querido. Vuestra casa se os quedará vacía. Os digo que no me volveréis a ver hasta el día que exclaméis: «Bendito el que viene en nombre del Señor».
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Desde siempre se nos ha infundido el temor al demonio, como un ente espantoso que causa terror donde quiera que se hace presente, identificando el mal en un ente real, pero su manera de obrar es muy sutil e imperceptible para algunos a tal grado de tan sólo por temor evitar su encuentro directo o invocarlo.
Eso de entrada está muy bien, porque denota ya un interés de no dejarnos engañar por sus insidias, pero existe una realidad mucho más evidente en el obrar del maligno; disfraza de solución y bien sus supuestas aportaciones y sugerencias, como lo tenemos en el caso del evangelio, en donde se presenta un fariseo ante Jesús, el cual según para ayudarlo, le da una información que ciertamente pudiera ser verdadera, pero que va encubierta de una mala intención.
Esa información desvirtuada, Jesús inmediatamente la detecta porque sabe hacia donde va, a lo mejor el fariseo lo hace con buena intención, pero descubre detrás la obra del maligno, en donde planea sembrarle miedo para que rechace su misión, a su vez de llamar “zorro” a Herodes, no como un insulto personal, sino como quien astutamente se deja manejar del mal, utilizándolo como un recurso para obtener sus beneficios, situación perfecta que utiliza el demonio, para detrás manejar a las personas a su conveniencia haciéndoles creer que ellos son los protagonistas, cuando en realidad son sólo sus secuaces manipulados en un su malvado plan contra la redención.
A quienes deberíamos realmente temer es a aquellos que se dejan manejar por el mal mismo, que son sus títeres, no tanto al demonio en sí mismo, sino a sus intermediarios que se pueden hacer presentes incluso en la propia familia para dividir y robar la paz necesaria para el crecimiento y frutos de la agracia divina. 
Al igual se da entre tus mejores amigos, y ambiente de trabajo, cualquiera que pretenda hacer las cosas bien o de manera extraordinaria, no se diga con caridad y santidad, suscitará en los demás cuando están débiles espiritualmente, ser puertas abiertas al maligno, para que te ataque en ellos, los que tienes más cerca.
La misma situación en pecado de nuestras, vidas nos hace canales del mal, somos más propensos a dejarnos manejar y por ende, a auto denigrarnos sembrando un daño que al final lo hacemos nuestro y responsables de ello.

Nada cuesta fortalecernos, para al contrario, ser instrumentos eficaces, pero de la gracia de Dios, para no causar daños y, saber defendernos cuando otros lo hagan, porque si se da aún en los ambientes más religiosos y consagrados, qué no esperar de los más alejados de la gracia de Dios.

“Maestro, dile a mi hermano…”

“Maestro, dile a mi hermano…”
Lucas 12, 13-21
En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús: —Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.El le contestó: —Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?Y dijo a la gente: —Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.Y les propuso una parábola: —Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: ¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha.Y se dijo: Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: «Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años: túmbate, come, bebe y date buena vida». Pero Dios le dijo: «Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?»”“Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.
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En ocasiones somos muy buenos consejeros cuando nuestra experiencia rebasa a la de los más inexpertos, sobe todo en temas y situaciones que nos son familiares y, que han quedado en el pasado como un problema superado, pero la sabiduría adquirida de eso es un tesoro digno de compartirse y el consejo nunca es de mas. 
A veces al pedir recomendaciones o darlas, podemos intentar manipular la situación para un beneficio propio, en donde escondemos una cobardía al no tratar los problemas de frente, tratando de enredar a otras personas con el supuesto consejo o ayuda que se pide, como lo es el caso del evangelio, donde a Jesús le solicitan una ayuda en el caso de una herencia, a lo que responde que no es su papel, no porque no quiera ayudar, sino porque no se va a meter en un problema que no es de Él, el cual le corresponde al otro solucionarlo.
El problema no radica en solucionar la relación familiar, sino en las tendencias avariciosas que se notan directamente, si la situación repercutiera en la familia, en la conversión, en una actitud de crecimiento en la fe, no dudo que sí hubiera ayudado, pero ante un fin particular y egoísta, cobardemente manejado no es lícito.
Es que somos buenos para manejar personas y obtener beneficios particulares, no importa la dignidad que tengan, si lo puedo usar, lo hago, esa es la actitud neoliberal de quienes no respetan los valores ni los tratos para obtener lo que desean a su modo.
Es por eso que Jesús nos invita a saber enfrentar directamente nuestros propios asuntos, sin inmiscuir a otros que no les atañe, lo malo es que cuando no hacemos las cosas bien, no podemos levantar la frente en alto y exigir lo que no podemos dar, por eso manipulamos a los demás para que lo hagan por mi, pero dañas y enredas a quienes no tienen nada que ver en tus propios asuntos.
Dios no está para hacer lo que a tí te corresponde, aunque se lo pidas con toda la amabilidad y devoción del mundo, de hecho la ayuda la tienes de primera mano de Dios, pero el resto y esos detalles a veces incomodos te tocan a tí, aprende a manejarlos y el resto será historia.

“Les será quitado…”

Mateo 21, 33-43


En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: “Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego lo alquiló a unos viñadores y se fue de viaje. 

Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo. 

Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: ‘A mi hijo lo respetarán’. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: ‘Este es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia’. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron. 

Ahora, díganme: cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?” Ellos le respondieron: “Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo”. 

Entonces Jesús les dijo: “¿No han leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable? 

Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos”.

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Las promesas de Dios siempre llegan a buen fin, y las que parecieran juicios temerarios sobre ciertas circunstancias de vida  no aptas para el discernimiento y desarrollo espiritual no son amenazas, ya que encontramos muchas afirmaciones que remarcan la negativa de perder la gracia de Dios.

La cuestión radica no en que Dios mismo sea malo y castigador, eso ni en lo más mínimo se puede concebir, sino que por el contrario, cuando no conocemos, ni nos acercamos a Dios, tenemos una conciencia errónea sobre su ser y sobre sus designios, porque creemos que Dios es muy pero muy bueno, y lo es, pero nos atenemos creyendo que al ser nosotros el principal objeto de su amor, en automático y por su infinita bondad nos salvará indudablemente pasando por alto su justicia.

Eso en ese esquema no es posible, ya que nos pide un mínimo como corresponsables de la misma creación y de nuestras propias vidas y, ahí no depende de la bondad de Dios, sino de la nuestra para con nosotros mismos, si es que deseamos y queremos ser salvos.

Por ello no nos asuste el hecho de que si desatendemos nuestra propia vida íntegramente, es decir, sin hacer a un lado el aspecto espiritual, será un hecho que daremos por perdido eso que nunca en realidad deseamos, por lo que sin lugar a dudas nos será quitado, pero si por el contrario lo cuidas y cultivas constantemente se te dará aún más con creces.

“Cordiales vs. convenencieros”

“Cordiales vs. convenencieros”

Lucas 6, 27-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian. Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen. Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores con intención de cobrárselo. ¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada: tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos. Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis la usarán con vosotros».

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Una de las principales características del cristiano radica precisamente en su caridad, en el manifestar una vida llena de afecto sincero, tan amable con cualquier persona que supera la sola educación, sino que va más allá, llega a mostrar una relación que sale sin problema desde el fondo de su corazón, aquello que llamamos cordialidad.

En sí, se trata de una actitud de donación, no solamente de bienes materiales, sino inclusive de tiempos y atenciones personales según se necesiten en su momento. 

Contrariamente ante esto encontramos un mal entender de esa actitud, porque de cordiales, pasamos por un lado a ser convenenciero o justicieros. Convenencieros porque sabiendo que existe gente que se dona y es capaz de quitarse el vestir para darlo a quien lo necesita, así como el pan de la boca, a quien le favorece ésta situación es a aquellos que les conviene sacar provecho y abusar de la bondad de los demás sin mayor problema de conciencia. Aquellos que hasta exigen manipulando y chantajeando a los verdaderos cristianos como si obligadamente les tuvieran que dar, esos que desde que nacen ya tienen la mano estirada para pedir pan y la cara impregnada de falsa tristeza.

También están los justicieros, aquellos que no dan si no les dan, es decir, tu pones, yo pongo, tu haces, yo hago, y si no obras, yo no obro. Aquellos que están al tú por tú, los que les conviene la justicia y la renombran como caridad, pero que no son capaces de dar nada independientemente por su cuenta, sino como respuesta después de ver lo que reciben. Eso no es caridad, es lo normal que se debe mínimo como gente educada hacer, porque la caridad es dar un poco más de lo que impone la justicia libremente y sin retroalimentación. 

La cuestión es, que no pidas más de lo que no das, y si das de más, ya sabrás como se te recompensará sin esperarlo, pero llega y sin pedirlo. Así obra la generosidad. No dejes de ser cordial, pero no te dejes de los covenencieros, porque si les ayudas los dañas y estancas.

“El escándalo como herramienta”

“El escándalo como herramienta”

Lucas 4, 31-37

En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente. Se quedaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad. Había en la sinagoga un hombre que tenía un demonio inmundo, y se puso a gritar a voces: —¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: el Santo de Dios.

Jesús le intimó: —¡Cierra la boca y sal!

El demonio tiró al hombre por tierra en medio de la gente, pero salió sin hacerle daño. Todos comentaban estupefactos: —¿Qué tiene su palabra? Da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen.

Noticias de él iban llegando a todos los lugares de la comarca.

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No es ninguna novedad encontrar escándalos cada vez más fuertes y remarcados muy negativamente para llamar la atención, hoy en día lo utilizan sobre todos los medios de comunicación, porque aún existen personas que se asustan y admiran de los demás al entrometerse en sus vidas, además viene a ser un negocio muy lucrativo para obtener sórdidas ganancias sin importar el daño que infringen en los demás.

Sin embargo no olvidemos que precisamente el escándalo es un recurso que proviene del maligno, con el cual se remarca la mentira para imponerse violentamente, como lo vemos en el caso del endemoniado que exagera y distorsiona la verdad para amedrentar no a Jesús, sino a los demás que le circundan, para ponerlos en duda y en su contra, en este caso una mentira chantajista: “¿Has venido a destruirnos?”, por lo que Jesús jamás les permite que sigan hablando, a sabiendas de su modo de atacar.

En medio del escándalo quien lo impone no da pie al diálogo, es imperativo para sobreponerse ante la verdad, es por ello que se usa muy eficientemente como herramienta para destruir y atacar a todos los que practican y hacen el bien. Así con los nervios impactados por la violencia del asunto, bloquean la mente para no tener una reacción defensiva al momento. Así de rastrero y bajo se maneja el maligno junto con todos los que se prestan a su juego.

Hay que estar preparados con la suficiente formación religiosa para conocer un poco más a fondo la verdad y a Dios mismo, para amarlo junto con el respeto que se merece, de tal manera que ante esta herramienta del maligno, mientras la gente se impone a dejar de ser vulnerable por el escándalo y no haga caso a la mentira, cuando se fortalezca en su espíritu, será cuando la identifiquemos y no dejaremos que prosiga, porque el daño es grande y sus consecuencias graves. Pidamos en oración la fortaleza para no caer en las herramientas y redes del maligno, sino que las identifiquemos y detengamos a su tiempo. 

“Abusos personales”

“Abusos personales”

Mateo: 24, 42-51

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Velen y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor. Tengan por cierto que si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. También ustedes estén preparados, porque a la hora en que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre.

Fíjense en un servidor fiel y prudente, a quien su amo nombró encargado de toda la servidumbre para que le proporcionara oportunamente el alimento. Dichoso ese servidor, si al regresar su amo, lo encuentra cumpliendo con su deber. Yo les aseguro que le encargará la administración de todos sus bienes.

Pero si el servidor es un malvado, y pensando que su amo tardará, se pone a golpear a sus compañeros, a comer y emborracharse, vendrá su amo el día menos pensado, a una hora imprevista, lo castigará severamente y lo hará correr la misma suerte de los hipócritas. Entonces todo será llanto y desesperación”.

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La gran caridad que tiene Dios para con nosotros nos ha hecho partícipes de tal cantidad de dones y gracias, de una manera tan excelente y en plena libertad, que pensamos que nos pertenecen, olvidando que somos seres amados por Dios, los que se nos han confiado en alegría y total responsabilidad de los mismos, creemos que son nuestros y de nadie más, sin importar lo que hagamos con ellos.

Pero precisamente eso es no entender el plan de Dios ni a Dios mismo, es muy cierto que debemos de amarnos, cuidarnos y aceptarnos para estar disponibles a la misión encomendada en este mundo, pero cuando quitamos a Dios, nos convertimos en unos entes egocéntricos imparables e irresponsables de nuestra parte en la comunidad y sociedad en general.

Entonces en vez de utilizar todo cuanto hemos recibido para nosotros y también para los demás, como el plan de Dios lo comunica, simplemente abusamos sin remordimiento de conciencia. 

Pensamos que nuestros errores no impactarán a nadie, por la falta de conciencia de que somos comunidad y de que sin ella no somos nadie. El problema se revela cuando sin saber ver por donde sus propios egoísmos y errores les golpean queriendo culpar al resto por su frustración.

Por ello hay que no permitirnos auto dañarnos con el pecado y los abusos personales, ya que somos los actores y receptores de nuestras propias consecuencias.

“Descuidan lo más importante”

“Descuidan lo más importante”

Mateo 23, 23-26

En aquel tiempo, Jesús dijo a los escribas y fariseos: “¡Ay de ustedes escribas y fariseos hipócritas, porque pagan el diezmo de la menta, del anís y del comino, pero descuidan lo más importante de la ley, que son la justicia, la misericordia y la fidelidad!

Esto es lo que tenían que practicar, sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que cuelan el mosquito, pero se tragan el camello! ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera los vasos y los platos, mientras que por dentro siguen sucios con su rapacidad y codicia! ¡Fariseo ciego!, limpia primero por dentro el vaso y así quedará también limpio por fuera”.

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Hoy, día a día, tenemos que tener la mirada puesta muy concisamente en aquello que estamos impuestos a hacer como lo ordinario, cuando en realidad estamos siguiendo patrones, unos aprendidos y otros heredados, dichos patrones como todo en la vida traen consecuencias tanto positivas como negativas, todo en base a esas cosas que le damos mas importancia, así como las que desatendemos intencionalmente o por ignorancia pero que no dejan de afectar tu vida personal y los cercanos.

Es que si damos importancia a algo superficial, totalmente circunstancial y pasajero, dejaremos descuidados aspectos fundamentales y estructurales de la propia vida y relaciones familiares, es como cuando una persona decide gastar en un mundial de fútbol todo lo que tiene para adquirir lo necesario en los estudios de sus hijos; que gane tal o cual equipo en lo más mínimo te beneficia, ni añade nada a tu persona o a tu vida, en cambio la familia realmente se verá afectada.

Muchas veces ese mismo patrón lo repetimos una y otra vez, en diversos aspectos de la vida, siempre buscamos las prioridades heredadas, y es que hay que comprar ciertos productos por tradición aunque no se necesiten ni agraden, en fin, ejemplos podemos poner por montones, pero sobre todo, siempre hay que saber discernir para valorar lo que realmente es más importante, aquello que se necesita en las circunstancias actuales, con el tiempo serán otras decisiones según las circunstancias se presenten, pero sobre todo no nos permitamos descuidar lo más importante, aquello que realmente vale la pena y que impactará la vida de los tuyos positivamente.

No permitas que el mundo, los amigos o las influencias te inviertan los valores, donde se realce lo ufano y se denigre lo sagrado, siempre hay que cuidar lo que siempre será lo más importante. No dejes de usar lo circunstancial, pero no se te olvide que al final lo que te llevas es lo sagrado. No descuides lo más importante.

“Usurpadores”

“Usurpadores”

Mateo 23, 1-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a las multitudes y a sus discípulos: “En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra. Hacen fardos muy pesados y difíciles de llevar y los echan sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con el dedo los quieren mover. Todo lo hacen

para que los vea la gente.

Ensanchan las filacterias y las franjas del manto; les agrada ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; les gusta que los saluden en las plazas y que la gente los llame ‘maestros’.

Ustedes, en cambio, no dejen que los llamen ‘maestros’, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A ningún hombre sobre la tierra lo llamen ‘padre’, porque el Padre de ustedes es sólo el Padre celestial. No se dejen llamar ‘guías’, porque el guía de ustedes es solamente Cristo. Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”.

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Los títulos son muy honorables, hacen resaltar a la propia persona, se le otorga un rango de autenticidad, hasta el trato personal cambia tornándose en especial. No creo que Jesús este en conflicto con las autoridades y sus rangos, tampoco con sus títulos, con lo que en realidad no está de acuerdo, es con la actitud de aquellos, que se promueven con esos títulos, aquellos que no se los han ganado con su propio esfuerzo ni entrega generosa sin dar el mínimo testimonio al respecto, robando la autoridad y menguándola en aquellos que su vida de entrega habla aún mas que dicho título, los que su vida, no alcanza a manifestar todo el bien que se ha hecho a los demás.

No reclama como único y exclusivo de Dios los atributos de padre, guía o maestro, ya que así lo suelen interpretar los fundamentalistas, sino todo lo contrario, Dios no deja de compartir sus propios dones y, qué mejor que alguien entre nosotros manifieste el cierto grado esas bondades de Dios que hablan de su misma autoridad compartida, de su mismo ser.

Lo malo es cuando se apoderan de los títulos sin ser merecedores de ellos, abusando con la autoridad que conllevan, ahí es donde se desdicen de presentar a Dios en esas circunstancias, donde no se manifiesta correctamente su gracia ni sus obras, pudiendo dar margen al error entre los sencillos y alejarlos del original servicio que Dios da con esos títulos bien ganados en las personas correctas.

Esos son los usurpadores que roban el título y no dan testimonio de ello. Pero no  vayamos más lejos, tan sólo juzgando a los que representan una autoridad, sino también nosotros podemos ser usurpadores del buen nombre de Hijos de Dios, de Bautizados, de Cristianos; cuando no vivimos conforme a lo que hemos sido llamados, cuando no va nuestra vida en el camino del perfeccionamiento en la santidad, cuando nuestras obras hablan de a quién aman no es precisamente a Dios.

Hay que tener un cuidado auténtico de nosotros no ser los usurpadores, más que echarlo en cara a los demás.