“Cuando venga el Espíritu…”

“Cuando venga el Espíritu…”

Juan 16, 12-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. El me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará».

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El plan de Dios no se nos da de manera única y en una sola ocasión, sino que se va desarrollando en todo momento mientras tengamos esta vida, se va manifestando paso a paso de manera asimilable, pero no es para que se interprete libremente, sino que es muy preciso y concreto.

Es por ello muy importante poner atención a los designios particulares de Dios en tu vida, pero sobre todo para no caminar despistados en nuestro propio mundo, Dios nos ilumina enviando generosamente su Santo Espíritu que es quien pondrá en orden cada paso que demos sin errar.

No significa que tengamos una dependencia manipulada de parte de Dios, sino que es en realidad una ayuda que complementa lo ya regalado en nuestra propia vida, pero de una manera certera, a tal grado de ubicarnos ante el mundo y ubicarnos ante Dios.

De esa manera con todo nuestro ser y obrar glorificaremos a Dios en todo lo que hagamos, porque el medio y el soporte para ello será el Espíritu Santo. Cosa necesaria será esperarlo, será disponernos a recibirlo, será abrir nuestra mente y corazón porque entonces todo se plenificará cuando venga el Espíritu Santo o en su defecto, cuando lo hagas parte libre y consciente en tu vida.

“¿Seguiremos llorando?”

“¿Seguiremos llorando?”

Juan 20, 11-18

En aquel tiempo, fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.

Ellos le preguntan: –«Mujer, ¿por qué lloras?»

Ella les contesta: –«Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».

Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.

Jesús le dice: –«Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»

Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: –«Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».

Jesús le dice: –«¡María!»

Ella se vuelve y le dice: –«¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!»

Jesús le dice: –“Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: «Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro»”.

María Magdalena fue y anunció a los discípulos: –«He visto al Señor y ha dicho esto».

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¡Ahh! cómo nos encanta hacernos los sufridos, aparentar dolor, tristeza y casi hasta agonía, y todo, por el simple hecho de que nos gusta llamar la atención, cuando en realidad no seamos masoquistas dónde nos encante profundizar y permanecer en el dolor.

En realidad, por doquier encontramos adicciones a ciertos tipos de tristeza, y buscamos provocar a los demás para que broten, para que reaccionen mal y así poder echar culpas, quedando a su vez nosotros como los mártires ofendidos.

Pero ante la oportunidad de la felicidad, ¿realmente seguiremos alimentando la tristeza y permaneciendo en ella?, al parecer sí, tenemos el caso de María de Magdala, que a pesar del testimonio de la resurrección, no puede salir de su adicción y obsesión al dolor, que aunque sea muy grande, la solución le es dada, pero no la ha tomado ni asimilado como tal.

Es necesaria otra crisis mayor que desencadene esas ataduras sentimentales, por ello Jesús, con toda la caridad del mundo, y dándose cuenta de que las palabras previas al anuncio de la resurrección parecían nulas en la mente de los suyos, apocadas por el miedo y el dolor, es entonces cuando se hace presente el Señor, para que ese impacto y testimonio les haga cambiar de giro su mente y la alegría ayude a ubicar la realidad, sin irse al otro extremo de la euforia.

Jesús tiene todo en su control, por ello no permite que nadie siga llorando, porque es en vano ya que la vida plena no lo amerita, pero hay que darse cuenta de ello, si no, pues seguiremos llorando y a ver hasta cuándo.

“La muerte necesaria”

“La muerte necesaria”

Lucas 24, 1-10

El primer día de la semana, de madrugada, las mujeres fueron al sepulcro llevando las aromas que habían preparado. Encontraron corrida la piedra del sepulcro. Y entrando no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. Mientras estaban desconcertadas por esto, se les presentaron dos hombres con vestidos refulgentes. Ellas, despavoridas, miraban al suelo, y ellos les dijeron: –¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado. Acordaos de lo que os dijo estando todavía en Galilea: «El Hijo del Hombre tiene que ser entregado en manos de pecadores, ser crucificado y al tercer día resucitar».

Recordaron sus palabras, volvieron del sepulcro y anunciaron todo esto a los Once y a los demás.

María Magdalena, Juana y María la de Santiago, y sus compañeras contaban esto a los Apóstoles. Ellos lo tomaron por un delirio y no las creyeron. (Pedro se levantó y fue corriendo al sepulcro. Asomándose vio sólo las vendas por el suelo. Y se volvió admirándose de lo sucedido.

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Al ser conscientes del concepto de la vida, por lo general nos brota una natural búsqueda antagónica en donde su consecuente contrario será la muerte, ya que si decimos blanco nos brota el “negro”, alto – bajo, etc… más sin embargo esos antagonismo se utilizan en su expresión más básica, cuando en realidad son más profundos de lo que pensamos y, es que podríamos hacer una excepción a la regla en cuanto a la vida se refiere.

En realidad no es una excepción, es una realidad mal conceptualizada donde se nos revela que no tiene antagónico, sino que su consecuente es la vida eterna. Pero para no entrar en contradicciones, aquí entra el concepto de muerte, y ciertamente es muy necesaria, ya que la muerte implica la vida, sin uno no existe el otro, pero entendamos que la muerte que afirmamos, es un proceso de la vida, el cual nos lleva en su momento a la plenitud de la vida eterna.

Esto es el misterio revelado que conocemos en Cristo, ya que tomando y adaptándose a los procesos biológicos, no los niega, sino que los asimila y plenifica, teniendo una experiencia desde el lado humano, implica la muerte biológica, aquella que con todo el temor nativo y natural, asume y sublima, ayudándonos a eliminar todos los miedos que conllevan este proceso tan ordinario para nosotros..

Es por ello que la muerte es necesaria, ya que corona una etapa y a su vez inicia otra en donde la vida se da sin ninguna limitación en todo su esplendor y gracia, aquella misma regalada de ésta manera desde el mismo momento de la creación. Sólo basta retomarla, dirigirla, cuidarla sin temor a la muerte, así como Cristo, que una vez resucitado, nos comparte de su misma vida para estar con Él en felicidad eternamente.

“Se le quitó inmediatamente”

“Se le quitó inmediatamente”

Marcos 1, 40-45

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: —«Si quieres, puedes limpiarme».

Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: —«Quiero: queda limpio».

La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: —«No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés».

Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

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Como que quedamos acostumbrados a visualizar en base a los evangelios los milagros de una manera tajante, radical y a veces espectacular, ciertamente los cambios se daban si no inmediatamente, sí en el camino. Tendencia que de igual manera esperamos recibir ante una necesidad my personal y particular.

Claro que Jesús podría volver a efectuar tales hechos prodigiosos, pero acaso tendremos la misma intención de amarlo, la misma intención de seguirlo, la misma intención de proclamar esa gracia recibida, porque se me figura que deseamos el milagro, pero rechazamos a Dios y el compromiso con nuestra propia vida y forma de llevarla, y pues claro, así imposible, no por Dios sino por nosotros.

Pero no queremos dedicar este espacio a remarcar lo que no es y no se puede, sino lo que sí podemos y su efecto es inmediato. Me refiero a aquello que en el mismo plano de la fe, después de descartar todo lo espectacular milagriento, que por cierto hace ruido y estorba, descubrir que el milagro empieza de manera directa en tu propio corazón, ahí es donde realmente e inmediatamente puede quitarte los odios, los rencores, las envidias, las situaciones de cansancio, los malos tratos, darte una paz y disponerte a la gracia de tajo y sin tapujos, claro, si de igual manera se lo permites.

Es una garantía que ese primer y transformador milagro sucede si lo pides; lo aparatoso, los miedos de perder salud, seres queridos y bienes, salen sobrando cuando sabes cual será el proceso de pérdida, pero también de recuperación y eso es ya un milagro de poder visualizar y poder ejecutar tu nuevo plan.

Así es, si tu quieres puedes empezar para que eso (lo que te incomoda y estorba para ser feliz) se te quite inmediatamente.

“Se le echaban encima para tocarlo”

“Se le echaban encima para tocarlo”

Marcos 3, 7-12

En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del lago, y lo siguió una muchedumbre de Galilea. Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente de Judea, de Jerusalén y de Idumea, de la Transjordania, de las cercanías de Tiro y Sidón. Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una lancha, no lo fuera a estrujar el gentío. Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo. Cuando lo veían, hasta los espíritus inmundos se postraban ante él, gritando: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer.

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En la historia que conocemos de la humanidad, aunque existen bastantes cambios radicales en la forma de vida y costumbres de las personas, encontramos realidades que jamás ha dejado de existir, son las situaciones en las que caemos comúnmente en medio de nuestros cansancios, que nos hacen reaccionar a veces sin pensar violentamente, que revelan el estado anímico y espiritual en el que hemos caído.

En el mismo evangelio encontramos esa misma situación, no quiere decir que era propio de su tiempo, pero nos da una idea clara del entorno como e vivía en su momento. habla de situaciones en las que al presentarse Jesús se remarcan aun más radicalmente porque las personas sueltan el peso que vienen cargando en el mismo Jesús en quien están confiando.

Es por ello que se remarca “Se le echaban encima para tocarlo”, es un signo que revela esa situación humana que nunca cambia cuando la gente se estanca en sus propios problemas haciéndolos ordinarios como si fuera eso lo más normal.

Aquí es donde no debemos de juzgar esas situaciones porque cuando se dan, nos indican todo lo que hay detrás de los mismos, y si llegamos a caer en las mismas situaciones es porque hemos perdido el rumbo y el sentido a la confianza en Dios, además de hacer notar la debilidad espiritual propia, donde todo afecta y se refleja en el cansancio humano.

Por ello debemos de siempre fortalecernos para que esos brotes muy humanos no hablen por nosotros, sino que siempre tengamos puesta nuestra confianza en Dios, en  confidencialidad.

“Él traerá la claridad”

Mateo 11, 16-19 

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: —«¿A quién se parece esta generación? Se parece a los niños sentados en la plaza, que gritan a otros: “Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado.” Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: “Tiene un demonio.”Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores.” Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios.» 

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Ya no es ninguna novedad el hecho de que las personas vivan inmersas en medio de su inconsciencia y falta de conocimiento en todas las áreas de las ciencias, apegados a sus propios sentimientos, que sin mesura los consideran ordinarios y ya normales, cuando en realidad son exagerados y sin la menor intención de sanarlos.

Por esa misma situación para algunos, una misma acción por benéfica que sea es tomada  y juzgada según el criterio personal les domine, donde el dicho sabio se confirma: “como son, juzgan”. Por lo que para algunos el mismo Jesús será calificado, como dice el mismo evangelio, ya sea un endemoniado o un comilón.

El problema radica en que en realidad no es ni una cosa, ni la otra. Eso lo considera la gente porque no tiene mayor opción de opinión que su propia limitación, su universo cognoscitivo y racional es muy corto y, ver la realidad los rebasa, por ello dan un juicio muy propio a su nivel.

Jesús trae precisamente esa ampliación de la mente y el corazón, donde invita a salir de esas limitaciones elegidas y prosperar precisamente con la claridad de la verdad y la sabiduría de Dios, porque sus hechos dan la razón a la verdad que predica. 

Dejemos que su claridad nos ilumine en todos los sentidos de nuestra vida.

“Inconformidades”

“Inconformidades”

Mateo 20, 1-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: —Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido.

Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: —¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?

Le respondieron: —Nadie nos ha contratado.

El les dijo: —Id también vosotros a mi viña.

Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: —Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros.

Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: —Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno.

Él replicó a uno de ellos: —Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?

Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.

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Bien sabemos que cada persona en su individualidad tiene diferentes necesidades, ya que es bien sabido que inclusive en una familia con la misma genética y educación, cada uno requiere de algo en diferente medida, aunque a todos se les brinde exactamente lo mismo sin distinción.

Algo muy similar sucede con el Reino de los Cielos, nuestro concepto es que algunos, al modelo jerárquico y económico de éste mundo, creen van a tener más ventajas que otros, cosa totalmente errónea, ya que la meta y el objetivo será participar del mismo Reino, gozando de la presencia impecable de Dios, que sería la mayor paga por así decirlo.

Sin embargo hasta ahí queremos hacer la diferencia, no estamos conformes con tenerlo todo, sino que nos duele que los demás también lo tengan, esa distinción la hacemos nosotros, somos inconformes e insaciables porque no hemos aprovechado ni asimilado de la abundancia que Dios nos da de Sí mismo.

Siempre la iniciativa es de Dios, aunque nos hagamos los no tomados en cuenta, siempre estás en su presencia, siempre es un Padre providente, pero no limites la caridad de Dios a la tuya.

“Nuestra Señora de los Dolores”

Juan 19, 25-27

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre: «Mujer, ahí está tu hijo».

Luego dijo al discípulo: «Ahí está tu madre».

Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él.

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Bajo el título de la Virgen de la Soledad o de los Dolores se venera a María en muchos lugares, 15 de septiembre

Por: Tere Fernández

Memoria

Memoria de Nuestra Señora de los Dolores, que de pie junto a la cruz de Jesús, su Hijo, estuvo íntima y fielmente asociada a su pasión salvadora. Fue la nueva Eva, que por su admirable obediencia contribuyó a la vida, al contrario de lo que hizo la primera mujer, que por su desobediencia trajo la muerte.

Los Evangelios muestran a la Virgen Santísima presente, con inmenso amor y dolor de Madre, junto a la cruz en el momento de la muerte redentora de su Hijo, uniéndose a sus padecimientos y mereciendo por ello el título de Corredentora.

La representación pictórica e iconográfica de la Virgen Dolorosa mueve el corazón de los creyentes a justipreciar el valor de la redención y a descubrir mejor la malicia del pecado.

Bajo el título de la Virgen de la Soledad o de los Dolores se venera a María en muchos lugares.

Un poco de historia

Bajo el título de la Virgen de la Soledad o de los Dolores se venera a María en muchos lugares. La fiesta de nuestra Señora de los Dolores se celebra el 15 de septiembre y recordamos en ella los sufrimientos por los que pasó María a lo largo de su vida, por haber aceptado ser la Madre del Salvador.

Este día se acompaña a María en su experiencia de un muy profundo dolor, el dolor de una madre que ve a su amado Hijo incomprendido, acusado, abandonado por los temerosos apóstoles, flagelado por los soldados romanos, coronado con espinas, escupido, abofeteado, caminando descalzo debajo de un madero astilloso y muy pesado hacia el monte Calvario, donde finalmente presenció la agonía de su muerte en una cruz, clavado de pies y manos.

María saca su fortaleza de la oración y de la confianza en que la Voluntad de Dios es lo mejor para nosotros, aunque nosotros no la comprendamos.

Es Ella quien, con su compañía, su fortaleza y su fe, nos da fuerza en los momentos de dolor, en los sufrimientos diarios. Pidámosle la gracia de sufrir unidos a Jesucristo, en nuestro corazón, para así unir los sacrificios de nuestra vida a los de Ella y comprender que, en el dolor, somos más parecidos a Cristo y somos capaces de amarlo con mayor intensidad.

¿Que nos enseña la Virgen de los Dolores?

La imagen de la Virgen Dolorosa nos enseña a tener fortaleza ante los sufrimientos de la vida. Encontremos en Ella una compañía y una fuerza para dar sentido a los propios sufri-mientos.

Cuida tu fe:

Algunos te dirán que Dios no es bueno porque permite el dolor y el sufrimiento en las personas. El sufrimiento humano es parte de la naturaleza del hombre, es algo inevitable en la vida, y Jesús nos ha enseñado, con su propio sufrimiento, que el dolor tiene valor de salvación. Lo importante es el sentido que nosotros le demos.

Debemos ser fuertes ante el dolor y ofrecerlo a Dios por la salvación de las almas. De este modo podremos convertir el sufrimiento en sacrificio (sacrum-facere = hacer algo sagrado). Esto nos ayudará a amar más a Dios y, además, llevaremos a muchas almas al Cielo, uniendo nuestro sacrificio al de Cristo.

Oración: 

María, tú que has pasado por un dolor tan grande y un sufrimiento tan profundo, ayúdanos a seguir tu ejemplo ante las dificultades de nuestra propia vida.

Tomado de Catholic.net

“Proyecto secreto”

“Proyecto secreto”

Mateo: 11, 25-27

En aquel tiempo, Jesús exclamó: “¡Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien. El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”.

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Pareciese que los planes de Dios son misteriosos, ocultos y secretos, que son insondables y que no vale la pena indagarlos ya que resultaría vano hacerlo; pero no es así.

El hecho mismo de que sólo sea revelado a aquellos “a quien el Hijo se lo quiera revelar”, no está en el rubro de la exclusividad, o de la privacidad ultra secreta, para nada, se refiere a que esa gracia, implica una disposición de abrirse a poder ver el gran misterio y gracia de Dios, no es tan sólo una actitud intelectual, sino una actitud de vida, donde aquellos que sostienen su confianza en el Señor, Dios les hace partícipes de sus planes porque entonces así los comprenderán desde el origen de la creación que fue hecha en el amor.

Pero si tan sólo usamos la fría inteligencia, nos quedamos cortos porque su verdad va implícita con la moción transformadora y santificadora de su Palabra, que llena de vida, paz y fortalece los dones haciéndolos crecer.

Es por ello, que quien tan sólo pretende razonar al respecto, no entenderá; es más profundo el conocimiento de Dios, siendo entendido erróneamente como un proyecto secreto, cuando en realidad más claro y abierto no puede ser, pero quienes cierran su ser a dicha plenificación, cierran su participación al don de ciencia y sabiduría que hace comprensible lo divino y con mayor razón la creación material.

“Cuando se tiene fe y confianza”

“Cuando se tiene fe y confianza”

Mateo: 9, 18-26

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se le acercó un jefe de la sinagoga, se postró ante Él y le dijo: “Señor, mi hija acaba de morir; pero ven tú a imponerle las manos y volverá a vivir”.

Jesús se levantó y lo siguió, acompañado de sus discípulos. Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orilla del manto, pues pensaba: “Con sólo tocar su manto, me curaré”. Jesús, volviéndose, la miró y le dijo: “Hija, ten confianza; tu fe te ha curado”. Y en aquel mismo instante quedó curada la mujer.

Cuando llegó a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús a los flautistas, y el tumulto de la gente y les dijo: “Retírense de aquí. La niña no está muerta; está dormida”. Y todos se burlaron de Él. En cuanto hicieron salir a la gente, entró Jesús, tomó a la niña de la mano y ésta se levantó. La noticia se difundió por toda aquella región.

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No cabe duda que la fe hace maravillas en nuestras vidas tanto en la bonanza como en la escasez, y es que a veces nos quedamos con el estereotipo de que con fe todo lo que se pide será como nosotros deseamos, de hecho así aparenta ser en las peticiones que a Jesús le hacen en medio de sus propias necesidades.

No dudo que el milagro se reciba de igual manera, pero en muy variadas ocasiones, puede hacerse presente con una metodología que no esperamos, y es que el milagro va a acompañado no solamente del hecho externo, como en este caso es la curación del ser amado o de uno mismo.

Sino que el milagro es más completo, es decir, inicia por sanar nuestra mente, hábitos, juicios, y la manera de percibir el mundo y a los hermanos, nos da una visión más completa de la realidad, donde entenderemos que no precisamente llegará la sanación como la esperamos, pero que sí transformará el entorno y nuestra vida, sabiendo que el dolor, incluso la muerte, es parte del proceso para mejorar todo un entorno.

Pero si nos asentamos en el dolor y desde esa moción pedimos el milagro y lo esperamos, no veremos toda su acción y estaremos cerrados al verdadero milagro en el que Dios quiere obrar y transformar ese dolor en alegría, desde el fondo de nuestro corazón. 

Es ahí donde entra toda la fe, pero también la confianza de que Dios obrará, pero hay que saber ver cómo y por dónde vendrá, pero sin paz es imposible por la necedad de obtener con letras y comas lo que pedimos.