“Riesgo de perder el rumbo”

“Riesgo de perder el rumbo”

Juan: 14, 1-6

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. Si no fuera así, yo se lo habría dicho a ustedes, porque voy a prepararles un lugar. Cuando me vaya y les prepare un sitio, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy”.

Entonces Tomás le dijo: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?” Jesús le respondió: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí”.

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No es nada fácil seguir el camino cuando se está cansado y agobiado por miles de problemas que nos tocan de manera ya sea directa o indirecta, porque una vez fatigados, todos los problemas del mundo, de los que nos enteramos solemos hacerlos nuestros y de igual manera sufrir por ellos, es decir, nos enganchamos a todo.

Es por ello que Jesús nos invita a no perder la paz, ya que sin ella nos volvemos totalmente vulnerables y manejables, tanto por las circunstancias negativas, aunque también se dé la docilidad para las positivas, sin ella las situaciones de dolor permanecen y se agudizan cada vez más al volcarnos sobre ellas una y otra vez sin ver la solución que suele ser sencilla, pero que obsesionados en el dolor no la visualizamos.

Siempre se tiene el riesgo de perder el rumbo, sin embargo se nos recuerda que Jesús siempre está al alcance de la mano para mostrarnos el camino de la paz, aquella que una vez restaurada, se tiene la serenidad para poder repensar las cosas y tomar las mejores y ponderadas decisiones.

Aún perdidos en la bastedad de los problemas, el camino de retorno siempre está disponible, sin juicios ni culpas, y ese camino es el Señor Jesús, quien con su pronta caridad predispone a salir de esas situaciones e ilumina para fortalecer la sabiduría que en el momento se necesita, don recibido al contacto con él por medio de su Santo Espíritu en cualquier momento. Aprovéchalo.

“¿Qué hay que hacer?”

“¿Qué hay que hacer?”

Juan 6, 22-29

Después que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el lago.

Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del lago notó que allí no había habido más que una lancha y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos.

Entretanto, unas lanchas de Tiberíades llegaron cerca del sitio, donde habían comido el pan sobre el que el Señor pronunció la acción de gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: –«Maestro, ¿cuándo has venido aquí?»

Jesús les contestó: –«Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios».

Ellos le preguntaron: –«Y, ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?»

Respondió Jesús: –«La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado».

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El permitirnos dejar guiarnos por algo o alguien, se refiere a una confianza depositada totalmente ante aquello que decidimos seguir. Nuestra voluntad desaparece para asirnos a la del guía, y muchas de las veces habrá que analizar realmente en quién está depositada.

Es un hecho que en los momentos más cansados de alguna situación adversa, se busca un descanso y una palabra de aliento, pero curiosamente parece que dejamos de pensar de manera autónoma para exigir soluciones prefabricadas y hasta casi mágicas como si fuera una fórmula y así no procede la sabiduría de Dios.

Es muy claro el conjunto de signos y parábolas de Jesús, donde claramente marcan un libre camino de obras y actitudes que hablan del seguimiento del Señor, pero como que se nos dificulta asimilarlos y, aunque sean evidentes, preguntamos a manera de justificación ¿qué obras tenemos que hacer…? Necesitamos que nos digan exactamente con peras y manzanas para entender, y qué pena que sea así, porque implica una voluntad perezosa que en vez de ser responsable de sus actos, pretende seguir lo que le digan otros, estratégicamente para al no cumplirlos, echar culpas. 

Se acaban las iniciativas y vienen los tiempos de la espera del mandato para poder hacer algo, cuando el camino es claro.  Pues para empezar, hay que creer en Jesús y pedir sus dones para ser libres y no depender ni del qué dirán, ni del qué tengo que hacer, sino hacerlo y ya. Porque capacidad tenemos para ello y más, falta que la utilicemos com tal.

“Enviados con una finalidad”

Lucas: 10, 1-12. 17-20

En aquel tiempo, Jesús designó a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir, y les dijo: “La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en camino; yo los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el camino.

Cuando entren en una casa digan: ‘Que la paz reine en esta casa’. Y si allí hay gente amante de la paz, el deseo de paz de ustedes se cumplirá; si no, no se cumplirá. Quédense en esa casa. Coman y beban de lo que tengan, porque el trabajador tiene derecho a su salario. No anden de casa en casa. En cualquier ciudad donde entren y los reciban, coman lo que les den. Curen a los enfermos que haya y díganles: ‘Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios’.

Pero si entran en una ciudad y no los reciben, salgan por las calles y digan: ‘Hasta el polvo de esta ciudad que se nos ha pegado a los pies nos lo sacudimos, en señal de protesta contra ustedes. De todos modos, sepan que el Reino de Dios está cerca’. Yo les digo que en el día del juicio, Sodoma será tratada con menos rigor que esa ciudad”. Los setenta y dos discípulos regresaron llenos de alegría y le dijeron a Jesús: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre”. Él les contestó: “Vi a Satanás caer del cielo como el rayo. A ustedes les he dado poder para aplastar serpientes y escorpiones y para vencer toda la fuerza del enemigo, y nada les podrá hacer daño. Pero no se alegren de que los demonios se les someten. Alégrense más bien de que sus nombres están escritos en el cielo”.

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El llamado, preparación, testimonio y seguimiento de Jesús, no son para ver si algo tomamos como una opción, porque no lo es. A todos aquellos que invitó a estar cerca de Él, precisamente los prepara para hacer extensiva su misión de preparar a toda la humanidad para implementar el Reino de Dios sobre nuestras vidas, no importa la circunstancia que vivamos.

No los envía para ver que hacen, que encuentran, que pueden aprender, o a que decidan por su propia voluntad para dar solución a problemas de los que pudiesen enterarse de ellos, porque de otra manera empaparán la solución con sus propias limitaciones, sino que van con la finalidad de llevar el anuncio de la Buena Nueva y a Jesús mismo.

Situación que hasta el momento no ha cambiado, por lo que a su vez nos invita a no perder el rumbo, porque el mensaje es claro: la gracia está por ser restaurada y la muerte pierde fuerza, el mal está condenado y el Espíritu Santo nos llenará de sus dones a quienes deseen recibirlo. 

Es por ello que cuando en el camino nos encontramos con ambientes que nos distraen o invitan incluso a claudicar, por muy agradable que sea lo que nos ofrecen, el mismo Jesús nos invita a rechazarlo, no a las personas, sí al mal y al pecado, de tal manera que ni el polvo se nos pegue a los pies, para no llevarnos fragmentos que remarquen estar sucios y nos quiten la paz.

El resultado es tal que hasta se alegran de que los mismos demonios se les sometan en el nombre de Jesús, pero si somos nosotros los que nos predicamos, entonces el mismo demonio utilizará tu debilidad y carencias para que el mal siga y no sea extirpado. La finalidad es clara, y cuando ésta no se cumple, el envío fracasa y Jesús, su salvación y gracia no llega a los demás.

“De confianzas hablamos”

Lucas 9, 1-6

En aquel tiempo, Jesús reunió a los Doce y les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades. Luego los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles: —No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco llevéis túnica de repuesto. Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si alguien no os recibe, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.

Ellos se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes.

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Hoy en nuestros días, además de literalmente ser un robo legal las mentadas aseguradoras, quieren manipularnos entre sus juegos mentales para darnos la ilusión de protección, cuando en realidad a veces nunca utilizaremos esos servicios, pero sí les pagamos porque si no nos va peor, digo hablando de finanzas. Eso nos hace olvidar ya sea consciente o inconscientemente la Providencia Divina, porque cuando Dios pide es porque ya dio previamente y utiliza la circunstancia para el crecimiento personal. Confianza que ahora depositamos en alguien pagado y con sus múltiples restricciones para no hacerlo.

Todas estas fantasías de seguridad están enfocadas a un sector muy concreto y limitado de nuestra vida, como lo es el auto, la casa, y la atención médica en caso de necesidad. Pero eso no lo es todo en la vida, no aseguran tu paz, ni tu felicidad, ni tu tranquilidad, tampoco las relaciones familiares y de amistades, mucho menos el dolor ante una dificultad, y por supuesto no te garantizan la vida por más que pagues.

Sin embargo la confianza a la que nos invita Jesús, es una plataforma de base sobre la que se sostiene totalmente nuestra vida y obrar, sin ésta confianza así como seguridad, andaremos buscando suplentes que la brinden. 

Es aquella confianza que nos hace salir sin ningún preparativo para el camino, a sabiendas de que somos enviados en Nombre de…, Aquel quien provee en la travesía lo necesario porque sabe a dónde vamos; llama a la travesía estudio, trabajo, familia, hijos, hermanos, padres, y todo lo que se te ha dado en el camino.

Aquí es necesaria de tu parte esa confianza (claro que a Dios) que no se paga, y que es más efectiva que cualquier otra ya que “de confianzas hablamos” y no de negocios que caducan al mes o, al año según la pagues.

“Lo gratuito con ganancias”

“Lo gratuito con ganancias”

Mateo: 9, 36-10, 8

En aquel tiempo, al ver Jesús a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos: “La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos”.

Después, llamando a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias.

Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero de todos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el cananeo, y Judas Iscariote, que fue el traidor. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: “No vayan a tierra de paganos ni entren en ciudades de samaritanos. Vayan más bien en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos. Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios. Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente”. 

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Por lo general en nuestro esquema de vida social actual, todo tiene un precio, todo se compra y todo se vende, hasta la historia tiene un precio y el futuro no se diga, hasta la vida la tenemos asegurada económicamente hablando.

Se le menosprecia a lo que tiene poco valor cuando en realidad no todo se mide en términos monetarios, porque en ese mundo la cotización cambia a cada minuto y siempre se busca la mayor ganancia.

No olvidemos que Dios nos ha regalado dones con los que no se puede lucrar, pero si podemos crecer y hasta usufructuar para nuestro bien y el de la comunidad. Habiendo basta necesidad de esos valores espirituales que complementan a la persona, se pretenden saciar con cosas caras, pero vacías de contenido, que nos hacen girar en una eterna búsqueda si no tomamos lo que realmente nuestro ser necesita.

Aquí es donde Jesús encuentra a las personas tan vacías y cansadas, como ovejas sin pastor que les dé lo que necesitan, sino que abusan de sus vacíos pretendiendo rellenarlos de cosas ufanas.

Olvidamos que la gratuidad de los dones así como su administración en el mismo término de lo no negociable, genera mucha más riqueza que en su momento retribuye hasta en lo físico y material; un don bien administrado genera primeramente santidad y gracia, para posteriormente Dios Padre providente, asistirlo con lo necesario para que siga adelante.

Siempre lo gratuito genera múltiples ganancias en todos los aspectos, no lo despreciemos, porque si te quedas tan sólo con lo material, cuando se termina, en realidad quedas vacío, en pobreza y soledad, cosa que no acontece así con lo espiritual.

“Los misterios de Dios”

“Los misterios de Dios”

Marcos: 12, 35-37

Un día, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: “¿Cómo pueden decir los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, inspirado por el Espíritu Santo, ha declarado: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mí derecha y yo haré de tus enemigos el estrado donde pongas los pies. Si el mismo David lo llama ‘Señor’, ¿cómo puede ser hijo suyo?” La multitud que lo rodeaba, que era mucha, lo escuchaba con agrado.

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Aunque Dios es totalmente evidente ya abierto a nuestro conocimiento, es un hecho que nuestra capacidad, que no deja de ser admirable, tiene un límite, y aunque aún no sabemos cual es su tope, resulta que ante la grandeza y total sabiduría de Dios, semejante a la nuestra porque nos fue participada, estas es tan sólo un atisbo de su magnificencia.

De alguna manera se adapta a nuestra lógica y trata de darnos a conocer aquellas verdades que podemos asimilar, sin entrar en conflicto con ellas por el hecho de que no las alcanzamos a comprender, de tal manera que nos hace partícipes de algo de su grandeza y misterios, no por ser ocultos, sino por insondables.

Es por ello que muchos misterios a veces los percibimos hasta un tanto ilógicos o contradictorios, cuando en realidad no lo son, y es que en la medida que nos vayamos conformando con Él, empezaremos a comprender con su propia sabiduría su obra y sus planes, gracias a que nos los participa en confianza, amistad y amor, a lo cual debemos responder con la misma actitud.

Los misterios de Dios, se vuelven claros y transparentes en la medida que retiremos nuestro ego y fijaciones mentales, estructuradas con un sistema educacional científico positivista, que no ve más allá de lo material. Sino que el mismo espíritu Santo nos lo irá revelando, pero necesita ver que deseamos recibir ese don, para entender los mismos misterios de Dios. 

“Apacentar”

“Apacentar”

Juan: 21, 15-19

En aquel tiempo, le preguntó Jesús a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?” Él le contestó: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis corderos”. Por segunda vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Él le respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Pastorea mis ovejas”.

Por tercera vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?” Pedro se entristeció de que Jesús le hubiera preguntado por tercera vez si lo quería, y le contestó:

“Señor, tú lo sabes todo; tú bien sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas.

Yo te aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías la ropa e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo extenderás los brazos y otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras”. Esto se lo dijo para indicarle con qué género de muerte habría de glorificar a Dios. Después le dijo: “Sígueme”.

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No deja de ser notorio el que hoy en día la formación de nuestras voluntades sea cada vez más egoísta donde el único y el fin ultimo es mi bienestar, sin importar el a pesar de qué o de quién.

Olvidamos al resto, aunque vivamos juntos en un área de cincuenta metros cuadrados codo con codo. Ya no nos mueve el dolor ajeno, a no ser que el dolor sea el nuestro, porque lo hacemos notar para recibir atención. 

Es entonces donde nuestra vida pierde sentido y la de los demás también, a no ser por el valor del poseer, que se remarca como el importante y no lo es.

Jesús pide a Pedro precisamente que su vida esté en concordancia con la gracia de Dios y el servicio que de ella dimana de manera eficaz. Pide precisamente que apaciente, es decir, ayude a aquellos que han perdido la paz a recobrarla y no hundirse en sus propios vacíos y oscuridades.

Que cuide a aquellos que el Padre le ha encomendado, para ello es necesario un amor que primeramente sepa amar a Dios y a la par a nuestros prójimos, amor que Pedro demuestra transparentemente con un “Señor, tú lo sabes todo; tú bien sabes que te quiero”.

Que de igual manera apacentemos a aquellos que necesiten un oído quien los escuche o quien desean apoyarse en un alma buena que los lleve a Dios.

“Volver al Padre”

“Volver al Padre”

Juan: 16, 23-28

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro: cuanto pidan al Padre en mi nombre, se lo concederá. Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre. Pidan y recibirán, para que su alegría sea completa.

Les he dicho estas cosas en parábolas; pero se acerca la hora en que ya no les hablaré en parábolas, sino que les hablaré del Padre abiertamente. En aquel día pedirán en mi nombre, y no les digo que rogaré por ustedes al Padre, pues el Padre mismo los ama, porque ustedes me han amado y han creído que salí del Padre. Yo salí del Padre y vine al mundo; ahora dejo el mundo y vuelvo al Padre”.

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Ya próximos a la fiesta de la Ascensión den Señor, las lecturas nos van preparando para celebrar y estar preparados para dicho evento, donde durante todas las anteriores semanas de Pascua nos han estado preparando para disponer nuestros corazones a recibir la gracia que conlleva además de asimilar con mayor acierto el mismo plan de Dios.

La iniciativa proviene de Dios, cuando Jesús nos invita a que sin dudar pidamos, como una actitud que solicita una actuación de nuestra parte, para que Dios, que aunque lo sabe todo, reafirme nuestra voluntad en lo que pedimos con la autentica disposición de recibirlo.

Ahora con todo el plan cumplido, puede retirarse con la confianza de que por medio de su Santo Espíritu, que ya puede obrar en su plenitud dentro de la misma historia de la Salvación, donde estará más presente y actuando como nunca.

Es por ello que vuelve al Padre, de donde viene su procedencia y a donde pertenece; plan que explica con toda claridad para que tanto en la lógica humana como en la divina se entienda.

Un volver que inicia con el retorno triunfal de Jesús en nuestra humanidad glorificada, y que prosigue con nuestro propio retorno a la Casa del Padre, con las puertas abiertas gracias a la redención dada por el Señor Jesús. No hace falta remarcar que el camino que  Jesús nos ha marcado, es precisamente el de retorno a la presencia del Padre donde pertenecemos de igual manera nosotros, ya que desde el origen, ese es el plan de Dios.

“En orden es mejor”

“En orden es mejor”

Lucas: 1, 1-4; 4, 14-21

Muchos han tratado de escribir la historia de las cosas que pasaron entre nosotros, tal y como nos las trasmitieron los que las vieron desde el principio y que ayudaron en la predicación. Yo también, ilustre Teófilo, después de haberme informado minuciosamente de todo, desde sus principios, pensé escribírtelo por orden, para que veas la verdad de lo que se te ha enseñado.
(Después de que Jesús fue tentado por el demonio en el desierto), impulsado por el Espíritu, volvió a Galilea. Iba enseñando en las sinagogas; todos lo alababan y su fama se extendió por toda la región. Fue también a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer la lectura. Se le dio el volumen del profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.
Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó a hablar, diciendo: “Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”.

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San Lucas al inicio del su evangelio, explicando a su amigo Teófilo la razón de su fe, nos indica que después de un estudio minucioso y fundamentado decide escribir en una manera ordenada todo aquello que concierne a la tradición oral transmitida fielmente sobre Jesucristo y expuesta en éste evangelio.

Un detalle que no debemos dejar pasar por alto es, que dentro del primer anuncio que se daba para dar a conocer a Jesús, como el Hijo de Dios, se hacía predicando principalmente como centro fundamental, la pasión, muerte y resurrección, expuesto en una donación de amor pleno por cada uno de nosotros, para ser conscientes del mismo y responder con un amor similar al otorgado para redimirnos, eso es llamado el Kerygma.

Kerygma es el primer anuncio lleno de amor y de bondad, posteriormente llegará la catequesis que es la profundización dedicada de cada uno de los misterios de fe aceptados en el primer anuncio que debe suscitar el amor a Dios. El orden de la conversión y la fe requiere que primero se empape la persona del amor de Dios y lo acepte como su Señor, para después seguirlo amando al conocerlo por la catequesis y no al revés.

Por ello a Teófilo le explica ahora quién es Jesús a manera de conocer de su vida y obras, como una catequesis posterior, porque ese primer anuncio ya lo recibió, lo acepta al Señor Jesús en su corazón y lo ama con tal.

Es una pena saber que muchas personas no conocen a Dios en un verdadero orden que transforme a la persona y la haga partícipe del gozo que la fe conlleva. A veces el inicio del amor a Dios lo siembran, en especial las sectas, dentro de una crisis personal en la que se engancha a la persona y se le mantiene en codependencia porque se sienten comprometidos por el suceso, pero la raíz de la fe no debe ser un problema, sino una plena y libre decisión en el amor.

Por ello, tomemos y retomemos un orden en el mismo conocimiento de Dios para amarlo como se le merece y no tan sólo sentimentalmente prendidos del favor que obliga a acercase no abiertamente, sino con temor de obtener un mal mayor y eso no da libertad para obrar en el pleno amor y caridad del Señor.

“Un nuevo tiempo”

“Un nuevo tiempo”

Marcos: 1, 14-20

Después de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios y decía: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio”.
Caminaba Jesús por la orilla del lago de Galilea, cuando vio a Simón y a su hermano, Andrés, echando las redes en el lago, pues eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres”. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante, vio a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que estaban en una barca, remendando sus redes. Los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre con los trabajadores, se fueron con Jesús.

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Por gracia de Dios hemos tenido la oportunidad de iniciar en el esquema temporal un nuevo ciclo llamado año nuevo, lleno de promesas y proyectos tanto personales como comunitarios, lo que nos hace tener nuevos ánimos para seguir adelante.

De igual manera se nos invita en este nuevo ciclo, a su vez crecer en lo espiritual, no dejarlo a la deriva o al hay se va, porque Dios mediante tendremos la oportunidad de celebrar los misterios que nos recuerdan la historia de la Salvación, por lo que se propone tener la atención bien puesta para no dejarlo ordinariamente a la deriva.

Es un estar preparados para lo que venga, que por lo general siempre es bueno, pero no hay que esperar a que un hecho negativo nos haga retomar el camino, no hay necesidad de una crisis para realizar un cambio personal, cuando desde hoy los puedes evitar.

Un nuevo tiempo es el que se nos da, por lo que si ya lo estamos aprovechando en ciertas áreas de la vida, como es lo material, la familia o el trabajo, no está por demás a su vez utilizarlo en todo el ámbito espiritual que empapa toda nuestra vida y relaciones totales, por ello si va cultivado y fortalecido, no habrá mejor inversión en este nuevo inicio que una vida preparada en todos los aspectos.