“¿Quién lleva la delantera?”

“¿Quién lleva la delantera?” 


Mateo 21, 28-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero” Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. El le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?». Contestaron: «El primero».Jesús les dijo: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis».
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Definitivamente todas las circunstancias que nos rodean, son las que nos brindan una pincelada de la realidad, pero esa pincelada varía de tiempo en tiempo y de región en región, tan es así, que para lo que a unos resulta una vida ordinaria, para otros es un exceso y viceversa.
Es por ello que en este tiempo de Adviento, no basta con sentirnos que estamos bien, tan sólo porque estamos estables en cuanto a economía o problemas resueltos. Hay que indagar aún mas, sobre todo en esas áreas dónde bien sabemos que no basta con llegar hasta donde estamos.
Resulta que en el mismo evangelio de este día, hace sobresalir la actitud de aquellos que en medio de sus dificultades suelen crecer y darse cuenta de sus actual situación para salir de ella, pone como ejemplo a los publicanos y las prostitutas, los cuales llevan la delantera en el crecimiento moral y espiritual, para posteriormente migrar al físico y material.
Pero si seguimos pensando estancadamente que estamos bien, jamás lograremos un cambio mejor y radical, aquí el peor enemigo no es el pecado, sino uno mismo que lo habitúa a la propia vida como lo ordinario.

Las buenas intenciones no bastan, ni los buenos deseos, ni las ideales iniciativas, eso no cambia nada, si acaso tan sólo un esfuerzo mental, pero nada más. La delantera la llevan quienes realmente miran mas allá de donde están, de aquellos quienes no se ha apagado el espíritu de novedad y no han quedado en conformismos. Este adviento no deja de ser la oportunidad de obedecer en realidad a Dios, hacer oportuna y bien hecha nuestra labor y mantenernos siempre en actitud dinámica hacia el futuro.

“…Se quedaron sin respuesta”

“…Se quedaron sin respuesta”


Lucas 14, 1-6

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Jesús se encontró delante un hombre enfermo de hidropesía y, dirigiéndose a los letrados y fariseos, preguntó: —¿Es lícito curar los sábados, o no?Ellos se quedaron callados. Jesús, tocando al enfermo, lo curó y lo despidió. Y a ellos les dijo: —Sí a uno de vosotros se le cae al pozo el burro o el buey, ¿no lo saca enseguida, aunque sea sábado?Y se quedaron sin respuesta.
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Es muy claro el que a nadie le gusta que lo corrijan, mucho menos si basa su autoridad en el supuesto conocimiento profundo de las situaciones estudiadas y las cosas, de manera especial si nos creemos unos sabelotodo, pero los conceptos se reinterpretan con el tiempo, cambiando sus sentidos y dándoles otro significado; un ejemplo es: lo que antes fuera un simple saludo, ahora se considera un ataque a la privacidad o una ofensa.
Podrán cambiar los conceptos, pero nunca su verdad, esa siempre será la misma, lo bueno es que al final siempre se retoma en sí misma. Un caso concreto lo tenemos en el evangelio, donde afirma un valor mayor en la sanción, a pesar de la ley que lo prohíbe en extremo en Sábado, aunque ambas estén en pro de la persona, siempre se debe discernir en cuál será el bien mayor de ambos bienes, sin descartar o denigrar al otro, eso es lo que hace un buen pastor, siempre en pro de las ovejas.
La cuestión es, que si en el momento, ante un hecho con una verdad irrefutable, se expone claramente un valor verdadero, no valen la pena las palabras para refutarlo, porque se remarcará aún más la invalidez de la mentira que lo secundará, es por ello que Jesús los dejaba callados, que es la mejor actitud ante la necedad.

Al igual nosotros, debemos de ser siempre asertivos, no menear y enredar las situaciones porque se complican más, hay que decir lo que es en cada caso con caridad, al si, un sí, y al no, un no, y como dice Mateo 5,37: “lo demás viene del maligno.”

“Den a Dios, lo que es de Dios”

“Den a Dios, lo que es de Dios”


Mateo 22, 15-21


En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: —Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: —Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto. Le presentaron un denario. Él les preguntó: —¿De quién son esta cara y esta inscripción?Le respondieron: —Del César.Entonces les replicó: —Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.
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Ciertamente ¿a Dios qué le podríamos ofrecer?, si todo le pertenece, es el mismo autor y creador de todo, y como que no resulta muy lógico que Dios nos de lo mismo que le vamos a regalar, como que estamos impuestos a la novedad y a la sorpresa.
Nosotros estamos muy impuestos a regalar algo que agrade o sea útil a la persona receptora, pero a Dios se le puede regalar algo un poco más elaborado, con una intención muy bien definida, basta con devolver agradecidamente sus propios bienes, pero impregnados con la reciprocidad del amor.
Es como un padre de familia, que se sabe el proveedor único de los ingresos del hogar, más sin embargo, en algún aniversario, la familia le brinda un regalo, obtenido con mucho sacrificio, pero lleno de afecto y agradecimiento. Sería injusto si reclama que él mismo se dio al final de cuentas su propio regalo, por manos de los suyos, pero no, el regalo es auténtico porque devuelve con creces aquello que generosa y desinteresadamente da, aumentado con el detalle del amor y la dedicación especial que es lo que realmente vale la pena.
Dios en el mismo esquema, agradece que complementemos su creación y le devolvamos aquello mismo que Él nos ofrece pero con una acción que lo plenifica y lo hace especial porque ahora implica la respuesta bien intencionada del ser humano quien lo selecciona y lo dedica a Dios mismo.
Es por ello que, no importa dar a Dios lo que es de Dios, porque ahora es fruto en colaboración con el trabajo humano, así mismo es importante tomarle en cuenta en todas nuestras labores y pagas, porque no todo debe ser egoístamente para nosotros, de esa actitud nace el diezmo y las primicias, que aunque son suyas, dedicarlas a Él, demuestran nuestro total y concreto agradecimiento, muy bien aceptado y visto por Dios.

Estamos impuestos hasta obligadamente a pagar al César lo que le corresponde civilmente hablando, pero naturalmente deberíamos de pagar a Dios lo que generosamente nos da con sus propios bienes, como lo afirmamos en la eucaristía del día a día durante el ofertorio: “Bendito seas, Señor, Dios del Universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos…”, es muy bueno dar a Dios lo que es de Dios, porque ahora no habla de Dios, habla de ti.

“La primacía del amor”

“La primacía del amor”

Mateo: 22, 34-40

En aquel tiempo, habiéndose enterado los fariseos de que Jesús había dejado callados a los saduceos, se acercaron a Él. Uno de ellos, que era doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?”

Jesús le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas”.

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Para muchas personas hablar del amor resulta tan enfadoso, como si se tratara de un tema sin trascendencia, sin importancia, con una frialdad tal que no alcanzamos a suponer cuáles fueron las circunstancias por las que se cayó en dicha negativa.

No es que Dios sea un ser egocéntrico que requiere sentirse invariablemente amado para existir, como una codependencia del amor, lo cual no es así, de hecho nuestro amor no lo necesita, ni le añade, ni le quita absolutamente nada su majestad y divinidad.

Por el contrario, Él primeramente nos da su amor para que nuestra existencia tenga sentido, y por el mismo amor nos desarrollemos y crezcamos en los mismos dones que de su bondad nos participa, a su semejanza.

No debemos de olvidar, que el punto de partida de la misma creación es el amor, por ello cuando es transgredido desencadena el caos y el dolor, a lo que es necesario que el amor impere y que el modelo a seguir de cómo amar y sentirnos amados es el mismo amor de Dios.

Con el amor de Dios, todo se plenifica, cobra sentido y cumple su objetivo además de completar en nuestro ser lo que le llena. La primacía del amor no es otra cosa, sino amar con el mismo amor de Dios, aceptando la creación y nuestro ser en la misma comparte de un todo.

“¿Qué nos va a tocar?”

“¿Qué nos va a tocar?”

Mateo 19, 23-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los cielos. Se lo repito: es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los cielos”. Al oír esto, los discípulos se quedaron asombrados y exclamaron: “Entonces ¿quién podrá salvarse?” Pero Jesús, mirándolos fijamente, les respondió: “Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible”.

Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo a Jesús: “Señor, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido, ¿qué nos va a tocar?” Jesús les dijo: “Yo les aseguro que en la vida nueva, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, ustedes, los que me han seguido, se sentarán también en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.

Y todo aquel que por mí haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o esposa o hijos, o propiedades, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. Y muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros”.

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Hay un dicho que decimos por acá: “es que no da paso sin huarache”, es decir, no hacemos nada sin obtener una muy buena gratificación o recompensa. Claro que siempre buscamos en su momento tener la seguridad económica o cuando menos el justo pago de aquello que realizamos.

Cuando Jesús les habla a sus Discípulos sobre su postura ente la riqueza y la actitud que toman los adinerados, expresa claramente que su finalidad no es obtener bienes materiales, porque su misión es otra mayor, la redención del Género humano. 

Algo que cayó un poco como un cubetazo de agua fría a sus discípulos, los cuales van gradualmente conociendo la misión a la que fueron llamados, al respecto ya viendo su natural interés en la remuneración y las riquezas, con eso de que les hablaba de un Reino, pues pensaban que era material, con su palacio, súbditos, ejercito y muralla, además del poderío económico. Ellos afirman decepcionadamente: ¿quién podrá salvarse?.

Pedro que siempre toma la palabra pregunta directamente: “¿qué nos va a tocar?”, y es que ellos dejaron una vida de seguridades personales por seguir a Jesús, su vida ya estaba resuelta, aún así decidieron seguirlo. Lo que no entendían en su momento es que la paga no solamente iba a ser material, tampoco afirmó Jesús que sería etérea y póstuma en la otra vida, como quien no recibe nada más que las gracias y a veces ni eso.

Sino que Jesús confirma que junto con la gracia bien plantada traerá junto consigo la riqueza, aquella que se podrá administrar sabia y santamente para el bien propio y de los cercanos, en base a la entrega espiritual vendrá de suyo la material, porque Dios provee misericordiosamente lo necesario, pero no llega una riqueza sin la otra, hay que saber demostrar que se tiene una con el testimonio para que llegue la otra.

Pues eso es lo que nos va a tocar y, además el ciento por uno, pero si sólo esperamos el ciento, ni el uno llega.

“Administrar tesoros nuevos”

“Administrar tesoros nuevos”

Mateo: 13, 47-53

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de los cielos se parece también a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación.

¿Han entendido todo esto?” Ellos le contestaron: “Sí”. Entonces Él les dijo: “Por eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los cielos es semejante al padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas”. Y cuando acabó de decir estas parábolas, Jesús se marchó de allí.

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No es novedad que aprendamos a través del tiempo a ir conociendo en mayor intensidad el valor de las cosas, las relaciones y las personas, es parte del proceso cognitivo que se va ampliando y despertando.

Pero no basta tan sólo el conocimiento experimental, aquel que entra por medio de los sentidos y es comprobable a ciencia cierta, es necesaria la misma sabiduría que Dios nos comparte a través de su Santo Espíritu que expande y asimila cada situación para aprovecharla al máximo, así como tomar las mejores y provechosas desiciones.

Cuando nos quedamos tan sólo con el puro conocimiento aprendido, al pasar del tiempo solemos quedar obsoletos y caducos, ya que la vida es tan dinámica que todo cambia muy rápido en donde debemos actualizar y renovar tanto las relaciones como los conocimientos.

Es muy importante saber valorar y administrar los nuevos tesoros, creemos que lo que aprendimos en nuestra época de oro de desarrollo, es lo más importante y que lo nuevo no sirve, pero cuando solicitamos la sabiduría en oración y le permitimos su acción en nuestro pensar así como en la decisiones, entonces sabremos reconciliar el tesoro del pasado, reinventándolo con el tesoro nuevo que trae la cultura emergente.

Lo negativo tanto del pasado como del presente, siempre hay que evitarlo y rechazarlo, pero lo bueno hay que renovarlo y hacerlo actual tanto ayer, como hoy y siempre sin quedar petrificados en pasados ya inertes y caducos, hay que renovarnos.

“El Sembrador”

“El Sembrador”

Mateo: 13, 1-23

Un día salió Jesús de la casa donde se hospedaba y se sentó a la orilla del mar. Se reunió en torno suyo tanta gente, que él se vio obligado a subir a una barca, donde se sentó, mientras la gente permanecía en la orilla. Entonces Jesús les habló de muchas cosas en parábolas y les dijo:

“Una vez salió un sembrador a sembrar, y al ir arrojando la semilla, unos granos cayeron a lo largo del camino; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros granos cayeron en terreno pedregoso, que tenía poca tierra; ahí germinaron pronto, porque la tierra no era gruesa; pero cuando subió el sol, los brotes se marchitaron, y como no tenían raíces, se secaron. Otros cayeron entre espinos, y cuando los espinos crecieron, sofocaron las plantitas. Otros granos cayeron en tierra buena y dieron fruto: unos, ciento por uno; otros, sesenta; y otros, treinta. El que tenga oídos, que oiga”.

Después se le acercaron sus discípulos y le preguntaron: “¿Por qué les hablas en parábolas?” Él les respondió: “A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los cielos, pero a ellos no. Al que tiene, se le dará más y nadará en la abundancia; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden.

En ellos se cumple aquella profecía de Isaías que dice: Oirán una y otra vez y no entenderán; mirarán y volverán a mirar, pero no verán; porque este pueblo ha endurecido su corazón, ha cerrado sus ojos y tapado sus oídos, con el fin de no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni comprender con el corazón. Porque no quieren convertirse ni que yo los salve.

Pero, dichosos ustedes, porque sus ojos ven y sus oídos oyen. Yo les aseguro que muchos profetas y muchos justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron. Escuchen, pues, ustedes lo que significa la parábola del sembrador. A todo hombre que oye la palabra del Reino y no la entiende, le llega el diablo y le arrebata lo sembrado en su corazón. Esto es lo que significan los granos que cayeron a lo largo del camino.

Lo sembrado sobre terreno pedregoso significa al que oye la palabra y la acepta inmediatamente con alegría; pero, como es inconstante, no la deja echar raíces, y apenas le viene una tribulación o una persecución por causa de la palabra, sucumbe.

Lo sembrado entre los espinos representa a aquel que oye la palabra, pero las preocupaciones de la vida y la seducción de las riquezas la sofocan y queda sin fruto.
En cambio, lo sembrado en tierra buena representa a quienes oyen la palabra, la entienden y dan fruto: unos, el ciento por uno; otros, el sesenta; y otros, el treinta”.

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La eficacia de la gracia de Dios es muy manifiesta en todo momento, basta con mirar cuan perfectas acontecen todas las cosas y los tiempos, desde la perspectiva de lo divino y no tan sólo de lo material.

Caso explícito lo tenemos en la parábola del sembrador, que revela cuanto fruto puede dar la misma palabra de Dios, según se le de la importancia que merece recibirla. Dicha parábola no necesita mayor explicación cuando de suyo Jesús mismo la explica, donde el Sembrador es quien hace la diferencia al manifestar esa generosidad para fecundar la tierra.

“Vivir en el orden y no en el caos”

“Vivir en el orden y no en el caos”

Mateo: 11, 25-30

En aquel tiempo, Jesús exclamó: “¡Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien. El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera”.

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Que pena es saber que una persona, en medio de sus cansancios, desborde sus debilidades y éstas dominen su actuar y pensar, a tal grado de considerar que hacer un mal, le hará sentirse bien a manera de desfogue o venganza.

Si entramos en conflicto con alguien, precisamente se nos vienen esos malos pensamiento de hacer algo para dañar de alguna manera a la otra persona, generamos un caos donde olvidamos que estamos inmiscuidos en el mismo y que de igual manera nos afectará, ya que ofender o dañar a alguien, lleva consecuencias lógicas a nuestra vida, así como responsabilidades.

Dios no nos ha dado tanta gracia y tantos beneficios para que los utilicemos como herramientas del caos, sino todo lo contrario, ya que esos métodos violentos no conllevan nada bueno ni para nosotros, ni para los nuestros.

Es por ello que hoy nos recuerda, como Dios se presenta como una solución a todo, llena de paz, donde obtendremos mejores soluciones tranquilas, y no ofensoras ni desesperadas por la reacción inmediata del dolor que no sabemos manejar.

Un corazón manso y humilde, puede manejar todo con sabiduría, sin fatiga y con excelentes resultados, mejores de los que siembra el caos tanto interno como el que ocasionamos como reacción al exterior y contra los demás, aún siendo cercanos a nosotros y que amamos. 

Por ello la invitación es a conformar nuestro corazón al suyo, acercándonos y dejándonos impregnar de todo lo bueno que trae para nosotros, desde el orden, y no desde el caos que nos invita a acrecentarlo día a día. 

“No todo el que me diga: ‘¡Señor, Señor!’…”

“No todo el que me diga: ‘¡Señor, Señor!’…”

Mateo: 7, 21-29

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No todo el que me diga: ‘ ¡Señor, Señor!’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos.

Aquel día muchos me dirán: `¡Señor, Señor!, ¿no hemos hablado y arrojado demonios en tu nombre y no hemos hecho, en tu nombre, muchos milagros?’ Entonces yo les diré en su cara: ‘Nunca los he conocido. Aléjense de mí, ustedes, los que han hecho el mal’.

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa; pero no se cayó, porque estaba construida sobre roca.

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un hombre imprudente, que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos, dieron contra aquella casa y la arrasaron completamente”.

Cuando Jesús terminó de hablar, la gente quedó asombrada de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas

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Existen ciertos tabúes que son interpretados y creídos tan fuertemente que distorsionan la verdad, sobre todo en lo que a la Salvación Eterna se refiere, van desde el que le basta tan solo con creer, hasta el que se mata lenta y sacrificialmente por una manda religiosa.

Los hay que por el hecho de que ya están bautizados se sienten que ya están del otro lado, y el resto de la vida no importa, olvidándose que la gracia recibida hay que cuidarla y hacerla fructificar santamente. Otros creen que son elegidos porque un falso profeta se los afirmó y solamente ellos se van a salvar.

Hay quien piensa que con persignarse en la mañana y decir una oración allá cada que les “nace” es más que suficiente y hasta sienten que les deben el séptimo cielo.

Hay quien va eventualmente al templo, hacen oración y participan de los sacramentos, que de suyo bastan para salvarnos, pero se sienten de los elegidos, su actitud y testimonio no dan para nada de qué bien hablar.

Habrá otros casos que se la pasan en una personal y profunda oración, dedicados enteramente disque intercediendo y sacando demonios con oraciones personales y directas sobre las personas, pero son incapaces de unirse a una comunidad de oración, donde ponga en común su servicio, dones y capacidades, para que en su vida, junto con los demás se fortalezca y lo guíen. Aislados e independiente nunca.  Así no funcionan las cosas.

Clarísimo es el Evangelio de hoy, donde afirma que no basta reconocer su nombre y llamarlo como tal, ni falsamente decirle ¡Señor, Señor!, en este caso las palabras salen sobrando, cuando de suyo la constante oración, muy eficaz, el buen ejemplo y las obras surgidas de la escucha asimilada de su Palabra, son las que nos llevan al buen ejemplo y al obrar. Porque no basta que te conozca Jesús a ti, tú también lo tienes que conocer y amar, así los frutos de ese amor se manifestarán en tu vida y en la de los demás.

Su Palabra una vez escuchada, asimilada y amada, debe de ponerse en práctica, sólo así será viva, activa y eficaz, en eso consiste ya introducirte desde aquí en la vida eterna.

“Inmaculado Corazón de María”

“Inmaculado Corazón de María”


Lucas 2, 41-52


Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén para las festividades de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, fueron a la fiesta, según la costumbre. Pasados aquellos días, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran. Creyendo que iba en la caravana, hicieron un día de camino; entonces lo buscaron, y al no encontrarlo, regresaron a Jerusalén en su busca.

Al tercer día lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían se admiraban de su inteligencia y sus respuestas. Al verlo, sus padres se quedaron atónitos y su madre le dijo: –«Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia».

El respondió: —«¿Por qué me andaban buscando? ¿No sabían que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?»

Ellos no entendieron la respuesta que les dio. Entonces volvió con ellos a Nazaret y siguió sujeto a su autoridad. Su madre conservaba en su corazón todas aquellas cosas.


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Mes de junio, dedicado a los corazones de Jesús y María, recordándonos sobre todo el amor de Dios concreto en cada uno de ellos. Corazones que no han dejado de manifestar una impronta, ya que hoy en nuestros días seguimos percibiendo y gozando de ese amor tan grande que sigue dando frutos y moviendo tiernamente las voluntades, tornándolas hacia Dios.


Hoy en concreto recordamos el amor de una mujer, que ha marcado una vida y que esa vida, la de su hijo lleve su impronta bañada de caridad, aquel sello característico que como madre dedicada ha sembrado en su propio hijo.


Es un corazón que en mutua confianza con Dios, ha sido esculpido tanto humana como divinamente, como repositorio de las gracias que recibe a su vez de su hijo y que ella asimiladas en su corazón, las devuelve maternalmente a un ser que le fue otorgado en responsabilidad. María es la mayor expresión femenina de la ternura y el mismo amor de Dios. 


Es un Corazón que a su vez se ha desarrollado en la gracia previa otorgada de la Inmaculada Concepción, la cual no ha perdido y por ende a su vez, es inmaculado.


Despejemos los temores, las dudas, los malos entendidos para dar cabida al amor que abra puertas, que define relaciones y que no deja de manifestar la propia delicadeza del amor de Dios.