“Administrar tesoros nuevos”

“Administrar tesoros nuevos”

Mateo: 13, 47-53

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de los cielos se parece también a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación.

¿Han entendido todo esto?” Ellos le contestaron: “Sí”. Entonces Él les dijo: “Por eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los cielos es semejante al padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas”. Y cuando acabó de decir estas parábolas, Jesús se marchó de allí.

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No es novedad que aprendamos a través del tiempo a ir conociendo en mayor intensidad el valor de las cosas, las relaciones y las personas, es parte del proceso cognitivo que se va ampliando y despertando.

Pero no basta tan sólo el conocimiento experimental, aquel que entra por medio de los sentidos y es comprobable a ciencia cierta, es necesaria la misma sabiduría que Dios nos comparte a través de su Santo Espíritu que expande y asimila cada situación para aprovecharla al máximo, así como tomar las mejores y provechosas desiciones.

Cuando nos quedamos tan sólo con el puro conocimiento aprendido, al pasar del tiempo solemos quedar obsoletos y caducos, ya que la vida es tan dinámica que todo cambia muy rápido en donde debemos actualizar y renovar tanto las relaciones como los conocimientos.

Es muy importante saber valorar y administrar los nuevos tesoros, creemos que lo que aprendimos en nuestra época de oro de desarrollo, es lo más importante y que lo nuevo no sirve, pero cuando solicitamos la sabiduría en oración y le permitimos su acción en nuestro pensar así como en la decisiones, entonces sabremos reconciliar el tesoro del pasado, reinventándolo con el tesoro nuevo que trae la cultura emergente.

Lo negativo tanto del pasado como del presente, siempre hay que evitarlo y rechazarlo, pero lo bueno hay que renovarlo y hacerlo actual tanto ayer, como hoy y siempre sin quedar petrificados en pasados ya inertes y caducos, hay que renovarnos.

“El Sembrador”

“El Sembrador”

Mateo: 13, 1-23

Un día salió Jesús de la casa donde se hospedaba y se sentó a la orilla del mar. Se reunió en torno suyo tanta gente, que él se vio obligado a subir a una barca, donde se sentó, mientras la gente permanecía en la orilla. Entonces Jesús les habló de muchas cosas en parábolas y les dijo:

“Una vez salió un sembrador a sembrar, y al ir arrojando la semilla, unos granos cayeron a lo largo del camino; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros granos cayeron en terreno pedregoso, que tenía poca tierra; ahí germinaron pronto, porque la tierra no era gruesa; pero cuando subió el sol, los brotes se marchitaron, y como no tenían raíces, se secaron. Otros cayeron entre espinos, y cuando los espinos crecieron, sofocaron las plantitas. Otros granos cayeron en tierra buena y dieron fruto: unos, ciento por uno; otros, sesenta; y otros, treinta. El que tenga oídos, que oiga”.

Después se le acercaron sus discípulos y le preguntaron: “¿Por qué les hablas en parábolas?” Él les respondió: “A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los cielos, pero a ellos no. Al que tiene, se le dará más y nadará en la abundancia; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden.

En ellos se cumple aquella profecía de Isaías que dice: Oirán una y otra vez y no entenderán; mirarán y volverán a mirar, pero no verán; porque este pueblo ha endurecido su corazón, ha cerrado sus ojos y tapado sus oídos, con el fin de no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni comprender con el corazón. Porque no quieren convertirse ni que yo los salve.

Pero, dichosos ustedes, porque sus ojos ven y sus oídos oyen. Yo les aseguro que muchos profetas y muchos justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron. Escuchen, pues, ustedes lo que significa la parábola del sembrador. A todo hombre que oye la palabra del Reino y no la entiende, le llega el diablo y le arrebata lo sembrado en su corazón. Esto es lo que significan los granos que cayeron a lo largo del camino.

Lo sembrado sobre terreno pedregoso significa al que oye la palabra y la acepta inmediatamente con alegría; pero, como es inconstante, no la deja echar raíces, y apenas le viene una tribulación o una persecución por causa de la palabra, sucumbe.

Lo sembrado entre los espinos representa a aquel que oye la palabra, pero las preocupaciones de la vida y la seducción de las riquezas la sofocan y queda sin fruto.
En cambio, lo sembrado en tierra buena representa a quienes oyen la palabra, la entienden y dan fruto: unos, el ciento por uno; otros, el sesenta; y otros, el treinta”.

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La eficacia de la gracia de Dios es muy manifiesta en todo momento, basta con mirar cuan perfectas acontecen todas las cosas y los tiempos, desde la perspectiva de lo divino y no tan sólo de lo material.

Caso explícito lo tenemos en la parábola del sembrador, que revela cuanto fruto puede dar la misma palabra de Dios, según se le de la importancia que merece recibirla. Dicha parábola no necesita mayor explicación cuando de suyo Jesús mismo la explica, donde el Sembrador es quien hace la diferencia al manifestar esa generosidad para fecundar la tierra.

“Vivir en el orden y no en el caos”

“Vivir en el orden y no en el caos”

Mateo: 11, 25-30

En aquel tiempo, Jesús exclamó: “¡Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien. El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera”.

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Que pena es saber que una persona, en medio de sus cansancios, desborde sus debilidades y éstas dominen su actuar y pensar, a tal grado de considerar que hacer un mal, le hará sentirse bien a manera de desfogue o venganza.

Si entramos en conflicto con alguien, precisamente se nos vienen esos malos pensamiento de hacer algo para dañar de alguna manera a la otra persona, generamos un caos donde olvidamos que estamos inmiscuidos en el mismo y que de igual manera nos afectará, ya que ofender o dañar a alguien, lleva consecuencias lógicas a nuestra vida, así como responsabilidades.

Dios no nos ha dado tanta gracia y tantos beneficios para que los utilicemos como herramientas del caos, sino todo lo contrario, ya que esos métodos violentos no conllevan nada bueno ni para nosotros, ni para los nuestros.

Es por ello que hoy nos recuerda, como Dios se presenta como una solución a todo, llena de paz, donde obtendremos mejores soluciones tranquilas, y no ofensoras ni desesperadas por la reacción inmediata del dolor que no sabemos manejar.

Un corazón manso y humilde, puede manejar todo con sabiduría, sin fatiga y con excelentes resultados, mejores de los que siembra el caos tanto interno como el que ocasionamos como reacción al exterior y contra los demás, aún siendo cercanos a nosotros y que amamos. 

Por ello la invitación es a conformar nuestro corazón al suyo, acercándonos y dejándonos impregnar de todo lo bueno que trae para nosotros, desde el orden, y no desde el caos que nos invita a acrecentarlo día a día. 

“No todo el que me diga: ‘¡Señor, Señor!’…”

“No todo el que me diga: ‘¡Señor, Señor!’…”

Mateo: 7, 21-29

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No todo el que me diga: ‘ ¡Señor, Señor!’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos.

Aquel día muchos me dirán: `¡Señor, Señor!, ¿no hemos hablado y arrojado demonios en tu nombre y no hemos hecho, en tu nombre, muchos milagros?’ Entonces yo les diré en su cara: ‘Nunca los he conocido. Aléjense de mí, ustedes, los que han hecho el mal’.

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa; pero no se cayó, porque estaba construida sobre roca.

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un hombre imprudente, que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos, dieron contra aquella casa y la arrasaron completamente”.

Cuando Jesús terminó de hablar, la gente quedó asombrada de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas

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Existen ciertos tabúes que son interpretados y creídos tan fuertemente que distorsionan la verdad, sobre todo en lo que a la Salvación Eterna se refiere, van desde el que le basta tan solo con creer, hasta el que se mata lenta y sacrificialmente por una manda religiosa.

Los hay que por el hecho de que ya están bautizados se sienten que ya están del otro lado, y el resto de la vida no importa, olvidándose que la gracia recibida hay que cuidarla y hacerla fructificar santamente. Otros creen que son elegidos porque un falso profeta se los afirmó y solamente ellos se van a salvar.

Hay quien piensa que con persignarse en la mañana y decir una oración allá cada que les “nace” es más que suficiente y hasta sienten que les deben el séptimo cielo.

Hay quien va eventualmente al templo, hacen oración y participan de los sacramentos, que de suyo bastan para salvarnos, pero se sienten de los elegidos, su actitud y testimonio no dan para nada de qué bien hablar.

Habrá otros casos que se la pasan en una personal y profunda oración, dedicados enteramente disque intercediendo y sacando demonios con oraciones personales y directas sobre las personas, pero son incapaces de unirse a una comunidad de oración, donde ponga en común su servicio, dones y capacidades, para que en su vida, junto con los demás se fortalezca y lo guíen. Aislados e independiente nunca.  Así no funcionan las cosas.

Clarísimo es el Evangelio de hoy, donde afirma que no basta reconocer su nombre y llamarlo como tal, ni falsamente decirle ¡Señor, Señor!, en este caso las palabras salen sobrando, cuando de suyo la constante oración, muy eficaz, el buen ejemplo y las obras surgidas de la escucha asimilada de su Palabra, son las que nos llevan al buen ejemplo y al obrar. Porque no basta que te conozca Jesús a ti, tú también lo tienes que conocer y amar, así los frutos de ese amor se manifestarán en tu vida y en la de los demás.

Su Palabra una vez escuchada, asimilada y amada, debe de ponerse en práctica, sólo así será viva, activa y eficaz, en eso consiste ya introducirte desde aquí en la vida eterna.

“Inmaculado Corazón de María”

“Inmaculado Corazón de María”


Lucas 2, 41-52


Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén para las festividades de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, fueron a la fiesta, según la costumbre. Pasados aquellos días, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran. Creyendo que iba en la caravana, hicieron un día de camino; entonces lo buscaron, y al no encontrarlo, regresaron a Jerusalén en su busca.

Al tercer día lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían se admiraban de su inteligencia y sus respuestas. Al verlo, sus padres se quedaron atónitos y su madre le dijo: –«Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia».

El respondió: —«¿Por qué me andaban buscando? ¿No sabían que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?»

Ellos no entendieron la respuesta que les dio. Entonces volvió con ellos a Nazaret y siguió sujeto a su autoridad. Su madre conservaba en su corazón todas aquellas cosas.


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Mes de junio, dedicado a los corazones de Jesús y María, recordándonos sobre todo el amor de Dios concreto en cada uno de ellos. Corazones que no han dejado de manifestar una impronta, ya que hoy en nuestros días seguimos percibiendo y gozando de ese amor tan grande que sigue dando frutos y moviendo tiernamente las voluntades, tornándolas hacia Dios.


Hoy en concreto recordamos el amor de una mujer, que ha marcado una vida y que esa vida, la de su hijo lleve su impronta bañada de caridad, aquel sello característico que como madre dedicada ha sembrado en su propio hijo.


Es un corazón que en mutua confianza con Dios, ha sido esculpido tanto humana como divinamente, como repositorio de las gracias que recibe a su vez de su hijo y que ella asimiladas en su corazón, las devuelve maternalmente a un ser que le fue otorgado en responsabilidad. María es la mayor expresión femenina de la ternura y el mismo amor de Dios. 


Es un Corazón que a su vez se ha desarrollado en la gracia previa otorgada de la Inmaculada Concepción, la cual no ha perdido y por ende a su vez, es inmaculado.


Despejemos los temores, las dudas, los malos entendidos para dar cabida al amor que abra puertas, que define relaciones y que no deja de manifestar la propia delicadeza del amor de Dios.  

“Solemnidad del Cuerpo y La Sangre de Cristo”

“Solemnidad del Cuerpo y La Sangre de Cristo”

Juan: 6, 51-58

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida”.

Entonces los judíos se pusieron a discutir entre sí: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?” Jesús les dijo: “Yo les aseguro: Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día.

Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él, así también el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que comieron sus padres, pues murieron. El que come de este pan vivirá para siempre”. 

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Corpus Christi es la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, de la presencia de Jesucristo en la Eucaristía.

Este día recordamos la institución de la Eucaristía que se llevó a cabo el Jueves Santo durante la Última Cena, al convertir Jesús el pan y el vino en su Cuerpo y en su Sangre.

Es una fiesta muy importante porque la Eucaristía es el regalo más grande que Dios nos ha hecho, movido por su querer quedarse con nosotros después de la Ascensión.

Origen de la fiesta:

Dios utilizó a santa Juliana de Mont Cornillon para propiciar esta fiesta. La santa nace en Retines cerca de Liège, Bélgica en 1193. Quedó huérfana muy pequeña y fue educada por las monjas Agustinas en Mont Cornillon. Cuando creció, hizo su profesión religiosa y más tarde fue superiora de su comunidad. Por diferentes intrigas tuvo que irse del convento. Murió el 5 de abril de 1258, en la casa de las monjas Cistercienses en Fosses y fue enterrada en Villiers.

Juliana, desde joven, tuvo una gran veneración al Santísimo Sacramento. Y siempre añoraba que se tuviera una fiesta especial en su honor. Este deseo se dice haberse intensificado por una visión que ella tuvo de la Iglesia bajo la apariencia de luna llena con una mancha negra, que significaba la ausencia de esta solemnidad.

Ella le hizo conocer sus ideas a Roberto de Thorete, el entonces obispos de Liège, también al docto Dominico Hugh, más tarde cardenal legado de los Países Bajos; a Jacques Pantaleón, en ese tiempo archidiácono de Liège, después obispo de Verdun, Patriarca de Jerusalén y finalmente al Papa Urbano IV. El obispo Roberto se impresionó favorablemente y como en ese tiempo los obispos tenían el derecho de ordenar fiestas para sus diócesis, invocó un sínodo en 1246 y ordenó que la celebración se tuviera el año entrante; también el Papa ordenó, que un monje de nombre Juan debía escribir el oficio para esa ocasión. El decreto está preservado en Binterim (Denkwürdigkeiten, V.I. 276), junto con algunas partes del oficio.

El obispo Roberto no vivió para ver la realización de su orden, ya que murió el 16 de octubre de 1246, pero la fiesta se celebró por primera vez por los cánones de San Martín en Liège. Jacques Pantaleón llegó a ser Papa el 29 de agosto de 1261. La ermitaña Eva, con quien Juliana había pasado un tiempo y quien también era ferviente adoradora de la Santa Eucaristía, le insistió a Enrique de Guelders, obispo de Liège, que pidiera al Papa que extendiera la celebración al mundo entero.

Urbano IV, siempre siendo admirador de esta fiesta, publicó la bula “Transiturus” el 8 de septiembre de 1264, en la cual, después de haber ensalzado el amor de nuestro Salvador expresado en la Santa Eucaristía, ordenó que se celebrara la solemnidad de “Corpus Christi” en el día jueves después del domingo de la Santísima Trinidad, al mismo tiempo otorgando muchas indulgencias a todos los fieles que asistieran a la santa misa y al oficio. Este oficio, compuesto por el doctor angélico, Santo Tomás de Aquino, por petición del Papa, es uno de los más hermosos en el breviario Romano y ha sido admirado aun por Protestantes.

La muerte del Papa Urbano IV (el 2 de octubre de 1264), un poco después de la publicación del decreto, obstaculizó que se difundiera la fiesta. Pero el Papa Clemente V tomó el asunto en sus manos y en el concilio general de Viena (1311), ordenó una vez más la adopción de esta fiesta. Publicó un nuevo decreto incorporando el de Urbano IV. Juan XXII, sucesor de Clemente V, instó su observancia.

Ninguno de los decretos habla de la procesión con el Santísimo como un aspecto de la celebración. Sin embargo estas procesiones fueron dotadas de indulgencias por los Papas Martín V y Eugenio IV y se hicieron bastante comunes en a partir del siglo XIV.

La fiesta fue aceptada en Cologne en 1306; en Worms la adoptaron en 1315; en Strasburg en 1316. En Inglaterra fue introducida de Bélgica entre 1320 y 1325. En los Estados Unidos y en otros países la solemnidad se celebra el domingo después del domingo de la Santísima Trinidad.

En la Iglesia griega la fiesta de Corpus Christi es conocida en los calendarios de los sirios, armenios, coptos, melquitas y los rutinios de Galicia, Calabria y Sicilia.

El Concilio de Trento declara que muy piadosa y religiosamente fue introducida en la Iglesia de Dios la costumbre, que todos los años, determinado día festivo, se celebre este excelso y venerable sacramento con singular veneración y solemnidad, y reverente y honoríficamente sea llevado en procesión por las calles y lugares públicos. En esto los cristianos atestiguan su gratitud y recuerdo por tan inefable y verdaderamente divino beneficio, por el que se hace nuevamente presente la victoria y triunfo de la muerte y resurección de Nuestro Señor Jesucristo.

Fuente: http://www.corazones.org

El milagro de Bolsena

En el siglo XIII, el sacerdote alemán, Pedro de Praga, se detuvo en la ciudad italiana de Bolsena, mientras realizaba una peregrinación a Roma. Era un sacerdote piadoso, pero dudaba en ese momento de la presencia real de Cristo en la Hostia consagrada. Cuando estaba celebrando la Misa junto a la tumba de Santa Cristina, al pronunciar las palabras de la Consagración, comenzó a salir sangre de la Hostia consagrada y salpicó sus manos, el altar y el corporal.

El sacerdote estaba confundido. Quiso esconder la sangre, pero no pudo. Interrumpió la Misa y fue a Orvieto, lugar donde residía el Papa Urbano IV.

El Papa escuchó al sacerdote y mandó a unos emisarios a hacer una investigación. Ante la certeza del acontecimiento, el Papa ordenó al obispo de la diócesis llevar a Orvieto la Hostia y el corporal con las gotas de sangre.

Se organizó una procesión con los arzobispos, cardenales y algunas autoridades de la Iglesia. A esta procesión, se unió el Papa y puso la Hostia en la Catedral. Actualmente, el corporal con las manchas de sangre se exhibe con reverencia en la Catedral de Orvieto.

A partir de entonces, miles de peregrinos y turistas visitan la Iglesia de Santa Cristina para conocer donde ocurrió el milagro.

En Agosto de 1964, setecientos años después de la institución de la fiesta de Corpus Christi, el Papa Paulo VI celebró Misa en el altar de la Catedral de Orvieto. Doce años después, el mismo Papa visitó Bolsena y habló en televisión para el Congreso Eucarístico Internacional. Dijo que la Eucaristía era “un maravilloso e inacabable misterio”.

Tradiciones mexicanas de Corpus Christi

Esta fiesta tradicional data del año 1526. Se acostumbra rendir culto al Santísimo Sacramento en la Catedral de México. El centro de la festividad era la celebración solemne de la Misa, seguida de una imponente procesión que partía del Zócalo, en la que la Sagrada Eucaristía, portada por el arzobispo bajo palio, era escoltada por autoridades virreinales, cabildo, cofradías, ejército, clero y pueblo. Había también representaciones teatrales alusivas, música y vendimia especial.

Los campesinos traían en sus mulas algunos frutos de sus cosechas para ofrecérselas a Dios como señal de agradecimiento. Esto dio origen a una gran feria que congregaba artesanos y comerciantes de distintos rumbos del país, que traían mercancías a lomo de mula (frutos de la temporada y artesanías que transportaban en guacales).

Cuentan que un hombre, llamado Ignacio, tenía dudas acerca de su vocación sacerdotal y un jueves de Corpus le pidió a Jesucristo que le enviara una señal. Al Pasar el Santísimo Sacramento frente a Ignacio en la procesión, Ignacio pensó: “Si ahí estuviera presente Dios, hasta las mulas se arrodillarían” y, en ese mismo instante, la mula del hombre se arrodilló. Ignacio interpretó esto como señal y entregó su vida a Dios en el sacerdocio y se dedicó para siempre a transmitir a los demás las riquezas de la Eucaristía.

Así fue como surgieron las mulitas elaboradas con hojas de plátano secas con pequeños guacales de dulces de coco o de frutas, de diversos tamaños.

Ponerse una mulita en la solapa o comprar una mulita para adornar la casa, significa que, al igual que la mula de Ignacio, nos arrodillamos ante la Eucaristía, reconociendo en ella la presencia de Dios.

Esta fiesta se celebra cada año el jueves después de la Santísima Trinidad. Se lleva a cabo en la Catedral y los niños se visten de inditos para agradecer la infinita ternura de Jesús. Se venden mulitas con gran colorido.

Diversas maneras de celebrar esta fiesta

Participar en la procesión con el Santísimo

La procesión con el Santísimo consiste en hacer un homenaje agradecido, público y multitudinario de la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Se acostumbra sacar en procesión al Santísimo Sacramento por las calles y las plazas o dentro de la parroquia o Iglesia, para afirmar el misterio del Dios con nosotros en la Eucaristía.

Esta costumbre ayuda a que los valores fundamentales de la fe católica se acentúen con la presencia real y personal de Cristo en la Eucaristía.

La Hora Santa

Es una manera práctica y muy bella de adorar a Jesús Sacramentado. El Papa Juan Pablo II la celebra, al igual que la mayoría de las Parroquias de todo el mundo, los jueves al anochecer, para demostrar a Cristo Eucaristía amor y agradecimiento y reparar las actitudes de indiferencia y las faltas de respeto que recibe de uno mismo y de los demás hombres.

Consiste en realizar una pequeña reflexión evangélica, en presencia de Jesús Sacramentado y, al final, se rezan unas letanías especiales para demostrarle a Jesús nuestro amor.

Se puede celebrar de manera formal con el Santísimo Sacramento solemnemente expuesto en la custodia, con incienso y con cantos, o de manera informal con la Hostia dentro del Sagrario. Cualquiera de las dos maneras agrada a Jesús.

Se inicia con la exposición del Santísimo Sacramento o, en su defecto, con una oración inicial a Jesucristo estando todos arrodillados frente al Sagrario.

A continuación, se procede a la lectura de un pasaje del Evangelio y al comentario del mismo por parte de alguno de los participantes.

Luego, se reflexiona adorando a Jesús, Rey del Universo, en la Eucaristía.

Se termina con las invocaciones y las letanías correspondientes y, en el caso de que la Hora Eucarística se haya hecho delante del Santísimo solemnemente expuesto, el sacerdote da la bendición con el Santísimo; en caso contrario, se finaliza la Hora Santa con una plegaria conocida de agradecimiento.

¿Qué hacer cuando no se puede ir a comulgar?

Se puede llevar a cabo una comunión espiritual. Esto es recibir a Jesús en tu alma, rezando la siguiente oración:

“Creo, Jesús mío, que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo ardientemente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Quédate conmigo y no permitas que me separe de ti. Amén”

“Cambiar algo sin conocerlo”

Cambiar algo sin conocerlo”

Mateo: 5, 17-19

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley.

Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos”.

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No es ajeno a nuestra capacidad intelectual el rechazar algo sin conocerlo, ya las ciencias no profundizan en su verdad, tan sólo la presentan para hacer conciencia de su existencia, dándonos el lujo de tener un pensamiento antagónico por simple decisión personal.

Situación que se refleja en todo, por ejemplo, se desconoce la fe y se le rechaza como algo impositivo, se rechaza a Dios sin conocerlo, y como niños, rechazamos alimentos sin saber si son sabrosos.

Con la ley es lo mismo, no se le conoce, ni se saben sus cláusulas, párrafos e incisos, nos quedamos con lo genérico y de ahí parte nuestro juicio.

Prácticamente queremos cambiar una ley que de base tiene la novedad de que nunca se ha cumplido, ni conocemos los efectos de aplicarla como tal, situación a la que Jesús se le echa en cara de quererla cambiar, cuando realmente afirma que no viene a suplantar nada, al contrario, viene a que esa ley, esos profetas, inicien a vivirse en su correcto y verdadero sentido, que basta para cambiar el entorno, en vez de modificar algo que aún no se vive ni se conoce.

Jesús pretende usar la ley en su sentido original, con eso basta, sin cambiar nada, para que se viva en plenitud, ya que para ello desde el principio fue dada. No hay que inventar nada, hay que aprovechar lo que ya tenemos, porque si no fuimos capaces de aprovechar lo que se nos dio en el pasado y es aún vigente, entonces mucho menos acataremos y viviremos algo nuevo sin experiencia de ello.

“Volver al Padre”

“Volver al Padre”

Juan: 16, 23-28

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro: cuanto pidan al Padre en mi nombre, se lo concederá. Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre. Pidan y recibirán, para que su alegría sea completa.

Les he dicho estas cosas en parábolas; pero se acerca la hora en que ya no les hablaré en parábolas, sino que les hablaré del Padre abiertamente. En aquel día pedirán en mi nombre, y no les digo que rogaré por ustedes al Padre, pues el Padre mismo los ama, porque ustedes me han amado y han creído que salí del Padre. Yo salí del Padre y vine al mundo; ahora dejo el mundo y vuelvo al Padre”.

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Ya próximos a la fiesta de la Ascensión den Señor, las lecturas nos van preparando para celebrar y estar preparados para dicho evento, donde durante todas las anteriores semanas de Pascua nos han estado preparando para disponer nuestros corazones a recibir la gracia que conlleva además de asimilar con mayor acierto el mismo plan de Dios.

La iniciativa proviene de Dios, cuando Jesús nos invita a que sin dudar pidamos, como una actitud que solicita una actuación de nuestra parte, para que Dios, que aunque lo sabe todo, reafirme nuestra voluntad en lo que pedimos con la autentica disposición de recibirlo.

Ahora con todo el plan cumplido, puede retirarse con la confianza de que por medio de su Santo Espíritu, que ya puede obrar en su plenitud dentro de la misma historia de la Salvación, donde estará más presente y actuando como nunca.

Es por ello que vuelve al Padre, de donde viene su procedencia y a donde pertenece; plan que explica con toda claridad para que tanto en la lógica humana como en la divina se entienda.

Un volver que inicia con el retorno triunfal de Jesús en nuestra humanidad glorificada, y que prosigue con nuestro propio retorno a la Casa del Padre, con las puertas abiertas gracias a la redención dada por el Señor Jesús. No hace falta remarcar que el camino que  Jesús nos ha marcado, es precisamente el de retorno a la presencia del Padre donde pertenecemos de igual manera nosotros, ya que desde el origen, ese es el plan de Dios.

“Un mandato sencillo”

“Un mandato sencillo”

Juan: 15, 12-17

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande a sus amigos que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre.

No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre. Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros”.

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Cuando se nos habla de mandatos, como que consideramos la acción más bien como una imposición, cuando es todo lo contrario. en realidad Jesús está pidiendo realizar actitudes y actividades que van dentro de los mismos dones y capacidades que ya nos ha regalado, de tal manera que no está pidiendo nada ajeno que no se pueda realizar.

La situación se complica cuando dicha capacidad la hemos opacado porque se le ha dado  mayor importancia al odio, al resentimiento, ese que se sigue alimentando constantemente y que crece conforme lo hacemos presente porque estamos ya impuestos a esas actitudes como ordinarias y normales.

Ahí sí se dificulta el mandato del amor, no porque no se pueda, sino porque dominan mociones negativas, llenas de resentimientos de antaño que actualizamos día a día y que las hemos hecho nuestras y hasta las justificamos sin hacer el intento de sanarlas.

Quien permite que Dios permanezca en su corazón, le auxilia para poder descartar aquello que nos quita la paz y no permitir que nos robe la felicidad. Es por ello que un mandato sencillo lo es en base a su identidad simple, pero que de igual manera, nosotros que hemos recibido el don de poder amar, lo ejerzamos sin la necesidad de que sea suplantado por el dolor que aparenta llegar para quedarse, porque no es bienvenido.

“Conociendo el entorno”

“Conociendo el entorno”

Juan 14, 7-14

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».

Felipe le dice: –«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».

Jesús le replica: –«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre; y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré».

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El hecho de conocer a una nueva persona en nuestras vidas suele ser toda una expedición de investigación lenta y ordinaria, que con el paso de los días que se va dando naturalmente en el trato concreto.

Sin embargo no basta el trato directo para entender un poco más a profundidad a la persona, ya que podría darnos una imagen intencionalmente distinta o inconscientemente alterna a su realidad. Pero bueno, eso es otro rollo, lo que en realidad nos explica el por qué el comportamiento y personalidad de alguien, se nos descubre en sus obras y sobre todo en su entorno.

Por lo general ,somos cada uno de nosotros, el cúmulo de experiencias acontecidas de manera personal, en las que gran parte de ellas son adquiridas en la propia familia, de donde concluimos que parte de nuestro comportamiento proviene del ambiente familiar.

Y es que la forma de expresarte, de hablar, de tratar a los demás, dice lo que tus mismos padres te han dado o de lo que has carecido. Somos lo admitamos o no, en cierta manera como ellos. 

Por ello, en el caso de Jesús no es la excepción, ya que sus obras, dichos y hechos, hablan a raudales de su Padre en toda la expresión de la palabra, y no estamos hablando tan sólo de San José o la Santísima Virgen María que de suyo humanamente hablando le dieron gran parte de sí, sino además de la misma relación eterna con el Padre Celestial. 

Es por ello muy importante conocer el entorno de Jesús, además de su vida y obras, que sin duda nos lleva y manifiesta invariablemente a su Padre.