“Partícipes o asalariados”

“Partícipes o asalariados”

Juan 10, 11-18

En aquel tiempo, dijo Jesús: –«Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.

Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen; igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.

Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.

Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre».

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El rendimiento en lo laboral estrictamente hablando se distingue abismalmente cuando se es participe o dueño del negocio, a diferencia de ser un asalariado o empleado de confianza.

Y es que tanto en un lado como en el otro, aunque se comparte una misma responsabilidad laboral, el rendimiento no es el mismo por la razón de que nos autocolocamos en estatus ideológicos denigrantes.

El trabajo es una bendición de Dios tanto en una postura como en la otra, ya que es una labor conjunta que en diferente responsabilidad se desarrolla para el bien de los mismos como de la sociedad, por lo que aportan. 

Sin embargo Jesús se coloca y nos invita a tomar el ejemplo y la postura del buen pastor, indistintamente del cargo laboral, porque la responsabilidad ejercida eficazmente también aporta a la santidad.

Pero si nos pasamos la vida quejándonos de lo que de suyo ya es una bendición, entonces no estamos valorando las gracias que Dios nos dio para ejercer dicha labor, como lo es la vida, la salud, la fuerza, la voluntad, y por ende negamos nuestro fin de crecer y desarrollar las propias capacidades, como el asalariado, que vive eternamente acosado por su insatisfacción sin hacer nada para cambiarla. 

Por el contrario hay que ser conscientes de que somos partícipes y agentes efectivos de cambio, haciendo eso que parece que no aporta; si no lo hicieras, se notaría y hará falta porque de suyo es valioso lo que hacemos. 

Por ello como el buen pastor, hay que darlo todo, porque todo se nos da responsablemente para responsablemente hacer uso de ello.

“¿Qué hay que hacer?”

“¿Qué hay que hacer?”

Juan 6, 22-29

Después que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el lago.

Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del lago notó que allí no había habido más que una lancha y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos.

Entretanto, unas lanchas de Tiberíades llegaron cerca del sitio, donde habían comido el pan sobre el que el Señor pronunció la acción de gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: –«Maestro, ¿cuándo has venido aquí?»

Jesús les contestó: –«Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios».

Ellos le preguntaron: –«Y, ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?»

Respondió Jesús: –«La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado».

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El permitirnos dejar guiarnos por algo o alguien, se refiere a una confianza depositada totalmente ante aquello que decidimos seguir. Nuestra voluntad desaparece para asirnos a la del guía, y muchas de las veces habrá que analizar realmente en quién está depositada.

Es un hecho que en los momentos más cansados de alguna situación adversa, se busca un descanso y una palabra de aliento, pero curiosamente parece que dejamos de pensar de manera autónoma para exigir soluciones prefabricadas y hasta casi mágicas como si fuera una fórmula y así no procede la sabiduría de Dios.

Es muy claro el conjunto de signos y parábolas de Jesús, donde claramente marcan un libre camino de obras y actitudes que hablan del seguimiento del Señor, pero como que se nos dificulta asimilarlos y, aunque sean evidentes, preguntamos a manera de justificación ¿qué obras tenemos que hacer…? Necesitamos que nos digan exactamente con peras y manzanas para entender, y qué pena que sea así, porque implica una voluntad perezosa que en vez de ser responsable de sus actos, pretende seguir lo que le digan otros, estratégicamente para al no cumplirlos, echar culpas. 

Se acaban las iniciativas y vienen los tiempos de la espera del mandato para poder hacer algo, cuando el camino es claro.  Pues para empezar, hay que creer en Jesús y pedir sus dones para ser libres y no depender ni del qué dirán, ni del qué tengo que hacer, sino hacerlo y ya. Porque capacidad tenemos para ello y más, falta que la utilicemos com tal.

“Ya juzgado, ya salvado”

“Ya juzgado, ya salvado”

Juan 3, 16-21

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.

Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas.

Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.

En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

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Comúnmente creemos que habrá un juicio final, y así lo será, pero será un juicio que no traerá nada nuevo de lo anteriormente ya juzgado; se nos hace fácil pensar hoy en día que será como el modelo judicial actual, donde quien tiene mayor labia o mayores medios económicos sale triunfador, o se puede manipular a discreción, como lo vemos en las películas, pero esa no es la realidad, así desean que sea, pero no corresponde al verdadero juicio universal.

Pensamos que vamos a tener suerte ante la gran misericordia de Dios, no lo dudo, pero no lo afirmo, ya que la justicia no está peleada con la misericordia, y cada una está definida claramente. 

Y es que no debemos de pensar que el juicio será al final, ya sea de tus días o del definitivo Juicio Final, pero la realidad es que ese juicio ya fue dado desde siempre, es decir, las normas a seguir en nuestras vidas no son a evaluarse posteriormente, se puede hacer, pero de hecho ante nuestra libre voluntad o albedrío, como lo gustes llamar, tu mismo estás aplicando el juicio con el resultado concreto al final porque lo conoces, y no depende de hacer un juicio extra cuando ya lo hiciste tú mismo con tus hechos y tu propia vida, que no depende de nadie sino de tí, digo, para no empezar a echar culpas.

Con Cristo en medio de su mayor expresión de amor al venir al mundo en obediencia al Padre, antes de juzgarnos, nos salvó, y por ende el juicio queda claro. Ya fuimos juzgados y dados los medios así como las oportunidades para no caer en condena, pero si no los aceptamos ni aprovechamos, no por conveniencia, sino por amor, ya quedas juzgado y sin ningún problema a no ser que lo hagas tú y quieras vivir en el mismo.

Así que no esperes nada nuevo, y si lo hubiera, sería lo mismo que ya se te ha dado: el perdón y la caridad, porque ya el mal fue juzgado y además fue salvado junto contigo.

Domingo de Ramos

Domingo de Ramos

San Marcos 14, 1-72.

C. Faltaban dos días para la Pascua y los Azimos. Los sumos sacerdotes y los letrados pretendían prender a Jesús a traición y darle muerte. Pero decían:
S. —No durante las fiestas; podría amotinarse el pueblo.
C. Estando Jesús en Betania, en casa de Simón, el leproso, sentado a la mesa, llegó una mujer con un frasco de perfume muy caro, de nardo puro; quebró el frasco y se lo derramó en la cabeza. Algunos comentaban indignados:
S. —¿A qué viene este derroche de perfume? Se podía haber vendido por más de trescientos denarios para dárselo a los pobres.
C. Y regañaban a la mujer. Pero Jesús replicó:
—Dejadla, ¿por qué la molestáis? Lo que ha hecho conmigo está bien. Porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros y podéis socorrerlos cuando queráis; pero a mí no me tenéis siempre. Ella ha hecho lo que podía: se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura. Os aseguro que, en cualquier parte del mundo donde se proclame el Evangelio, se recordará también lo que ha hecho ésta.
C. Judas Iscariote, uno de los Doce, se presentó a los sumos sacerdotes para entregarles a Jesús. Al oírlo, se alegraron y le prometieron dinero. El andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
El primer día de los ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:
S. —¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua ?
C. —El envió a dos discípulos diciéndoles:
—Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo, y en la casa en que entre, decidle al dueño: «El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?»
Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes.
Preparadnos allí la cena.
C. Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua. Al atardecer fue él con los Doce. Estando a la mesa comiendo dijo Jesús :
—Os aseguro, que uno de vosotros me va a entregar: uno que está comiendo
conmigo.
C. —Ellos, consternados, empezaron a preguntarle uno tras otro :
S. ¿Seré yo?
C. Respondió :
—Uno de los Doce, el que está mojando en la misma fuente que yo. El Hijo del Hombre se va, como está escrito; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del
Hombre!; ¡más le valdría no haber nacido!
C. Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio diciendo:
—Tomad, esto es mi cuerpo.
C. Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio y todos bebieron.
Y les dijo:
—Esta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro, que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el Reino de Dios.
C. Después de cantar el salmo, salieron para el Monte de los Olivos. Jesús les dijo:
—Todos vais a caer, como está escrito: «Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas.»
Pero cuando resucite, iré antes que vosotros a Galilea.
C. Pedro replicó :
S. Aunque todos caigan, yo no.
C. Jesús le contestó:
—Te aseguro, que tú hoy, esta noche, antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres.
C. Pero él insistía:
S. Aunque tenga que morir contigo, no te negaré.
C. Y los demás decían lo mismo.
C. Fueron a una finca, que llaman Getsemaní y dijo a sus discípulos :
—Sentaos aquí mientras voy a orar.
C. Se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, empezó a sentir terror y angustia, y les dijo:
—Me muero de tristeza: quedaos aquí velando.
C. Y, adelantándose un poco, se postró en tierra pidiendo que, si era posible, se alejase de él aquella hora; y dijo:
-¡Abba! (Padre): tú lo puedes todo, aparta de mí ese cáliz. Pero no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.
C. Volvió, y al encontrarlos dormidos, dijo a Pedro:
-Simón ¿duermes?, ¿no has podido velar ni una hora? Velad y orad, para no caer en la tentación; el espíritu es decidido, pero la carne es débil.
C. De nuevo se apartó y oraba repitiendo las mismas palabras. Volvió, y los encontró otra vez dormidos, porque tenían los ojos cargados. Y no sabían qué contestarle. Volvió y les dijo:
-Ya podéis dormir y descansar. ¡Basta! Ha llegado la hora; mirad que el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega.
C. Todavía estaba hablando, cuando se presentó Judas, uno de los doce, y con él gente con espadas y palos, mandada por los sumos sacerdotes, los letrados y los ancianos. El traidor les había dado una contraseña, diciéndoles:
S. -Al que yo bese, es él: prendedlo y conducidlo bien sujeto.
C. Y en cuanto llegó, se acercó y le dijo:
S. —¡Maestro !
C. Y lo besó. Ellos le echaron mano y lo prendieron. Pero uno de los presentes, desenvainando la espada, de un golpe le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús tomó la palabra y les dijo
—¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como a caza de un bandido? A diario os estaba enseñando en el templo, y no me detuvisteis. Pero, que se cumplan las Escrituras.
C. Y todos lo abandonaron y huyeron.
Lo iba siguiendo un muchacho envuelto sólo en una sábana; y le echaron mano; pero él, soltando la sábana, se les escapó desnudo. Condujeron a Jesús a casa del sumo sacerdote, y se reunieron todos los sumos sacerdotes y los letrados y los ancianos. Pedro lo fue siguiendo de lejos, hasta el interior del patio del sumo sacerdote; y se sentó con los criados a la lumbre para calentarse.
Los sumos sacerdotes y el sanedrín en pleno buscaban un testimonio contra Jesús, para condenarlo a muerte; y no lo encontraban. Pues, aunque muchos daban falso testimonio contra él, los testimonios no concordaban. Y algunos, poniéndose de pie, daban testimonio contra él diciendo:
S. —Nosotros le hemos oído decir: «Yo destruiré este templo, edificado por hombres, y en tres días construiré otro no edificado por hombres.»
C. Pero ni en esto concordaban los testimonios.
El sumo sacerdote se puso en pie en medio e interrogó a Jesús:
S. —¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?
C. Pero él callaba, sin dar respuesta. El sumo sacerdote lo interrogó de nuevo preguntándole:
S. —¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?
C. Jesús contestó:
—Sí lo soy. Y veréis que el Hijo del Hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene entre las nubes del cielo.
C. El sumo sacerdote se rasgó las vestiduras diciendo:
S. —¿Qué falta hacen más testigos? Habéis oído la blasfemia. ¿Qué decidís?
C. Y todos lo declararon reo de muerte. Algunos se pusieron a escupirle, y tapándole la cara, lo abofeteaban y le decían:
S. —Haz de profeta.
C. Y los criados le daban bofetadas. Mientras Pedro estaba abajo en el patio, llegó una criada del sumo sacerdote y, al ver a Pedro calentándose, lo miró fijamente y dijo:
S. —También tú andabas con Jesús el Nazareno.
C. El lo negó diciendo:
S. —Ni sé ni entiendo lo que quieres decir.
C. Salió fuera al zaguán, y un gallo cantó. La criada, al verlo, volvió a decir a los presentes:
S. —Este es uno de ellos.
C. Y él lo volvió a negar. Al poco rato también los presentes dijeron a Pedro:
S. —Seguro que eres uno de ellos, pues eres galileo.
C. Pero él se puso a echar maldiciones y a jurar:
S. —No conozco a ese hombre que decís.
C. Y en seguida, por segunda vez, cantó el gallo. Pedro se acordó de las palabras que le había dicho Jesús: «Antes de que cante el gallo dos veces, me habrás negado tres», y rompió a llorar.] Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes con los ancianos, los letrados y el sanedrín en pleno, prepararon la sentencia; y, atando a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato. Pilato le preguntó:
S. —¿Eres tú el rey de los judíos?
C. El respondió:
—Tú lo dices.
C. Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato le preguntó de nuevo:
S. —¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan.
C. Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba muy extrañado. Por la fiesta solía soltarse un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en la revuelta. La gente subió y empezó a pedir el indulto de costumbre. Pilato les contestó:
S. —¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?
C. Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia.
Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás.
Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:
S. —¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?
C. Ellos gritaron de nuevo:
S. —Crucifícalo.
C. Pilato les dijo:
S. —Pues ¿qué mal ha hecho?
C. Ellos gritaron más fuerte:
S. —Crucifícalo.
C. Y Pilato, queriendo dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran. Los soldados se lo llevaron al interior del palacio —al pretorio —y reunieron a toda la compañía. Lo vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo:
S. —¡Salve, rey de los judíos !
C. Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él. Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo. Y a uno que pasaba, de vuelta del campo, a Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rulo, lo forzaron a llevar la cruz. Y llevaron a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «La Calavera»), y le ofrecieron vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno. Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: EL REY DE LOS JUDÍOS. Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. Así se cumplió la Escritura que dice: «Lo consideraron como un malhechor.»
Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:
S. —¡Anda!, tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz.
C. Los sumos sacerdotes, se burlaban también de él diciendo:
S. —A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de
Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos.
C. También los que estaban crucificados con él lo insultaban. Al llegar el mediodía toda la región quedó en tinieblas hasta la media tarde. Y a la media tarde, Jesús clamó con voz potente: -Eloí Eloí, lamá sabactani. (Que significa: Dios mio, Dios mio, ¿por qué me has abandonado?)
C. Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
S. —Mira, está llamando a Elías.
C. Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber diciendo:
S. —Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo.
C. Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.
El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.
El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo:
S. —Realmente este hombre era Hijo de Dios.
[C. Había también unas mujeres que miraban desde lejos; entre ellas Maria
Magdalena, Maria la madre de Santiago el Menor y de José y Salomé, que cuando él estaba en Galilea, lo seguían para atenderlo; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén. Al anochecer, como era el día de la Preparación, víspera del sábado, vino José de Arimatea, noble magistrado, que también aguardaba el Reino de Dios; se presentó decidido ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se extrañó de que hubiera muerto ya; y, llamando al centurión, le preguntó si hacia mucho tiempo que había muerto. Informado por el centurión, concedió el cadáver a José. Este compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro, excavado en una roca, y rodó una piedra a la entrada del sepulcro. Maria Magdalena y Maria, la madre de José, observaban dónde lo ponían.]

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La meditación en este día, se deja a la personal consideración sobre el misterio de la pasión, que para ello es expuesta íntegramente.

“Tanto amó”

“Tanto amó”

Juan 3, 14-21

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: –«Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.

Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas.

Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.

En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios».

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Parece que en tiempos de crisis, el amor sale sobrando, es algo similar que ocurre en tiempos de guerra, la atención totalmente se centra en la supervivencia y como se dice “ahí todo se vale”, no hay reglas, no hay límites, no se respeta nada y cada quien sale como puede.

Pero ya se ha hecho común la crisis, hasta ordinaria nos es al interno del día y de nuestra propia vida, por lo que el mismo amor, como en los tiempos de guerra, sale sobrando, hay otros distractores que saturan nuestra mente y corazón, lo malo es que sin la paz y el amor necesarios, vitales en nosotros, tendemos a buscar soluciones erróneas que en medio del vértigo de la rapidez con que se vive, tomamos  decisiones arrebatadas con la mira a solucionar de tajo los problemas y dolores, optando a veces por situaciones que en la realidad no son soluciones, sino mas problemas pintados de alivio pero que en la realidad complican aún más nuestra existencia.

En éste acelerado embrollo parece imposible ver una pizca de misericordia, o de reconocerla si alguien la brinda, estamos totalmente a la defensiva para protegernos ante cualquier atentado que nos ocasione más dolor, y por ello inconscientemente bloqueamos de manera directa un acto de amor que Dios brinda a través de nuestros prójimos.

En ésta postura es imposible reconocer la grandeza de la obra del amor de Dios al enviarnos a su propio Hijo, lo vemos como una frase bonita, algo que es de Dios, pero no de nosotros; la realidad es que más nuestro no puede ser, porque el fin último de esa acción es restaurar tu amor, tu paz, tu eterna felicidad iniciada ya desde éste mundo.

Hay que dedicar un poco de tiempo para salir del ritmo del mundo, y regalarnos un momento para nosotros de restauración, de reflexión, de serenidad y llegar a descubrir la grandeza de la obra del amor de Dios, que su mayor expresión se nos da en su Hijo Jesucristo, en su obra, en su vida, en su muerte, en su resurrección, que lo hizo por ti. 

Entonces vislumbraremos ese tanto amor que nos dio y que nos sigue dando.

“Retomando la intención…”

“Retomando la intención…”

Lucas 9, 22-25

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día».

Y, dirigiéndose a todos, dijo: –«El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí mismo?»

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Ya en éste tiempo de gracia se nos muestra el tinte que debemos de tomar en cuanto a que nuestra espiritualidad se vea reflejada en nuestra forma de vida, por ello la invitación a seguir al Señor concretamente en éste camino de austeridad y valores divinos.

Este seguimiento se sugiere, mas no se impone, se de a tu libre y plena decisión, ya que cada uno sabe en qué área debemos seguir creciendo, Jesus sabe a dónde va, por lo que presenta el plan de la redención desde la óptica del dolor que es redentor y sanador, para ello es claro diciendo lo que le pasará.

De igual manera debemos de ser claros y directos, no con lo que haremos para que lo vean o pregunten los demás, sino para nadie más que para ti mismo. Es por ello que hay que retomar desde el inicio de la cuaresma la intención tanto del tiempo, como la intención personal, porque si negamos no tan sólo al Señor, sino inclusive nuestra capacidad de sacrificio y esfuerzo, entonces nuestra validez será nula y quedará todo como suele acontecer, en una muy buena intención que de nada sirve más que tan sólo para autodemostrarte que no puedes ni con un poco, ni con un mucho.

Pero sé que puedes, por eso la invitación a retomar, porque si antes no, ahora sí y se que con tu voluntad, la ayuda de Dios y la oración junto con la caridad sales de ganar. Por ello sin perder el rumbo de la cuaresma, a retomar la intención.

“Los tiempos no alcanzan…”

“Los tiempos no alcanzan…”

Marcos 6, 30-34

En aquel tiempo, los Apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. El les dijo: —Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco.

Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma

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Todo el actuar en nuestra vida lo tenemos distribuido en el tiempo, de tal manera que lo organizamos prioritariamente por necesidades, para luego hacerlo por gustos y tendencias personales, por lo que una vez esquematizada nuestra vida cerramos los tiempos a otras actividades con los típicos “no tengo tiempo”.

En realidad los tiempos si así lo deseamos lo podemos reservar, pero para ello implica una muy amplia y gran disponibilidad. Lo curioso del asunto, es que en las necesidades más ónticamente fundamentales, las desatendemos como lo es nuestra propia salud tanto física como espiritual, con la tendencia a atenderla tan sólo en caso extremo de enfermedad.

Modelo perfecto de trabajo en esa área la tenemos con Jesús y sus discípulos, los cuales dejando su trabajo tradicional y ordinario, entran en el ramo de la salud espiritual, con la novedad de que la necesidad siempre será tan basta que como el mismo evangelio lo remarca “No les daba ni tiempo para comer”.

Ellos podrían aprovechar las circunstancias y desatenderse en un matarse trabajando altruístamente, pero el mismo Jesús los retira en su momento porque es necesario recuperarse y alimentarse tanto física como espiritualmente para estar nuevamente dispuestos, descansados y fortalecidos para seguir trabajando ahí donde se necesita.

Por ello, es importante que el tiempo te alcance para restablecerte, descansar y sobre todo también para orar, de otra manera siempre obrarás sistemáticamente cansado con consecuencias de tu mismo cansancio, y lo peor del caso, pensando que así debería de seguir siendo, que la imposición negativa de la rutina sea lo ordinario cuando no.

Date tus tiempos y encuéntrate en oración con el Señor, que te brindará lo que necesitas y el mejor discernimiento cuando sea necesario que lo hagas, porque eres responsable de tu tiempo, pero también de tus actos y consecuencias. Date tiempo.

“…Ése es mi hermano…”

“…Ése es mi hermano…”

Marcos 3, 31-35

En aquel tiempo, llegaron la madre y los hermanos de Jesús y desde fuera lo mandaron llamar. La gente que tenía sentada alrededor le dijo: Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan. Les contestó: –¿Quienes son mi madre y mis hermanos? Y, paseando la mirada por el corro, dijo: –Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.

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La familia nativa y original en la que Dios pretende enviarnos a este mundo, es un signo ya de el acompañamiento que provee a nuestro lado en la persona de nuestros padres y familiares, nunca nos envía solos, siempre el entorno será cálido y amigable, bueno ese es el plan de Dios, por lo que si en nuestras circunstancias personales no aplica exactamente como tal, no es porque Dios así lo desee, ya que el proceso de tu concepción y venida al mundo implicó a tus potenciales padres en las circunstancias que hayan coincidido en sus vidas, pero si el resto no se dio idealmente, ya no es porque Dios tenga ese plan, sino porque nosotros como seres humanos le cambiamos el proyecto y no respondemos como tal.

Sin embargo, sea o no el plan humano responsable ante el proyecto de la familia, de igual manera Dios re-adapta su plan para hacerlo coincidir con el tuyo, porque nadie en lo absoluto es indeseado de Dios, todos estamos aquí por su designio y por ende con una misión concreta que nos irá revelando en el camino, para lo cual vale la pena estar atentos.

Jesús fue concebido en el mismo plan, sin distinción ante el ser humano, con la excepción de su divinidad y el pecado, respetando el proceso natural del crecimiento ordinario de un ser humano, por ello es parte de una familia, que de igual manera lo acogió desde su nacimiento hasta su vida independiente.

En ese mismo esquema nos incluye a todos y nos hace ser conscientes de que si la familia en tu vida no fue funcional, no importa, te está invitando a ser parte de la nueva familia en la fe, donde recibirás aquello que en su momento no pudiste recibir, y donde podrás desarrollar plenamente tu correcta voluntad y afectos.

Pero si nos cerramos, incluso los que nos decimos hijos de Dios o cristianos, a pretender tan sólo aceptar a los que vienen de familias perfectas, a los buenos, no sólo a la religión, sino a la misma relación amistosa, estamos truncando el plan de la familia de Dios no al rechazar al otro donde sus circunstancias son disfuncionales, sino a encapsularnos en nuestra pseudo-familia “perfecta” que no respeta el proyecto de Dios, y que así es imposible que esté unida a Dios.

Jesús nos recuerda que ya tiene el valor de su propia familia, lo siguen buscando, pero no rechaza e incluye a aquellos en el mismo amor y aceptación a tal grado de llamarlos “ése es mi hermano y mi hermana y mi madre”. Si aún no los incluimos, nos falta.

“¿Quién lleva la delantera?”

“¿Quién lleva la delantera?” 


Mateo 21, 28-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero” Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. El le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?». Contestaron: «El primero».Jesús les dijo: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis».
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Definitivamente todas las circunstancias que nos rodean, son las que nos brindan una pincelada de la realidad, pero esa pincelada varía de tiempo en tiempo y de región en región, tan es así, que para lo que a unos resulta una vida ordinaria, para otros es un exceso y viceversa.
Es por ello que en este tiempo de Adviento, no basta con sentirnos que estamos bien, tan sólo porque estamos estables en cuanto a economía o problemas resueltos. Hay que indagar aún mas, sobre todo en esas áreas dónde bien sabemos que no basta con llegar hasta donde estamos.
Resulta que en el mismo evangelio de este día, hace sobresalir la actitud de aquellos que en medio de sus dificultades suelen crecer y darse cuenta de sus actual situación para salir de ella, pone como ejemplo a los publicanos y las prostitutas, los cuales llevan la delantera en el crecimiento moral y espiritual, para posteriormente migrar al físico y material.
Pero si seguimos pensando estancadamente que estamos bien, jamás lograremos un cambio mejor y radical, aquí el peor enemigo no es el pecado, sino uno mismo que lo habitúa a la propia vida como lo ordinario.

Las buenas intenciones no bastan, ni los buenos deseos, ni las ideales iniciativas, eso no cambia nada, si acaso tan sólo un esfuerzo mental, pero nada más. La delantera la llevan quienes realmente miran mas allá de donde están, de aquellos quienes no se ha apagado el espíritu de novedad y no han quedado en conformismos. Este adviento no deja de ser la oportunidad de obedecer en realidad a Dios, hacer oportuna y bien hecha nuestra labor y mantenernos siempre en actitud dinámica hacia el futuro.

“…Se quedaron sin respuesta”

“…Se quedaron sin respuesta”


Lucas 14, 1-6

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Jesús se encontró delante un hombre enfermo de hidropesía y, dirigiéndose a los letrados y fariseos, preguntó: —¿Es lícito curar los sábados, o no?Ellos se quedaron callados. Jesús, tocando al enfermo, lo curó y lo despidió. Y a ellos les dijo: —Sí a uno de vosotros se le cae al pozo el burro o el buey, ¿no lo saca enseguida, aunque sea sábado?Y se quedaron sin respuesta.
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Es muy claro el que a nadie le gusta que lo corrijan, mucho menos si basa su autoridad en el supuesto conocimiento profundo de las situaciones estudiadas y las cosas, de manera especial si nos creemos unos sabelotodo, pero los conceptos se reinterpretan con el tiempo, cambiando sus sentidos y dándoles otro significado; un ejemplo es: lo que antes fuera un simple saludo, ahora se considera un ataque a la privacidad o una ofensa.
Podrán cambiar los conceptos, pero nunca su verdad, esa siempre será la misma, lo bueno es que al final siempre se retoma en sí misma. Un caso concreto lo tenemos en el evangelio, donde afirma un valor mayor en la sanción, a pesar de la ley que lo prohíbe en extremo en Sábado, aunque ambas estén en pro de la persona, siempre se debe discernir en cuál será el bien mayor de ambos bienes, sin descartar o denigrar al otro, eso es lo que hace un buen pastor, siempre en pro de las ovejas.
La cuestión es, que si en el momento, ante un hecho con una verdad irrefutable, se expone claramente un valor verdadero, no valen la pena las palabras para refutarlo, porque se remarcará aún más la invalidez de la mentira que lo secundará, es por ello que Jesús los dejaba callados, que es la mejor actitud ante la necedad.

Al igual nosotros, debemos de ser siempre asertivos, no menear y enredar las situaciones porque se complican más, hay que decir lo que es en cada caso con caridad, al si, un sí, y al no, un no, y como dice Mateo 5,37: “lo demás viene del maligno.”