“Los misterios de Dios”

“Los misterios de Dios”

Marcos: 12, 35-37

Un día, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: “¿Cómo pueden decir los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, inspirado por el Espíritu Santo, ha declarado: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mí derecha y yo haré de tus enemigos el estrado donde pongas los pies. Si el mismo David lo llama ‘Señor’, ¿cómo puede ser hijo suyo?” La multitud que lo rodeaba, que era mucha, lo escuchaba con agrado.

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Aunque Dios es totalmente evidente ya abierto a nuestro conocimiento, es un hecho que nuestra capacidad, que no deja de ser admirable, tiene un límite, y aunque aún no sabemos cual es su tope, resulta que ante la grandeza y total sabiduría de Dios, semejante a la nuestra porque nos fue participada, estas es tan sólo un atisbo de su magnificencia.

De alguna manera se adapta a nuestra lógica y trata de darnos a conocer aquellas verdades que podemos asimilar, sin entrar en conflicto con ellas por el hecho de que no las alcanzamos a comprender, de tal manera que nos hace partícipes de algo de su grandeza y misterios, no por ser ocultos, sino por insondables.

Es por ello que muchos misterios a veces los percibimos hasta un tanto ilógicos o contradictorios, cuando en realidad no lo son, y es que en la medida que nos vayamos conformando con Él, empezaremos a comprender con su propia sabiduría su obra y sus planes, gracias a que nos los participa en confianza, amistad y amor, a lo cual debemos responder con la misma actitud.

Los misterios de Dios, se vuelven claros y transparentes en la medida que retiremos nuestro ego y fijaciones mentales, estructuradas con un sistema educacional científico positivista, que no ve más allá de lo material. Sino que el mismo espíritu Santo nos lo irá revelando, pero necesita ver que deseamos recibir ese don, para entender los mismos misterios de Dios. 

“Estar orgullosos”

“Estar orgullosos”

Juan 3,1-8


Había un fariseo llamado Nicodemo, hombre principal entre los judíos, que fue de noche a ver a Jesús y le dijo: “Maestro, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer las señales milagrosas que Tú haces, si Dios no está con él”.Jesús le contestó: “Yo te aseguro que quien no renace de lo alto, no puede ver el Reino de Dios”. 

Nicodemo le preguntó: “¿Cómo puede nacer un hombre siendo ya viejo? ¿Acaso puede, por segunda vez, entrar en el vientre de su madre y volver a nacer?”. Le respondió Jesús: “Yo te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne, es carne; lo que nace del Espíritu, es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: ‘Tienen que renacer de lo alto’. El viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así pasa con quien ha nacido del Espíritu”. 

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Volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: “Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven. Porque yo les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron”.
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Existen situaciones en las que nos desarrollamos junto con personas, con lugares, con cosas que por su cercanía y presencia constante los percibimos como ordinarios en nuestra vida, somos los últimos en reconocer su importancia o su grandeza, todo por el hecho de no tener la ocasión de autoevaluarnos constantemente a manera de examen de conciencia para reconocer lo que tenemos, lo que somos, lo que hacemos tanto bueno como malo.

Perdemos la capacidad de maravillarnos, de tal manera que por buena que sea una cosa aburre, cayendo en el tedio día a día y por ende mirar nuestra vida y la de los demás como una proyección y, sin ser conscientes permanecer muy vacíos.

Es por ello muy importante volver a mirar y redescubrir el valor de todo cuanto nos circunda, la vida, el aire, las flores, la familia, los amigos, los bienes que poseemos de tal manera que nuevamente, no dejemos de dar las gracias por todo ello. 

Jesús solicita nuestra atención para redescubrir la gracia, esa que gracias al pecado hemos perdido, pero que puede totalmente ser restaurada, ya que en Jesús mismo encontramos el camino de recuperación.

De tal manera que, hay que estar orgullosos de tener la oportunidad y capacidad de ver, escuchar, tratar y estar con Jesús diariamente, y por ello dichosos, la salud está a la mano, Jesús está a nuestro lado, de manera mejor no podemos aprovechar la situación, pero qué pena si no lo aprovechas, porque si no te alimentas teniendo el banquete a la mano, qué será cuando éste sea retirado, hasta las migajas desearemos encontrar confundidos y en necesidad espiritual, así cualquier falso Mesías nos podrá embaucar.

Aliméntate del Pan de Vida, de Jesús, prepararte para celebrar su nacimiento, para que te dispongas plenamente a recibir sus dones esta navidad, porque las migajas que otros te dan, inclusive con esos famosos regalos tan ansiados, nunca te llenarán.

“La importancia de las obras hoy”

“La importancia de las obras hoy”

Mateo: 25, 31-46

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando venga el Hijo del hombre, rodeado de su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria. Entonces serán congregadas ante Él todas las naciones, y Él apartará a los unos de los otros, como aparta el pastor a las ovejas de los cabritos, y pondrá a las ovejas a su derecha y a los cabritos a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha: ‘Vengan, benditos de mi Padre; tomen posesión del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo; porque estuve hambriento y me dieron de comer, sediento y me dieron de beber, era forastero y me hospedaron, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, encarcelado y fueron a verme’. Los justos le contestarán entonces: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y te fuimos a ver?’. Y el rey les dirá: ‘Yo les aseguro que, cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron’.

Entonces dirá también a los de su izquierda: ‘Apártense de mí, malditos; vayan al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles; porque estuve hambriento y no me dieron de comer, sediento y no me dieron de beber, era forastero y no me hospedaron, estuve desnudo y no me vistieron, enfermo y encarcelado y no me visitaron’.

Entonces ellos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de forastero o desnudo, enfermo o encarcelado y no te asistimos?’ Y Él les replicará: ‘Yo les aseguro que, cuando no lo hicieron con uno de aquellos más insignificantes, tampoco lo hicieron conmigo’. Entonces irán éstos al castigo eterno y los justos a la vida eterna”.

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Ante un mundo donde todo es apariencia y buenas voluntades virtuales, es necesario recordar la importancia de hacer una acción concreta, donde nuestra alma se vea saciada de hacer un bien real.

Tiempo de cuaresma es tiempo de caridad, no de buenas intenciones, sino de hechos reales que hagan crecer nuestro espíritu y el de nuestros hermanos necesitados.

Por ello se nos proponen los mismos hechos que el evangelio remarca como valiosos a los ojos de Dios, aquello que transforma nuestra alma y la hace fortalecerse para enfrentar cualquier adversidad, porque el mismo Dios nos afirma en su gracia y la ensancha para abarcar a todos aquellos que coincidan en el camino de nuestra vida.

Nada más valioso que las obras hechas en el hoy, con las oportunidades que Dios nos pone en el día a día, las que debemos de no evadir ya que son puestas para ti y tu gracia.

¿Todavía no entienden ni acaban de comprender?

¿Todavía no entienden ni acaban de comprender?

Marcos: 8, 14-21

En aquel tiempo, cuando los discípulos iban con Jesús en la barca, se dieron cuenta de que se les había olvidado llevar pan; sólo tenían uno. Jesús les hizo esta advertencia: “Fíjense bien y cuídense de la levadura de los fariseos y de la de Herodes”.

Entonces ellos comentaban entre sí: “Es que no tenemos panes”. Dándose cuenta de ello, Jesús les dijo: “¿Por qué están comentando que no trajeron panes? ¿Todavía no entienden ni acaban de comprender? ¿Tan embotada está su mente? ¿Para qué tienen ustedes ojos, si no ven, y oídos, si no oyen? ¿No recuerdan cuántos canastos de sobras recogieron, cuando repartí cinco panes entre cinco mil hombres?”.

Ellos le contestaron: “Doce”. Y añadió: “¿Y cuántos canastos de sobras recogieron cuando repartí siete panes entre cuatro mil?”. Le respondieron: “Siete”. Entonces Él dijo: “¿Y todavía no acaban de comprender?”. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

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La distracción puede ser un síntoma fijo en nuestra personalidad o puede ser pasajero por el cansancio u otros factores, pero es importante que lo ubiquemos porque de ello depende la comprensión de la realidad así como de la verdad plena. Otras veces la misma necesidad hace fijar nuestra mente en lo que necesitamos como una obsesión que gana toda atención.

Situación que ante las enseñanzas, los mensajes, inclusive el mismo testimonio vivencial, pudiera desdecirnos del amor y seguimiento del Señor, saldrían en esos momentos las verdaderas intenciones o la falta de entendimiento ante toda la dedicación para asimilar el mensaje infructuosamente.

Jesús al estar hablando de un tema importante, se lo cambian espontáneamente, sin ninguna relación con el mismo muy de repente sus discípulos, sale a relucir lo que a ellos les preocupaba: “Es que no tenemos panes”.

Eso suele pasar cuando no tenemos un orden de prioridades en la vida, porque pareciese que tan sólo tienen importancia las circunstancias que en el momento se presentan instintivamente, como lo son las necesidades fisiológicas.

Por eso el Señor exige ordenar y saber sacrificar los instintos, no para mortificarlos, sino para fomentar aquellos dones más excelentes como es la inteligencia, la caridad, la paz, el dominio de sí mismo, entre otros.

Cuando navegamos entre nuestros instintos no usamos mucho la cabeza, y con justa razón el Señor después de manifestar todas sus gracias y capacidades tiene el derecho de decirnos: ¿Todavía no entienden ni acaban de comprender? Por ello trata de ordenar tu vida inteligentemente, ponte metas, así la tomaras de las riendas, pero si te dominan los instintos, entonces no eres dueño de tu propia vida.

“Santidad por práctica”

“Santidad por práctica”

Mateo 7, 21. 24-27 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: —«No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente.»

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 Por lo general existe una noción de la santidad como algo que se pide a Dios y lo otorga a algunos cuantos de manera selectiva, con algo mágico, inexplicable y místico, lo cual es totalmente falso, la santidad precisamente entra como parte de nuestro curriculum, al igual que a un piloto aviador le cuentan como pericia la horas de vuelo, la santidad será medida por el ejercicio ordinario de la misma.

Es por ello que en este tiempo de gracia del Adviento, se nos invita a retomar el rumbo y a ejercitar la gracia para fortalecer esa alma que suele ser debilitada por el pecado, quedando vulnerable a todo cuanto se le presente de manera negativa.

Pero no tan sólo este tiempo de preparación debemos de retomar las prácticas sagradas, sino que iniciando con un arranque propio como lo es el adviento, continuemos practicando de manera regular y asidua, todas lo que nos haga crecer de manera sustentable la santidad, como una casa bien cimentada sobre roca firme.

Hay que practicar, no hay de otra, porque pedirla, tener fe y no hacer nada, no ayuda mucho, lo mejor es el cúmulo de horas trabajadas en la ordinariedad de nuestra vida, haciendo bien lo que debemos, como Dios manda, que no pasa de una exigencia natural dentro de nuestra vida, pero a conciencia.

“Recuperar…”

“Recuperar…”

Lucas 19, 1-10 

En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa. El bajó en seguida, y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban diciendo: Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador. Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más. Jesús le contestó: Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido. 

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Precisamente la obra de la Salvación, nace de la experiencia del pecado; ya desde los orígenes vemos a un Dios que dentro del dolor por la pérdida de aquellos que ama, jamás los abandona, sino que los invita al retorno de su amor, más ahora será por medio de su hijo, quién nos mostrará el camino a seguir, recuperando por el precio de la muerte y resurrección a aquellos que no ha dejado de amar.

Es por ello que en éste evangelio encontramos a un Jesús que no busca posicionarse, ni crear fama, sino llevar a cabo la voluntad de su Padre hablando del Reino de los Cielos, aquel que está dando a conocer y que ya está presente, donde se acerca no a la gente perfecta y santa, sino a los que están separados y perdidos fuera del amor de Dios.

Más din embargo, nos encontramos que la recuperación es integral, ya que no tan sólo recupera a los pecadores, quienes son su principal objetivo, sino también a los que dentro de su perfección pierden el rumbo de su misión, servicio y caridad.

La tarea es mucha, sin embargo el recuperar es lo mas sano y provechoso de lo que conscientes podemos agradecerle, porque nos tiene permanentemente bajo su cuidado, no de manera obligada, pero sí en corresponsabilidad. Por ende dediquemos a recuperar aquello y aquellos que realmente podemos hacer.

“El Bien forzado, se aprovecha”

“El Bien forzado, se aprovecha”

Lucas 18, 1-8 

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a los discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: «Hazme justicia frente a mi adversario»; por algún tiempo se negó, pero después se dijo: «Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esa viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara». Y el Señor añadió: Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche ? ¿o les dará largas ? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra? 

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Hay ciertas ocasiones en que incomodos por situaciones negativas con los demás, solemos catalogar a todos como malvados, y lo convertimos en una tabla genérica donde toda persona que cumpla cierto perfil se le imprima la etiqueta aunque no la merezca.

Pero las personas que aún así cometen actos deplorables, sería un error afirmar que son malas, porque no lo son, que tengan momentos y actos no tan buenos, no significa que esas persona sea totalmente depravadas.

Si toda persona que ha cometido errores fuera intrínsecamente mala, la salvación sería un mito, no tendría caso ni buscarlas, ni insistirles, Pero si Jesús mismo se acerca a los más alejados, es por que sabe que esos corazones son recuperables.

De hecho los así llamados malos, a los suyos, incluso a ellos mismos se procuran bienes y lo hacen muy bien; aunque el bien sea forzado no deja de ser un bien, aunque sea obligado, no deja de ser un bien, aunque sea por compromiso aún llenos de odio, el bien se aprovecha, ya que Dios se manifiesta donde menos lo esperamos.

Por ello todo bien, venga de quien venga, procede de ese corazón que aunque dañado, sabe dar incluso lo mejor que posee, y eso es una gracia de Dios.

“Sin salirnos del mundo”

“Sin salirnos del mundo”

Juan: 17, 11-19

En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: “Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me diste; yo velaba por ellos y ninguno de ellos se perdió, excepto el que tenía que perderse, para que se cumpliera la Escritura.

Pero ahora voy a ti, y mientras estoy aún en el mundo, digo estas cosas para que mi gozo llegue a su plenitud en ellos. Yo les he entregado tu palabra y el mundo los odia, porque no son del mundo, como yo tampoco soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que los libres del mal. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

Santifícalos en la verdad. Tu palabra es la verdad. Así como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo. Yo me santifico a mí mismo por ellos, para que también ellos sean santificados en la verdad”. 

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El mismo evangelio de San Juan nos habla del mundo, identificándolo como todo aquello que ha sido entregado al maligno y el cual lo posee, con el cual pretende hacernos perder toda espiritualidad y dones otorgados por Dios, manteniéndonos apegados tan sólo a los bienes materiales como lo absoluto, presentándolo como lo único existente, ya que su lógica se basa tan sólo en lo sensitivo y visual de los sentidos físicos que poseemos.

Sin embargo Jesús desde siempre intercede por nosotros para hacernos conocer y saber lidiar de la misma manera con todo lo espiritual que nos lleva y desarrolla a todo nuestro potencial con los dones otorgados por Dios, para no atarnos tan sólo a los bienes de la tierra.

Jesús nunca ha rechazado los dones y bienes materiales de la tierra, de hecho es muy claro cuando afirma en su intensa y profunda oración que no pretende sacarnos del mundo para angelizarnos, porque sería de igual manera negar su propia creación como algo malo, y no lo es, al contrario, pide estar aquí en el mundo, sin olvidarnos de los bienes del cielo.

Ya que si rechazamos el mundo para mantenernos totalmente dedicados a lo espiritual, olvidamos las herramientas que nos ha dado en el medio donde debemos de dar testimonio, es decir, en el mundo, sin ser del mundo, sino de Dios, pero plenificando el mundo para la misma gloria de Dios, renovando la faz de la tierra hasta implantar el mismo Reino de los Cielos aquí en la tierra, desterrando al maligno y devolviéndolo a Dios a quien le pertenece.

Por ello no hay que desesperarnos ya que el mundo ha sido dominado por el maligno, pero la obra se lleva a cabo, paso a paso firme, con el testimonio de amor implantado el el mismo mundo y sin salirnos del mundo.

“Unidad”

“Unidad”

Juan: 14, 7-14

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si ustedes me conocen a mí, conocen también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto”. Le dijo Felipe: “Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta”. Jesús le replicó: “Felipe, tanto tiempo hace que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces? Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Entonces por qué dices: ‘Muéstranos al Padre’? ¿O no crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que yo les digo, no las digo por mi propia cuenta. Es el Padre, que permanece en mí, quien hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Si no me dan fe a mí, créanlo por las obras. Yo les aseguro: el que crea en mí, hará las obras que hago yo y las hará aún mayores, porque yo me voy al Padre; y cualquier cosa que pidan en mi nombre, yo la haré para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Yo haré cualquier cosa que me pidan en mi nombre”.

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Bien sabemos que Dios a través de los tiempos se ha estado manifestando de múltiples maneras y en diversas circunstancias según se requiera en el momento histórico necesario.

Para ello tenemos el testimonio de todos aquellos instrumentos de su gracia como lo fue Abraham, Isaac, Jacob, Los Jueces, los profetas, a quienes en confianza Dios nunca dejó de inspirarles su voluntad y la sabiduría necesaria para transmitir a su pueblo, dejándoles  la entera confianza y libertad para expresarlo como mejor se les facilite.

Sin embargo en los últimos tiempos, envió a su propio hijo, aquél que es el Verbo, es decir la misma palabra de Dios que se hace carne como nosotros y nos trasmite no una interpretación de lo que es Dios y su divina voluntad, sino que habla de Dios mismo porque le conoce, ha estado a su lado, no reinterpreta las cosas, sino que las dice de primera mano, además porque Él mismo es Dios, son una unidad inseparable.

Es por ello que en esa unidad indisoluble no se refiera a una uniformidad, como si fueran idénticos, porque se distinguen en su persona, todo un misterio que no es necesario en esta vida indagar porque es inconmensurable, ya estando en su presencia cara a cara lo entenderemos de manera precisa.

Esa misma unidad nos habla de aquella obra, que de igual manera tanto manifiesta uno como el otro, así como su Santo Espíritu, aquí es donde Jesús es quien manifiesta muy eficiente y de manera única al Padre, como nadie jamás lo había hecho anteriormente.

Es por ello que quien conoce al Hijo, conoce al Padre, y el camino más perfecto y directo hacia el Padre es el mismo Jesús, de tal manera que si nos unimos a él estaremos uniéndonos al mismo Padre. Todos en unidad, para que todos sean uno con el Padre.

“La ayuda plena, está a tu lado”

“La ayuda plena, está a tu lado”

Lucas: 16, 19-31

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y telas finas y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo, llamado Lázaro, yacía a la entrada de su casa, cubierto de llagas y ansiando llenarse con las sobras que caían de la mesa del rico. Y hasta los perros se acercaban a lamerle las llagas.
Sucedió, pues, que murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abraham. Murió también el rico y lo enterraron. Estaba éste en el lugar de castigo, en medio de tormentos, cuando levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham y a Lázaro junto a él.
Entonces gritó: ‘Padre Abraham, ten piedad de mí. Manda a Lázaro que moje en agua la punta de su dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas’. Pero Abraham le contestó: ‘Hijo, recuerda que en tu vida recibiste bienes y Lázaro, en cambio, males. Por eso él goza ahora de consuelo, mientras que tú sufres tormentos. Además, entre ustedes y nosotros se abre un abismo inmenso, que nadie puede cruzar, ni hacia allá ni hacia acá’.
El rico insistió: ‘Te ruego, entonces, padre Abraham, que mandes a Lázaro a mi casa, pues me quedan allá cinco hermanos, para que les advierta y no acaben también ellos en este lugar de tormentos’. Abraham le dijo: ‘Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen’. Pero el rico replicó: ‘No, padre Abraham. Si un muerto va a decírselo, entonces sí se arrepentirán’. Abraham repuso: ‘Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso, ni aunque resucite un muerto’.

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Cada vez aún más nos volvemos muy insaciables y selectivos, a tal grado de que aún teniendo todo lo que necesitamos para ser felices, así como para tener estabilidad y paz interior, le ponemos peros y excusas para pedir lo que no es posible, porque nuestra actitud revela una falta de percepción de la realidad, navegando en el mundo de lo imaginativo y etéreo sin tener llenadera para obtener saciedad.

Nos volvemos ingobernables porque sentimos que lo podemos todo, cuando en realidad tenemos cientos de codependencias que le llamamos lo ordinario, cuando la libertad y la autonomía no deja de ser una idea implantada en nuestra mente, encegueciendo todo el soporte que nos brindan aquellos a nuestro lado, apoyando para que estemos precisamente en esa postura y lugar.

De igual manera el rico encandilado por su propios bienes, olvida al resto del mundo porque se siente seguro en lo que posee. Se nos presenta que cuando por fin sale de su alucinación monetaria, que desgraciadamente tuvo que ser en la muerte para darse cuenta de la realidad que no aprovechó, pudo contemplar que la ayuda a sus totales necesidades estaba a su lado, pero no confió en ello. 

Al igual nosotros tenemos a las personas y circunstancias correctas a nuestro lado para salir adelante junto con ellos de la mano, pero nuestro orgullo y falsas seguridades puestas en el ego, hacen que caigamos solos.

No es necesario recapacitar cuando has caído, puedes hacerlo ahora y reconocer tu entorno y los tuyos que ahí han sido colocados sabia y estratégicamente para en mutua responsabilidad ayudarse. Por ello no desprecies la oportunidad que en ésta vida es sólo una.