“Boicot contra la felicidad”

“Boicot contra la felicidad”

Mateo 28, 8-15

En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y llenas de alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo:

–«Alegraos».

Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies.

Jesús les dijo: –«No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».

Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles: –«Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros».

Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.

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Tan grande es nuestra autoestima, que nos pasamos de largos. Es un hecho que tenemos todo el derecho a la felicidad, pero desgraciadamente es un don dado en generosidad compartida que no se puede contener, ni adquirir, ni comprar voluntaria y materialmente hablando.

Pero en realidad ese no es aquí el problema, sino que radica en las falsas felicidades, es decir, pensamos que teniendo poder, vamos a ser felices, de igual manera con múltiples bienes y valores, más bien cada quien se fabrica o le fabrican la “felicidad a su medida” por una muy buena módica cantidad.

Que pena que después de un rato, esas felicidades pintadas y exhibidas, se caen solas dejando un vacío y una tristeza mayor, a tal grado de que aunque lo tengan todo, cuando ven una persona llena de dicha y felicidad, se corroen en envidias casi a punto de un infarto, teniendo como fuga inmediata para no reventar, la crítica, el odio, las represalias, en fin destrozar la felicidad de aquellos a los que no les costó nada porque viene de la cercanía con el Señor y sus obras, como lo demuestra el evangelio.

Boicot que en todas partes lo vamos a encontrar, pero es no es ningún problema, porque no es tuyo, es de los demás, y por más que intenten truncar tu felicidad, es inútil cuando está bien cimentada y cierta en Jesús el Señor Resucitado, los ataques llegarán, pero de ti depende si los haces tuyos, si les das cabida a puerta abierta, o si los dejas que pasen de lado, sin olvidar pedir por aquellos de donde provienen, ya que en realidad están sufriendo mucho más que nosotros y no es justo ser felices solos, hay que demostrarles  alegría hasta que de dolor sucumban y se permitan ser felices un poco, y luego gradualmente.

No permitas el boicot contra tu felicidad plena.

“Pascua de Resurrección”

“Pascua de Resurrección”

Juan 20, 1-9

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.

Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: –«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

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La vida no puede ser contenida en ningún lugar de tan grandiosa que es, pero la gracia de  Dios ha hecho posible todo, e inclusive poseerla en un ser materializado como lo es en nuestra limitada humanidad, ya que somos toda una proeza junto con la creación entera que revela la magnificencia del Creador. 

El mismo sepulcro queda estrecho a tan gran don, y más aún para aquella vida que se nos da en felicidad y libertad, ya que la muerte es el paso necesario y agradecido para esta carne que nos ha contenido generosamente, en donde con toda su dignidad queda en reposo para la espera de la resurrección, así precisamente como Jesús, en quien esperamos la plenitud no tan sólo de la vida, sino glorificada junto con ese cuerpo que se nos ha dado, y dónde a su vez reinaremos eternamente con Él.

No es tan sólo un sueño, sino una tajante realidad, es una promesa, pero venida de Dios que siempre las cumple en su momento. De aquí debe brotar esa alegría unida a la esperanza plena, en la confianza de aquél que ya ha dado el paso definitivo a la meta eterna, a la cual somos invitados y en amor bien recibidos.

Tan sólo basta callar para manifestar esa alegría que brota de la certeza de la vida eterna.

Felices pascuas a todos ustedes junto con su familia y amistades.

Domingo de Ramos

Domingo de Ramos

San Marcos 14, 1-72.

C. Faltaban dos días para la Pascua y los Azimos. Los sumos sacerdotes y los letrados pretendían prender a Jesús a traición y darle muerte. Pero decían:
S. —No durante las fiestas; podría amotinarse el pueblo.
C. Estando Jesús en Betania, en casa de Simón, el leproso, sentado a la mesa, llegó una mujer con un frasco de perfume muy caro, de nardo puro; quebró el frasco y se lo derramó en la cabeza. Algunos comentaban indignados:
S. —¿A qué viene este derroche de perfume? Se podía haber vendido por más de trescientos denarios para dárselo a los pobres.
C. Y regañaban a la mujer. Pero Jesús replicó:
—Dejadla, ¿por qué la molestáis? Lo que ha hecho conmigo está bien. Porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros y podéis socorrerlos cuando queráis; pero a mí no me tenéis siempre. Ella ha hecho lo que podía: se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura. Os aseguro que, en cualquier parte del mundo donde se proclame el Evangelio, se recordará también lo que ha hecho ésta.
C. Judas Iscariote, uno de los Doce, se presentó a los sumos sacerdotes para entregarles a Jesús. Al oírlo, se alegraron y le prometieron dinero. El andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
El primer día de los ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:
S. —¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua ?
C. —El envió a dos discípulos diciéndoles:
—Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo, y en la casa en que entre, decidle al dueño: «El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?»
Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes.
Preparadnos allí la cena.
C. Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua. Al atardecer fue él con los Doce. Estando a la mesa comiendo dijo Jesús :
—Os aseguro, que uno de vosotros me va a entregar: uno que está comiendo
conmigo.
C. —Ellos, consternados, empezaron a preguntarle uno tras otro :
S. ¿Seré yo?
C. Respondió :
—Uno de los Doce, el que está mojando en la misma fuente que yo. El Hijo del Hombre se va, como está escrito; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del
Hombre!; ¡más le valdría no haber nacido!
C. Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio diciendo:
—Tomad, esto es mi cuerpo.
C. Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio y todos bebieron.
Y les dijo:
—Esta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro, que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el Reino de Dios.
C. Después de cantar el salmo, salieron para el Monte de los Olivos. Jesús les dijo:
—Todos vais a caer, como está escrito: «Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas.»
Pero cuando resucite, iré antes que vosotros a Galilea.
C. Pedro replicó :
S. Aunque todos caigan, yo no.
C. Jesús le contestó:
—Te aseguro, que tú hoy, esta noche, antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres.
C. Pero él insistía:
S. Aunque tenga que morir contigo, no te negaré.
C. Y los demás decían lo mismo.
C. Fueron a una finca, que llaman Getsemaní y dijo a sus discípulos :
—Sentaos aquí mientras voy a orar.
C. Se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, empezó a sentir terror y angustia, y les dijo:
—Me muero de tristeza: quedaos aquí velando.
C. Y, adelantándose un poco, se postró en tierra pidiendo que, si era posible, se alejase de él aquella hora; y dijo:
-¡Abba! (Padre): tú lo puedes todo, aparta de mí ese cáliz. Pero no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.
C. Volvió, y al encontrarlos dormidos, dijo a Pedro:
-Simón ¿duermes?, ¿no has podido velar ni una hora? Velad y orad, para no caer en la tentación; el espíritu es decidido, pero la carne es débil.
C. De nuevo se apartó y oraba repitiendo las mismas palabras. Volvió, y los encontró otra vez dormidos, porque tenían los ojos cargados. Y no sabían qué contestarle. Volvió y les dijo:
-Ya podéis dormir y descansar. ¡Basta! Ha llegado la hora; mirad que el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega.
C. Todavía estaba hablando, cuando se presentó Judas, uno de los doce, y con él gente con espadas y palos, mandada por los sumos sacerdotes, los letrados y los ancianos. El traidor les había dado una contraseña, diciéndoles:
S. -Al que yo bese, es él: prendedlo y conducidlo bien sujeto.
C. Y en cuanto llegó, se acercó y le dijo:
S. —¡Maestro !
C. Y lo besó. Ellos le echaron mano y lo prendieron. Pero uno de los presentes, desenvainando la espada, de un golpe le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús tomó la palabra y les dijo
—¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como a caza de un bandido? A diario os estaba enseñando en el templo, y no me detuvisteis. Pero, que se cumplan las Escrituras.
C. Y todos lo abandonaron y huyeron.
Lo iba siguiendo un muchacho envuelto sólo en una sábana; y le echaron mano; pero él, soltando la sábana, se les escapó desnudo. Condujeron a Jesús a casa del sumo sacerdote, y se reunieron todos los sumos sacerdotes y los letrados y los ancianos. Pedro lo fue siguiendo de lejos, hasta el interior del patio del sumo sacerdote; y se sentó con los criados a la lumbre para calentarse.
Los sumos sacerdotes y el sanedrín en pleno buscaban un testimonio contra Jesús, para condenarlo a muerte; y no lo encontraban. Pues, aunque muchos daban falso testimonio contra él, los testimonios no concordaban. Y algunos, poniéndose de pie, daban testimonio contra él diciendo:
S. —Nosotros le hemos oído decir: «Yo destruiré este templo, edificado por hombres, y en tres días construiré otro no edificado por hombres.»
C. Pero ni en esto concordaban los testimonios.
El sumo sacerdote se puso en pie en medio e interrogó a Jesús:
S. —¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?
C. Pero él callaba, sin dar respuesta. El sumo sacerdote lo interrogó de nuevo preguntándole:
S. —¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?
C. Jesús contestó:
—Sí lo soy. Y veréis que el Hijo del Hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene entre las nubes del cielo.
C. El sumo sacerdote se rasgó las vestiduras diciendo:
S. —¿Qué falta hacen más testigos? Habéis oído la blasfemia. ¿Qué decidís?
C. Y todos lo declararon reo de muerte. Algunos se pusieron a escupirle, y tapándole la cara, lo abofeteaban y le decían:
S. —Haz de profeta.
C. Y los criados le daban bofetadas. Mientras Pedro estaba abajo en el patio, llegó una criada del sumo sacerdote y, al ver a Pedro calentándose, lo miró fijamente y dijo:
S. —También tú andabas con Jesús el Nazareno.
C. El lo negó diciendo:
S. —Ni sé ni entiendo lo que quieres decir.
C. Salió fuera al zaguán, y un gallo cantó. La criada, al verlo, volvió a decir a los presentes:
S. —Este es uno de ellos.
C. Y él lo volvió a negar. Al poco rato también los presentes dijeron a Pedro:
S. —Seguro que eres uno de ellos, pues eres galileo.
C. Pero él se puso a echar maldiciones y a jurar:
S. —No conozco a ese hombre que decís.
C. Y en seguida, por segunda vez, cantó el gallo. Pedro se acordó de las palabras que le había dicho Jesús: «Antes de que cante el gallo dos veces, me habrás negado tres», y rompió a llorar.] Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes con los ancianos, los letrados y el sanedrín en pleno, prepararon la sentencia; y, atando a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato. Pilato le preguntó:
S. —¿Eres tú el rey de los judíos?
C. El respondió:
—Tú lo dices.
C. Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato le preguntó de nuevo:
S. —¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan.
C. Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba muy extrañado. Por la fiesta solía soltarse un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en la revuelta. La gente subió y empezó a pedir el indulto de costumbre. Pilato les contestó:
S. —¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?
C. Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia.
Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás.
Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:
S. —¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?
C. Ellos gritaron de nuevo:
S. —Crucifícalo.
C. Pilato les dijo:
S. —Pues ¿qué mal ha hecho?
C. Ellos gritaron más fuerte:
S. —Crucifícalo.
C. Y Pilato, queriendo dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran. Los soldados se lo llevaron al interior del palacio —al pretorio —y reunieron a toda la compañía. Lo vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo:
S. —¡Salve, rey de los judíos !
C. Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él. Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo. Y a uno que pasaba, de vuelta del campo, a Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rulo, lo forzaron a llevar la cruz. Y llevaron a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «La Calavera»), y le ofrecieron vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno. Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: EL REY DE LOS JUDÍOS. Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. Así se cumplió la Escritura que dice: «Lo consideraron como un malhechor.»
Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:
S. —¡Anda!, tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz.
C. Los sumos sacerdotes, se burlaban también de él diciendo:
S. —A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de
Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos.
C. También los que estaban crucificados con él lo insultaban. Al llegar el mediodía toda la región quedó en tinieblas hasta la media tarde. Y a la media tarde, Jesús clamó con voz potente: -Eloí Eloí, lamá sabactani. (Que significa: Dios mio, Dios mio, ¿por qué me has abandonado?)
C. Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
S. —Mira, está llamando a Elías.
C. Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber diciendo:
S. —Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo.
C. Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.
El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.
El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo:
S. —Realmente este hombre era Hijo de Dios.
[C. Había también unas mujeres que miraban desde lejos; entre ellas Maria
Magdalena, Maria la madre de Santiago el Menor y de José y Salomé, que cuando él estaba en Galilea, lo seguían para atenderlo; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén. Al anochecer, como era el día de la Preparación, víspera del sábado, vino José de Arimatea, noble magistrado, que también aguardaba el Reino de Dios; se presentó decidido ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se extrañó de que hubiera muerto ya; y, llamando al centurión, le preguntó si hacia mucho tiempo que había muerto. Informado por el centurión, concedió el cadáver a José. Este compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro, excavado en una roca, y rodó una piedra a la entrada del sepulcro. Maria Magdalena y Maria, la madre de José, observaban dónde lo ponían.]

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La meditación en este día, se deja a la personal consideración sobre el misterio de la pasión, que para ello es expuesta íntegramente.

“Hay que ser mejores qué…”

“Hay que ser mejores qué…·

Mateo 5, 20-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No matarás», y el que mate será procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano «imbécil», tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama «renegado», merece la condena del fuego.

Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Con el que te pone pleito, procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto».

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Existe una universal tendencia a conformarnos con el saber que las ayudas, los compromisos, los problemas en general alguien los resuelve; hay quien cuide el orden, la educación, la estabilidad económica y hasta la salud tanto física como mental, pero en este esquema rayamos en la total dependencia, de tal manera que les damos todo el poder sobre las situaciones y por ende sobre nosotros mismos.

Además de que cuando nos toca en lo personal alguna mala situación, lo primero que hacemos es echar culpas a “los encargados responsables” de cada área en cuestión. Pero que pena es saber cuán incapaces somos de ser mejores, dónde a lo máximo que llegamos es a tachar el error de los demás a la vista y sin dejar de quejarnos.

Es por ello que la invitación es a dejar de ser del común de los mortales y del conglomerado de las masas impersonales, para tomar un papel protagónico de tu propia y exclusiva vida, dónde tu estabilidad no depende de los demás ni de los sistemas, sino de ti mismo, dónde llevas tus propias riendas y donde puedes crecer a un nivel mayor que el de aquellos que se conforman con la comodidad de su zona de confort dependiente de quien la provee.

En vez de juzgar, hay que ser mejores que todos ellos, mejores que el policía, mejores que el gobernante, mejores que el profesor, mejores que el cura, mejores que el mismo Papa, ya que tenemos la capacidad para ello y demostrarlo calladamente con los hechos. Porque nadie en ningún cargo es perfecto así lo afirme con palabras y promesas. Hay que ser mejores incluso de nosotros mismos.

“A vino nuevo, odres nuevos”

“A vino nuevo, odres nuevos”

Marcos 2, 18-22

En aquel tiempo, los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno. Vinieron unos y le preguntaron a Jesús: —Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?

Jesús les contestó: —¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar.

Llegará un día en que se lleven al novio; aquel día sí que ayunarán. Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto —lo nuevo de lo viejo— y deja un roto peor. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos.”

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Dentro del entorno de nuestra vida, vamos conociendo directamente, mediante la experiencia aquellas personas, situaciones, ideologías, sistemas y cosas, con las que en su momento ya nos familiarizamos, tomando posturas naturales ante ellas en cierta medida, mas sin embargo, los tiempos cambian y con ello a su vez arrastra todo a vientos nuevos de cambio, por lo que cuando la novedad se hace presente, a veces nos tornamos algo renuentes al cambio.

Pretendemos estancarnos cómodamente en lo que ya conocemos y manejamos en dominio al alcance de nuestras posibilidades y, lo nuevo, sobre todo cuando no se conoce, ocasiona inicialmente una actitud de rechazo.

Pero los cambios son inevitables, es la dinámica de la vida, siempre buscar la novedad, además de que siempre son buenos, aunque para los que no desean renovarse será una crisis hasta de identidad. 

Inclusive la misma dinamicidad de la Palabra de Dios, es tan actual a cada tiempo que no hay que renovarla, y lo que se dijo ayer, que se sigue diciendo hoy, adopta cada vez un sentido más profundo siempre en la misma verdad y es más comprensible, así como adaptable.

Si ni las propias células de tu cuerpo son las mismas, ya que está comprobado científicamente que se renuevan cada siete años, siempre somos nuevos aunque no seamos conscientes de ello.

Es por ello que en esa misma dinámica Jesús expone, ante la novedad de su Palabra, estar abiertos para adoptar de igual manera esa espiritualidad, que a veces pareciese que se contrapone con las tradiciones humanas, pero que en realidad son los miedos los que salen a relucir ante la novedad.

No hay que tener miedo, lo nuevo es siempre una bendición, por ello “a vino nuevo, odres nuevos”

“Epifania, Manifestación”

“Epifania, Manifestación”

Mateo 2, 1-12

Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo».

Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: «Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel»”.

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo».

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

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La fiesta de la Epifanía o fiesta de los Magos de Oriente, se refiere muy concretamente a dar a conocer las gracias de Dios en nuestras vidas, a través de lo ordinario, haciéndolo evidente a nuestra vista, es decir “manifestarse”.

Esas gracias solemos pasarlas por desapercibidas cuando en realidad no es otra cosa que el conjunto de circunstancias que Dios mismo naturalmente hace coincidir en su momento para manifestarte un designio en tu vida.

Jamás será una manifestación gloriosa y espectacular, bueno si tu vida y tu testimonio son para tal, creo que sí lo podrá hacer magnificente, pero esas personas que ya viven de suyo dando ejemplo, son los primeros que, tanto en los detalles más insignificantes así como en los espectaculares, no dejan de reconocer esas manifestaciones divinas, ya que han abierto su mente y corazón para ello.

Es por ello que durante esta festividad de la Epifanía el modelo a descubrir las maravillas de Dios en éste episodio, son los regalos que le dieron los Magos: oro, incienso y mirra, cada uno de ellos con un significado concreto, por lo que no hay que reinterpretarlo ni invertar un nuevo sentido, ya lo trae evidente y explícito. Oro, se le reconoce como Rey; Incienso, se le reconoce como Dios; Mirra, se le reconoce como humano.

Ahí es donde vemos de quien se trata ese niño. De igual manera en nuestras propias vidas Dios va estableciendo esos elementos muy particulares hacia tu persona para darte un mensaje que tan sólo es para ti, y todo hecho por que te ama y desearte lo mejor, por ello trata de con toda la caridad del mundo de acercarse a ti sin perturbarte, sin asustarte ni cambiarte radicalmente, sino paso a paso, sin violencia, sin engaños, reconociendo en esos detalles a Dios en tu vida.

“La Madre de Dios”

“La Madre de Dios”

Lucas 2, 16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño.

Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.

Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

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Es ya de suyo una bendición el hecho de que al iniciar un nuevo año civil, desde el primer día nos hacemos acompañar de María Santísima, sobre todo reconociéndola como Madre, y es que es algo que no podemos prescindir si entender el avanzar hacia este nuevo proyecto de vida en el tiempo, depositado desde éste primer día del año, rodeado de los que invariablemente te aman o te han demostrado un amor puro, sincero e incondicional y ese amor es el amor de Madre.

Por ello es justo hoy volver la mirada hacia María, la mujer que lo extraordinario lo vivió con una sencillez y armonía dentro de lo ordinario, a tal grado de engrandecer la simpleza evidenciando lo bello del día a día. Mujer forjada en medio de un seno religioso, aquél mismo que transmite y mantiene en su propio Hijo.

Mujer que maravilla a cuantos tienen la dicha de encontrarse con ella porque su acción a la respuesta de la voluntad divina hace que brille en sí misma y transforme a aquellos, tanto ayer como hoy, los que la buscan. El caso es muy claro en el evangelio de éste día, ya que la gracia y santidad que trae su hijo ante el mundo que lo reconoce les hace reconocer la misma obra de Dios en nuestra misma carne.

Maravilla que, María discretamente como buena madre empieza a ser, conserva esa gracia en su corazón, porque sabe que aquello que le acontece, que no es por sus propios méritos, sino participados por la misma aceptación de la gracia de Dios.

Es por ello, que al igual como lo hizo esa Santa Madre, nos dispongamos en esta oportunidad de vida ante este año nuevo a abrirnos a las gracias y bendiciones divinas, y dejarlas que den su fruto y nos transformen, dándote la oportunidad de ver su acción en los que te rodean y a su vez de igual manera, meditarlas como tuyas en tu propio corazón.

Me uno a tu oración para encomendarte a recibir las mayores bendiciones en este año nuevo.

“Fin de un Año”

“Fin de un Año”


Juan 1, 1-18

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: “Éste es de quien dije: «El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo»”. Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.
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De suyo es ya una bendición el hecho de haber llegado al final de este año, donde se hace la más atenta invitación, con una postura agradecida, para reconocer todos los bienes y dones otorgados durante el mismo por Dios, pero sobre todo, a renovar la esperanza que se nos brinda en la oportunidad de un Año Nuevo.
Podemos aprovechar para reconocer aquellas situaciones de las cuales no estamos muy orgullosos, sin embargo, éstas mismas deficiencias podemos convertirlas en el motor del propio crecimiento, donde la realidad concreta de nuestras limitaciones, se convierte en nuestra fortaleza al retomarlas, trabajarlas y crecer en ellas desde una realidad muy concreta.
Corremos el riesgo de  perdernos en los ideales surrealistas, muy bien intencionados pero inalcanzables, muy bien expuestos hasta el límite del heroísmo, pero sin dejar, dentro de nuestra propia realidad ser muy ficticios.
El punto se inicia con la realidad misma de la creación, donde a partir de ella se basa y promulga la Palabra que estaba desde el principio con Dios, Palabra que realmente sigue siendo la máxima expresión de la verdad en sí misma, palabra que nos transforma y que define nuestro ser y actuar, así como su encarnación.
Se pone como ejemplo de base una verdad, para que posteriormente nosotros sigamos nuestra vida e intenciones en la misma verdad de nuestro ser y actuar, Verdad que irradia e ilumina nuestra vida y el año venidero, por ello nuestra principal plataforma de arranque en este año nuevo debe ser la verdad evaluada de nuestro pasado próximo inmediato, aunque duela y haya tenido fallas, porque sobre de ellas podemos construir, sanando los errores concurridos de base, para que éstos ya no sean un impedimento.
Además elevar constantemente la alegría, ante un nuevo proyecto de vida que tenemos oportunamente por delante, para crecer y reinventarnos como mejores personas cada día. La vida sigue, la gracia se sigue dando, el amor se puede constantemente retroalimentar, de tal manera que Dios ha dispuesto todo al alcance de tu mano, para que tú, tan sólo tengas la iniciativa y la secundes, ya que al día de hoy tienes todavía una vida por delante.
F E L I Z   A Ñ O   N U E V ODios te siga bendiciendo hoy y siempre.
MAAG Pbro.

“…Se llenaba de sabiduría”

Lucas 2, 36-40 

En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. 

Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba. 

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Una de las propiedades muy actuales del mantenernos constantemente cercanos a Dios, es que sus gracias y dones, nos son compartidos en la medida que vamos disponiéndonos a recibirlos, los hechos lo van diciendo todo, la oración va teniendo sus frutos y la vida de lo sagrado sus consecuencias. 

El testimonio en esta fracción del evangelio es muy claro, ya se nos remarca que Ana, hija de Fanuel, que por cierto era ya anciana, no se apartaba del lugar sagrado en ningún momento, podría parecer fanatismo, pero en realidad se trata del haber encontrado ese tesoro que sacia de amor al estar en la presencia del Señor, fruto de la perseverancia en la oración, regalo de Dios, además de los frutos que parcialmente le irá dando hasta llegar a la vida eterna. 

Uno de esos regalos fue el de haber sido partícipe de ver al mismo Mesías, donde Dios hace patente sus promesas, verlas en pleno seguimiento y cumplimiento, conscientes de ello, es ya una bendición de Dios que no a cualquiera se le da, simplemente por el hecho de que no les interesa seriamente el asunto. 

La vida de la Gracia cuando se cuida da múltiples y grandes frutos, es por ello que es muy interesante el hecho de saber conservarnos en ella, en el caso de la familia de Jesús, no encontramos diferencia alguna de la misma, el hecho de hacer vida la Palabra a través de sus propios actos, redunda en la santidad de su propio hijo, el cual de la mano de ellos como remarca el mismo evangelio, se ve proyectada en la propia vida de Jesús que va creciendo, robusteciéndose y llenándose de sabiduría. 

Hoy en nuestros días, la eficacia de la gracia de Dios sigue siendo la misma, no esperemos un personaje o un suceso importante para recibirla, cuando hoy la podemos hacer nuestra a través de la vida cercana con Dios, a través de la oración; de nosotros depende y de igual manera sus frutos. Por ello, de una gracia brota la que le sigue, pero si no la atendemos, trunca quedará. No desaprovechemos la oportunidad en vida de crecer constantemente en la gracia de Dios, que nunca es suficiente, siempre basta y en Dios será plena.

“Navidad”

Juan 1, 1-5. 9-14

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. 

Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. 

Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. 

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Hoy se nos recuerda, ese maravilloso plan de Dios acontecido desde toda la eternidad, cambiado en su momento por el pecado, pero renovado a tal grado de proseguir como inicialmente fue proyectado. 

Ya desde el principio se remarca ese amor de Dios que en unidad ha ideado la creación entera, desde donde siempre con generosidad nos ha incluido. Plan que falta ser conocido, porque cuando miramos solo al horizonte, vemos la magnificencia de lo creado, pero es justo mirar hacia arriba, hacia el creador mismo para conocerlo y amarlo.

No es que seamos incapaces de reconocer la vida en sí misma, sobre todo en un nacimiento, pero tan impuestos estamos a tenerla, que olvidamos a quien nos la ha participado, por ello en este día recordamos ese nacimiento como el nuestro, aquel que se dio en la historia de la humanidad para devolvernos esa memoria olvidada que nos hace rechazar su plan, que nos hace desconocerlo.

Pero dichosos aquellos que sí desean obtener las gracias proyectadas eternamente sobre los que son el objeto del amor de Dios, llenos de gracia, llenos de verdad, llenos de santidad, llenos del mismo ser de Dios, creados desde el principio a su imagen y semejanza, con la capacidad de llegar a Él, por medio de su Hijo en esa misma semejanza, con esas mismas capacidades y, a su vez, ahora con las mismas oportunidades. 

Todo esto conlleva la Navidad, ese nacimiento inicia la restauración de la misma imagen de Dios planeada desde el principio en nosotros. Es por ello que hoy recordamos en su día, el proyecto hecho realidad para nosotros desde la eternidad.