“No conveniencia, aunque conviene”

Lucas 12, 8-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también el Hijo del Hombre se pondrá de su parte ante los ángeles de Dios. Y si uno me reniega ante los hombres, lo renegarán a él ante los ángeles de Dios. Al que hable contra el Hijo del Hombre se le podrá perdonar, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará. Cuando os conduzcan a la sinagoga, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de lo que vais a decir, o de cómo os vais a defender. Porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir».

_______________________

Una de las actitudes que el cristianismo promueve ante todo, es la autenticidad basada en la caridad, la cual debe de estar sustentada en un amor genuino y verdadero a Nuestro Señor Jesucristo, no como un ente superior y lejano, sino como aquél amigo que siempre está esperándonos y dándonos su mano en todo momento.

Pero da la casualidad de que a Jesús lo reconocemos por lo general con un amor auténtico mientras pasa la infancia, porque posteriormente en las siguientes etapas de la vida parece no tan grato amarle y seguirle, pero da la casualidad que al llegar la edad adulta o vejez, místicamente surge nuevamente el amor a Dios.

Mira, qué casualidad, tan sólo cuando eres vulnerable y te ves frágil convenientemente recurrimos a Dios para sanar nuestras necesidades y solventar las penas, pero cuando estamos sanos y llenos de vida, pensamos que las podemos solos. Ahh pero que no te suceda algo negativo porque entonces convenientemente lo vuelves a buscar, tan sólo en las crisis y la necesidad.

Sin embargo vemos que nosotros a Jesús no le convenimos ya que ningún provecho saca de nosotros, no le somos útiles, pero por el contrario aún así no deja de amarnos, ni nos busca tan sólo cuando tiene necesidad, su amor es pleno y constante. Los inestables somos nosotros que no sabemos valorarlo, sino cuando nos es necesario y a veces por orgullo ni eso.

Pues ya es una ventaja que de conveniencia lo busques, pero recuerda que en la medida que lo niegues con la vida, al no tomarlo en cuenta incluso en tus alegrías y fortalezas, estarás dando a conocer cómo deseas que la relación de Dios se de contigo. Abre tu corazón y tu mente que no cuesta nada y el beneficio es mayor, porque de la conveniencia se pasa a la necesidad de amarlo en toda circunstancia y en todo tiempo.

“No soy digno…”

Lucas 7, 1-10

En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar a la gente, entró en Cafarnaúm. Había allí un oficial romano, que tenía enfermo y a punto de morir a un criado muy querido. 

Cuando le dijeron que Jesús estaba en la ciudad, le envió a algunos de los ancianos de los judíos para rogarle que viniera a curar a su criado. Ellos, al acercarse a Jesús, le rogaban encarecidamente, diciendo: “Merece que le concedas ese favor, pues quiere a nuestro pueblo y hasta nos ha construido una sinagoga”. Jesús se puso en marcha con ellos. 

Cuando ya estaba cerca de la casa, el oficial romano envió unos amigos a decirle: “Señor, no te molestes, porque yo no soy digno de que tú entres en mi casa; por eso ni siquiera me atreví a ir personalmente a verte. Basta con que digas una sola palabra y mi criado quedará sano. Porque yo, aunque soy un subalterno, tengo soldados bajo mis órdenes y le digo a uno: ‘¡Ve!’, y va; a otro: ‘¡Ven!’, y viene; y a mi criado: ‘¡Haz esto!’, y lo hace”.

Al oír esto, Jesús quedó lleno de admiración, y volviéndose hacia la gente que lo seguía, dijo: “Yo les aseguro que ni en Israel he hallado una fe tan grande”. Los enviados regresaron a la casa y encontraron al criado perfectamente sano. 

____________________

Somos muchos los que a veces creemos, que somos tan perfectos, que no necesitamos nada de los demás, y claro, tampoco de Dios, pero también somos otros tantos los que nos sentimos no merecedores de su gracia, nos sentimos impuros, indignos de estar cerca de el y por consiguiente alejados temerosamente de Él.

Otras tantas veces lo imaginamos tan lejos, con una santidad inalcanzable y una pureza tal que tememos contaminarla, en resumidas cuentas, todo lo que huela a Dios creemos que somos indignos, lo malo es que hacemos que los demás lo vean así hiper-inalcanzable.

Nos sentimos no merecedores de las gracias divinas, pero mayormente las exigimos a los que intentan acercarse a Él, no somos capaces de entrar, pero tampoco se lo permitimos a los demás.

Si hablamos en términos de santidad y de estar cerca de Dios, sobre todo en la eucaristía, claro que nadie seríamos dignos, inclusive ni los sacerdotes.

Pero en su infinita gracia y misericordia, demostrando su ternura y cercanía, Él mismo nos ha hecho dignos, no por nuestros méritos, sino por su amor hacia ti.

Y nos invita a no desaprovechar esa oportunidad que procede de su gratuidad, nunca rechazando a nadie, sino incluyendo a todos, a tal grado y con tal confianza que nos dice que no importa de donde vengan, si de Oriente o de Occidente, todos tienen lugar en su mesa, para participar de Él y con Él. Con igual dignidad que Abraham, Isaac y Jacob.

No tienes por que denigrar tu dignidad de Hijo, cuando tienes esa calidad de Padre. Tu ya eres digno, sólo reconócelo y hazlo valer.

“Hasta los extraños son invitados”

Mateo: 15, 21-28

En aquel tiempo, Jesús se retiró a la comarca de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea le salió al encuentro y se puso a gritar: “Señor, hijo de David, ten compasión de mí. Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio”. Jesús no le contestó una sola palabra; pero los discípulos se acercaron y le rogaban: “Atiéndela, porque viene gritando detrás de nosotros”. Él les contestó: “Yo no he sido enviado sino a las ovejas descarriadas de la casa de Israel”.

Ella se acercó entonces a Jesús y, postrada ante él, le dijo: “¡Señor, ayúdame!” Él le respondió: “No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos”.

Pero ella replicó: “Es cierto, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos”. Entonces Jesús le respondió: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas”. Y en aquel mismo instante quedó curada su hija.

__________________________

Podría resultar un poco incómodo tratar a extraños de los que no sabemos nada al respecto, como que preferimos desarrollarnos entre aquellos que nos son familiares para sentir seguridad y la confianza de gente ya conocida.

Cuando vamos a una fiesta, esperamos ver rostros con los que estamos familiarizados, y cuando no es así, no digo que sea imposible, pero la estancia no resulta igual.

En el plano de la religiosidad, entablamos relaciones con aquellos que conocemos en el ámbito de la fe, aunque no es garantía de que se haga una amistad confiable, ya es un principio de una relación con algo en común que es la fe.

Para Dios nadie es extraño, y aunque muchos no le conocen, Dios si les conoce y espera que lo identifiquen y le amen con un amor que ya les es profesado desde la eternidad, falta que nosotros nos convenzamos que todos son llamados a la conversión y a retornar a la casa del Padre.

Pareciese que nuestro juicio dicta que todos los malvados y alejados de Dios, aquellos que además se dedican a hacer el mal, serán excluidos del derecho a Dios y con ganancias en la condenación eterna porque se lo merecen según sus obras, pero no, Dios es un Dios que sabe esperar y hacer coincidir todas las circunstancias para que tengan la oportunidad de redimirse, el último que pierde la esperanza es Dios, y digo que la pierde cuando la persona decide condenarse y lo hace, ya que Dios respeta su decisión tomada libremente.

Pero no olvides que todos, inclusive hasta los extraños son invitados, cuanto más nosotros que estamos con el lugar puesto en el banquete para aprovecharlo.

“Déjenlos Juntos”

“Déjenlos Juntos”

Mateo: 13, 24-30

En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la muchedumbre: “El Reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras los trabajadores dormían, llegó un enemigo del dueño, sembró cizaña entre el trigo y se marchó. Cuando crecieron las plantas y se empezaba a formar la espiga, apareció también la cizaña.
Entonces los trabajadores fueron a decirle al amo: `Señor, ¿qué no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, salió esta cizaña?’ El amo les respondió: `De seguro lo hizo un enemigo mío’. Ellos le dijeron: ¿Quieres que vayamos a arrancarla?’ Pero él les contestó: ‘No. No sea que al arrancar la cizaña, arranquen también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta el tiempo de la cosecha y, cuando llegue la cosecha, diré a los segadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en gavillas para quemarla, y luego almacenen el trigo en mi granero’ “.

___________________________

Es una constante lucha por querer separar en todos los ámbitos de la vida y la sociedad a los que consideramos malos de los buenos, aunque no deja de ser una apreciación y conceptualización más humana que divina, Sin embargo la Sagrada Escritura así lo expone para marcar una diferencia entre quienes desean vivir y transmitir el mismo amor de Dios de los que no.

Para el Señor no existen los malos, de suyo el concepto del mal como tal, hablando filosóficamente es considerado como un bien imperfecto, que claramente puede si así lo desea, llegar a la perfección. 

Esa misma naturaleza la manifiesta el Señor cuando en medio de su misericordia, ante nuestra ideológica segregación y división entre buenos y malos, afirma que los dejen crecer juntos, ya que Dios mismo sabe canalizar y utilizar el mismo mal para desarrollarnos y hacer un bien mayor.

Así que no suframos por los que hacen todo bien y nos molesta, o los que lo hacen todo mal y nos afecta, todo está en el plan de Dios, a lo mejor las circunstancias y las personas en algún momento cambian o se invierten los papeles, uno nunca sabe, por ello el Señor no tiene prisa de juzgarnos ya que el tiempo es suyo.

“La confianza de pedir”

“La confianza de pedir”

Juan: 15, 1-8

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. Al sarmiento que no da fruto en mí, él lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dé más fruto.

Ustedes ya están purificados por las palabras que les he dicho. Permanezcan en mí y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él ése da fruto abundante, porque sin mí nada pueden hacer. Al que no permanece en mí se le echa fuera, como al sarmiento, y se seca; luego lo recogen, lo arrojan al fuego y arde.

Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les concederá. La gloria de mi Padre consiste en que den mucho fruto y se manifiesten así como discípulos míos”.

_____________________

Las maneras de comunicarnos con Dios, dependen de la confianza que tengamos en el trato personal con Él, ya que en un término genérico se tiene la concepción que está ahí para pedirle lo que se nos antoje y de la manera que nosotros lo dispongamos, porque Él es todo poderoso y lo puede hacer.

Por el contrario, el mismo Jesús propone el esquema más viable, y éste consiste en pedir con confianza, pero con la diferencia de que esa confianza esté arraigada en un trato personal que nos haga permanecer muy cerca del mismo, con un amor tan pleno que dicha confianza se traduce en peticiones de solicitud llenas de optimismo y realismo, que sabe lo que se pide sabiendo lo que Dios pide cambio de nuestra parte.

Lo que espera Dios, es una respuesta de amor y de compromiso con la verdad y su Palabra, lo malo es cuando pedimos sin consecuencia nuestra, como si toda la obligación le correspondiera a Dios, olvidando la respuesta de nuestra parte en esa permanencia en su amor.

Es por ello que tantas personas constantemente se quejan de que no se cumplen las peticiones que se solicitan a Dios, cuando en realidad la actitud personal de quien las pide raya en indiferencia ante lo que se pide.

La confianza de pedir va unida a la confianza de su amor personal que conocemos y con el cual nos comprometemos.

“Sin rechazos”

“Sin rechazos”

Juan 6, 35-40

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: –«Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis.

Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.

Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día.

Ésta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día».

————————————

Uno de los temores que nos afectan más en la vida, es el rechazo, es decir, la aceptación es una cualidad que estabiliza a la persona y le da seguridad, pero cuando vienen los rechazos inclusive desde el vientre materno, marcan toda la vida con una actitud de felicidad incompleta, que se pretende saciar con satisfactores que nunca lo logran complementar.

Esos mismos temores con los que nos hacen erróneamente creer que Dios nos rechazará por nuestras faltas y pecados, más sin embargo olvidamos que el pecado no es algo que le afecte a Dios, sino todo lo contrario, nosotros somos los dañados y los que nos auto excluimos, tachando a Dios de falto de misericordia, pero esos somos nosotros.

En lo absoluto Dios no puede rechazar a sus propios hijos, a su propia creación, rechaza el pecado pero no a la persona. Debemos acercarnos a Él sin miedos ni temores porque no lo ameritan, de suyo remarca que a nadie lo echará fuera, porque no es su decisión, sino la voluntad del Padre y la respeta, no la toma ni abusa de ella.

Ante esta plataforma de caridad, aunque seamos los peores pecadores, su perdón es mucho más grande, falta que nos convenzamos de ello, ya que sin dicha afirmación, la sanción espiritual es nula. 

Si el mundo, tus amigos, tu familia, hasta tu propia madre te rechaza, Dios no lo hará jamás, pero no te hagas reo digno de ser rechazado por tu falta de amor, la oportunidad siempre está presente en ésta vida, para así llegar a la eterna. Sin rechazos de ninguna parte.

“…Se iban encrespado”

“…Se iban encrespado”

Juan: 6, 16-2

Al atardecer del día de la multiplicación de los panes, los discípulos de Jesús bajaron al lago, se embarcaron y empezaron a atravesar hacia Cafarnaúm. Ya había caído la noche y Jesús todavía no los había alcanzado. Soplaba un viento fuerte y las aguas del lago se iban encrespando.

Cuando habían avanzado unos cinco o seis kilómetros, vieron a Jesús caminando sobre las aguas, acercándose a la barca, y se asustaron. Pero él les dijo: “Soy yo, no tengan miedo”. Ellos quisieron recogerlo a bordo y rápidamente la barca tocó tierra en el lugar a donde se dirigían.

___________________________

Cuántos cuidados no deja de tener el Señor para con nosotros, que en todo está al pendiente de cuanto necesitamos y a su vez de aquello que puede afectarnos. 

Los que no dejan de llegar, son esos vientos que no sabemos de dónde vienen, ni a dónde van, aquellos que vienen llenos de odios, rencores, murmuraciones, entre otras cosas demás, vientos que inician como suave brisa, pero que enganchados a los miedos, y todas las debilidades así como vacíos, mientras más lo permitimos, más fuertes se van haciendo y cada vez más van encrespando las aguas hasta perder el control. 

Por ello el Señor Jesús nos exhorta a no tener miedo, a enfrentarlos como roca firme asentada y fuerte, que por más que se vayan encrespado las olas por esos vientos, que se sueltan para hacernos naufragar, sabiendo que el es el Señor quien está cerca de nosotros quien nos da esa fortaleza y seguridad para seguir adelante.  

Es por ello de vital importancia que no permitamos, ni alimentemos los vientos violentos, aquellos que impactan a los demás, y que los hacen claudicar, para que en vez de encresparse, los calmemos.

“Sensatez, un paso al Reino de Dios”

Sensatez, un paso al Reino de Dios”

Marcos: 12, 28-34

En aquel tiempo, uno de los escribas se acercó a Jesús y le preguntó: “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?” Jesús le respondió: “El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor; amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento mayor que éstos”.

El escriba replicó: “Muy bien, Maestro. Tienes razón, cuando dices que el Señor es único y que no hay otro fuera de él, y amarlo con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los holocaustos y sacrificios”.

Jesús, viendo que había hablado muy sensatamente, le dijo: “No estás lejos del Reino de Dios”. Y ya nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

_________________________

Cuantas veces pensamos que para estar y hacer presente el Reino de los cielos, a veces basta tan sólo vivir sacramentalmente, ser de golpe de pecho y comulgar a Diario, como si fuera una dependencia. Actitud nada sana, ya que cuando no se canaliza a la verdadera acción de los que nos hacemos llamar hijos de Dios, resulta en un acercamiento a Dios, bueno, pero mal entendido,

A veces nos radicalizamos y nos creemos tan buenos, que juzgamos a los demás porque no hacen lo que nosotros fieles cumplidores del precepto. Hasta este punto tan sólo lo que falta es la caridad.

Y es que de nada sirve asistir a los sacramentos si no los proyectamos en la vida ordinaria del diario proceder. Nos hace falta no tan sólo conocer el precepto del amor, sino vivirlo con sensatez, con cordura y eficacia, ya que al vincular la gracia con el diario vivir, es hacer presente el Reino de una manera palpable y eficaz, sin esperar que nos caiga estrepitosa y radicalmente del cielo.

Es por ello, que más que nada, vivir la sensatez, es dar ya un paso eficaz a vivir el Reino de Dios.

Mateo: 2, 3ss.

Mateo: 2, 3ss.

“…Unos magos de Oriente llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo”. Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén con él…”

__________________

No hace falta escandalizarnos cuando nos damos cuenta de lo evidente, que el mal nos destruye. Escándalo es la herramienta que usa nuestro corazón y lo grande que sea será lo dañado que esté.  Búscalo: te dará paz y salud.

“Las bendiciones que nos llegan”

“Las bendiciones que nos llegan”

Lucas 1, 5-25 

En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón llamada Isabel. Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada. Una vez que oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno, según el ritual de los sacerdotes, le tocó a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso; la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso. Y se le apareció el ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de temor. Pero el ángel le dijo: —«No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Te llenarás de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento. Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor; se llenará de Espíritu Santo ya en el vientre materno, y convertirá muchos israelitas al Señor, su Dios. Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia los hijos, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, preparando para el Señor un pueblo bien dispuesto.» Zacarías replicó al ángel: —«¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada.» El ángel le contestó: —«Yo soy Gabriel, que sirvo en presencia de Dios; he sido enviado a hablarte para darte esta buena noticia. Pero mira te quedarás mudo, sin poder hablar, hasta el día en que esto suceda, porque no has dado fe a mis palabras, que se cumplirán en su momento.» El pueblo estaba aguardando a Zacarías, sorprendido de que tardase tanto en el santuario. Al salir no podía hablarles, y ellos comprendieron que había tenido una visión en el santuario. Él les hablaba por señas, porque seguía mudo. Al cumplirse los días de su servicio en el templo volvió a casa. Días después concibió Isabel, su mujer, y estuvo sin salir cinco meses, diciendo: —«Así me ha tratado el Señor cuando se ha dignado quitar mi afrenta ante los hombres.» 

__________________________

No basta con tan sólo alegrarnos por que las promesas de la Salvación se hacen realidad, son un hecho que se está cumpliendo y la muestra de ello viene a manifestarse en todos los signos que en el entorno se van evidenciando.

Uno de esos signos precisamente es que a Isabel y Zacarías no le había llegado la bendición de los hijos, y eso era un oprobio en la cultura y religiosidad de su tiempo, como si estuvieran malditos, sin embargo de igual manera El acercamiento del Señor hace que se susciten una serie de milagros que hablan de esa plenitud de los tiempos donde Jesús va transformando el entorno previo a su venida.

Dios prepara a aquellos quienes va a invitar a participar de su obra y plan de salvación, Es por ello que si alguien nos invita a ser parte de sus vidas o acontece un evento extraordinario, es porque se nos está preparando de antemano, nada pasa por casualidad, y la obra de Dios es muy concreta, por lo que no distemos en aceptar nuestra participación, porque de suyo es parte de un proceso histórico en toda la historia de la salvación que aún nos acontece.

Es por eso que si se te invita a ser participe de una bendición, no la rechaces, ya que éstas se nos dan para aplicarlas en su momento y son parte del mismo plan de Dios.