“Más informados, más certeros”

“Más informados, más certeros”

Marcos 12, 18-27

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús saduceos, de los que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron: —Maestro, Moisés nos dejó escrito: «Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero no hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano». Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos; el segundo se casó con la viuda y murió también sin hijos; lo mismo el tercero; y ninguno de los siete dejó hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección y vuelvan a la vida, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete han estado casados con ella.

Jesús les respondió: —Estáis equivocados, porque no entendéis la Escritura ni el poder de Dios. Cuando resuciten, ni los hombres ni las mujeres se casarán; serán como ángeles del cielo. Y a propósito de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: «Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de lsaac, el Dios de Jacob»? No es Dios de muertos, sino de vivos. Estáis muy equivocados.

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La cuestión del manejo de la información es muy delicado, sobre todo cuando el principio fundamental que debemos seguir ante éste rubro debe ser siempre la verdad. De suyo, no por nada se inventó el estudio, que lo que hace es profundizar en lo mayormente posible en la verdad de cada una de las cosas, las personas y las situaciones.

Pero los tiempos actuales no dan tiempo para ello, estamos mal impuestos a ya no investigar en indagar en la verdad misma, estamos sobre-informados con millones de datos accesibles en línea, pero sin la capacidad de discernimiento para identificar los que son auténticos de buena fuente. 

Ya en el mismo evangelio se presenta esta situación, en éste caso no por sobreinformación, sino por la falta de la misma, que al final el resultado es el mismo, no se entienden las cosas o se mal interpretan y en este caso en la verdad divina.

Lo mismo nos sucede si realmente no indagamos en la verdad para despejar las auténticas dudas, tan lógicas y buenas porque mueven al estudio, pero si nos quedamos en lo mínimo, adoptando la primera fuente informativa no reconocida como tal, nuestros conceptos serán erróneos y ellos serán los que guíen nuestra vida.

Es por ello que mientras más bien y certeramente estemos informados, mayor ventaja tendremos ante una mala manipulación de la verdad y por ende de nuestras vidas, que en realidad nos afecta en lo personal y en nuestro entorno. No hay como dedicar un tiempo a leer y estudiar, para estimular nuestra sana inteligencia y no esperar que en un video corto nos presente las cosas digeridas y con tendencias sospechosas.

“Abismos”

“Abismos”

Marcos 12, 28-34

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: –«¿Qué mandamiento es el primero de todos?»

Respondió Jesús: –El primero es: «Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser». El segundo es éste: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». No hay mandamiento mayor que éstos.

El escriba replicó: –«Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».

Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: –«No estás lejos del reino de Dios».

Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

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Nuestra mente en medio de una sociedad tan cargada de imágenes, normas, situaciones y estilos diversos de vida, tiende a reconocer y maravillarse de la belleza así como de la verdad en sí misma, tendemos a identificarnos con esquemas de pensamiento incluso a veces radicales, amamos la poesía, la literatura, la música y su letras, pero creo que es ahí hasta donde llegamos.

El siguiente paso sería conformar nuestra vida en base al pensamiento que llevamos, pero resulta que nos hemos convertido en activistas, es decir, una clase en extinción que sólo revuelve las cosas con escándalos, pero que no se compromete en serio con ello en su vida.

Aquí es donde surgen esos abismos, entre la realidad y el ideal pensamiento, entre la verdad y su aplicación concreta a la vida. Ya parece que es normal salir con una cara y actitud, para al retorno retomar la que en realidad somos. Damos una muy buena imagen con nuestros grupos de convergencia y aceptación ideológica, a veces por hobbie o diversión, pero no hay un compromiso íntegro con ellos, sino que eso sólo es etéreo y circunstancial.

No se diga con el mandamiento del amor, a todos les parece una maravilla y es aceptado en todos los niveles de la humanidad, según con concepción. Pero del amor al amar, ahí si que existe un enorme abismo, digno de mención pero no de valentía para cruzarlo.

Es por ello que es muy importante ir tapando esos abismos en los que al final caemos sin piedad, basta con iniciar aceptando nuestra vida, la de los demás y convergerla con la realidad, eso es el amor concreto y claro, pero si lo deseamos ideal, jamás lo veremos porque ese no existe y al no encontrarlo, seremos como aquellos con los que termina éste evangelio: Nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

“Éste enseñar con autoridad, es nuevo”

“Éste enseñar con autoridad, es nuevo”

Marcos 1, 21-28

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos entraron en Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad. Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios». Jesús lo increpó: «Cállate y sal de él». El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos: «¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen». Su fama se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

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Los modelos educativos varían bastante de región en región, no se diga así entre fronteras, aún en los mismos centros educacionales de la misma denominación varía. Y es que además del Alma Mater que es inculcado en las casas de estudio, con el cual tendemos ordinariamente a identificarnos como es evidente, existen variantes en la misma enseñanzas, ya que cada persona utiliza una pedagogía general pero a su vez muy particular, según sea la persona.

Podemos distinguir entre enseñanzas comunes como lo haría cualquier maestro, ya que la relación docente – alumno es en gran parte un compromiso remunerado, el cual no genera ninguna obligación de relación personal y por ende ningún vinculo que perdure posteriormente.

Sin embargo encontramos una marcada diferencia con las enseñanzas de Jesús, ya que aquellos que lo escuchan tan libre y voluntariamente, llegan a obtener una relación tan personal y directa que ya no implica un alumnado, sino el tan digno título de llegar a ser su discípulo, aquel que sigue, conoce, aprende y ama a su maestro, ya que el ideal es poder llegar a ser como él.

Es esa es la pequeña diferencia que perciben aquellos que lo escuchan ya que su palabra a su vez los transforma con la misma gracia de Dios porque es alimento. Además de que lo que predica esta respaldado por los mismos hechos tangibles de su propia vida, no habla de sabiendas, sino de sus hechos y sus obras buenas consumadas.

Es por ello que ése modo de enseñar, es con autoridad basada en su vida y en la caridad con la que lo expresa, incluso hoy en día sigue siendo nuevo porque no se aplica de la misma manera, pero el modelo lo tenemos así como la oportunidad para realizarlo, sólo falta la decisión para hacerlo.

“¿No entienden esta parábola?”

“¿No entienden esta parábola?”

Marcos 4, 1-20

En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al lago. Acudió un gentío tan enorme, que tuvo que subirse a una barca; se sentó y el gentío se quedó en la orilla. Les enseñó mucho rato con parábolas, como él solía enseñar: —Escuchad: Salió el sembrador a sembrar; al sembrar, algo cayó al borde del camino, vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y, por falta de raíz, se secó. Otro poco cayó entre zarzas; las zarzas crecieron, lo ahogaron y no dio grano. El resto cayó en tierra buena; nació, creció y dio grano; y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno.

Y añadió: —El que tenga oídos para oir que oiga.

Cuando se quedó solo, los que estaban alrededor y los Doce le preguntaban el sentido de las parábolas. El les dijo: —A vosotros se os han comunicado los secretos del reino de Dios; en cambio a los de fuera todo se les presenta en parábolas, para que «por más que miren, no vean, por más que oigan, no entiendan, no sea que se conviertan y los perdone».

Y añadió: —¿No entendéis esta parábola? ¿Pues cómo vais a entender las demás? El sembrador siembra la palabra. Hay unos que están al borde del camino donde se siembra la palabra; pero en cuanto la escuchan, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos. Hay otros que reciben la simiente como terreno pedregoso, al escucharla la acogen con alegría, pero no tienen raíces, son inconstantes, y cuando viene una dificultad o persecución por la Palabra, enseguida sucumben. Hay otros que reciben la simiente entre zarzas, éstos son los que escuchan la Palabra, pero los afanes de la vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los invaden, ahogan la Palabra, y se queda estéril. Los otros son los que reciben la simiente en tierra buena escuchan la Palabra, la aceptan y dan una cosecha del treinta o del sesenta o del ciento por uno.

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Dentro de la pedagogía divina, ante su inmensurable sabiduría, Dios es tan simple y sencillo, que ante nuestras propias complicaciones y logísticas mentales, se afianza en darse a conocer, así como sus planes sobre nosotros, de la mejor manera posible y asimilable, es por ello que en vez de dar clases de Teología profunda, lo hace con las sencillas parábolas.

Sin embargo, acontece que en ocasiones ni eso se entiende, pero no por la pedagogía divina, sino por la misma distracción humana que proviene de nuestros cansancios así como nuestras voluntades deseando un especifico resultado.

Cuando es por cansancio, es comprensible que la asimilación se de lenta aunque los conceptos sean claros, y en su momento la solución tan sólo requiere la atención.

Pero cuando el entendimiento requiere de la voluntad, entonces se torna selectivo, y por ende inmaduro, ya que se decide entender lo que conviene y lo que no compromete, aquí en este caso no se le llama distracción, sino necedad, al no aceptar la realidad tal cual, si no es acorde a mi deseo final. El caso es que se sufre menos si se acepta la realidad.

“Reconociendo el plan de Dios”


Lucas 7, 24-30 

Cuando se marcharon los mensajeros de Juan, Jesús se puso a hablar a la gente acerca de Juan: —«¿Qué salisteis a contemplar en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? ¿O qué salisteis a ver? ¿Un hombre vestido con lujo? Los que se visten fastuosamente y viven entre placeres están en los palacios. Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Él es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti para que prepare el camino ante ti.” Os digo que entre los nacidos de mujer nadie es más grande que Juan. Aunque el más pequeño en el reino de Dios es más grande que él.» Al oírlo, toda la gente, incluso los publicanos, que hablan recibido el bautismo de Juan, bendijeron a Dios. Pero los fariseos y los maestros de la ley, que no habían aceptado su bautismo, frustraron el designio de Dios para con ellos. ______________________
No es tan fácil introducirnos en el misterio de Dios, y no porque esté oculto, sino porque implica de base la voluntad y la fe que reconoce con una certeza moral su presencia y existencia. Cosa que no cualquiera está dispuesto a conocer, ya que el mundo con todo lo inminente nos cautiva y no como algo negativo, sino como una seguridad que nos brinda el agarrarnos de algo palpable que podamos experimentar y poseer en el aquí y el ahora.
Sin embargo una de las actitudes de Jesús es la de anunciar el Reino, por lo que todo aquello que refleja el cumplimiento de las promesas mesiánicas, es necesario hacerlo evidente para que la gente vea que es real la salvación.
No es la excepción que el mismo Jesús reconozca a Juan Bautista y lo acredite como lo que es, el que prepara el camino del Señor, como ya había sido profetizado. Por lo que es necesario evidenciar lo evidente, reconocer el mismo plan de Dios, porque tan distraídos estamos materialmente con las cosas del mundo, que olvidamos verlo y aceptarlo.

Por ello, es muy necesario anunciar, proclamar, extrovertir, aunque nos tachen de locos, la gran misericordia y el amor de Dios al enviarnos a su Hijo, ya que necesario siempre va a ser en nuestras vidas, pero lo complementan aquellos que aceptan y reconocen esa grandeza en las pequeñas cosas que el mismo Dios hace para permanecer entre nosotros.

“Ante dudas, pruebas”

Lucas 7, 19-23

En aquel tiempo, Juan envió a dos de sus discípulos a preguntar a Jesús: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?” Cuando llegaron a donde estaba Jesús, le dijeron: “Juan el Bautista nos ha mandado a preguntarte si eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro”. 

En aquel momento, Jesús curó a muchos de varias enfermedades y dolencias y de espíritus malignos, y a muchos ciegos les concedió la vista. Después contestó a los enviados: “Vayan a contarle a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Dichoso el que no se escandalice de mí”. 

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Es muy eficaz una explicación que demuestre aquello que disipa la duda, dándose en su momento una satisfacción que sacia el intelecto de conocer algo nuevo y comprobarlo. La metodología puede ser teórica, práctica, vivencial, narrativa, imaginativa y testimonial entre otras. Cada quien utiliza la que mayormente le facilite la asimilación aunque sistemáticamente utilizamos el método de aprendizaje tanto inductivo como deductivo. Curiosamente lo estandarizamos de tal manera que llegamos a optar por que todo conocimiento adquirido pase por los mismos y a veces no aplica como tal.

Entonces vienen las dudas, esa que no dejan de oscilar en nuestra mente de vez en cuando y que a su vez nos hacen reaccionar; cosa nada buena, porque de suyo la regla principal siempre será: “Ante la duda, es mejor no obrar”, pero por lo general se hace caso omiso y la duda la utilizamos como un elemento a proclamarlo mezclado con la crisis que conlleva de manera externa y por ende tratando de que la duda de lo que sea se implante como tal en los demás sin querer conocer la verdad al respecto, a veces usado sistemáticamente como tema común y compartiendo una crisis comunitaria entre los que adolecen de ello.

Jesús se arriesga a demostrar sí es el que se espera, el que habrá de venir, con los hechos, y digo que es un riesgo porque a lo mejor no alcanzan a descubrir quién es Jesús, pudiendo confundirlo con un curandero mágico, o con todo lo que se imaginen según su idiosincracia.

Sin embargo Jesús no quiere ufanarse de su ser, sabiendo que sí es el Mesías, no lo proclama a los cuatro vientos pidiendo un reconocimiento enfermizo, fanático y adictivo a Él. Por el contrario, lo demuestra con hechos concretos que vienen de la Gracia y Poder de Dios, para confirmar su ser y no tan sólo platicarlo.

Al Igual nosotros, más que estudiar una teología profunda, para iniciar a reconocerlo y conocerlo más de cerca, hay que ver de cerca los milagros que acontecen diariamente, desde al despertar, hasta poder respirar sin que nos haga falta el aire y miles de detalles más en los que se manifiesta, una vez identificado, puedes disipar tus dudas con el estudio eclesiástico teológico y así descubrir las pruebas que a un tiro de piedra las puedes encontrar.

“Que no se nos embote la mente”

Lucas 21, 34-36 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y la preocupación del dinero, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir, y manteneos en pie ante el Hijo del Hombre». 

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Una de las advertencias más claras que nos hace Jesús, es la de tener mucho cuidado con los agentes externos que pueden en su momento debilitar las fortalezas, sobre todo aquellas que nos quitan la paz, concretamente lo expresa con los medios de su tiempo, es decir los vicios, la bebida, las ambiciones, etc. 

Hoy en día existes muchas cosas mas que pretenden hacernos perder la paz, mantenernos con la mente cansada y en total dependencia, vivimos saboteados y saturados de ruidos, música, televisión, en fin, todos los medios electrónicos que lo único que hacen es distraernos para jamás poder hacer ponderadamente decisiones sabias a futuro o de manera necesaria e inmediata. 

Es por ello que se nos invita a saber guardar una prudente distancia de todos ellos, con un uso ponderado y responsable, para no caer en dependencia, pero sobre todo tener una mente libre y descansada, que sepa discernir en su momento lo mejor y no sea víctima de las prisas y decisiones arrebatadas. 

Esto se hace guardando los tiempos necesarios para la propia reflexión, la oración, el agradecimiento a Dios, los sacramentos, cosas dispuestas en el tiempo que se pueden realizar, pero si las consideramos inútiles e inalcanzables, será un signo claro de que la mente ya está embotada, tan saturada que no da cabida a aquello que la beneficia.

La vida acelerada conlleva la superficialidad y el dolor impresos en un mismo andar. Busquemos esos tiempos que se convierten en sagrados y benéficos para tu salud tanto física como mental, donde no se te garantiza que no puedas equivocarte, pero donde las soluciones serán mas visibles, accesibles a la mano porque ahí están, sólo falta liberar la mente para verlas.

“Ver lo imperceptible”

Lucas 12, 54-59

En aquel tiempo, decía Jesús a la gente: «Cuando veis subir una nube por el poniente, decís enseguida: “Chaparrón tenemos”, y así sucede. Cuando sopla el sur decís: “Va a hacer bochorno”, y lo hace. Hipócritas: si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer? Cuando te diriges al tribunal con el que te pone pleito, haz lo posible por llegar a un acuerdo con él, mientras vais de camino; no sea que te arrastre ante el juez y el juez te entregue al guardia, y el guardia te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues el último céntimo».

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En general somos muy buenos para presuponer e interpretar lo que vemos a simple vista, a eso lo llamamos primera impresión, sin embargo deberíamos de tener en cuenta que no basta para dar una opinión certera si en realidad no conocemos de lo que opinamos a fondo.

Las conclusiones no dejan de llegar a nuestra mente para posteriormente asentarlo como cierto o real, quedando como una afirmación procesada y aceptada, aunque en sí mismo no tenga fundamento ni referencias palpables para afirmarlo.

Para ese tipo de percepciones estamos atentos por doquier, pero se nos dificulta ver a Dios a través de los signos palpables y evidentes, le reconocemos en teoría para negarlo o afirmarlo, pero en realidad da miedo verlo directamente, un miedo ancestral que desde el antiguo testamento de la Biblia está reflejado (Ex. 33 18ss), era algo que no se podía tolerar, pero que en realidad refleja el temor a ser conscientes de nuestras faltas ante la santidad en pleno.

Sin embargo Dios hace notar su presencia de múltiples maneras, dejando rasgos de su poder y bondad, capacidad tenemos para ello, aunque le cambiamos la identidad llamándolo suerte, circunstancias, coincidencias, destino, etc… 

Se nos invita a ver lo imperceptible, que dejemos la mala imposición a reconocer tan sólo lo fisicamente palpable, todo lo que tiene materia, y que alcancemos a ver al que une y define cada átomo sosteniendo la forma física que ves. Entonces conocerlo y amarlo.

“¿Qué tan lejos puedes ver?”

“¿Qué tan lejos puedes ver?”

Lucas 6, 39-42

En aquel tiempo, ponía Jesús a sus discípulos esta comparación: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? Un discípulo no es más que su maestro, si bien cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: «hermano, déjame que te saque la mota del ojo, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano».

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Al respecto de la visibilidad podemos tomarla en tres vertientes, la primera: tal cual la reportan los meteorólogos, puede ser desde ilimitada hasta nula si es que hay niebla, ésta depende totalmente de los factores externos. La segunda es: la que reporta tu vista personal, es decir, sería perfecta si no presenta problemas de miopía o hipermetropía, entre otros males que afectan a la visión, ésta depende de su salud óptica. La tercera es un conjunto de las dos anteriores, mezclada con la propia experiencia y la sabiduría divina que nos ayuda a discernir en lo que vemos en el ahora y proyectarlo a futuro.

La tercera forma de ver las cosas es la que nos atañe, ya que de suyo existen limitantes  a la visión que para nada son externos, sino que en su totalidad dependen de nosotros, ya que nos imponemos a ver tan sólo las cosas que queremos ver y que buscamos intencionalmente, limitando el rango de situaciones y cosas que no conocemos por ignorancia al hacerlas aun lado como si nada tuviéramos que ver con ellas.

Dentro de esas limitaciones adoptamos ciertas posturas mental-visuales que ciertamente como vigas al frente del ojo, no dejan ver lo que está al frente ni la realidad de las cosas, eso limita la capacidad de actuar porque no se ve en realidad dónde ayudar, es por ello  necesario quitarlas para ver claro como y por dónde atender los demás de manera certera. 

De otra manera, sólo entorpecemos y dañamos con nuestra ceguera en el camino, y eso tampoco lo vemos, pensamos que ayudamos, cuando en realidad no. Es necesario eliminar todo cuando limite nuestra vista, para poder ver a lo lejos, ver hasta dónde pueden llegar los demás y hasta dónde puedo llegar yo. 

Si no podemos ver cómo ayudar al hermano, será señal de que necesitarás bastante ayuda, ya que demuestras no tener capacidad de ver inclusive lo tuyo.

“¿Qué tan lejos puedes ver?”

“¿Qué tan lejos puedes ver?”

Mateo (15, 1-2. 10-14)

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos escribas y unos fariseos venidos de Jerusalén y le preguntaron: “¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros mayores y no se lavan las manos antes de comer?”

Jesús llamó entonces a la gente y dijo: “Escuchen y traten de comprender. No es lo que entra por la boca lo que mancha al hombre; lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre”. Se le acercaron entonces los discípulos y le dijeron: “¿Sabes que los fariseos se han escandalizado de tus palabras?” Jesús les respondió: “Las plantas que no haya plantado mi Padre celestial, serán arrancadas de raíz. Déjenlos; son ciegos que guían a otros ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en un hoyo”.

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Al respecto de la visibilidad podemos tomarla en tres vertientes, la primera: tal cual la reportan los meteorólogos, puede ser desde ilimitada hasta nula si es que hay niebla, ésta depende totalmente de los factores externos. La segunda es: la que reporta tu vista personal, es decir, sería perfecta si no presenta problemas de miopía o hipermetropía, entre otros males que afectan a la visión, ésta depende de su salud óptica. La tercera es un conjunto de las dos anteriores, mezclada con la propia experiencia y la sabiduría divina que nos ayuda a discernir en lo que vemos en el ahora y proyectarlo a futuro.

La tercera forma de ver las cosas es la que nos atañe, ya que de suyo existen limitantes  a la visión que para nada son externos, sino que en su totalidad dependen de nosotros, ya que nos imponemos a ver tan sólo las cosas que queremos ver y que buscamos intencionalmente, limitando el rango de situaciones y cosas que no conocemos por ignorancia al hacerlas aun lado como si nada tuviéramos que ver con ellas.

Dentro de esas limitaciones adoptamos ciertas posturas mental-visuales que ciertamente como vigas al frente del ojo, no dejan ver lo que está al frente ni la realidad de las cosas, eso limita la capacidad de actuar porque no se ve en realidad dónde ayudar, es por ello  necesario quitarlas para ver claro como y por dónde atender los demás de manera certera. 

De otra manera, sólo entorpecemos y dañamos con nuestra ceguera en el camino, y eso tampoco lo vemos, pensamos que ayudamos, cuando en realidad no. Es necesario eliminar todo cuando limite nuestra vista, para poder ver a lo lejos, ver hasta dónde pueden llegar los demás y hasta dónde puedo llegar yo. 

Si no podemos ver cómo ayudar al hermano, será señal de que necesitarás bastante ayuda, ya que demuestras no tener capacidad de ver inclusive lo tuyo