“Malos entendidos”

“Malos entendidos”

Marcos 10, 32-45

En aquel tiempo, los discípulos iban subiendo camino de Jerusalén, y Jesús se les adelantaba; los discípulos se extrañaban y los que seguían iban asustados.

Él tomó aparte otra vez a los Doce y se puso a decirles lo que le iba a suceder: –Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del Hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los letrados, lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, se burlarán de él, lo escupirán, lo azotarán y lo matarán; y a los tres días resucitará.

Se le acercaron los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: –Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.

Les preguntó: –¿Qué queréis que haga por vosotros?

Contestaron: –Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.

Jesús replicó: –No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?

Contestaron: –Lo somos.

Jesús les dijo: –El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar?

Contestaron: –Lo somos.

Jesús les dijo: –El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado.

Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan.

Jesús, reuniéndolos, les dijo: –Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.

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No es ninguna coincidencia que a veces nos encontremos ante situaciones laborales, personales, familiares o de amistad con malos entendidos, que en realidad no son ningún problemas ya que son conceptos que se pueden aclarar con un diálogo afable.

La situación suele llegar a menos en la medida que esos malos entendidos en realidad son intenciones particulares, dónde la persona desea que así sean las cosas, según conforme a su propio deseo, sin respetar la claridad que presenta la otra parte.

Como con Jesús, quien confiaba a los suyos el plan de Dios sobre su persona y la redención misma, pero cada quien lo adecuaba a su interés personal, por ello ni tardos ni perezosos se le acercan Santiago y Juan, a posicionarse en su mal entendida conquista del Reino.

De igual manera solemos adecuar la Palabra de Dios a mi concepto particular, permitiéndonos desvirtuarla a la finalidad para la que es dada, y por conclusión amar a un dios a mi medida según mis conceptos y reglas.

Amar y seguir a Dios implica la verdad en ambas partes en toda su plenitud, sin reinterpretaciones y mucho menos en seguimientos parciales, hay que entender hacia donde vamos porque así sabremos manejar mucho mejor la situación con un grato conocimiento de razón. De lo contrario es seguro que nos perderemos en el mar de nuestra propia ignominia.

“Traiciones”

“Traiciones”

Juan 13, 21-33. 36-38

En aquel tiempo, Jesús, profundamente conmovido, dijo: –«Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar».

Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía.

Uno de ellos, el que Jesús tanto amaba, estaba reclinado a la mesa junto a su pecho. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: –«Señor, ¿quién es?»

Le contestó Jesús: –«Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado».

Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote.

Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo: –«Lo que tienes que hacer hazlo enseguida».

Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres.

Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche. Cuando salió, dijo Jesús: –“Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros: «Donde yo voy, vosotros no podéis ir»”.

Simón Pedro le dijo: –«Señor, ¿a dónde vas?» Jesús le respondió: «Adonde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde».

Pedro replicó: –«Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti».

Jesús le contestó: –«¿Con que darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces».

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Mientras en nuestro caminar sea todo salud y dulzura, parece que nada adolece, es más, nos acostumbramos rápidamente a esa condición, tanto así que cegamos nuestra confianza a veces en quien no debemos. El problema no es que no veamos, sino que esa confianza es abusada, por lo general las traiciones son llamadas así, porque vienen precisamente de aquellos en quienes depositamos un voto y han respondido ordinariamente bien, son aquellos que cambian de repente su voluntad para dañar  nuestra persona por múltiples e irracionales motivos, soliendo ser los más cercanos, la misma familia, los mejores amigos y a quienes más amamos, eso es traición.

Lo que más duele, no son los medios que se utilicen en el acto mismo que se empleen para atacarnos directamente, sino el amor roto que sale herido y al cual principalmente se le ha ofendido. Parece algo inconcebible pero se da en medio de las mayores confianzas, como lo fue la de Jesús con sus discípulos.

Jesús tenía todo un mundo en contra, ganado por el pecado y el demonio detrás del mismo, pero el mal vino de dentro, de uno de los suyos, que en realidad no es novedad ya que es el modus ordinario y operante del demonio, puesto que el mismo Luzbel, teniendo toda la confianza y el amor de Dios decide rechazarlo, renunciando a la gracia y a la vida.

No permitamos que nos invadan esos sentimientos demoniacos de traicionar, porque no son tuyos, pero su acción si te puede afectar de manera permanente, hagamos oración constante para no sucumbir en traición ni con Dios, ni con nadie porque precisamente nadie se lo merece. 

“Pecados en su propio jugo”

“Pecados en su propio jugo”

Juan 8, 21-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: –«Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros».

Y los judíos comentaban: –“¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: «Donde yo voy no podéis venir vosotros?»”

Y él continuaba: –«Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que moriréis por vuestros pecados: pues, si no creéis que yo soy, moriréis por vuestros pecados».

Ellos le decían: –«¿Quién eres tú?»

Jesús les contestó: –«Ante todo, eso mismo que os estoy diciendo. Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me envió es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él».

Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre. Y entonces dijo Jesús: –«Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que yo soy, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada».

Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.

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Cuantas veces pensamos que el pecado en sí mismo es algo ajeno a nosotros, como un ente malvado que nos obliga a pecar del cual no somos totalmente ni conscientes ni responsables. Esto es totalmente erróneo.

Es muy cierto que el maligno incita al pecado, pero incita no con la consigna de obligarnos, ya que se trata tan sólo de una invitación puesta de manera muy atractiva y que se nos vende muy fácilmente, basado sobre todo en nuestras necesidades, debilidades y vulnerabilidad, de eso se aprovecha el mal como el mejor mercadólogo desde todos los tiempos y más con la publicidad actual de la que se aprovecha hoy.

Sin embargo, no hay que olvidar que el pecado en sí mismo es totalmente personal, y de suyo, se puede evitar. Existen miles de maneras propuestas de alejarse de aquello y aquellos que nos incitan al pecado, pero cuando lo hacemos nuestro, hasta lo hacemos parecer como si fuese lo ordinario en el mundo y en nuestras vidas como justificante para acallar la conciencia.

Cuando cometemos una falta, no debemos de culpar a nadie sino a nosotros mismos, primeramente porque es hecho libre y voluntariamente, ya la gravedad depende si se conocen sus consecuencias aún así aceptándolo. Pero si optamos por no conocer la gracia y los medios para evitar el mal que de suyo lleva cada pecado, no como castigo de Dios, porque el pecado no está en su plan ni en su designio, sino como una elección personal que nos lleva de suyo a la desgracia y a la muerte.

Aquí es donde Dios permite que aquellos que eligieron vivir así, mueran así, en su pecado, no porque Dios los condene, sino porque ellos no quieren ser salvados por Dios, de tal manera que morirán en medio de sus pecados en su propio jugo, digo, si no se dan la oportunidad de crecer en la gracia de Dios. Pero al final, la elección es de cada quien como individuo libre y responsable de lo otorgado generosamente en tu vida, no es de Dios. Por lo que con tu vida, pensamientos y acciones, tu ya dices dónde quieres estar. 

“No lo cuenten a nadie…”

“No lo cuenten a nadie…”

Marcos 9, 2-10

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.

Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: –«Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

Estaban asustados, y no sabía lo que decía.

Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: –«Éste es mi Hijo amado; escuchadlo».

De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.

Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: –«No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».

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Dentro de la acción maravillosa de Dios, además de su inmensa y poderosa intercesión, nos encontramos con un aspecto que parece hemos olvidado y ese es el trato personal, a veces creemos que Dios obra multitudinariamente, pensando que hemos sido olvidados y que tan sólo mediante nuestra búsqueda de lo divino es como obtendremos nuevamente su atención. Por supuesto eso es una concepción falsa gregaria pero adoptada de manera personal.

Olvidamos la acción personal de Dios en cada una de nuestras vidas, dejamos de paso las oportunas intercesiones asimilándolas tan sólo como mera oportunidad o suerte, por lo que las hacemos parecer como si no importara. Es que estamos tan llenos de necesidad de atención, que no dudamos en hacer alarde de lo que públicamente se ve como un milagro espectacular en nuestras vidas, utilizándolo como el gancho para ser el centro de atención.

La obra de Dios necesita un poco más de madurez en nuestras vidas, no creas que todo lo que el Señor realiza en ti es para proclamarlo a los cuatro vientos, eso ya es vanidad, sino que es un regalo tan preciado y privado que puede hacernos crecer a nosotros en lo personal, además si lo proclamas te aseguro que nadie mas que tú lo entenderá, porque es para ti, los demás tratarán de entenderlo pero a su muy propia manera de pensar e impregnada de sus situaciones circunstanciales que les adolecen.

Ese milagro o mensaje no es para ellos, es para ti y tan sólo para ti, ya tendrás la oportunidad de dar testimonio del mismo con tu propia vida y los hechos que a partir de ello podrás realizar, eso es lo que en realidad los hará comprender tu situación y la acción de Dios, entonces será más digerible porque los hechos hablarán por sí mismos.

Es por ello que Jesús remarca no contarlo a nadie, como diciendo, todo a su tiempo, es mayor el testimonio de vida que las propias palabras en nuestro caso, por ello en su momento, no se lo cuentes a nadie y disfruta de la acción de Dios en tu vida.

“Cuando la fama de otro se extiende…”

“Cuando la fama de otro se extiende…”

Marcos 6, 14-29

En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido, el rey Herodes oyó hablar de él. Unos decían: —Juan Bautista ha resucitado, y por eso los ángeles actúan en él.

Otros decían: —Es Elías.

Otros: —Es un profeta como los antiguos.

Herodes, al oírlo, decía: —Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado.

Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Felipe, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano. Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. En muchos asuntos seguía su parecer y lo escuchaba con gusto. La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados.

El rey le dijo a la joven: —Pídeme lo que quieras, que te lo doy.

Y le juró: —Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.

Ella salió a preguntarle a su madre: —¿Qué le pido?

La madre le contestó: —La cabeza de Juan el Bautista.

Entró ella enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: —Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista.

El rey se puso muy triste; pero por el juramento y los convidados no quiso desairarla. Enseguida le mandó a uno de su guardia que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.

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Nuestras seguridades ordinariamente están depositadas en aquello que nos brinda estabilidad y aún más cuando el lucro provee más de lo necesario, no se diga en los ámbitos de poder. Creemos que todo lo tenemos dominado, pero ¿Qué pasa cuando la fama de otro se extiende?

La primera reacción es de inseguridad porque no sabemos por donde va, que hace y cómo te afectará, entonces tus mismos miedos disfrazados de curiosidad hacen indagar en el asunto de una manera falsa. El mayor temor es el de ser desplazado, temor basado en la misma inseguridad e inestabilidad del ascenso a tu postura, la misma persona se tambalea en sus propias bases corrompidas.

Por ello la reacción de los tan famosos Herodes, uno con la matanza de los inocentes por miedo a un nuevo rey que no conocía y el otro con la muerte de Juan Bautista, que a su gente corrupta le estorbaba para sus propios fines.

No digo que estemos en esos niveles ni problemas similares, pero tendemos ante nuestros miedos e inseguridades de igual manera desplazar a quien brille y nos apoque, ya sea en inteligencia, belleza, moralidad y capacidades. Por ello es importante saber conocer nuestras propias limitaciones, aceptarlas para no permitir obrar a tus miedos, que al final serán los que te destruyan a ti mismo, siempre hay que confiar en Dios sin dejar de trabajarlos porque en el primer descuido te dominan.

“El tiempo de los engaños”

Lucas: 21, 5-11

En aquel tiempo, como algunos ponderaban la solidez de la construcción del templo y la belleza de las ofrendas votivas que lo adornaban, Jesús dijo: “Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra de todo esto que están admirando; todo será destruido”.
Entonces le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo va a ocurrir esto y cuál será la señal de que ya está a punto de suceder?”
Él les respondió: “Cuídense de que nadie los engañe, porque muchos vendrán usurpando mi nombre y dirán: ‘Yo soy el Mesías. El tiempo ha llegado’. Pero no les hagan caso. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, que no los domine el pánico, porque eso tiene que acontecer, pero todavía no es el fin”.
Luego les dijo: “Se levantará una nación contra otra y un reino contra otro. En diferentes lugares habrá grandes terremotos, epidemias y hambre, y aparecerán en el cielo señales prodigiosas y terribles”.

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Se habla mucho de que estamos en los últimos tiempos, de que en cualquier momento llegará el juicio final universal para todos y que al demonio se le termina su reinado, para ello se utilizan las ya características señales que al día de hoy nos son comunes, sin embargo como el mismo evangelio lo indica: “eso tiene que acontecer, pero todavía no es el fin”.

Por el contrario, somos bien informados para que ciertamente no se den los típicos abusos en el tema, ya que con la temática del miedo y del fin del mundo, se manipula a las personas y sobre todo, se les miente.

Es que olvidamos que desde todos los tiempos, la principal herramienta que utiliza el maligno es la mentira, aquella que precisamente se usa en contraposición radical a la verdad misma y contra Dios, de quien emana todo bien y autenticidad.

Y si a eso añadimos que al chamuco se le termina el tiempo, entonces, utilizando todo su arsenal y empeño en atacar por la premura de su final, es muy evidente que en la más sublime de sus acciones, junto con todas las marionetas que ya sea consciente o inconscientemente se disponen a ser utilizadas para el mal, usan como lema oficial el engaño y la mentira.

Es por ello que ante este ataque ideológico de falsedad envuelta en un velo de ilícita verdad para engancharnos, Jesús revela, que ante todo, hay que vivir en la verdad, y ella nos iluminará, por ello no asustarnos, ya que el miedo nos hace tomar decisiones arrebatadas con consecuencias nefastas.

Simplemente en éste tiempo de los engaños institucionalizados, hay que estar preparados de tal manera que no caigamos en las trampas que por doquier las encontramos, viviendo la verdad, la vida de la gracia y la oración, entonces estaremos capacitándonos para que como cera se nos resbalen todas aquellas faramallas y no hagan mella en nosotros.

“Actuar desesperadamente”

Lucas: 16, 1-8

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Había una vez un hombre rico que tenía un administrador, el cual fue acusado ante él de haberle malgastado sus bienes. Lo llamó y le dijo: `¿Es cierto lo que me han dicho de ti? Dame cuenta de tu trabajo, porque en adelante ya no serás administrador’. Entonces el administrador se puso a pensar:


`¿Qué voy a hacer ahora que me quitan el trabajo? No tengo fuerzas para trabajar la tierra y me da vergüenza pedir limosna. Ya sé lo que voy a hacer, para tener a alguien que me reciba en su casa, cuando me despidan’.

Entonces fue llamando uno por uno a los deudores de su amo. Al primero le preguntó: `¿Cuánto le debes a mi amo?’ El hombre respondió: ‘Cien barriles de aceite’. El administrador le dijo: ‘Toma tu recibo, date prisa y haz otro por cincuenta’. Luego preguntó al siguiente: `Y tú, ¿cuánto debes?’ Éste respondió: ‘Cien sacos de trigo’. El administrador le dijo: ‘Toma tu recibo y haz otro por ochenta’.

El amo tuvo que reconocer que su mal administrador había procedido con habilidad. Pues los que pertenecen a este mundo son más hábiles en sus negocios que los que pertenecen a la luz”.

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Una de las consecuencias de la vida tan acelerada que llevamos en éstos días, no permiten que nos dediquemos tiempos personales para el cultivo de nuestros propios valores así como nuestra espiritualidad. Mientras estamos fuertes y activamente laborales, sin sentir se nos va yendo la vida como si nada, y cuando menos pensamos nos vemos desproveídos de las herramientas necesarias para la siguiente etapa en la vida.

Cuando somos previsores, vamos planeando un poco el mañana sin mantenernos en una tensión por que llegue, de tal manera que en su momento el cambio que suele darse a veces de manera súbita, no descontrole, porque el activismo no da tiempo, ni prepara para asimilar con calma las cosas. 

Una de las dificultades de estar desproveídos de este arsenal de dones trabajados dedicadamente en el transcurso de la vida, es que se toman al final medidas desesperadas, como las del mal administrador, quien deshonestamente empieza a actuar según él muy inteligentemente y con habilidad para el manejo de los ya conocidos negocios, sacando el mayor provecho posible. 

A lo mejor le va a ir bien un tiempo, pero lo que fue una jugada en su favor, viene a ser un daño en el tiempo que al final se volcará sobre sí mismo. Eso es lo que uno obtiene actuando desesperadamente, ya que la solución inmediata se da, pero el dinero mal habido no dura.

Por el contrario, a pesar de las crisis que nos lleguen en el ámbito laboral o económico, mientras estemos fortalecidos espiritualmente, tendremos la mejor actitud para salir adelante sin dañar a los demás, sin olvidar además que Dios Padre Providente no abandona a sus hijos, así pase la peor calamidad. Los arrebatos no traen nada bueno, la paciencia sí trae cosas my buenas para quien sabe esperar.

“¿Asusta más el demonio o el humano?”

“¿Asusta más el demonio o el humano?”


Lucas 13, 31-35

En aquella ocasión, se acercaron unos fariseos a decirle: —Márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte.El contestó: —Id a decirle a ese zorro: «Hoy y mañana seguiré curando y echando demonios; pasado mañana llego a mi término». Pero hoy y mañana y pasado tengo que caminar, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus pollitos bajo las alas! Pero no habéis querido. Vuestra casa se os quedará vacía. Os digo que no me volveréis a ver hasta el día que exclaméis: «Bendito el que viene en nombre del Señor».
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Desde siempre se nos ha infundido el temor al demonio, como un ente espantoso que causa terror donde quiera que se hace presente, identificando el mal en un ente real, pero su manera de obrar es muy sutil e imperceptible para algunos a tal grado de tan sólo por temor evitar su encuentro directo o invocarlo.
Eso de entrada está muy bien, porque denota ya un interés de no dejarnos engañar por sus insidias, pero existe una realidad mucho más evidente en el obrar del maligno; disfraza de solución y bien sus supuestas aportaciones y sugerencias, como lo tenemos en el caso del evangelio, en donde se presenta un fariseo ante Jesús, el cual según para ayudarlo, le da una información que ciertamente pudiera ser verdadera, pero que va encubierta de una mala intención.
Esa información desvirtuada, Jesús inmediatamente la detecta porque sabe hacia donde va, a lo mejor el fariseo lo hace con buena intención, pero descubre detrás la obra del maligno, en donde planea sembrarle miedo para que rechace su misión, a su vez de llamar “zorro” a Herodes, no como un insulto personal, sino como quien astutamente se deja manejar del mal, utilizándolo como un recurso para obtener sus beneficios, situación perfecta que utiliza el demonio, para detrás manejar a las personas a su conveniencia haciéndoles creer que ellos son los protagonistas, cuando en realidad son sólo sus secuaces manipulados en un su malvado plan contra la redención.
A quienes deberíamos realmente temer es a aquellos que se dejan manejar por el mal mismo, que son sus títeres, no tanto al demonio en sí mismo, sino a sus intermediarios que se pueden hacer presentes incluso en la propia familia para dividir y robar la paz necesaria para el crecimiento y frutos de la agracia divina. 
Al igual se da entre tus mejores amigos, y ambiente de trabajo, cualquiera que pretenda hacer las cosas bien o de manera extraordinaria, no se diga con caridad y santidad, suscitará en los demás cuando están débiles espiritualmente, ser puertas abiertas al maligno, para que te ataque en ellos, los que tienes más cerca.
La misma situación en pecado de nuestras, vidas nos hace canales del mal, somos más propensos a dejarnos manejar y por ende, a auto denigrarnos sembrando un daño que al final lo hacemos nuestro y responsables de ello.

Nada cuesta fortalecernos, para al contrario, ser instrumentos eficaces, pero de la gracia de Dios, para no causar daños y, saber defendernos cuando otros lo hagan, porque si se da aún en los ambientes más religiosos y consagrados, qué no esperar de los más alejados de la gracia de Dios.

“Maestro, dile a mi hermano…”

“Maestro, dile a mi hermano…”
Lucas 12, 13-21
En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús: —Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.El le contestó: —Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?Y dijo a la gente: —Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.Y les propuso una parábola: —Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: ¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha.Y se dijo: Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: «Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años: túmbate, come, bebe y date buena vida». Pero Dios le dijo: «Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?»”“Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.
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En ocasiones somos muy buenos consejeros cuando nuestra experiencia rebasa a la de los más inexpertos, sobe todo en temas y situaciones que nos son familiares y, que han quedado en el pasado como un problema superado, pero la sabiduría adquirida de eso es un tesoro digno de compartirse y el consejo nunca es de mas. 
A veces al pedir recomendaciones o darlas, podemos intentar manipular la situación para un beneficio propio, en donde escondemos una cobardía al no tratar los problemas de frente, tratando de enredar a otras personas con el supuesto consejo o ayuda que se pide, como lo es el caso del evangelio, donde a Jesús le solicitan una ayuda en el caso de una herencia, a lo que responde que no es su papel, no porque no quiera ayudar, sino porque no se va a meter en un problema que no es de Él, el cual le corresponde al otro solucionarlo.
El problema no radica en solucionar la relación familiar, sino en las tendencias avariciosas que se notan directamente, si la situación repercutiera en la familia, en la conversión, en una actitud de crecimiento en la fe, no dudo que sí hubiera ayudado, pero ante un fin particular y egoísta, cobardemente manejado no es lícito.
Es que somos buenos para manejar personas y obtener beneficios particulares, no importa la dignidad que tengan, si lo puedo usar, lo hago, esa es la actitud neoliberal de quienes no respetan los valores ni los tratos para obtener lo que desean a su modo.
Es por eso que Jesús nos invita a saber enfrentar directamente nuestros propios asuntos, sin inmiscuir a otros que no les atañe, lo malo es que cuando no hacemos las cosas bien, no podemos levantar la frente en alto y exigir lo que no podemos dar, por eso manipulamos a los demás para que lo hagan por mi, pero dañas y enredas a quienes no tienen nada que ver en tus propios asuntos.
Dios no está para hacer lo que a tí te corresponde, aunque se lo pidas con toda la amabilidad y devoción del mundo, de hecho la ayuda la tienes de primera mano de Dios, pero el resto y esos detalles a veces incomodos te tocan a tí, aprende a manejarlos y el resto será historia.

“Les será quitado…”

Mateo 21, 33-43


En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: “Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego lo alquiló a unos viñadores y se fue de viaje. 

Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo. 

Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: ‘A mi hijo lo respetarán’. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: ‘Este es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia’. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron. 

Ahora, díganme: cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?” Ellos le respondieron: “Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo”. 

Entonces Jesús les dijo: “¿No han leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable? 

Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos”.

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Las promesas de Dios siempre llegan a buen fin, y las que parecieran juicios temerarios sobre ciertas circunstancias de vida  no aptas para el discernimiento y desarrollo espiritual no son amenazas, ya que encontramos muchas afirmaciones que remarcan la negativa de perder la gracia de Dios.

La cuestión radica no en que Dios mismo sea malo y castigador, eso ni en lo más mínimo se puede concebir, sino que por el contrario, cuando no conocemos, ni nos acercamos a Dios, tenemos una conciencia errónea sobre su ser y sobre sus designios, porque creemos que Dios es muy pero muy bueno, y lo es, pero nos atenemos creyendo que al ser nosotros el principal objeto de su amor, en automático y por su infinita bondad nos salvará indudablemente pasando por alto su justicia.

Eso en ese esquema no es posible, ya que nos pide un mínimo como corresponsables de la misma creación y de nuestras propias vidas y, ahí no depende de la bondad de Dios, sino de la nuestra para con nosotros mismos, si es que deseamos y queremos ser salvos.

Por ello no nos asuste el hecho de que si desatendemos nuestra propia vida íntegramente, es decir, sin hacer a un lado el aspecto espiritual, será un hecho que daremos por perdido eso que nunca en realidad deseamos, por lo que sin lugar a dudas nos será quitado, pero si por el contrario lo cuidas y cultivas constantemente se te dará aún más con creces.