“Odios sin sentido”

“Odios sin sentido”

Juan 15, 18-21

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia. Recordad lo que os dije: «No es el siervo más que su amo. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra». Y todo eso lo harán con vosotros a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió».

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Me parece un tanto difícil comprender la libertad de elección que Dios nos regaló, puesto que dentro de su acto creador de amor, la misma criatura a la cual le ha compartido sus propios dones, se torna engreída y autosuficiente, como si de nadie ni de nada dependiera su propia existencia, pero además con la consigna de odiar a quien le dio todo. 

Eso parece una actitud irresponsable y mal agradecida tal cual, más sin embargo Dios lo permite, nos pareciera inconcebible esa situación, pero para Dios, quien conoce su creación, sabe hasta dónde podemos llegar respetando las personales decisiones aún antagónicas a su ser y eso tan solo por el hecho de que sencillamente su caridad es mucho mayor que nuestro total odio en conjunto. 

Mas sin embrago, consciente de esta tendencia negativa a veces dominante, no deja de advertirnos que ese odio adverso al manifestar el plan de Dios, será algo común en nuestras vidas, y no es problema, porque de igual manera, nos ha dado la capacidad de poder manejar primordialmente el amor, más que lo negativo. 

Lo malo acontece cuando decidimos adoptar como situación de vida lo adverso y negativo, que sería todo lo contrario a plenificarnos en su amor y gracia, porque hemos sido creados para ello.

Es por ello que el verdadero sentido de la vida no es odiar, viene a ser en si mismo un odio sin sentido, sin finalidad, cuando lo que realmente nos llena a de felicidad es el amor y sus vertientes en todo lo que circunde en la caridad. Por lo que nosotros decidimos, si debemos odiar sin sentido, u amar con propiedad..

“La contra, la diferencia”

Lucas 12, 49-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «He venido a prender fuego en el mundo: ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra».

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Todo el mundo desea que la humanidad se mantenga en la unidad, donde todos actúen y piensen igual, bajo un mismo régimen, una misma religión, una misma verdad. Criterios muy válidos y buenos en sí mismos, claro eso pretendemos, sin embargo para ello es necesario tener un conocimiento claro y asimilado de la verdad en sí misma.

La cuestión radica en el hecho de que tenemos una cultura tan vasta y diferente, con diversas corrientes de pensamiento así como varios esquemas educativos que difieren unos de otros, así como sistemas filosóficos de base opuestos en conceptualizaciones que sin la debida sabiduría, derivan en separaciones y antagonismos incómodos y hasta violentos.

Sin embargo debemos entender que mientras se converge en la verdad, esas ásperas relaciones necesariamente se darán, pero no nos debemos de imponer ni radicalizar, porque entonces estaríamos faltando a la coherencia, traicionando el valor de la misma verdad y cayendo en fanatismo. 

Si conocemos la verdad, no debemos preocuparnos, aunque nos den la contra, al final saldrá a relucir por sí misma, además de que en sí mismo es una bendición de Dios el hecho mismo de que nos hagan cuestionar nuestras creencias, a veces para dividir, pero esas diferencias en realidad hacen notar recordando lo que firmemente creemos, además de que son para dar aún más testimonio en la caridad.

Por ello que nos den la contra, remarca la diferencia entre tu postura y la de la otra persona, ocasión oportuna para presentar nuevamente la verdad aunque haya disparidades y reconozcas el valor que posees, he ahí la diferencia.

“Inconformidades crónicas”

“Inconformidades crónicas”

Lucas 7, 31-35

En aquel tiempo, dijo el Señor: «¿A quién se parecen los hombres de esta generación? ¿A quién los compararemos? Se parecen a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros: “Tocamos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis”. Vino Juan el Bautista, que ni comía ni bebía, y dijisteis que tenía un demonio; viene el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: “Mirad qué comilón y qué borracho, amigo de recaudadores y pecadores”. Sin embargo, los discípulos de la Sabiduría le han dado la razón».

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Muchas veces he escuchado, sobre todo a gentes mayores decir que todo tiempo pasado fuer mejor, no creo que sea una simple queja, ya que a su vez está revelando un estancamiento en alguna etapa de su vida, de suyo solemos maximizar los momentos vividos durante la adolescencia – juventud, porque en realidad teníamos un mundo de soporte dependiente de los padres y los amigos, con casi cero responsabilidades, por ellos nos era bello.

Sin embargo los tiempos siempre van dando algo nuevo y mejor, es un hecho que cambian las costumbres y en realidad eso es lo que duele, desearíamos que todo fuera como se dio en la etapa del desarrollo personal. Llegamos a una pasividad estática porque hasta en los gustos de música, seguimos escuchando las mismas canciones de antaño siendo herméticos a la novedad que trae cosas muy buenas.

Aquí es cuando si no vamos madurando según la etapa de vida que nos vaya tocando, estaremos pretendiendo que todo confluya a nuestra zona de confort, y cuando no lo logramos vienen las inconformidades, que pueden llegar a manifestarse desde el disgusto por el nuevo lenguaje hasta el reclamo de la propia vida y a todo lo que se nos cruce en el camino.

Es por ello que resulta importante definir, analizar, aceptar y vivir las circunstancias actuales, porque si no, caeremos en la indiferencia mal educada que quejumbrosa de  quien todo lo ve mal, ya como parte de nuestro ser. El Señor da la sabiduría para asimilar dichos sucesos y etapas, pero si nos conformamos con tan sólo la experiencia humana, quedaremos frustrados y limitados al no permitirnos crecer más. Hay que acercarnos a Jesús, los sacramentos, la Sagrada Escritura, la oración, para no ser parte del montón que ni pichan, ni cachan, ni dejan batear, sino todo lo contrario, porque con su sabiduría y gracia nada es imposible y todo se ve de buenas.

“Furiosos contra el Bien”

“Furiosos contra el Bien”

Lucas 6, 6-11

Un sábado, entró Jesús en la sinagoga a enseñar. Había allí un hombre que tenía parálisis en el brazo derecho. Los letrados y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo. Pero él, sabiendo lo que pensaban, dijo al hombre del brazo paralítico: —Levántate y ponte ahí en medio.

El se levantó y se quedó en pie. Jesús les dijo: —Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer el bien o el mal, salvar a uno o dejarlo morir?

Y, echando en torno una mirada a todos, le dijo al hombre: —Extiende el brazo.

El lo hizo, y su brazo quedó restablecido. Ellos se pusieron furiosos y discutían qué había que hacer con Jesús.

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Es un deseo permanente que en la vida nos vaya bien a nosotros y a los demás, para instaurar un orden común com miras al crecimiento, tanto personal como colectivo porque todos salimos ganando.

Sin embargo a pesar del ideal, encontramos la cruda realidad en la que vemos que el sufrimiento y el dolor se hacen presentes por doquier en todas la etapas de la vida. Ciertamente el plan de Dios es hacernos felices ya desde ésta vida, pero nuestra humana debilidad fracturada por las insidias del maligno hacen mella si no es en un lado, lo es en el otro, el hecho es que nadie se escapa.

Desgraciadamente aún las personas mejor posicionadas y no se diga las que viven en la miseria, suelen reaccionar idénticamente con una inconformidad ante todo que ralla en un divorcio con la propia vida, tienen un odio nativo engendrado y alimentado desde el interior que suele salir a relucirse en todas las oportunidades que sean posibles durante el día. 

Todo aquel que no tiene paz, que no sabe perdonar, que no está reconciliado consigo mismo y con el mundo, será incapaz de dar una muy buena opinión de la belleza que se le presente al frente. Les duele todo y claro, con el orgullo a todo lo que da, a eso aunada la envidia, forman el complemento perfecto para la infelicidad, tanto personal como con los que se le crucen en el camino. 

Es por ello que se ponen furiosos contra el bien, no lo toleran, su inestabilidad emocional dañada por el dolor, les impide tener una opinión distinta a la vivida en su momento, ya que como así lo sienten, piensan que es real. 

Mientras más grande sea el bien, mayor reacción negativa tendrán aquellos que no quieren salir de este estado de trance, inducido por el maligno y adoptado por nosotros. Es una lucha constante, pero siempre victoriosa si permites entrar al Señor en tu vida y dejarlo obrar para que sane eso que no podemos perdonar y perdonarnos. Entonces invertirás la furia, porque ahora será una furia contra el mal, pero controlada por la caridad.

“Guerra Amor vs Odios”

“Guerra Amor vs Odios”

Mateo: 10, 34-11, 1

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “No piensen que he venido a traer la paz a la tierra; no he venido a traer la paz, sino la guerra. He venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y los enemigos de cada uno serán los de su propia familia. El que ama a su padreo a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que salve su vida, la perderá y el que la pierda por mí, la salvará.

Quien los recibe a ustedes, me recibe a mí; y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado. El que recibe aun profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta; el que recibe a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo. Quien diere, aunque no sea más que un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, por ser discípulo mío, yo les aseguro que no perderá su recompensa”. Cuando acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos, Jesús partió de ahí para enseñar y predicar en otras ciudades.

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Cuando nuestra concepción de un Dios todo bondad e incapaz de manejar el mal se hace radical, nos asusta el hecho de que hable de esa guerra y ese fuego, se nos hace duro e inconcebible, pero en realidad Dios maneja la peor de las situaciones ya que no les tiene medio, ni para mencionarlas porque también en la realidad están presentes y hay que tomarlas en cuenta para saber cómo sanarlas.

Es por ello que declara esa guerra, pero no es aquella en la que desencadenamos todos nuestros peores demonios, sino una guerra en defensa del amor, ese que falta en la familia, con las amistades, los demás seres y en general con el planeta y toda la creación.

Aquel amor que ante su ausencia domina el dolor, la angustia, el remarcar todas esas cosas que no tienen importancia ni valen la pena ser tomadas en cuenta, pero que cansados sobrevaloramos aumentando la realidad del dolor.

Ahí es donde la guerra del mal está declarada y presente en toda relación dañada, por lo que se debe reaccionar y contraatacar para erradicar todo lo que causa sufrimiento, y Jesús propone esa revolución en el amor y desde el amor. 

Así que no cae mal luchar por aquello que vale la pena, para que no se pierda, aumente y se mantenga hasta la vida eterna, y no los odios que jamás llegan a buen fin.

“Pensar mal”

Pensar mal”

Mateo: 9, 1-8

En aquel tiempo, Jesús subió de nuevo a la barca, pasó a la otra orilla del lago y llegó a Cafarnaúm, su ciudad. En esto, trajeron a donde Él estaba a un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, le dijo al paralítico: “Ten confianza, hijo. Se te perdonan tus pecados”.

Al oír esto, algunos escribas pensaron: “Este hombre está blasfemando”. Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, les dijo: “¿Por qué piensan mal en sus corazones? ¿Qué es más fácil: decir ‘Se te perdonan tus pecados’, o decir ‘Levántate y anda’? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados, —le dijo entonces al paralítico—: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”.

Él se levantó y se fue a su casa. Al ver esto, la gente se llenó de temor y glorificó a Dios, que había dado tanto poder a los hombres.

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Una constante lucha del ser humano en medio de esta cultura, saturada de necesidades, unas reales, y otras totalmente ficticias e inventadas, con el fin de hacernos sentir incompletos, además dentro del estrés del día a día a un ritmo acelerado y vertiginoso, siendo sinceros, por más sensatos que seamos, todo nos lleva en medio del cansancio a pensar y opinar mal de todo.

Situación a la que Jesús se enfrenta ya como un mal decadente y permanente en la historia de la humanidad, claro consecuencia directa del pecado en general, por el malestar y la infelicidad que conlleva, que no es castigo, sino resultado evidente de una mala acción o un mal vivir, situación que pretende cambiar y como ejemplo directo tenemos el caso del paralítico. 

Las personas, que presencian el milagro, en vez de alegrarse, buscan el veneno para esparcirlo, y Jesús no se queda callado, no permite que se disperse el mal sembrado, lo frena y lo hace evidente, no importa que quien lo promueva tenga un lugar importante en la comunidad.

No se realiza el cambio de inmediato, porque un corazón empedernido, tiene que ablandarse de poco a poco hasta convertiste en valioso y de oro. Pero el bien ya quedó sembrado y en su momento dará fruto.

Por ello es indispensable no permitir que el mal pensamiento siga esparciéndose, hay que frenarlo en cuanto sea posible, y promover el bien que habla más que el mal, aunque el mal parezca todo lo contrario y siembre temor, que de ahí no pasa.

“Odios de defensa”

“Odios de defensa”

Juan: 15, 18-21

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si el mundo los odia, sepan que me ha odiado a mí antes que a ustedes. Si fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya; pero el mundo los odia porque no son del mundo, pues al elegirlos, yo los he separado del mundo.

Acuérdense de lo que les dije: ‘El siervo no es superior a su señor’. Si a mí me han perseguido, también a ustedes los perseguirán, y el caso que han hecho de mis palabras lo harán de las de ustedes. Todo esto se lo van a hacer por mi causa, pues no conocen a aquel que me envió”.

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Tan amplia y tan compleja es nuestra propia psicología, que las reacciones más básicas y comunes se manifiestan de una manera tan similar, que parecen un patrón impreso en  el comportamiento de la propia humanidad.

Y cuando de odio se trata, en realidad no considero que el mismo sea tan puro, natural y autentico, que no provenga de una situación previa que lo respalda.

Por lo general dicho odio surge de los propios miedos que alguien en su momento nos implantó, suelen ser los mismo miedos heredados de nuestros propios padres y así sucesivamente transmitidos de una generación a otra. 

No dudo que en su momento alguien con la basta inteligencia, desee sanar y rompa dichas cadenas que no tienen porque continuar. Pero en lo que identificamos esos miedos impregnados de odio, el primer receptor será Dios, ya que todo cuanto acontece aunque procede de Él, de igual manera le colgamos lo negativo que proviene del maligno y nos quejamos.

Es por ello que la primera reacción ante esos odios implantados, es rechazar a Dios, como autor indirecto según nuestra concepción populachera. Cuando en realidad sin conocerlo ya lo alejamos, dejando atrás la oportunidad de amarle, seguirle y dejarse impregnar de su gracia, paz y felicidad.

Con su presencia, santidad y amistad, ningún miedo, ni odio, puede permanecer, porque resulta más grande la gracia que el pecado.

“Necedad y sensatez”

“Necedad y sensatez”

Lucas 17, 26-37 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del Hombre: comían, bebían y se casaban, hasta el día que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos. Lo mismo sucedió en tiempos de Lot: comían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos. Así sucederá el día que se manifieste el Hijo del Hombre. Aquel día, si uno está en la azotea y tiene sus cosas en casa que no baje por ellas; si uno está en el campo, que no vuelva. Acordaos de la mujer de Lot. El que pretenda guardarse su vida, la perderá; y el que la pierda, la recobrará. Os digo esto: aquella noche estarán dos en una cama: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán; estarán dos en el campo: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán. Ellos le preguntaron: ¿Dónde, Señor? El contestó: Donde está el cadáver se reunirán los buitres.

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Cuando vamos por la vida caminando tan felices como si nada pasara, es porque en realidad alguien, que sin variar está detrás de ti, hace todo lo posible porque estés bien y cubre la mayoría de tus necesidades, Por lo general son los padres o la pareja.

Sin embargo cuando llegamos a la real auto dependencia es donde nos encontramos con aquel verdadero Yo, lleno de necesidades a cubrir, podríamos decir que es la etapa donde se comienza a manifestar la sensatez, es decir, cuando se reconoce en realidad lo que los demás han hecho y de alguna manera siguen haciendo por ti, pero sobre todo cuando ya lo haces a conciencia por ti y de ahí en adelante incluso por los demás.

Lo malo acontece cuando se permanece estáticamente en una vida de necedad, siempre haciendo un drama para seguir obteniendo el mayor beneficio de los demás, que a esa etapa en concreto se llama abuso, y hay a quien no le importa, mientras obtenga lo que quiere, no le importan los demás.

Claro que un necio va a ser enemigo de un sensato, el cual le moverá su base para hacerlo reaccionar y entrar en un nuevo estado de conciencia responsable, pero una persona así llamada sensata con su vida, se deja manipular creyéndose buena gente por un necio y cubre sus caprichos, entonces la sensatez se vuelve necedad por más que trabaje, ya que no está ayudando a los demás a crecer.

Es necio quien siempre pide ayuda y nunca sale del bache, pero más necio es aquel que le sigue dando aunque con sea buena intención, pero sigue ahí estancada la otra persona, es bueno romper el esquema y no importa si no les ayudas más, no importa que te digan que eres malo como es típico el chantaje y la autodefensa de mártir de ellos, pero lo más malo, es que los mal impusiste a darles, ahora que se impongan a salir adelante solos. Aunque duela, romper con la ayuda es más sensato que la necedad de la dependencia que crean contigo que sí trabajas.

“El lujo de despreciar”

“El lujo de despreciar”

Mateo: 22, 1-14

En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: “El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir.
Envió de nuevo a otros criados que les dijeran: ‘Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda’. Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron. Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.
Luego les dijo a sus criados: ‘La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren’. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados.
Cuando el rey entró a saludar a los convidados, vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?’ Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a los criados: ‘Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación’. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos”.

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El hecho de que se nos haya participado del don de la vida y a su vez se nos haya dedicado el tiempo para atendernos, a manera de que no nos faltase nada; en ocasiones nos hace confiados para sentirnos seguros, aunque quienes nos dan tal seguridad son todas aquellas personas que proporcionan todo lo que necesitas, empezando por tu familia.

A veces en este esquema, pensamos que nos lo merecemos todo, y cuando algo falta, no tardamos en estallar en crisis ante lo intolerantes que nos volvemos a un no como respuesta y a la frustración de no saber manejar aquello que se presenta contrario a como lo deseas.

Con esta fragilidad y falsa autoestima se camina por el mundo, creyendo que podemos rechazar a cualquier persona e invitación, olvidando que el rechazo trae consigo la consecuencia ante quien te invita, se pierde la previsión a futuro y se ofende a la persona rechazada, ya que no sabes si el día de mañana la necesitarás.

Nos damos el lujo de rechazar, olvidando que se es una oportunidad en la vida que no se vuelve a repetir. A lo mejor te invita alguien más, pero lo que te pensaban compartir nunca será igual a lo que otra persona te pueda dar.

Hay que agradecer el ser tomados en cuenta, porque vales para quien te invita, pero si decides rechazar la invitación, no olvides que el rechazo va completo con la persona que te tomó en cuenta a ti. Y no sólo aplica para las personas, porque el esquema es idéntico  para con Dios.

“Cuando el mal nos domina”

“Cuando el mal nos domina”

Mateo: 14, 1-12

En aquel tiempo, el rey Herodes oyó lo que contaban de Jesús y les dijo a sus cortesanos: “Es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas”.
Herodes había apresado a Juan y lo había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, pues Juan le decía a Herodes que no le estaba permitido tenerla por mujer. Y aunque quería quitarle la vida, le tenía miedo a la gente, porque creían que Juan era un profeta.
Pero llegó el cumpleaños de Herodes, y la hija de Herodías bailó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que le pidiera. Ella, aconsejada por su madre, le dijo: “Dame, sobre esta bandeja, la cabeza de Juan el Bautista”.
El rey se entristeció, pero a causa de su juramento y por no quedar mal con los invitados, ordenó que se la dieran; y entonces mandó degollar a Juan en la cárcel.
Trajeron, pues, la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven y ella se la llevó a su madre. Después vinieron los discípulos de Juan, recogieron el cuerpo, lo sepultaron, y luego fueron a avisarle a Jesús.

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Existen muchas corrientes así como filosofías en las que el mal se presenta como una equidad a la par y en equilibrio en nuestro ser, lo cual en nuestra concepción cristiana y bíblica no se afirma de esa manera, ya que el mal jamás se presenta como una opción en nuestra vida, ni tiene el mismo poder a la par que el bien, tampoco está al nivel de Dios en sentido opuesto, ya que el bien procede de Dios, creador y todopoderoso, mientras que el mal surge de un ángel creado por Dios pero caído en rebeldía. 

El bien siempre está presente y dominante por doquier, pero como lo percibimos tan ordinario en el día a día no lo vemos, mientras que el mal, que es raro cuando se da, parece que domina todo por el escándalo que hace, y claro que es notorio porque rompe con el esquema del bien, pero no impera ni domina. 

El problema radica cuando hemos permitido que el mal actúe en nosotros y por nosotros, a tal grado que ciega la conciencia y nuestra libertad de elección, porque se obsesiona con las personas y los bienes materiales, tratando de aferrarse sin importar a quien atropelle a su paso para mantenerse.

Un ejemplo claro lo tenemos en Herodes y Herodías, su pareja, quienes enfermos de poder, hacen hasta lo imposible para que no les quiten lo poco que manipulan. Este caso no es único ni exclusivo, es el común del modus operanti del maligno en el que cualquiera puede caer, no importa la condición, ni el estatus, ni lo social, ni lo religioso, basta un corazón enfermo y vacío para llenarlo de lo que se tenga al alcance, no importa que sea el mal.

Por ello, cuídate y no permitas que tus cansancios dejen la puerta abierta al maligno, porque busca y toma lo que no le pertenece, y ese puede ser cualquiera.