“Comía con recaudadores y otra gente de mala fama”

“Comía con recaudadores y otra gente de mala fama”

Marcos 2, 13-17

En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del lago; la gente acudía a él y les enseñaba. Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Se levantó y lo siguió. Estando Jesús a la mesa en su casa, de entre los muchos que lo seguían un grupo de recaudadores y otra gente de mala fama se sentaron con Jesús y sus discípulos. Algunos letrados fariseos, al “ver que comía con recaudadores y otra gente de mala fama, les dijeron a los discípulos: «¡De modo que come con recaudadores y pecadores!» Jesús lo oyó y les dijo: No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar justos, sino pecadores»

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Desde que tenemos memoria histórica, nos hemos topado con la realidad de la sectorización en el plano de las relaciones humanas, de donde directamente surgen las divisiones sociales y los estratos. Cosa que en su momento llega a acentuarse tan radicalmente que raya en el atropello de la misma dignidad humana.

Jesús no tan sólo viene a redimirnos del pecado, sino además cuida de aquella condición participada de nuestra humanidad en cuanto imagen y semejanza divina, cuida de igual modo la Dignidad. Habrá quien desee divididamente impuestos, a su vez separar la acción de Dios en las relaciones humanas, desencajándolas de la realidad social y política, para limitarlas a tan sólo el ámbito de la espiritualidad.

Pero es muy claro, su base del trato humano no se rige por las normas humanas positivas impuestas en un ámbito excluyente debido a la condición económico-laboral-social de la persona, sino en su propio ser, y éste es el que nunca ha cambiado a los ojos de Dios, todos iguales en dignidad y respeto.

Es por ello que no le importa la crítica por el acercamiento a los indeseados según las clases dominantes, porque sabía que estaba restaurando esa parte dañada por la misma humanidad, sin embargo, hoy en día, creo que seguimos el mismo patrón excluyente, tanto de un estrato como del otro, y lo primero que debemos sanar es eso que nos limita en toda relación y caridad con el hermano.

Creo que podemos iniciar por no remarcar farisaicamente cuando un personaje público o religioso haga su obra, porque hace lo que a veces nosotros no somos capaces de hacer, tratar con ecuanimidad al hermano que no ha podido salir de su situación lamentable, podemos ayudar no rechazando con nuestras palabras, para culminar ya iniciado el camino con un trato fraternal, creo que hasta el agradecimiento en esos casos se hará notar y entonces sanarás tu y sanarás a tu hermano.

“Preparen el camino del Señor…”

Marcos 1, 1-8 

Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Está escrito en el profeta Isaías: «Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”». 

Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el jordán. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo».

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Ya celebrando el segundo domingo del tiempo del adviento, se nos recuerda directamente a través de Juan el Bautista, el modelo de misión a tomar, hay que “preparar el camino del Señor”, pero no solamente se refiere a la actitud de preparar, sino también a la de “allanar su senderos”, es decir, hay que hacer un trabajo eficaz que marque toda nuestra vida a tal grado que permanezca esa gracia hasta la vida eterna. 

Porque como el mismo tiempo lo requiere, es una oportunidad de desechar todo aquello que nos impide crecer y aumentar en bienes, en este caso los espirituales, porque parece que tan solo nos dedicamos a preparar durante todo el año, el llenar las arcas para crecer pero tan sólo en las adquisiciones materiales. 

Si somos capaces de durante todo el año ahorrar para obtener los bienes anhelados de los más cercanos a nosotros, entonces creo que un esfuerzo más no será problema para en tan sólo cuatro semanas, que es lo que dura el adviento, tiempo suficiente para recibir tan eficaz gracia, porque bien aprovechado no se necesita mas, seamos capaces de disponernos a preparar el camino para que el Señor llegue a nuestras vidas y lo recibamos con un ánimo de novedad real y concreta, sobre todo en las relaciones familiares y sociales. 

Allanar, precisamente expresa la acción de retirar aquello que nos estorba en el camino, lo que no te hace llegar el fin deseado. A veces lo tomamos de manera extrema y radical, pensando que será un cambio trágico y exagerado para con Dios. Pero si ya te ha dado los dones necesarios materiales, no veo por qué no complementarlos con una actitud correcta y sabia de buenos administradores que conlleva la gracia de Dios desde la preparación a su nacimiento. 

Juan se preparó y preparó a los demás; hoy nos toca ser ese Juan bautista, que dispone su vida y la de los suyos en el amor, para cuando llegue el Señor, sea perfectamente bien recibido y transforme nuestras vidas, como un bebé lo hace en un hogar, con la diferencia que Jesús lleva la redención implícita y la restauración todos los dones perdidos por nuestra desobediencia.

“Si he defraudado a alguien…”

Lucas 19, 1-10

En aquel tiempo, Jesús entró en Jericó, y al ir atravesando la ciudad, sucedió que un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de conocer a Jesús, pero la gente se lo impedía, porque Zaqueo era de baja estatura. Entonces corrió y se subió a un árbol para verlo cuando pasara por ahí. Al llegar a ese lugar, Jesús levantó los ojos y le dijo: “Zaqueo, bájate pronto, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa”.

Él bajó enseguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, comenzaron todos a murmurar diciendo: “Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador”.

Zaqueo, poniéndose de pie, dijo a Jesús: “Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si he defraudado a alguien, le restituiré cuatro veces más”. Jesús le dijo: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también él es hijo de Abraham, y el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido”.

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A la gente nos gusta verla sonriendo, alegre, que transmitan vida y nos contagien de ella, especialmente los nuestros, pero cuando su ánimo decae, es todo lo contrario.

Sin embargo el hecho de que una persona no llore o se queje, no significa que esté exenta del dolor, parece que nos conformamos verlos con una sonrisa externa y al parecer tranquilos, como engañándonos fingiendo que todo esta perfecto, o cuando menos eso queremos ver, sin solucionar la incomodidad que causamos ya sea mental, física o verbalmente

Lo mismo acontece en el nivel espiritual, porque cuando nos animamos valientemente a reconocer las faltas, creemos erróneamente que con reconciliarnos solo con Dios y confesarnos, la culpa queda saldada.

Pero para una reconciliación integral, una parte implica el perdón de Dios y su complemento siempre será la restauración humana del hermano ofendido.

Zaqueo hoy nos demuestra que su reconciliación es íntegra y total, porque no sólo queda bien con Jesús, sino que remarca “si he defraudado a alguien, le restituiré cuatro veces más”.

Restituir es lo que nos hace muchas veces falta, el perdón completo llega hasta el hermano y no basta con el divino, para empezar es bueno, para plenamente terminar reconcilia y hasta salva a tu prójimo.

La verdadera salvación incluye no sólo la reconciliación con Dios, sino la alegría de querer hacerlo también hasta cuatro veces con el hermano.

“Oportunidad al día”

Lucas 11, 29-32

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús y él se puso a decirles: «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del Hombre para esta generación. Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada esa generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás».

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Todos los elementos motivaciones que encontramos en el camino, llevan a superarnos, romper la barrera de nuestros propios límites y crecer sin desatender las oportunidades que se van presentando en la vida.

Esto es muy bueno en el plano netamente humano, porque es el primer impedimento que superándolo deja de molestarnos para desarrollar las demás capacidades que poseemos. Somos los primeros enemigos de nosotros mismos, pero una vez libres de interferencias traumáticas o emocionales no resueltas que absolutamente todos venimos cargando, el resto es fácil. 

Una vez atendido el plano humano, se nos invita a atender aquellos dones más excelentes, los espirituales que no dejan de enriquecer y adornar nuestra vida como una herramienta para cualquier circunstancia que acontezca en el camino humano, pero con la dimensión espiritual, respaldada por lo divino, que supera toda expectativa humana.

Oportunidades que tenemos día a día, Dios está al alcance de la mano, y más aún cuando le permites entrar en tu corazón, con el acercamiento a todo lo que la Iglesia como instrumento de sus gracias ofrece. 

Pero si nos limitamos a ponernos contentos con los logros humanos, estamos desaprovechando las gracias que podrían acompañar un trabajo que puede trascender  hasta Dios y lo glorifique, sin olvidar que con ello a su vez te santifica.

La cuestión aquí es que tu eres responsable de tu crecimiento espiritual, y si teniéndolo a la mano para aprovecharlo, como Jonás, como la Reina de Saba que reconocen lo que Dios les da además de lo material, lo estamos desperdiciando. La oportunidad está al día, y no depende de Dios, Él ya hace todo para estar cerca de ti, falta que tu de igual manera le respondas y aproveches la oportunidad que te da.

“¿Quién lleva la delantera?”


Mateo 21, 28-32 

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “¿Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver al primero y le ordenó: ‘Hijo, ve a trabajar hoy en la viña’. Él le contestó: ‘Ya voy, señor’, pero no fue. El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo. Éste le respondió: ‘No quiero ir’, pero se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?”. Ellos le respondieron: “El segundo”. Entonces Jesús les dijo: “Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios. 

Porque vino a ustedes Juan, predicó el camino de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y las prostitutas, sí le creyeron; ustedes, ni siquiera después de haber visto, se han arrepentido ni han creído en Él”. 

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Definitivamente todas las circunstancias que nos rodean, son las que nos brindan una pincelada de la realidad, pero esa pincelada varía de tiempo en tiempo y de región en región, tan es así, que para lo que a unos resulta una vida ordinaria, para otros es un exceso y viceversa.

Es por ello que en este tiempo no basta con sentirnos que estamos bien, tan sólo porque estamos estables en cuanto a economía o problemas resueltos. Hay que indagar aún mas, sobre todo en esas áreas dónde bien sabemos que no basta con llegar hasta donde estamos.

Resulta que en el mismo evangelio de este día, hace sobresalir la actitud de aquellos que en medio de sus dificultades suelen crecer y darse cuenta de sus actual situación para salir de ella, pone como ejemplo a los publicanos y las prostitutas, los cuales llevan la delantera en el crecimiento moral y espiritual, para posteriormente migrar al físico y material.

Pero si seguimos pensando estancadamente que estamos bien, jamás lograremos un cambio mejor y radical, aquí el peor enemigo no es el pecado, sino uno mismo que lo habitúa a la propia vida como lo ordinario.

Las buenas intenciones no bastan, ni los buenos deseos, ni las ideales iniciativas, eso no cambia nada, si acaso tan sólo un esfuerzo mental, pero nada más. La delantera la llevan quienes realmente miran mas allá de donde están, de aquellos quienes no se ha apagado el espíritu de novedad y no han quedado en conformismos. Este tiempo no deja de ser la oportunidad de obedecer en realidad a Dios, hacer oportuna y bien hecha nuestra labor y mantenernos siempre en actitud dinámica hacia el futuro.

“Ha amado mucho”

“Ha amado mucho”


Lucas 7, 36-50

En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume, y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado, se dijo: —Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora.Jesús tomó la palabra y le dijo: —Simón, tengo algo que decirte.El respondió: —Dímelo, maestro.Jesús le dijo: —Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?Simón contestó: —Supongo que aquel a quien le perdonó más.Jesús le dijo: —Has juzgado rectamente.Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: —¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella en cambio me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella en cambio me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo, sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor: pero al que poco se le perdona, poco ama.Y a ella le dijo: —Tus pecados están perdonados.Los demás convidados empezaron a decir entre sí: —¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?Pero Jesús dijo a la mujer: —Tu fe te ha salvado, vete en paz.”
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Las circunstancias sociales y las relaciones interpersonales por lo general marcan un ritmo de vida en el que por así decir, debemos de entrar todos, sin embargo en ese esquema podríamos quedar un tanto limitados, ya que se exigen comportamientos concretos y cualquier actitud no adecuada en ese esquema es considerada no apta, ni para bien, mucho menos para mal.
Sin embargo encontramos en este evangelio el tipo de relaciones sociales en tiempos de Jesús, donde en una comida en casa de un fariseo, que de suyo no es ordinario que se les permita porque, según el esquema de su tiempo, Jesús y sus discípulos son considerados impuros por no seguir al pie de la letra los mandatos de la exigente ley mosaica.


Aun más raro es el hecho de que una mujer considerada pecadora se haya introducido a la misma casa, la cual derrama un frasco de perfume sobre los pies de Jesús, enjugándolos con sus lágrimas. El entorno ya estaba irregular hablando en cuanto a reglas, sin embargo, a pesar de no vivir la norma textual, la actitud de juzgar sin misericordia a los demás, sigue aplicándose plenamente, porque hasta el mismo Jesús es incluido en la crítica por dejarse tocar y permitir eso.


Esa fue la manera de ella de expresar su arrepentimiento, cosa que los demás no vieron, porque cada quien utiliza a su manera su propia expresividad, sin embargo lo principal, que era el verdadero amor con que lo hizo, sólo fue percibido por Jesús, los demás vieron sólo a la pecadora. Si no estamos abiertos a reconocer ese amor, manifestado de mil maneras, si lo queremos estereotipado en corazoncitos y chocolates, aún mismo en un te amo o te quiero, estaremos limitando a la persona a que entre en el esquema común, le quede o no, y todas las demás manifestaciones como lo es el trabajo, la cercanía, la dedicación, el cuidado, el saludo ordinario, todo, absolutamente todo eso va impregnado de amor, pero si lo queremos a la carta, jamás lo reconoceremos por grande que éste sea.

Y ¿a ti cómo quieres que te amen?, o ya te aman y ni cuenta te das.

“Volver”

“Volver”

Lucas: 15, 1-3. 11-32

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores para escucharlo; por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: “Éste recibe a los pecadores y come con ellos”.

Jesús les dijo entonces esta parábola: “Un hombre tenía dos hijos, y el menor de ellos le dijo a su padre: ‘Padre, dame la parte de la herencia que me toca’. Y él les repartió los bienes.

No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se fue a un país lejano y allá derrochó su fortuna, viviendo de una manera disoluta. Después de malgastarlo todo, sobrevino en aquella región una gran hambre y él empezó a pasar necesidad. Entonces fue a pedirle trabajo a un habitante de aquel país, el cual lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Tenía ganas de hartarse con las bellotas que comían los cerdos, pero no lo dejaban que se las comiera.

Se puso entonces a reflexionar y se dijo: ¡Cuántos trabajadores en casa de mi padre tienen pan de sobra, y yo, aquí, me estoy muriendo de hambre! Me levantaré, volveré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Recíbeme como a uno de tus trabajadores’.

Enseguida se puso en camino hacia la casa de su padre. Estaba todavía lejos, cuando su padre lo vio y se enterneció profundamente. Corrió hacia él, y echándole los brazos al cuello, lo cubrió de besos. El muchacho le dijo: ‘Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo’.

Pero el padre les dijo a sus criados: ‘¡Pronto!, traigan la túnica más rica y vístansela; pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies; traigan el becerro gordo y mátenlo. Comamos y hagamos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado’. Y empezó el banquete.

El hijo mayor estaba en el campo y al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y los cantos. Entonces llamó a uno de los criados y le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: ‘Tu hermano ha regresado y tu padre mandó matar el becerro gordo, por haberlo recobrado sano y salvo’. El hermano mayor se enojó y no quería entrar.

Salió entonces el padre y le rogó que entrara; pero él replicó: ‘¡Hace tanto tiempo que te sirvo, sin desobedecer jamás una orden tuya, y tú no me has dado nunca ni un cabrito para comérmelo con mis amigos! Pero eso sí, viene ese hijo tuyo, que despilfarró tus bienes con malas mujeres, y tú mandas matar el becerro gordo’.

El padre repuso: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo. Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado’.

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Dios no se ufana en castigar a quien se retira de su amor, ya que nos muestra en todo momento su caridad, deseando evitar el daño que conllevan las consecuencias de nuestros propios errores, pero que como se dan de manera lógica, Dios no los violenta para evitarlos ya que son fruto necesario de nuestro obrar.

El problema no radica en que nos alejemos de Dios, sino en que no volvamos, porque en el momento que decidamos vivir sin su gracia y su amor, entonces estaremos alimentando  el mal que también crece y obsesiona a tal grado de auto convencernos de que ahí pertenecemos sin ser verdad.

Es por ello que la parábola del hijo pródigo enfatiza la alegría del retorno, porque no se perdió aquel hijo amado y valioso a los ojos de Dios como lo somos todos.

No olvides que alejarte habla de tu proceso personal de aprendizaje, lo malo es cuando decides no volver, porque pierdes algo más que valioso, que es el desdecirte de un amor pleno que no encontrarás, ni nadie te brindará sino en su origen.

“Leví le ofreció en su casa un gran banquete…”

“Leví le ofreció en su casa un gran banquete…”

Lucas 5,27-32

En aquel tiempo, Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: «Sígueme». El, dejándolo todo, se levantó y le siguió. Leví le ofreció en su casa un gran banquete. Había un gran número de publicanos, y de otros que estaban a la mesa con ellos.

Los fariseos y sus escribas murmuraban diciendo a los discípulos: «¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?». Les respondió Jesús: «No necesitan médico los que están sanos, sino los que están mal. No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores».

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Cuando llega en nosotros ese deseo de mejorar, dejar atrás todo aquello que nos afecta y además de lo que ya estamos cansados, ese momento es el inicio del cambio llamado conversión, La repuesta al señor no tiene fecha ni hora, no podemos forzar a nadie a que responda como nosotros lo hacemos, ó de la manera como a otros les gustaría que respondiéramos, porque propuestas y sugerencias encontramos por doquier.

Lo malo es que la conversión no sólo suele ser positiva, también de hacer el bien podemos cambiar a empeorar nuestra forma de vida, cosa que sería en términos de moral peor, porque se es más consciente del mal que se quiere hacer libre y voluntariamente, llevando más culpa que el ignorante, pero en ambos casos lleva a la muerte.

La cuestión es que cuando alguien cambia su forma de vida sabía y santamente, ni para bien ni para mal reaccionamos los cercanos con agrado, pareciese que nada nos parece, el caso es claro con Leví, el cual ante la invitación a seguirlo, da un Sí gozoso con el que responde invitando a Jesús a su casa otorgándole un banquete, signo externo que manifiesta su alegría interna y su cambio.

Pero siempre hay a quien no le gusta que cambiemos, ni los buenos ni los malos. Los buenos no creen el cambio interno, a lo mejor porque se sienten en desventaja, y juzgan la vida pasada como si importara en estos casos. Los malos, reclaman porque pierden quien los apoye en su maldad buscando recuperar al “amigo”, claro atacándolo para que sucumba de su mejorada vida.

Es por eso que tanto unos como otros necesitamos de ese médico que nos sane completamente a todos, los que nos decimos buenos y los que no negamos ser malos, para poder caminar juntos, no digo que sin tropiezos, pero si mutuamente apoyados. Hasta allá llego la alegría del banquete, signo de un buen inicio de cambio interno en Leví, nosotros ¿hasta dónde hemos llegado y cuánto hemos cambiado? O ¿acaso seguimos criticando al malo?, ¿Seguimos sintiéndonos buenos?, si fuese así, no te preocupes, esta Cuaresma sí tu quieres, puedes sanarte.

“Un camino distinto”

“Un camino distinto”

Lucas: 9, 22-25

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho, que sea rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que sea entregado a la muerte y que resucite al tercer día”.

Luego, dirigiéndose a la multitud, les dijo; “Si alguno quiere acompañarme, que no se busque a sí mismo, que tome su cruz de cada día y me siga.

Pues el que quiera conservar para sí mismo su vida, la perderá; pero el que la pierda por mi causa, ése la encontrará. En efecto, ¿de qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si se pierde a sí mismo o se destruye?”.

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No es raro que el Señor Jesús nos indique que el camino al que nos invita acompañarle, no sea el ordinario, aquel que el mundo de hoy pinta como exitoso, lleno de dinero, de fama, de atenciones, de una imagen a la que reconozca el mundo entero, como si de ello dependiera la felicidad, sino aquél que va incluso por necesidad por el camino del dolor.

Aquel que va transformando nuestra vida de una manera tan sublime que nos duele, aunque no nos dañe ni nos quite la vida, aquel que nos hace reflexionar, alejados incluso de toda influencia sin importar que sean nuestros mas allegados amigos y familia.

Y es que el camino por el que nos lleva, es distinto, pareciese muy doloroso, y en ocasiones lo será, pero será la paga para llegar a ser una mejor persona y un mejor hijo de Dios.

Recorrerlo nos dará múltiples satisfacciones y te retirará de ese mundo falso que no te lleva a ningún lugar. Vale la pena porque al final te das cuenta de lo que ganas y que nadie te quitará aunque el resto del mundo no lo entienda.

Vale la pena ir por un camino distinto y seguro.

“Y se fueron tras Él”

“Y se fueron tras Él”

Marcos 1,14-20

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: Convertíos y creed la Buena Noticia». Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo del Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se fueron tras él.

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La imagen más directa que tenemos de aquellos que se encuentran con Jesús, sobre todo en en los evangelios, hacen que tengamos una impresión de seguimiento radical, pensando que esa es la única manera de seguir al Señor, como lo tenemos explícito en éste segmento del evangelio.

Además de eso hay que remarcar que ciertamente el seguimiento de Jesús, en esos precisos momentos era lo que se requería con las personas en su momento adecuadas y sobre todo, respondiendo de esa forma a ese llamado muy particular.

Hoy en día la cuestión del seguimiento, sigue siendo la misma, pero ese papel inicial y a esa escala de respuesta ya lo realizaron sus apóstoles y discípulos de su tiempo, por así decirlo, ya está cubierta esa etapa que requería en su momento dicha respuesta y  entrega, que sin ella no hubiera sido posible su obra.

Es un hecho que los tiempos y las circunstancias han cambiado, pero el llamado sigue en la misma intensidad, la respuesta creo que debe de darse de igual manera pero adecuada al momento presente, a lo mejor ya no dejaremos las redes porque al parecer jamás hemos tenido experiencia con ellas, pero tienes otros campos que van desde el hogar, la familia, el trabajo, las amistades, desde donde sin desfazar la realidad podemos responder muy concretamente, de manera sencilla, como lo fue en ese tiempo, pero dentro de tu ámbito ordinario de vida.

Es necesario seguir tras de Él de igual manera, quitando la escena original evangélica del llamado y, ubicándola aquí y ahora donde sigue siendo posible, basta reconocer que quieres ser su discípulo, seguir, aprender del maestro y transmitirlo desde los más pequeños detalles donde andes. Esos radicalismos hay que aplicarlos ahora, sobre todo ahí donde es necesario cambiar lo que nos daña, dese las actitudes, las palabras y los lugares que nos llevan a la infelicidad, por ello, también hoy en día, sencillamente muchos se fueron tras de Él.