“El tiempo de los engaños”

Lucas: 21, 5-11

En aquel tiempo, como algunos ponderaban la solidez de la construcción del templo y la belleza de las ofrendas votivas que lo adornaban, Jesús dijo: “Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra de todo esto que están admirando; todo será destruido”.
Entonces le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo va a ocurrir esto y cuál será la señal de que ya está a punto de suceder?”
Él les respondió: “Cuídense de que nadie los engañe, porque muchos vendrán usurpando mi nombre y dirán: ‘Yo soy el Mesías. El tiempo ha llegado’. Pero no les hagan caso. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, que no los domine el pánico, porque eso tiene que acontecer, pero todavía no es el fin”.
Luego les dijo: “Se levantará una nación contra otra y un reino contra otro. En diferentes lugares habrá grandes terremotos, epidemias y hambre, y aparecerán en el cielo señales prodigiosas y terribles”.

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Se habla mucho de que estamos en los últimos tiempos, de que en cualquier momento llegará el juicio final universal para todos y que al demonio se le termina su reinado, para ello se utilizan las ya características señales que al día de hoy nos son comunes, sin embargo como el mismo evangelio lo indica: “eso tiene que acontecer, pero todavía no es el fin”.

Por el contrario, somos bien informados para que ciertamente no se den los típicos abusos en el tema, ya que con la temática del miedo y del fin del mundo, se manipula a las personas y sobre todo, se les miente.

Es que olvidamos que desde todos los tiempos, la principal herramienta que utiliza el maligno es la mentira, aquella que precisamente se usa en contraposición radical a la verdad misma y contra Dios, de quien emana todo bien y autenticidad.

Y si a eso añadimos que al chamuco se le termina el tiempo, entonces, utilizando todo su arsenal y empeño en atacar por la premura de su final, es muy evidente que en la más sublime de sus acciones, junto con todas las marionetas que ya sea consciente o inconscientemente se disponen a ser utilizadas para el mal, usan como lema oficial el engaño y la mentira.

Es por ello que ante este ataque ideológico de falsedad envuelta en un velo de ilícita verdad para engancharnos, Jesús revela, que ante todo, hay que vivir en la verdad, y ella nos iluminará, por ello no asustarnos, ya que el miedo nos hace tomar decisiones arrebatadas con consecuencias nefastas.

Simplemente en éste tiempo de los engaños institucionalizados, hay que estar preparados de tal manera que no caigamos en las trampas que por doquier las encontramos, viviendo la verdad, la vida de la gracia y la oración, entonces estaremos capacitándonos para que como cera se nos resbalen todas aquellas faramallas y no hagan mella en nosotros.

“La verdad en un mundo de Hipocresía”

“La verdad en un mundo de Hipocresía”

Lucas 13, 10-17

Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga. Había una mujer que desde hacía dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y andaba encorvada, sin poderse enderezar. Al verla, Jesús la llamó y le dijo: —Mujer, quedas libre de tu enfermedad.

Le impuso las manos, y enseguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios. Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, dijo a la gente: —Seis días tenéis para trabajar: venid esos días a que os curen, y no los sábados.

Pero el Señor, dirigiéndose a él, dijo: —Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata del pesebre al buey o al burro, y lo lleva a abrevar, aunque sea sábado? Y a ésta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no había que soltarla en sábado?

A estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, y toda la gente se alegraba de los milagros que hacía.

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Lamentablemente vivimos en un mundo que ha caído en la paranoia de las dependencias y las adicciones en todos los ámbitos de la vida, no me refiero tan sólo a los casos clínicos en crisis manifiesta, sino también a aquellos que han sido inducidos como un plan de control en cada uno de nosotros, los cuales se han oficializado como socialmente aceptables aunque cuando se remarcan son causa de escándalo sobre todo cuando se habla con la verdad..

Tenemos el caso de la manifiesta tendencia al abuso de la sexualidad, por todos los medios se presenta un erotismo explícito que incita a un libertinaje sexual, claro, la sexualidad puesta en el plano de la morbosidad vende con ganancias multimillonarias, nos hacen dependientes de ella, para luego ante una falta en ese ámbito, escandalizarnos, poniendo el énfasis en la persona acusada para que o miren hacia nosotros que estamos igual o peor. Eso es Hipocresía. Les espanta, pero les encanta.

Ante tanta dependencia ya oficializada y comercializada, todo mundo busca cubrir su cuota buscando aquello que lo satisface como una droga sin ser estupefacientes, ya sea el sexo, el romanticismo, las relaciones personales, no podemos vivir sin ellas de manera normal, sino utilizando inclusive a las personas, aquellas que no nos importan sino tan solo para que nos den lo que necesitamos obsesivamente: atención, romances narcisistas y sexo.

Eso hace que perdamos el piso, ya no vivamos en la realidad y entremos en el mundo de la fantasía, rechacemos la verdad, los valores morales, perdamos la espiritualidad por obtener las dosis de las que dependemos, incluso lo que erróneamente llaman amor. Ante ésta realidad, viviendo de manera hipócrita la verdad duele, y es evitada hasta violentamente.

Para muestras fíjate en los medios de comunicación, todo el tiempo están dando las dosis de lo que dependemos, Amores imposibles, Sexo, relaciones cósmicas con las princesas y príncipes azules, todo inalcanzable e insaciable, pero anclados a ellas. Hasta en el face si se publica algo que alimente las dependencias y todo mundo le pone likes, pero publica la verdad de una situación o de cómo superar las dependencias y todo mundo la rechaza porque le tiene miedo.

Es my difícil presentar la verdad en un mundo enfermo y lleno de hipocresía, porque ahora resulta que los sanos son los locos.

¡¡Dios lo castigó!!

¡¡Dios lo castigó!!


Lucas 13, 1-9

En aquella ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó: —¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no. Y si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.Y les dijo esta parábola: —Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: “Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?” Pero el viñador contestó: “Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás”.
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Son tantas y tan variadas las interpretaciones de las situaciones negativas que nos acontecen que a veces suelen rayar en los extremos más populacheros mitológicos que en la realidad misma.
Ciertamente Dios permite que ciertas circunstancias aún dolorosas se hagan presentes en nuestra vida, pero no para dañar o castigar, porque Dios no actúa de esa manera, así lo proyectamos nosotros y ponemos en su boca nuestras propias palabras: “Dios lo castigó, es un castigo de Dios”.
Esta tendencia ya nos viene algo fermentada desde antiguo, porque en el mismo judaísmo se pensaba que, cuando alguna persona le ocurría alguna desgracia, era porque estaba en pecado o tenía alguna maldición, se les consideraban impuros y rechazados socialmente de su comunidad, se consideraba que el cielo o el infierno ya se vivían en esta vida y, según les fuera, se presentaba uno u otro.
Pero olvidamos que ese no es el pensamiento de Dios, sino el del ser humano que no ha madurado, o se pasa de madurez rayando en podredumbre que es lo que sale en su momento negativamente.
Dios jamás se recrea en el sufrimiento humano, al contrario, si llega, lo aprovecha para remarcar aún más la diferencia del bien al mal, para fortalecerte y probar lo firme que eres acrisolándote.
Cuando usamos esas expresiones de castigo divino, es porque no entendemos realmente la misericordia de Dios, que van más impregnadas del gusto por el mal ajeno, que por la maldad divina que no existe. Es una proyección de nuestro sentir a los demás poniendo en boca de Dios el mal que le deseamos a los demás.

Lo que sobresaldrá en todo serán tus frutos, no los de los demás, cada quien los presentará y ahí se verá cuan abundantes o precarios serán. Por eso en vez de preocuparte si Dios castiga o no y a quién, mejor trabaja en tu propia vida y no en la de los demás.

“Creemos que hacemos el bien…”

“Creemos que hacemos el bien…”

Lucas 10, 13-16


En aquel tiempo, Jesús dijo: “¡Ay de ti, ciudad de Corozaín! ¡Ay de ti, ciudad de Betsaida! Porque si en las ciudades de Tiro y de Sidón se hubieran realizado los prodigios que se han hecho en ustedes, hace mucho tiempo que hubieran hecho penitencia, cubiertas de sayal y de ceniza. Por eso el día del juicio será menos severo para Tiro y Sidón que para ustedes. Y tú, Cafarnaúm, ¿crees que serás encumbrada hasta el Cielo? No. Serás precipitada en el abismo”. 

Luego, Jesús dijo a sus discípulos: “El que los escucha a ustedes, a mí me escucha; el que los rechaza a ustedes, a mí me rechaza y el que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado”. 

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El entorno en el que hemos crecido se nos hace de los más natural y ordinario, las personas, los lugares, los hábitos, la situación económico social, así como el trato humano creemos que es lo trivial, y lo es, solamente que dejamos de lado aquellas situaciones que no conocemos, distintas a nuestra propia forma de vida y que según nuestros criterios suenan raras porque así no vivimos ni aprendimos.

No dudo que el mal enraizado en esas ciudades como Corozaín y Betsaida, a veces inculcado de generaciones atrás, se vea como lo normal, con todo y sus consecuencias nefastas sin tener idea de como vivir de una manera mejor y distinta.

Es aquí cuando creemos que hacemos el bien repitiendo los errores de los demás, porque así lo hacen todos, donde el cambio lo lleva Jesús pero no quieren escuchar, ni cambiar, y la realidad es miedo a lo nuevo y a dejar las mañas aseguradas porque no se tiene más.

Es por eso importante escuchar y conocer nuevas opiniones, que aunque nos incomoden, nos hacen en realidad crecer y más aún cuando se trata de cambiar nuestro interior y santificarnos, pensamos que estamos bien, cuando podemos estar mejor y tener además la paz y la gracia que conlleva a una seguridad en la vida al lado de Dios.

“El escándalo como herramienta”

“El escándalo como herramienta”

Lucas 4, 31-37

En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente. Se quedaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad. Había en la sinagoga un hombre que tenía un demonio inmundo, y se puso a gritar a voces: —¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: el Santo de Dios.

Jesús le intimó: —¡Cierra la boca y sal!

El demonio tiró al hombre por tierra en medio de la gente, pero salió sin hacerle daño. Todos comentaban estupefactos: —¿Qué tiene su palabra? Da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen.

Noticias de él iban llegando a todos los lugares de la comarca.

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No es ninguna novedad encontrar escándalos cada vez más fuertes y remarcados muy negativamente para llamar la atención, hoy en día lo utilizan sobre todos los medios de comunicación, porque aún existen personas que se asustan y admiran de los demás al entrometerse en sus vidas, además viene a ser un negocio muy lucrativo para obtener sórdidas ganancias sin importar el daño que infringen en los demás.

Sin embargo no olvidemos que precisamente el escándalo es un recurso que proviene del maligno, con el cual se remarca la mentira para imponerse violentamente, como lo vemos en el caso del endemoniado que exagera y distorsiona la verdad para amedrentar no a Jesús, sino a los demás que le circundan, para ponerlos en duda y en su contra, en este caso una mentira chantajista: “¿Has venido a destruirnos?”, por lo que Jesús jamás les permite que sigan hablando, a sabiendas de su modo de atacar.

En medio del escándalo quien lo impone no da pie al diálogo, es imperativo para sobreponerse ante la verdad, es por ello que se usa muy eficientemente como herramienta para destruir y atacar a todos los que practican y hacen el bien. Así con los nervios impactados por la violencia del asunto, bloquean la mente para no tener una reacción defensiva al momento. Así de rastrero y bajo se maneja el maligno junto con todos los que se prestan a su juego.

Hay que estar preparados con la suficiente formación religiosa para conocer un poco más a fondo la verdad y a Dios mismo, para amarlo junto con el respeto que se merece, de tal manera que ante esta herramienta del maligno, mientras la gente se impone a dejar de ser vulnerable por el escándalo y no haga caso a la mentira, cuando se fortalezca en su espíritu, será cuando la identifiquemos y no dejaremos que prosiga, porque el daño es grande y sus consecuencias graves. Pidamos en oración la fortaleza para no caer en las herramientas y redes del maligno, sino que las identifiquemos y detengamos a su tiempo. 

“…Por fuera parecen justos…”

“…Por fuera parecen justos…”

Mateo 23, 27-32

En aquel tiempo, Jesús dijo a los escribas y fariseos: “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque son semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre! Así también ustedes: por fuera parecen justos, pero por dentro están llenos de hipocresía y de maldad.

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque les construyen sepulcros a los profetas y adornan las tumbas de los justos, y dicen: ‘Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, nosotros no habríamos sido cómplices de ellos en el asesinato de los profetas’! Con esto ustedes están reconociendo que son hijos de los asesinos de los profetas. ¡Terminen, pues, de hacer lo que sus padres comenzaron!”.

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Es una pena que la verdad, tan preciada que es en sí misma, en común asociación con la realidad, muchas veces sea rechazada y suplantada por una falsa apariencia, sobre todo hoy, en estos tiempos que la imagen se manipula y se distorsiona tanto para bien, como para mal, es una realidad que en el mundo de quienes no tienen principios, ni moral, ni autenticidad, se la viven vendiendo imágenes falsas; a eso se dedican las agencias de publicidad y mercadotecnia, porque lo que es verdad y bueno en sí mismo se le reconoce y se vende por sí solo, pero si necesita anunciarse es porque, por sí mismo no vale su propio ser como verdadero y bueno.

Acerca de las noticias que se nos ofrecen hoy en día, habría que tener una seria discapacidad para no ver la realidad y creer la sarta de mentiras que manipulan y maquillan, siempre moviendo voluntades débiles y haciéndolas suyas; un ejemplo de manipulación es el siguiente: se desploma un avión, si dicen que estaba lleno de convictos asesinos, decimos, que bueno, se lo merecían; pero si dicen que había ochenta niños y que las perdidas ascienden a billones de dólares, entonces si nos mueven. Así es como te presentan la información, sembrando la reacción deseada en ti.

Más sin embargo, para qué nos vamos lejos, lo mismo acontece en nuestra propia vida y familia, una es la pantalla que presentamos y otra es la realidad que vivimos, pretendemos vivir en los más lujosos residenciales o bien posicionados, publicar eventos sociales personales en los periódicos, decir que conocemos a la crema y nata de la sociedad por nombres y apellidos, cuando en realidad no tienen ni en qué caerse muertos y hasta andan pidiendo por doquier para la mensualidad de la niña o para la gasolina, pero antes muertos que sencillos.

No hay que ir tan lejos y juzgar a los fariseos cuando nosotros estamos peor. Cuidado con la hipocresía, suele salir cara, sus consecuencias son irreversibles y las pérdidas no son en dólares, pero si en personas que valen la pena y en la confianza hacia ti, fatal.

Ya se acabaron los tiempos de las apariencias, ya no haces tonta a la gente, hoy ó vives tu verdad y en la verdad o, tu mentira será autoexpuesta no por los demás, sino por ti mismo, no te extrañe luego y se diga públicamente: ‘por fuera parecen justos’.

“Una vida de a mentiras”

“Una vida de a mentiras”

Mateo: 10, 24-33

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “El discípulo no es más que el maestro, ni el criado más que su señor. Le basta al discípulo ser como su maestro y al criado ser como su señor. Si al señor de la casa lo han llamado Satanás, ¡qué no dirán de sus servidores! 

No teman a los hombres. No hay nada oculto que no llegue a descubrirse; no hay nada secreto que no llegue a saberse. Lo que les digo de noche, repítanlo en pleno día y lo que les digo al oído, pregónenlo desde las azoteas.

No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman, más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo.

¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una moneda? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre. En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto, no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo.

A quien me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre, que está en los cielos; pero al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre, que está en los cielos”.

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Dentro de una cultura en la que predomina el qué dirán, donde se cuida la imagen a todo lo que da, el mundo de las mentiras se convierte en la actitud a vivir cada día, llegando a tal grado que cuando se dice la verdad duele. 

Sin embargo la mentira dura mientras la verdad sale, pro el contrario la verdad siempre permanece. Lo malo que la mentira genera cada vez mayor mentira para sostenerse hasta llegar a la ofensa y la calumnia. 

Hay que tener una prudencia certera que nos ayude a mejor vivir, para que en todo lo que hagamos y digamos, sea tan noble y sencillo en la verdad, que sin mayor preocupación se pueda tanto guardar en secreto como proclamarlo desde las azoteas sin afectar a nada ni a nadie.

Cuando lo que se predica o se vive está en el ámbito de la mentira, por lo general se permanece en la inestabilidad que surge del miedo a ser descubiertos. No hay como la paz y tranquilidad que otorga la verdad.

Cuando nuestra verdad se define para vivir la vida sin Dios, entonces excluimos ser reconocidos ante Él como tal, no por reciprocidad, sino por lógica. No quieres ser amado, no se te ama y se te respeta tu decisión.

“Justificar mi error”

“Justificar mi error”

Mateo: 5, 27-32

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Han oído que se dijo a los antiguos: No cometerás adulterio. Pero yo les digo que quien mire con malos deseos a una mujer, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Por eso, si tu ojo derecho es para ti ocasión de pecado, arráncatelo y tíralo lejos, porque más te vale perder una parte de tu cuerpo y no que todo él sea arrojado al lugar de castigo. Y si tu mano derecha es para ti ocasión de pecado, córtatela y arrójala lejos de ti, porque más te vale perder una parte de tu cuerpo y no que todo él sea arrojado al lugar de castigo. También se dijo antes: El que se divorcie, que le dé a su mujer un certificado de divorcio. Pero yo les digo que el que se divorcia, salvo el caso de que vivan en unión ilegítima, expone a su mujer al adulterio, y el que se casa con una divorciada comete adulterio”.

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La norma divina jamás es impositiva ni inquisidora, por el contrario, es propositiva y siempre en pro de cuidar nuestra dignidad y santidad. Aunque los preceptos se den en forma de negación, en realidad son una manera de comunicarnos evitar aquello que nos hace daño permanente.

Aunque se va cayendo en faltas cada vez más comunes, se va adormeciendo la conciencia al ver que gran parte de las personas con las que convivimos cometen los mismos errores y justificándose hasta con el mismo hecho de cambiar la ley para hacerlo ordinario y que no duela la conciencia social, aunque la personal no se puede acallar, pero sí disfrazar.

Hoy por todos lados queremos y tenemos pretextos para justificar nuestros errores y faltas, a tal grado de que si no piensan a mi manera y con mi moral laxa, hasta renuncio a Dios o cambio de religión porque no deseo cumplir la norma ordinaria que hemos violado y no queremos salir de ella.

Es por ello necesario no ceder al más mínimo pecado, basta con reconocerlo sin hacer aspavientos, con la verdad de lo que es y listo, para que luego no pretendamos justificarlo como si fuera permisivo y querer imponerlo a los demás, porque tenemos responsabilidad de nuestro ser y de aquellos que afectemos.

“Rumores inciertos”

“Rumores inciertos”

Juan: 21, 20-25

En aquel tiempo, Jesús dijo a Pedro: “Sígueme”. Pedro, volviendo la cara, vio que iba detrás de ellos el discípulo a quien Jesús amaba, el mismo que en la cena se había reclinado sobre su pecho y le había preguntado: `Señor, ¿quién es el que te va a traicionar?’ Al verlo, Pedro le dijo a Jesús: “Señor, ¿qué va a pasar con éste?” Jesús le respondió: “Si yo quiero que éste permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué? Tú, sígueme”.

Por eso comenzó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no habría de morir. Pero Jesús no dijo que no moriría, sino: ‘Si yo quiero que permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué?’

Éste es el discípulo que atestigua estas cosas y las ha puesto por escrito, y estamos ciertos de que su testimonio es verdadero. Muchas otras cosas hizo Jesús y creo que, si se relataran una por una, no cabrían en todo el mundo los libros que se escribieran.

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Ya parece ordinaria la falta de certificación de la información que recibimos, sobre todo en un mundo sobresaturado de datos que en realidad comunican pero que no se asimilan y como la asimilación requiere un cierto tiempo, el cual no se tiene, se queda uno con lo primero que se escucha.

Por un lado es muy importante conocer la fuente que nos proporciona los datos, porque ante tanto sitio fraudulento, como dice el dicho: “una mentira dicha mil veces, se cree que es realidad”. Por lo que es necesario identificar quien menos dice mentiras en nuestros días.

Jesús puede a su vez mal entendido, y no es nada nuevo, ya que cada persona lo quiere asimilar según le acomode su forma de pensar o ser. Un ejemplo claro lo tenemos con esta mal interpretación que hacen los propios discípulos acerca de Juan, que si moriría o no, Jesús responde directo y claro, no es relevante esa información, ni tampoco importante, es como si dijera que hagan su trabajo y no se estén entrometiendo en cosas que no valen la pena detenernos en ellas.

Lo que sí sabemos es que en base a una suposición se desarrolló un rumor falso en medio de hombres de fe y de buena voluntad, ahora qué no ocurrirá con quienes viven inmersos en situaciones de dolor que desean hacer el mal.

Es por ello que decir la verdad directa con discreción y caridad es lo más sano, más que dar a entender cosas confusas que pueden girar en sentido opuesto en cualquier momento.

“El miedo de la verdad”

“El miedo de la verdad”

Juan: 10, 22-30

Por aquellos días, se celebraba en Jerusalén la fiesta de la dedicación del templo. Era invierno. Jesús se paseaba por el templo, bajo el pórtico de Salomón.

Entonces lo rodearon los judíos y le preguntaron: “¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo claramente”.

Jesús les respondió: “Ya se lo he dicho y no me creen. Las obras que hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí, pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás; nadie las arrebatará de mi mano. Me las ha dado mi Padre, y Él es superior a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. El Padre y yo somos uno”.

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La verdad en sí misma, conlleva una serie de valores y satisfactores que sacian nuestra propia inteligencia, aquella que queda clara cuando se adecua la realidad con la verdad, formando un todo comprensible.

¿Pero qué pasa cuando empezamos a dar cabida a la mentira?, la confianza se deposita en ideales no reales que convertimos en esperanzas que por cierto nunca llegan porque son inexistentes. 

Entonces la verdad da miedo, no porque sea violenta, de hecho vivir en la verdad es lo más sano, pero a quienes viven en sus propias mentiras ideales, institucionales o personales, buscan a toda costa que las secunden y que todo el tiempo les den la razón para no perder la estabilidad y ponerse mal.

Pero qué flojera es tener que andar tratando a personas que las puedes herir con lo evidente, eso ya no está bien, porque tienes que hacerte parte de sus errores para poder congeniar.

A Jesús no le cuesta trabajo la verdad, de hecho Él es la verdad, pero a los que viven en sus ideales sublimemente exagerados, les cuesta adecuarse, conflictuando sus principios mal basados o así malamente aprendidos.

Vale la pena encontrarnos con nuestra propia verdad y la del mundo en el mismo plan de Dios, porque con ella, seremos libres, sin miedos, ni temores, la crisis de conocerla es buena, porque sabremos a ciencia cierta lo que hacemos y donde estamos.