“Se le echaban encima para tocarlo”

“Se le echaban encima para tocarlo”

Marcos 3, 7-12

En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del lago, y lo siguió una muchedumbre de Galilea. Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente de Judea, de Jerusalén y de Idumea, de la Transjordania, de las cercanías de Tiro y Sidón. Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una lancha, no lo fuera a estrujar el gentío. Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo. Cuando lo veían, hasta los espíritus inmundos se postraban ante él, gritando: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer.

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En la historia que conocemos de la humanidad, aunque existen bastantes cambios radicales en la forma de vida y costumbres de las personas, encontramos realidades que jamás ha dejado de existir, son las situaciones en las que caemos comúnmente en medio de nuestros cansancios, que nos hacen reaccionar a veces sin pensar violentamente, que revelan el estado anímico y espiritual en el que hemos caído.

En el mismo evangelio encontramos esa misma situación, no quiere decir que era propio de su tiempo, pero nos da una idea clara del entorno como e vivía en su momento. habla de situaciones en las que al presentarse Jesús se remarcan aun más radicalmente porque las personas sueltan el peso que vienen cargando en el mismo Jesús en quien están confiando.

Es por ello que se remarca “Se le echaban encima para tocarlo”, es un signo que revela esa situación humana que nunca cambia cuando la gente se estanca en sus propios problemas haciéndolos ordinarios como si fuera eso lo más normal.

Aquí es donde no debemos de juzgar esas situaciones porque cuando se dan, nos indican todo lo que hay detrás de los mismos, y si llegamos a caer en las mismas situaciones es porque hemos perdido el rumbo y el sentido a la confianza en Dios, además de hacer notar la debilidad espiritual propia, donde todo afecta y se refleja en el cansancio humano.

Por ello debemos de siempre fortalecernos para que esos brotes muy humanos no hablen por nosotros, sino que siempre tengamos puesta nuestra confianza en Dios, en  confidencialidad.

“Empezó a divulgar el hecho”

“Empezó a divulgar el hecho”

Marcos 1, 40-45

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme». Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero: queda limpio». La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. El lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés». Pero cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

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Las grades obras y maravillas que Dios hace en nuestras vidas, claro que brindan tal cantidad de alegría y gozo que no pueden contenerse, pero si nuestra mente no mide las consecuencias de aquello, lo que para nosotros fue un bien, para otros puede ser una tragedia, si una tragedia ocasionada por nuestra misma euforia.

El caso es muy claro, que por lástima y compasión ante esta persona, cansada, cargando el peso del desprecio de su enfermedad, ante su sanción, se desborda de alegría, pero la alegría no siempre es bien recibida en todos los corazones, porque no sabemos como la vayan a recibir. En algunos fomentará el gozo, en otros la admiración, en otros la motivación por las obras de Dios, pero en otros tantos que no entienden ese don, buscaran sus propias interpretaciones personales sin descubrir la realidad de un fin sublime ni divino, sino simplemente material, y para no dejarlos atrás, también aquellos en los que genera envidias.

Por ello, ante la diversa reacción de la gente, ya no pudo llevar su plan iniciando con su Palabra que es alimento y que también sana, empezando con los corazones y culminando con la salud física.

Es decir le rompieron el esquema, como quien deshace totalmente tu plan personal para alguna actividad. La diferencia la hace Jesús, porque se reinventó en un nuevo proyecto y prosigue con misión, aunque fuera de los poblados, pero aún así exitosamente.

Es por ello que hay que tener cuidado incluso con nuestras alegrías, porque no sabemos en donde llegarán a parar y con quiénes, ademas de saber que si te rompen tu esquema, al igual que Jesús puedes reinventar uno mejor y exitoso. Al final de cuentas, todo es para  la gloria de Dios.

“Entró en la barca con ellos…”

“Entró en la barca con ellos…”

Marcos 6, 45-52

Después que se saciaron los cinco mil hombres, Jesús enseguida apremió a los discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran hacia la orilla de Betsaida, mientras él despedía a la gente. Y después de despedirse de ellos, se retiró al monte a orar. Llegada la noche, la barca estaba en mitad del lago, y Jesús, solo, en tierra. Viendo el trabajo con que remaban, porque tenían viento contrario, a eso de la madrugada, va hacia ellos andando sobre el lago, e hizo ademán de pasar de largo. Ellos, viéndolo andar sobre el lago, pensaron que era un fantasma y dieron un grito, porque al verlo se habían sobresaltado. Pero él les dirige enseguida la palabra y les dice: «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo». Entró en la barca con ellos, y amainó el viento. Ellos estaban en el colmo del estupor, pues no habían comprendido lo de los panes, porque eran torpes para entender.

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Los procesos tanto de la vida así, como los de la fe, con mayor razón aún en éste último caso, Dios está al pendiente de ellos, nada escapa de su misericordiosa providencia ni de su bendita mano. El caso es que muchas veces las circunstancias varían un poco o un mucho, donde atareados con las responsabilidades de la vida, se nos dificulta asimilar aquello que en su momento nos acontece, es por ello que en dichos procesos es bueno tener una mano amiga y confiable en la que podamos descansar y recibir consejo.

El caso en éste segmento del evangelio que nos presenta marcos es muy claro cuando Jesús se percata de que presenciar el acontecimiento de la multiplicación de los panes, sus discípulos aún no lo han terminado de asimilar, y dentro de ese proceso, acontece que Jesús creyendo que el suceso los haría confiar y conocerlo aún más, no estaba bien definido, iba en camino pero no estaba totalmente asentado.

Tan es así que al verlo en medio de su crisis personal, no tan solo por los milagros presenciados, sino además por su trayectoria de vida a veces accidentada aunada a esto, les hacer reaccionar ante sí mismos muy violentamente, demostrando un miedo a pesar de estar en grupo, muy marcado que denota su falta de confianza y de seguridad ante sí mismos.

Es por ello que Jesús en medio de sus crisis, los calma, calma el entorno predisponiéndoles a recuperar la paz y “Entró en la barca con ellos”, es decir, no los deja solos, jamás aunque lejos los ha dejado sin su atención.

De igual manera acontece con nosotros, Jesús entra contigo en la barca que vas, ya sea de la alegría, del dolor, de la enfermedad, de la melancolía o de cualquier situación por la que estés pasando, nunca nos deja solos a pesar de nuestras reacciones de incredulidad y desesperanza en medio de las crisis que nos suceden. 

Basta con seguir confiando y dejar que pase la tormenta, pero nunca vas solo.

“Es mejor que vayan a dónde lo venden…”

Mateo 25, 1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. 

El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: “¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!” Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: “Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”. 

Pero las sensatas contestaron: “Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”. Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: “Señor, señor, ábrenos”. 

Pero él respondió: “Os lo aseguro: no os conozco”. Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».

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Una actitud es la generosidad y otra lo es el deber, ambas totalmente buenas cuando se ejercen, pero hay que tener muy en cuenta que una no supone a la otra, es decir, ante la necesidad de una persona solemos utilizar la generosidad para compartir algo como un deber, sobre todo del buen cristiano, solemos esquematizarlo como algo definido, más sin embargo existen situaciones donde no aplica.

Este esquema rebaja a una persona a la situación de discapacidad, donde no puede obtener lo que el otro si puede, elevando al otro en la postura del que debe compartir. En este caso ya no se trata con la misma dignidad y capacidades a ambos, porque uno la pierde y en el otro se le exalta, no se está en igualdad de condiciones cuando en realidad sí lo están.

En el caso de las vírgenes que esperan el novio, remarca que cinco eran necias y cinco sensatas, por lo que la actitud de necedad o el no ser precavidos, es ya un auto excluirnos y rebajar nuestra dignidad a esa postura, dependiendo de ello, pero gratis, porque nadie te ubica ahí, es una elección voluntaria. 

Sin embargo las sensatas, al ser muy precavidas, viendo a futuro lo que necesitaran y proveyéndolo, están preparándose para lo que venga, y su actitud siempre adelante, no es de rechazo ante las descuidadas que les piden compartir su aceite, simplemente las invitan a que de igual manera ellas salgan de ese estado de descuido y eleven sus vidas a otro rango, en el plano de la previsión porque ambas tienen las mismas capacidades y oportunidades, pero si no las quieren aprovechar, no es problemas de las precavidas, sino de las descuidadas.

Por eso la atenta y caritativa invitación de las sensatas a que las descuidadas “fueran a comprarlo a donde lo venden”, es a entrar en el ritmo del aprovechamiento de los dones de Dios, no a subutilizarlos y no a cargarlos sobre los hombros de los que si cumplen. Porque ambas tienen las mismas oportunidades. Igual que tú, igual que yo. Por eso en vez de pedirlo, ve  tu mismo y cómpralo donde lo venden, porque lo puedes hacer.

“Y el ganador es…”

Lucas 12, 35-38

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Estén listos, con la túnica puesta y las lámparas encendidas. Sean semejantes a los criados que están esperando a que su señor regrese de la boda, para abrirle en cuanto llegue y toque. Dichosos aquellos a quienes su señor, al llegar, encuentre en vela. Yo les aseguro que se recogerá la túnica, los hará sentar a la mesa y él mismo les servirá. Y si llega a medianoche o a la madrugada y los encuentra en vela, dichosos ellos”.

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Qué pena debería darnos estar buscando reconocimientos, que pertenecen al área de los deberes ordinarios, y hasta queremos que nos festejen lo más mínimo, porque tenemos un déficit de atención, que tiene sus raíces desde la infancia, donde pedías atención de tus padres y no la obtenías.

Situación superable, pero al contrario, si te mal impusieron a festejarte todas tus simplezas y ahora repites el esquema.

Hoy el Señor es muy claro, lo más sano, es ser conscientes de la lista de deberes naturales adquiridos en base a nuestras responsabilidades ordinarias que debemos hacer sin chistar, porque tenemos la capacidad para ello.

El cumplir con lo ordinario no es nada extraordinario, ni requiere el mérito, (vgr. Trabajar, hacer el aseo, estudiar, ejercicio, etc…) pero dichosos los que ya cumplen plenamente lo ordinario, porque ya están capacitados para lo extraordinario, y hacer después de ello algo más, es entonces donde entramos en el rango de la gracia, la caridad y la generosidad.

Pero si no puedes con lo ordinario, te dejo este reconocimiento en blanco para que lo imprimas y lo llenes con lo que te quieres alabar.

Buen día.

“Les será quitado…”

Mateo 21, 33-43


En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: “Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego lo alquiló a unos viñadores y se fue de viaje. 

Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo. 

Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: ‘A mi hijo lo respetarán’. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: ‘Este es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia’. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron. 

Ahora, díganme: cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?” Ellos le respondieron: “Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo”. 

Entonces Jesús les dijo: “¿No han leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable? 

Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos”.

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Las promesas de Dios siempre llegan a buen fin, y las que parecieran juicios temerarios sobre ciertas circunstancias de vida  no aptas para el discernimiento y desarrollo espiritual no son amenazas, ya que encontramos muchas afirmaciones que remarcan la negativa de perder la gracia de Dios.

La cuestión radica no en que Dios mismo sea malo y castigador, eso ni en lo más mínimo se puede concebir, sino que por el contrario, cuando no conocemos, ni nos acercamos a Dios, tenemos una conciencia errónea sobre su ser y sobre sus designios, porque creemos que Dios es muy pero muy bueno, y lo es, pero nos atenemos creyendo que al ser nosotros el principal objeto de su amor, en automático y por su infinita bondad nos salvará indudablemente pasando por alto su justicia.

Eso en ese esquema no es posible, ya que nos pide un mínimo como corresponsables de la misma creación y de nuestras propias vidas y, ahí no depende de la bondad de Dios, sino de la nuestra para con nosotros mismos, si es que deseamos y queremos ser salvos.

Por ello no nos asuste el hecho de que si desatendemos nuestra propia vida íntegramente, es decir, sin hacer a un lado el aspecto espiritual, será un hecho que daremos por perdido eso que nunca en realidad deseamos, por lo que sin lugar a dudas nos será quitado, pero si por el contrario lo cuidas y cultivas constantemente se te dará aún más con creces.

“Enviados con una finalidad”

Lucas: 10, 1-12. 17-20

En aquel tiempo, Jesús designó a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir, y les dijo: “La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en camino; yo los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el camino.

Cuando entren en una casa digan: ‘Que la paz reine en esta casa’. Y si allí hay gente amante de la paz, el deseo de paz de ustedes se cumplirá; si no, no se cumplirá. Quédense en esa casa. Coman y beban de lo que tengan, porque el trabajador tiene derecho a su salario. No anden de casa en casa. En cualquier ciudad donde entren y los reciban, coman lo que les den. Curen a los enfermos que haya y díganles: ‘Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios’.

Pero si entran en una ciudad y no los reciben, salgan por las calles y digan: ‘Hasta el polvo de esta ciudad que se nos ha pegado a los pies nos lo sacudimos, en señal de protesta contra ustedes. De todos modos, sepan que el Reino de Dios está cerca’. Yo les digo que en el día del juicio, Sodoma será tratada con menos rigor que esa ciudad”. Los setenta y dos discípulos regresaron llenos de alegría y le dijeron a Jesús: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre”. Él les contestó: “Vi a Satanás caer del cielo como el rayo. A ustedes les he dado poder para aplastar serpientes y escorpiones y para vencer toda la fuerza del enemigo, y nada les podrá hacer daño. Pero no se alegren de que los demonios se les someten. Alégrense más bien de que sus nombres están escritos en el cielo”.

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El llamado, preparación, testimonio y seguimiento de Jesús, no son para ver si algo tomamos como una opción, porque no lo es. A todos aquellos que invitó a estar cerca de Él, precisamente los prepara para hacer extensiva su misión de preparar a toda la humanidad para implementar el Reino de Dios sobre nuestras vidas, no importa la circunstancia que vivamos.

No los envía para ver que hacen, que encuentran, que pueden aprender, o a que decidan por su propia voluntad para dar solución a problemas de los que pudiesen enterarse de ellos, porque de otra manera empaparán la solución con sus propias limitaciones, sino que van con la finalidad de llevar el anuncio de la Buena Nueva y a Jesús mismo.

Situación que hasta el momento no ha cambiado, por lo que a su vez nos invita a no perder el rumbo, porque el mensaje es claro: la gracia está por ser restaurada y la muerte pierde fuerza, el mal está condenado y el Espíritu Santo nos llenará de sus dones a quienes deseen recibirlo. 

Es por ello que cuando en el camino nos encontramos con ambientes que nos distraen o invitan incluso a claudicar, por muy agradable que sea lo que nos ofrecen, el mismo Jesús nos invita a rechazarlo, no a las personas, sí al mal y al pecado, de tal manera que ni el polvo se nos pegue a los pies, para no llevarnos fragmentos que remarquen estar sucios y nos quiten la paz.

El resultado es tal que hasta se alegran de que los mismos demonios se les sometan en el nombre de Jesús, pero si somos nosotros los que nos predicamos, entonces el mismo demonio utilizará tu debilidad y carencias para que el mal siga y no sea extirpado. La finalidad es clara, y cuando ésta no se cumple, el envío fracasa y Jesús, su salvación y gracia no llega a los demás.

“La compañía”

Lucas 8, 1-3

En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando la Buena Noticia del Reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.

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Nuestro sistema social está organizado de tal manera para que nunca estemos en soledad, somos seres relacionales, competitivos y productivos, todo para un mismo fin, el mutuamente ayudarnos con los servicios y dones puestos en pro de uno mismo y de los demás.

Desde que nacemos estamos al lado de alguien mas, iniciando con la familia y luego con los que nos vamos desarrollando y conociendo en el camino; de tal manera que vamos creando un entorno a nuestro alrededor delimitado por la propia cultura personal recibida, como los gustos particulares de cada quien, que se manifiestan con quienes convivimos por el perfil que buscamos.

Aquí hay que resaltar que la compañía que aceptemos a nuestro lado, tiene que ser lo más sana posible, ya sea para que te ayude a crecer o le ayudes en su caso. Jesús tenía varias personas que lo seguían, entre ellos varias mujeres, que al reconocer que las había sanado de sus enfermedades y demonios, no dudan en estar cerca de Él.

Sanación que libera de odios, depresiones, envidias, criticas, malos pasos, cosas que menguan la salud física y la degradan, iniciando con la psique, continuando con la somatización corporal y hasta terminando en la posesión. Pues Jesús a quien le acompaña lo libera de todo eso porque quieren estar con Él y ser salvos tanto en lo mental, físico y espiritual.

La compañía debe ser una verdadera relación de amistad, amor y respeto, porque cuando no se dan estos elementos, entonces no es amistad, sino complicidad, ya que en la relación se comparte mutuamente la responsabilidad del otro. Y si son para hacer el mal y auto hundirse, no vale la pena. 

Permite que Jesús entre en tu compañía y verás hasta dónde puedes llegar y sobre todo, la tranquilidad y paz que vas a sentir, porque si nada de eso tienes, entonces hay que ver de qué o quién te acompañas. Dime con quién andas, y te diré…….

“No soy digno…”

Lucas 7, 1-10

En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar a la gente, entró en Cafarnaúm. Había allí un oficial romano, que tenía enfermo y a punto de morir a un criado muy querido. 

Cuando le dijeron que Jesús estaba en la ciudad, le envió a algunos de los ancianos de los judíos para rogarle que viniera a curar a su criado. Ellos, al acercarse a Jesús, le rogaban encarecidamente, diciendo: “Merece que le concedas ese favor, pues quiere a nuestro pueblo y hasta nos ha construido una sinagoga”. Jesús se puso en marcha con ellos. 

Cuando ya estaba cerca de la casa, el oficial romano envió unos amigos a decirle: “Señor, no te molestes, porque yo no soy digno de que tú entres en mi casa; por eso ni siquiera me atreví a ir personalmente a verte. Basta con que digas una sola palabra y mi criado quedará sano. Porque yo, aunque soy un subalterno, tengo soldados bajo mis órdenes y le digo a uno: ‘¡Ve!’, y va; a otro: ‘¡Ven!’, y viene; y a mi criado: ‘¡Haz esto!’, y lo hace”.

Al oír esto, Jesús quedó lleno de admiración, y volviéndose hacia la gente que lo seguía, dijo: “Yo les aseguro que ni en Israel he hallado una fe tan grande”. Los enviados regresaron a la casa y encontraron al criado perfectamente sano. 

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Somos muchos los que a veces creemos, que somos tan perfectos, que no necesitamos nada de los demás, y claro, tampoco de Dios, pero también somos otros tantos los que nos sentimos no merecedores de su gracia, nos sentimos impuros, indignos de estar cerca de el y por consiguiente alejados temerosamente de Él.

Otras tantas veces lo imaginamos tan lejos, con una santidad inalcanzable y una pureza tal que tememos contaminarla, en resumidas cuentas, todo lo que huela a Dios creemos que somos indignos, lo malo es que hacemos que los demás lo vean así hiper-inalcanzable.

Nos sentimos no merecedores de las gracias divinas, pero mayormente las exigimos a los que intentan acercarse a Él, no somos capaces de entrar, pero tampoco se lo permitimos a los demás.

Si hablamos en términos de santidad y de estar cerca de Dios, sobre todo en la eucaristía, claro que nadie seríamos dignos, inclusive ni los sacerdotes.

Pero en su infinita gracia y misericordia, demostrando su ternura y cercanía, Él mismo nos ha hecho dignos, no por nuestros méritos, sino por su amor hacia ti.

Y nos invita a no desaprovechar esa oportunidad que procede de su gratuidad, nunca rechazando a nadie, sino incluyendo a todos, a tal grado y con tal confianza que nos dice que no importa de donde vengan, si de Oriente o de Occidente, todos tienen lugar en su mesa, para participar de Él y con Él. Con igual dignidad que Abraham, Isaac y Jacob.

No tienes por que denigrar tu dignidad de Hijo, cuando tienes esa calidad de Padre. Tu ya eres digno, sólo reconócelo y hazlo valer.

“Hasta los extraños son invitados”

Mateo: 15, 21-28

En aquel tiempo, Jesús se retiró a la comarca de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea le salió al encuentro y se puso a gritar: “Señor, hijo de David, ten compasión de mí. Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio”. Jesús no le contestó una sola palabra; pero los discípulos se acercaron y le rogaban: “Atiéndela, porque viene gritando detrás de nosotros”. Él les contestó: “Yo no he sido enviado sino a las ovejas descarriadas de la casa de Israel”.

Ella se acercó entonces a Jesús y, postrada ante él, le dijo: “¡Señor, ayúdame!” Él le respondió: “No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos”.

Pero ella replicó: “Es cierto, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos”. Entonces Jesús le respondió: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas”. Y en aquel mismo instante quedó curada su hija.

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Podría resultar un poco incómodo tratar a extraños de los que no sabemos nada al respecto, como que preferimos desarrollarnos entre aquellos que nos son familiares para sentir seguridad y la confianza de gente ya conocida.

Cuando vamos a una fiesta, esperamos ver rostros con los que estamos familiarizados, y cuando no es así, no digo que sea imposible, pero la estancia no resulta igual.

En el plano de la religiosidad, entablamos relaciones con aquellos que conocemos en el ámbito de la fe, aunque no es garantía de que se haga una amistad confiable, ya es un principio de una relación con algo en común que es la fe.

Para Dios nadie es extraño, y aunque muchos no le conocen, Dios si les conoce y espera que lo identifiquen y le amen con un amor que ya les es profesado desde la eternidad, falta que nosotros nos convenzamos que todos son llamados a la conversión y a retornar a la casa del Padre.

Pareciese que nuestro juicio dicta que todos los malvados y alejados de Dios, aquellos que además se dedican a hacer el mal, serán excluidos del derecho a Dios y con ganancias en la condenación eterna porque se lo merecen según sus obras, pero no, Dios es un Dios que sabe esperar y hacer coincidir todas las circunstancias para que tengan la oportunidad de redimirse, el último que pierde la esperanza es Dios, y digo que la pierde cuando la persona decide condenarse y lo hace, ya que Dios respeta su decisión tomada libremente.

Pero no olvides que todos, inclusive hasta los extraños son invitados, cuanto más nosotros que estamos con el lugar puesto en el banquete para aprovecharlo.