“Alimento selectivo”

“Alimento selectivo”

Juan 6, 52-59

En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí: –«¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»

Entonces Jesús les dijo: –«Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.

El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí.

Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».

Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.

—————————————————-

Obligadamente tenemos un gusto gastronómico muy peculiar, el cual ha sido forjado a través del tiempo con el sazón propio del medio, las personas y el ambiente en que te desarrollaste, por consiguiente tu paladar y gusto, reconocerá como la más perfecta aquella comida que te hacía Mamá y que te revoca a los momentos felices en curso, así sea una sopa casera o un pan con leche, y aunque las recetas sean las mismas, los condimentos semejantes, no habrá mejor que la que yo conozco, o mas bien la que me enseñe a comer aunque no fuera perfecta.

Ya con el pasar del tiempo, nuestro gusto se refina y amplía, más sin embargo no deja de ser selectivo. Jesús nos da un nuevo menú, claro, parecería grotesco y algo hasta canibal, digo, si es que se toma textualmente la frase, de “comer su carne y beber su sangre”, nada que ver con el gusto gastronómico, pero sí con el alimentarse.

Y es que Jesús no repara en darnos lo que providencialmente necesitamos para tener vigor y fuerzas, sino que también nos brinda lo que nos da fortaleza y paz, además de los demás dones que se desprenden de éstos y los regalados por medio del Espíritu Santo, al cual le estamos permitiendo reforzar los dones propios que puede poseer nuestra espiritualidad.

Para ello es necesario alimentarnos además del Pan de Vida, que realmente sacia todas las hambres y en caso de tenerlas, a saberlas manejar y sobrellevarlas.

Podríamos pensar que con un Padre Nuestro basta o una oración matinal, o un persignado antes de dormir, cosas buenas y muy bien intencionadas, pero nada que ver con el comulgar en la Eucaristía ya sea de cada día o la dominical. 

Si somos selectivos inclusive en lo espiritual, recuerda que no es lo mismo comer bocadillos que un plato fuerte, y también recuerda que tú eres lo que comes. porque se nota. Aliméntate sanamente, en tu vida y en tu espíritu.

“Procede de Dios”

“Procede de Dios”

Juan 6, 44-51

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: –«Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado.

Y yo lo resucitaré el último día.

Está escrito en los profetas: «Serán todos discípulos de Dios».

Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí.

No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre.

Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna.

Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.

Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo».

——————————————

Las cosas tienen un camino de vida lógico y comprensible, asimilable en nuestro esquema de pensamiento, que no porque algo entendamos, pensemos que lo conocemos todo. Hay cosas que tienen su consecuencia necesaria, y todo lo que hacemos lleva a algún fin o intención.

Estas acciones en nuestra vida las podemos inclusive programar como una meta a llegar, como puede ser comprar un auto, ir a un viaje, planear los estudios, entre otras mil, desde la menor hasta la mayor escala según nuestras posibilidades. 

Mas sin embargo podríamos decir que todas ellas son en su mayoría generadas o proceden de nuestra dedicación y trabajo, son muy nuestras, con la diferencia que de igual manera tienen una caducidad y pasan.

Sin embargo, el Señor Jesús nos comparte algo que ciertamente no es algo que sea muy nuestro, pero que sí es para nosotros, y es que sabiéndonos capaces de hacer y deshacer lo que se nos ocurra, pues entonces nos regala un complemento en el ámbito espiritual que no es ajeno a nosotros.

Nos invita a alimentarnos del Pan de vida eterna, aquél que no podemos nosotros fabricar aunque los frutos de la tierra nos den para ello, porque no procede de nosotros, procede de Dios, aquel que solamente Él es capaz de dar porque de nadie mas puede emanar, aquel que se nos da hoy en día en la Eucaristía, y del que el sacerdote, como instrumento de la gracia de Dios, lo hace no en nombre propio, ni de su propio poder porque no lo tiene, sino en nombre de Jesucristo, quien hace presente su cuerpo y su sangre sacramentada en el mismo altar, como un milagro que se renueva día a día.

Hay que alimentarnos de eso que sólo Dios da, del Pan de Vida, porque es para ti y porque complementa perfectamente tu vida y la eleva al rango divino, a hacernos uno con Él sin perder ni su individualidad ni la nuestra.

“Sin rechazos”

“Sin rechazos”

Juan 6, 35-40

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: –«Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis.

Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.

Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día.

Ésta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día».

————————————

Uno de los temores que nos afectan más en la vida, es el rechazo, es decir, la aceptación es una cualidad que estabiliza a la persona y le da seguridad, pero cuando vienen los rechazos inclusive desde el vientre materno, marcan toda la vida con una actitud de felicidad incompleta, que se pretende saciar con satisfactores que nunca lo logran complementar.

Esos mismos temores con los que nos hacen erróneamente creer que Dios nos rechazará por nuestras faltas y pecados, más sin embargo olvidamos que el pecado no es algo que le afecte a Dios, sino todo lo contrario, nosotros somos los dañados y los que nos auto excluimos, tachando a Dios de falto de misericordia, pero esos somos nosotros.

En lo absoluto Dios no puede rechazar a sus propios hijos, a su propia creación, rechaza el pecado pero no a la persona. Debemos acercarnos a Él sin miedos ni temores porque no lo ameritan, de suyo remarca que a nadie lo echará fuera, porque no es su decisión, sino la voluntad del Padre y la respeta, no la toma ni abusa de ella.

Ante esta plataforma de caridad, aunque seamos los peores pecadores, su perdón es mucho más grande, falta que nos convenzamos de ello, ya que sin dicha afirmación, la sanción espiritual es nula. 

Si el mundo, tus amigos, tu familia, hasta tu propia madre te rechaza, Dios no lo hará jamás, pero no te hagas reo digno de ser rechazado por tu falta de amor, la oportunidad siempre está presente en ésta vida, para así llegar a la eterna. Sin rechazos de ninguna parte.

“Que nada se desperdicie…”

“Que nada se desperdicie…”

Juan 6, 1-15

En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos.

Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.

Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: –«¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?»

Lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer.

Felipe le contestó: –«Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo».

Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: –«Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?»

Jesús dijo: –«Decid a la gente que se siente en el suelo».

Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil.

Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado.

Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: –«Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie».

Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: –«Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo».

Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

————————————

En la escena de la multiplicación de los panes, encontramos un contexto de hambre, pero no es aquella que surge de la falta de alimento, en cierta manera sí, pero una nos lleva a la otra, a aquella que se revela inmediata y anteriormente a la de los panes, y es el hambre de paz, de justicia, de amor de atención, de esperanza, que surge inicialmente al buscar a aquel que la sacia y, ese es Jesús.

Esas hambres siempre traen consigo complicaciones y es que de suyo ya implica un problema: el saciarla. ¿Cómo? es entonces dónde hay que buscar las soluciones, pero las que sean correctas y adecuadas para que realmente se sacien.

Tenemos el caso de la búsqueda de pan, dónde Jesús permite a sus discípulos ser parte de la solución y en donde cada quien, errónea o certeramente proponen sus soluciones según ellos adecuadas. Sin embargo la solución de Dios junto con las nuestras se complementan y llegan a buen fin, el deseado, ya que su milagro, complementa nuestra obra.

Tan valiosa es la búsqueda y la solución de saciar las hambres en todos los niveles, que no vale la pena desperdiciar nada, todo hay que aprovecharlo, implica nuestro esfuerzo y la gracia de Dios, por ello no desperdiciar nada ya que siempre a alguien le aprovechará.

“Desmayos en el camino”

“Desmayos en el camino”

Marcos 8, 1-10

Uno de aquellos días, como había mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: —Me da lástima de esta gente; llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y si los despido a sus casas en ayunas, se van a desmayar por el camino. Además, algunos han venido desde lejos. Le replicaron sus discípulos: —¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para que se queden satisfechos?

El les preguntó: —¿Cuántos panes tenéis?

Ellos contestaron: —Siete.

Mandó que la gente se sentara en el suelo: tomó los siete panes, pronunció la Acción de Gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos cuantos peces: Jesús los bendijo, y mandó que los sirvieran también. La gente comió hasta quedar satisfecha, y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil. Jesús los despidió, luego se embarcó con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.

————————————-

Suena un poco fatalista o espectacular el hecho mismo de escuchar que podemos tener desmayos en el camino, como que pensamos que no es lo común ni tampoco una posibilidad a corto plazo, ya que  nos sentimos fortalecidos y con plena salud.

Ese tipo de desmayos, ciertamente es lo mas común con alguien que de suyo no se alimenta propiamente, atentando contra su salud y con la tranquilidad de los suyos. En cierta manera Jesús se refiere primordialmente a cuidar la salud de aquellos encomendados, tiene preocupación por ellos, por lo que pide a sus discípulos con esa excusa, una colaboración concreta en el plano humano, pero también en el plano divino.

Podríamos pensar que ese problema lo tenemos resuelto, ya que, aunque sea poco, tenemos algo con qué alimentarnos. Más sin embargo confío en que esa enseñanza va más allá, es un poco más profunda y específica, ya que a todos a aquellos los que nos decimos consagrados e inclusive a todo fiel cristiano, nos invita comparativamente a alimentarnos del pan que Él nos dará, es decir la eucaristía, pero sobre todo ayudarlo a darlo a los demás una vez que nosotros estemos fortalecidos.

Si nuestras buenas intenciones intentan ayudar a alguien, débiles y dañados por el mal y la propia experiencia de vida, estaremos discapacitados para ello, ya que nuestro apoyo irá impregnado de nuestros propios desmayos y debilidades, los empaparemos de nuestra propia situación, más si por el contrario estamos fortalecidos y con la suficiente paz en nuestros corazones, entonces sabremos manejar lo nuestro sin interferir en lo de los demás.

Somos más vulnerables de lo que pensamos y aunque estemos sanos y fuertes, sufrimos constantes desmayos en el camino por nuestra pobre fe y espiritualidad que no ejercitamos, sobre todo en los vicios de pecado ya rutinarios en tu vida, fortalécete, que el que gana eres tu.

“Comieron todos y se saciaron…”

“Comieron todos y se saciaron…”

Marcos 6, 34-44

En aquel tiempo, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.

Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle: «Estamos en despoblado, y ya es muy tarde. Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer».

Él les replicó: «Dadles vosotros de comer».

Ellos le preguntaron: «¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?»

Él les dijo: «¿Cuántos panes tenéis? Id a ver».

Cuando lo averiguaron le dijeron: «Cinco, y dos peces».

Él les mandó que hicieran recostarse a la gente sobre la hierba en grupos. Ellos se acomodaron por grupos de ciento y de cincuenta.

Y tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran. Y repartió entre todos los dos peces. Comieron todos y se saciaron, y recogieron las sobras: doce cestos de pan y de peces. Los que comieron eran cinco mil hombres.

_______________________________________

Una de las principales características de la acción de Dios en nuestras vidas, es remarcar que lo que en realidad importa, no es tan sólo la necesidad fisiológica de alimentarnos para vivir, ese no es el problema, tan es así, que se presenta ésta necesidad ante una multitud, lo cual se vería como un problema mayúsculo ante la limitación de las capacidades humanas locales.

El verdadero problema es que ante esta necesidad nosotros realmente lo convertimos en problema, abarcando toda nuestra confianza y seguridad para perderla en un segundo de temor, problema que lo remarcamos a tal grado que puede llegar a obsesionar a las personas y mantenlas indefinidamente en esa actitud volviéndose dependiente y crónica.

Actitud y riesgo que lo evita Jesús con la mayor calma del mundo, porque eso no es lo que debe robar la atención, además realmente su seguridad está puesta en su Padre que sabe que solucionará el percance.

Milagro, que como en éste pasaje, es necesario para poder llegar a su intención de sembrar en esos corazones preocupados los valores del Reino de Dios, aquellos que iluminaran sus vidas en situaciones como éstas y otras más.

Milagros que siguen aconteciendo en nuestras vidas, los llamamos oportunidades o suerte, y que son ayudas para que no pierdas el rumbo de Dios, sino que se te facilite, porque si ya comiste hasta saciarte, es porque quiere decir que entonces estas habilitado sin ese vital pendiente para buscar y sobre todo vivir los valores del Reino.

“Signos del cumplimiento desde antiguo”

Mateo 15, 29-37

En aquel tiempo, Jesús, bordeando el lago de Galilea, subió al monte y se sentó en él. 

Acudió a él mucha gente llevando tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros; los echaban a sus pies, y él los curaba. 

La gente se admiraba al ver hablar a los mudos, sanos a los lisiados, andar a los tullidos y con vista a los ciegos, y dieron gloria al Dios de Israel. Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Me da lástima de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que se desmayen en el camino». 

Los discípulos le preguntaron: «¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente?». Jesús les preguntó: «¿Cuántos panes tenéis?». Ellos contestaron: «Siete y unos pocos peces». 

Él mandó que la gente se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los peces, dijo la acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la gente. Comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete cestas llenas. 

____________________

La actitud de este tiempo de Adviento, hoy nos recuerda como esos signos y hechos prodigiosos que distinguirían al Mesías, son una esperanza certera a recibir, signos que son los que ya se nos dan como un hecho realizado en plenitud, en los obrados concretamente en este evangelio. 

Es por ello que lo propio sería el agradecimiento, de que eso tan ansiado es ya un hecho concreto en la venida de Jesús. Recordar esos acontecimientos nos refrescan la memoria vivida con anterioridad, dando una razón de ser a cada una de nuestras celebraciones. 

Milagros que podemos seguir esperando, milagros que seguirán realizándose, como un eterno plan de renovación de las promesas y de los hechos divinos que se irán manifestando a lo largo de nuestra vida. Por ello es justo ubicarlos en el tiempo, recordarlos en la actitud apropiada, y reconocer la gratuidad de la misericordia de Dios en todo tiempo que amándonos sigue eficazmente dando aquello que necesitamos. 

Es justo reconocer esos signos realizados y prometidos desde antiguo, ya que no debemos de olvidar la memoria histórica, pero sobre todo llena de gracia y salvífica en nuestros días

“Listo para el banquete”

Lucas: 14, 15-24

En aquel tiempo, uno de los que estaban sentados a la mesa con Jesús le dijo: “Dichoso aquel que participe en el banquete del Reino de Dios”.

Entonces Jesús le dijo: “Un hombre preparó un gran banquete y convidó a muchas personas. Cuando llegó la hora del banquete, mandó un criado suyo a avisarles a los invitados que vinieran, porque ya todo estaba listo. Pero todos, sin excepción, comenzaron a disculparse. Uno le dijo: ‘Compré un terreno y necesito ir a verlo; te ruego que me disculpes’. Otro le dijo: ‘Compré cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego que me disculpes’. Y otro más le dijo: ‘Acabo de casarme y por eso no puedo ir’.

Volvió el criado y le contó todo al amo. Entonces el señor se enojó y le dijo al criado: Sal corriendo a las plazas y a las calles de la ciudad y trae a mi casa a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos’.

Cuando regresó el criado, le dijo: ‘Señor, hice lo que me ordenaste, y todavía hay lugar’. Entonces el amo respondió: Sal a los caminos y a las veredas; insísteles a todos para que vengan y se llene mi casa. Yo les aseguro que ninguno de los primeros invitados participará de mi banquete’ “.

__________________________

Los tiempos sobre todo por estos lados, mientras exista una comunidad organizada, el alimento de alguna manera no faltará, y cuando alimento está asegurado, nos damos el lujo de optativamente rechazar una invitación a un banquete, y es que eso que nos darán ahí, lo tenemos garantizado por otro lado.

Es por ello que vemos tan sólo la ocasión, pero no las circunstancias, ni la persona que se ha dignado en invitarnos, mucho menos el vínculo de amistad que los une y además se puede cultivar y fortalecer.

Las opciones son tantas que al final nos perdemos entre aquellas que realmente valen la pena ante las que tan sólo son de relleno y vacío personal. La cuestión aquí radica en que sin esta capacidad de discernimiento, no sabremos elegir o en su defecto, aunque aceptemos no sabremos aprovecharlas sino tan sólo para comer, ó peor aún, para beber, descartando en sí la riqueza de tratos humanos que iluminan nuestro pensar y el respeto que se merecen cada uno de ellos, así como la amistad. 

La razón de invitar a los pobres y a los más necesitados, es porque realmente aprovecharan la ocasión ya que carecen en su mayoría de esa posibilidad, valorarán el detalle y serán realmente agradecidos. Cosa que los invitados inflados en su ego no tienen.

Por ello, se nos invita a estar siempre listos para el banquete, saber aprovechar lo que Dios nos brinda, lo que se nos da, sobre todo en la Eucaristía aquel alimento que nos da miedo porque preferimos perdernos en la fiesta anónima y pagana para ser nadie y no comprometeremos en un lugar privilegiado que nos otorgan, donde ven quien soy en realidad.

“¿Con qué alimentas tu corazón?”

Lucas 6, 43-49

En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: «No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano. Cada árbol se conoce por su fruto: porque no se cosechan higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos. El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca. ¿Por qué me llamáis “Señor, Señor”, y no hacéis lo que digo? El que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone por obra, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida. El que escucha y no pone por obra se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y enseguida se derrumbó desplomándose».”

—————————————————

Podría parecer absurda la pregunta para alimentar el corazón, si basta una buena nutrición que implica el total del organismo en el cual está incluido. Pero claramente no estamos hablando de ese tipo de alimento, sino de aquello con lo que lo estamos saciando intelectual y espiritualmente hablando.

De suyo, ya existe un dicho que dice: “Tu eres lo que comes”, pues de igual manera tu eres, piensas y vives conforme al entorno del que te hagas partícipe, porque así como hay alimento chatarra, hay filosofías y espiritualidades chatarra. Existen instrumentos que alimentan tu intelecto, por lo general, utilizamos los que son más fáciles de utilizar y que no hacen pensar mucho, como lo es la televisión, el internet, y de entre ellos, una gama indefinida de posibilidades.

Pero si dedicamos todo nuestro esfuerzo de asimilación de la realidad, enfocados en los medios de crítica mordaz, en los melodramas inventados, en las noticias amarillistas, que no es otra cosa sino veneno para el corazón, eso será lo que estará a flor de piel y en nuestra lengua, eso será lo primero que brotará instintivamente en cualquier opinión, razonamiento y juicio para los demás.

Es por eso, que debemos de ser cuidadosos al no permitir envenenar nuestra mente con tanta basura, eso es de personas que no tienen ningún proyecto en su vida y necesitan ocupar malamente su mente en algo ajeno a sí mismos, que dé qué decir.

Es necesario previamente alimentar el corazón con aquellas verdades fundamentales que orientan profundamente y delinean el resto de los pensamientos, sabiendo identificar los erróneos y dañinos, de los reconfortantes y provechosos, para evitar dañarnos a nosotros mismos y a los demás.

Porque simple y sencillamente, aquello de lo que estés alimentando tu corazón, será lo que brote y manifiestes, te acepten o rechacen, e identifiquen que tipo de persona eres tu.

“Muestra de cómo alimentarnos”

“Muestra de cómo alimentarnos”

Mateo: 14, 13-21

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, subió a una barca y se dirigió a un lugar apartado y solitario. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Cuando Jesús desembarcó, vio aquella muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los enfermos.

Como ya se hacía tarde, se acercaron sus discípulos a decirle: “Estamos en despoblado y empieza a oscurecer. Despide a la gente para que vayan a los caseríos y compren algo de comer”. Pero Jesús les replicó: “No hace falta que vayan. Denles ustedes de comer”. Ellos le contestaron: “No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados”. Él les dijo: “Tráiganmelos”.

Luego mandó que la gente se sentara sobre el pasto. Tomó los cinco panes y los dos pescados, y mirando al cielo, pronunció una bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran a la gente. Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que habían sobrado, se llenaron doce canastos. Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños.

___________________

No existe absolutamente nadie que no haya experimentado el hambre y lo que es saciarla, de hecho algo tan básico Dios en su plan lo toma para que de la manera más intrínsecamente sencilla se entienda cómo alimentar de igual manera nuestra alma.

Al igual que en el evangelio, hoy en día siguen las personas desviviéndose por el alimento, incluso no faltan indigentes y personas con necesidad que frecuentan las iglesias para pedir el pan de cada día.

Situación que se debe tomar con delicadeza, porque puede desencadenar una codependencia a vivir permanentemente con la mano estirada para que el otro obligadamente me alimente, y ese no es el plan de Dios. La gente hasta se enoja porque dice que les tenemos que dar, así como Jesús alimentó a su gente.

Lo más fácil es pedir pan, comer y volver a pedir, sin producir ni dar lo mínimo, pero cuando les ofreces trabajo y una oportunidad de salir y ser auto dependientes, se ofenden e insultan haciendo escándalo. 

No basta con pedir pan aún con trabajo, sino que Jesús ofrece un nuevo alimento que sacia el hambre espiritual y calma toda moción negativa para estar libres de opresiones y preocupaciones para poder trabajar e ingeniosamente progresar.

Pero ese pan de vida no lo queremos, tan sólo buscamos el que sacia el estómago, pero no el que sana el alma, por ello ese modelo de alimentación es el que con la multiplicación de los panes está implantando, y no el de poner panadería gratis.