“¡Ábrete!"

“¡Ábrete!”

Marcos 7,31-37

En aquel tiempo, Jesús se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él. Él, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: «Effetá», que quiere decir: “¡Ábrete!”. Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente. Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban. Y se maravillaban sobremanera y decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

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Esta frase admito que se la copie a una una amiga además de ser mi comadre y dice: “Tu mente es como un paracaídas, funciona sólo cuando lo abres”. Geny Moreno. Me ilumina bastante el evangelio al respecto, convergiendo la frase anterior para mi meditación.

A veces concibo la inteligencia y todas las capacidades humanas o dones, entregadas a cada uno de nosotros como un depósito de luz, la cual se va manifestando de diferente manera en nosotros, además me imagino que ese depósito de luz está cubierto sólidamente por una gruesa placa la cual tiene muchos orificios, como una coladera, pero que no todos están abiertos.

De tal manera que esa luz que se alcanza a escapar la vemos brillar en los demás y la identificamos, podría afirmar; esta persona tiene abierto en ese depósito el orificio de la alegría, esta otra de la inteligencia, otros él de la amabilidad, del trabajo, del servicio, del bien decir, del amor, en otros vemos varios dones abiertos simultáneamente, etc… 

Pero cuántos dones aunque estén presentes en ese depósito no salen porque están cerrados, y en dónde debería haber esa luz, sólo hay oscuridad con los respectivos faltantes y las consecuencias que conlleva. El evangelio es claro, a Jesús le presentan un sordomudo, tiene oídos, tiene boca, pero no oye ni habla bien.

A veces así estamos nosotros, tenemos todos los dones dispuestos a manifestarse y obrar espléndidamente para beneficio propio así como de los demás, pero no los usamos, otros que llamamos discapacitados con lo poco que tienen, brillan y hacen mucho más que los que nos decimos completos.

Hace falta un ¡Ábrete!, un “Effetá”, es necesario abrir puertas y ventanas, permitir que entre más luz y ver con más claridad, destapar esos orificios para que fluyan las gracias, abrir nuestra mente y abarcar aún más de la sabiduría divina, para que tengamos cada vez más esa conciencia que un día será plena en el cielo. No sólo te maravilles con el milagro, hazlo tuyo. Por eso “¡Ábrete!”

“La humildad como estrategia”

“La humildad como estrategia”

Lucas: 14, 1. 7-14

Un sábado, Jesús fue a comer en casa de uno de los jefes de los fariseos, y éstos estaban espiándolo. Mirando cómo los convidados escogían los primeros lugares, les dijo esta parábola: “Cuando te inviten a un banquete de bodas, no te sientes en el lugar principal, no sea que haya algún otro invitado más importante que tú, y el que los invitó a los dos venga a decirte: ‘Déjale el lugar a éste’, y tengas que ir a ocupar, lleno de vergüenza, el último asiento. Por el contrario, cuando te inviten, ocupa el último lugar, para que, cuando venga el que te invitó, te diga: ‘Amigo, acércate a la cabecera’. Entonces te verás honrado en presencia de todos los convidados. Porque el que se engrandece a sí mismo, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido”. Luego dijo al que lo había invitado: “Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque puede ser que ellos te inviten a su vez, y con eso quedarías recompensado. Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos; y así serás dichoso, porque ellos no tienen con qué pagarte; pero ya se te pagará, cuando resuciten los justos”.

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Hoy más que nunca se nos invita a vivir actitudes un tanto negativas como si fuera lo ordinario, es más, casi se proponen como modas, y sabiendo que andar muy fashion va en mérito propio de una buena presencia, pero por el contrario las actitudes negativas  de moda, como lo son el orgullo, el odio, la vanidad, el engreimiento, la soberbia y el desprecio entre otras, van en detrimento dela persona, ya que en vez de adornarla, la envilece.

La Palabra del Señor es más que clara, nos conviene utilizar la humildad porque además de hablar bien de nuestra persona, a su vez agrada a Dios, aún por conveniencia, porque una vez adoptada transforma a la persona y la santifica.

Si vemos un negocio, del trato que le den a los clientes será el rendimiento y la ganancia que se tenga, porque a quien se le trata con dignidad y amabilidad, con una actitud humilde y abierta brinda toda la confianza necesaria para hacer buenos tratos.

La misma humildad nos hace reconocer esos dones recibidos de Dios tan grandes y verlos como tal, ya que la falsa humildad los remarca exageradamente o los niega por inseguridad. Sin embargo tan sólo es necesario tomar la humildad no para hacernos menos o permanecer con un perfil bajo, sino para a su vez reconocer la grandeza de Dios, sin rebajarnos, dando su lugar a quien lo merece. Eso es humildad.

Por ello el Señor Jesús invita a como forma de vida adoptarla ya que su beneficios son mayores a los que un bien material por abundante que sea pueda dar. Además debe ser junto con la Alegría el distintivo del Cristiano.

“Cada quien con su tema”

“Cada quien con su tema”

Marcos: 9, 30-37

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaban Galilea, pero él no quería que nadie lo supiera, porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le darán muerte, y tres días después de muerto, resucitará”. Pero ellos no entendían aquellas palabras y tenían miedo de pedir explicaciones.

Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntó: “¿De qué discutían por el camino?” Pero ellos se quedaron callados, porque en el camino habían discutido sobre quién de ellos era el más importante. Entonces Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: “Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”.

Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: “El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mí me recibe. Y el que me reciba a mí, no me recibe a mí, sino a aquel que me ha enviado”.

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A Jesús le urge el tiempo para aprovecharlo en virtud de que es corto para realizar su obra, darnos a conocer el Reino de los Cielos y darnos su salvación a través de su Pasión, muerte y resurrección, por lo que va preparando a sus discípulos y les va hablando claro de lo que ha de acontecer, para que cuando suceda sepan que se está cumpliendo las promesas del Padre.

Sin embargo la distracción en nuestras cabezas no es de extrañar, ya que cada uno está con sus propios pendientes, además de ver en qué posición los va a dejar, sin entender la obra de Jesús, aún creen en el mesianismo de un rey todo poderoso, donde desean su apartado.

Es por ello que cada cual anda con su tema sin atinar al verdadero objetivo de la salvación para la que fueron elegidos.

Situación similar nos acontece cuando perdemos el rumbo del sentido de nuestra espiritualidad, las necesidades nos absorben y dominan, por ello es importante mantenernos con la mirada puesta en el fin ultimo al que deseamos y esperamos respecto a nuestra salvación y no separarnos del Señor a través de la oración y los sacramentos.

“En orden es mejor”

“En orden es mejor”

Lucas: 1, 1-4; 4, 14-21

Muchos han tratado de escribir la historia de las cosas que pasaron entre nosotros, tal y como nos las trasmitieron los que las vieron desde el principio y que ayudaron en la predicación. Yo también, ilustre Teófilo, después de haberme informado minuciosamente de todo, desde sus principios, pensé escribírtelo por orden, para que veas la verdad de lo que se te ha enseñado.
(Después de que Jesús fue tentado por el demonio en el desierto), impulsado por el Espíritu, volvió a Galilea. Iba enseñando en las sinagogas; todos lo alababan y su fama se extendió por toda la región. Fue también a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer la lectura. Se le dio el volumen del profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.
Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó a hablar, diciendo: “Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”.

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San Lucas al inicio del su evangelio, explicando a su amigo Teófilo la razón de su fe, nos indica que después de un estudio minucioso y fundamentado decide escribir en una manera ordenada todo aquello que concierne a la tradición oral transmitida fielmente sobre Jesucristo y expuesta en éste evangelio.

Un detalle que no debemos dejar pasar por alto es, que dentro del primer anuncio que se daba para dar a conocer a Jesús, como el Hijo de Dios, se hacía predicando principalmente como centro fundamental, la pasión, muerte y resurrección, expuesto en una donación de amor pleno por cada uno de nosotros, para ser conscientes del mismo y responder con un amor similar al otorgado para redimirnos, eso es llamado el Kerygma.

Kerygma es el primer anuncio lleno de amor y de bondad, posteriormente llegará la catequesis que es la profundización dedicada de cada uno de los misterios de fe aceptados en el primer anuncio que debe suscitar el amor a Dios. El orden de la conversión y la fe requiere que primero se empape la persona del amor de Dios y lo acepte como su Señor, para después seguirlo amando al conocerlo por la catequesis y no al revés.

Por ello a Teófilo le explica ahora quién es Jesús a manera de conocer de su vida y obras, como una catequesis posterior, porque ese primer anuncio ya lo recibió, lo acepta al Señor Jesús en su corazón y lo ama con tal.

Es una pena saber que muchas personas no conocen a Dios en un verdadero orden que transforme a la persona y la haga partícipe del gozo que la fe conlleva. A veces el inicio del amor a Dios lo siembran, en especial las sectas, dentro de una crisis personal en la que se engancha a la persona y se le mantiene en codependencia porque se sienten comprometidos por el suceso, pero la raíz de la fe no debe ser un problema, sino una plena y libre decisión en el amor.

Por ello, tomemos y retomemos un orden en el mismo conocimiento de Dios para amarlo como se le merece y no tan sólo sentimentalmente prendidos del favor que obliga a acercase no abiertamente, sino con temor de obtener un mal mayor y eso no da libertad para obrar en el pleno amor y caridad del Señor.

“Sentencia rigurosa”

“Sentencia rigurosa”

Marcos 12, 38-44

En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: —¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.

Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo: —Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.

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A veces es muy difícil tomar algunos temas, que aunque sean muy claros en su expresividad, hay ciertos temores por los que los rechazamos tan sólo al mencionarlos y preferimos tornar la atención a algo que no nos haga reflexionar, cuando en realidad hacer las cosas en el plan de Dios es la experiencia más sana y menos complicada que lleva a la paz interior.

Cuando Jesús habla de sentencias rigurosas, no se trata de la manera dura y tajante como el común obrar de Dios, eso es un mito elaborado desesperadamente cuando no se le conoce, habla no de una sentencia dada porque Dios no juzga en esa escala, sino que Dios simplemente ratifica el daño que nosotros mismos nos hemos hecho con nuestro mal obrar.

Claro que las autosentencias que nos adjudicamos por nuestro mal obrar, serán mayormente rigurosas en la medida que teniendo una responsabilidad grande implique un servicio de confianza a los demás. Por lo general el abuso no implica la gravedad del hecho en sí mismo, sino que se agrava en la medida que implica en número a los afectados directa o indirectamente.

Es del común saber que a mayor capacidad, mayor responsabilidad se exija, ya que una va ligada a la otra y no se pueden excluir mutuamente. 

Pero no por ello hay que temer o dejar de tomar grandes responsabilidades, esas llegan solas con el quehacer del día a día de manera natural e imperceptiblemente, porque ya tendremos en su momento los dones y capacidades para ello. No es algo extra o pesado a sobrellevar, sino que se convierte en lo ordinario por el crecimiento que hemos tenido en todas las áreas de la vida.

De tal manera que no hay pretexto para no hacer lo que conlleva una responsabilidad bien hecha, no es una carga porque tu fortaleza lo puede, lo malo es cuando al hacerlo mal o dejarlo de hacer, en realidad estamos nosotros mismos enjuiciándonos al elegir lo negativo y la sentencia será en la medida que afecte a los que en responsabilidad te han sido confiados. Por ello simplemente haz lo que te toca, claro, bien hecho, como debe y eso basta.

“Que te den tu lugar”

“Que te den tu lugar”

Lucas 14, 1. 7-11

En aquel tiempo, entró Jesús un sábado en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso este ejemplo: —Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro, y te dirá: Cédele el puesto a éste. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido.

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Hay una sensación que nos atañe a todos cuando de derechos se habla, ya que en éstos tiempos se nos ha sensibilizado a tal grado de exigir e imponer como norma total nuestros gustos y caprichos, hasta las situaciones enfermizas se legalizan tornándose en un derecho a exigir.

Pero hay que tener muy en cuenta que los derechos vienen anexos a las responsabilidades, no se les puede extirpar, aunque en un mundo que promueve lo insano, se fija en los derechos pero no en las responsabilidades, creando un ambiente ilusorio porque no se aceptan las consecuencias de dicha abstinencia laboral responsable.

En el caso del evangelio vemos muy claro esa misma actitud, nos han metido en la cabeza lo importantes que somos y los derechos que tenemos aunque no hayamos hecho nada para merecerlos, ya que no basta la amistad o el tratar de quedar bien, porque entonces estaremos usurpando el lugar de otro que sí se lo merece.

Los tiempos están puestos para comprarte el lugar en el que quieres estar y hasta lo presumimos, pero qué distinto es que el dueño de las plazas te otorgue un lugar porque te conoce, te ama y te otorga dicho lugar cerca de él.

La humildad favorece la relación y te ubica ya sea en la primera fila o en la última, porque está vinculada a la honestidad personal que sabe realmente dónde merecemos estar. Por ello, es mejor que te den tu lugar, no lo busques privilegiadamente y si así fuera, entonces previamente deberíamos de haber cultivado y trabajado esa amistad hasta hacerte sencillamente merecedor de dichos lugares. Humildad y verdadera amistad cercana, es decir el trato, es lo que hace merecerte ese lugar que quieres.

“La verdad en un mundo de Hipocresía”

“La verdad en un mundo de Hipocresía”

Lucas 13, 10-17

Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga. Había una mujer que desde hacía dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y andaba encorvada, sin poderse enderezar. Al verla, Jesús la llamó y le dijo: —Mujer, quedas libre de tu enfermedad.

Le impuso las manos, y enseguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios. Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, dijo a la gente: —Seis días tenéis para trabajar: venid esos días a que os curen, y no los sábados.

Pero el Señor, dirigiéndose a él, dijo: —Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata del pesebre al buey o al burro, y lo lleva a abrevar, aunque sea sábado? Y a ésta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no había que soltarla en sábado?

A estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, y toda la gente se alegraba de los milagros que hacía.

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Lamentablemente vivimos en un mundo que ha caído en la paranoia de las dependencias y las adicciones en todos los ámbitos de la vida, no me refiero tan sólo a los casos clínicos en crisis manifiesta, sino también a aquellos que han sido inducidos como un plan de control en cada uno de nosotros, los cuales se han oficializado como socialmente aceptables aunque cuando se remarcan son causa de escándalo sobre todo cuando se habla con la verdad..

Tenemos el caso de la manifiesta tendencia al abuso de la sexualidad, por todos los medios se presenta un erotismo explícito que incita a un libertinaje sexual, claro, la sexualidad puesta en el plano de la morbosidad vende con ganancias multimillonarias, nos hacen dependientes de ella, para luego ante una falta en ese ámbito, escandalizarnos, poniendo el énfasis en la persona acusada para que o miren hacia nosotros que estamos igual o peor. Eso es Hipocresía. Les espanta, pero les encanta.

Ante tanta dependencia ya oficializada y comercializada, todo mundo busca cubrir su cuota buscando aquello que lo satisface como una droga sin ser estupefacientes, ya sea el sexo, el romanticismo, las relaciones personales, no podemos vivir sin ellas de manera normal, sino utilizando inclusive a las personas, aquellas que no nos importan sino tan solo para que nos den lo que necesitamos obsesivamente: atención, romances narcisistas y sexo.

Eso hace que perdamos el piso, ya no vivamos en la realidad y entremos en el mundo de la fantasía, rechacemos la verdad, los valores morales, perdamos la espiritualidad por obtener las dosis de las que dependemos, incluso lo que erróneamente llaman amor. Ante ésta realidad, viviendo de manera hipócrita la verdad duele, y es evitada hasta violentamente.

Para muestras fíjate en los medios de comunicación, todo el tiempo están dando las dosis de lo que dependemos, Amores imposibles, Sexo, relaciones cósmicas con las princesas y príncipes azules, todo inalcanzable e insaciable, pero anclados a ellas. Hasta en el face si se publica algo que alimente las dependencias y todo mundo le pone likes, pero publica la verdad de una situación o de cómo superar las dependencias y todo mundo la rechaza porque le tiene miedo.

Es my difícil presentar la verdad en un mundo enfermo y lleno de hipocresía, porque ahora resulta que los sanos son los locos.

“Salían de sus labios”

“Salían de sus labios”

Lucas 4, 16-30

En aquel tiempo, fue Jesús a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el Libro del Profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor». Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: —Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.

Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: —¿No es éste el hijo de José?

Y Jesús les dijo: —Sin duda me recitaréis aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo»: haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.

Y añadió: Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del Profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado más que Naamán, el sirio. Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo.

Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

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Hay que saber distinguir entre una boca y otra lo que dice, y aunque es muy desagradable escuchar a gente mal hablada, para ellos parece lo más normal de el mundo y hasta piensan que agradan muy bien a los demás, ciertamente no deja de ser un espectáculo, aunque claramente hay que distinguir a aquellos que maldicen con toda la intención del mundo de ofender a Dios y a los hijos de Dios, para hacerlos sentir mal y provocarlos, a simplemente decir malditurías con un léxico que revela que la persona en sí es muy mal educada. 

Nada que ver con Jesús, quien invita a no decir esas malas palabras porque en sí ya llevan de suyo la marca del maligno, y aunque parezcan graciosas nunca dejan de improntar a quien las escucha; no lo hace no porque no pueda, ni porque quisiera parecer en onda, no lo hace por tan sólo saber que está respetando a una persona que es imagen de Dios, con una dignidad elevada a la de Cristo que se dignó hacerse hombre como nosotros, dignificando nuestra humanidad, aquella que está precisamente restaurando, por ello no las usa porque sabe a dónde van y cuál intención de ofender es su origen.

Sin embargo Jesús al hablar no tan sólo educadamente, sino con toda veracidad e integridad moral que respalda sus palabras, desconcierta a aquellos no suelen usar sus palabras para decir plenamente la verdad. Claro que saca de onda oír a alguien que no está metido en el mundo con su hablar corriente y de moda, sino que te habla con toda propiedad la verdad absoluta en sí misma. 

Esas son las palabras que salían de su boca y que incomodaron a muchos porque la verdad les ofendía, como hoy lo sigue haciendo ante muchos, a aquellos que les duele la verdad porque no son capaces de enfrentarla pero sí de evitarla. 

Esa es la boca que nos invita a imitar, no solamente la educada, sino la que dice la verdad plena, la que profetiza, es decir la que anuncia en su momento y denuncia a su vez lo que no es verdad. Esa es la boca que debemos imitar para semejarnos los cristianos cada vez más a Cristo.

“Títulos prestados”

“Títulos prestados”

Mateo 23, 1-12

En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los letrados y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame «maestro». Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar jefes, porque uno solo es vuestro Señor, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

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Hoy en nuestros días nos encontramos con atributos otorgados socialmente a las personas que en su momento les dan renombre, algunos con autoridad, algunos con poder, algunos honoríficos y altruistas, como un reconocimiento a la labor de la persona.

Sin embargo no todos los ejercen fielmente ya que existe un sentir genérico, que aunque malamente aplicado, al fallar uno, se categoriza el resto de la misma manera. Pero olvidamos que los títulos, son tan sólo eso, porque ni le añaden ni le quitan nada a la persona. Son prestados y ajenos a nuestro ser en sí mismos.

¿Acaso pretendemos valernos de ellos para ejercer una autoridad que es prestada y simulada para realizar un bien?, o ¿abusamos de ellos?, la realidad nos dice que la tendencia es a sacar provecho de ellos. Creernos lo que no somos, porque cuando se ejerce el título, cualquiera que sea, Licenciado, Maestro, Médico, Abogado, etc… si se hacen dignamente, ese préstamo nominal redunda en beneficios sin pedirlos, al contrario del prejuicio que se hace cuando se usan ventajosamente.

Es por ello que hay que ser conscientes de que si llegamos a tener un título, cualquiera que sea, debemos de comprometernos como una responsabilidad a usarlo para su buen nombre, y para crecer en el trabajo digno con ellos. Tu dignificas tu título, y viceversa el mismo te dignifica y gratifica.

Hay que saber hacer buen uso de ellos, porque son prestados y si no los usamos responsablemente, nos serán retirados. 

“¿Como si no supieras?”

“¿Como si no supieras?”

Mateo 19, 16-22

En aquel tiempo, se acercó uno a Jesús y le preguntó: —Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno, para obtener la vida eterna?

Jesús le contestó: —¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno. Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.

El le preguntó: —¿Cuáles?

Jesús le contestó: —No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo.

El muchacho le dijo: —Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta?

Jesús le contestó: —Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres —así tendrás un tesoro en el cielo— y luego vente conmigo.

Al oír esto, el joven se fue triste, porque era rico.

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Ordinariamente Dios en su infinita misericordia y bondad nos coloca muy sabiamente donde conoce que ahí podremos desarrollar los dones que sabe nos ha regalado, porque nos conoce desde antes de nacer, siempre dando la libertad de utilizarnos o no, pero realmente sabe lo que te dio.

En el ínter de autodescubrir nuestras capacidades, tratando de compaginar nuestra vida con el ideal que deseamos ser y tener, con la auténtica realidad; vamos entre tiras y tirones ubicando nuestro ser y actuar. A veces perdemos el piso, andamos entre los etéreos sueños idealizados de personas, situaciones y cosas, pero la realidad se encarga de volver a ponerte los pies en tierra. 

Claro que no nos gusta, porque duele no aceptar la realidad, pero aunque los sueños no son reales, sí son una motivación que debemos de ubicar muy bien en su lugar. Debemos entender que precisamente lo real es el lugar donde podemos practicar todo aquello que nos lleva a la santidad, no en lo ideal ni en las tan buenas intenciones pero super vacías de obras que al final siguen quedando en nada.

Bien sabemos todo lo que tenemos que hacer y nos hacemos los que perdemos la memoria como si no supiéramos nuestros deberes y responsabilidades, que aunque sean en casa, en el trabajo o en la escuela, bien intencionadas y bien realizadas, son bastas para santificarte con ellas, ya vendrán otros compromisos, pero si no podemos santificarnos con lo poco y lo ordinario, es una muestra de que no podrás con una misión super especial en tu vida aunque la pidas.

No nos hagamos que no sabemos lo que tenemos que hacer en el día a día, que no lo queramos hacer es otra cosa, y esa misión, ese trabajo, ese proyecto, ese apostolado fuera de tus responsabilidades locales, no vaya a ser una evasión de lo que te toca hacer