“Muestra de cómo alimentarnos”

“Muestra de cómo alimentarnos”

Mateo: 14, 13-21

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, subió a una barca y se dirigió a un lugar apartado y solitario. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Cuando Jesús desembarcó, vio aquella muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los enfermos.

Como ya se hacía tarde, se acercaron sus discípulos a decirle: “Estamos en despoblado y empieza a oscurecer. Despide a la gente para que vayan a los caseríos y compren algo de comer”. Pero Jesús les replicó: “No hace falta que vayan. Denles ustedes de comer”. Ellos le contestaron: “No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados”. Él les dijo: “Tráiganmelos”.

Luego mandó que la gente se sentara sobre el pasto. Tomó los cinco panes y los dos pescados, y mirando al cielo, pronunció una bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran a la gente. Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que habían sobrado, se llenaron doce canastos. Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños.

___________________

No existe absolutamente nadie que no haya experimentado el hambre y lo que es saciarla, de hecho algo tan básico Dios en su plan lo toma para que de la manera más intrínsecamente sencilla se entienda cómo alimentar de igual manera nuestra alma.

Al igual que en el evangelio, hoy en día siguen las personas desviviéndose por el alimento, incluso no faltan indigentes y personas con necesidad que frecuentan las iglesias para pedir el pan de cada día.

Situación que se debe tomar con delicadeza, porque puede desencadenar una codependencia a vivir permanentemente con la mano estirada para que el otro obligadamente me alimente, y ese no es el plan de Dios. La gente hasta se enoja porque dice que les tenemos que dar, así como Jesús alimentó a su gente.

Lo más fácil es pedir pan, comer y volver a pedir, sin producir ni dar lo mínimo, pero cuando les ofreces trabajo y una oportunidad de salir y ser auto dependientes, se ofenden e insultan haciendo escándalo. 

No basta con pedir pan aún con trabajo, sino que Jesús ofrece un nuevo alimento que sacia el hambre espiritual y calma toda moción negativa para estar libres de opresiones y preocupaciones para poder trabajar e ingeniosamente progresar.

Pero ese pan de vida no lo queremos, tan sólo buscamos el que sacia el estómago, pero no el que sana el alma, por ello ese modelo de alimentación es el que con la multiplicación de los panes está implantando, y no el de poner panadería gratis.

“Solemnidad del Cuerpo y La Sangre de Cristo”

“Solemnidad del Cuerpo y La Sangre de Cristo”

Juan: 6, 51-58

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida”.

Entonces los judíos se pusieron a discutir entre sí: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?” Jesús les dijo: “Yo les aseguro: Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día.

Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él, así también el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que comieron sus padres, pues murieron. El que come de este pan vivirá para siempre”. 

__________________

Corpus Christi es la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, de la presencia de Jesucristo en la Eucaristía.

Este día recordamos la institución de la Eucaristía que se llevó a cabo el Jueves Santo durante la Última Cena, al convertir Jesús el pan y el vino en su Cuerpo y en su Sangre.

Es una fiesta muy importante porque la Eucaristía es el regalo más grande que Dios nos ha hecho, movido por su querer quedarse con nosotros después de la Ascensión.

Origen de la fiesta:

Dios utilizó a santa Juliana de Mont Cornillon para propiciar esta fiesta. La santa nace en Retines cerca de Liège, Bélgica en 1193. Quedó huérfana muy pequeña y fue educada por las monjas Agustinas en Mont Cornillon. Cuando creció, hizo su profesión religiosa y más tarde fue superiora de su comunidad. Por diferentes intrigas tuvo que irse del convento. Murió el 5 de abril de 1258, en la casa de las monjas Cistercienses en Fosses y fue enterrada en Villiers.

Juliana, desde joven, tuvo una gran veneración al Santísimo Sacramento. Y siempre añoraba que se tuviera una fiesta especial en su honor. Este deseo se dice haberse intensificado por una visión que ella tuvo de la Iglesia bajo la apariencia de luna llena con una mancha negra, que significaba la ausencia de esta solemnidad.

Ella le hizo conocer sus ideas a Roberto de Thorete, el entonces obispos de Liège, también al docto Dominico Hugh, más tarde cardenal legado de los Países Bajos; a Jacques Pantaleón, en ese tiempo archidiácono de Liège, después obispo de Verdun, Patriarca de Jerusalén y finalmente al Papa Urbano IV. El obispo Roberto se impresionó favorablemente y como en ese tiempo los obispos tenían el derecho de ordenar fiestas para sus diócesis, invocó un sínodo en 1246 y ordenó que la celebración se tuviera el año entrante; también el Papa ordenó, que un monje de nombre Juan debía escribir el oficio para esa ocasión. El decreto está preservado en Binterim (Denkwürdigkeiten, V.I. 276), junto con algunas partes del oficio.

El obispo Roberto no vivió para ver la realización de su orden, ya que murió el 16 de octubre de 1246, pero la fiesta se celebró por primera vez por los cánones de San Martín en Liège. Jacques Pantaleón llegó a ser Papa el 29 de agosto de 1261. La ermitaña Eva, con quien Juliana había pasado un tiempo y quien también era ferviente adoradora de la Santa Eucaristía, le insistió a Enrique de Guelders, obispo de Liège, que pidiera al Papa que extendiera la celebración al mundo entero.

Urbano IV, siempre siendo admirador de esta fiesta, publicó la bula “Transiturus” el 8 de septiembre de 1264, en la cual, después de haber ensalzado el amor de nuestro Salvador expresado en la Santa Eucaristía, ordenó que se celebrara la solemnidad de “Corpus Christi” en el día jueves después del domingo de la Santísima Trinidad, al mismo tiempo otorgando muchas indulgencias a todos los fieles que asistieran a la santa misa y al oficio. Este oficio, compuesto por el doctor angélico, Santo Tomás de Aquino, por petición del Papa, es uno de los más hermosos en el breviario Romano y ha sido admirado aun por Protestantes.

La muerte del Papa Urbano IV (el 2 de octubre de 1264), un poco después de la publicación del decreto, obstaculizó que se difundiera la fiesta. Pero el Papa Clemente V tomó el asunto en sus manos y en el concilio general de Viena (1311), ordenó una vez más la adopción de esta fiesta. Publicó un nuevo decreto incorporando el de Urbano IV. Juan XXII, sucesor de Clemente V, instó su observancia.

Ninguno de los decretos habla de la procesión con el Santísimo como un aspecto de la celebración. Sin embargo estas procesiones fueron dotadas de indulgencias por los Papas Martín V y Eugenio IV y se hicieron bastante comunes en a partir del siglo XIV.

La fiesta fue aceptada en Cologne en 1306; en Worms la adoptaron en 1315; en Strasburg en 1316. En Inglaterra fue introducida de Bélgica entre 1320 y 1325. En los Estados Unidos y en otros países la solemnidad se celebra el domingo después del domingo de la Santísima Trinidad.

En la Iglesia griega la fiesta de Corpus Christi es conocida en los calendarios de los sirios, armenios, coptos, melquitas y los rutinios de Galicia, Calabria y Sicilia.

El Concilio de Trento declara que muy piadosa y religiosamente fue introducida en la Iglesia de Dios la costumbre, que todos los años, determinado día festivo, se celebre este excelso y venerable sacramento con singular veneración y solemnidad, y reverente y honoríficamente sea llevado en procesión por las calles y lugares públicos. En esto los cristianos atestiguan su gratitud y recuerdo por tan inefable y verdaderamente divino beneficio, por el que se hace nuevamente presente la victoria y triunfo de la muerte y resurección de Nuestro Señor Jesucristo.

Fuente: http://www.corazones.org

El milagro de Bolsena

En el siglo XIII, el sacerdote alemán, Pedro de Praga, se detuvo en la ciudad italiana de Bolsena, mientras realizaba una peregrinación a Roma. Era un sacerdote piadoso, pero dudaba en ese momento de la presencia real de Cristo en la Hostia consagrada. Cuando estaba celebrando la Misa junto a la tumba de Santa Cristina, al pronunciar las palabras de la Consagración, comenzó a salir sangre de la Hostia consagrada y salpicó sus manos, el altar y el corporal.

El sacerdote estaba confundido. Quiso esconder la sangre, pero no pudo. Interrumpió la Misa y fue a Orvieto, lugar donde residía el Papa Urbano IV.

El Papa escuchó al sacerdote y mandó a unos emisarios a hacer una investigación. Ante la certeza del acontecimiento, el Papa ordenó al obispo de la diócesis llevar a Orvieto la Hostia y el corporal con las gotas de sangre.

Se organizó una procesión con los arzobispos, cardenales y algunas autoridades de la Iglesia. A esta procesión, se unió el Papa y puso la Hostia en la Catedral. Actualmente, el corporal con las manchas de sangre se exhibe con reverencia en la Catedral de Orvieto.

A partir de entonces, miles de peregrinos y turistas visitan la Iglesia de Santa Cristina para conocer donde ocurrió el milagro.

En Agosto de 1964, setecientos años después de la institución de la fiesta de Corpus Christi, el Papa Paulo VI celebró Misa en el altar de la Catedral de Orvieto. Doce años después, el mismo Papa visitó Bolsena y habló en televisión para el Congreso Eucarístico Internacional. Dijo que la Eucaristía era “un maravilloso e inacabable misterio”.

Tradiciones mexicanas de Corpus Christi

Esta fiesta tradicional data del año 1526. Se acostumbra rendir culto al Santísimo Sacramento en la Catedral de México. El centro de la festividad era la celebración solemne de la Misa, seguida de una imponente procesión que partía del Zócalo, en la que la Sagrada Eucaristía, portada por el arzobispo bajo palio, era escoltada por autoridades virreinales, cabildo, cofradías, ejército, clero y pueblo. Había también representaciones teatrales alusivas, música y vendimia especial.

Los campesinos traían en sus mulas algunos frutos de sus cosechas para ofrecérselas a Dios como señal de agradecimiento. Esto dio origen a una gran feria que congregaba artesanos y comerciantes de distintos rumbos del país, que traían mercancías a lomo de mula (frutos de la temporada y artesanías que transportaban en guacales).

Cuentan que un hombre, llamado Ignacio, tenía dudas acerca de su vocación sacerdotal y un jueves de Corpus le pidió a Jesucristo que le enviara una señal. Al Pasar el Santísimo Sacramento frente a Ignacio en la procesión, Ignacio pensó: “Si ahí estuviera presente Dios, hasta las mulas se arrodillarían” y, en ese mismo instante, la mula del hombre se arrodilló. Ignacio interpretó esto como señal y entregó su vida a Dios en el sacerdocio y se dedicó para siempre a transmitir a los demás las riquezas de la Eucaristía.

Así fue como surgieron las mulitas elaboradas con hojas de plátano secas con pequeños guacales de dulces de coco o de frutas, de diversos tamaños.

Ponerse una mulita en la solapa o comprar una mulita para adornar la casa, significa que, al igual que la mula de Ignacio, nos arrodillamos ante la Eucaristía, reconociendo en ella la presencia de Dios.

Esta fiesta se celebra cada año el jueves después de la Santísima Trinidad. Se lleva a cabo en la Catedral y los niños se visten de inditos para agradecer la infinita ternura de Jesús. Se venden mulitas con gran colorido.

Diversas maneras de celebrar esta fiesta

Participar en la procesión con el Santísimo

La procesión con el Santísimo consiste en hacer un homenaje agradecido, público y multitudinario de la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Se acostumbra sacar en procesión al Santísimo Sacramento por las calles y las plazas o dentro de la parroquia o Iglesia, para afirmar el misterio del Dios con nosotros en la Eucaristía.

Esta costumbre ayuda a que los valores fundamentales de la fe católica se acentúen con la presencia real y personal de Cristo en la Eucaristía.

La Hora Santa

Es una manera práctica y muy bella de adorar a Jesús Sacramentado. El Papa Juan Pablo II la celebra, al igual que la mayoría de las Parroquias de todo el mundo, los jueves al anochecer, para demostrar a Cristo Eucaristía amor y agradecimiento y reparar las actitudes de indiferencia y las faltas de respeto que recibe de uno mismo y de los demás hombres.

Consiste en realizar una pequeña reflexión evangélica, en presencia de Jesús Sacramentado y, al final, se rezan unas letanías especiales para demostrarle a Jesús nuestro amor.

Se puede celebrar de manera formal con el Santísimo Sacramento solemnemente expuesto en la custodia, con incienso y con cantos, o de manera informal con la Hostia dentro del Sagrario. Cualquiera de las dos maneras agrada a Jesús.

Se inicia con la exposición del Santísimo Sacramento o, en su defecto, con una oración inicial a Jesucristo estando todos arrodillados frente al Sagrario.

A continuación, se procede a la lectura de un pasaje del Evangelio y al comentario del mismo por parte de alguno de los participantes.

Luego, se reflexiona adorando a Jesús, Rey del Universo, en la Eucaristía.

Se termina con las invocaciones y las letanías correspondientes y, en el caso de que la Hora Eucarística se haya hecho delante del Santísimo solemnemente expuesto, el sacerdote da la bendición con el Santísimo; en caso contrario, se finaliza la Hora Santa con una plegaria conocida de agradecimiento.

¿Qué hacer cuando no se puede ir a comulgar?

Se puede llevar a cabo una comunión espiritual. Esto es recibir a Jesús en tu alma, rezando la siguiente oración:

“Creo, Jesús mío, que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo ardientemente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Quédate conmigo y no permitas que me separe de ti. Amén”

“A quién iremos…”

“A quién iremos…

Juan: 6, 60-69

En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús dijeron al oír sus palabras: “Este modo de hablar es intolerable, ¿quién puede admitir eso?”

Dándose cuenta Jesús de que sus discípulos murmuraban, les dijo: “¿Esto los escandaliza? ¿Qué sería si vieran al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es quien da la vida; la carne para nada aprovecha. Las palabras que les he dicho son espíritu y vida, y a pesar de esto, algunos de ustedes no creen”. (En efecto, Jesús sabía desde el principio quienes no creían y quién lo habría de traicionar). Después añadió: “Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede”

Desde entonces, muchos de sus discípulos se echaron para atrás y ya no querían andar con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: “¿También ustedes quieren dejarme?” Simón Pedro le respondió: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna; y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios”.

_________________________

Múltiples son las opciones que se nos ofrecen presentando la verdad en un mundo saturado de mentiras e hipocresía, manipulaciones y malos tratos. Que aunque la verdad siempre está presente, hay que saber conocerla e identificarla.

Aquí la verdad en este evangelio se nos presenta no como un concepto, sino como una persona en quien se le deposita toda la confianza, que de igual manera, resulta difícil creerle ante tanto impostor que roba identidades y se presentan como aquellos que nos van a resolver la vida.

Es el testimonio de Pedro quien siembra la confianza entre los suyos, donde ante las mismas dudas de los que lo siguen, refuerza su verdad junto con el compromiso que da una total seguridad de aceptar al Mesías y dar pasos firmes a su lado, sabiendo con quién está. 

Es por ello que el mismo Pedro afirma una vez conociendo al verdadero Cristo: “Señor, ¿a quién iremos?, certeza que afianza toda una esperanza y llena esos vacíos que el mismo pecado ha dejado.

No tenemos que buscar en otro lado quien nos redima, a no ser que aún no confiemos Jesús, por el hecho de que no le conocemos, cuando la oportunidad está a la mano y las dudas queden disipadas por la confianza de haberle encontrado.

“Un alimento único y original”

“Un alimento único y original”

Juan: 6, 52-59

En aquel tiempo, los judíos se pusieron a discutir entre sí: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?”

Jesús les dijo: “Yo les aseguro: Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día.

Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él, así también el que me come vivirá por mí.

Este es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que comieron sus padres, pues murieron. El que come de este pan vivirá para siempre”.
Esto lo dijo Jesús enseñando en la sinagoga de Cafarnaúm.

____________________

Dentro de toda la historia de la salvación, nos hemos encontrado con el hecho tan importante que es el alimentarnos para tener vida, Dios lo ha ido perfilando desde antiguo para plenificarlo en su momento con el envío de su único Hijo, quien llevará su labor hacia las más altas concepciones de la redención y donde se quedará posteriormente de que hayamos sido liberados del pecado, en la misma eucaristía.

No es fácil cambiar un concepto tan básico, pero haciendo el recuento del proyecto de Dios, es totalmente factible y no hay por que rechazarlo.

Desde las narraciones de la misma creación, se nos informa que lo que le ofrecían a Dios en gratitud son alimentos agrícolas y ganaderos, cosa buena y acepta de parte de Dios al ver el agradecimiento de aquellos que ama.

Sin embargo no basta esa acción, hay que llevarla al cúlmen de la acción de gracias, por lo que fue necesario enviar a aquél que pagará el precio del pecado y quien una vez liberados se nos dará como alimento para a través de esa comunión con el Señor, llevar nuestras vidas de retorno a la gracia y santidad que se había planeado desde el principio.

Es necesario reconocer ese alimento que nos da la vida eterna, y la manera de obtenerla, que habla de una generosidad y donación total, y que es para quien desee libremente recibirlo, sin aspavientos, ni rechazos donde el pecado desea seguir minando nuestras vidas y permanecer donde no pertenece, es decir a tu vida.

“Procede de Dios”

“Procede de Dios”

Juan 6, 44-51

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: –«Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado.

Y yo lo resucitaré el último día.

Está escrito en los profetas: «Serán todos discípulos de Dios».

Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí.

No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre.

Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna.

Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.

Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo».

——————————————

Las cosas tienen un camino de vida lógico y comprensible, asimilable en nuestro esquema de pensamiento, que no porque algo entendamos, pensemos que lo conocemos todo. Hay cosas que tienen su consecuencia necesaria, y todo lo que hacemos lleva a algún fin o intención.

Estas acciones en nuestra vida las podemos inclusive programar como una meta a llegar, como puede ser comprar un auto, ir a un viaje, planear los estudios, entre otras mil, desde la menor hasta la mayor escala según nuestras posibilidades. 

Mas sin embargo podríamos decir que todas ellas son en su mayoría generadas o proceden de nuestra dedicación y trabajo, son muy nuestras, con la diferencia que de igual manera tienen una caducidad y pasan.

Sin embargo, el Señor Jesús nos comparte algo que ciertamente no es algo que sea muy nuestro, pero que sí es para nosotros, y es que sabiéndonos capaces de hacer y deshacer lo que se nos ocurra, pues entonces nos regala un complemento en el ámbito espiritual que no es ajeno a nosotros.

Nos invita a alimentarnos del Pan de vida eterna, aquél que no podemos nosotros fabricar aunque los frutos de la tierra nos den para ello, porque no procede de nosotros, procede de Dios, aquel que solamente Él es capaz de dar porque de nadie mas puede emanar, aquel que se nos da hoy en día en la Eucaristía, y del que el sacerdote, como instrumento de la gracia de Dios, lo hace no en nombre propio, ni de su propio poder porque no lo tiene, sino en nombre de Jesucristo, quien hace presente su cuerpo y su sangre sacramentada en el mismo altar, como un milagro que se renueva día a día.

Hay que alimentarnos de eso que sólo Dios da, del Pan de Vida, porque es para ti y porque complementa perfectamente tu vida y la eleva al rango divino, a hacernos uno con Él sin perder ni su individualidad ni la nuestra. 

“Sin rechazos”

“Sin rechazos”

Juan 6, 35-40

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: –«Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis.

Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.

Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día.

Ésta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día».

————————————

Uno de los temores que nos afectan más en la vida, es el rechazo, es decir, la aceptación es una cualidad que estabiliza a la persona y le da seguridad, pero cuando vienen los rechazos inclusive desde el vientre materno, marcan toda la vida con una actitud de felicidad incompleta, que se pretende saciar con satisfactores que nunca lo logran complementar.

Esos mismos temores con los que nos hacen erróneamente creer que Dios nos rechazará por nuestras faltas y pecados, más sin embargo olvidamos que el pecado no es algo que le afecte a Dios, sino todo lo contrario, nosotros somos los dañados y los que nos auto excluimos, tachando a Dios de falto de misericordia, pero esos somos nosotros.

En lo absoluto Dios no puede rechazar a sus propios hijos, a su propia creación, rechaza el pecado pero no a la persona. Debemos acercarnos a Él sin miedos ni temores porque no lo ameritan, de suyo remarca que a nadie lo echará fuera, porque no es su decisión, sino la voluntad del Padre y la respeta, no la toma ni abusa de ella.

Ante esta plataforma de caridad, aunque seamos los peores pecadores, su perdón es mucho más grande, falta que nos convenzamos de ello, ya que sin dicha afirmación, la sanción espiritual es nula. 

Si el mundo, tus amigos, tu familia, hasta tu propia madre te rechaza, Dios no lo hará jamás, pero no te hagas reo digno de ser rechazado por tu falta de amor, la oportunidad siempre está presente en ésta vida, para así llegar a la eterna. Sin rechazos de ninguna parte.

"No fue Moisés…"

“No fue Moisés…”

Juan: 6, 30-35

En aquel tiempo, la gente le preguntó a Jesús: “¿Qué señal vas a realizar tú, para que la veamos y podamos creerte? ¿Cuáles son tus obras? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo”.

Jesús les respondió: “Yo les aseguro: No fue Moisés quien les dio pan del cielo; es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que baja del cielo y da la vida al mundo”.

Entonces le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”. Jesús les contestó: “Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed”.

____________________

El mundo está plagado de personas que usurpan identidades, pensamientos, obras, acciones, y hasta títulos. Somos el conjunto de una experiencia común humana y de sabiduría que lleva milenios, aún así nos creemos tan únicos y originales que hasta a las frases más gastadas y comunes de la sabiduría tanto humana como Divina les ponemos nombres y apellidos.

Los inventos son el producto de un todo que al final coincide en una persona que se atribuye el título depuesto de que otros tantos lo han perfeccionado hasta que alguien lo usurpa como propio y original.

Al final no deja de ser una participación de la sabiduría divina que se pone en práctica y al servicio de los demás. Es por ello que el mismo Jesús remarca que la obra de la salvación no es de Moisés, ciertamente tuvo su participación, pero no es ni el actor ni el ejecutor de la misma obra que es participada de Dios.

Jesús es quien con toda la sencillez del mundo y con toda verdad pone las cosas tan claras como son, y da el crédito a quien lo merece, por lo que no debemos de creer en eso protagonistas que usurpan todo para sentirse que valen algo, cuando en realidad todo proviene de alguien más y que no deja de ser una bendición, pero no hay que atribuir la gracia como a Moisés, cuando en realidad es participada de Dios.

Sacerdocio, Eucaristía, Mandato del Amor.

“Jueves Santo”

Sacerdocio, Eucaristía, Mandato del Amor.

Juan: 13,1-15

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre y habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

En el transcurso de la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, la idea de entregarlo, Jesús, consciente de que el Padre había puesto en sus manos todas las cosas y sabiendo que había salido de Dios y a Dios volvía, se levantó de la mesa, se quitó el manto y tomando una toalla, se la ciñó; luego echó agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que se había ceñido.

Cuando llegó a Simón Pedro, éste le dijo: “Señor, ¿me vas a lavar tú a mí los pies?” Jesús le replicó: “Lo que estoy haciendo tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde”. Pedro le dijo: “Tú no me lavarás los pies jamás”. Jesús le contestó: “Si no te lavo, no tendrás parte conmigo”. Entonces le dijo Simón Pedro: “En ese caso, Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza”. Jesús le dijo: “El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. Y ustedes están limpios, aunque no todos”. Como sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: ‘No todos están limpios’.

Cuando acabó de lavarles los pies, se puso otra vez el manto, volvió a la mesa y les dijo: “¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, que soy el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. Les he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con ustedes, también ustedes lo hagan”.

___________________________

La liturgia del Jueves Santo es una invitación a profundizar concretamente en el misterio de la Pasión de Cristo, ya que quien desee seguirle tiene que sentarse a su mesa y, con máximo recogimiento, ser espectador de todo lo que aconteció ‘en la noche en que iban a entregarlo’. Y por otro lado, el mismo Señor Jesús nos da un testimonio idóneo de la vocación al servicio del mundo y de la Iglesia que tenemos todos los fieles cuando decide lavarle los pies a sus discípulos.

En este sentido, el Evangelio de San Juan presenta a Jesús ‘sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía’ pero que, ante cada hombre, siente tal amor que, igual que hizo con sus discípulos, se arrodilla y le lava los pies, como gesto inquietante de una acogida incansable.

San Pablo completa el retablo recordando a todas las comunidades cristianas lo que él mismo recibió: que aquella memorable noche la entrega de Cristo llegó a hacerse sacramento permanente en un pan y en un vino que convierten en alimento su Cuerpo y Sangre para todos los que quieran recordarle y esperar su venida al final de los tiempos, quedando instituida la Eucaristía.

La Santa Misa es entonces la celebración de la Cena del Señor en la cuál Jesús, un día como hoy, la víspera de su pasión, “mientras cenaba con sus discípulos tomó pan…” (Mt 28, 26).

Él quiso que, como en su última Cena, sus discípulos nos reuniéramos y nos acordáramos de Él bendiciendo el pan y el vino: “Hagan esto en memoria mía” (Lc 22,19).

Antes de ser entregado, Cristo se entrega como alimento. Sin embargo, en esa Cena, el Señor Jesús celebra su muerte: lo que hizo, lo hizo como anuncio profético y ofrecimiento anticipado y real de su muerte antes de su Pasión. Por eso “cuando comemos de ese pan y bebemos de esa copa, proclamamos la muerte del Señor hasta que vuelva” (1 Cor 11, 26).

De aquí que podamos decir que la Eucaristía es memorial no tanto de la Ultima Cena, sino de la Muerte de Cristo que es Señor, y “Señor de la Muerte”, es decir, el Resucitado cuyo regreso esperamos según lo prometió Él mismo en su despedida: ” un poco y ya no me veréis y otro poco y me volveréis a ver” (Jn 16,16).

Como dice el prefacio de este día: “Cristo verdadero y único sacerdote, se ofreció como víctima de salvación y nos mandó perpetuar esta ofrenda en conmemoración suya”. Pero esta Eucaristía debe celebrarse con características propias: como Misa “en la Cena del Señor”.

En esta Misa, de manera distinta a todas las demás Eucaristías, no celebramos “directamente” ni la muerte ni la Resurrección de Cristo. No nos adelantamos al Viernes Santo ni a la Noche de Pascua.

Hoy celebramos la alegría de saber que esa muerte del Señor, que no terminó en el fracaso sino en el éxito, tuvo un por qué y para qué: fue una “entrega”, un “darse”, fue “por algo” o, mejor dicho, “por alguien” y nada menos que por “nosotros y por nuestra salvación” (Credo). “Nadie me quita la vida, había dicho Jesús, sino que Yo la entrego libremente. Yo tengo poder para entregarla.” (Jn 10,16), y hoy nos dice que fue para “remisión de los pecados” (Mt 26,28).

Por eso esta Eucaristía debe celebrarse lo más solemnemente posible, pero, en los cantos, en el mensaje, en los signos, no debe ser ni tan festiva ni tan jubilosamente explosiva como la Noche de Pascua, noche en que celebramos el desenlace glorioso de esta entrega, sin el cual hubiera sido inútil; hubiera sido la entrega de uno más que muere por los pobre y no los libera. Pero tampoco esta Misa está llena de la solemne y contrita tristeza del Viernes Santo, porque lo que nos interesa “subrayar”; en este momento, es que “el Padre nos entregó a su Hijo para que tengamos vida eterna” (Jn 3, 16) y que el Hijo se entregó voluntariamente a nosotros independientemente de que se haya tenido que ser o no, muriendo en una cruz ignominiosa.

Hoy hay alegría y la iglesia rompe la austeridad cuaresmal cantando él “gloria”: es la alegría del que se sabe amado por Dios, pero al mismo tiempo es sobria y dolorida, porque conocemos el precio que le costamos a Cristo.

Podríamos decir que la alegría es por nosotros y el dolor por Él. Sin embargo predomina el gozo porque en el amor nunca podemos hablar estrictamente de tristeza, porque el que da y se da con amor y por amor lo hace con alegría y para dar alegría.

Podemos decir que hoy celebramos con la liturgia (1a Lectura). La Pascua, pero la de la Noche del Éxodo (Ex 12) y no la de la llegada a la Tierra Prometida (Jos. 5, 10-ss).

Hoy inicia la fiesta de la “crisis pascual”, es decir de la lucha entre la muerte y la vida, ya que la vida nunca fue absorbida por la muerte pero si combatida por ella. La noche del sábado de Gloria es el canto a la victoria pero teñida de sangre y hoy es el himno a la lucha pero de quien lleva la victoria porque su arma es el amor.

Fuente: Aciprensa.com

“Alimentarse y seguir caminando”

“Alimentarse y seguir caminando”

Mateo 15, 29-37

En aquel tiempo, llegó Jesús a la orilla del mar de Galilea, subió al monte y se sentó. Acudió a él mucha gente, que llevaba consigo tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros enfermos. Los tendieron a sus pies y él los curó. 

La gente se llenó de admiración, al ver que los lisiados estaban curados, que los ciegos veían, que los mudos hablaban y los tullidos caminaban; por lo que glorificaron al Dios de Israel. 

Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: “Me da lástima esta gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. 

No quiero despedirlos en ayunas, porque pueden desmayarse en el camino”. Los discípulos le preguntaron: “¿Dónde vamos a conseguir, en este lugar despoblado, panes suficientes para saciar a tal muchedumbre?” Jesús les preguntó: “¿Cuántos panes tienen?” Ellos contestaron: “Siete, y unos cuantos pescados”. 

Después de ordenar a la gente que se sentara en el suelo, Jesús tomó los siete panes y los pescados, y habiendo dado gracias a Dios, los partió y los fue entregando a los discípulos, y los discípulos a la gente. Todos comieron hasta saciarse, y llenaron siete canastos con los pedazos que habían sobrado. 

_______________________

El papel de todos los gobiernos del planeta tienen como objetivo promover el bien común, la sanidad, la justa asistencia social así como alimenticia, entre otros deberes natos que les competen. Pero entre poderes, cada vez con más responsabilidad por el número de habitantes a atender, esto suele convertirse en algo ingobernable dándose excesos.

Sin embargo hay que tener muy en cuenta que a los gobiernos no les toca hacer todo, se supone que trabajan junto con nosotros en mutua corresponsabilidad de una manera organizativa que supla y distribuya justamente los bienes para atender aquellas necesidades que se suelen presentar tanto en un sector como en otro.

La situación es muy clara cuando no hay una justa distribución de las riquezas así como de los alimentos, se rompe con el esquema básico, afectando el resto de las estructuras sociales, entonces no se puede crecer ni rendir en el trabajo. Esto nos acontece ordinariamente en el plano de lo material, sin embargo de igual manera pasa en el ámbito de lo espiritual.

Jesús es claro que a lo primero que viene es a restaurar, por medio del Reino de los Cielos, el cual se hace presente desde la propia vida hasta los ámbitos sociales más estructurados.

Así como físicamente no podemos recorrer el camino si no tenemos fuerzas, fruto de una sana alimentación, por ende si no alimentamos el espíritu de igual manera decaerá ante la primer desavenencia, Jesús no es ajeno ni a un alimento ni al otro, ambos son importantes, por ello tenemos un Padre Providente que suple en su momento lo necesario, pero ello no es excusa pedir sólo lo material, ya que una vez suplido en lo básico nos capacita para seguir caminando incluso en el ámbito espiritual. 

Por ello, como decimos drásticamente: “Primero comer, que ser cristianos”, pero si ya comimos, entonces hay que auténticamente ser cristianos.

“La Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo”

“La Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo”

Mateo: 6, 19-23

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No acumulen ustedes tesoros en la tierra, donde la polilla y el moho los destruyen, donde los ladrones perforan las paredes y se los roban. Más bien acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el moho los destruyen, ni hay ladrones que perforen las paredes y se los roben; porque donde está tu tesoro, ahí también está tu corazón.
Tus ojos son la luz de tu cuerpo; de manera que, si tus ojos están sanos, todo tu cuerpo tendrá luz. Pero si tus ojos están enfermos, todo tu cuerpo tendrá oscuridad. Y si lo que en ti debería ser luz, no es más que oscuridad, ¡qué negra no será tu propia oscuridad!”

________________________

Con motivo de la celebración de la Preciosa Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, les comparto esta catequesis de San Juan Crisóstomo, obispo.

De la catequesis de San Juan Crisóstomo, Obispo

(Catequesis 3, 13-19:  SCh 50, 174-177)

El valor de la sangre de Cristo

¿Quieres saber el valor de la sangre de Cristo?  Remontémonos a las figuras que profetizaron y recorramos las antiguas Escrituras.

Inmolad ­­–dice Moisés­- un cordero de un año; tomad su sangre y rociad las dos jambas y el dintel de la casa.  «¿Qué dices Moisés?  La sangre de un cordero irracional, ¿puede salvar a los hombre dotados de razón?»  «Sin duda –responde Moisés-:  no porque se trate de sangre, sino porque en esta sangre se contiene una profecía de la sangre del Señor.»

Si hoy, pues, el enemigo, en lugar de ver las puertas rociadas con sangre simbólica, ve brillar en los labios de los fieles, puertas de los templos de Cristo, la sangre del verdadero Cordero, huirá todavía más lejos.

¿Deseas descubrir aún por otro medio el valor de esta sangre?  Mira de dónde brotó y cuál sea su fuente.  Empezó a brotar de la misma cruz y su fuente fue el costado del Señor.  Pues muerto ya el Señor, dice el Evangelio. Uno de los soldados se acercó con la lanza y le traspasó el costado, y al punto salió agua y sangre:  agua, como símbolo del bautismo; sangre, como figura de la eucaristía.  El soldado le traspasó el costado, abrió una brecha en el muro del templo santo, y yo encuentro el tesoro escondido y me alegro con la riqueza hallada.  Esto fue lo que ocurrió con el cordero:  los judíos sacrificaron el cordero, y yo recibo el fruto del sacrificio.

Del costado salió sangre y agua.  No quiero, amado oyente, que pases con indiferencia ante tan gran misterio, pues me falta explicarte aún otra interpretación mística.  He dicho que esta agua y esta sangre eran símbolos del bautismo y de la eucaristía.  Pues bien, con estos dos sacramentos se edifica la Iglesia:  con el agua de la regeneración y con la renovación del Espíritu Santo, es decir, con el bautismo y la eucaristía, que han brotado ambos del costado.  Del costado de Jesús se formó, pues, la Iglesia, como del costado de Adán fue formada Eva.

Por esta misma razón, afirma San Pablo:  Somos miembros de su cuerpo, formado de sus huesos, aludiendo con ello al costado de Cristo.  Pues del mismo modo que Dios hizo a la mujer del costado de Adán, de igual manera Jesucristo nos dio el agua y la sangre salida de su costado, para edificar la Iglesia.  Y de la misma manera que entonces Dios tomó la costilla de Adán, mientras éste dormía, así también nos dio el agua y la sangre después que Cristo hubo muerto.

Mirad de qué manera Cristo se ha unido a su esposa, considerad con qué alimento la nutre.  Con un mismo alimento hemos nacido y nos alimentamos.  De la misma manera que la mujer se siente impulsada por su misma naturaleza a alimentar con su propia sangre, y con su leche a aquel a quien ha dado a luz, así también Cristo alimenta siempre con su sangre a aquellos a quienes Él mismo ha hecho renacer.

Tomada de la Celebración del Oficio de Lecturas del Viernes Santo.