“Corazón dividido, divide”

“Corazón dividido, divide”

Marcos 3, 20-35

En aquel tiempo, Jesús fue a casa con sus discípulos y se juntó de nuevo tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque decían que no estaba en sus cabales. También los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: —Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios.

Él los invitó a acercarse y les expuso estas parábolas: —¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino en guerra civil no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa. Creedme, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre.

Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo. Llegaron su madre y sus hermanos y desde fuera lo mandaron llamar. La gente que tenía sentada alrededor le dijo: —Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan.

Les contestó: —¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?

Y, paseando la mirada por el corro, dijo: —Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.

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Qué pena es saber cómo el dolor personal que nos ocasionan las situaciones, las personas o las cosas le demos una importancia tan grande que parece que llega para quedarse, de tal manera que cuando ya nos ha dominado, suele externarse con divisiones y ataques por doquier ya que impide ver lo bueno de las cosas aunque éstas sean totalmente evidentes.

Sí, es una pena ver cómo a pesar de compartir la alegría y la felicidad que conlleva la cercanía con Dios, los más cercanos, sufren porque rechazan toda muestra de afecto ya sea hacia ellos o hacia cualquier otra persona.

Pero mayor dolo es aún, cuando haciendo alguien una obra buena, impidan que ésta se lleve a cabo, como lo intentaron con Jesús, que en su desventaja y soberbia, tratan de desacreditar desde su máxima autoridad la misma obra de Dios. Levantando el falso de tener Jesús dentro un demonio para mover el miedo ya infundido en los demás a manera de manipulación.

Así es, un corazón dividido, divide, pero divide a los que ya empiezan a fragmentarse o están vulnerables por algún suceso de dolor, pero como el mismo Jesús, fortalecidos en el Espíritu, nada ni nadie podrá dividirnos, ni podrá apartarnos del camino del Señor. Es por ello que a esa gente, se le escucha con caridad, pero no se le hace caso, ya que el mismo demonio dividido en sí mismo, utiliza a esas personas divididas, que no saben ni siquiera lo que quieren para sí mismos, fruto de su misma división.

Oración, vida sacramental, lectura Sagrada y obras de caridad, es el antídoto contra un corazón dividido, porque más integro y fortalecido no puede estar.

“No todos comprenden esta enseñanza…”

“No todos comprenden esta enseñanza…”

Mateo: 19, 3-12

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y, para ponerle una trampa, le preguntaron: “¿Le está permitido al hombre divorciarse de su esposa por cualquier motivo?”

Jesús les respondió: “¿No han leído que el Creador, desde un principio los hizo hombre y mujer, y dijo: ‘Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, para unirse a su mujer, y serán los dos una sola carne?’ De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Así pues, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”.

Pero ellos replicaron: “Entonces ¿por qué ordenó Moisés que el esposo le diera a la mujer un acta de separación, cuando se divorcia de ella?”

Jesús les contestó: “Por la dureza de su corazón, Moisés les permitió divorciarse de sus esposas; pero al principio no fue así. Y yo les declaro que quienquiera que se divorcie de su esposa, salvo el caso de que vivan en unión ilegítima, y se case con otra, comete adulterio; y el que se case con la divorciada, también comete adulterio”.

Entonces le dijeron sus discípulos: “Si ésa es la situación del hombre con respecto a su mujer, no conviene casarse”. Pero Jesús les dijo: “No todos comprenden esta enseñanza, sino sólo aquellos a quienes se les ha concedido. Pues hay hombres que, desde su nacimiento, son incapaces para el matrimonio; otros han sido mutilados por los hombres, y hay otros que han renunciado al matrimonio por el Reino de los cielos. Que lo comprenda aquel que pueda comprenderlo”.

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Toda relación de trato humano o con la naturaleza, no deja de ser un reflejo de aquellas relaciones que hemos aprendido en la propia experiencia familiar, por lo que las identificamos y repetimos con sus variantes aumentadas o reducidas.

De igual manera el trato que se tiene en la relación de pareja parental, será una réplica del tipo de interacción que buscaremos al buscar una persona con quien comprometerse y vivir su vida.

La situación es que el patrón conductual sembrado en cada uno de nosotros desde el nacimiento marcará nuestra vida, ya sea que haya sido en una situación amorosa, llena de valores y respeto, o de maltrato y abuso tanto físico como mental. 

Porque si ya traemos una imagen desvirtuada de las relaciones familiares, será lo que en realidad se busque, o queriendo llenar esos vacíos estropeamos los tratos con la pareja que en realidad no puede dar lo que en tu familia te faltó.

Por ello es necesario establecer un patrón de conducta basado en los valores que Dios nos propone, y que en realidad llegue a hacer crecer a la persona, liberándose de las ataduras que vienen viciadas. Se necesita valentía, no para romper los lazos con la familia, sino con aquello que impide ser felices y eso no cualquiera lo comprende porque hay que salir de su propio cascarón y confiar de que las cosas pueden cambiar y ser mejores, lo malo es que además la cultura denigra la relación y apoyan los malos valores, para no caer en ellos.

“Rumores inciertos”

“Rumores inciertos”

Juan: 21, 20-25

En aquel tiempo, Jesús dijo a Pedro: “Sígueme”. Pedro, volviendo la cara, vio que iba detrás de ellos el discípulo a quien Jesús amaba, el mismo que en la cena se había reclinado sobre su pecho y le había preguntado: `Señor, ¿quién es el que te va a traicionar?’ Al verlo, Pedro le dijo a Jesús: “Señor, ¿qué va a pasar con éste?” Jesús le respondió: “Si yo quiero que éste permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué? Tú, sígueme”.

Por eso comenzó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no habría de morir. Pero Jesús no dijo que no moriría, sino: ‘Si yo quiero que permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué?’

Éste es el discípulo que atestigua estas cosas y las ha puesto por escrito, y estamos ciertos de que su testimonio es verdadero. Muchas otras cosas hizo Jesús y creo que, si se relataran una por una, no cabrían en todo el mundo los libros que se escribieran.

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Ya parece ordinaria la falta de certificación de la información que recibimos, sobre todo en un mundo sobresaturado de datos que en realidad comunican pero que no se asimilan y como la asimilación requiere un cierto tiempo, el cual no se tiene, se queda uno con lo primero que se escucha.

Por un lado es muy importante conocer la fuente que nos proporciona los datos, porque ante tanto sitio fraudulento, como dice el dicho: “una mentira dicha mil veces, se cree que es realidad”. Por lo que es necesario identificar quien menos dice mentiras en nuestros días.

Jesús puede a su vez mal entendido, y no es nada nuevo, ya que cada persona lo quiere asimilar según le acomode su forma de pensar o ser. Un ejemplo claro lo tenemos con esta mal interpretación que hacen los propios discípulos acerca de Juan, que si moriría o no, Jesús responde directo y claro, no es relevante esa información, ni tampoco importante, es como si dijera que hagan su trabajo y no se estén entrometiendo en cosas que no valen la pena detenernos en ellas.

Lo que sí sabemos es que en base a una suposición se desarrolló un rumor falso en medio de hombres de fe y de buena voluntad, ahora qué no ocurrirá con quienes viven inmersos en situaciones de dolor que desean hacer el mal.

Es por ello que decir la verdad directa con discreción y caridad es lo más sano, más que dar a entender cosas confusas que pueden girar en sentido opuesto en cualquier momento.

“Divisiones internas”

“Divisiones internas”

Lucas: 12, 49-53

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “He venido a traer fuego a la tierra, ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo, ¡y cómo me angustio mientras llega!
¿Piensan acaso que he venido a traer paz a la tierra? De ningún modo. No he venido a traer la paz, sino la división. De aquí en adelante, de cinco que haya en una familia, estarán divididos tres contra dos y dos contra tres. Estará dividido el padre contra el hijo, el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra”.

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Los procesos y caminos de la vida para cada persona, aunque corren paralelos en el tiempo y es espacio al lado de otras muchas más, no implica el que sean y hagan las mismas cosas, ni su pensamiento al igual. Dentro de la multitud de dones y virtudes otorgadas por nuestro Padre Celestial, destaca la inteligencia, la libertad y la voluntad, en las que cada quien decide la mejor manera de aceptar y llevar su propia vida así como las situaciones que le acontezcan.

Nadie va a la par, ya que unos irán un poco mas avanzados en experiencias y conocimientos, otros en diferente etapa un poco o un mucho atrás pero caminando, algunos cuantos estancados, y esto acontece desde la familia hasta la sociedad en general.

Es por eso que cuando Jesús desea que ese fuego de su amor, su palabra, su caridad, su unidad, así como su gracia y santidad ya estuvieran operativos en cada uno de los suyos, porque el ir en diferente proceso a veces voluntario a veces en negación total, crea esas fastidiosas divisiones internas aún en la propia familia.

El participar de una gracia de Dios, hace que brote naturalmente una alegría y una felicidad que se desea compartir a los demás, por lo que cuando no se conocen dichas gracias y alegrías, mucho menos al Señor Jesús, se convierte en una rencilla de voluntades que pueden derivar incluso en la división y la violencia verbal.

A eso se refiere Jesús cuando afirma que viene a traer división, no inducida ni intencional, sino fruto de la no aceptación ante los que sí deciden amarlo y son fortalecidos para no caer en la indecisión. 

Por ello, ante esta ya casi reacción de defensa de la voluntad, que se dará en los mismos integrantes de nuestra familia, se recomienda tenerlos en cuenta siempre en la propia oración personal, para que el maligno no robe afectos ni mantenga esas famosas divisiones internas.

“Trabajar sin división”

“Trabajar sin división”

Juan: 17, 20-26

En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: “Padre, no sólo te pido por mis discípulos, sino también por los que van a creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti somos uno, a fin de que sean uno en nosotros y el mundo crea que tú me has enviado.

Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que su unidad sea perfecta y así el mundo conozca que tú me has enviado y que los amas, como me amas a mí.

Padre, quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que me has dado, para que contemplen mi gloria, la que me diste, porque me has amado desde antes de la creación del mundo.

Padre justo, el mundo no te ha conocido; pero yo sí te conozco y éstos han conocido que tú me enviaste. Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que me amas esté en ellos y yo también en ellos”.

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Ya casi se cumplen los dos mil años en que Jesús, dentro de la plenitud de los tiempos, en los que se ha instaurado el Reino de los Cielos y se ha propuesto vivir y trabajar en la unidad con el Padre, y la unidad entre nosotros, aún hoy en nuestros días no se ha llegado a realizar.

Parece todo lo contrario, es decir, cada vez en nombre del mismo Dios, y de igual manera en el nombre de Jesús, se dividen las iglesias, se convierten en sectas y las mismas sectas exponencialmente se siguen dividiendo, cada vez de una manera más acelerada.

Pero para no irnos tan lejos, incluso dentro de las mismas comunidades parroquiales, así como en los mismos grupos que se juntan para orar, el mismo maligno siembra la discordia y división. Si de manera obvia se da entre mismos cardenales y sacerdotes, que desgraciadamente en su cansancio y sobrecarga de trabajo terminan prendidos de esos celos y envidias que dividen y dañan severamente a sus propios hermanos, qué no se dará en aquellos a quienes se dicen dirigir.

Sin embargo, la misma gracia de Dios, aún en esos ambientes adversos, manifiesta y sostiene a aquellos que trabajan a pesar de las divisiones sin sosiego, convirtiéndose en auténticos autores de la unidad, de igual manera desde cardenales hasta los laicos más comprometidos. Por ello, debemos de trabajar sin divisiones, para ello debemos primeramente sanar esos corazones dañados y divididos aún en la propia familia, para luego, por la misma gracia de Dios, ser esos instrumentos de unidad con el Padre a través de Jesucristo Nuestro Señor. La salud la da el Señor, y la unidad también.

“La contra, la diferencia”

“La contra, la diferencia”

Lucas 12, 49-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «He venido a prender fuego en el mundo: ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra».

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Todo el mundo desea que la humanidad se mantenga en la unidad, donde todos actúen y piensen igual, bajo un mismo régimen, una misma religión, una misma verdad. Criterios muy válidos y buenos en sí mismos, claro eso pretendemos, sin embargo para ello es necesario tener un conocimiento claro y asimilado de la verdad en sí misma.

La cuestión radica en el hecho de que tenemos una cultura tan vasta y diferente, con diversas corrientes de pensamiento así como varios esquemas educativos que difieren unos de otros, así como sistemas filosóficos de base opuestos en conceptualizaciones que sin la debida sabiduría, derivan en separaciones y antagonismos incómodos y hasta violentos.

Sin embargo debemos entender que mientras se converge en la verdad, esas ásperas relaciones necesariamente se darán, pero no nos debemos de imponer ni radicalizar, porque entonces estaríamos faltando a la coherencia, traicionando el valor de la misma verdad y cayendo en fanatismo. 

Si conocemos la verdad, no debemos preocuparnos, aunque nos den la contra, al final saldrá a relucir por sí misma, además de que en sí mismo es una bendición de Dios el hecho mismo de que nos hagan cuestionar nuestras creencias, a veces para dividir, pero esas diferencias en realidad hacen notar recordando lo que firmemente creemos, además de que son para dar aún más testimonio en la caridad.

Por ello que nos den la contra, remarca la diferencia entre tu postura y la de la otra persona, ocasión oportuna para presentar nuevamente la verdad aunque haya disparidades y reconozcas el valor que posees, he ahí la diferencia.

“Inconformidades crónicas”

“Inconformidades crónicas”

Lucas 7, 31-35

En aquel tiempo, dijo el Señor: «¿A quién se parecen los hombres de esta generación? ¿A quién los compararemos? Se parecen a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros: “Tocamos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis”. Vino Juan el Bautista, que ni comía ni bebía, y dijisteis que tenía un demonio; viene el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: “Mirad qué comilón y qué borracho, amigo de recaudadores y pecadores”. Sin embargo, los discípulos de la Sabiduría le han dado la razón».

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Muchas veces he escuchado, sobre todo a gentes mayores decir que todo tiempo pasado fuer mejor, no creo que sea una simple queja, ya que a su vez está revelando un estancamiento en alguna etapa de su vida, de suyo solemos maximizar los momentos vividos durante la adolescencia – juventud, porque en realidad teníamos un mundo de soporte dependiente de los padres y los amigos, con casi cero responsabilidades, por ellos nos era bello.

Sin embargo los tiempos siempre van dando algo nuevo y mejor, es un hecho que cambian las costumbres y en realidad eso es lo que duele, desearíamos que todo fuera como se dio en la etapa del desarrollo personal. Llegamos a una pasividad estática porque hasta en los gustos de música, seguimos escuchando las mismas canciones de antaño siendo herméticos a la novedad que trae cosas muy buenas.

Aquí es cuando si no vamos madurando según la etapa de vida que nos vaya tocando, estaremos pretendiendo que todo confluya a nuestra zona de confort, y cuando no lo logramos vienen las inconformidades, que pueden llegar a manifestarse desde el disgusto por el nuevo lenguaje hasta el reclamo de la propia vida y a todo lo que se nos cruce en el camino.

Es por ello que resulta importante definir, analizar, aceptar y vivir las circunstancias actuales, porque si no, caeremos en la indiferencia mal educada que quejumbrosa de  quien todo lo ve mal, ya como parte de nuestro ser. El Señor da la sabiduría para asimilar dichos sucesos y etapas, pero si nos conformamos con tan sólo la experiencia humana, quedaremos frustrados y limitados al no permitirnos crecer más. Hay que acercarnos a Jesús, los sacramentos, la Sagrada Escritura, la oración, para no ser parte del montón que ni pichan, ni cachan, ni dejan batear, sino todo lo contrario, porque con su sabiduría y gracia nada es imposible y todo se ve de buenas.

“Corazón dividido, divide”

“Corazón dividido, divide”

Marcos 3, 20-35

En aquel tiempo, Jesús fue a casa con sus discípulos y se juntó de nuevo tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque decían que no estaba en sus cabales. También los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: —Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios.

Él los invitó a acercarse y les expuso estas parábolas: —¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino en guerra civil no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa. Creedme, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre.

Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo. Llegaron su madre y sus hermanos y desde fuera lo mandaron llamar. La gente que tenía sentada alrededor le dijo: —Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan.

Les contestó: —¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?

Y, paseando la mirada por el corro, dijo: —Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.

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Qué pena es saber cómo el dolor personal que nos ocasionan las situaciones, las personas o las cosas le demos una importancia tan grande que parece que llega para quedarse, de tal manera que cuando ya nos ha dominado, suele externarse con divisiones y ataques por doquier ya que impide ver lo bueno de las cosas aunque éstas sean totalmente evidentes.

Sí, es una pena ver cómo a pesar de compartir la alegría y la felicidad que conlleva la cercanía con Dios, los más cercanos, sufren porque rechazan toda muestra de afecto ya sea hacia ellos o hacia cualquier otra persona.

Pero mayor dolo es aún, cuando haciendo alguien una obra buena, impidan que ésta se lleve a cabo, como lo intentaron con Jesús, que en su desventaja y soberbia, tratan de desacreditar desde su máxima autoridad la misma obra de Dios. Levantando el falso de tener Jesús dentro un demonio para mover el miedo ya infundido en los demás a manera de manipulación.

Así es, un corazon dividido, divide, pero divide a los que ya empiezan a fragmentarse o están vulnerables por algún suceso de dolor, pero como el mismo Jesús, fortalecidos en el Espíritu, nada ni nadie podrá dividirnos, ni podrá apartarnos del camino del Señor. Es por ello que a esa gente, se le escucha con caridad, pero no se le hace caso, ya que el mismo demonio dividido en sí mismo, utiliza a esas personas divididas, que no saben ni siquiera lo que quieren para sí mismos, fruto de su misma división.

Oración, vida sacramental, lectura Sagrada y obras de caridad, es el antídoto contra un corazón dividido, porque más integro y fortalecido no puede estar.

“Abismos”

“Abismos”

Marcos 12, 28-34

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: –«¿Qué mandamiento es el primero de todos?»

Respondió Jesús: –El primero es: «Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser». El segundo es éste: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». No hay mandamiento mayor que éstos.

El escriba replicó: –«Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».

Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: –«No estás lejos del reino de Dios».

Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

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Nuestra mente en medio de una sociedad tan cargada de imágenes, normas, situaciones y estilos diversos de vida, tiende a reconocer y maravillarse de la belleza así como de la verdad en sí misma, tendemos a identificarnos con esquemas de pensamiento incluso a veces radicales, amamos la poesía, la literatura, la música y su letras, pero creo que es ahí hasta donde llegamos.

El siguiente paso sería conformar nuestra vida en base al pensamiento que llevamos, pero resulta que nos hemos convertido en activistas, es decir, una clase en extinción que sólo revuelve las cosas con escándalos, pero que no se compromete en serio con ello en su vida.

Aquí es donde surgen esos abismos, entre la realidad y el ideal pensamiento, entre la verdad y su aplicación concreta a la vida. Ya parece que es normal salir con una cara y actitud, para al retorno retomar la que en realidad somos. Damos una muy buena imagen con nuestros grupos de convergencia y aceptación ideológica, a veces por hobbie o diversión, pero no hay un compromiso íntegro con ellos, sino que eso sólo es etéreo y circunstancial.

No se diga con el mandamiento del amor, a todos les parece una maravilla y es aceptado en todos los niveles de la humanidad, según con concepción. Pero del amor al amar, ahí si que existe un enorme abismo, digno de mención pero no de valentía para cruzarlo.

Es por ello que es muy importante ir tapando esos abismos en los que al final caemos sin piedad, basta con iniciar aceptando nuestra vida, la de los demás y convergerla con la realidad, eso es el amor concreto y claro, pero si lo deseamos ideal, jamás lo veremos porque ese no existe y al no encontrarlo, seremos como aquellos con los que termina éste evangelio: Nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

“Si un reino está dividido contra sí mismo…”

“Si un reino está dividido contra sí mismo…”

Mc 3,22-30

En aquel tiempo, los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Está poseído por Beelzebul» y «por el príncipe de los demonios expulsa los demonios». Entonces Jesús, llamándoles junto a sí, les decía en parábolas: «¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir.

Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá subsistir. Y si Satanás se ha alzado contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, pues ha llegado su fin. Pero nadie puede entrar en la casa del fuerte y saquear su ajuar, si no ata primero al fuerte; entonces podrá saquear su casa.

Yo os aseguro que se perdonará todo a los hijos de los hombres, los pecados y las blasfemias, por muchas que éstas sean. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca, antes bien, será reo de pecado eterno». Es que decían: «Está poseído por un espíritu inmundo».

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De espantos y alegorías demoníacas estamos saturados por todos lados, hasta nos asustamos y persignamos rechazando el mal, hasta la boca se nos llena para remarcar el mal, el pecado, las malas obras y a los demás, tanto es lo que lo negamos que al final sea para bien o sea para mal, lo tenemos siempre presente en la mente, le hacemos tanta publicidad que hasta famoso lo hacemos, eso contamina el alma y el corazón.

Cuando el alma ya esta viciada con tanta importancia que le hacemos al mal, de igual manera juzgamos, el ejemplo es claro en el Evangelio, a Jesús que obra por la gracia de Dios lo juzgan con su propio criterio, y ¿qué es lo que sale?, nada más que lo que esta llenó su corazón, por eso lo comparan con Satanás, no tienen otra idea mejor, lo más fácil es decir que es el demonio mismo, así no me comprometo a seguirlo y reconocerlo como el Señor y Mesías.

Jesús reconoce al instante la división de sus corazones, cosa grave porque atentan contra la evidente y presente gracia de Dios a través del Espíritu Santo, que obra en toda su plenitud en Jesús.

Por lo que negar su obra es negar al autor. De divisiones ya estamos cansados, al interno como al externo, deja de negar la gracia con tu corazón dividido, acéptala y súmate a la alegría de la unidad de los hijos de Dios.