“Confusión intencional”

“Confusión intencional”

Marcos 12, 13-17

En aquel tiempo, mandaron a Jesús unos fariseos y partidarios de Herodes, para cazarlo con una pregunta.

Se acercaron y le dijeron: –Maestro, sabemos que eres sincero y que no te importa de nadie; porque no te fijas en apariencias, sino que enseñas el camino de Dios sinceramente. ¿Es lícito pagar impuesto al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?

Jesús, viendo su hipocresía, les replicó: –¿Por qué intentáis cogerme? Traedme un denario, que lo vea.

Se lo trajeron.

Y él les preguntó: –¿De quién es esta cara y esta inscripción?

Le contestaron: –Del César.

Les replicó: –Lo que es del César pagádselo al César, y lo que es de Dios a Dios.

Se quedaron admirados.

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Una de las cosas que el maligno junto con todos sus partidarios se especializa, es en la mentira, en la confusión, porque de ello se vale al revolver las cosas estratégicamente para engañar; usa la verdad mezclada con la mentira para hacernos caer en sus tramas.

Ya en el mismo evangelio se nos presenta como al mismo Jesús le quisieron sacar una opinión inclinada acorde a las tendencias que ellos deseaban con el tema del pago de impuestos.

Claro que Jesús va un paso, o dos, o tres adelante, reconociendo su intencionalidad y no permitirse caer en dicho juego.

Hoy en Día no es nada extraño encontrar este tipo de situaciones donde se pretende manipular todo, engañar para obtener un beneficio mal habido y mal intencionado. porque los medios se especializan en confundir al transmitir mensajes desvirtuados con tendencias al odio, a negar a Dios, a privilegiar el pecado y presumirlo, a revolver lo divino con lo temporal político, para contrapuntearlos siendo que ambos se complementan, en sus planos específicamente definidos.

En fin el engaño está ala orden del día, sobre todo en tiempos de campañas políticas, y en tiempos de ofertas comerciales, la situación hay que contrarrestarla con una vida que no se permita entrar en ese vértigo, sino que lo vea y asimile con tranquilidad, sin perder la paz y con una actitud fortalecida de oración y sacramentos. Así la sabiduría que viene de Dios nos iluminará ante toda situación y en cada momento para no caer, sino detectar los engaños evitándolos.

“Marionetas del maligno”

Lucas 11, 15-26

En aquel tiempo, habiendo echado Jesús un demonio, algunos de entre la multitud dijeron: —Si echa los demonios, es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios.

Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo. Él, leyendo sus pensamientos, les dijo: —Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino? Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el Reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo, está contra mí; el que no recoge conmigo, desparrama. Cuando un espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por el desierto, buscando un sitio para descansar; pero como no lo encuentra, dice: “Volveré a la casa de donde salí”. Al volver se la encuentra barrida y arreglada. Entonces va a coger otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio.

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Cuando escuchamos acerca del tema sobre la acción y presencia del maligno entre nosotros, como que nos hacemos la idea de que a nosotros no va a pasarnos nada, que son falsas creencias o en su defecto situaciones para fanáticos, así negando su influencia, y a veces parece que no pasa nada, pero ese sentir se da cuando vivimos adormecidos en situaciones permanentes de pecado que nos son ordinarias como el mismo pan de cada día. 

Le facilitamos el trabajo al demonio, porque no necesita trabajar para inducirnos al mal cuando ya vivimos en él, por lo que no tiene necesidad de estrujarnos para renegar de Dios, si con la propia forma de vivir ya lo estamos haciendo.

Para ser un poco más claro, estamos inmersos en sus fauces cuando nos la pasamos odiando a la vida y a toda persona que se nos cruce en el camino, criticando, juzgando, hablando de manera ofensiva, diciendo puras maldiciones cada tres palabras en el léxico ordinario, viviendo un libertinaje sexual sin responsabilidad, al cabo hay preservativos y abortivos; ofendiendo y levantando falsos de los demás por hobbies, atacando a todo lo que huela a Dios y a religión. Podría enumerar más, pero éstos son los más comunes.

Un modelo claro lo tenemos en las famosas redes sociales, ya que cuando una persona publica una ofensa, burla y ataque contra otros, se hace viral, mientras cuando se promueve un excelente mensaje de crecimiento y espiritualidad no es tomado en cuenta y hasta rechazado con vituperaciones. 

Es una medida de cuántas personas débiles y vulnerables espiritualmente son víctimas siendo utilizadas por el maligno para manifestar su odio a todo lo que sea bueno en el mundo. Nos hemos convertido en marionetas del demonio ya que expandimos su odio y el mal como lo más ordinario del mundo.

Aquí es donde Jesús necesita sacar esos demonios que nos manipulan, fortaleza adquirida por la reconciliación, oración y vida sacramental es lo que necesitamos, de tal manera que no te permitas ser una marioneta del chamuco.

“Les será quitado…”

Mateo 21, 33-43


En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: “Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego lo alquiló a unos viñadores y se fue de viaje. 

Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo. 

Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: ‘A mi hijo lo respetarán’. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: ‘Este es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia’. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron. 

Ahora, díganme: cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?” Ellos le respondieron: “Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo”. 

Entonces Jesús les dijo: “¿No han leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable? 

Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos”.

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Las promesas de Dios siempre llegan a buen fin, y las que parecieran juicios temerarios sobre ciertas circunstancias de vida  no aptas para el discernimiento y desarrollo espiritual no son amenazas, ya que encontramos muchas afirmaciones que remarcan la negativa de perder la gracia de Dios.

La cuestión radica no en que Dios mismo sea malo y castigador, eso ni en lo más mínimo se puede concebir, sino que por el contrario, cuando no conocemos, ni nos acercamos a Dios, tenemos una conciencia errónea sobre su ser y sobre sus designios, porque creemos que Dios es muy pero muy bueno, y lo es, pero nos atenemos creyendo que al ser nosotros el principal objeto de su amor, en automático y por su infinita bondad nos salvará indudablemente pasando por alto su justicia.

Eso en ese esquema no es posible, ya que nos pide un mínimo como corresponsables de la misma creación y de nuestras propias vidas y, ahí no depende de la bondad de Dios, sino de la nuestra para con nosotros mismos, si es que deseamos y queremos ser salvos.

Por ello no nos asuste el hecho de que si desatendemos nuestra propia vida íntegramente, es decir, sin hacer a un lado el aspecto espiritual, será un hecho que daremos por perdido eso que nunca en realidad deseamos, por lo que sin lugar a dudas nos será quitado, pero si por el contrario lo cuidas y cultivas constantemente se te dará aún más con creces.

“Sal de él…”

“Sal de él…”

Marcos: 1, 21-28

En aquel tiempo, llegó Jesús a Cafarnaúm y el sábado siguiente fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.
Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: “¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios”. Jesús le ordenó: “¡Cállate y sal de él!” El espíritu inmundo, sacudiendo al hombre con violencia y dando un alarido, salió de él. Todos quedaron estupefactos y se preguntaban: “¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta? Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen”. Y muy pronto se extendió su fama por toda Galilea.

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En ocasiones me doy cuenta que no terminamos de conocer la excelente gama de dones con los que hemos sido bendecidos y con los que podemos de una manera tan autónoma desarrollarnos, crecemos con el autoconocimiento velado a tal grado de esperar que los demás sean los que nos den el visto bueno y la aprobación para sentirnos importantes y tomados en cuenta.

Ante esta creciente necesidad optamos por permitir que otros sean nuestros modelos y ejemplos a seguir, ocasión que el maligno no desaprovecha y en la que el mismo se presenta como la mejor opción, ante una escándalo publicitario que se desborda e impacta de manera espectacular en las mentes vulnerables y débiles. 

Es entonces, aunque no enteramente que nos hace suyos, pero sí tomamos posturas en las que tiene total domino, aquellas que nos parecen tan normales como si fueran lo ordinario, y como el maligno conoce todas nuestras humanas debilidades, se prende de ellas y las explota en serie, haciendo notar que entre el común de las almas eso es lo más normal y que es parte de la humana condición, lo cual es falso. 

Entre ellas la envidia, la soberbia, vanidad, la maledicencia, la mentira, y otras más que en realidad son demonios que nos tienen dominados cuando reincidimos en ellas cíclicamente sin poder cambiar. Es entonces donde necesitamos acercamos a Jesús para que nos diga “sal de él”, porque en realidad necesitamos ser liberados de esas esclavitudes, que se revelan violentamente con un escándalo mayor para desviar la atención y permanecer de una manera crónica y degenerativa.

Iniciar con una oración ayuda fuertemente, pero si es constante mucho mejor, porque la misma nos protegerá de cualquier daño que venga de fuera y sostendrá en la lucha.

“Cuando el pesimismo domina”

“Cuando el pesimismo domina”

Juan: 1, 45-51

En aquel tiempo, Felipe se encontró con Natanael y le dijo: “Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en la ley y también los profetas. Es Jesús de Nazaret, el hijo de José”. Natanael replicó: “¿Acaso puede salir de Nazaret algo bueno?” Felipe le contestó: “Ven y lo verás”.

Cuando Jesús vio que Natanael se acercaba, dijo: “Éste es un verdadero israelita en el que no hay doblez”. Natanael le preguntó: “¿De dónde me conoces?” Jesús le respondió: “Antes de que Felipe te llamara, te vi cuando estabas debajo de la higuera”. Respondió Natanael: “Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel”. Jesús le contestó: “Tú crees, porque te he dicho que te vi debajo de la higuera. Mayores cosas has de ver”. Después añadió: “Yo les aseguro que verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”.

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Es estar tristes, deprimidos, así como sin iniciativas, no está en el plan de vida de ninguna persona, sin embargo, cuando una persona se comporta de esa manera, después de una batalla no exitosa, se cae en el pesimismo.

Sin embargo debemos de abstenernos de juzgar a quienes están en esa situación, ya que en realidad no sabemos el proceso de vida que han tenido para innecesariamente tener que caer en esa actitud, por que de una cosa estoy seguro: “Ellos no pidieron ser así”, ni tampoco fue una alegre lección de vida, sino que una inevitable y a veces inconsciente forma negativa, problematizada y forzada de vida, de la que en su entorno no tenían ni las opciones, ni las capacidades de salir.

Por ello nadie pide ser una mala persona, y si alguien ha decidido conscientemente ser así, es porque no conoce otra opción, ya que eso fue lo que aprendió y no sabe ser de otra manera, porque da pánico vivir una forma de vida que no se conoce, esa es la razón por la que permanecen ahí, en el dolor, en el pesimismo.

Sin embargo, Jesús invita precisamente con la confianza y su amistad, proveyendo aquello que les falta para dar ese paso tan crucial e importante en nuestra vida. Por ello propone animarnos a conocer más y mejores cosas que no existían dentro del entorno donde crecimos, ya que mayores cosas hemos de ver, pero para ello hay que animarnos a verlo. Superar los miedos, no permitir permanecer inertes, sobre todo cuando el pesimismo domina.

“Furiosos contra el Bien”

“Furiosos contra el Bien”

Lucas 6, 6-11

Un sábado, entró Jesús en la sinagoga a enseñar. Había allí un hombre que tenía parálisis en el brazo derecho. Los letrados y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo. Pero él, sabiendo lo que pensaban, dijo al hombre del brazo paralítico: —Levántate y ponte ahí en medio.

El se levantó y se quedó en pie. Jesús les dijo: —Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer el bien o el mal, salvar a uno o dejarlo morir?

Y, echando en torno una mirada a todos, le dijo al hombre: —Extiende el brazo.

El lo hizo, y su brazo quedó restablecido. Ellos se pusieron furiosos y discutían qué había que hacer con Jesús.

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Es un deseo permanente que en la vida nos vaya bien a nosotros y a los demás, para instaurar un orden común com miras al crecimiento, tanto personal como colectivo porque todos salimos ganando.

Sin embargo a pesar del ideal, encontramos la cruda realidad en la que vemos que el sufrimiento y el dolor se hacen presentes por doquier en todas la etapas de la vida. Ciertamente el plan de Dios es hacernos felices ya desde ésta vida, pero nuestra humana debilidad fracturada por las insidias del maligno hacen mella si no es en un lado, lo es en el otro, el hecho es que nadie se escapa.

Desgraciadamente aún las personas mejor posicionadas y no se diga las que viven en la miseria, suelen reaccionar idénticamente con una inconformidad ante todo que ralla en un divorcio con la propia vida, tienen un odio nativo engendrado y alimentado desde el interior que suele salir a relucirse en todas las oportunidades que sean posibles durante el día. 

Todo aquel que no tiene paz, que no sabe perdonar, que no está reconciliado consigo mismo y con el mundo, será incapaz de dar una muy buena opinión de la belleza que se le presente al frente. Les duele todo y claro, con el orgullo a todo lo que da, a eso aunada la envidia, forman el complemento perfecto para la infelicidad, tanto personal como con los que se le crucen en el camino. 

Es por ello que se ponen furiosos contra el bien, no lo toleran, su inestabilidad emocional dañada por el dolor, les impide tener una opinión distinta a la vivida en su momento, ya que como así lo sienten, piensan que es real. 

Mientras más grande sea el bien, mayor reacción negativa tendrán aquellos que no quieren salir de este estado de trance, inducido por el maligno y adoptado por nosotros. Es una lucha constante, pero siempre victoriosa si permites entrar al Señor en tu vida y dejarlo obrar para que sane eso que no podemos perdonar y perdonarnos. Entonces invertirás la furia, porque ahora será una furia contra el mal, pero controlada por la caridad.

“El mal tiene un origen sencillo en nosotros”

“El mal tiene un origen sencillo en nosotros”

Mateo: 5, 27-32

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Han oído que se dijo a los antiguos: No cometerás adulterio. Pero yo les digo que quien mire con malos deseos a una mujer, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Por eso, si tu ojo derecho es para ti ocasión de pecado, arráncatelo y tíralo lejos, porque más te vale perder una parte de tu cuerpo y no que todo él sea arrojado al lugar de castigo.
Y si tu mano derecha es para ti ocasión de pecado, córtatela y arrójala lejos de ti, porque más te vale perder una parte de tu cuerpo y no que todo él sea arrojado al lugar de castigo.
También se dijo antes: El que se divorcie, que le dé a su mujer un certificado de divorcio. Pero yo les digo que el que se divorcia, salvo el caso de que vivan en unión ilegítima, expone a su mujer al adulterio, y el que se casa con una divorciada comete adulterio”.

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Pareciese un radicalismo exagerado en materia moral, el hecho de que se nos diga que con tan sólo una mala intención mental sobre alguna persona o algún bien material, ya pecamos como si se hubiera consumado el acto, y aún más cuando éste corresponde  en en la temática sexual.

No se trata de un puritanismo oficial, ya que de igual manera puede rayar en lo insano cuando se obsesiona la persona en una negación de todo lo que implique la genitalidad, pero en realidad afirmado una sexualidad permanentemente aún en abstinencia, pero mentalmente adictiva, lo que viene a ser una anorexia sexual, sin actos, pero con la mente saturada negativamente de sexo.

Por algo se remarca que ni las malas intenciones se queden en nuestra mente y corazón, porque resultan en la fijación mental que poco a poco se va desarrollando, en cambio cuando se rechaza, se procura una salud mental y por ende en la física. 

El mal nunca llega de repente, al igual que la enfermedad, tiene un proceso de descuido hasta que evoluciona dominando nuestro ser, tanto corporal como mental. Es por ello que el mal de igual manera tiene un origen sencillo en nosotros, lo malo es cuando pensamos que es inocente y de manera piadosa, pero por ahí comienza, y empeora sin percibirlo cuando lo alimentamos ya de manera natural.

Jesús pretende una salud total preventiva, por ello recomienda no aceptar ni tan sólo las malas intenciones, porque dejan secuela. Ya de nosotros depende el cuidarnos o el contraer la enfermedad de la permisividad, que al final llega a ser crónica, degenerativa y mortal.

“La gente de este tiempo es una gente perversa”

“La gente de este tiempo es una gente perversa”

Lucas: 11, 29-32

En aquel tiempo, la multitud se apiñaba alrededor de Jesús y éste comenzó a decirles: “La gente de este tiempo es una gente perversa. Pide una señal, pero no se le dará más señal que la de Jonás. Pues así como Jonás fue una señal para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para la gente de este tiempo.

Cuando sean juzgados los hombres de este tiempo, la reina del sur se levantará el día del juicio para condenarlos, porque ella vino desde los últimos rincones de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada la gente de este tiempo, los hombres de Nínive se levantarán el día del juicio para condenarla, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás”.

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Desde que me acuerdo y me dicen que se acuerdan, he escuchado por doquier, que estos tiempos son tiempos muy cambiados, muy difíciles, cuando el mismo Jesús lo remarca ya en su tiempo.

Todo cambio implica una crisis ante la novedad, despegarse de lo antiguo nunca ha sido fácil, hasta para tirar un suéter viejo nos cuesta, cuanto no más los nuevos paradigmas de los tiempos que se van presentando, más bien conocidos como épocas.

Pero en realidad los cambios son llevaderos, la adaptación aunque cuesta se da sólo con un poco de dolor mientras pasa la transición. Lo malo es que en realidad lo más duro creo que, como Jesús lo remarca es encontrarte con gente perversa, no necesariamente tienen que ser maniacos o asesinos en serie, a esos se les nota y expresan su postura sin tapujos.

De los que si debemos de tener cuidado son de aquellos que aparentan dulzura, nobleza y amabilidad; esos si manipulan la situación perversamente con cara de buenas gentes, esos los tenemos cerca, esos cuando pueden y se presta la ocasión no se la piensan para dañarte.

Claro también entre ellos realmente encontramos la gente buena y sincera, nada que decir de ellos, mas que su mérito por conservarse así. Usualmente viven en situaciones de pecado, que cuando mencionas o insinúas su falta, se sienten ofendidos e intachables, su herramienta de defensa es el ataque verbal, y el desprestigio ajeno, pisoteando al otro para mantener su situación.

Sin embargo señales de pecado notorias, así como de invitación a la gracia, las encontramos por doquier, tan evidentes que hasta los animales las notan con su agrado o rechazo.

Pero la gente malvada ante Jesús se defiende pidiendo una señal, por ello Jesús remarca: “perversa” que ante su presencia son capaces de negarlo y pedirle signos viendo su obra completa.

Por eso los deja solos con su ceguera voluntaria, donde las señales seguirán siendo claras, “como la de Jonas” pero si las rechazan, ya es responsabilidad de ellos. Cualquiera con una pizca de sentido común los podrá enjuiciar, como aquellos que reconocieron la evidencia de las obras de Dios, como la reina de Saba, que era no creyente y lo reconoció en la sabiduría de Salomón; aunque no dudo que estas personas, aunque les expliquen los signos claros, sigan defendiendo su ceguera.

La invitación es a retirarte de esa gente falsa y perversa, o en el peor de los casos, a no ser una de esas personas. No es rechazo, no hacerlo con indiferencia, sino con los buenos días bien dados en la caridad, pero sin seguirles el juego.

“Cegueras selectivas”

“Cegueras selectivas”

Juan: 9, 1-41

En aquel tiempo, Jesús vio al pasar a un ciego de nacimiento, y sus discípulos le preguntaron: “Maestro, ¿quién pecó para que éste naciera ciego, él o sus padres?” Jesús respondió: “Ni él pecó, ni tampoco sus padres. Nació así para que en él se manifestaran las obras de Dios. Es necesario que yo haga las obras del que me envió, mientras es de día, porque luego llega la noche y ya nadie puede trabajar. Mientras esté en el mundo, yo soy la luz del mundo”.

Dicho esto, escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, se lo puso en los ojos al ciego y le dijo: “Ve a lavarte en la piscina de Siloé” (que significa ‘Enviado’). Él fue, se lavó y volvió con vista.

Entonces los vecinos y los que lo habían visto antes pidiendo limosna, preguntaban: “¿No es éste el que se sentaba a pedir limosna?” Unos decían: “Es el mismo”. Otros: “No es él, sino que se le parece”. Pero él decía: “Yo soy”. Y le preguntaban: “Entonces, ¿cómo se te abrieron los ojos?” Él les respondió: “El hombre que se llama Jesús hizo lodo, me lo puso en los ojos y me dijo: ‘Ve a Siloé y lávate’. Entonces fui, me lavé y comencé a ver”. Le preguntaron: “¿En dónde está él?” Les contestó: “No lo sé”.

Llevaron entonces ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día en que Jesús hizo lodo y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaron cómo había adquirido la vista. Él les contestó: “Me puso lodo en los ojos, me lavé y veo”. Algunos de los fariseos comentaban: “Ese hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado”. Otros replicaban: “¿Cómo puede un pecador hacer semejantes prodigios?” Y había división entre ellos. Entonces volvieron a preguntarle al ciego: “Y tú, ¿qué piensas del que te abrió los ojos?” Él les contestó: “Que es un profeta”.

Pero los judíos no creyeron que aquel hombre, que había sido ciego, hubiera recobrado la vista. Llamaron, pues, a sus padres y les preguntaron: “¿Es éste su hijo, del que ustedes dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?” Sus padres contestaron: “Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego. Cómo es que ahora veo quién le haya dado la vista, no lo sabemos. Pregúntenselo a él; ya tiene edad suficiente y responderá por sí mismo”. Los padres del que había sido ciego dijeron esto por miedo a los judíos, porque éstos ya habían convenido en expulsar de la sinagoga a quien reconociera a Jesús como el Mesías. Por eso sus padres dijeron: ‘Ya tiene edad; pregúntenle a él’.

Llamaron de nuevo al que había sido ciego y le dijeron: “Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es pecador”. Contestó él: “Si es pecador, yo no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo”. Le preguntaron otra vez: “¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?” Les contestó: “Ya se lo dije a ustedes y no me han dado crédito. ¿Para qué quieren oírlo otra vez? ¿Acaso también ustedes quieren hacerse discípulos suyos?” Entonces ellos lo llenaron de insultos y le dijeron: “Discípulo de ése lo serás tú. Nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios. Pero ése, no sabemos de dónde viene”.

Replicó aquel hombre: “Es curioso que ustedes no sepan de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero al que lo teme y hace su voluntad, a ése sí lo escucha. Jamás se había oído decir que alguien abriera los ojos a un ciego de nacimiento. Si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder”. Le replicaron: “Tú eres puro pecado desde que naciste, ¿cómo pretendes darnos lecciones?” Y lo echaron fuera.

Supo Jesús que lo habían echado fuera, y cuando lo encontró, le dijo: “¿Crees tú en el Hijo del hombre?” Él contestó: “¿Y quién es, Señor, para que yo crea en él?” Jesús le dijo: “Ya lo has visto; el que está hablando contigo, ése es”. Él dijo: “Creo, Señor”. Y postrándose, lo adoró.

Entonces le dijo Jesús: “Yo he venido a este mundo para que se definan los campos: para que los ciegos vean, y los que ven queden ciegos”. Al oír esto, algunos fariseos que estaban con él le preguntaron: “¿Entonces, también nosotros estamos ciegos?” Jesús les contestó: “Si estuvieran ciegos, no tendrían pecado; pero como dicen que ven, siguen en su pecado”.

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Cuantas bendiciones recibimos desde que fuimos concebidos hasta el día de hoy, y cuántas de ellas aún no somos conscientes de ellas, además de las que hemos desarrollado y las que potencialmente están ahí en germen esperando las retomemos y hagamos crecer.

Dones como el de la vista, que aunque resulta ordinario, es un don extraordinario y vital para nosotros. Sin embargo podemos canalizarlo de muchas maneras, ya que sabemos que buena parte de cuanto aprendemos del exterior, entra por el sentido dela vista, pero aunque tenemos la capacidad de ver todo lo que la luz refleja, vamos descartando lo que en algún momento no es grato o lo que nos incomoda, ya sea por gusto o por decisión personal.

Sin embargo hay situaciones que obsesivamente recurrimos a mirarlas y a alimentarlas  aunque su contenido no sea bueno, y es que cuando alimentamos nuestro ser con cosas que a la vista son pecaminosas, que nos quitan la paz, que se vuelven morbo, luego dependencia y luego necesidad como si fuera lo ordinario, vamos descartando las buenas  cosas que ocurren a nuestro lado y que de plano ya no alcanzamos a ver.

El alimentar el orgullo, la vanidad, el egoísmo, el creernos buenos cuando no hacemos ninguna obra para ratificarlo, hace que la ceguera llegue a su tope y la impongamos a los demás. Es cuando nuestras Cegueras colectivas, las hacemos selectivas y pasamos de largo cuanta oportunidad nos invite a santificarnos, ya solamente vemos lo que queremos ver, ahora le llamamos gusto, pero en realidad es una limitante, es una ceguera que hoy el Señor Jesús nos invita a sanar, porque se puede, y este tiempo especial de gracia cuaresmal nos otorga el don, pero hay que disponer el corazón para conocerlo, aceptarlo y amarlo, como ese ciego que no lo conocía, pero que viéndolo no duda en hacerlo suyo.

“Sin la fe…”

“Sin la fe…”

Lucas 17, 1-6

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: Es inevitable que sucedan escándalos; pero ¡ay del que los provoca! Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le encajaran en el cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar. Tened cuidado. Si tu hermano te ofende, repréndelo; si se arrepiente, perdónalo; si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: «lo siento» , lo perdonarás. Los apóstoles le pidieron al Señor: Auméntanos la fe. El Señor contestó: Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a ese árbol: «Arráncate de raíz y plántate en el mar» , y os obedecería.

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Pareciese que la fe es una opción a elegir o descartar en cualquier momento, y que depende del estado de ánimo o necesidad urgente que nos acontezca, por lo que se desconocen todos aquellos dones que complementa en nuestra vida.

Sin la fe, es muy probable que caigas en la desesperanza ante todo lo que acontece, la tristeza deja de ser pasajera para echar raíces hasta enfermar a la persona en depresión; la confianza se ve mermada y se manifiesta dudosa en toda relación personal, y ante tal cuadro la caridad es imposible de realizarse, tornando a la persona en un egocentrismo del que parece imposible salir sin ayuda ajena y ante la cual se le rechaza.

Sin la fe, es muy probable que no puedas perdonar, porque el dolor invade profundamente los miedos y las debilidades de las que adolecemos, las cuales sin la virtud se refuerzan negativamente.

Sin la fe, utilizamos el recurso del escándalo, porque no tenemos la paz necesaria para manejar las situaciones que nos rebasan, por ello hacemos los problemas más grandes e involucramos a los demás, ya que solos nos es imposible arreglarlos.

Sin la fe, no podemos abrirnos al Don del Espíritu Santo que ilumina nuestras vidas y nos hace comprender la profundidad de su palabra.

Por ello, sin la fe, desatamos como vida ordinaria un infierno al que llamamos vida personal y privada, que deseamos imponer a los demás. Conviene tener un poquito de fe, porque con ella, nada se te traba, a tal grado como dice el evangelio de pedir a un árbol que se arranque de raíz y que se plante en el mar, parece absurdo pero hasta allá puede llegar.