“La fe en común”

“La fe en común”

Mateo 9, 1-8

En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. Le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: —¡Animo, hijo!, tus pecados están perdonados.

Algunos de los letrados se dijeron: —Este blasfema.

Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: —¿Por qué pensáis mal? ¿Qué es más fácil decir: «tus pecados están perdonados», o decir «levántate y anda»? Pues para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados —dijo dirigiéndose al paralítico—: —Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa.

Se puso en pie, y se fue a su casa.

Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.

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Es evidente que nuestra fe personal la vamos administrando en la medida que deseamos expresar aún más el amor a Dios, realizando actos concretos ante un ser que no vemos físicamente pero que se manifiesta a través de miles de situaciones que sin dudar nos hablan y habla de Él.

La fe personal es muy importante, pero lo es aún más cuando la hacemos comunitaria, cuando la expresamos junto con los demás, ya que se transforma en una unidad tan fuerte capaz de llegar más eficazmente a Dios, por ello la oración en grupo o en asamblea habla de un compromiso además del personal, con la comunidad en turno.

Pero la fe en común también obra milagros como lo vemos en el evangelio, dónde no tan sólo la de aquel paralítico es manifiesta, sino también la de aquellos que incluso son capaces de hacer un boquete por el techo para llevarlo hasta Jesús.

Es por ello que vale la pena poner y pedir la fe en común, porque unes tu voz a la de otros tantos mas para elevarla hacia Dios dónde con claridad seremos escuchados y los demás a su vez orarán por ti.

“¿De qué nos sirve…?

“¿De qué nos sirve…?

Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.”

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Cada una de las cosas creadas, de suyo cumplen un fin específico y particular, hasta las piedras, que pareciese que nada aportan, dan cimiento y embellecen, a su vez que se han tomado para manifestar las mayores expresiones del arte y, aunque son objetos inanimados aportan su ser para otras encomiendas.

Si así sucede con los objetos inanimados, cuánta más dedicación ha dispuesto el Señor a los que nos ha regalado además una vida, que la finalidad no es tan sólo vivirla, como lo expresan aquellos que no tienen esperanza, como si fuera un peso y una obligación.

Si el Padre Creador nos ha participado amorosamente su propia vida, no la deja sola ni abandonada, al contrario la colma de bienes y capacidades, tanto físicas como espirituales que podemos desarrollar en conjunto con los dones extra de que dispone para nosotros por medio de su Santo Espíritu, pero sobre todo para aquellos, los que los quieren recibir.

Dios no repara en darnos todo lo suyo, pero de qué nos sirve si en realidad tan sólo nos ufanamos de tener tal o cual don o virtud, pero no los utilizamos para lo que fueron otorgados, de qué nos sirve tener un corazón tan grande si no lo utilizamos para amar, ni siquiera a los que tenemos cerca, aún en la propia familia, parece que lo desvirtuamos ya que en vez de amar, tan sólo saciamos satisfactores emergentes y utilizamos a las personas.

De nada sirve si no ponemos los dones aunque sea para el fin indicado, se haría bastante si los desarrolláramos aunque sea altruista mente, aunque no los dediques a Dios, que en algo estarían cumpliendo su cometido.

Pero si lo haces, Bendito sea Dios, que lo estarás glorificando con sus propias creaciones y obras, dando renombre al mismo autor de ellas.

“Hay que ser mejores qué…”

“Hay que ser mejores qué…·

Mateo 5, 20-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No matarás», y el que mate será procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano «imbécil», tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama «renegado», merece la condena del fuego.

Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Con el que te pone pleito, procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto».

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Existe una universal tendencia a conformarnos con el saber que las ayudas, los compromisos, los problemas en general alguien los resuelve; hay quien cuide el orden, la educación, la estabilidad económica y hasta la salud tanto física como mental, pero en este esquema rayamos en la total dependencia, de tal manera que les damos todo el poder sobre las situaciones y por ende sobre nosotros mismos.

Además de que cuando nos toca en lo personal alguna mala situación, lo primero que hacemos es echar culpas a “los encargados responsables” de cada área en cuestión. Pero que pena es saber cuán incapaces somos de ser mejores, dónde a lo máximo que llegamos es a tachar el error de los demás a la vista y sin dejar de quejarnos.

Es por ello que la invitación es a dejar de ser del común de los mortales y del conglomerado de las masas impersonales, para tomar un papel protagónico de tu propia y exclusiva vida, dónde tu estabilidad no depende de los demás ni de los sistemas, sino de ti mismo, dónde llevas tus propias riendas y donde puedes crecer a un nivel mayor que el de aquellos que se conforman con la comodidad de su zona de confort dependiente de quien la provee.

En vez de juzgar, hay que ser mejores que todos ellos, mejores que el policía, mejores que el gobernante, mejores que el profesor, mejores que el cura, mejores que el mismo Papa, ya que tenemos la capacidad para ello y demostrarlo calladamente con los hechos. Porque nadie en ningún cargo es perfecto así lo afirme con palabras y promesas. Hay que ser mejores incluso de nosotros mismos.

“Se ha cumplido el plazo…”

“Se ha cumplido el plazo…”

Marcos 1, 12-15

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto.

Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían.

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: –«Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio».

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Pareciese que al afirmar que el plazo se ha cumplido, tenemos una sensación de falta de oportunidades, en realidad no es así ni nunca ha sido, se refiere muy concretamente en un plano muy positivo de que el plazo del mal ha caducado y la nueva oportunidad se ha brindado en Cristo Jesús.

Este primer domingo de cuaresma remarca esa oportunidad, iniciamos este año, la nueva y excelente etapa abierta de gracias durante este tiempo especial, por ello la invitación es muy clara, la novedad esta a la puerta por lo que no hay que temer a lo nuevo cuando más que impuestos estamos a sobrellevar el mal pleno en nuestras vidas.

Pero ¿cómo podemos iniciar una nueva etapa?, si no somos capaces de dejar nuestras antiguas rutinas de pecado. Para ello es necesario como el mismo evangelio lo remarca, una conversión que implica precisamente tener una confianza total, creer en aquello que pensamos es imposible.

La confianza en Dios creo que no sería problema, creo que el mayor miedo es a nosotros mismos, a nuestros egos, a nuestras tediosas rutinas, a perder lo poco que tenemos aunque nos esté dañando, dígase situaciones, personas o cosas, sin ser capaces de mirar hacia adelante con las mejores opciones en la vida. 

El plazo de eso negativo en tu propia vida ya caducó, ya no vale la pena, no pretendas vivir atado a lo anacrónico y descontinuado como lo es el pecado, que se presenta como novedad y como necesidad, lucrando con tus dependencias, cuando lo nuevo esta presente, y se te invita a crecer a la altura a la que estás destinado. 

La oportunidad inicia y continúa ésta cuaresma. Animo, se ha cumplido el plazo, ahora ya puedes ser más y realmente feliz.

“Confianza mútua”

“Confianza mútua”

Marcos 6, 7-13

En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y añadió: —Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio.

Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa. Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

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Una de las cosas que encontramos como base para llegar a buen fin en cualquier encomienda es tener confianza, a veces creemos que tan sólo nosotros lo podemos todo porque lo sabemos hacer, sin embargo no es garantía de un buen desempeño, ni de compartir los dones otorgados y, es que hay que saber delegar y dar la confianza necesaria a los demás para que ellos mismos la desarrollen y hagan las encomiendas de manera certera y segura.

Si Dios no tuviera confianza en nosotros, Él lo haría todo, nada dependería en responsabilidad de ninguna persona, y lo esperaríamos todo de él. Comúnmente sucede que aquellas personas que no tienen confianza en si mismas, le delegan toda la responsabilidad a los demás o a Dios, claro para luego echar culpas de sus incapacidades.

Jesús es capaz de confiar, por ello llama a los Doce y los envía precisamente de dos en dos y sin respaldo alimenticio ni de otra índole, para que su confianza y seguridad se refuercen entre ellos humanamente hablando. Sin embargo en indispensable y muy necesaria a su vez la confianza en Jesús, en su poder, en su amor, ya que la obra se completa cuando ambas confianzas se fusionan en una sola dando como consecuencia las obras realizadas de manera efectiva y positiva.

La confianza debe ser en Dios claramente; en tí mismo, porque si no, bloqueas las gracias de Dios que te otorga como instrumento de su acción para ti y para los demás, y la confianza a su vez debe ser depositada en los demás, por ello debe de ser una confianza mutua y común, de lo contrario ta sólo se navega en medio de las insidias.

Confianza para obrar, confianza para recibir, confianza para amar. El resto Dios, los demás y tú mismo lo dan.

“Exigente y reclama lo que no ha sembrado…”

“Exigente y reclama lo que no ha sembrado…”


Lucas 19, 11-28

En aquel tiempo, dijo Jesús una parábola; el motivo era que estaba cerca de Jerusalén y se pensaban que el reino de Dios iba a despuntar de un momento a otro. Dijo, pues: «Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después. Llamó a diez empleados suyos y les repartió diez onzas de oro, diciéndoles: “Negociad mientras vuelvo”.
Sus conciudadanos, que lo aborrecían, enviaron tras de él una embajada para informar: “No queremos que él sea nuestro rey”. Cuando volvió con el título real, mandó llamar a los empleados a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno. El primero se presentó y dijo: “Señor, tu onza ha producido diez”. El le contestó: “Muy bien, eres un empleado cumplidor; como has sido fiel en una minucia, tendrás autoridad sobre diez ciudades”. El segundo llegó y dijo: “Tu onza, señor, ha producido cinco”. A ése le dijo también: “Pues toma tú el mando de cinco ciudades”. El otro llegó y dijo: “Señor, aquí está tu onza; la he tenido guardada en el pañuelo; te tenía miedo porque eres hombre exigente, que reclamas lo que no prestas y siegas lo que no siembras”.
El le contestó: “Por tu boca te condeno, empleado holgazán. ¿Con que sabías que soy exigente, que reclamo lo que no presto y siego lo que no siembro? Pues, ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses”. Entonces dijo a los presentes: “Quitadle a éste la onza y dádsela al que tiene diez”. Le replicaron: “Señor, si ya tiene diez onzas”. “Os digo: Al que tiene se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a esos enemigos míos, que no me querían por rey, traedlos acá y degolladlos en mi presencia”».
Dicho esto, echó a andar delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.
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Si vemos en el ejemplo de la parábola del hombre elegido rey, encontramos aquellos amigos cercanos a los que les tiene total confianza y a los mismos que les encomienda sus propios bienes, planeando a futuro el servicio público que presentará, es decir, va poniendo a trabajar lo suyo en ventaja y en confidencia.
Encontramos una media aritmética positiva, ya que de diez depositarios, nueve de ellos sin respingo alguno y sin dificultad se ponen a trabajar, como una oportunidad de demostrar lo que son capaces haciendo fructificar su labor, son corresponsables en el bien común así como en el crecimiento personal. Dan mucho de sí, así como aportan a los demás.
Pero nunca falta esa pequeña porción, que no entra mayoritariamente en la media porque es tan sólo uno, que junto con los otros escandalosos, que no aportan pero se meten en todo alborotando a los demás, de los cuales se mencionan que fueron por delante a poner en mal al nuevo rey y a rechazarlo, son los típicos lacras de la sociedad que viven de parásitos, no aportan nada pero se la viven quejándose de todo, son los que hacen más escándalo público para aparentar gran número y poder, cuando en realidad la mayoría de las personas buenas hacen su labor sin molestarse en lo más mínimo.
Entre esos flojos y escandalosos está ese tipo al que le dieron tan sólo una onza, como lo remarca la parábola, que no hizo nada, y eso que era de los de confianza, pues ese es el que se pone a remarcar como si le debieran, que su amo sólo recoge cuando no siembra, pero es incapaz de agradecer la cercanía, la confianza, el respeto que se le tiene, la dignidad con que se le trata; lo típico en esas personas es defenderse atacando.
Pero de nada le vale, porque las obras al final hablan por sí mismas y son las que sostienen a la persona. No ven que el título de rey es un servicio y una responsabilidad, ellos sólo se sienten en desventaja y lo remarcan. Resulta que el exigente y demandante es el rey, cuando los demandantes y exigentes son ellos, los flojos, no es de extrañar que siempre inviertan la situación a su favor. Por ello sabiamente lo dice “por tu propia boca te condeno…”

Si el rey exige y recoge lo cosechado, es porque te ha tomado en cuenta en su reino para complementar la creación y eso es una dicha y un honor.

“…Se quedaron sin respuesta”

“…Se quedaron sin respuesta”


Lucas 14, 1-6

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Jesús se encontró delante un hombre enfermo de hidropesía y, dirigiéndose a los letrados y fariseos, preguntó: —¿Es lícito curar los sábados, o no?Ellos se quedaron callados. Jesús, tocando al enfermo, lo curó y lo despidió. Y a ellos les dijo: —Sí a uno de vosotros se le cae al pozo el burro o el buey, ¿no lo saca enseguida, aunque sea sábado?Y se quedaron sin respuesta.
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Es muy claro el que a nadie le gusta que lo corrijan, mucho menos si basa su autoridad en el supuesto conocimiento profundo de las situaciones estudiadas y las cosas, de manera especial si nos creemos unos sabelotodo, pero los conceptos se reinterpretan con el tiempo, cambiando sus sentidos y dándoles otro significado; un ejemplo es: lo que antes fuera un simple saludo, ahora se considera un ataque a la privacidad o una ofensa.
Podrán cambiar los conceptos, pero nunca su verdad, esa siempre será la misma, lo bueno es que al final siempre se retoma en sí misma. Un caso concreto lo tenemos en el evangelio, donde afirma un valor mayor en la sanción, a pesar de la ley que lo prohíbe en extremo en Sábado, aunque ambas estén en pro de la persona, siempre se debe discernir en cuál será el bien mayor de ambos bienes, sin descartar o denigrar al otro, eso es lo que hace un buen pastor, siempre en pro de las ovejas.
La cuestión es, que si en el momento, ante un hecho con una verdad irrefutable, se expone claramente un valor verdadero, no valen la pena las palabras para refutarlo, porque se remarcará aún más la invalidez de la mentira que lo secundará, es por ello que Jesús los dejaba callados, que es la mejor actitud ante la necedad.

Al igual nosotros, debemos de ser siempre asertivos, no menear y enredar las situaciones porque se complican más, hay que decir lo que es en cada caso con caridad, al si, un sí, y al no, un no, y como dice Mateo 5,37: “lo demás viene del maligno.”

“Den a Dios, lo que es de Dios”

“Den a Dios, lo que es de Dios”


Mateo 22, 15-21


En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: —Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: —Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto. Le presentaron un denario. Él les preguntó: —¿De quién son esta cara y esta inscripción?Le respondieron: —Del César.Entonces les replicó: —Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.
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Ciertamente ¿a Dios qué le podríamos ofrecer?, si todo le pertenece, es el mismo autor y creador de todo, y como que no resulta muy lógico que Dios nos de lo mismo que le vamos a regalar, como que estamos impuestos a la novedad y a la sorpresa.
Nosotros estamos muy impuestos a regalar algo que agrade o sea útil a la persona receptora, pero a Dios se le puede regalar algo un poco más elaborado, con una intención muy bien definida, basta con devolver agradecidamente sus propios bienes, pero impregnados con la reciprocidad del amor.
Es como un padre de familia, que se sabe el proveedor único de los ingresos del hogar, más sin embargo, en algún aniversario, la familia le brinda un regalo, obtenido con mucho sacrificio, pero lleno de afecto y agradecimiento. Sería injusto si reclama que él mismo se dio al final de cuentas su propio regalo, por manos de los suyos, pero no, el regalo es auténtico porque devuelve con creces aquello que generosa y desinteresadamente da, aumentado con el detalle del amor y la dedicación especial que es lo que realmente vale la pena.
Dios en el mismo esquema, agradece que complementemos su creación y le devolvamos aquello mismo que Él nos ofrece pero con una acción que lo plenifica y lo hace especial porque ahora implica la respuesta bien intencionada del ser humano quien lo selecciona y lo dedica a Dios mismo.
Es por ello que, no importa dar a Dios lo que es de Dios, porque ahora es fruto en colaboración con el trabajo humano, así mismo es importante tomarle en cuenta en todas nuestras labores y pagas, porque no todo debe ser egoístamente para nosotros, de esa actitud nace el diezmo y las primicias, que aunque son suyas, dedicarlas a Él, demuestran nuestro total y concreto agradecimiento, muy bien aceptado y visto por Dios.

Estamos impuestos hasta obligadamente a pagar al César lo que le corresponde civilmente hablando, pero naturalmente deberíamos de pagar a Dios lo que generosamente nos da con sus propios bienes, como lo afirmamos en la eucaristía del día a día durante el ofertorio: “Bendito seas, Señor, Dios del Universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos…”, es muy bueno dar a Dios lo que es de Dios, porque ahora no habla de Dios, habla de ti.

“Insistencia”

Lucas 11, 5-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si alguno de vosotros tiene un amigo y viene a medianoche para decirle: “Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle”. Y, desde dentro, el otro le responde: “No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados: no puedo levantarme para dártelos”. Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide, recibe, quien busca, halla, y al que llama, se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?.

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Es un común conocimiento el que Dios siempre está al pendiente de nosotros en todos los aspectos de la vida, así mismo atiende todas las necesidades de los que nos llamamos sus hijos y, aunque no está específicamente para ello, sin embargo las atiende.

Y es que Dios tiene tan grandes proyectos y expectativas sobre cada uno de nosotros, que procura insistentemente el momento en que nosotros deseemos desarrollarlas a su lado, pero a veces, a lo más que llegamos es a pedirle corrija situaciones cuando éstas nos golpean. 

Sin embargo Dios está para apoyarte en todo, ya sabemos que te sientes independiente y autónomo, y a lo mejor al momento crees poderlo todo de manera personal, pero inclusive en la abundancia y estabilidad de vida, Dios también está para con la mayor sabiduría e inteligencia apoyarte desde lo más mínimo hasta la mayor proyección de tus planes laborales y personales.

Por ello se nos recuerda, que en todo momento no hay que dejar de orar, no hay que dejar de pedir, no dejar de dar gracias, no dejar a Dios de lado, porque cuando lo alejamos de nuestras vidas, alguien más ocupará su lugar y ese alguien lo busca desesperadamente para poseerte a ti y tus bienes, no físicamente, pero si en tu pensar actuar y en el trato con los tuyos.

Sí, parece no ser escuchados, pero insistir, una y otra vez, porque la insistencia remarca el trato cercano con Dios, la purificación y la paciencia. Todo llega a su tiempo, no cuando quieres, sino cuando en realidad lo necesitas. Pero no dejes de insistir, así sea en el peor dolor sin ánimos para hacerlo, porque todo es escuchado, pero a su vez, a veces el Señor lo que espera es que te dispongas Tú a escuchar. Insistencia de parte nuestra y a su vez reconoce la insistencia de Dios que quiere hablarte, escúchalo.

“Enviados con una finalidad”

Lucas: 10, 1-12. 17-20

En aquel tiempo, Jesús designó a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir, y les dijo: “La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en camino; yo los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el camino.

Cuando entren en una casa digan: ‘Que la paz reine en esta casa’. Y si allí hay gente amante de la paz, el deseo de paz de ustedes se cumplirá; si no, no se cumplirá. Quédense en esa casa. Coman y beban de lo que tengan, porque el trabajador tiene derecho a su salario. No anden de casa en casa. En cualquier ciudad donde entren y los reciban, coman lo que les den. Curen a los enfermos que haya y díganles: ‘Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios’.

Pero si entran en una ciudad y no los reciben, salgan por las calles y digan: ‘Hasta el polvo de esta ciudad que se nos ha pegado a los pies nos lo sacudimos, en señal de protesta contra ustedes. De todos modos, sepan que el Reino de Dios está cerca’. Yo les digo que en el día del juicio, Sodoma será tratada con menos rigor que esa ciudad”. Los setenta y dos discípulos regresaron llenos de alegría y le dijeron a Jesús: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre”. Él les contestó: “Vi a Satanás caer del cielo como el rayo. A ustedes les he dado poder para aplastar serpientes y escorpiones y para vencer toda la fuerza del enemigo, y nada les podrá hacer daño. Pero no se alegren de que los demonios se les someten. Alégrense más bien de que sus nombres están escritos en el cielo”.

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El llamado, preparación, testimonio y seguimiento de Jesús, no son para ver si algo tomamos como una opción, porque no lo es. A todos aquellos que invitó a estar cerca de Él, precisamente los prepara para hacer extensiva su misión de preparar a toda la humanidad para implementar el Reino de Dios sobre nuestras vidas, no importa la circunstancia que vivamos.

No los envía para ver que hacen, que encuentran, que pueden aprender, o a que decidan por su propia voluntad para dar solución a problemas de los que pudiesen enterarse de ellos, porque de otra manera empaparán la solución con sus propias limitaciones, sino que van con la finalidad de llevar el anuncio de la Buena Nueva y a Jesús mismo.

Situación que hasta el momento no ha cambiado, por lo que a su vez nos invita a no perder el rumbo, porque el mensaje es claro: la gracia está por ser restaurada y la muerte pierde fuerza, el mal está condenado y el Espíritu Santo nos llenará de sus dones a quienes deseen recibirlo. 

Es por ello que cuando en el camino nos encontramos con ambientes que nos distraen o invitan incluso a claudicar, por muy agradable que sea lo que nos ofrecen, el mismo Jesús nos invita a rechazarlo, no a las personas, sí al mal y al pecado, de tal manera que ni el polvo se nos pegue a los pies, para no llevarnos fragmentos que remarquen estar sucios y nos quiten la paz.

El resultado es tal que hasta se alegran de que los mismos demonios se les sometan en el nombre de Jesús, pero si somos nosotros los que nos predicamos, entonces el mismo demonio utilizará tu debilidad y carencias para que el mal siga y no sea extirpado. La finalidad es clara, y cuando ésta no se cumple, el envío fracasa y Jesús, su salvación y gracia no llega a los demás.